Últimos temas
» You are with me now || Jules & Caleb Nightshade
Jue Ene 05, 2017 9:27 am por Caleb A.Nightshade

» Mundo Subterráneo (Reapertura) {Afiliación Elite} {Cambio de Botón}
Jue Oct 27, 2016 7:18 pm por Invitado

» Walk Of Fame - normal.
Sáb Oct 22, 2016 4:33 am por Invitado

» Forever is only the beginning [Normal]
Miér Oct 12, 2016 5:47 am por Invitado

» Twilight Rol Suiza - Cambio de Botón
Jue Sep 29, 2016 11:15 pm por Invitado

» || Petición de Rol ||
Miér Sep 07, 2016 11:20 am por Gareth Beckett

» Dark Paradise (af. Elite)
Mar Sep 06, 2016 1:28 pm por Invitado

» University of Southern California [Af.Elitel]
Mar Sep 06, 2016 10:53 am por Invitado

» The Worlds Collide - Afiliación Élite
Mar Ago 30, 2016 2:41 pm por Invitado

» [Af. Normal] Cazadores de Sombras RPG
Vie Ago 12, 2016 11:08 am por Invitado

»  || Ficha de Jules M. Nightshade || (En Proceso)
Sáb Ago 06, 2016 6:23 pm por Jules M. Nightshade

» The next stop is...[Kate Weatherrose]
Miér Jul 06, 2016 11:07 am por Cónsul J. Nightshade

» Un nuevo comienzo. [ Jane Youngblood]
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» Lose your mind, comienzan los problemas (priv.)
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» ||New truth|| Alexandra C. Gray & James F. Jackson
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

Afiliados Hermanos
1 de 5
Créditos
» Skin obtenido de Captain Knows Best creado por Neeve, gracias a los aportes y tutoriales de Hardrock, Glintz y Asistencia Foroactivo.
» El tablón de anuncios es una creación de Arabella23
Directorio
0 de 9
Afiliados Elite
0 de 33

Nevermore ~ Nathaniel | Evangelline

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Nevermore ~ Nathaniel | Evangelline

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Mar Oct 20, 2015 3:58 pm

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
   And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
   And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
           Shall be lifted—nevermore!

El sabor metálico de la propia sangre desperdiciada bailaba una danza lenta y seductora en la lengua del depredador. Las gotas traviesas que surcasen su mentón minutos atrás abrazando presurosas un suicidio temprano, se expandían por tela de una camisa que había sido blanca. Nathaniel permanecía a todas luces inmóvil como un monolito en un mausoleo. La espalda recta, los hombros relajados y el cuello ligeramente ladeado en dirección a su anfitriona. Ya no se retorcía humanamente contra sus ataduras ni llenaba de aire espeso los pulmones arrugados y marchitos. La piel muerta que  cubría tensamente su musculatura inerte permanecía helada y tersa desde hacía casi dos siglos, inmaculada tras infinitos besos de fuego y acero. La herida que la bala que afectuosamente depositase en su brazo horas atrás había desaparecido bajo las blancas vendas sin siquiera decir adiós, al igual que todas las otras que la habían precedido. Despojado de la humanidad requerida para aferrarse a ella por días y de la consideración de seguir adelante con aquella farsa, el único movimiento perceptible del cuerpo masculino era un perezoso batir de pestañas. En sus ojos de cielo abierto brillaba atrozmente una promesa, y en sus cincelados labios apretados se dibujaba la una sutil curvatura, brutal y dulce como una puñalada. Sin embargo, todos aquellos pequeños factores cuidadosamente hilados, no alcanzaban ni siquiera a rozar la superficie del ser postrado en aquella silla. Pobremente intentaban explicarlo, exportar al mundo un rostro comprensible e interpretable sin lograr en sus esfuerzos poco más que una descripción escueta. Las palabras no hubieran bastado, no para asimilar el conjunto de todo aquello que hacía al individuo ser quién era. Hacía falta más que leer los rostros de quienes marcasen densos surcos en su alma inmortal, o contemplar el suyo al arrancar una vida. Más que escucharle recitar mentiras dulces y verdades agrias, o deleitarse con la música que componían sus dedos largos en el piano. Él, prisionero en vida y en la muerte en una celda de carne y hueso, había ahondado con el pasar de las horas, los meses y los años en una locura absoluta y racional. Hundido sus raíces profundo, allá dónde la luz no alcanza y las almas inocentes no se atreven a mirar. Y cara a cara con un rostro tan desmenuzado y podrido como lo era el suyo propio, había decidido,  sin la menor confusión o atisbo de duda, que estaba en su derecho de ser quién era. Despabilado y atronadoramente consciente del impacto que el imponer su voluntad al mundo tendría en las vidas de más de un desgraciado, eligió considerar insignificante cualquier otro deseo que no emanase de si mismo. En aquel momento, el depredador se aferró con garras y colmillos a un concepto peligroso y afilado y jamás lo dejó ir.

Deus ex machina

Pero ella no lo sabía. El conjunto de sus más fervientes deseos y aspiraciones era apenas tan profundo como un charco, o al menos así lo creía. Y aquí radica la verdadera naturaleza de lo que Nathaniel comprendió en el lapso que duró el cortejo: El meollo de la cuestión estaba lejos de abarcar la simpleza del deseo en sí sino en el fracaso de la mujer en alcanzar una noción clara y delineada de sí misma.  Una noción que estaba convencida hasta la médula de poseer y que por tal motivo la dejaba ciega a su carencia, demasiado conforme con las ideas autoimpuestas de si misma como para buscarla. La halló perdida como una niña pequeña que no proyecta más allá de los siguientes cinco minutos, que desea la felicidad y la satisfacción inmediatas, pero carece de los medios para alcanzarla. Y aquí entraba él en juego. A sus ojos y fines un caballero en brillante armadura, o el mismísimo diablo con el que estaba dispuesta a firmar un contrato. En la línea de fuego su vida, su alma, cuanto era y podría llegar a ser. Ilusamente dispuesta a sacrificarlo todo contar de afianzarse con las uñas a su deseo más febril, tontamente inconsciente de su insignificancia. Un deseo es, después de todo y en esencia, el mero contorno y forma que adquiere una necesidad inherente y tantísimo más profunda. Es el agua en el desierto, es la morfina que calma el dolor, es el abrigo que protege del frío. Un alivio tentador y anhelado, pero provisorio y efímero en su naturaleza. Después de todo, la necesidad seguiría allí, acechando desde las sombras. Y volvería a asomar más temprano que pronto sus afiladas garras. Tomaría otra forma, o quizás la misma. Volvería incapaz de ser de todo saciada. Y ella caminaría dando tumbos el resto de su miserable y mundana existencia. Después de todo, no se cura la sed con un único vaso de agua.  

“He invertido en usted, Señorita Moreau” había dicho el vampiro hacía apenas unos momentos. El tono perfectamente controlado, tintado con la dulce cordialidad que lo envolvía como una manta densa. “Preferiría recoger, cuando así lo decida, algo más espléndido y excepcional que una mujer abatida por la impotencia. Tan sólo necesitaré un nombre.”

No pudo haberlo sabido, no cuando lo vio allí sentado y firme ni cuando sus palabras le acariciaron los oídos. Quién no ha hundido raíces en lo más oscuro del alma propia jamás atisba a tiempo las señales de advertencia. No había modo, simple y llanamente, de romper el febril convencimiento de una mujer que juraba saber lo que necesitaba. Del mismo modo, era virtualmente imposible disuadir a Lord Hellrune de una decisión ya tomada. Una sonrisa terrible se deslizó con la más perturbadora de las calmas por los labios de Kate y asomó pícaro el triunfo a sus ojos cristalinos. Como un náufrago a la deriva que divisa tierra firme, se acercó a Nathaniel, firme, recta y decidida, desprendiendo las últimas ataduras al tiempo que hacía caso omiso de aquel comentario acerca de la hora. Alzó la vista, sintiendo el calor migrar del propio cuerpo ante la cercanía del vampiro y erizarse los vellos de los brazos y la nuca. Sin vacilar o perder tiempo en los detalles que componían el rostro esculpido, fijó como dagas los orbes propios en los ajenos y pronunció con voz áspera el nombre del hombre a quién atribuía las culpas de su desgracia.

Cada sílaba viajó una corta distancia en el aire, cálida y ponzoñosa, abrasando al vástago en los labios secos. El sabor imponente le llenó la boca. Sabía a la venganza que se cobraría, al futuro próximo que les aguardaba, a la inminente muerte de la mujer por mano propia. Sabía a los secretos que Kate guardaba en el fondo de su alma y cuya presencia ignoraba y al destino común que ambos sabían, los aguardaba. Sabía al día en que la encontró tirada en el callejón y alargó por capricho su expectativa de vida. Sabía a la maldición que le había susurrado al oído.

May you live in intresting times.
May you find what you are looking for.


En ese instante, cuando aún la última sílaba del nombre flotaba en el aire, la luz migró lejos de los ojos de Kate. La abandonó a la mitad de una oración, sin despedirse ni escuchar de su boca ni una sola palabra más. Entre los largos dedos libres del pianista, el corazón marchito reposaba, brillante como una fruta recién arrancada del árbol. La contempló con aburrimiento y fascinación por un largo rato. Ya no se movía. Así de frágiles son las personas.
Asió la mano ajena, áspera y aún cálida, y giró la muñeca para tener una mejor visión del reloj.  Escuchó los gritos incluso antes de cerciorarse de la hora. Sin embargo, no dejó que lo turbaran. Estaba calmo cuando se puso de pie y el cuerpo femenino resbaló al lustroso piso. Más calmo aún se sintió cuando soltó el corazón muerto y lo dejó rodar. Y al ver entrar por la puerta sellada al estrepitoso y preocupado aquelarre, la más serena de las expresiones se grabó con sutileza en las facciones de su cara.

Estaba satisfecho, al menos por ahora. Colmado a pesar de no haber bebido tan siquiera una sola gota de vitae humana. Una sed distinta se encontraba temporalmente saciada, y su obsesión con ella, tan brutal y precipitadamente como había comenzado, quedaba desparramada ahora en el piso con un punto final.

Sería mejor que se apresuraran, después de todo, faltaba poco para que Camille regresara.
Nathaniel A. Hellrune
avatar
Segundo al Mando
Mensajes :
66

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.