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Ficha Camille Belcourt (en construcción)

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Ficha Camille Belcourt (en construcción)

Mensaje por Camille Belcourt el Mar Oct 27, 2015 3:04 pm


Camille Belcourt
Sacarle provecho hasta el más mínimo detalle

Datos Básicos:

Nombre Completo:  Camille Belcourt
Avatar:  Laura Vandervoot
Edad:  Lleva más de 200 años, pero aparenta 28
Fecha de nacimiento: 11 de Marzo de 1789
Apodos: Lady Belcourt / Cami / Cam
Raza:  Líder del Clan de los Hijos de la Noche
Nacionalidad:  Fracesa
Orientación sexual:  Heterosexual











Físico:

Maravillado. Es así como la mayoría de hombres se quedan al ver a la vampiresa al entrar. Su larga y sedosa cabellera cae en cascada deslizándose por sus hombros y siendo más largo que este. hace que los hombres y en general, quieran acariciar su brillante y rubia cabellera. Sus ojos verdes resaltan en su tez pálida, una tez que disimula su raza con hija de la noche. Su cuerpo es esbelto una figura bien esculpida y de la que ella esta orgullosa. Cara redondeada, mirada penetrante y una sonrisa blanca perfecta, y misteriosa, . Sus delicadas curvas, sus piernas alargadas y finas, dando una sensación de un ángel caído del cuál busca de quien alimentarse. Su altura la hace sobresaltar sobre las demás mujeres, aunque nada que ver con su sobrenatural belleza, de la que todos caen rendidos.
















Personalidad:

Fuerte y malvadamente elegante. Son palabras que describirían a esta vampiresa, su carácter fuerte hace que todos la respeten y se haga de escuchar. Una estratega en la batalla, pues sus años de experiencia la hicieron ver que sin algo a cambio no se consigue mucho. Con demasiados años viviendo, Camille cambió radicalmente a lo que fue en sus años de humana. Digamos que en su vida hubo etapas y ahora es como realmente quiso ser.
Demasiado fría, sarcástica y con un toque de elegancia a su maldad contenida, quiere conseguir aquello que se lo propone, en este caso vemos que no es de las que se dejan jugar sin recibir algo a cambio, siempre le sacara su mayor jugo a los temas que le interesan. Siempre le ha gustado el sarcasmo como toque de elegancia en una mujer como ella. Su paciencia puede ser infinita, depende de con el humor que la veas, a veces puede no hacerte sufrir y a la otra verte desangrando a su víctima mientras se relame los colmillos y riendo con una suave risa de dulzura.
Nadie ha podido entrar o conocer a su verdadero yo, solo algunos pocos con los que ha intimado. Y la mayoría de veces que intimo quedo como la parte más oscura en su ser, o simplemente utilizados como simples juguetes a su diversión.
A sus años no piensa en el amor, para ella es algo sucio, poco duradero y algo traicionero. Le gusta jugar, sin embargo, su frio y duro corazón a veces busca algo de compasión, algo de sentido en su larga vida. Pero ahora existe el poder, la sangre y la elegancia sin igual.














Historia:

En los prados verdes, aquellas praderas llenas de color, de vida y diversión. En aquellos entonces, la vida era más fácil, más tranquila sin problemas algunos. En un pueblo llamado Provins, situada a 80 kilómetros de Paris (Francia) una niña de pelo rizado dorado jugaba todas las mañanas revolcándose por las largas praderas llenas de flores y conejos con los que jugar.
Cami era una niña de ojos verdes a lo que la aventura le fascinaba y siempre iba en busca de ellas, sus padres sin embargo no quería que se metiera en problemas como todo padre preocupado.
Su vida transcurría como toda niña normal, yendo a tomar clases, ayudando a sus padres en casa, y haciendo lo posible para mantener una vida digna al menos, sin tener que llegar a nada para ser poderosa o no. A medida que Cami iba creciendo, iba haciendo toda una mujer, siempre observaba como las grandes condesas, y sus damas iban elegantes llenas de joyas y sus vestidos vaporosos, siempre enviándolas. Después de todo su madre siempre quiso que se comportara como una mujer por que algún día se casaría con un conde o quien sabe si con un príncipe. El sueño de cualquier chica en su situación, hasta que la suerte y los sueños se desvanecieron.

Una noche fría de invierno, donde el viento soplaba con fuerza y los árboles se tambaleaban, donde la luces de las velas se apagaban y el ruido de la madera al crujir. Cami estaba en su cama tapada, pensando en como luciría ella con esos vestidos, esas joyas y con un hombre al cuál ella amaría, y él la amaría. Sus pensamientos fueron interrumpidos por los golpes a la puerta y los gritos. Cami se levanto de un salto y no entendía que ocurría.
Mientras se incorporaba y se sentaba al borde de su cama, escuchaba como la voz se alzaba y más de una persona estaba allí. Las voces era ensordecedoras y Cami se acerco a la puerta, allí vio como su padre hablaba con tres hombres grandes y fornidos.
No entendía que decía su padre, pero solo le importo lo que dijo: “Podéis llevárosla , pero no nos quitéis lo que nos ha costado de conseguir en esta casa.”
Cami se quedo confusa, por que no sabia de que se trataba todo aquello.

-¿Padre? – llamo Cami mientras se tapaba con su manta mientras caminaba hacia adelante, y miraba a esos hombres.

Su padre se giró y sonrío, y volvió su mirada a los hombres.

-Allí esta .- dijo aliviado- llevárosla, aprende rápido y de seguro  le sirve a vuestro príncipe.- dijo al fin su padre con un sonrisa y algo nervioso.

Los hombres sonrieron y caminaron hacia ella. Cami retrocedió y cuando quiso correr y salir por la puerta de atrás ya tenía a un hombre agarrándola del brazo.

-Soltadme- dijo Cami mientras intentaba liberarse.

Uno de los hombres se acerco a su oído y le susurro: Eres nuestra, y del Baron Jamie.

Las lágrimas saltaron en el rostro pálido del miedo de la chica, mientras gritaba ayuda y miraba a sus padres, su madre la miraba y le decía: es lo mejor Cami, serás parte de la realeza.
No le importaba nada, estaba siendo obligada a ser esclava de alguien, de alguien que no conocía ni amaba.

Pero las lágrimas fueron llantos, y los llantos se quedaron en silencio.


Os presento a Lady Camille Belcourt y su prometido Lord James Dankworth.

Cortinas de seda color sangre, el suelo forrado de elegantes alfombras con dibujos redondos y ovalados. Las miradas tan solo focalizaban un objetivo. Ella.

Vestidos elegantes, maquillaje natural y un recogido del cuál tan solo dos mechones rubios salían acariciando sus mejillas sonrosadas. Sus manos ya no temblaban cuando la presentaban, su sonrisa salía natural como si realmente sintiera felicidad por aquello, pero no la sentía la más mínima. Actuar, era lo único que le quedaba para poder sobrevivir y dejar aquella tortuosa vida de la que su familia la había puesto.

Aún recordaba cuando se negaba a obedecer ordenes del tal Lord, por lo tanto la castigaban y torturaban para obedecer a su señor, del cuál algún día ella pertenecería a él.
Dando un paso adelante con una sonrisa perfecta donde sus dientes brillaban y su mirada se perdía en la multitud de aquel gentío que venía a ver su gran ceremonia, la gran boda donde ella jamás podría escapar de esa vida tan miserable que le esperaba. Aún veía las caras de las chicas que la envidiaban por a ver conseguido tales cosas pero ella misma prefería haber muerto antes de estar en manos de tal monstruo.

“ - Detente! Te lo ruego! - gritaba con el cuerpo dolorido, sus manos colgaban de grilletes apretados hilos de sangre resbalan de sus pálidas muñecas.
Jamás había escuchado una risa tan siniestra, tan oscura como la de él, tan vacía de alma. Allí vio Cami que no existiá dicha alma, no en aquel ser, ni en aquella sala donde ella estaba,.

-Solo mía..- susurraba en su oreja, mientras su lengua pasaba por su muñeca saboreando  la sangre que se deslizaba por su clara piel.”

Escalofríos es lo que sentía cuando recordaba el dolor que su cuerpo soporto, y como llego a aprender a asentir con la cabeza para parar dichas torturas y dolor, para parar el sádico placer que le daba a aquel hombre lamer su sangre mientras ella gritaba, el extraño placer que le provocaba y ella seguía queriendo morir una y mil veces más, y así acabar con aquella imagen en su cabeza.

-Prometo complacerte en todos tus deseos mi Lord, hasta que la muerte nos separe.

-Siempre serás mía Lady Dankworth. - besó su mano sonriendo con esa sonrisa que odiaba con toda su alma, sin embargo sonrió y asintió con la cabeza.

La multitud estalló entre aplausos y gritos, y así es como su boda concluyo entre risas y saludos. Entre aquella multitud un hombre destacaba de todo aquello, del cuál una media sonrisa aparecía en las comisuras de su boca y de la nada se esfumo. La intriga se apoderaba de ella y fue tras él.


Con una excusa barata y arrastrando el vestido pomposo que llevaba corrió unos metros por los pasillos adornados por la gran ceremonia, mientras se sostenía del vestido para dejar paso a sus pies y no tropezar, su mirada se perdía por allí preguntándose donde estaría ese hombre.
Desesperada caminando para que no notaran que se había ido, volvió a buscar asomándose en cada puerta, hasta que un brazo la arrastró dejándola caer al duro suelo.
Levantando la cabeza apartándose mechones lo vio. Con un elegante traje lo miró.

-¿Quién eres?- preguntó mientras se acomodaba el vestido y se levantaba, ya que s acompañante no parecía querer ayudarla.

Soy quien cumplirá tu deseo Lady Dankworth.- murmuro acompañado de una cálida sonrisa.
Belcourt, Lady Belcourt.- añadió mientras seguía analizándolo.-  dudo que usted pueda cumplirlo mi señor.- cortó seca, sacudiéndose el vestido y pasando por su lado golpeando su hombro con el suyo.

El tacto la impacto, y su acompañante la agarro del brazo sujetandola fuerte sin dejarle escapatoria, respira profundamente y antes de que todo pasara susurro.

Muere Lady Belcourt, te regalo tu muerte.

Sus palabras la congelaron, y antes de poder decir nada, él la mordió en el cuello. Sintió un dolor horrible y sentía como la sangre borbotaba de ella y como él succionaba de allí, sentía como el aire se le escapaba y no pudo ni siquiera grita, ni siquiera reaccionar a lo que estaba haciendo por que no entendía por que le mordía en el cuello y absorbía su sangre.

-Aprovecha la inmortalidad Cami..- susurro al sacar sus dientes de allí,  dejando caer el cuerpo de la chica inerte en el suelo sin vida, con su vestido blanco manchado de sangre. Dejando a plena vista el cuerpo de la chica y las puertas de par en par.

“-Dulce muerte, al fin podré morir en paz y salir de este mundo horrible-”

…...


No sabia cuanto podría haber pasado, pero sus ojos se abrieron de par en par y vio que estaba en una caja, tras golpear y golpear nadie parecía oírla. Desesperada dio un gran golpe rompiendo dicha madera. Allí se encontró la tierra donde la habían ya enterrado, sin saber cuantos días habían pasado, y por que se despertaba en un ataúd si estaba muerta, o eso creía ella.
Tardo algunos minutos escavando para poder salir de aquel agujero donde la habían puesto y aún seguía dándole vueltas como podía pasar aquello, aquello que parecía imposible.


Pasada media hora, salió de aquella tumba, aquella tumba que ponía su nombre junto al apellido de su marido, aún confusa por todo salió de aquel antro tan solo vistiendo una túnica blanca sencilla y resaltando la suciedad de su cara y su cuerpo por culpa de la tierra. Rápidamente se agarro las manos a los oídos por tal estruendo que escuchaba, y asustada se escondió detrás de su propia tumba y asomando la cabeza era tan solo el conserje de aquel cementerio barriendo, tan solo barriendo y aquel le había parecido un ruido horrible.
Se levantó y fue hacia el conserje, no entendía por que pero las ansias le molestaban y ese ruido tan molesto.

-Por favor, deténgase.- murmuro levantando la voz para hacerse oír de aquel ruido de las hojas barrer.

El conserje al verla se espantó de lo sucia que iba, y sus ojos extraños y ampliados.

-Se ha perdido mi lady?.- preguntó dejando la escoba a un lado y acercándose a ella algo preocupado.

Ese hombre tenía buenas intenciones lo veía en sus ojos, pero ella necesitaba algo más que buenas intenciones y descubriría que era lo que realmente necesitaba.
Las encías seguían doliendo le y sintió pinchazos, se llevo una mano a su boca y sintió sus colmillos más largos de lo normal, y una insaciable sed... ¿pero sed de que?

El conserje seguía acercándose y ella cada vez sentía más sed, y la pulsación más palpitante. Tan solo pudo decir unas ultimas palabras.

-Lo siento.- dijo apenada.

Sin más preámbulos se abalanzó sobre él e incoó sus colmillos dolientes en su cuello. La sangre empezó a borbotar y sentía como su sed crecía.
Después de haberse saciado vio el cuerpo del pobre hombre inerte, seco.. unas lágrimas empezaron a caer sobre sus mejillas sin saber en que se había convertido, pero aún así lo descubriría y siguió su camino hacia el palacio.


Horas más tarde se encontraba en los alrededores de palacio con su túnica blanca manchada de sangre e hilillos de sangre recorriendo su pálida barbilla.

Venganza.- tan solo pudo murmurar, mientras seguía arrastrando sus pies dentro de aquel inmenso palacio. No sabía con exactitud cuanto tiempo había permanecido dentro del ataúd, y como es que volvió a la vida, como renació cuál ave Fénix.

Sus pasos eran determinantes, sus manos manchadas de sangre seguían quietas a los lados de su cintura, la brisa revoloteaba su cabello rubio manchado de tierra y sangre, su vestido se mecía con la dulce brisa dándole al paisaje un aspecto más tétrico. Sus zancadas se hicieron más grandes y veloces, y en pocos segundos llego a la entrada, la chica giró la cabeza para ver la velocidad que había adquirido




Datos extra:

¿Te faltó algo? ¿Algún dato más que quieras contar sobre tu personaje? Escríbelo aquí


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