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Horas extra [Maryse & Helena]

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Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Maryse Lightwood el Vie Ene 18, 2013 3:54 pm

La tenue luz de una lámpara sobre la mesa de derramaba sobre el montón de papeles y carpetas. Justo sentada detrás del amplio escritorio de roble, una larga cabellera negra como la tinta caía a un lado del rostro serio de Maryse Lightwood. Vestía una cómoda bata azul, y casi podía pasar por una ama de casa corriente si no fuera por su expresión concentrada, la cual se debía al gran número de documentación de la Clave en la que estaba sumergida.

En los últimos tiempos la actividad demoníaca se había incrementado, y la directora estaba trabajando horas extra a pesar de las altas horas de la madrugada.
Fuera, una noche cerrada y negra como boca de lobo se extendía sobre la ciudad de Nueva York, y la preocupación y la creciente ansiedad tomaba las riendas de la mujer. Había enviado a muchos jóvenes a misiones de reconocimiento, pero las estadísticas probaban con certeza casi absoluta como de infestada estaba la ciudad de esas criaturas infernales.

La chimenea estaba apagada y unos ligeros rescoldos de ceniza quedaban amontonados. Ni siquiera se preocupó en encenderla, tan inmersa como estaba en sus pensamientos.
Hacía frío. Un frío conocido a pesar de encontrarse en una sala tan llena de vida. Aquel lugar se había convertido en su refugio en los últimos tiempos. Pasaba horas allí metida cuando no se encontraba en reuniones y otras tareas de su cargo. Apenas si había visto a sus hijos por días y la soledad se había convertido en su única compañera. Añoraba a Robert, echaba de menos las risas infantiles de Maxwell. El Instituto se había convertido en un lugar desconocido a pesar de ser su hogar...

Una hoja escrita con elegantes letras captó la atención de la directora, la cual alzó entre sus largos y delgados dedos llenos de diminutas cicatrices con repentino interés. Su ceño se profundizó lo suficiente como para parecer molesta, un indicativo de que sus sospechas se confirmaban...Pero de pronto, algo atrajo su atención, sacándola de su mundo lleno de Leyes, infracciones y sucesos fuera de lo común. Al poco alzó los ojos, clavando su mirada cristalina hacia la puerta. La oscuridad apenas dejaba entrever el rostro de la persona que se asomaba en el umbral de la puerta, pero estaba segura de que no era una amenaza. Ninguna amenaza podía internarse en un lugar tan seguro como aquel...¨Bueno, casi ninguna¨-. Pensó con tristeza al recordar lo de las torres del demonio de Alacante.

Al parecer alguien mas sufría de insomnio en aquel lugar, o quizá se tratara de algún joven cazador que había regresado de una cacería y la buscaba para ofrecerle un nuevo informe de los hechos...
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Helena Trueblood el Sáb Ene 19, 2013 11:00 pm

El avión había tocado destino a las 2:03 a.m. del miércoles. El taxi la depositó en las puertas del Instituto Lightwood 47 minutos después de esta hora exacta. Por media hora recorrió los infernales y laberínticos pasillos del instituto hasta encontrarse con el joven Dieudonne en la cocina a las 3:20 del mismo día. Intentó conciliar el sueño sin éxito alguno por más de 7 horas y pasó otras tantas en amena conversación con Ankhïara, a la que halló en la biblioteca.
En todo este tiempo se duchó una vez y se permitió a si misma darse un baño de espuma. Peinó su largo cabello negro tres veces y lo acondicionó para un lado y para otro de más de una decena. Desayunó, almorzó, cenó y luego se levantó para tomar un refrigerio.
El insomio parecía azotarla con la misma dureza con la que siempre había azotado a su ahora compañera de habitación. Más Helena, no acostumbrada a tener que lidiar con él, no encontró para nada provechoso el estar tendida en la cama con los ojos cerrados, pretendiendo ser de piedra. Sí, quería dormir. Pero era más que consciente de que de ese modo no lo conseguiría. Tenía que aliviar algo de tensión, relegar un poco de la carga que yacía sobre sus hombros.
Ató su embravecido cabello negro con un lazo de color púrpura, deslizó las torneadas y finas piernas dentro de unas mallas color piel para invierno y se colocó uno de sus vestidos de manga larga favoritos. Aquel de terciopelo negro, escotado y con la falda hasta la altura de las rodillas.
Deslizó los dedos dentro de su bolso, dando con facilidad con los dos papeles que había revisado antes. El primero, escrito con tinta negra en un fino papel blanco dictaba con claridad sus órdenes y permisos. “El portador de este documento queda a cargo de la búsqueda de los sospechosos del cargo de alta traición contra La Clave...”, “Sus métodos no serán en ninguna circunstancia cuestionados bajo la única salvedad de que lleven a la muerte al sujeto...”, “Se solicita la abstención del Director del Instituto de tomar parte en la investigación...”, “El desarrollo de este procedimiento debe permanecer en estricta confidencialidad”, cada una de las frases cruciales adornadas con un montón de formalidades con el sello de la clave y las firmas del cónsul e inquisidor regentes. Para rematar podía leerse al final y en tita roja un último enunciado “Quémese después de leerse”.
Helena Trueblood sabía de memoria cada palabra, como así dictaba la negra runa que llevaba en la espalda. Sus sentimientos hacia ella, aunque trataban de mantenerse estrictamente profesionales, eran adversos. Por un lado, estaba gozosa de que le cedieran tal poder y tal confianza a los miembros de la familia. Por otro, la indignación ante tales permisios de acción cuasi ilimitados la dejaban sin palabras. Ella no era una radicalista, pero podía nombrar sin pestañar a más de uno de sus primos que sin duda harían uso y abuso de tal poderío.
El otro trocito de papel, de color amarillento y doblado en cuatro, era una carta escrita de parte de su propio abuelo para la directora del Instituto. De tal asunto, La Rosa Negra estaba desentendida. Suponía que una carta de padre a hija era un asunto privado y personal, y que ella allí no jugaba rol alguno. La carta bien podría ser una pequeña reseña de su persona, o una reprimenda referente al Levantamiento –Adolph jamás había perdonado este hecho-, como también podría estar contándole de su vida, o intercambiando con ella algún secreto de cocina.
Helena empujó con una suavidad característica la puerta de la biblioteca, dejando que la amortiguada luz de aquel palacio del conocimiento la impregnase con su calidez. Poco a poco fueron emergiendo de las sombras sus femeninas y acentuadas curvas, brillando la luz en su pálida piel resaltada por el fuerte contraste con el negro.
Los ojos cristalinos sostenían con fiereza la mirada de la mujer, capturando la inmensidad de la bóveda celeste y la frialdad del ártico. Sus carnosos labios estaban tensos en una fina línea, conocedora del respeto que debía infundírsele a un superior y consciente de sus obligaciones como nueva huésped del Instituto. Con decisión avanzó hacia la señora Lightwood con andar felino. Alzando el mentón, se llevó el puño al corazón y acompañó el acto de respeto con una elegante reverencia.
- Helena Trueblood, a vuestro servicio Directora.

El marcado acento inglés, mezclado con el característico tono de los nativos de Idris le proporcionaba a la ya melodiosa voz de La Rosa Negra un toque exótico. Agradeció interiormente encontrarse con una mujer en lugar de un hombre, sus propias experiencias le habían enseñado a que toparse con un espécimen del género masculino por las noches, tuviera el cargo que tuviera, podría terminar en un momento más que incómodo, sobre todo si era un primer encuentro. La sobrenatural belleza de la cazadora de sombras, cortesía misma de las hadas, era deslumbrante y simplemente no pasaba por desapercibida. A veces resultaba halagador y provechoso...mientras que en otras... en otras sólo era molesto.
Extendió a ella ambos papeles, colocándolos sobre el escritorio con cuidado y separándolos con los dedos.

- El documento que os presento contiene mis órdenes, he llegado la pasada noche pero no conseguí localizaros en un momento más apropiado. Os ruego logréis disculpar mi intromisión. –volviendo a hacer una pequeña reverencia esta vez sólo con la cabeza, digna muestra de la clase de modales que le habían inculcado- El segundo documento es de carácter personal y va dirigido a vuestra persona. Juro por el Ángel que no lo he leído.
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Maryse Lightwood el Lun Ene 21, 2013 4:08 pm

Al principio apenas reconoció a la figura femenina que se adentró en la gran sala, puesto que un aura de sombras la rodeaba y envolvía completamente sus rasgos. Solo cuando se acercó lo suficiente, la tenue luz de la lámpara de sobremesa iluminó de pronto aquel rostro serio y respetuoso enmarcado por la espesa melena de cabellos negros. Un brillo de reconocimiento se apreció en los ojos azules de la Directora, la cual suspiró esbozando una ligera sonrisa.

- Helena...- Maryse hizo a un lado el papel que había sostenido hacia unos instantes sin apartar la mirada afectuosa de su rostro.- Cuanto tiempo, sobrina.- Murmuró en un tono sosegado y cariñoso.

Maryse no era muy dada a los gestos cariñosos, pero los que la conocían bien sabían que una mirada de ella decía mucho mas que las grandes manifestaciones de afecto exageradas en otros. Sus brillantes ojos azules observaron con atención a la joven frente a ella con orgullo. Ya había pasado algo de tiempo desde la última vez que vió a la hija de su hermano, pero se sorprendía cada vez que la veía,puesto que era una verdadera belleza de la casa Trueblood.

Maryse tomó la documentación que la joven le extendió y la miró apenas por encima, suficiente como para saber que iban dirigidas por su anciano padre. Mera documentación oficial, puesto que ella sabía de antemano que la visita de Helena llegaría tarde o temprano, aunque le sorprendió gratamente ver como de comprometida estaba la joven con sus obligaciones, así como de la excelente educación de la que hacia alarde con sus disculpas y modales.

- Oh, Helena.- Volvió a suspirar con un deje un tanto maternal.- Sabes que no era necesaria tanta formalidad. Sé que no has leído la carta, no hace falta que jures.- Murmuró con una sonrisa cansada. Sus ojos revolotearon hacia el reloj de bronce, cuyas agujas marcaban para su sorpresa las altas horas de la noche que eran. De pronto, la mujer se levantó y sorteó el escritorio movida por una energía que no parecía casar del todo con su rostro cansado.- Por el Ángel muchacha, debes de estar agotada tras el viaje. ¿Encontraste una habitación para descansar? Siento no haber podido recibirte como mereces, querida...- Continuó murmurando conforme su mano se posaba sobre el hombro de la joven. Con un gesto de su mano la invitó a sentarse junto a ella en uno de los sofás de la biblioteca. No pudo evitar fijarse con orgullos que eran casi de la misma estatura, con la misma mirada acerada de un azul penetrante y sus cabellos negros, inconfundibles rasgos de su mutua relación familiar.

- Últimamente esta ciudad ha sido un caos, pero dejemos eso para mañana. Dime, ¿Cómo está mi viejo padre? ¿El viaje ha ido bien?
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Helena Trueblood el Vie Feb 01, 2013 11:18 am

Helena asintió con la cabeza y sonrió. Todos los rasgos pasaron de la firmeza y solemnidad de una figura esculpida a la etérea delicadeza y suavidad de un cuadro a la acuarela. El abanico de gruesas pestañas enmarcó una mirada cargada de ternura y cansancio, y sus labios se curvaron a penas, relajándose la tensión contenida en su columna.
La muchacha estaba extenuada, más eso jamás disculparía la rudeza y falta de educación. Mucho menos con la hermana de su padre, quien a pesar de todo lo acontecido seguía siendo su familia consanguínea. Helena había llegado a Idris cuando las heridas del Levantamiento seguían aún abiertas y en silencio cada casa lloraba a sus muertos. No conoció en ese entonces a Maryse, sino años más tarde, cuando asistiese a los acuerdos y no le guardó verdadero respeto hasta después de la guerra. En aquel entonces toda la familia se había unido en contra de la adversidad, peleado con fiereza, codo con codo, para exterminar la amenaza.
— Es difícil romper con un hábito tan arraigado...— comentó con una sonrisa entre los labios refiriéndose a las formalidades y disculpas— Cada instituto es un mundo diferente, nunca se sabe con certeza que esperar...

Quieta como una estatua en un museo, más con apariencia ligeramente más delicada y relajada, la fina dama observó cómo Maryse –puesto que referirse a ella como “tía” aún se le dificultaba- se ponía de pie y le dirigía una mirada precupada. ¿Tendría un aspecto tan terrible? Pensó entre sí, y la respuesta casi le hace poner los ojos en blanco. Era simplemente imposible. Una vez había pasado una semana entera sin dormir sólo para descubrirse a sí misma incapaz de desarrollar ojeras o señas de cansancio. Si, se dormía por los rincones. Pero aun así se veía fenomenal. El asunto era tan antinatural que inclusive la visión de su rostro solía resultarle estresante.
— Descuide directora... llegué ayer por la noche y pude acomodarme sin problemas, no cargo con demasiadas cosas. Tuve la fortuna de encontrarme con la joven Ankhïara en la biblioteca, una vieja amiga y antigua alumna de mi tiempo en París. Nos hemos acomodado juntas.

Dejó que la directora la escoltase hasta uno de los sofá y se acomodó allí entrecruzando las piernas y colocando las manos entrelazadas sobre la rodilla. Su espalda estaba recta como una regla y su postura era simplemente idónea. Daba la impresión de que la joven no tenía la capacidad de relajarse del todo y dejarse caer a sus anchas o de andar sin que sus pasos suaves semejasen una coreografía de ballet. Eran estas simplezas las que le habían dado el apodo, el de una flor delicada y preciosa. Hasta las rosas tienen espinas.
— Creo que es más tranquilizador el caos que una calma súbita y repentina— respondió escudriñando con detenimiento los orbes azulados de la hermana de su padre— El viaje ha ido bien... aunque creo que ni mil viajes más lograrán que me acostumbre del todo al transporte mundano. —hizo una pausa y tomó entre las suyas la mano de Maryse, transmitiéndoles la calidez característica del tacto de La Rosa— Gracias al Ángel el Abuelo se encuentra bien, disfrutando a regañadientes de su retiro y con una salud favorable. El Cónsul Nightshade toma muy en cuenta su opinión al igual que el resto de los miembros del consejo... La trágica guerra parece habernos unido a todos.

Helena palmeó suavemente la mano de Maryse, más no la abrazó ni hizo ninguna otra muestra exagerada y que de seguro no sería bien recibida. Ya había tenido ocasión de darle su más sincero pésame en el funeral de Maxwell y desde entonces el tema no se había vuelto a mencionar. Más ahora, había algo más que quería conversar, algo que no podía esperar y que además alejaría de la habitación los fantasmas de la pérdida.
— No he tenido ocasión de agradecerle por recibir aquí a mi hermano... sé que muchos no lo hubiesen hecho. —la mirada de Helena se ensombreció— Leo es un buen muchacho y a pesar de lo que muchos digan me consta que no ha tenido nada que ver con las acciones de su propio abuelo. Fue nuestra familia la que se ocupó de su entrenamiento y su crianza... aunque hayan pasado años desde la última vez que lo viera... sé que no cambiaría de ese modo. —esbozó una sonrisa dulce y dejó ir las manos de la directora— ¡Encontrarlo aquí fue toda una sorpresa!
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Maryse Lightwood el Lun Feb 18, 2013 5:08 pm

Maryse acompañó a la joven hacia uno de los sofás y tomó asiento frente a su sobrina. Su rostro apenas dejaba translucir el cansancio que parecía helar sus huesos, ya que la contradictoria actitud recia que siempre parecía acompañar a la directora, la cual transmitía seguridad y determinación a sus movimientos, así como su espalda erguida y a sus gestos firmes. Era una mujer que parecía no relajarse nunca, y eso era visible en cada pequeña cosa que hacía aún siendo altas horas de la noche y fuera vestida con aquella bata de aspecto tan corriente en lugar de con el típico conjunto formal azul marino.
Hizo un ademán con su mano, como restandole importancia al hecho de que las formalidades de cada lugar fueran aplicables en ese caso. Al fin y al cabo eran familia y su viejo padre había enviado previamente la documentación y las notas que la informaban de su reciente visita.

- Por favor, Helena, llámame por mi nombre. - Una ligera sonrisa curvó sus labios, un gesto que pronunció todavía mas unas ligeras arrugas alrededor de sus ojos cansados. El cabello le caía indomable sobre los hombros, lo cual le confería a la mujer un aspecto mucho mas joven y mas relajado una vez la tensión de todo el día pareció abandonar su cuerpo. Lo cierto es que había olvidado tomarse un descanso tras tantas horas sumida en papeleo.- Espero que encuentres todo de agrado. No dudes en dirigirte a mi para lo que necesites..

Maryse cubrió con su otra mano la que la joven había posado sobre la suya propia devolviendole el gesto cómplice conforme negaba con la cabeza ligeramente con una expresión triste.
- Bien es cierto que la calma en un mundo como el nuestro no augura nada bueno, pero no puedo evitar pensar que detrás de todo este caos nos aguarda algo mucho peor...- Murmuró casi para sí misma. Pero se recuperó rápidamente de sus divagaciones y centró de nuevo su mirada en la joven frente a ella esbozando una ligera sonrisa y centrándose en otros asuntos mucho mas inmediatos.- Hay cosas que nunca cambian, ya que al parecer el transporte mundano y mi viejo padre siguen siendo tan incontrolables como un mar embravecido en plena tormenta.
Al escuchar la última parte de la frase sus ojos parecieron entristecerse ligeramente, pero su sonrisa no desapareció del rostro de la mujer. Unas oscuras hebras de cabello cayeron sobre sus ojos, las cuales apartó rápidamente con su mano y depositó detrás de la oreja. Su hombros parecieron hundirse ligeramente conforme su espalda de dejaba caer relajadamente sobre el respaldo acolchado del sillón sin perder atención de las palabras de la joven. Algo en la expresión de su sobrina cambió, y la seriedad pareció adueñarse del momento. A través del silencio que las rodeaba en aquella sala fría pudo presentir que quería comentarle algún asunto de mucha mas relevancia que la típica conversación formal, y por ello le prestó total atención aguardando paciente mientras ella comenzaba a hablarle sobre su hermano, algo que al principio pareció desconcertarle un poco, frunciendo ligeramente el ceño, pero pronto la comprensión llegó a ella al recordar al joven Dieudonne y su historia para con su familia. Aún bañado por la tenue luz de la lamparilla sobre la mesa, la directora pudo apreciar el cariño y la preocupación reflejada en el rostro de la joven El joven huérfano que fué puesto al cargo de la familia Trueblood por su abuelo Malachi mientras él conspiraba en contra de la Clave con Valentine. Su ceño se profundizó todavía mas, su rostro cubierto de pronto por una sombra helada. Esta actitud nada tenía que ver con el joven Gael, pero mucho con el traidor de su abuelo.
Dio un suave apretón a la mano de Helena antes de que esta dejara ir la suya, sintiendo como, a pesar de poseer delicados y esterilizados dedos, estos eran cubiertos por ligeras callosidades similares a las suyas. Era una joven guerrera que ahora parecía volcar un ruego en sus palabras dulces y Maryse intentó reconfortarla antes de que malinterpretara su semblante ensombrecido.

- Helena,- Murmuró en un tono tranquilo pero serio.- hay muchos que no piensan así, pero como bien comprendes yo no pienso igual, no creo que sea necesario recalcar el motivo que me lleva a comprender su posición...- Su voz fue perdiendo fuerza conforme sus palabras salían de sus labios.- Él fue una victima mas de Valentine, como muchos otros. Jamás podría juzgarlo injustamente solo por llevar el apellido de un traidor, por que, a estas alturas, ¿qué familia no ha tenido un traidor entre los suyos? - La directora guardó silencio por unos largos segundos, con su mirada perdida en unos recuerdos lejanos y que cambiaría de poder hacerlo. Tras soltar un ligero suspiro cansado, alzó la mirada, clavando sus ojos cristalinos y francos en su sobrina y continuó. - Grandes familias en Idris se han visto de un modo u otro salpicadas por las artimañas del Circulo, pero sé con seguridad que él no se merece este trato injusto, y es por eso que estoy encantada de tenerlo entre nosotros. - Algo de color pareció volver a las mejillas de la Directora, la cual sonrió de vuelta a Helena al observar como algo parecido a la felicidad parecía adueñarse de sus rasgos suaves y delicados. De cierta forma le recordó a su pequeña cuando no llevaba esa mascara que la protegía del mundo. Acercó una mano a la mejilla de su sobrina en un gesto maternal y murmuró en un tono confidencial:
- Cuida de él, ya que por lo que parece ha estado bastante solo desde que llegó aquí. No dudo en que tu compañía le haga olvidar un poco todo este asunto. Quizá tu presencia aquí ayude a calmar un poco las aguas entre sus otros compañeros y en su integración.
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Helena Trueblood el Mar Feb 26, 2013 11:17 am

Pese a todo lo que la descendiente de la casa Trueblood pudiese decir, sus sentimientos actuales para con Leonides eran más que contradictorios y erráticos. El peso de nueve años de distanciamiento y la intensidad de las propias emociones dormidas quemaba su alma aún ahora, dejándola a merced del insomio y el agotamiento. Sus ojos claros se vieron opacados por la sombra del amargo recuerdo de la partida, mientras asintió con la cabeza ante las palabras de la directora y se esforzó por sonreír lo mejor que podía.

— Lo adoro... — susurró La rosa con una voz queda y dulce, trágica en su tonada— más hay mucho de Leonides que ni siquiera yo alcanzo a comprender...

Negó con la cabeza, agitando ligeramente las manos en un gesto que buscaba sacudirse de encima la pesadumbre. Había cosas que no podría cambiar o solucionar por mucho que lo intentase. Leo era una de esas cosas casi inalterables al pasaje del tiempo, por más que el viento del cambio lo sacudiese e inyectara sabiduría y opacidad en su mirar. Aquella actitud socarrona y altanera siempre estaría presente, junto con los profundos silencios y las cortas o inexistentes muestras de aprecio o familiaridad. El joven era así y siempre había sido así. Dudó incluso la Rosa de que pudiese quererlo si cambiaba. No quería a la imagen ilusoria de un Leonides distinto que consintiese sus caprichos o la llenase de atenciones, lo quería a él. Tal, como era, tal como había sido. Pese a todo, siempre lo querría. El mero pensamiento transmutó la tristeza en calidez, dibujando una sonrisa dulce y compasiva entre los labios enrojecidos de Helena.

— Es un muchacho de pocas palabras, más muestra afecto a su manera... —negó con la cabeza con suavidad— al igual que Ankhïara.

Consciente de lo mucho que dicha afirmación encerraba, miró fijamente a los ojos de su directora. Ni el ángel sabía cómo una persona como ella, tan abierta y dulce la mayor parte del tiempo lograría entablar lazos tan profundos e infraquebrantables con seres tan distintos y apáticos como lo eran Geist y el León. El pensamiento no hizo más que arrancarle una sonrisa: iba siendo hora de que comentase el verdadero motivo tras aquella reunión.

— He viajado mucho durante la última década, y mi estancia aquí probablemente sea breve, pero me gustaría ofrecer mi ayuda en todo y cuanto pueda. He servido de instructora una que otra vez... en París, Irlanda y Tokio sobre todo. Quizá pueda ayudar a los joven nephilim en su entrenamiento. También poseo conocimientos médicos básicos, si bien no estoy a la altura de un hermano silencioso... — la joven miró a Maryse con determinación y serenidad, como si hubiera dado el mismo discurso más de cien veces y cada una hubiera sido de vital importancia— Me gusta devolver cuanto puedo a quienes son tan amables de ofrecerme el beneficio del hospedaje... Además, a todos nos viene bien algo de ayuda...

Dejó flotar la última frase mientras sonreía, y miraba la pila de papeles como al descuido. Sería mejor que quitara algo de peso de los hombros de su tía o colapsaría inevitablemente.

— En cuanto a talentos culinarios... sé lo básico. ¡El mejor siempre fue Leonides! — añadió con una sonrisa— pero no tenemos por qué hablar de estos asuntos ahora, es tarde y será mejor que le permita descansar... tal vez incluso intentarlo yo misma
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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

Mensaje por Maryse Lightwood el Lun Mar 11, 2013 8:38 pm


El legado de un cazador suponía, muchas veces, la gran diferencia entre ser un miembro reconocido de su propia sociedad y el no serlo. Todos los nephilim eran una gran familia en sí misma, un entramado de lineas sucesorias, legados familiares y múltiples apellidos comunes entrelazados en sus arboles genealógicos. Pero también también era cierto, que esto ocurría desde que Jonathan, el primer cazador de sombras, bebiera de la copa mortal junto a unos pocos. Eran personas que vivían en una sociedad pequeña, todos unidos por estos lazos de sangre que se perdían en la historia de sus antepasados. Todos eran hijos de un padre, maridos de una hermana o amigos de unos hijos que expandían con orgullo un poco mas toda aquella cadena, eslabón a eslabón.
Tenían sus propias costumbres, sus normas en una sociedad cerrada, y una actitud que se remontaba a las viejas costumbres, lo que acarreaba que todos fueran conocedores de los errores de los demas, no tan distintos los unos a los otros, pero sí con grandes pretensiones al a hora de juzgar. Eso siempre implicaba que cualquiera podía ser el objetivo de acusaciones, desconfianzas y rechazos. Pero ante todo, eran criaturas orgullosas, dignos guerreros que se guiaban por sus ideales, defensores obstinados de su descendencia angelical, que en su mayoría rechazaban cualquier tentación.
Pero en su mundo de cicatrices y sombras, no todo era blanco o negro.

La propia Maryse provenía de una larga estirpe de cazadores con un gran apellido, y a pesar de la educación, los entrenamientos y los años transcurridos, se mantenía desafiante ante todo aquello que quisiera perturbar su pequeño mundo. Nunca nadie le había dicho qué hacer o qué creer, y siempre se dejó llevar por los impulsos, sucumbiendo la mayoría de veces debido a su orgullo. Sabía por experiencia propia que las malas decisiones podían marcarte en ese mundo, que cometer un error implicaba demasiadas cosas difíciles de ignorar en una sociedad que desconfiaba de cada cosa que la rodeaba. Conocía muy bien la sensación, ya fuera por méritos propios o no, como en el caso de Leonides, de ser juzgado una y otra vez por el dedo acusador de los que una vez consideraste tu familia.
No podía culpar a los suyos, pues desde hacía años, Maryse se había vuelto casi tan desconfiada como los que fueran victimas directas de Valentine. Al fin y al cabo, ella también lo era, solo que se dio cuenta demasiado tarde.

Escuchó con una pequeña sonrisa las palabras de la mujer joven frente a ella. Hablaba con adoración del muchacho que por mucho tiempo formó parte de su familia, pero la frustración se hacía evidente, pues los años no pasaban en balde y el sentido de la distancia se hallaba todavía muy presente. La directora conocía la historia del muchacho, podría decirse desde mucho antes de que pisara el instituto. Aquel tema se esparció como la pólvora y para muchos se hizo obvio que todo aquel que portaba el apellido de un traidor era peor que un cáncer, capaz de destruir a la Clave desde dentro. Era apenas un muchacho, solo y con un legado que para muchos adoptaba la forma de un látigo, azotandolo contra él cada vez que se nombraba el apellido que lo marcaba como a un traidor, aún cuando el pecado fuera de otro.

La directora asintió ante las palabras de Helena y cruzó sus manos frente a ella. La calidez que había encontrado entre las manos de su sobria se había diluido, y en cambio ahora las sentía frías, con los dedos entumecidos. En la biblioteca siempre hacía frío, pero en el poco rato que llevaban hablando, pareció bajar un par de grados. El amanecer estaba próximo, y tras las ventanas, el cielo parecía adquirir matices mas profundos, de un azul tan oscuro y carente de estrellas, que asemejaba un manto de terciopelo.

- Lo conozco, pero aún no he tenido la oportunidad de charlar con él. - Murmuró la directora pensativa.- Debo decir, que en escasas ocasiones he podido escucharlo hablar o emitir sonido alguno mas alto que los demás. Por supuesto, se hace evidente que es reservado, y comprendo su forma de actuar. - Había ocasiones en las que las pocas palabras que uno decía, cobraban mas significado que un cúmulo de frases vacías y llenas de falsedad. Como en ese preciso instante, en el que le devolvió la mirada a la muchacha, comunicándose sin palabras lo que la afirmación que acababa de decir implicaba. - Ankhïara...- Como olvidar la terrible historia de aquella muchacha. Parecía que todos tenían una historia sobre sus hombros, que se debatía con sus obligaciones de nephilim.
- Ankhïara es una muchacha excepcional, pero no ha tenido muchas oportunidades de elegir. Ambos. - Recalcó la directora.- Afrontan las cosas como mejor pueden. Como cada uno de nosotros...

La directora se arrebujó un poco mas en su ligera bata y adoptó una expresión agradecida. Robert estaba ausente, y cada día parecía estar mas y mas delgada de lo normal. Demasiados cambios en tan poco tiempo, un tiempo que parecía no detenerse y jamás alcanzar la infinidad de obligaciones que se acumulaban sobre su escritorio.

- Sabes que agradezco tu ayuda, y puedes quedarte cuanto quieras. Esta también es tu casa.- Respondió Maryse en un tono suave y tranquilo. Después, como su se le ocurriera de pronto, añadió.- El instituto dispone de un plaza libre, y la verdad es que con la llegada de nuevos cazadores, nos harán falta los servicios de un instructor...- La mirada de la directora se alzó, mirando la hora en el reloj de bronce que colgaba de la pared.- Pero dejemos estos temas para mañana, está a punto de amanecer y debemos descansar. Mañana será un día duro, y tengo una reunión con los chicos.- La mujer se levantó tranquilamente, hablando con la joven sin perder su sonrisa mientras esta se levantaba. Posó una de sus manos sobre la espalda de la muchacha y juntas se encaminaron hacía el pasillo, dejando atrás la biblioteca.

- Creo que hemos dado con un cocinero nuevo. Hay muchas bocas que alimentar y yo sola me volveré loca cocinando para tantos. Le preguntaremos si está interesado en...

Sus voces se perdieron en la distancia, internándose en el largo pasillo en penumbra que las conducía directamente hacia las habitaciones. Los nuevos nephilim pronto serían recibidos por su directora, y si Helena aceptaba, tendrían una entrenadora que los ayudaría en sus ejercicios. En pocas horas, aquellos pasillos se llenarían de gente, y el instituto se despertaría tras un nuevo día, después de tanto tiempo vacío y con tan pocos residentes hasta la fecha. La Guerra los había unido, pero solo había sido el comienzo de unos largos años de heridas por cicatrizar.
Fuera, despuntaba el alba. y los primeros rayos de sol se escondían tímidos en el horizonte, bajo un cielo encapotado que auguraba una tormenta.
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Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Lun Mar 11, 2013 8:49 pm

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Re: Horas extra [Maryse & Helena]

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