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Si vis pacem, para bellum. || Jace.

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Si vis pacem, para bellum. || Jace.

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Miér Ene 23, 2013 9:57 am

Quien se quede en casa cuando comience la batalla
y deje su lucha a los demás, éste, deberá ser previsor.
Porque quien no comparte la batalla, compartirá la derrota.
Lucha, pues, por la causa enemiga, aquel que no lucha por la propia.


Ankhïara siempre había pensado que aquel que no sabía defender sus ideales, no merecía más respeto que el tirano que luchaba contra ellos. Aquellos que cerraban los ojos, que fingían no escuchar, que agachaban la cabeza, no eran merecedores siquiera de un poco de compasión pues, ¿qué premio habría de otorgársele a la cobardía más profunda? Por culpa de estos individuos la sociedad siempre se había visto saboteada, sometida a tiranías y a los regímenes más lamentables. Aquellos; aquellos que defendían la no-violencia -incluso entre los cazadores existían- eran los culpables. La historia había demostrado a lo largo del tiempo que defenderse con flores cuando te están disparando, no es la mejor opción. Aquellos lastimosos individuos no tenían el valor suficiente de alzarse en armas, de afrontar lo que les estaba pisando la garganta hasta asfixiarlos...de luchar. Si vis pacem, para bellum. Aquello precisamente era lo que hacían los cazadores, entrenarse durante toda su vida para darles guerra a los demonios; para demostrarles que jamás vivirían bajo su yugo, al menos no sin luchar antes. Defenderían su mundo, los humanos, todo cuanto les rodeaba. Los diablos jamás implantarían su reino de terror sin recibir antes una cruenta ofensiva de los nephilims. En aquello pensaba Geist mientras paseaba por los pasillos del Instituto, con el cabello recogido en una media trenza algo desecha y rozando la pared con la yema de los dedos de la mano derecha mientras andaba. Sus pasos no vacilaban, sabía perfectamente hacia dónde iba; principalmente, porque Helena se había encargado de darle las indicaciones, y éstas -cómo no- habían quedado grabadas en su infalible memoria.

Cuando llegó a su destino, empujó el pesado portón de madera con fuerza, que chirrió levemente al abrirse. La sala de armas. Su visita allí ya se había demorado dos días -dos días que había pasado acomodándose y yendo a una reunión con Maryse-, y no podía permitir que se alargase más. La lucha era una de sus pasiones más fervientes, de sus querencias más febriles. Encendió las luces y sus orbes -aquel día lucían amarillos, dorados- quedaron fascinados ante la cantidad de armas que había; desde mazas hasta dagas, pasando por arcos y bayonetas -sus favoritos-. Se fue directo hacia el lugar donde reposaban éstos últimos, pasando la mano por una bolsa de cuero negro en cuyo interior yacía unas flechas del mismo color. Eran preciosas, luciendo letales, mortíferas, perniciosas. Justo como a ella le gustaban. Se imaginó con ellas y una sonrisa algo torcida tomó lugar en su bello rostro de porcelana; sin embargo, le fue rápidamente arrebatada al escuchar un sonido. La puerta chirriaba, alguien estaba entrando. Levantó la mirada de la flecha y la clavó en la puerta, rezando interiormente que se tratase de quien se tratase, no fuese un incordio.


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Re: Si vis pacem, para bellum. || Jace.

Mensaje por Invitado el Miér Ene 23, 2013 3:36 pm

Le agradecía a Maryse que últimamente me diera buenas misiones. Era hora, me había cansado de investigar, seguir y esas cosas estúpidas. Aunque decir que me tocan malas misiones es algo…como decirlo, estúpido. Luego de que había peleado cara a cara contra Sebastian Verlac y Valentine. Había de los pocos que habían tenido la oportunidad de estar cara a cara con ellos. Solo que Valentine luego de venderme el papel de buen padre me apuñalo y termino por quitarme mi vida. Lo mismo que hizo con Sebastian a quien había logrado matar una primera vez pero como no había sido tan así regreso y murió en manos de su padre. Lástima que no habíamos encontrado su cuerpo, pero había desaparecido y eso ya nos da puntos a favor. Pero eso es pasado, algo en lo que realmente odio pensar, porque pensar en esa pelea me hace recordar la muerte de Max y un gran vacío se hace aun más presente en mi pecho cada vez que pienso en lo injusta que fue su muerte. Quizás Raziel debió revivirlo a él y no a mí.

Negué levemente con mi cabeza mientras ahuyentaba esos recuerdos de mi cabeza, la mirada de Valentine, las asquerosas actitudes de Verlac y la hermosa sonrisa de Max. No quería pensar más en eso por lo que apresuré el paso mientras caminaba tranquilo por los pasillos del Instituto. Recién había regresado de una pelea, le había logrado arrancar prácticamente el cuello a un demonio. Había sido divertido, entretenido pero algo sangriento por lo que llevaba mis manos completamente llenas de sangre color escarlata que en poco tiempo se comenzaría a secar y pegarse en mis dedos. Fui al primer baño que encontré donde me lave las manos y mientras apurado salía del baño fui secando mis manos y los restos de sangre de mis dedos. Tenía que ir a la sala de armas para dejar unos cuantos cuchillos que había utilizado en la batalla. Aun llevaba puesto mi traje de batallas, negro, de cuero y quería cambiarme de ropa también. Con fuerza abrí la puerta de la sala de armas y cuando entré me encontré con los ojos de una señorita.

Ella era alguien que jamás había visto aquí en el Instituto. Aunque según tenía entendido, Maryse había acogido a nuestras personas dentro de este lugar. Odiaba cuando esto comenzaba a ser un hotel y gente impertinente comenzaba a venir a joven nuestra vida habitual. Una vez había tenido que pelear con una que quería mi habitación, había estado a punto de perder toda mi cordialidad esa vez. Mire a la chica sin interés alguno y una sonrisa torcida se formo en mis labios. — Espero no interrumpirte. — comenté en voz baja, la verdad que no me importaba si le gustaba o no mi presencia pero iba a ser educado. Entre tranquilo y deje el trapo que llevaba entre mis manos sobre una mesa donde habían otras armas más. Comencé a sacar los cuchillos que tenía perfectamente equipados entre mi ropa y los colgué nuevamente en donde iban. Solo los que estaban limpios los otros los deje por ahí. Luego vería que haría con ellos. — Así que eres de las nuevas…— agregué con serenidad mientras le dedicaba una mirada de reojo. Preguntárselo hubiera sido tonto ya que era la primera vez que le veía aquí.
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Re: Si vis pacem, para bellum. || Jace.

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Sáb Ene 26, 2013 8:13 am

Levantó la mirada de la flecha y la clavó en la puerta, rezando interiormente que se tratase de quien se tratase, no fuese un incordio. No es que fuese a pasarlo ella mal, sencillamente sabía que si le tocaban las narices, se pondría en modo ácida; y no era cuestión de ganarse enemigos en tan poco tiempo, ¿no?. Ankhïara siempre había tenido un fuerte carácter, una poderosa personalidad; no le gustaba relacionarse con los demás, especialmente si eran las típicas personas que sólo saben molestar. Y de éstas ella sabía deshacerse a la perfección, con dos frases directas, enviadas a donde más duelen; sabía calar a las personas, dónde solían flaquear. Entró un muchacho, tal vez unos dos años menor que ella; tenía un bonito color en los cabellos, como el del sol. Espero no interrumpirte. Ella desvió la mirada de nuevo hacia la flecha, encogiéndose levemente de hombros – Sólo estaba mirando. – Y hablando de mirar, sí, Ank había visto las pintas que llevaba el muchacho, el traje de cazador y el aspecto descuidado; pero no había comentado nada, ¿había algo más normal que eso en un Instituto de cazadores de sombras?

Su dedo índice acarició con suavidad la punta de la flecha, para comprobar cuán afilada estaba; y pasó la prueba pues una solitaria gota escarlata tomó lugar en la yema. Distraídamente, Ïara sacó un pañuelo del bolsillo, limpiándose la gotita con él, para volver a guardarlo instantes después. Depositó la flecha en su lugar, con una mirada aprobatoria, y dio unos pasos más hacia allá, dirigiéndose entonces hacia el lugar donde lucían una colección de ballestas. Cogió una que le llamó la atención, pues al parecer iba a conjunto con las flechas negras; lucía con el mismo color, un negro tan brillante que conseguía asemejarse al petróleo. Así que eres de las nuevas… - Ankhïara. - Aquella fue su respuesta al comentario del chaval, una simple presentación, breve y concisa. No se había dignado a girarse para responder, ocupada como estaba en coger aquella brillante ballesta de madera negra que parecía encajar perfectamente con ella. La colocó en sus manos con habilidad, denotando una práctica terrible en aquel tipo de armas; acto seguido, su cuerpo adoptó la posición de ataque, comprobando que el arma se adaptase a ella como un apéndice más. Una casi invisible sonrisa tomó lugar en su rostro; le iba perfecta. -Perfecta. - aquella palabra escapó de sus labios como un inaudito susurro inconsciente, fruto de la emoción que sentía al haber encontrado tan provechosa arma. Bajando la ballesta -para que el chaval no pensase que tenía la intención de meterle una flecha entre ojo y ojo- se giró hacia el recién llegado y preguntó - ¿Y tú eres...?- No es que la matase la curiosidad, pero si iba a vivir allí un tiempo, al menos debería conocer los nombres de las personas que le rodeaban, ¿no?. Además, intentaba ser amable; se había propuesto no dejarse llevar demasiado por sí misma y comportarse de un modo relativamente normal. O al menos, iba a intentarlo. Aún no había conocido a nadie en aquel lugar; conocer en el sentido más común de la palabra, pues sí se había encontrado con una vieja amiga y había escuchado un discurso de la directora del Instituto. Pero conocer, conocer, no. El chico que tenía delante no parecía un mal tío, sobretodo teniendo en cuenta que para un humano se asemejaría a un asesino, con todos aquellos cuchillos ensangrentados y la mirada algo turbia. Pero Ïara no era una mundana, y aquello, más que asustarla, hacía que el chico ganase algún punto en su favor: cualquier bicho viviente que odiase tanto como ella a los demonios, merecían un leve respeto por su parte. Los orbes dorados de la muchacha se fijaron el los de él, y sus labios dibujaron una pequeña sonrisa algo ladeada. - Veo que has tenido un buen día...-comentó, mientras lanzaba una mirada elocuente a los cuchillos. Aquellos que comparten la rabia y la guerra, son compañeros, camaradas
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Re: Si vis pacem, para bellum. || Jace.

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 26, 2013 5:04 pm

Me la había pasado bien matando demonios, pues es como mi relajante mezclado con el frenesí y la locura del momento. Si bien es mi trabajo es algo que me encanta hacerlo. Siempre había disfrutado de ver morir demonios, sangrar, hacerles sufrir por ser unos malditos jodidos que buscan joder nuestras vidas. Hasta creo que mientras peleaba hace horas antes el recuerdo del barco había vuelto a mi mente. Ese barco infestado de criaturas donde tuve que ser bueno con el vampiro diurno y le di la posibilidad de poder andar por el sol sin problema alguno. Por eso el terminó siendo tan especial y todo gracias a mi sangre. Pero eso es un secreto que mejor nadie debe saber y ya. Un tema aparte y sin sentido realmente. Escuche lo que la desconocida me decía y asentí levemente sin decirle más. Era de esperar que tuviera curiosidad y quisiera mirar todo lo que en esta sala puede haber. Armas por doquier, de todos tipos, tamaños, de todo un poco.

Note como se cortaba a penas su dedo por tocar la hoja de una de las armas, vaya estupidez y distracción pero quién era yo para decir algo respecto al tema. Yo siempre era de esos que cada dos por tres terminaba metido dentro de la sala de armas para curiosear todo y mirar. Aunque este lugar ya lo conocía de memoria, de niño siempre venía a este lugar para conocer más todos los tipos de armas y porque no probarlas claro que sin que Hodge se dé cuenta. Le escuche presentarse y asentí levemente. Era una forma de presentarnos de alguna forma. Ella era de las nuevas y yo de los viejos. Hasta de la misma familia Lightwood por decirlo de alguna forma.— Soy Jace, Jace Waylad.— comenté en un murmullo mientras terminaba de dejar las armas en sus correspondientes lugares. Ella se había puesto a jugar con una de las armas y si le quedaba bien pero tampoco creo que hubiera hecho eso frente a otro cazador. Creo yo.

Solté una risita burlona mientras ella jugaba con una de las armas, no me importaba realmente lo que hiciera aunque yo eso lo hacía cuando era pequeño. — ¿Buen día? Si, podría decirse que si porque pude patear el trasero de algunos cuantos demonios. Solo por eso.— mi sonrisa torcida prevalecía en mis labios. Aunque para terminar este grandioso día hubiera deseado encontrarme con Clary. — Por casualidad no has visto esta tarde a una pelirroja? Ojos verdes, mediana altura, hermosa.— Supuse que serían los suficientes datos como para ver si se daba cuenta de quien hablaba. Quería saber si Clary había estado por aquí. Me quite mi chaqueta de caza y me quede tan solo con una musculosa blanca que tenia debajo. Dejando mis brazos descubiertos y parte de mi cuello y pecho. Las runas se podían ver en mis brazos y luego me senté sobre una de las mesadas de mármol que habían. La verdad es que se me hacía raro no haber visto ni a Izzy, ni Alec, ni a Clary. ¿Dónde andarían?.
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Re: Si vis pacem, para bellum. || Jace.

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Mar Mayo 13, 2014 10:46 am

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Re: Si vis pacem, para bellum. || Jace.

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