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El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

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El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Camille Belcourt2 el Vie Ene 25, 2013 5:54 am

Tiempo atrás, si no me falla la memoria casi entrando en el 1900, había tenido con uno de mis pares una de las conversaciones que recordaba con mayor recelo. Esas discusiones filosóficas mezcladas con la mística de sabernos tan “distintos” del resto me abstraían y fascinaban… no hay lugar a dudas que resulta complejo aunar en una descripción lógica y comprensible, esa mezcla de emociones que nos atropella cuando nuestros bajos instintos pueden más que la conciencia o la emotividad.
Mi perspectiva era que esos bajos instintos no se circunscribían a la sed, que la sed era sólo un instrumento para llegar a ese estado en el que igualábamos el dolor de un tercero al placer propio… ese estado en que el “yo” superaba cualquier otra percepción dejando absolutamente todo a merced de nuestro capricho fuera cual fuera el precio. Su perspectiva sin embargo era distinta. Él decía que nuestra condición de hijos de la noche no nos hacía malvados, pero sí potenciaba nuestras propias sombras tal vez escondidas en nuestro anterior mundo humano. Verdad o no, pasamos alrededor de tres días enredados en la cama, entre el instinto de poseernos carnalmente y la ansiedad de discutir visiones distintas, haciendo de las palabras la punta del ovillo de un nuevo encuentro de pieles voraces de placer y de intercambio lascivo de mordidas.
Entre sus historias ejemplares estaba la historia de su hermana menor, alguien a quien él había amado tanto que se rehusó a perder y en consecuencia arrastró consigo hasta la oscuridad, dejando el veneno de sus colmillos en ella sólo para después arrepentirse. La nombró, reconocí su nombre de entre algunos congéneres de la realeza y supe al instante que la pobre vivía de la sangre inmunda y nada estimulante de alimañas: Lady Kelyne, la Duquesa de York.
Dejé el tema a un lado para volver a la fogosidad de la cama, la había visto un día escoltada por uno de los nuestros y la profundidad severa de sus ojos celestes me había confirmado a la distancia que la débil y “noble” Lady Kelyne no sería un juguete muy duradero para el que parecía su amante. Me cuidé de no dejar escapar mis observaciones al mío… no hay nada más poco estimulante que traer al placer de la alcoba los problemas de otros.
Lamentablemente para él había huellas que una dama de sociedad como yo no podía dejar marcadas, y su insistencia romántica de ser mi compañero no resultaba compatible con el esposo que esperaba en el nuevo hogar americano que abría las puertas a un lugar distinto a la ya monótona Inglaterra. Dejé las cosas claras antes de partir. O eso creí hasta que lo encontré sonriéndome en el barco de camino a Nueva York.
Un accidente desafortunado dijeron los tripulantes del barco, una decapitación que de por sì arruinó uno de mis mejores vestidos, pero una solución sin mucho protocolo, fría y directa como yo.
El recuerdo volvió a mi tan nítido y emocionante en cuanto aquellos profundos y severos ojos de celeste hielo se cruzaron conmigo en cuanto Acher abrió la puerta del vehículo y lo vi en la acera de enfrente con el estilo desestructurado pero elegante de un buen inglés.

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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Vie Ene 25, 2013 1:03 pm

“Recordar el tiempo en el que fui un hombre mortal, condenado a morir, me es francamente agotador. Apenas logro comprender los motivos que conducen a mis homólogos a aferrarse a ese espectro del pasado y vivir una eterna existencia basada en aquel vago recuerdo. Creía que se negaban a evolucionar, aunque en el más recóndito rincón de mi alma lograba atisbar cierta logia en su accionar.”

La llegada de Lord Hellrune a la ciudad de Nueva York había pasado inadvertida entre sus pares. No se encontraba deseoso de ocultarse en los rincones, pero siendo un hombre metódico y previsor, había tenido la precaución de monitorear la situación por apenas un par de noches. Juego de lealtades, de intereses y de poderío. Las versiones eran varias. El tablero de ajedrez estaba dispuesto y la reina lo contemplaba paciente y deseosa, saboreando ya en sus labios la dulce victoria.
Lady Belcourt era sin lugar a dudas la cúspide de la belleza y el ideal vampírico, esplendorosa en su etérea e imperecedera divinidad. No quedaban en ella rasgos de debilidad humana, aquellos a los que su creadora, en su tontería, se había aferrado con desesperación. Bastaba fijar la mirada en aquellas orbes matizadas por la plata, la esmeralda y el profundo azul del mar, puertas de un alma indomable e indescifrable, para inclinar la cabeza ante la perfección personalizada de tan digna mujer.
Así era como Nathaniel la veía, descendiendo del deslumbrante auto con la gracilidad de una gacela. Un subyugado de ojos oscuros y actitud cabizbaja estaba a su lado, ayudándola en su descenso. Hubiera sido impropio de un caballero y más aún de un Lord, el no ofrecerle a tan magnífica criatura sus debidos respetos. Acortó las distancias con andar decidido, dedicándole a ella una sonrisa gentil y educada. Colocó uno de los brazos detrás de la espalda, se inclinó y sostuvo con la suya la fina y pálida mano de la líder de su clan. Posó sus labios a penas en el dorso, sin despegar ni por una fracción de segundo sus ojos de los de ella.
— Lord Nathaniel Hellrune, a vuestro servicio milady.

La intensidad y brutalidad de sus profundos orbes cristalinos siempre lo había delatado. Era en momentos cruciales como aquel en las que su mirar reflejaba a penas un atisbo de la personalidad angulosa y la espiral de malicia creciente, siempre latente en su interior. Un lado de Nathan quería complacer a aquella dama. El otro se preguntaba incesantemente cuál sería el sabor de su sangre añeja y qué expresión tendría su rostro al arrancar sin piedad la vida de sus víctimas. A penas unos segundos se habían mirado, más aquella breve conexión había resultado tan abrasadora y brutal como si hubieran pasando milenios en un encarnizado encuentro cubiertos por la oscuridad. Reconocía el destello en el mirar de quien se entrega a placeres crueles, y no había en Camille ni el más mísero rastro de inocencia.
Nathaniel era un depredador, un frío y despiadado depredador. Lo había sido incluso mientras su corazón latía, mientras existía en él la posibilidad de cambio. Ahora ya no era el que podía haber sido, aquel hombre de tiempo limitado condenado a perecer. Había cruzado la fina línea que separa la mortalidad de lo no perecedero y que lo convertía en un monstruo eterno e inalterable al pasaje del tiempo. Jamás se aferró a los sueños de todo aquello que no fue, aunque retazos del pasado salían a flote de tanto en tanto recordándole la clase de humano que había sido. La clase extraña y atípica que no siente respeto alguno por la humanidad.
Con gentileza se incorporó, manteniendo una distancia cortés y no invasiva. Conocía las formalidades a las que debería someterse de allí en más, y sabía , a ciencia cierta, que sería él el que debiera responder a las preguntas de la baronesa.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Camille Belcourt2 el Lun Ene 28, 2013 10:55 am

Los años me habían enseñado a ver más allá de las personas, era indudable… aunque me preguntaba si eso era necesario con quien tan gentilmente tomaba mi mano en un sobrio saludo caballeresco, esbozando tanta seguridad que hasta rozaba la definición de imposible, pero garabateada en cada uno de los destellos de su iris como si necesitara reafirmarla a pesar de que era tan nítida como su propia presencia.

—Lord Nathaniel Hellrune, a vuestro servicio milady. —Dijo, y con aún más cortesía que la suya guardé silencio evitando remarcar que su porte no condecía de ninguna forma con “estar al servicio de alguien”… mi forma de pensar era irónica en ese sentido, prefería este tipo de personas a aquellas que ululaban a mi alrededor como moscas, a pesar que siempre les había encontrado utilidad.

—Encantada… Lord Nathaniel, es un gusto ver que los buenos modales perduran en un mundo que se ha vuelto tan parco en delicadezas como esta. —Los movimientos se mezclaron con las palabras y mientras acomodaba uno de los pliegues del vestido hice un ademán a Acher para que se retrasara mientras comenzaba una caminata lenta sobre la acera lustrosa a la vera de la pálida iluminación de los faroles nocturnos que contrastaban con la luna llena que se dibujaba de a ratos entre los techos de las grandes residencias. Él acompañó mis pasos tan sobriamente como había llegado.— Es luna llena milord, por desgracia Nueva York tiene como negativo una cada vez más creciente comunidad de hombres lobos así que notarás en el aire un cierto aroma poco satisfactorio. Es una pena que no pueda demostrar mayor hospitalidad, sinceramente no espero toparme con visitas en una salida nocturna… suelo esperarlos en mi Mansión como corresponde a las formalidades.

No disimulé el tono de cierto reclamo por la forma en la que nos habíamos topado, más bien por un ansia de marcar las debidas distancias antes que otra cosa. Últimamente me rebelaba a esa estúpida ilusión de Raphael de tenerme vigilada como si yo no lo supiera, aunque era en sí evidente que este vampiro en particular no estrecharía lazos con alguien como él, si había algo que su porte gritaba a leguas de distancia era esa autonomía que Raphael detestaba.

—Pero por favor, no permita que mi mal humor opaque su cortesía ni entorpezca los motivos que lo han acercado hasta mi… dígame querido caballero qué está haciendo en la ciudad y si puedo, desde mi “humilde” rango hacer algo por usted.

A pesar de mis palabras, el femenino del tono de mi voz y el andar casi gatuno a la espera de su respuesta, todos mis sentidos estaban puestos en cada una de sus reacciones… así como mi memoria en ese flash de recordación en el cual un par de siglos antes había ya notado de lejos su especial personalidad. Mi curiosidad era innata, como la de cualquier ser, pero también sabía ser lo suficientemente sensata para no dejar que ella me desviara de mis conveniencias actuales. Ya habría tiempo para bucear en la historia si es que las cosas tomaban un rumbo algo más largo que una simple presentación en sociedad.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Miér Ene 30, 2013 11:35 am

Nathaniel dejó ir la mano de la fémina, incorporándose con galantería y acomodando su traje de forma innecesaria. Miles de relatos no le hacían justicia a la magnificencia de Camille ni alcanzaban a describir el timbre aterciopelado y cantarín de su voz, o su gracia al andar.
— Una dama no debe ser tratada con menos delicadeza de la que merece, Lady Belcourt. Ni siquiera en la austeridad de la época contemporánea.

El hombre habló con seguridad y suficiencia, pronunciando lo que para él era a plenas luces una verdad indiscutible e incuestionable. Probablemente ese fuera el modo en que lo viera en realidad, más era necesario establecer primero qué selecto conjunto de mujeres eran dignas de ser consideradas a sí mismas como “damas”. Escasas eran quienes en estos últimos tiempos podían lucir orgullosamente este título a ojos del inmortal.
Extendió su brazo para que ella lo tomase y pasó a acompañarla en su caminata. Los pasos de Nathan eran sobrios, firmes y parsimoniosos, acompañando el andar felino que ella misma poseía. La luna llena estaba oculta por unas pocas nubes tímidas y el viento arremolinaba las ramas de algunos de los solitarios árboles que se alzaban en la vereda. Se trataba de una región ligeramente más tranquila que el centro mismo de la gran manzana, incluso podía considerársela calma.
— Considerando con la contaminación y el creciente tráfico de Nueva York resulta particular que tal aroma logre llamar vuestra atención.

No se esforzó en lo más mínimo por disimular su diversión o su sonrisa. Quizás se debiere a la considerable cantidad de tiempo que pasara en la zona rural inglesa, o a la conciencia ambiental que poseía como buen europeo que era. Muchas cosas de la mentalidad de Nathaniel contrastaban brutalmente con la del típico norteamericano, más allá de los modales y la etiqueta. También, y no menor, había puesto especial cuidado en no mostrarse especialmente hostil para con los hijos de la luna. En primer lugar, porque le eran indiferentes, y en segundo pero no por eso menos importante, porque era conocedor de ciertos hechos pasados que vinculaban a uno en particular con Camille.
Pasó la baronesa entonces a tocar, con cierto aire de reclamo, un tema de mayor interés. El hijo de la noche volteó a mirarla, agachando la cabeza en señal de asentimiento y fijando sus orbes cristalinos en los de ella.
— He de disculparme por ello, haciendo honor a la verdad y como adivinará sin necesidad de mayores explicaciones, este encuentro tiene poco de casual. — no veía necesidad de ocultar un detalle tan evidente, no haría más que añadir tensión innecesaria. —La situación de nuestro clan en Nueva York ha probado ser más... peculiar, de lo que esperaba al arribar. Tomando tales consideraciones, me he tomado el atrevimiento de faltar a las formalidades convencionales. Anhelaba tener ocasión de conocer a la mujer detrás de la leyenda sin necesidad de preocuparme de que las paredes tuviesen oídos.

El subyugado evidentemente no le preocupaba. Él mismo había tenido uno décadas atrás y siempre era una buena opción si escaseaban los mortales o La Clave se ponía especialmente molesta. Rara vez se daba el caso, pero sucedía. Mezcló con avidez medias verdades, mentiras honestas y un ligero toque de honestidad. Después del todo, ese era el modo sutil en el que hablaban habitualmente los hijos de la noche.
— En cuanto a mis intenciones, Lady Belcourt, no hay razón por la que deba alarmarse. No me encuentro aquí en calidad de fugitivo, ni debo lealtad al traidor. — El hombre colocó su mano libre sobre la de ella, que se cernía en torno a su propio brazo y le dedicó una furtiva y cómplice sonrisa. Algo le hacía pensar que la fémina hubiera preferido ocultar bajo su techo a un criminal antes que a un seguidor de Raphael. Probablemente no estaba demasiado equivocado—Mis motivos son por mucho más convencionales. Tan solo el tedio, enemigo conocido por todos los inmortales, me ha movido a abandonar mi tierra natal. —sonrió— Sin necesidad de aturdirla con más rodeos, aspiro establecerme como parte de su aquelarre. Estoy seguro de que alguien de mi edad y experiencia podría serle de utilidad en más de un aspecto. —hizo una pausa y la miró con intensidad—Sin embargo, siéntase libre de declinar mi ofrecimiento y partiré inmediatamente.

Lord Hellrune se había dado cuenta ya varios minutos atrás de la atención que ella le prestaba, como si intentase descifrar con sus movimientos y palabras el enigma andante que era. Una voz en su fuero interno chasqueó la lengua y negó, afirmando que se encontraba en una misión que jamás conseguiría llegar a término. Más la conciencia de Nathaniel lo prevenía en contra de fiarse de presentimientos altaneros y confiarse de modo infantil. Sin duda Lady Belcourt distaba mucho de la joven e ilusa vampira que lo había creado, y debía guardarse de mantener las apariencias, al menos por ahora.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Camille Belcourt2 el Lun Feb 11, 2013 7:16 am

sorry:
Antes que nada perdón por tardar, mi user debía entregar cosas en la facultad y no me dejaba responder.

Existía una rara contradicción en la forma en la que Camille veía el mundo, adoraba el glamour del viejo continente y hasta algo parecido a la nostalgia osó pasar por su cabeza mientras aquel vampiro echaba las cartas de su elegancia natural en la mesa. Nathaniel Hellrune era un hombre que conocía su encanto y desplegaba sus dones sin disimularlo. ¿podía ella tener una visión negativa de eso cuando era una de las armas que ella misma usaba cuando las circunstancias lo requerían? La verdad era que ni siquiera se había planteado la pregunta… era de la idea de que cada uno debía ser lo que era, si a ella le molestaba algo veía la manera de sacarlo del camino o de hacer jugar las piezas a su favor… pero estaba muy en contra de las imposiciones dictatoriales de nadie. La vida era un juego en el que ganaba el mejor jugador y punto, la sangre estaba para darse banquetes y no para derramarla. La “guerra” como tal, era más un tablero de ajedrez que un campo de batalla.
Oyó el zalamero pero locuaz lenguaje con el que pretendía de alguna manera dar a entender que era un caballero y tácitamente fue aceptando su presencia como algo interesante y ligeramente peligroso... su mirada tenía esa carga de seguridad y arrogancia de quien no valora ningún tipo de vínculo emocional. Recordaba que una vez Magnus la había encarado con un calificativo que englobaba esa idea, “la falta del vínculo emocional”; resultaba gracioso recordarlo ahora más como un remarcar de esa actitud tan suya a la cual no pensaba renuncia.
¿Servían para algo las emociones? Magnus no le había podido responder, así como tampoco supo qué decir cuando le recordó que sí tenía emociones, pero qué lindaban más con las que alimentaban su egoísmo.
Sonrió ante el recuerdo, justo en el momento en que Nathaniel también lo hizo, supuso que la coincidencia, a pesar de no tener nada que ver una con la otra era una especie de augurio, algo así como un pacto que tendría frutos en breve… si había algo que Nathaniel no podía esconder era la forma en la que la palabra “diplomacia” llenaba cada uno de sus gestos.
Ella lo oyó decir una verdad más que conocida y calvó sus ojos en los de él con vehemencia y aplomo.

―No se equivoca, querido caballero, en la forma tan elegante en la que ha citado la turbia situación de nuestro clan aquí en Nueva York. He liderado esta ciudad durante un siglo y algo más y siempre creí en que Los Hijos de la Noche no tenemos porqué caer en la barbarie, ni en la dejadez. Los submundos podrán ser odiados por la Clave, pero a través del tiempo sólo han mostrado que de alguna manera siempre terminan necesitándonos, así que todo es una cuestión de política antes que de bestialidad. Estoy segura que sabrá que esa visión no es la que prima actualmente, aunque el imberbe de Raphael no tenga la suficiente hombría de aceptarlo.

Hablar de Rapahel y el carnaval que había hecho de nuestra raza la sacaba de sus cabales, incluso así, su voz apenas había subido un par de decibeles y sus modales se mantenían tan calmos como al inicio de la conversación.

―Del mismo modo en que usted ha sido sincero mi lord, seré clara y directa con usted. ―lo había dejado presentar sus respetos y oído su intención de unirse al aquelarre, había analizado cada uno de sus gestos cuando él citó a Raphael como un traidor… y hasta había sopesado el peso de su memoria lejana cuando él le había llamado la atención tras observarla cortejando a aquella mujer, hermana de su eventual amante.
Se detuvo, sintiendo que la ciudad parecía envejecer ante ellos mientras la conversación mezclaba escenas en su memoria y clavó la mirada en él con una rara combinación de curiosidad y altivez.

―Esa mirada suya mi lord, grita a los cuatro vientos: seguridad, codicia e inescrupulosidad… y esas son cualidades que respeto y serían muy útiles para volver a retomar nuestra antigua reputación. Por otro lado, sólo para evitar confusiones, necesito acotar que lo que ve de mi como dama tiene demasiadas aristas, incluso más de las que probablemente haya podido escuchar.

Se acercó a él en un movimiento rápido, casi imperceptible, apenas susurrando en su oído:

―Acepto su petición de unirse al aquelarre de Nueva York, si usted acepta mantenerse al menos un tiempo respetable como un segundo al mando reclutando vampiros de un nivel superior a la brutalidad sosa de Raphael.

Segundo al mando sonaba bien… ella necesitaba demostrarle a Raphael que había perdido el puesto y la mirada entre elegante y psicópata de Nathaniel calzaba perfectamente en el perfil.



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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Lun Feb 11, 2013 9:42 pm

Nathaniel esbozó una de sus más encantadoras sonrisas, asiéndola por la cintura y acercándola a sí. Los bucles de cabello dorado le rozaron la piel del rostro cuando se deslizó hasta su oído con suavidad y cautela mientras el fragante perfume de Lady Belcourt le llenaba los pulmones.
— Estaría honrado... —susurró con voz ronca y seductora— ¿Más confiará en un extraño tal responsabilidad?

Los riesgos estaban allí, rozando la superficie. La siempre presente posibilidad de que la baronesa se mostrase descontenta con su actitud y le arrancase el corazón de un zarpazo. Pequeños riegos como ese mantenían interesante la vida del inmortal cuando se mantenía particularmente recatado en sus otros pasatiempos. Ese era el caso actualmente. Acababa de llegar y debía pasar un tiempo prudencial antes de empezar a ejercer sus actividades recreativas favoritas.
Detestaba y amaba la idea de ser el segundo al mando. Todo a la vez. En primer lugar la idea le agradaba por las razones más obvias, había sido educado como el hijo mayor de una familia aristocrática, como un Lord que tiempo después había desposado una duquesa. Él y su consorte habían pasado décadas como cabecillas de la familia Hellrune, así como mantenido estrechas relaciones con la alta nobleza y burguesía mundana. No fue hasta que su preciosa Elizabeth fue ejecutada que Nathaniel se vio en la imperiosa necesidad de acudir a su clan y enfriar tanto sus ideas como sus métodos. El secretismo era vital y entre los hijos de la noche quien se separaba del aquelarre atraía demasiada indeseada atención y vigilancia. Debió aprender a ser un camaleón entre los camaleones, a desarrollar un camuflaje que engañase incluso a su propia especie para poder continuar con su modo de vida sin que despertase sospechas.
La clave estaba en mantener un perfil bajo, y era allí donde la idea de un puesto tan alto le causaba desprecio. Ser nombrado segundo al mando en una sociedad vampírica tan retorcidamente contradictora atraería sobre su persona más de una mirada curiosa. Sin embargo, negarse hubiese sido un acto de tamaña estupidez. Sabía de sobra que probablemente fuese Lady Belcourt la única capaz de poner sus intenciones bajo tela de juicio si osaba rechazar un ofrecimiento tan generoso. Tanto si aceptaba como si declinaba la oferta de buenas a primeras y sin pestañear estaría colocando sobre si mismo una serie de letreros luminosos y señales de advertencia. No. Si de verdad estaba en los deseos de Camille el de concederle tal puesto habría de demostrarlo y convencerlo, hazaña que considerando los dotes de la baronesa, no implicaba demasiada complejidad.
Depositó un beso en la mejilla de la dama segundos después, retirándose con la mirada fija en los orbes cristalinos. Jamás acabaría de apreciar la belleza etérea de Camille, sobre todo y en consideración de su debilidad por las rubias. En sus labios se dibujó otra de esas clásicas sonrisas suyas.
— Quienes poseen el intelecto y el valor de la utilidad suficientes ya han visto más allá de la charlatanería de Raphael Santiago. Son otras las alianzas en las que debería fijar su atención Lady Belcourt, sobre todo aquellas que por otros han sido descuidadas. Aun así, si está en sus deseos la búsqueda de reclutas estaré complacido de colaborar.

No creía que fuera necesario expresar con mayor claridad el punto, pues Nathaniel se había informado bien. Era vital fortalecer relaciones con los demás clanes de subterráneos así como ganar la confianza de los Nephilim para tener todas las de ganar en esta partida de ajedrez. No importaba cuantos vampiros la baronesa reclutase, si la alianza se ponía de parte de Raphael aquella podía considerarse una batalla perdida.
— "Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas"—remató contemplándola con la vehemencia con la que un artista aprecia una obra maestra.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Camille Belcourt2 el Mar Feb 12, 2013 11:18 am

Un suspiro mental llenó la mente de Camille en una búsqueda de mantener la situación dentro de los cánones de la cordura y la sutileza, pero sus ojos fueron fulminantes cuando volvió a cruzar miradas con Nathaniel, sus rasgos finos y dulces se transformaron en un témpano helado que elevaba un muro mucho más firme que cualquier brutal reacción.
Después de un beso en la mejilla que caía en la definición de “no consentido”, apoyó la mano sobre el pecho de él distanciándolo tras oír su respuesta y no esperó ni siquiera que él borrara parte de su sonrisa antes de volver a hablar.

―Espero… milord… que esta demostración de cercanía suya no haya sido más que una sumatoria de su “sociable” personalidad y el desconocimiento de la mía. ―Camille utilizaba su belleza a menudo, envolviendo a quienes quería en las redes de la insinuación y la lujuria, pero no soportaba que alguien osara siquiera intentar con la misma baraja.― Mi cama tiene su propia colección biográfica pero no es algo que haya discutido nunca con quienes forman parte de mis negocios. Y es estrictamente eso lo que le he propuesto.

Ella había prestado atención a las observaciones de él respecto a su perspectiva, pero estaba claro que no tenía todas las piezas correctas para entender su pedido. El que él supiera más de lo que tramaba estaba ahora en tela de juicio… necesitaba antes conocer su reacción a lo que acababa de pasar, si había algo que Camille no toleraba era el coqueteo fatuo sin otro objetivo que la conquista porque sí o el acto jactancioso de saberse admirado por alguna razón.

―Conozco mis cartas Nathaniel, conozco el resto de los submundos con los que trato y llevo demasiado tiempo tejiendo un número de contubernios que no conoces aún y otro tanto que no llegarás incluso a conocer. Mi ofrecimiento no viene desde la debilidad o la inseguridad… créeme que sé lo que hago… “lo esencial es invisible a la vista”… ¿o crees que eres un extraño para mi?...

Uno de los subyugados había notado el cambio de tono en la voz de Camille, ese pequeño cambio de entonación que demostraba que su ama estaba algo disgustada, se acercó sumiso pero frenético hasta que ella hizo un rápido ademán manteniéndolo lejos de ellos una vez más. Camille caminó lentamente alrededor de Nathaniel, observando el delicado corte de su ropa, la combinación de colores, la posición y los signos gestuales apenas esbozados.

―Querido Nathaniel, eres versátil, inteligente, culto… y mentiroso. ―su voz volvió a sonar cantarina hasta la última palabra― Pero son precisamente esas las características que quiero: eso te vuelve “peligroso”. Tus ojos divertidos dicen que si aún la tuvieras, venderías a tu propia madre y el hecho de que yo también lo haría remarca mi elección. Te he propuesto poder… y si no lo quisieras ni siquiera me hubieras dejado continuar, así que volviendo al punto creo que en algo estamos de acuerdo.

Volvió a clavarle la mirada manteniéndose a la misma distancia que cuando lo empujó levemente para separarse de él.

―Tú y yo somos asesinos Nathaniel, carecemos de la estúpida moral de hacer las cosas por un “algo” que vaya más allá de nosotros mismos y lo creas o no, el hecho de parecernos me da la confianza suficiente para haberte ofrecido lo que te ofrecí. No pretendo tus sonrisas, sino tu instinto sumado a tu inteligencia. Sabiendo lo que quiero y sabiendo que a pesar de ser mi mano derecha aún habrá secretos… necesito una respuesta real.

Ella se apoyó en el capot del automóvil cruzando las piernas con descuido estudiado mientras esperaba las palabras de él, su intención no era seducir, sino negociar.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Miér Feb 13, 2013 7:12 pm

Camille Belcourt era todo lo que le habían dicho que sería, inclusive más. No habrían alcanzado las palabras para describir la magnificencia de tan enigmática criatura a los ojos del inmortal ni el efecto que tenían en sus carnes cada una de las palabras heladas. Una sombra en su interior batía las alas y siseaba gustosa, complacida de que su pequeño experimento hubiera llegado a buen término.

La reacción de la fémina hacia aquel gesto inadecuado por parte suya fue todo lo que necesitó para confirmar sus sospechas y corroborar el carácter de la mujer. Lo último que necesitaba del líder de su clan era otro vampiro voluble y suceptible a sus encantos. No. Nathaniel necesitaba saber que depositaba su seguridad, su confianza y lealtad en manos de una mano firme y una mentalidad afilada y codiciosa, tal y como lo era la propia. En aquel punto, ambos hijos de la noche habían llegado a un acuerdo.

No pudo reprimir la sonrisa de satisfacción que se dibujó en las facciones angulosas de su rostro cincelado al verse evidenciada la cólera de la mujer. Retractándose inmediatamente con un ligero asentimiento de cabeza y una toma de distancia. Acababa de pasar la prueba.

—Sepa usted disculpar tal atrevimiento, muchas veces un gesto dice más de lo que miles de palabras podrían. No tengo para con usted segundas intenciones Milady, no más que un profundo respeto y una creciente curiosidad.

Nathaniel tomó nota mental de jamás subestimar a Lady Belcourt así como de también jamás hablar de ella de sus asuntos personales. La suya era una relación de negocios basada en la conveniencia y el mutuo entendimiento. Ella podía confiar en el en cuanto en tanto sus intereses estuvieran en un mismo plano y viceversa. Era un acuerdo apetecible y sincero, lo que es mucho decir viniendo de seres como ellos.

El alma despiadada y gélida de Camille se le hacía a Nathaniel como ver una versión propia y femenina en el espejo, y no pudo evitar cuestionarse qué tan distinta e interesante hubiese sido que su creadora compartiese una personalidad así. Su semblante se mostraba relajado y gozaba de una neutralidad y seriedad asesinas tal y como se mostraba cuando no había nadie a su alrededor frente a quien fingir. Ella podía divisar en él justo lo que necesitaba que divisara, más la psicosis aún permanecía cerrada bajo siete vueltas bajo llave y lejos de su alcance. Y así se quedaría. Después de todo lo esencial es invisible a los ojos ¿No es así milady?

La dejó hacer. Recorrer el espacio a su alrededor con aquel andar sinuoso y felino, juzgando cada pequeño movimiento en sus músculos. Más Lord Hellrune estaba relajado y mostraba una postura formal e inamovible, como si nada de lo que dijese ella sobre él le sorprendiera o indignara en realidad.

Ser llamado “asesino” por otro vampiro no es algo demasiado inusual. La tentación de acabar con una vida humana bebiendo cada gota de su sangre siempre está presente y él mismo se había dejado llevar por esa arrolladora sensación más de un par de veces. Últimamente era más listo que eso y se encontraba en abstinencia de ese tipo de homicidios. Nada que Camille necesitase conocer.

— Ni negaré ni confirmaré todo lo que ha dicho, puesto que su tono jamás indico ni la más mera señal de duda. La versión que posee de mí es lo suficientemente fiel como para asegurarme que ha tomado su decisión a conciencia y lo suficientemente ambigua como para cederme cierta comodidad.

Nathaniel entrecerró los ojos, clavando en los de Camille una mirada segura y helada.
— Estaré encantado de poner a vuestros servicios aquello que requiere de mi —añadió— Aun considerando que no soy más que una ficha en el tablero, siempre he preferido el rol de alfil al de un mero peón.

Y como si necesitase aún clarificar la desición ya tomada, tomó entre la suya la mano de la baronesa y se inclinó ante ella depositando allí un beso como muestra de respeto.
— Acepto su propuesta.

Aquel podía ser el inicio de una más que beneficiosa sociedad.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Camille Belcourt2 el Jue Mar 14, 2013 4:40 pm

No estaba acostumbrada a las negativas, pero eso no implicaba que no las esperara… mi meta era al fin de cuentas revertirlas pero mi espíritu jamás cambiaba si mi propósito tardaba un poco más de lo normal.
Para mi bien y el de mi ahora escueta paciencia, esta vez las cosas habían ido sobre rieles en la dirección correcta, eso me daba pie a seguir mis investigaciones hacia donde me llevaba ahora mi instinto: la vieja Londres, la ciudad que me había cobijado en siglos pasados cuando el mundo era algo más sofisticado que esta acumulación de tecnología exagerada, y esta lucha tan poco noble de submundos sin un porqué real.
Tal vez era temprano para la prueba de fuego de dejar a mi nuevo miebro del aquelarre completamente a cargo, pero tampoco quería perder más tiempo en sacarme aquella duda existencial. ¿Mis informantes estaban tan diametralmente errados o en verdad el mundo que conocíamos era tan frágil? Opté por no dar demasiadas explicaciones a Nathaniel… esto era en verdad una doble prueba: una a su fidelidad y otra a la capacidad de Raphael de captar más adeptos ante mi momentánea ausencia.

―Probablemente encuentres raros mis siguientes pasos, pero debo abandonar la ciudad y marchar unos días lejos de Nueva York… no me gusta dar explicaciones, no me gusta que me sigan los pasos y no me gusta que desacomoden los tantos en mi ausencia… si puedes con esas reglas el pacto entre ambos está sellado.

Esperé a que respondiera, mientras siseaba por lo bajo a uno de mis subyugados que subió al auto encendiendo el motor en un indicativo de mi inminente partida.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Jue Mar 14, 2013 6:32 pm

Camille estaba lejos de confiar en él, así como él estaba lejos de confiar en Camille.


El pensamiento no pudo más que arrancarle una sonrisa tirante, cargada de cierta malicia y picardía. Se preguntó hasta qué punto sería Nathaniel Hellrune una mera ficha entra las esculpidas uñas de la vampiresa y no el jugador desafiándola desde el lado contrario del tablero. Incertidumbre, curiosidad y posibilidad. La trilogía que tiraba más veces de su accionar de lo que le gustaba reconocer. Y allí estaba, los ojos zafiro relampagueando con astucia, la piel enfermizamente pálida resaltando en la noche y una sonrisa cruel dibujada en sus labios.

— Buen viaje, estimada Camille.— susurró la voz ronca y aterciopelada mientras inclinaba levemente la cabeza en gesto de asentimiento— Nada de promesas. Ya verá por sí misma los resultados.

El inesperado desenlace de los sucesos deleitó y sorprendió al hombre por partes iguales. Había acudido a aquella informal reunión con la mera intención de presentarse ante el líder local. En cambio, sus planes habían dado un súbito vuelco y su buen juicio era brutalmente puesto a prueba. La conciencia de que se trataba de una prueba de fuego más que de un salto de buena fe y de que las consecuencias del fracaso o un intento de motín de su parte lo conducirían nada más que a la ruina le quitaron un enorme peso de los hombros.

No había necidad alguna de sublevarse. Sin embargo el abanico de posibilidades frente a él era inmenso, y tarde o temprano, no dudaría en sacar su tajada.
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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

Mensaje por Cónsul J. Nightshade el Jue Abr 11, 2013 7:02 pm

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Re: El flash de un recuerdo (Nathaniel Hellrune)

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