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The path you choose |Adrianna|

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The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Vie Ene 25, 2013 3:28 pm

La ciudad de nueva york era la maravilla representativa de la era tecnológica, con sus altas torres de cristal irguiéndose orgullosas en el cielo. Allá adonde mirase, cientos de luces parpadeantes lo enceguecían, reclamando con vehemencia su atención. Ven, Entra, Compra. Los mismos anuncios y letras incandescentes que tan aturdidoras resultaban en Piccadilly Circus, estaban dispuestas en la mayor parte de la ciudad de vidrio y metal.
El inmortal había sabido adaptarse. Aún así llevaba consigo, como es inevitable, costumbres y valores pertenecientes a otra época. Una época cargada de gloria y esplendor, de damas y caballeros respetables, hipócritas y mentirosos. Sería del todo falso afirmar que echaba de menos aquel tiempo, aunque también lo sería el afirmar lo contrario. El hombre era un espectro nocturno muy poco capaz de aferrarse a cualquier cosa o de sentir algo como propio.
Había sólo un momento en el que se sentía amo y señor del universo, en la que aquella noción de pertenencia y de control eran todo de lo que era consciente. Tan solo el instante fugaz y efímero en el que veía desvanecerse la luz de los ojos ajenos. Privaba a esa persona de todo lo que era, más aún también lo privaba de todo lo que podría llegar a ser. Una vez dictada la sentencia no había tiempo de arrepentimientos y correcciones, no había tiempo de mirar atrás y llorar. Todo lo que quedaba era el cascarón vacío de lo que había sido una persona, con todas sus virtudes y su propia e inherente oscuridad.
Estas cavilaciones encontraban lugar en su mente mientras caminaba sin rumbo aparente por la ciudad. Ninguna emoción las condimentaba, ni la diversión, ni la malicia... sólo una certera objetividad. Pocas veces las emociones lograban nublar su juicio o lograr siquiera su camino a la superficie. Recordó un tiempo en el que ni era consciente de los propios sentimientos, ahora sería más correcto afirmar que eran tan fugaces que no se consideraba capaz de discernirlos. Fascinantes en verdad, aunque incomprensibles.
Cuando salió de la propia ensoñación, comprendió que sus pies lo habían llevado a lo que parecía era un local de comida, atiborrado de habitantes del submundo. Se había autimpuesto cenar en un lugar así, al menos una o dos veces al mes. Esta decisión ni siquiera comenzaba a agradarle, puesto que la sangre que servían se le antojaba tan poco apetitosa como encontrarse una rata muerta en el plato. Gracias al cielo, hacía años había aprendido a controlar las arcadas que el mero olor de la sangre inmunda le provocaba. Era pues, una cuestión de disciplina y estrategia. Resultaba convenientemente beneficioso para su imagen de intachable defensor de la ley que lo vieran mezclarse y alimentarse de manera inofensiva de cuando en cuando.
Escaneó el lugar con la mirada, más no vio ni siquiera una mesa libre en los alrededores. Frustrante, para hacer honor a la verdad, pero es más práctico centrarse en las soluciones que perder el tiempo enfurruñado con los problemas. Nathan volvió a repasar el lugar con parsimonia, hasta divisar una mesa en la que se encontraba tan sólo una muchacha. No necesitó mirarla dos veces para saber lo que era, su posición y su semblante la delataban más aún que las runas de la piel, y él era un experto en leer ese tipo de pequeñeces tan delatoras.
Se acercó con ella dedicándole una gentil sonrisa y posó su mano sobre la silla libre frente a ella.
— Disculpe mi atrevimiento, Cazadora de Sombras, mi nombre es Nathaniel Hellrune. Al parecer no he sido propiamente informado de la popularidad de este sitio. ¿Sería de su agrado compartir mesa conmigo? —hizo una pausa, pues algo en el los ojos claros de la nephilim había captado de sobremanera su atención— Descuide, está en todo su derecho de negarse, y si así lo desea me marcharé inmediatamente. —Aclaró al volver en sí, y otra vez le sonrió.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Sáb Ene 26, 2013 8:40 am

La mudanza iba a tomar más tiempo de lo imaginado, precisaría emplear varios días ordenándolo todo, en su mayoría eran libros. Había dejado de trabajar cuando su estomago rugió salvajemente. Tras los entrenamientos, no le apetecía preparar cenar, y Taki’s era su salvación. Un lugar donde estuviera rodeada de gente del submundo, cuyos bosquejos de vibraciones eran tan diversas que le cautivaba. Además los postres no tenían nada que envidiar a un restaurante de lujo.

Llego a tiempo para encontrar una mesa al fondo del local junto a la ventana donde estar relajada, fue atendida rápidamente por la camarera, un hada, que opinaba estar saturada con todo el trabajo. Adrianna echó un vistazo la carta, tampoco es que tuviera mucho apetito, así que pidió una ensalada, un zumo de frutas y un trozo de tiramisú que estaba en el mostrador con una gran pinta.

Se relajó mientras esperaba comer, quitándose la chaqueta de cuero. Mostrando sus brazos con runas grabados en ellos. Cualquiera en el local era sobradamente despierto para saber que era una nephilim. A ella le daba totalmente igual ya ese detalle, se colocó la camisa holgada y desgastada, presentaba ese efecto que estaba de moda, si bien ella solo la tenía por comodidad.

Contemplando por la ventana, con la vista en los edificios, pisos y rascacielos de Nueva York, tenía cierta añoranza por el paisaje verde y tranquilo de Oxford, eran tan distintos imposible de comparar. Nueva York, era sinónimo de vida activa, ajetreada sin tiempo para respirar, a lo que no le había costado acostumbrarse, no obstante a veces le gustaría que la cortesía se impusiera en la vida como las prisas.

Apartó la mirada, concentrándose en las emociones de los demás: podía ver pequeños capullos de discordantes y confusas emociones en la mente de las hadas. Madejas amplias y espinosas que no conservaban una misma forma e impresión, eran como sacudidas eléctricas. Los nephilim se parecían a los mundanos, aun así los hijos de Raziel resultaban más complejos, sus emociones eran más intensas cuando el tiempo avanzaba, permitiendo esgrimir mayor número de emociones que un mundano. Los hijos de Lilith tenían su propia organización caótica e impredecible, en las sombras, por tener fracción demoniaca. Los demonios, no había tener ese “grato” placer de estudiarlos, pero su mente discurría en el dolor y rencores profundos. Y los vampiros, eran la horma de su zapato, era todo un reto descifrar una emoción. Era un cuadro manchado en blanco sobre la pintura original, les volvía más silenciosos.

Emoción que percibió de golpe, al apartar la mirada del salero, de pie un regio hijo de la noche sonriente, evidentemente podía ver sus colmillos y todas las características de uno de ellos. Pero no era eso su sorpresa, era el uso de modales, creía que estaban extintos. Vestía un traje de etiqueta seguramente de los más caros, que desentonaba con el look de Taki’s completamente. Debía ser despampanante, pero ella no solía desaprovechar el tiempo estudiando el cuerpo sino los ojos, las puertas a los sentimientos y el alma.

Cristalinos, celeste seguramente, y a la vez tratando de ahondar en su mente, del mismo modo que ella, ambas miradas se chocaban. Nunca vio tan color de ojos, y por la luz creía que iba a desvanecerse el iris por completo, rompió el choche de dos barreras mentales y buscó palabras para no dejarle como un espantapájaros en mitad del restaurante.

- Me sentiría bastante incómoda, de actuar egoístamente y negarle un asiento. –respondió juntando las manos, modales salían de su boca muchas veces incluso sin tener que pensarlo, era casi natural.- Por favor, tome asiento, no me inoportuna tener compañía, mejor tener algo de conversación en la cena y permítame que me presente, Adrianna Birdwhistle, prefiero que me llame así que Cazadora de sombras- ilustró con parsimonia.- Hoy está bastante ajetreado, la próxima vez le recomiendo que no elija justo la hora de cenar, sino que se adelante unos minutos o se verá en la misma situación y quizás otro hermano mío no le agrade la idea. – explicó al vampiro aconsejándolo. Correspondía ser nuevo en la ciudad, pues cualquier persona del submundo que vivía en Nueva York sabría todo sobre Taki’s.

Ella le ofreció la mano para saludarse haciéndole partícipe de que podía sentarse con ella. Y compartir una conversación que le producía grato interés. Siempre educada, parte de esa mascara que exhibía al mundo, coexistían con ella. Pero nadie alcanzaba a comprender que ocurría bajo aquella frialdad e inmutabilidad, pocos lograban comprenderla y quienes lo hacían, se ganaban su respeto. Aunque ahora lo que más le llamaba su atención era el señor Nathaniel Hellrune que le resultaba bastante extraño y a la vez curioso, su mente. Era calma silenciosa algo que agradecía la nephilim.

- Disculpe mi impertinencia, pero ¿es nuevo aquí, cierto? No creo que esos modales y ese acento sea muy americano, me suena británico. –añadió, era un cadencia que la trasladaba de nuevo a Oxford.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Sáb Ene 26, 2013 5:25 pm

Aún ahora, gran parte de Gran Bretaña está cubierta por una extensa vegetación. Colinas, provechosas plantaciones y densas arboledas ocupan una importante porción del territorio rural. La lujosa casa solariega de los Hellrune poco tenía que envidiarle a las más sofisticadas mansiones nobles, decoradas con el exquisito menjunje de estilos tan característico del estilo victoriano.
Cerca de la casa se encontraba una pequeña laguna de aguas cristalinas y poco profundas, hogar de varias especies de peces y punto de reunión de ciervos, conejos y otras criaturas. Allí solía acudir el joven Nathaniel cuando aún la noche no lo recibiera eternamente en su abrazo mortal, cabalgando con arco y flechas a la espalda. Diestro cazador injustificado, se encontró un día corriendo por la arboleda en persecución de un ciervo ya ampliamente herido. El moribundo animal esperaba a por él junto a las aguas del lago. Con ojos suplicantes seguía temeroso cada paso que acercaba al otro a su locación. Intentaba inútilmente arrastrarse, encontrar la fuerza de ponerse de pie y emprender cualquier camino que lo internase en las profundidades del bosque y le devolviese la paz. Más para él ya no habían esperanzas. El cazador nunca se había visto a si mismo enfrentado a tan magnífico animal, imponente en su tamaño y rebosante de vitalidad. Una presa digna de su propio altar.
Con parsimonia redujo las distancias que lo separaban de su precioso trofeo y desenfundó el machete que llevaba aún en el cinto. Brutal fue el momento en el que rebanó sin piedad o consideración la cabeza, desprendiéndola del fornido cuerpo ahora carente de vida. Jamás había sentido tal oleada de emociones hasta entonces contenidas, tal adrenalina desenfrenada y tal control sobre sí mismo. El corazón latía con fuerza amenazando con salirse de su pecho y los ojos seguían fijos en el cadáver del muerto. Fascinación, genuina y tangible.
El reflejo del sol del crepúsculo en el lago captó entonces la atención del varón. Manchado su rostro de cálida sangre y perdido en la inmensidad del momento, poco había notado del discurrir del tiempo. Se hincó sobre una rodilla y contempló el reflejo del propio semblante en las aguas. Éstas le devolvieron la distorsionada visión de sí mismo, como un espejismo vago y a penas distinguible entre el suave color azulado del lago y el elemento escarlata que comenzaba a teñirlas.


Los ojos de Adianna evocaban en él las calmas aguas del lago, apacibles y cristalinas. Más manchadas por una oscuridad ajena y siempre presente, que poco a poco las sumía en las tinieblas. Un distorsionado y atípico reflejo de sí mismo, antes de que tomase las crueles decisiones que por tan turbulento camino lo habían dirigido.

La cantarina voz de la joven dama frente a él le acarició los oídos y lo condujo sutil y amablemente de regreso a la realidad. En sus largos años muchos hijos del ángel se habían cruzado en su camino, más ni uno de ellos había resultado una compañía tan grata ni tan placentera. Tomó entre la suya la mano que se le extendía y besó con suma educación el dorso de ésta. En ningún momento cortó aquel contacto de algún modo íntimo y personal que tenían sus miradas.
— Encantado de conocerla, señorita Birdwhistle– enunció liberándole de su sutil agarre— Está usted en lo correcto en ambos aspectos. Nací en las cercanías de Cambridge, si bien en mis largos años me he tomado la libertad de viajar por el resto del viejo continente.

El hijo de la noche tomó asiento en el lugar que le correspondía y revisó el menú con fingido interés. En su fuero interno aquello se le antojaba igual de apetecible que seleccionar con que veneno prefería ser envenenado, pero su rostro sereno ni siquiera traducía una pisca del desagrado. Bien podría haber comenzado una conversación fluida y elocuente sobre las diferencias entre la vitae de felinos y caninos, más dada la identidad de su interlocutora, comprendió de inmediato que sería inapropiado e innecesario. Procedió a seleccionar de todas aquellas la que se le antojaba menos repulsiva, ordenando una botella de sangre de gato montés a la camarera y dedicándole a aquella una sonrisa como gesto de cortesía. La fémina del clan de las hadas le devolvió una expresión afilada y cargada de promesas que él mismo optó por ignorar. En su lugar volvió a fijar toda su atención en el diamante en bruto con el que tenía privilegio de compartir la cena.
— Agradezco mucho su consejo y lo tomaré en suma consideración. —comentó Nathan, asintiendo una vez— Debo añadir que resulta poco usual entre los jóvenes nephilim mostrar tal educación para con un habitante del submundo.

Allí mismo tuvo ocasión Nathaniel de salir con una conversación típica de inglés y dedicarse todo el resto de la cena a discutir el clima. Quizás eso pudo haber acontecido si aquellos ojos intocables y distantes como un cielo de diamante no lo hubieran desorbitado por completo. Intriga, curiosidad y la misma sublime fascinación que lo azotaba de tanto en tanto. Toda la magnífica belleza de esa hija del ángel se resumía en sus ojos claros, ojos que revelaban una contradicción en sí mismos. El inmortal cavilaba, preguntándose entre sí a cuántas personas habría engañado la aparente fortaleza de esa muñeca rota.
— No os culpo, la sabiduría y desconfianza llegan a temprana edad para quienes dan la cara a la muerte a modo de rutina.

Eligió sus palabras con metódico cuidado, mientras sus diestras manos doblaban una servilleta.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Ene 27, 2013 11:38 am

Cuando mencionó sus orígenes, Adrianna podía sentirse transportada a aquellos parajes. Si sentía que la presión la superaba, tomaba un caballo y se alejaba durante horas perdiéndose entre los miles de bosques de Inglaterra. Dejándose de cautivar por sus paisajes, relegando de todo el mundo, sumiéndose en la vegetación, avistar el atardecer frente a la orilla de algún lago cercano. Una ocasión, estaba tan enamorada de la belleza de un gran lago frente a una mansión victoriana, que no pudo evitarlo. No se dio cuenta que estaba totalmente sumergida en el agua, hasta que no vi el reflejo del sol al atardecer a su alrededor, aquella esfera rojiza e intensa. Aquel momento la cautivo para siempre, perpetuándolo con ternura.

Sus ojos vieron alejarse todo de aquel lago, alejándose de Inglaterra, y retornando la conversación. En aquella mirada cristalina, sus ojos emotivos, estaban guardando tanto que le provocaba gran curiosidad, se chocaba con las brillantes orbes tratando de encontrar lo que susurraba su mente.

- Entonces me alegra informarle de fuimos vecinos, sin darnos cuenta. Yo vivía en Oxford. Allí tenemos un instituto para todos los nephilims que requieran de nuestra ayuda. Los Moncrieff, familia de mi madre, llevan ese instituto desde hace siglos. Mi tío esta al cargo, vivía con él, pero mi nacimiento y residencia nunca ha sido definible, he viajado por el mundo sin detenerme en muchos sitios. –susurró melancólica, apartándose un mechón del cabello.

Oír la voz de Nathaniel, le suponía a Adrianna en parte, una profunda y necesaria necesidad de saber que sentía. Pero a la vez, calma absoluta porque no debía esforzarse en crear escudos para repeler emociones ajenas, era silencio. Y el vampiro, o mejor dicho Nathaniel no dejaba de mirarla, como si tratara de escudriñar su mente, era una mirada tan intensa que le costaba mantenerla.

- No soy una nephilim corriente, eso puede comprobarlo. Si se refiere a mi forma de tratar a las personas del submundo, yo no veo el submundo como algo negativo, todo lo contrario, me encuentro más cómoda muchas veces con gente del submundo que con mis propios hermanos nephilims. – sus palabras casi parecían cobrar fuerza, y sentido. Sus sueños eran intensos, tanto como la fuerza para luchar por ellos. - Me parece que nos podemos ayudar todos, y cooperar. Aunque eso son quimeras, señor Hellrune. Al margen de ese detalle, he tenido situaciones amargas, y esas no me han apartado de la gente que me apreciaban, fueran como fueran. Lamento mi efusividad pero yo trato de mirar a todos del mismo modo, ¿Qué sé si uno puede hacer hechizos? ¿otros transformarse en lobo? ¿no poder mentir? ¿beber sangre? Yo no me quedo en ese mero detalle, prefiero valorar a la persona por sus actos no por su origen. Disculpe si me excedí, es un tema en el que discrepo completamente de su idea. –se disculpó, protegiéndose. Aquel detalle, tocó su fibra sensible, conocía perfectamente que su idea de un equilibrio era una ilusión pero esperaba al menos algún día alcanzar ese motivo, o haber luchado para lograrlo y disfrutar.

La camarera trajo por fin la cena de ambos: Para Nathaniel, su pedido particular de sangre de gato montés. Adrianna no quiso dejar que su curiosidad arruinara la cena, la ensalada tenia buena pinta, al igual que el trozo de tiramisú, así que tras colocar con cuidado la servilleta sobre sus piernas, ambos empezaron a comer.

Ella no conseguía dejar de advertir su mirada clavada en sus ojos, aunque fueran susurros, una cierta melancolía se había adherido desde que mencionó Cambridge. El tono de Nathaniel, su voz moduló tan exquisitamente, pero a la vez una leve información. Puesto que quien se sentaba a su frente, era una absoluta incógnita, y necesitaba descifrar ese rompecabezas. Apenas habían hablado de nada, solo intensas miradas en las que no se podía cortar ese contacto.

Habiendo terminado la ensalada, atacó al tiramisú, aunque fuera uno de sus postres preferidos, aquella noche no podía hacer mucho caso, dejo el tenedor apoyado en el plato.

- Señor Hellrune, se que de nuevo saltare las normas del decoro y orden. Pero es algo que llevo observando toda la noche, y no me detengo hasta encontrar explicación. –le miró fijamente a los ojos, podía observar cómo se tornaban mas azules con la luz de la noche y la luna.- Me mira fijamente, por favor no lo niegue, yo le miro del mismo modo, tratando de averiguar que siente, soy empática. Pero ustedes, no sé explicarlo. Crean un escudo de emociones, yo apenas las puedo percibir con claridad, y a veces doy gracias de minutos de silencio en mi cabeza. Sin embargo sentí en ti cierta melancolía y tristeza – tomó un trozo de tiramisú intentando animarse, sus ojos de Adrianna se oscurecieron. -Percibí como un débil susurro, reconozco las emociones, y no puedo evitarme hacer preguntas, ¿E-extraña su vida como humano? Seguro que metí la pata….no estoy segura, normalmente sí. Pero usted es una excepción.- volvió al postre, seguramente le había importunado u ofendido y no se extrañaría de que se levantara y le dejara la cuenta a ella sola.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Lun Ene 28, 2013 2:59 pm

Cierta diversión apaciguada cruzó por el rostro del hombre ante la mención de la larga línea genealógica de la cazadora y de su parentesco con aquellos que dirigían el instituto de Oxford. Bien sabía Nathaniel los nombres de todos ellos, aunque había tenido el detalle de no cruzarse en el camino de La Clave ni una sola vez a pesar de sus andanzas. Resultaba absurdo y burlesco ver a alguien de sus singulares características sentado a la mesa con una nephilim apta y digna como ella. Una idealista, además. A su mente vinieron los recuerdos de una a la vez distante y cercana época en que la opinión de una mujer jamás hubiera sido digna de ser escuchada. Resultaba reconfortante que los tiempos hubieran cambiado en ese sentido, o se habría visto desprovisto de la pasión destilada por sus palabras y el afán con la que defendía sus ideas.
La camarera trajo la botella que bien podía contener ácido acético y los alimentos que la muchacha había ordenado antes de su llegada. Era curioso como la visión de tales comestibles le revolvía las entrañas incluso más que la sangre inmunda que recibiría.
—Ha señalizado todas nuestras diferencias, todo aquello que nos vincula con nuestra parte demoníaca. —mencionó el hombre tras unos segundos de silencio mientras cataba a penas el líquido escarlata contenido en su copa— Ese nunca ha sido el verdadero problema, al menos no de acuerdo a lo que he podido deducir y analizar en el transcurso de los años. —contempló entonces el rostro de ella, que lo examinaba con interés y atención— Si me permite exponer aquí mi visión, y no le resulta demasiado atrevida, considero que la clave de nuestros conflictos yace en algo mucho más simple y trivial, radica en nuestra propia humanidad, aquello que nos vincula.

Nathaniel estaba al tanto de lo ridícula que podía sonar su proclamación de buenas a primeras, más decidió que aquella era una mujer apta como para poder seguir su razonamiento. Quizá lo compartiera, quizá no. Estaba en las posibilidades que ni siquiera fuese de su interés, más se sentía en la obligación moral de terminar lo ya expuesto.
—Observe a los humanos y tal vez le sea más sencillo comprender, obsérvelos segregarse los unos a los otros por nada más que superficialidad. Nací en una época en la que la homosexualidad se castigaba con la muerte, viví aún la era de la esclavitud y no hace tanto tiempo vi a una nación masacrar a su propia gente por capricho de un solo sujeto. Piense en los habitantes del submundo solo como humanos con diferentes ideologías y sistemas de gobierno intentando congeniar. Los hijos de la noche toman sus decisiones en consenso, respetando la palabra de su exponente más antiguo y más sabio, designado para liderar el aquelarre. ¿Cómo podrían ver a los hijos de la luna, que se matan entre sí por toma el control de sus manadas, como otra cosa más que bárbaros y salvajes? Las hadas le deben lealtad a una sola reina, y los brujos se la deben a sí mismos mientras que la lealtad de los nephilim es para con La Clave. Reúnalos a todos en una sala, trate de que lleguen a un acuerdo y puede incluso resultar. Pero espere el segundo en el que las opiniones de una reina sean cuestionadas, o en el que los intereses de los hijos de la noche y de la luna choquen con brutalidad y será como echar limón a un vaso de leche. —el hombre rio sutilmente y le dio el primer trago a su cena. Acto seguido, le dedico a la fémina una sonrisa cómplice sin enseñar los dientes y asintió levemente con la cabeza— Espero no importunarla. —se disculpó—Como usted ha dicho, es mejor valorar a cada cual como individuo, pero sería un error peligroso olvidar que actuamos como parte de una unidad.

El resto de la velada aconteció sin actos dignos de destacar. Ella le miraba como si quisiera decirle algo, pero parecía morderse la lengua antes de dignarse a hablar. Él, por su parte, gozaba de una calma imperial, difícilmente quebrantada. Tenía la certeza de que Adrianna plantearía sus inquietudes más temprano que tarde. Así aconteció, más no pudo predecir jamás el sobresalto que le provocarían las palabras de la nephilim.
¿Echaba de menos ser un humano? No. Su propia voz sonó clara como nunca en su fuero interno. Sin embargo jamás se había conformado el inmortal con respuestas tan llanas. Sus sentimientos eran terreno escabroso y confuso para él, siempre lo habían sido. Aun así deseaba iluminar a su acompañante sobre parte de aquello que la inquietaba. O al menos intentarlo.
—Podría responder a su pregunta con un simple monosílabo, más dudo que con ello logre saciar su deseo de conocimiento. —Nathan esbozó una sonrisa mientras se limpiaba las ya de por si impecables comisuras de los labios. Meditó entre sí como explicarse debidamente, de qué pilares podía valerse para hacer sus palabras concisas y claras— Piense entonces en un niño mundano,—comenzó— en la simpleza y efusividad de sus emociones. La negativa de un capricho, una reprimenda o un juego ganado puede significar para un infante un torrente de energía y emociones diversas. Al crecer dichos sentimientos comienzan a apaciguarse a medida que se diluye nuestra capacidad de asombro y somos capaces de percibir las cosas más increíbles como parte de la normalidad. —No develaba algo desconocido, más bien una noción en la que tantos se habían basado para decir que los niños eran los mejores filósofos. No pudo haber escogido mejor ejemplo— Ahora imagine vivir por siglos, ver reinados caer a su alrededor, librarse batallas y guerras, inventos cambiar el mundo una y otra vez. Como monolitos en un mausoleo, las emociones pierden intensidad, las simplicidades dejan de ser importantes. —el inmortal hizo una pausa, trazando el símbolo del infinito sobre la mesa tres veces con la yema del índice— Los hijos de la noche y los brujos más antiguos parecen contemplar el mundo de lejos, sin verdadero interés o verdadero apego, pues permanecen invariables a un mundo en constante cambio. —finalmente relajó una expresión ya calma desde el inicio y le hizo una seña al hada para que trajese la cuenta— No tome esto como una verdad absoluta, no son sino mis propias cavilaciones.

Entrelazando los dedos de las manos y apoyando sobre ellos su fuerte mentón, contempló la postura de la fémina, así como las delicadas formas de su rostro ovalado y la belleza clara de sus ojos. Recordó que había omitido responder a una pregunta, o más bien, había decidido retrasar la contestación de la misma. Esto le dio tiempo de orquestar una mentira verídica, siendo incapaz de discernir con total claridad dónde el engaño se perdía ante la sinceridad.
— En cuanto a mí mismo... no sabría afirmarlo con certeza. Podría decirle que echo de menos el sol en el rostro y la compañía de aquellos que fueron importantes, pero esto sería una falacia. —se detuvo, volteándose a mirar por la ventana y a evocar lo mencionado. Trágico era ser consciente del poco aprecio que le guardaba a su anterior existencia— Si algo he de añorar... ha de ser la fragilidad de los mortales. —comentó, ensimismado— Pues es lo efímero e intenso de sus vidas en perpetuo cambio lo que les da sentido a sus breves existencias.


Dedicó a su acompañante una mirada sumamente intensa e inquisiva. Ese fue el momento en el que la camarera se deslizó hasta él y le extendió un pequeño papelito que incluía los gastos de los dos. Miró a Adrianna de modo despectivo y luego a él, alzando una única vez las cejas. Todo lo que consiguió fue que el hijo de la noche le hiciese entrega de un billete de 100 y le indicase que no era necesario traer el cambio. Ni siquiera se acercaba a la reacción deseada, pero la hada dio vuelta sobre sus talones y no chistó.
Volvió Nathaniel a fijar toda su atención a los orbes que habían evocado la serenidad y soledad de un lago inglés. Entonces extendió su mano, tomando con gentileza una de las de ella.
—No puedo negar mi crimen, si es un crimen intentar ver a través de aquella fortaleza que tan hábilmente ha erguido a su alrededor. Es usted el espectro más extraño y fascinante de fortaleza y compromiso, y sin embargo... percibo en sus ojos una agonía y una oscuridad que no consigo descifrar. —hizo una pausa, pareciéndole que por un instante se encontraba frente a Elizabeth y volviendo al presente en lo que toma un parpadeo— En mi larga vida solo una persona me ha mirado de ese modo, más era una flor frágil y delicada incapaz de perdurar. Comprenderá entonces mi insistencia y suma curiosidad... poco es lo que logra sorprenderme estos días.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Ene 29, 2013 9:21 am

Ella le escuchaba con total atención. Hacía años que añoraba profundamente, tener un debate tan interesante. Si bien sus compañeros tenían opiniones dispares, prefería callarse. Pero con Nathaniel era opuesto, merecería pasar toda la noche hablando y no cansarse ni un minuto.

- Osado y acertado - sugirió en sus cavilaciones la joven nephilim que terminaba el tiramisú.- Leí en mis viajes a un filósofo que afirmaba decir que el ser humano, es un lobo para el ser humano, quizás esa diminuta fracción de humanidad es la que nos une y separa al mismo tiempo. No trato de que se olvide que somos. Solo quiero comprender a la persona y sus emociones al margen de lo que son. No puedo ni quiero olvidar que hablo con un hijo de la noche, que yo soy nephilim desde nacimiento. Que estamos rodeados de hijos de la luna, hadas, algún que otro brujo. Pero ahora hay armonía. ¿Por qué no soñar con la quimera, de que todos lográbamos actuar como ahora? Comprendo, es un pensamiento muy soñador, y que las diferencias de las razas, su forma de juzgar y vivir no son compatibles creando un absoluto caos en el que nadie está de acuerdo en nada. Pero debe ser que doy una cierta esperanza, de lograr un dialogo, y vivir esa calma.

Perfectamente, el hijo de la noche merecía dedicarse a la política, podía llegar a senador, o presidente ya puestos. Sin duda desplegaba sus dotes lingüísticas en aquel discurso, que despertaba conversaciones dormidas en la mente de la nephilim. Era admirable como sus palabras casi lograban convencerla, si bien ella creía que había esperanza y por eso chocaban. Juzgaba que él no guardaba esperanza, debía ser su inmortalidad, posiblemente si ella fuera eterna vería la vida idénticamente a él, era algo que siempre cuestionaría. Brillantemente puso el ejemplo de la filosofía a través de los niños, y casi le entró la risa, aunque se tapo la boca por si acaso.

- En cierto sentido le doy la razón, pero esa “fuerza” creo que la llamaré así, a menos que sugiera una palabra mejor – jugueteo con una servilleta de papel dibujando con los dedos círculos, y dentro de ellos, runas que recordaba sin embargo modificadas- Parte en ocasiones de nuestra falta de conocimiento y libertad. Un adulto comprende que la vida le obliga a ocultar quien es, las emociones son más complejas, más duras. Como empática, he podido ver esa diferencia: Felicidad sin temor alguno, amor sin prejuicios, nunca vi emociones tan puras. – se sonrojó ligeramente no solía hablar tan claramente de su don, y él la escuchaba con atención al mismo que añadía sus opiniones.- Los adultos tenemos siempre algo de sombras empañando esa felicidad, o dificultades que convierten ese amor en dolor, pero es propio de ser adulto. Nuestras emociones son más complejas, al igual que la vida no la vemos de la misma manera que cuando éramos niños. Si además añadimos problemas externos, la persona crece con sentimientos más enmascarados. Sufrimiento y angustia encada palabra, soledad en la mirada. La forma de ver la vida es totalmente distinta, de cuando éramos niños, ajenos a todo. Yo de niña quería un tigre en mi cuarto, y ahora tengo un gato durmiendo en mi cama. No sé si sirvió un tanto de ejemplo. – creyó verle sonreír por el comentario, le agradaba que esa vivencia le resultara igual de graciosa que a ella. – Y por cierto, me agradan sus reflexiones, no dude en hacerme saberlas cuando se le ocurra, encontrará a alguien que querrá escucharlo. –presentó con gentileza.

Siguió escuchándolo, mientras comía, la tenia absorta absolutamente, no dejaba de mirarle a los ojos, podía ver dos tipos de Nathaniel, un seductor nato tratando de seducirla. Y al mismo tiempo un Nathaniel puro tratando de ahondar en su mente, pero era silencio. Ni los susurros podía creerlos ni distinguir quién era o quien intentaba ser, podía haberlos modificado a su antojo. Pero Adrianna confiaba en él, aunque le llevara a la perdición, entonces sería su error. Percibió su reacción a su pregunta de la humanidad, trató de darle un cierto matiz de que ese rodeo era para brindarla a ella una respuesta más completa, por cortesía o molestia. El gesto no pasó desapercibido, pero intuía en sus palabras, que no pese a que diera escusas, le agradaba su forma de ser.

¿La fragilidad de los mortales? Adrianna, sabía que era eso, en sus años de vida pudo ver como los nephilim trataban de demostrar que eran hierro, pero se rompían como el cristal, en mil pedazos. Y como rota en mil pedazos, incumbía mantener la compostura, semejante crueldad era la educación. Cuando asistías al funeral de tus padres, debiendo estar en pie saludando gente, mientras sentía lacerarse su garganta de sufrimiento y las lagrimas abrasando el rostro.

Despertó de aquel mal sueño, cuando volvió la camarera con la cuenta, y mirándola a ella, como si fuera responsable de no haber ligado con el vampiro. Nathaniel la regaló un billete de cien dólares, si bien su cena no llegaría a más de veinticinco dólares. Obviamente no querían que le molestaran, y ella quiso quejarse por querer pagar la cuenta a medias, pero se olvido de todo cuando él tomo su mano.

Cualquiera diría que era fría, que sus palabras hicieron brotar calor en ellas. Era un tacto tan firme y suave, las palabras de Nathaniel la halagaban de forma particular, eran la razón de sus mejillas de tono escarlata y aquel brillo en los ojos. Ojos que estaban ahondando en ella, aquel hombre estaba rompiendo su máscara ¿Cómo sin darse cuenta había entrado en ella?

- Gracias, es un halago simplemente curioso, encaja conmigo. – se le escapó una sonrisa.- Usted también es para mí una incógnita y algo dentro de mí, curiosa, necesita saciarse. No diré que va mal encaminado con eso de mi mirada, pero es algo de lo que no quiero hablar, no quiero emborronar esta noche con esos amargos recuerdos. – sin embargo su cuerpo se negara, se retiró de él. – tenía pensado ir de paseo al parque, Central Park, normalmente si quiere acompañarme, será un placer. Si, y antes de que lo diga, rompiendo protocolos le estoy invitando a una cita, si desea llamarla así. Aunque siempre puede declinar la oferta. –se puso la chaqueta de cuero tapando las runas. - ¿Qué me dice, acompañara a una dama? Algo me dice que un caballero como usted no dejaría que una dama paseara sola por un parque a estas horas tan tardías, pero yo no guardo mucho de damisela en apuros. – se sinceró, no sabía porque, pero con él era capaz de decir todo lo que pensaba, aunque luego se mordiera la lengua, libertad y sin temor, el señor Hellrune podía ser un hijo de la noche, pero ella lo veía Nathaniel, y no evitaba sonreír.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Miér Ene 30, 2013 12:14 am

Esperanza. ¿Cuándo había sido la última vez que viera la luz de la esperanza repiquetear por los ojos de otro? ¿Cuándo había sido la última vez que la viera en el espejo? Un destello singular y único, humano como ninguno
Lady Elizabeth había tenido esa misma mirada, esa ilusión tierna y voluble de la promesa de felicidad, de futuro. Ahora lo recordaba bien, pues aquel era el modo en el que ella lo había mirado la vez primera que le enseñó sus costumbres. Conocía los anhelos inocentes de su creadora, aquel afán insaciable de convertirlo en un hombre misericordioso que mostrara piedad por la vida mortal. Más el joven Nathan había emprendido un camino sin retorno mientras aún conservaba la vida y alterarlo le resultaba impensable tanto en ese entonces como lo era ahora.
Distinto era el considerar lo que la hija del Ángel le exponía, valorándolo en su descabellada insensatez. No podía más que sonreír con cierto cansancio ante la energía de la muchacha y el entusiasmo que destilaban sus palabras. Se hubiese comportado como un necio si se hubiese cerrado a las nuevas ideas, del mismo modo que habían reaccionado los antiguos esclavistas ante quienes trabajaron a favor de la abolición. ¿Qué era aquello que se decía en aquel entonces? “No se tratará con igualdad lo que Dios creó diferente”. Una frase que parecía tan sensata entre las gentes cultas de la época hoy es percibida con certeza como una ofensa y una violación a los derechos humanos.
— Siempre que existan en el mundo soñadores e idealistas como usted, señorita Birdwhistle, habrá esperanza. —Nathaniel la miró a los ojos con fogosa intensidad y asintió— Puede que la inmortalidad me haya enseñado y mostrado lo que ni un millón de palabras serían capaces de describir. Puede incluso que mis especulaciones y razonamientos sean acertados. Pero me probaría a mi mismo como un ignorante y un necio si me rehusara a creer en la posibilidad de cambio y progreso. —tomó un trago y luego se deleitó por unos momentos, contemplando sin respirar el brillo de la copa a la luz— Quizá la más memorable lección que los siglos me han enseñado es a creer en el valor de las ideas y a nunca subestimar a quienes son tan valerosos como para llevarlas a cabo. Usted es una nephilim, y podrá parecerle que con su esfuerzo no será suficiente, que es tan solo una gota en el mar. Pero ¿qué es el mar sino un conjunto de gotas? —hizo una pausa, y continuó mientras pasaba la mirada por varios de los seres con los que compartían habitación—Tal vez llegue a ver el día en el que vivamos en la armonía que vuestras palabras predican. —afirmó y la miró a los ojos— Sepa que no las olvidaré.

Con sumo entusiasmo hizo la fémina un despliegue brutal de sus conocimientos y pensamientos más profundos, desarrollando las mismas ideas que Nathaniel tantas veces se había planteado. Exquisito era el placer de escuchar tales palabras salir de los labios de Adrianna con la musicalidad y armonía de una canción. Se preguntó a sí mismo cuántas décadas habían pasado sin que se topase con un alguien capaz de seguir el curso de sus cavilaciones e incluso ahondar en ideas más osadas. Sin lugar a dudas el territorio sentimental, aquel que le resultaba tan confuso e intrincado al inmortal, era tan simple de leer para ella como podrían serlo las palabras en un libro. Y sin embargo, ese modo de referirse a las emociones como si fuesen su objeto de estudio particular, su trabajo. Nathaniel se encontraba enteramente culpable de intentar razonar inclusive sus propios sentimientos así como los ajenos. Saltaba a la vista que los mismos cargos recaían sobre ella.
— No podría haberlo expresado mejor de haberlo intentado.—proclamó, luego de darle a su cena aquel último y añorado final trago— Es usted elocuente y brillante, cualidades increíbles de encontrar en esta época y al filo de la casualidad. —Nathan tenía los ojos fijos en ella, estudiando en detalle cada movimiento de su fina anatomía y haciendo hincapié en los rasgos suaves que conformaban su bonito rostro— Muchas veces he intentado evocar la alegría y gozo pleno de un infante, más he acabado con tan solo un puñado de buenos recuerdos, tergiversados por mi propia logia y experiencia. Ni siquiera el más hábil brujo es capaz de volver atrás las arenas del tiempo y devolvernos a aquellos que fuimos ni la inocencia que el conocimiento de la realidad nos arrebató. —Hizo una pausa cerrando los ojos, meditando para sí, recordando, y luego sonrió con la misma serenidad que había mostrado momentos atrás— Deberé disculparme si mi opinión es tajante en este aspecto en particular, podría decirse que vi demasiado del mundo y desde una edad muy temprana. Poco fue el tiempo que tuve para disfrutar con indiferencia. Más estos temas es mejor dejarlos a un lado y no traerlos a colación durante la cena

Adrianna era una flor exótica y singular, capaz de florecer en todo su esplendor aún en tiempos de adversidad. Por un momento Nathan olvidó que se encontraba frente a una letal cazadora de sombras, si es que tal detalle no se le había escapado ya con anterioridad. Vio la fragilidad en los gestos de la mujer, el ligero rubor de sus mejillas, la tensión de su mano nerviosa y el destello juvenil de sus ojos. Pudo imaginarla sonriéndole de ese modo mientras caminaban juntos sobre el puente de Londres, aferrándose a su brazo para no tropezar, luciendo un maravilloso vestido de encaje de época mientras una sombrilla bordada la protegía del sol y la cubría la cabeza. Aquel pensamiento fugaz lo asombró y fascinó, de modo que no pudo más que sonreír.
— Respetaré sus deseos. No era mi intención traer a la velada la sombra del pasado con un trago tan amargo. Siéntase en total libertad de olvidar lo que le he dicho o de no pensar en ello hasta que lo crea oportuno, si eso alguna vez llegase a ocurrir.

Nathaniel dejó entreabierta la puerta que lo conduciría a lo que ya era parte de la historia de la vida de la joven, más respetó su intimidad y no la traspasó, esperando en el umbral. Era un hombre paciente, y sabía, presentía que llegado el momento sería ella, sin presiones ni insistencia de su parte, quien lo invitaría a pasar. Tal vez no fuese más que un mero deseo interno, impulsado por la curiosidad que desataba en él tan interesante mujer. Cualquiera fuese el caso, no había diferencia alguna. Cumpliría con su palabra.

Sofocó una risa interna ante la osadía de la fémina, así como admiró su coraje al tomar la iniciativa. Por hacer honor a la verdad, se sentía reacio a dejar partir a una gran compañera de pláticas y a la primera mujer en décadas que sin usar bajos medios había logrado atraerlo y captar su interés. Además y como ella tan acertadamente había pronosticado, Nathaniel era, para buenas o para malas, un caballero, y de ningún modo su conciencia podría estar tranquila dejándola desamparada. Un chiste curioso de veras, pues dicha conciencia no le impedía en lo más mínimo cometer actos que no tenían ni pisca de caballerosos ni de ortodoxos.
— Sería un placer y un privilegio escoltarla —pronunció con voz clara, poniéndose de pie con una sonrisa entre los labios— Tal parece ser que me ha leído el pensamiento, o quizás se deba a que la añoranza por Inglaterra es mutua. Los espacios verdes brindan una calma casi inconcebible en esta ciudad de acero y cristal. —Comentó, arreglándose el traje de modo innecesario y se acercó a ella, ofreciéndole el brazo para que lo cogiese— Solo espero que este encuentro no culmine al tocar la medianoche, puesto que el tiempo discurre muy deprisa cuando es grata la compañía. Y siendo usted quien me acompaña esta noche temo que podría despuntar al alba sin que siquiera me percatase de ello.

Hija del Ángel, Nephilim, mortal, Cazadora de sombras. Ninguna etiqueta le hacía justicia alguna a la belleza de la mujer que le haría compañía.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Miér Ene 30, 2013 12:02 pm

Adrianna agradecía que Nathaniel no pretendiera por el momento irrumpir en aquellos oscuros recuerdos, la curiosidad impedía a veces ser paciente. Pero a él como un caballero, era más su paciencia que la curiosidad. Quizás en otro momento y lugar, cuando la ponzoña no manchara una velada, que le resultaba estimulante.

Nathaniel era el prototipo de caballero que había leído en literatura de época, y películas, pero juzgaba tratar de esconder parte de él. Quizás igual que ella, algo no del todo destacable o doloroso. Su dicción y discursos, eran dignos de un Lord inglés refinado, su físico era el centro de atención de las demás mujeres. Ella no podía apartar la vista de aquellos cristalinos ojos y como la miraban. No era comparable con nadie, ni nada existente le haría juicio, quizás era el encanto de los vampiros, pero no. Nathaniel no lo necesitaba, su mente y su sonrisa eran todo lo que necesitaba para avivar en ella sensaciones que no llegaba a adivinar completamente. Raro que una empática no supiera comprender emociones, pero eran totalmente nuevas para ella.

- Será un grato placer, pasear con usted señor Hellrune, y no se preocupe estará de vuelta antes del amanecer, cuente con mi palabra. –tomó su brazo, sintiendo un cosquilleo en el interior. Ahora eran el centro de miradas de las mujeres, sobre todo ella, la diana de la envidia, aún así no iba a soltarse de él bajo ningún concepto.- Extraño los parajes de Inglaterra, conseguía pasarme casi días, disfrutando de su calma, y ver como los problemas se esfumaban. La naturaleza es tranquila y extraordinaria, me servía como santuario. Seguro que su añoranza se alivia cuando lleguemos al parque, no es lo mismo pero tiene algo de mágico que no consigo describirlo.

Pasaron por las calles anchas del centro. Nueva York tenía mucha vida, tanto de día como de noche, las tiendas estaban aun abiertas y mujeres con bolsas de exclusivas marcas paseaban como si estuvieran en un desfile de modelos. Si bien se detenían al ver a Nathaniel, pero él parecía concentrado en absoluto en ella, podía sentir sus ojos celestes sobre ella, y Adrianna solo deseaba saber que sentía al verla.

- Juraría que hace un momento, eran de un tono más azul no tan celeste. –añadió con serenidad, recortando la distancia entre los dos, para detenerle a mirarle.- No sé por qué, pero al verlos, me siento en calma y nerviosa al mismo tiempo. Es la primera persona, con la que me siento así…feliz, quizás es la palabra más próxima a describirlo. – pasaron un paso de cebra, y Adrianna podía oler la hierba del parque, su ruido al pisarla, le estaba llevando a su nuevo santuario algo muy personal, quizás no se percató de ello.

Al llegar estaban abrigados por la madre naturaleza, y el magnífico escenario del cielo con sus estrellas pletóricas, ella se soltó y se adelantó un poco. Estirando los brazos y respirando hondo, podía decir que estaba repleta de energía.

- Es mágico, jamás lo comprenderé, espero que se sienta igual, no es Inglaterra, pero es un santuario como cualquier otro, paz, calma absoluta, hogar….-su mensaje fue interrumpido por un inesperado estornudo.- Maldición – sacó un pañuelo de tela con unas iniciales bordadas- estaba acostumbrada al clima de Inglaterra, y esto es totalmente drástico, el frio es más intenso.- sonrió y guardó el pañuelo. Volviendo con él.- ¿paseamos? – se agarró de nuevo a su brazo. Caminaron por la orilla del rio, con ruido de guijarros. – Gracias por acompañarme esta noche, estaba algo agotada y sin ganas de nada, últimamente no tengo tiempo ni de tomar un respiro. Ser nephilim no es que permita muchas libertades. –se detuvo en seco. -Perdone porque le cuente mis quebraderos de cabeza señor Hellrune, pero pocos me escucharían. Y algo me dice que puedo confiar en usted, y lo creo. –dibujo una tenue sonrisa. Mirando la luna en el reflejo del lago en calma.- De no habernos encontrado, no habría visto esta noche, de nuevo gracias.

Al final de un largo y refrescante paseo, llegaron a un banco, olvidado, Adrianna le invitó a sentarse, decía que tenía las mejores vistas del parque desde allí, mirando al cielo uno se sentía insignificante. Se preguntaba si él se sentiría igual, si su condición de vampiro le permitía ver la vida con otros ojos, o solo eran sus suposiciones. Prefirió no hablar de eso, no pretendía estropear aquella bella noche estrellada.

- Antes dijo que ni el más hábil brujo era capaz de volver atrás las arenas del tiempo, y le doy toda la razón, pero alguna vez ¿probó a que un empático se lo transmitiera? Por su cara deduzco que no,-casi le entra la risa- es un regalo por todo: Por la noche, por la conversación. –tomó la mano de Nathaniel con delicadeza.- Aún necesito tener un leve de contacto, mi padre – su voz se ensombreció.- era un empático, él iba a enseñarme todo lo necesario, por lo tanto yo tuve que aprender sola, pero…no se preocupe. –se apartó un mechón de la cara.- Cederé parte de mi alegría, se sentirá pletórico, dueño del mundo, cosas así, después según la administre, desaparecerá o se quedara con menos intensidad. – le giro la mano poniendo la palma en contacto con la suya. – Vamos allá.

Respiró hondo, captando los mil y un aromas de que la rodeaban, y la daban fuerza, y cerró los ojos. Brindar una emoción a alguien era más intenso que unas palabras, pero no mucho mas, en parte dependiendo de la persona. Adrianna buscó un recuerdo de su infancia, y separó la experiencia, de las emociones. Era difícil separar una emoción tan pura, pero después de tanto entrenar, era capaz. Una pequeña esfera de calor, se dividió volviendo a su lugar y la parte correspondiente recorrió su brazo, hasta encontrar los dedos de Nathaniel. Podía sentirla recorrer el brazo del vampiro, dotándolo de calor en su piel, depositarse en su lugar dentro del alma del hijo de la noche.

- Ya esta, ¿Cómo se siente? –se aproximó curiosa. No se dio cuenta que estaba demasiado cerca de él, si Nathaniel fuera humano, llegaría a oír sus latidos y respiración. Adrianna noto como su rostro se torno rojo, y se quiso apartar, según muchas novelas, solo faltaría una palabra para besarse. Recordaba a la autora de tales novelas. Personalmente le daba gracias amargas, por hacer volar tanto su imaginación.- Diga algo, comienza a asustarme.- comenzó a inquietarse por si acaso no había salido bien, aunque eso era del todo imposible.
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Re: The path you choose |Adrianna|

Mensaje por Cónsul J. Nightshade el Jue Feb 14, 2013 8:12 am

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Re: The path you choose |Adrianna|

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