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No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

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No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Miér Ene 30, 2013 1:33 pm

Adrianna agradecía que Nathaniel no pretendiera por el momento irrumpir en aquellos oscuros recuerdos, la curiosidad impedía a veces ser paciente. Pero a él como un caballero, era más su paciencia que la curiosidad. Quizás en otro momento y lugar, cuando la ponzoña no manchara una velada, que le resultaba estimulante.

Nathaniel era el prototipo de caballero que había leído en literatura de época, y películas, pero juzgaba tratar de esconder parte de él. Quizás igual que ella, algo no del todo destacable o doloroso. Su dicción y discursos, eran dignos de un Lord inglés refinado, su físico era el centro de atención de las demás mujeres. Ella no podía apartar la vista de aquellos cristalinos ojos y como la miraban. No era comparable con nadie, ni nada existente le haría juicio, quizás era el encanto de los vampiros, pero no. Nathaniel no lo necesitaba, su mente y su sonrisa eran todo lo que necesitaba para avivar en ella sensaciones que no llegaba a adivinar completamente. Raro que una empática no supiera comprender emociones, pero eran totalmente nuevas para ella.

- Será un grato placer, pasear con usted señor Hellrune, y no se preocupe estará de vuelta antes del amanecer, cuente con mi palabra. –tomó su brazo, sintiendo un cosquilleo en el interior. Ahora eran el centro de miradas de las mujeres, sobre todo ella, la diana de la envidia, aún así no iba a soltarse de él bajo ningún concepto.- Extraño los parajes de Inglaterra, conseguía pasarme casi días, disfrutando de su calma, y ver como los problemas se esfumaban. La naturaleza es tranquila y extraordinaria, me servía como santuario. Seguro que su añoranza se alivia cuando lleguemos al parque, no es lo mismo pero tiene algo de mágico que no consigo describirlo.

Pasaron por las calles anchas del centro. Nueva York tenía mucha vida, tanto de día como de noche, las tiendas estaban aun abiertas y mujeres con bolsas de exclusivas marcas paseaban como si estuvieran en un desfile de modelos. Si bien se detenían al ver a Nathaniel, pero él parecía concentrado en absoluto en ella, podía sentir sus ojos celestes sobre ella, y Adrianna solo deseaba saber que sentía al verla.

- Juraría que hace un momento, eran de un tono más azul no tan celeste. –añadió con serenidad, recortando la distancia entre los dos, para detenerle a mirarle.- No sé por qué, pero al verlos, me siento en calma y nerviosa al mismo tiempo. Es la primera persona, con la que me siento así…feliz, quizás es la palabra más próxima a describirlo. – pasaron un paso de cebra, y Adrianna podía oler la hierba del parque, su ruido al pisarla, le estaba llevando a su nuevo santuario algo muy personal, quizás no se percató de ello.

Al llegar estaban abrigados por la madre naturaleza, y el magnífico escenario del cielo con sus estrellas pletóricas, ella se soltó y se adelantó un poco. Estirando los brazos y respirando hondo, podía decir que estaba repleta de energía.

- Es mágico, jamás lo comprenderé, espero que se sienta igual, no es Inglaterra, pero es un santuario como cualquier otro, paz, calma absoluta, hogar….-su mensaje fue interrumpido por un inesperado estornudo.- Maldición – sacó un pañuelo de tela con unas iniciales bordadas- estaba acostumbrada al clima de Inglaterra, y esto es totalmente drástico, el frio es más intenso.- sonrió y guardó el pañuelo. Volviendo con él.- ¿paseamos? – se agarró de nuevo a su brazo. Caminaron por la orilla del rio, con ruido de guijarros. – Gracias por acompañarme esta noche, estaba algo agotada y sin ganas de nada, últimamente no tengo tiempo ni de tomar un respiro. Ser nephilim no es que permita muchas libertades. –se detuvo en seco. -Perdone porque le cuente mis quebraderos de cabeza señor Hellrune, pero pocos me escucharían. Y algo me dice que puedo confiar en usted, y lo creo. –dibujo una tenue sonrisa. Mirando la luna en el reflejo del lago en calma.- De no habernos encontrado, no habría visto esta noche, de nuevo gracias.

Al final de un largo y refrescante paseo, llegaron a un banco, olvidado, Adrianna le invitó a sentarse, decía que tenía las mejores vistas del parque desde allí, mirando al cielo uno se sentía insignificante. Se preguntaba si él se sentiría igual, si su condición de vampiro le permitía ver la vida con otros ojos, o solo eran sus suposiciones. Prefirió no hablar de eso, no pretendía estropear aquella bella noche estrellada.

- Antes dijo que ni el más hábil brujo era capaz de volver atrás las arenas del tiempo, y le doy toda la razón, pero alguna vez ¿probó a que un empático se lo transmitiera? Por su cara deduzco que no,-casi le entra la risa- es un regalo por todo: Por la noche, por la conversación. –tomó la mano de Nathaniel con delicadeza.- Aún necesito tener un leve de contacto, mi padre – su voz se ensombreció.- era un empático, él iba a enseñarme todo lo necesario pero murió, por lo tanto yo tuve que aprender sola, pero…no se preocupe. –se apartó un mechón de la cara.- Cederé parte de mi alegría, se sentirá pletórico, dueño del mundo, cosas así, después según la administre, desaparecerá o se quedara con menos intensidad. – le giro la mano poniendo la palma en contacto con la suya. – Vamos allá.

Respiró hondo, captando los mil y un aromas de que la rodeaban, y la daban fuerza, y cerró los ojos. Brindar una emoción a alguien era más intenso que unas palabras, pero no mucho mas, en parte dependiendo de la persona. Adrianna buscó un recuerdo de su infancia, y separó la experiencia, de las emociones. Era difícil separar una emoción tan pura, pero después de tanto entrenar, era capaz. Una pequeña esfera de calor, se dividió volviendo a su lugar y la parte correspondiente recorrió su brazo, hasta encontrar los dedos de Nathaniel. Podía sentirla recorrer el brazo del vampiro, dotándolo de calor en su piel, depositarse en su lugar dentro del alma del hijo de la noche.

- Ya esta, ¿Cómo se siente? –se aproximó curiosa. No se dio cuenta que estaba demasiado cerca de él, si Nathaniel fuera humano, llegaría a oír sus latidos y respiración. Adrianna noto como su rostro se torno rojo, y se quiso apartar, según muchas novelas, solo faltaría una palabra para besarse. Recordaba a la autora de tales novelas. Personalmente le daba gracias amargas, por hacer volar tanto su imaginación.- Diga algo, comienza a asustarme.- comenzó a inquietarse por si acaso no había salido bien, aunque eso era del todo imposible.
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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Jue Ene 31, 2013 5:06 pm

La muerte no es más que una puerta, una que se cierra al final de nuestra vida. Las causales que ocasionan este cierre son particulares en inherentes a cada individuo. Destino, casualidad, mera suerte, la acción propia o la ajena. Son muchos los detonadores posibles. Inclusive Nathaniel había cerrado bajo 7 llaves más puertas de las que se atrevería a mencionar. La muerte era sencilla y definitiva, la culminación de todas las incertidumbres y resolución de todos los problemas. Ya no serás nada, ya no sentirás nada. Estarás muerto.
Demasiado tarde o demasiado pronto, la experiencia le mostró estar equivocado. Su fallecimiento no puso punto final a todo lo que era sino que lo transformó, provocó que evolucionase en un ser distinto. Se le regaló la inmortalidad no pedida y al mismo tiempo, se le arrancó la posibilidad de cambiar.
Ahora caminaba junto a Adrianna, siglos más tarde, con casi la misma apariencia que en aquel entonces tenía. Incluso sus pasos eran como antes, parsimoniosos, sobrios y firmes, marcando un compás y un ritmo al que su acompañante se amoldaba casi sin pestañear. Ya no era el mortal que había sido, acosado por los temores, las urgencias y los impulsos. Estaba en control ahora, era amo y señor de su voluntad. O al menos así lo creía.
El renacer como un hijo de la noche había intensificado la agudeza de sus sentidos. Todas aquellas vagas sensaciones mundanas que antes pasarían desapercibidas se convirtieron en adictivos y singulares placeres. El perfume de una mujer, la respiración acompasada con el latir de su corazón, el tacto de la tersa piel de sus manos, la calidez de su cuerpo. Adrianna evocaba la suave brisa en la campaña inglesa, refrescante y natural, una mezcla única de pino, lavanda y hierba húmeda. Quizás fuera aquello, la pureza de su esencia en aquel paraje urbano y la inocencia que aún lograba develar su mirar, lo que encantaba al hombre hasta dejarlo hipnotizado. Los colores de la primavera bailaban en los ojos de la fémina, reluciendo en sus sutiles matices claros, procurando ocultar con su hermosura aquel dejo siempre presente de oscuridad. El secreto de Adrianna.
— Quizá ha cambiado ligeramente la luz, o tal vez su modo de percibirlos. —comentó examinando las profundidades de los ojos de la cazadora— Aunque presiento que los dos extraños que entraron en aquel pequeño restaurant no son los mismos que han salido.

A penas podía ser Nathaniel consciente de la presencia de alguien más, enceguecido por la fascinación y deseoso de conocer aún más. De ver a Adrianna, verla y comprenderla como nadie más lo hacía.
El fragante aroma de la vegetación captó su atención inclusive antes de que apartase ligeramente su mirada de ella y fuse capaz de divisar en gigantesco parque.
La sintió escurrirse entre sus brazos como corren por las hojas tímidas gotas de rocío. Ágiles y acompasados eran sus movimientos, tanto que invitaban y recordaban a la danza. A su alrededor sonaba la dulce música de la noche, agudizando cada sensación y tomando posesión del inmortal. El croar de una rana, el acompasado arrullo de la brisa en el denso follaje, el deslizar de las ardillas entre las ramas y la conocida sinfonía de grillos. Todo estaba conectado, unido en la entonación de una melodía única en su clase, a la que se unían en el fondo el ronronear de los motores y el murmullo mundano.
— Un pequeño estanque no ha de ser comparado con el ancho mar o su belleza no florecería ni sería apreciada. —Comentó acortando las distancias a la vez que se quitaba la chaqueta y la colocaba con parsimonia sobre los hombros de la fémina— Las cosas deben ser apreciadas en su propio contexto para así descubrir sus singulares maravillas. Este parque es lo que es, un oasis en un desierto de cemento. Un santuario, como lo has llamado. Y uno magnífico y singular.

Ella se aferró una vez más al brazo que le extendía. Ahora su andar era más pausado, distraído y distendido. Todo su cuerpo reflejaba paz y serenidad, como si la presencia del inmortal la relajase y fuera él un hombre digno en quien confiar. Cierto era que había intentado ver más allá de sus barreras, pero ahora ella se estaba mostrando a sí misma en un acto de propia voluntad. A su lado una pequeña corriente de agua parecía surcar el parque, calma y de inconfundible aroma dulce.
—Es un gran peso que llevan sobre los hombros aquellos que se dedican a proteger y servir. Se trata de una batalla de mil frentes, una sacrificada lucha sin verdadero final. Sin embargo, es refrescante saber que hay quienes arriesgan la vida por propia voluntad en lugar de escudarse en todas las razones equivocadas. —Hizo una pausa, a la vez que sonreía con cansancio— Los cruzados ya eran un recuerdo en la época en la que crecí, más su historia siempre me impactó. Aquellos guerreros afirmaban que era su divino mandato masacrar a los paganos, que llevaban a cabo la obra de Dios y no la propia al emprender su jornada. Pero fue su elección, al igual que es la elección de todo Nephilim convertirse o no en cazador de sombras. Siempre existe una salida y no es de cobardes tomarla. Más como lo veo, un cazador que no cree en su misión y que aun así se fuerza a ello... no es más que una vida desperdiciada.—El tono de voz de Nathaniel se había de pronto vuelto serio, afirmando sus convicciones con imperiosidad. Más su expresión y tonada se relajaron al contemplar el rostro de su acompañante y alzarle la barbilla para que lo mirara— Veo en sus ojos la esperanza, la verdadera creencia de que lucha por un ideal posible y real. No recuerdo la última vez que vi tanta fuerza y dedicación en una persona.

En el silencio la mente de Nathaniel ahondó pensamientos más oscuros. Él sabía quien era, sabía lo que era. “Algo me dice que puedo confiar en usted, y lo creo.” Le había dicho ella, más esas palabras no debían dedicársele a un asesino a sangre fría. Recordó la urgencia, la necesidad creciente e imperiosa que como mortal lo había acompañado durante la mayor parte de su vida. Algo muy dentro de sí le ordenaba que hacer, le demandaba matar. Por años creyó que se encontraba poseído, que era otra la fuerza que tomaba control de él y lo obligaba a ello, sin dejarle más opción. El pensamiento de que un hombre ordinario sería capaz de causar lo que causaba era simplemente abominable, de modo que su imaginación buscaba un camino de hacer todo más simple de sobrellevar. Sin embargo, la imaginación no puede protegernos una vez conocemos la verdad. Nathaniel nunca había sido una marioneta en manos de un vil demonio, se trataba de algo mucho más complejo de arrojar la culpa a alguien más. Él era responsable de todo lo que había hecho, de cada una de las vidas que había arrebatado. Él no tenía que hacerlo, ya no más. Pero quería. De eso se trataba y se trataría siempre todo.
Sonrió, contemplando a la cazadora de sombras perderse el reflejo de la luna. ¿Qué tan opuestos podían ser? Y sin embargo...
— No tienes nada que agradecerme...— respondió colocando su mano sobre la de ella, cernida en torno a su brazo, tuteándola por la primera vez.

La emoción de hallar un bote olvidado inundó a la muchacha, que de pronto sonreía y conversaba de las vistas del parque y de la noche. Le ayudó a subir, haciéndose con los remos y subiéndose después, despidiéndose de la orilla con la sensación de que había cientos de preguntas que ella estaba escogiendo obviar. Las aguas del río a penas eran perturbadas por el deslizamiento del bote. Nathan remaba con parsimonia y conocimiento, como si lo hubiera hecho ya mil veces en una vida anterior, y así era.
— En las cercanías de nuestra casa solariega había un lago de aguas calmas... junto a una arboleda que más adelante se convertía en bosque. La vida social de un Lord muchas veces me resultó agobiante y amarga en mi juventud, siendo huérfano y el mayor de mis hermanos. Había instantes en los que sólo deseaba abandonarlo todo para tener dos minutos de verdadera tranquilidad. Recuerdo haberme marchado a caballo en una ocasión y tirado al lago sin apenas pensarlo. Ropajes, dinero, zapatos, no reparé en despojarme de esas nimiedades. —hizo una pausa y sonrió, estaba siendo sincero— Quizá piense que estoy loco... muchos lo hicieron en ese entonces. Pero fue la primera vez en demasiado tiempo que sentí auténtica tranquilidad.

Soltó los remos cuando ya el bote se encontraba en el centro y era arrastrado débilmente por la corriente. La luz de la luna delineaba la delicada figura de Adrianna con atrevida nitidez y hacía que se viera inclusive más llamativa y preciosa. Dijo palabras que Nathaniel no pensó jamás oír, y que al principio no comprendió.
— No debería molestarse... —quiso interrumpir, más no fue capaz de emitir ni una sola palabra más.

No podría explicar con palabras lo que evocó en el cuerpo del inmortal tal oleada de sentimientos intensos. Desde la punta de los dedos, a través de sus brazos, corriendo por su espina dorsal y al resto del cuerpo, una corriente real y electrizante de emociones lo sacudió. La alegría lo abrasaba, lo envolvía en una espiral ascendente de calma, seguridad y felicidad dejándole en la piel un suave cosquilleo. Su corazón, siempre tan pesado como una roca de cien toneladas se volvió en aquel instante ligero como una pluma y tan embriagado se sintió por el gozo que casi volvió a latir. O al menos así le pareció. Ni un momento se apartaron sus azorados ojos de los orbes de la muchacha, más su mente vagaba en memorias distantes ya olvidadas. Felicidad. ¿Cuándo era la última vez que se había sentido de ese modo? ¿Lo había hecho alguna vez siquiera? Abstracto y efímero era en su mente aquel fragmento de pasado, la sensación de ser pequeño y frágil y de volar por los aires en brazos de una madre amorosa. Risa, repiqueteaban en sus oídos las risas de sus hermanos y primos mientras lo llamaban por su nombre y correteaban a su alrededor. El recuerdo era un destello difuso y brillante de humanidad, uno tan ajeno a él mismo que había olvidado que tenía.
Sonrió y esta vez su sonrisa fue sincera, cálida y apenas perceptible. La vio mover los labios, le pareció que le hablaba más no podía comprender una sola palabra. Soltó de improviso el aire que no sabía que retenía, recobrando a penas el sentido y la cordura más no la frialdad ni la conciencia. No era el que era, sino el que había sido, el que habría podido ser. Sus manos sostenían el delicado rostro de la fémina a la vez con firmeza y suavidad. Las yemas de los pulgares describían sobre sus sonrojadas mejillas un ligero movimiento circular y él le sonreía, él recorría aquel rostro con la mirada perdida y devota.
—Adrianna... —su voz fue a penas un susurro ronco y quedo, cargado de inseguridades y certezas, embriagado de una emoción que hasta entonces había creído perdida y que lo empujó hasta el filo de la demencia. La distancia era casi nula y aun así espesa y tangible.

Quizá debió haberse detenido, probablemente hubiera sido lo más sensato.
Nada de esto le importó.
Sus labios estaban posados ahora sobre los de ella, envolviéndole en un beso a la vez ligero y avaricioso. Un beso dulce, cargado de significado y de promesas.

Probablemente tal ofensa le costaría la vida, más de algo estaba seguro: había valido la pena.
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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Vie Feb 01, 2013 11:40 am

Todo era un baile de mascaras, la gente se paseaba vistiendo sus mejores galas y hermosas mascaras que escondían la persona, podría haber bailado con casi todos los hombres, y ninguno se ganó su interés. Eran superficiales, no distinguían mas allá, no estaban abiertos a reflexiones, iba a desistir en tratar de bailar con alguien más y sentarse. Pero acudió a ella, haciendo gala de sus modales un caballero. Su manera de hablar, sus reflexiones mas allá de lo físico, la conversación, como la veía como un ser único, la cautivaron.

La había llevado al balcón mientras el resto de gente superficial hablaba, ella quería conocer quien portaba esa mascara, saber porque era él con el que únicamente su corazón latía, porque se sonrojaba y sonreía. Despertaba su ingenio, y sus ganas de hablar de temas que nunca creyó volver a hablarlos. ¿Pero porque se ocultaban tras mascaras? ¿Tanta oscuridad ocultaba ambos? ¿Por qué se veía sucumbida a la curiosidad y al deseo?


Aquel hombre estaba a su lado, acompañándola, mientras ella le escuchaba, era el primero que había agitado sus emociones despertándola de aquel letargo en el que estuvo sumida, volvía a la vida, y gracias a él.

- Cierto, al entrar solo compartíamos una mesa, no imagine que sería tan interesante. De ser así incluso me habría arreglado un poco – comentó en un susurro casi inteligible. Sonrió agarrándose con más fuerza a su brazo, no quería soltarle.- Creo que la luna le hizo cambiar el tono de ojos, son bellos. – se quedó durante un rato observándolos, brillaban de tal manera que parecían diamantes.

Adrianna le escuchó, Nathaniel compartía con ella la idea de que aquel parque era un santuario, puro, calma, paz, lo que a veces reclamaba desde dentro. Cuando estornudo, fue tan caballeroso de quitarse el abrigo y ponérselo sobre los brazos, olía a Nathaniel: era un aroma particular, que le traía recuerdos del bosque y maderas orientales. Fresco y único. Olor a hierba fresca, bañada por un sutil rocío, y ámbar. Se abrigó, no obstante se inquietó por él. Era un vampiro, no notaria la diferencia térmica. Pero un detalle así, no pasaba desapercibido. Ella se despojo su pañuelo y se lo puso a él con delicadeza en torno al cuello. Así no se sentiría tan culpable de dejarle sin gabardina.

- Gracias por el abrigo, trataré de sacar de mis cajas algo de ropa mas abrigada la próxima vez. – porque bajo ningún concepto aceptaba no volver a verlo. Era una droga en ella, lo necesitaba, si bien aquello lo guardaría para sí misma.

Al pasar por la orilla surgió de nuevo el tema de las cruzadas, caballeros que llamándose a sí mismos santos, masacraron a miles de infieles en nombre de Dios, saqueando y destruyendo todo lo que ellos comprendían como ir en contra de sus mandatos. No le agradaba esa comparación, los nephilims eran desde su nacimiento, guiados por el ángel Raziel para velar por la justicia. Y ejercer de jueces para equilibrar esa balanza que sostenía el bien y mal. Pero siempre existían ciertas similitudes. Adrianna desde el primer momento entendía que iba a ser, al comienzo no sabía exactamente si lo hacía por honrar a sus padres. Con los años, su fe adquirió otra perspectiva, y intuyó que hacia aquello que deseaba. Nathaniel volvió a halagarla y ella agradecía la oscuridad de la noche para que no se le vieran las mejillas rojas.

- Lucho como dije, porque esa idea de equilibrio y paz exista entre todos. Por eso es mi lucha, tan ferviente y constante, tanto que a veces no puedo respirar. Sé que solo soy una. Pero quiero recordar cuando me vaya de este mundo, hice todo lo que pude para lograrlo y nunca arrepentirme. Quizás por eso ve en mí esa fuerza. –trató de sonreír.- No soy la única, aunque peleemos por distintos fines, todos al final confluyen en la misma dirección, o en la que consideramos adecuada para nosotros.- aunque Nathaniel la hiciera sentir especial, no requerirá remarcar aquellos detalles, o acabaría con la tez de tono rojizo durante toda la eternidad.

Nathaniel tomó un bote olvidado y los dos flotaron en la calma del lago, con el cielo esbozado en el reflejo del agua, con una gran luna alumbrándonos. El sonido de los remos entrando en el agua y arrastrándola para avanzar, no rompía la paz, era casi relajante. Podía llegar a imaginarse ambos en una época pasada, con trajes de época por el Támesis.

Estaba mirando la luna y su belleza imperfecta, cuando Nathaniel se sinceró. Adrianna le escuchó con mucha atención. Le fascinó el hecho de que coincidieran los datos, quizás fue aquel lago en el estuvo y los bosques por los que paseaba para desconectar. También su pasado como humano, no solo le sorprendió el titulo de Lord de Nathaniel. No lo había tratado con la cortesía adecuada para una persona de tal nivel, pero aquello no le hacía feliz, le faltaba parte de su familia y debía ser, una vida tan vana, amarga.

- No le considero loco…creo que se a lo que se refiere. –su mente se abrió a los recuerdos del pasado, la añoranza les inundaba y el conocimiento afloraba.- un exceso de “duhkha” por culpa del “trsna” – era evidente que no había odio esas palabras así.- Cuando era niña, me enseñaron el Sutra de Las Cuatro Nobles Verdades, las bases del budismo, el “Duhkha “significa sufrimiento, el origen de tal sufrimiento es “trsna”, cuya traducción seria el deseo, querer, anhelo o sed. En principio no pasa nada, son necesarios, pero surge del anhelo, la ignorancia “avidya”. Estos son las causas del sufrimiento. Si se enfrenta uno a la verdad, se dedica a meditar y sabiduría, llegara al Noble Camino que provocara el cese de estas inquietudes. En su vida, el anhelo le marcaba los pasos, y por tanto le proporcionaba sufrimiento. Seguramente como mente avanzada anhelaba salir de una sociedad tan frívola, y al verse ante la verdad, encontró la paz. – sonrió intentando animarlo.- Si parece raro. Pero yo crecí en Beijing y Pekín. Al igual que muchos pueblos de nombres impronunciables, -se sinceró ya que Nathaniel le contó de su vida, lo justo era narrarle parte de la suya- Mis padres creían en aquellas palabras de Buda. Ellos me instruyeron en la meditación, además de conocimientos de nephilim y empatía, No obstante los perdí.- su voz y ojos perdieron brillo, la oscuridad era densa en sus recuerdos.- Sé que fue mi culpa, yo no hice nada por salvarlos. Me quede a vivir con mi tío, pero es muy frio. Siempre lo fue, se encargó de adoctrinándome en modales. Sé que quería mi bien, pero hubiera preferido que me cuidara y no me tratara como una extraña.

Prefirió no continuar, el dolor era impensable. Quería regalarle algo de felicidad suya por la noche, y ante todo no debía estar empañada por la negrura del pesadumbre. Los segundos fluyeron lentamente el traspaso de energía, de felicidad desde la empática fue revivir en ambos recuerdos hermosos. Pero Adrianna estaba preocupada porque no respondió a sus palabras, se acercó para llamarle la atención, cuando sintió las manos de Nathaniel en su rostro, acariciando sus mejillas sonrosadas. Tras un gemido ronco, oyó su voz casi suplicante, y se acercó lentamente a sus labios.

Sin saber qué hacer, tan solo cerró los ojos, aquel firme y prolongado roce, provocó un calor naciendo desde las entrañas, un cosquilleo por la piel. Cortándola la respiración, haciendo latir su corazón hasta casi estallarlo. Era un delicioso tacto, con sabor cobre, aun tenía sangre. Adrianna se separó ligeramente, sintiéndose mareada, se agarró a él para no caerse.

- Nathaniel- no sabía que decir, quería volver a sentir sus labios y olvidar todo lo que les rodeaba, solo que era un tanto torpe. Se aproximó, juntándolos, sus labios encajaban en aquella danza de besos. Pasó los brazos por los hombros de Nathaniel, hundiendo las manos por la espalda. Un deseo en su interior, anhelaba fundirse bajo su piel. Pero intuía que algo no salía del todo bien, los besos eran extraordinarios. Sin embargo, sus emociones estaban completamente incontroladas, le estaba trasmitiendo un exceso de aquellas vibraciones, podría perder el juicio, y por error convertirlo en dolor y él lo padecería.N-no, mejor es que no sigamos. – en situaciones normales habría desaparecido, pero al estar en mitad del lago: Si huía tendría que ser a nado y no quería pillar una hipotermia. Se giró dándole la espalda mientras unas lágrimas abrasaban sus mejillas. – No puedo controlarme, puedo hacerte daño….no me lo permitirá.- se mordió el labio tan fuerte que sintió el sabor del cobre en su boca.-….lo siento, nunca me habían besado. –se confesó sin ganas.- no pensaba que podía pasarme esto…yo puedo controlarlos, pero ahora no. No es su culpa, fue magnífico…es mía, nunca lo imaginé….pensé que estaría sola, siempre.- todo su cuerpo quería continuar lo empezado, pero su conciencia reclamó su trono. Se sentía estúpida y sola, eran los mejores calificativos que emergían de su mente. Seguramente volverían a la orilla, y Nathaniel se marcharía, no se lo reprocharía.
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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Sáb Feb 09, 2013 6:28 pm

Close your eyes and surrender to your darkest dreams
Purge your thoughts of the life you knew before
Close your eyes, let your spirit start to soar
And you live as you've never lived before…


Pensó que estaría muerto, que toda su vida se resumiría al aquel instante robado de los labios de la cazadora. Aquel pensamiento lejano e ignorado en el fondo de su subconsciente era la única prueba existente de que aún le quedaba una pisca de juicio. Pero no era más que una voz queda, perdida en una multitud que gritaba en sus tímpanos y hacía fluir por sus venas la dulce adrenalina. Sintió la dulzura de los labios de la mujer, su timidez, su cálido aliento sobre los propios al alejarse a penas un momento para susurrar su nombre. Solo la voz de una criatura tan magnífica y ejemplar podría hacer sonar cada sílaba como si fuese un poema y un enigma a la vez.
Sintió el tacto de las manos cálidas y suaves posarse en sus hombros y descender por su espalda, aferrándose a él con timidez y urgencia. Su inseguridad solo superada por el deseo de continuar el incendio que él mismo había iniciado, de seguirlo en su locura. Podía verlo. La certeza de tal hecho se clavó en su esternón como una estaca y se retorció. Quizá la habría engañado con aquella amena conversación y su propia galantería y quizá el hijo de la noche que pensaba momentos antes que era le habría llegado a gustar. Más no era propio de un caballero inglés el acto de espontaneidad y desenfreno del que había sido perpetrador. No, era él, el verdadero hombre tras el antifaz quien la había besado. Y ella le correspondía.
La musculatura de Nathaniel estaba tensa bajo la camisa y el chaleco, mientras que sus brazos se cernían firmemente a la pequeña cintura y la corbata comenzaba a antojársele demasiado ajustada. El perfume de Adrianna le inundaba los pulmones, lo privaba de un raciocinio que la mera sensación de estar a su lado ya le había previamente arrebatado. Se perdió a sí mismo en ese momento, se perdió en el maremoto de emociones y sensaciones que hormigueaban bajo la piel y transmitían electricidad por la espina. Las imágenes acudían a su mente en flashes al principio, rostros y paisajes que podía reconocer, más luego eso acabó dejando consigo una aureola boreal indescifrable, un espectro de color y luz que jamás viere en su vida hasta esa noche, en los ojos de ella.
La interrupción repentina lo trajo de regreso a la realidad de un golpe, una realidad cruel en la que la fémina se escurría de entre sus brazos y le daba la espalda apenada, negándole la visión de su rostro. Sin embargo él no necesitaba verlo, podía sentir el dolor en lo hondo del pecho de Adrianna envolverla y encerrarla lejos de su alcance, mientras el aroma de las lágrimas salinas y el dulce néctar vital la rodeaba. La vio rota, rota como una frágil muñeca de porcelana vilmente arrojada al suelo con esa tangente aureola de oscuridad tomando posesión de su cuerpo y la tristeza agrietando su voz. Y aquello mismo era lo que Nathaniel echaba de menos. Fragilidad humana. Eso era lo que era ella, a pesar de sus deberes y su condición de nephilim. En su pecho latía un corazón tan humano y vulnerable como lo había sido el suyo alguna vez. Probablemente más.
Una sonrisa suave se dibujó los labios de Nathaniel mientras su mano se posaba en el hombro de la joven. Temblaba bajo su tacto, aún envuelta en el saco de su traje y acurrucándose en él como si desease desaparecer. Disminuida por una inocencia ajena a su época y tierna y trágica como un ángel caído. Pasó las yemas de los dedos por el largo cabello castaño y guardó silencio unos instantes antes de dirigirse a ella.
— Mírame...—le susurró confidentemente, como si alzar la voz fuese a despertarlo del mejor de los sueños— ¿Qué ves?

Nathaniel temía la respuesta, pero no había más que compasión y cariño en sus ojos claros. La mirada probablemente más sincera y conciliadora que había esbozado en años. Todo lo que había contado de si mismo había sido una mentira o una verdad a medias. Inclusive cuando habló del lago y de la opresión de su puesto, escogió no mencionar la primera vida humana que arrebató esa noche en ese mismo lugar. ¿Quién era? ¿Qué veía en él? ¿Por qué permanecía a su lado? ¿Por qué se había apartado? Tantas preguntas vagaban en su mente sin llegar a importar.
— ¿Ves al mismo hombre que conociste hace unas horas? —preguntó, delineando las facciones femeninas con las yemas de los dedos— ¿Eres tú la misma que conocí hace unas horas?

Las fuertes manos descendieron por los hombros y se aferraron a la espalda, abrazándola y atrayéndola hacia sí. Enterró los dedos en la castaña melena y recostó su rostro muy cerca del oído.

— Escucha la brisa entre las copas de los árboles, los grillos y el tráfico de Nueva York. Cierra los ojos y concéntrate en el vaivén del agua, en el sonido de mi voz.— sus manos descendieron, cerniéndose sobre la pequeña cintura. La respiración de Adrianna chocaba suavemente contra sus cuello y el corazón acelerado bombeaba a más no dar— Quien eres en realidad no depende de que tan bien eres capaz de controlarte o que tan eficaz seas en tu tarea. Depende de momentos como este, de aquel lado de ti misma que has mantenido sellado por tanto tiempo. Entrégate a él... abandona tus defensas. Se libre Adrianna, aunque sea por una vez...
Nathaniel alzó el mentón de su compañera, y la miró con determinación. No comprendía por qué hacía lo que hacía, pero por primera vez una urgencia desconocida tomaba control de sus movimientos, tiraba de los hilos y lo conducía al límite de la locura.
— Soportaré lo que sea que me depare con gusto, no necesitas preocuparte por mí...— Le dijo mirándola con los ojos entornados, creyendo en cada palabra —Detenme si es lo que deseas y te conduciré de regreso a la orilla...

Entonces acercó su rostro al de ella, plegando frente con frente, rozando con la suya la pequeña nariz. Sus labios casi rozando los de ella, quemándolo y demandando por una cercanía que su cuerpo le urgía con desesperación.
— De otro modo...—susurró y se disolvió la distancia, envolviéndola en un beso.

Fue diferente en esta ocasión. Un contacto ansioso e intenso. La vitae de Adrianna le mojó los labios, descendiendo por su garganta como un regalo traído del cielo. Dulce como la miel y exquisito. Nathaniel era conducido por la pasión de sus actos, devorándola con avidez y demandante apremio. Besaba como si con ese beso le proclamase al mundo que ella le pertenecía, como si las expertas caricias de sus labios y la danza de sus lenguas entrelazadas firmasen un vínculo inquebrantable.
Violento. Apasionado. Impredecible.
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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Feb 10, 2013 9:36 am

When will the blood begin to race,
the sleeping bud burst into bloom?
When will the flames, at last, consume us?

Vivía envuelta en las sombras de quien fue, temiendo sentir, por volver a sufrir. Semejante cobardía era su condena. Ver el bello mundo a través de un cristal, en su jaula sublime. Por más que alzara para acariciar el sol sus manos no llegaban mas lejos de los barrotes, ¿Quién se adentraría en su alma oscura? ¿Quién rompería esa imagen tan artificial de sí misma? ¿Quién arrancaría esa mascara? Solo ella podía, pero no sin alguien, no sin él.

Ahora, notaba la fuerza de su corazón que estuvo dormido, florecía ostentoso, frágil confiriéndole una belleza celestial. Pero como todas las bellezas de Dios, podían romperse en manos equivocadas, más al mirarle, algo dentro de ella le recitaba al oído que se entregara a sus brazos, esta no quebraría. Y lo creía desde lo más recóndito de su ser.

Aquella danza suave de besos apasionados, y caricias gráciles, era como si alcanzara el rayo de sol, su calor desbordado su cuerpo. Una fuerza sobrenatural, borrando la existencia del mundo, solo ellos dos. En aquella barca, la luna brillando para ellos dos.
Pero no pudo evitar volver a la realidad, y temer, temer cobarde, lo que ella ocultaba bajo tanto dolor y pena ¿Se podía volver a destrozar el corazón ya roto? Las tinieblas la encerraban en su frio abrazo, las lágrimas rasgaban sus palabras. Las recordaba, amargamente, unas malas amigas, a la que temía tanto como odiarla.

Nathaniel por el contrario, la llamó, sintiendo sus manos perdiéndose entre el cabello. Sus palabras eran murmullos que erizaban de placer su piel, y al mirarle sus ojos, anhelaba perderse en ellos, sumergirse en sus profundidades. Haciéndola una pregunta, que ni ella sería capaz de responder.

¿Qué veía en él? Necesitaría siglos para explicar esa pregunta, incluso después de muerta no sería capaz de terminar de narrarlo, tenía miles preguntas en la cabeza, ¿Cómo dos desconocidos podían conectar tan rápido? ¿Qué veía en ella? ¿Quién era él en realidad? Pero advertía un detalle de su naturaleza, cuando su corazón nacía de la glacial muerte, solo tenía una razón. Solo había un porqué, profundo y lleno de vida.

- Éramos dos extraños, dos seres de este mundo, no somos los mismos, yo…es difícil de explicar, trato de buscar las palabras exactas- trató de hablar, pero a su lado es como si el aire no fuera suficiente. Acariciando su rostro, sus dedos de hielo, se volvían cálidos, y cada roce la hacía olvidar las lágrimas.

Le escuchó, cerró los ojos, abrazada a él. Sumergida en su aroma, como una melodía sobrecogedora, sus palabras narraban lo que percibía, desde lo más hondo de su cabeza: La calma de la noche, las copas de los arboles agitándose al aire nocturno de Nueva York. El sonido de la hierba danzar, el agua agitándose con suavidad a sus pies, meciendo la barca. Excluyéndolos de todos, creando un lugar solo para ellos dos. El tráfico de fondo era incluso agradable.

El hijo de la noche, lanzo su hechizo: Sus palabras eran bienvenidas en su mente, podía ver a esa persona del baile, quien la había llevado al balcón, ofreciéndola la libertad, abriendo la celda, ofreciéndola escapar, ¿Qué ser no aceptaría la tan apacible libertad? Sujetando su máscara, le brindaba escapar de esa superficialidad, y ser lo que desde lo más hondo del alma de Adrianna.

- Y-yo, Nathaniel…No te vayas Nathaniel.- suplicó casi con un hilo de voz, al borde de las lagrimas, se las limpió antes de que no pudiera contenerlas. Cuando sugirió que podía irse, ni siquiera habló, solo se aferró a él con más fuerza, esperando que la comprendiera.

Sentirse tan cerca, abrasaba la piel, y toda la ropa le molestaba, la asfixiaba. Frente con frente, nariz con nariz, era un encantador baile, no entendía si podía sufrir más de lo que Nathaniel hubiera sufrido, o llegar a experimentar una felicidad que se alejaría de lo imaginado por cualquier mortal. El roce de los labios, perfecta condena y pérdida de conciencia, esta era silenciada mágicamente. Impulsivo, ardiente, no llego a imaginar nunca aquel compás de sus lenguas, enroscándose entre sí, sintiendo que solo ellos dos habitaban la Tierra.

- Un momento Nathan… quiero decirte algo que si no, estallaré. –le detuvo apartando tristemente sus labios. – Escúchame, me pediste antes, que te mirara y dijera que veía, en ti. Mereces una respuesta, no sé si la comprenderás, ni yo la entiendo, pero es de lo que más segura he estado en mi vida… Nathaniel, eres mi salvación y mi perdición, ambos términos te nombran. –No pudo evitar que escaparan las lágrimas.- perdí ya todo lo que me amo alguna vez, no me hagas revivir esa pesadilla, porque no lo soportaría. –tomó aliento, pero el aire la faltaba, nunca creyó expresar esas palabras, y ahora estaba frente a él hablándole sin la menor señal de tapujos. – Quiero que seas mi salvador: quien arrancará de mi esta insufrible mascara, pero también mi perdición. Que yo no sepa escapar de tus besos y caricias, llévame a la locura, arrástrame a la pasión, eso es lo que veo en ti….-se acercó tomando su rostro delicadamente y le besó aceptándole por completo. La barca columpió un poco, pero pronto dejo ese balanceo.

[Tumbados en el suelo de la barca, Adrianna sobre él, ambos cuerpos encajaban como piezas de un puzzle que nunca imaginaron. Sus dedos se hundían en su cabello, mientras el fuego, unía los labios de ambos, los dedos de fuego abrasaban su piel. Si era tan placentera la perdición, no deseaba despertar jamás de ella.
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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

Mensaje por Nathaniel A. Hellrune el Lun Feb 11, 2013 11:23 pm

Past all thought of right or wrong
One final question
How long should we two wait before we're one?


Salvación y perdición. Dos partes complementarias de un todo, de la unidad que hace al equilibrio. Por fin Nathaniel era capaz de contemplarla en toda su gloria, de develar los anhelos ocultos bajo la máscara de metódica perfección nephilim. Adrianna deseaba para el mundo todo aquello que era incapaz de lograr para sí, buscaba incesablemente la paz y la seguridad que su interior le negaba, seducida por el desenfreno de sentir de verdad. Un grueso cristal la separaba del mundo, privándola de mayor realidad de la que se encontraba en sus recuerdos. Y allí estaba él, irrumpiendo sin permiso, ofreciéndole una salida.

El diablo sonreía gustoso, tirando rojos hilos del destino. De ojos cerrados ansiaba lanzarse al vacío, entregarse a los brazos de aquel hombre que sería su ruina. Sin remordimientos ni dudas, la utópica ilusión de libertad conducía paso tras paso al fuego que era Nathaniel y que la consumiría.

Él sería su perdición. Lenguas de gélido placer quemaban la piel allí donde la marcaba como suya, la consumían con cada beso concedido y cada gemido robado. La máscara había tenido poco significado para él, nada más que un mero accesorio arrancado con desdén hasta dejarla expuesta y sumisa a su merced. ¿Más implicaba aquello que él la salvaría? ¿Era él, de entre todos los hombres, capaz de conceder la salvación? No. En cenizas se convertía todo aquello que tocaran sus dedos, en ruinas quedaban las esperanzas de quienes habían dicho amarlo. Pero allí estaba otra vez, aquella oleada desenfrenada de emoción que lo desestabilizaba y sacudía, aquel precioso elixir que emanaba de Adrianna.

La lascivia teñía la oscuridad oculta tras los míticos ojos de Nathaniel, el dulce deseo emponzoñaba la claridad azulada. Una sonrisa afilada se dibujó en sus facciones mientras su tacto envolvía el cuerpo de mujer y su imponente figura se cernía sobre ella, meciendo la barca. Aún en su mente las palabras de la fémina hacían eco, amplificándose y variando entre tonos graves y agudos, desapareciendo en un vacío de silencio. No lograba pensar ni lo deseaba, tirado por los hilos de la lujuria, la curiosidad y el torrente de pasiones desbocadas que solo ella evocaba. Sus labios avariciosos se apoderaban de los de ella, mientras ambas lenguas demandantes se debatían en una batalla sin tregua. El pulso acompasado y acelerado de la nephilim llevaba al vampiro a la demencia. El cuerpo femenino cubierto por las imperiosas y expertas caricias, la piel del cuello invadida por un beso voraz y hambriento. Adrianna respondía a sus caricias aferrándose a él con más fuerza, suspirando y buscando reducir las distancias.

— No confíes en mí... —le susurró al oído la voz ronca y aterciopelada, para luego besar el lóbulo de su oreja y hacer que perdiera significado lo antes expuesto.

No sabía que extraña entidad osaba hacer de él su juguete, arrastrarlo a actos tan impropios como aquellos fugaces despliegues de honestidad. No comprendía que había en ella que hacía que le importase, que extraño veneno poseía su presencia que lo humanizaba y lo perdía dentro de sí mismo. Más poco aquellas minucias importaban cuando la noche y su tiempo juntos estaba a punto de culminar.

Abandonó los labios ansiosos de la cazadora, aún aprisionándola con su cuerpo y con los brazos extendidos a ambos lados. Le miró con devoción absoluta, con aquellos ojos cristalinos cargados de insensatas e impronunciables promensas. Una sonrisa pareció dibujarse en su rostro cincelado, una de satisfacción y de despedida.

— Aria... —susurró, y en el instante que le tomó a la muchacha pestañear, ya se había ido.
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TEMA CERRADO

Mensaje por Cónsul J. Nightshade el Jue Feb 14, 2013 8:08 am

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Re: No light in your bright blue eyes [ Nathaniel ]

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