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Revelábit praeteritum [Angelique]

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Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Vie Feb 22, 2013 7:27 pm

Cuando despertó aún era de noche. La tenue luz de la luna entraba por la ventana iluminando algunas partes de la habitación y creando sombras extrañas. Tenía la respiración entrecortada por causa de las pesadillas. Las palabras se repetían en su mente una y otra vez, casi como una canción; "¿Qué se siente ser la vergüenza de toda una familia?" Había pasado tiempo desde la última vez que habían sucedido, aunque esa noche habían vuelto con más intensidad que nunca. Escucho esas palabras por primera vez cuando tenía trece años, no sabía mucho acerca de esa noche. Su mente aún recordaba la figura borrosa de una persona con hombros anchos, estatura alta y cabello oscuro, y por supuesto su voz al pronunciar esa simple pregunta. Era un hombre, pero no tenía idea de quién.

Esa tarde había estado vagando por las calles, se había perdido y siendo la primera vez que viajaba a la ciudad de cristal, no había sabido como encontrar el camino de regreso. Camino durante un largo tiempo, ella habría pensado que eran horas, sin embargo, su sentido de orientación y tiempo nunca habían sido los más eficientes. Cuando creyó haber encontrado un punto de referencia, una casa que le había resultado familiar, un golpe sordo la hizo caer al suelo. Lo siguiente que paso fue rápido, el hombre desconocido recitó las palabras con desdén, Adara pensó que la asesinarían. Al hombre no le habría sido difícil, al fin y al cabo ella estaba lo suficientemente desconcertada como para contraatacar, y estaba segura de que él la habría vencido en un enfrentamiento. Por otro lado, nadie habría sospechado de él. No tendrían porque hacerlo, un demonio jamás habría logrado traspasar las protecciones de la ciudad, así que él era sin duda un Cazador de Sombras y asesinar a otro Cazador de Sombras era un delito. Además, ¿por qué habría de asesinar a una simple niña? No tenía sentido correr el riesgo a cambio de nada. Sin embargo, allí estaba y la había golpeado, lo cual tampoco tenía sentido. Pero él no hizo nada de eso. Luego de decir las palabras se marchó. Más tarde, ella consiguió volver a su hogar temporal en Idris y recitó una excusa, que en cierta parte era real; —Me perdí —había dicho simplemente, todos estaban lo suficientemente concentrados en asuntos de la Clave como para haber mostrado interés en su desaparición.

Nunca le comentó a nadie lo sucedido esa noche, no con detalle al menos, ya que hace poco había hablado con Adrianna, una Cazadora de Sombras que se había instalado hace algunos días en el el instituto, y le había dicho las frase que recordaba, pero no había indagado más en el tema.

Salió de la habitación en dirección al pasillo, donde se cruzó con Iglesia en el camino. Durante años las pesadillas habían llegado silenciosamente, invadiendo sus sueños, e incapacitándole la capacidad de dormir, razón por la cual estaba segura de que pasaría el resto de la noche en vela. En otras ocasiones había probado leer un rato, al menos hasta que amaneciera, pero no lograba concentrarse en la lectura, así que en cambio decidió ir hasta la sala de música. En noches anteriores había logrado distraerse con las suaves teclas del piano, al parecer el sonido no era lo suficiente fuerte como para despertar a alguien, ya que nunca había recibido quejas.

A veces se preguntaba si su vida siempre sería así; pesadillas abrumadoras y largas noches en vela; tenía la suficiente curiosidad como para querer indagar en el árbol genealógico de la familia Castairs. Pero también la suficiente prudencia, como para saber que lo que encontraría no le gustaría. De cualquier forma, esperaba cumplir la mayoría de edad para tomar una decisión, las respuestas no le caerían del cielo esa misma noche.

Solo le faltaba atravesar el salón para llegar a la sala de música cuando un ruido la sobresaltó. A altas horas de la madrugada, lo normal sería que todos estuvieran durmiendo, pero tomando en consideración que vivía en una iglesia, aparentemente abandonada, junto a un montón de personas capaces de luchar contra demonios, que viajaban a través de portales y que podían ser “invisibles” utilizando glamour, su definición de normal no era igual al del resto. Por un momento pensó en lo difícil que debía ser la labor de Maryse, por un lado debía resolver los asuntos de la clave, y por otro debía mantener un hogar habitado por adolescentes. Se giró para ver quién era la persona que había llegado hace un momento y casi soltó una exclamación cuando vio a la chica.

No había cruzado palabras con ella antes, pero la conocía gracias a la reunión que Maryse había organizado unos días atrás. La chica tenía una mancha de sangre, probablemente obtenida en alguna batalla contra algún demonio. A lo largo de su vida, Adara había visto sangre muchas veces, no le provocaba náuseas como a otras personas, aunque aún así, no era algo grato para ella. Se acercó a la chica con rapidez, ella tenía el ceño fruncido y apretaba los dientes, de seguro por el dolor, la reconoció.

—¿Estás bien? —La mirada de la chica como diciendo “¿Tú que crees?” y su propio sentido común le hicieron darse cuenta de lo estúpida que había sonado su pregunta. No espero que contestara para continuar—. Ven, necesitas ayuda con eso. Te acompañaré a la enfermería.

Espero a que dijera algo para continuar. Quizá rechazaría su ayuda, pero el menos ella lo habría intentado, y aunque lo hiciera, estaba dispuesta a insistir. Ella no estaba en condiciones como para negarse.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Feb 22, 2013 9:19 pm

La pista de baile estaba bañada de luces tricolores que giraban y se arremolinaban mientras un resplandor blanco brillaba intermitentemente propinando una visión irreal e increíble de la realidad. La estridente música resonaba altísima haciendo eco. Vibraba cada fibra de cada músculo de la masa de cuerpos que saltaba y se sacudía siguiendo el frenético rítmo. El aire sofocante estaba impregnado de perfume de mujer mezclado con sudor y estaba casi más caluroso de lo que resultaba soportable. Así era como había comenzado su noche, nada más que una de aquellas tantas ocasiones que la cazadora de sombras había decidido dedicarse a sí misma.

Fue en ese instante de total abstracción que lo vio. No necesitó mirar dos veces, ni siquiera las luces estridentes lograban nublar su perfecta visión. Reconoció al instante la piel banca como un cadáver y los descarados rizos que conformaban la melena de Jean Paul, un hijo de la noche que recordaba de su tiempo en Inglaterra, abrazado a una muchacha de cabello casi que demasiado rubio como si fuese de su posesión. La muchacha no se movía.

NADA. NI UN PELO.

Tres muertos más secundaron al primero, sujetando a la chica como si le hubiese dado un desmayo o simplemente hubiese bebido demasiado, marchandose del club a paso seguro y despreocupado.

Si algo sabía un Nightshade era que cualquier momento, cualquier situación, por más inofensiva que pudiese parecer a simple vista podía tornarse en una catástrofe nivel nuclear en cuestión de nanosegundos. Con esa convicción y esa paranoia siempre latente, resultaba increíblemente inusual que la joven Cazadora de Dragones demostrase tal falta de sensatez en cuanto a la planeación de sus actividades recreativas. Angelique atesoraba su tiempo a solas y despreciaba brutalmente cualquier clase de intromisión en sus salidas. La única excepción era Mirella, prima y parabatai, e inclusive Jeriel, loco empedernido. Aun así ni el uno ni el otro había asistido con ella aquella noche, probablemente, porque no los había invitado. Y ahora una tonelada de mierda le había caído encima, arrastrándola a una situación en la que debería de enfrentarse a los únicos seres en todo el submundo que a la vez le ponían los pelos de punta y la sacaban totalmente de sus casillas.

El aire frío golpeó la nívea piel de Nightshade, provocando que un escalofrío le recorriese la columna vertebral y detuviese su avance por medio segundo. El gélido viento hizo que el cabello castaño revoloteara a su al rededor mientras los oscuros orbes café escaneaban el lugar con calculadora meticulosidad. No tardó en discernir la palidez de la piel muerta de los hijos de la noche, escurriéndose en un negro callejón como las ratas de alcantarilla que eran, reptando de regreso a sus territorios de humedad y oscuridad. No dedicó ni un solo pensamiento a los mundanos alcoholizados que dirigieron a su paso toda clase de comentarios obscenos. Estaba abstraída, desentendida del resto del mundo, concentrada en las cabezas de cuatro vampiros que adornarían de ahí en más su mesita de noche.

Los tacones no hacían ruido alguno en el piso húmedo y lleno de grietas de aquella callejuela, equipados con una runa de silencio que le venía siempre útil en tiempos de necesidad.

Ser tan jodidamente precavida era algo tan inherente a su propia naturaleza como lo sería respirar. Atraía problemas, era simple como eso. Angelique era un imán para cualquier clase de criatura retorcida o perversa. Si se encontraba a más de un kilómetro de distancia, daba por sentado que la encontraría. Siempre había sido así... siempre era así.

Se agachó a prisa, escondiéndose detrás de un auto que se hallaba estacionado en el solitario callejón sin salida. Los no muertos se habían detenido frente a las puertas de un enorme almacén abandonado cubierto de arriba abajo con carteles de advertencia de "No traspase" "propiedad privada" y "peligro". Una sonrisa atrevida asomó por la comisura de los rojos labios de la cazadora, cuando éstos hicieron caso omiso de las señales y se filtraron dentro del lugar de todos modos. Habían escogido su propio destino, tendiéndole una trampa de aquel modo tan evidente, descarado y obvio. ¿Qué creían? ¿Qué era una niñata estúpida? No, no había ni un solo pelo de inocencia en la negra melena de Angelique. Sabía distinguir perfectamente cuando le estaban tendiendo una trampa, y anda, ¡que sucedía más a menudo de lo que cabe pensar! pero también era una mujer terca y orgullosa y si bien la vida de aquella mundana no podría haberle interesado menos, que lo hiciesen en su presencia era un insulto hacia su persona, hacia la familia Nightshade y hacia su propia raza. Un insulto que no quedaría impune, pues ella personalmente se encargaría de ajustar las cuentas.

Cernió su mano en torno al cuchillo serafín que llevaba pegado al muslo y lo desenfundó. Sus ojos destilaban astucia felina y en su pecho el corazón le latía agitado por la excitación de la cacería. El bombear de la propia sangre le llegaba hasta los oídos, divorciándola de todo y cuanto conocía y dejándola sola con todo cuanto era, una nefilim, una cazadora de sombras.

— Michael...

Le susurró a su amado cuchillo serafín con tal dulzura que pareció la caricia de un amante, y la brillante hoja de luz se extendió imperiosa cortando en dos la puerta de los almacenes y tragándose la oscuridad a su paso.

Sin duda alguna se adentró a las fauces del león, a la trampa que le habían tendido y en la que ella, sintiéndose generosa, había decidido caer.

A fin de cuentas la rubita no había sido otra cosa que uno más de esos cadáveres con los que terminó envuelta en una más que interesante golpiza. Aun se preguntaba que clase de estúpido capricho del destino decidiere que siguiese conservando la vida. Sí, les había pateado el culo épicamente y seguro ninguno de ellos olvidaría su cara por el resto de la eternidad, más ella también había quedado bastante destrozada. Las profundas heridas a punta de cuchillo que le habían propinado y que ahora hacían que la propia sangre corriese por sus largas y torneadas piernas y brazos manchaba uno de sus vestidos de terciopelo rojo favoritos. Y claro, la alfombra de Maryse. De seguro la directora estaría encantada.

Esbozó una sonrisa zalamera mientras se adentraba por la puerta del instituto, aferrándose a su propio estómago y dando más de un torpe tropezón. Daba asco. Sangrando como una inmunda mundana. Jamás terminaría de reprenderse a sí misma por permitir que esa zorra le quitase su bolso y con él, la estela. ¿Acaso moriría en ese jodido pasillo? ¡Ni de coña! Gruñó mentalmente y golpeó la pared con toda la fuerza que tenía. No acabaría así. NO PODÍA ACABAR DE UN MODO TAN PATÉTICO.

Una voz femenina llamó entonces su atención, más adelante en el pasillo, alumbrado por la tenue luz mágica. La pregunta formulada por sus labios fue tan sosa que de haber sido capaz de hablar y de sostenerse en pie debidamente por si sola le habría dicho la madre de todos los comentarios bordes. Más ni fuerzas tenía para eso. La joven volvió a hablar, esta vez con más sensatez . Haciendo a un lado la cabezonería y el orgullo habituales, Angelique obedeció y pasó su brazo en torno al cuello de la chica. Su rostro le sonaba a duras penas, más siempre había sido un desastre para asociar caras y nombres de modo en que las posibilidades de reconocimiento eran más bien pocas.

Alzó a penas el mentón, asomando su rostro de entre aquella cortina de lacio cabello enmarañado. Su voz, quebrada y tenue más ácida y demandante como siempre sonaba.

— Agua bendita. Mucha. —susurró.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Mar Feb 26, 2013 6:11 pm

La Cazadora de Sombras, que ella finalmente reconoció como Angelique, estaba peor de lo que ella pensaba. Su vestido rojo de terciopelo estaba adherido a su piel con la sangre que emanaba de sus heridas y la piel que no estaba cubierta de tela, tenía a cambio una pegajosa capa de sangre seca mezclada con la fresca. Pasó uno de sus brazos por la cintura de la chica teniendo cuidado de no tocar las heridas. Caminaron juntas hasta la enfermería, que para su desdicha, estaba bastante alejada del pasillo que ocupaban.

Guardo silencio durante el camino, quería averiguar cual habría sido la razón de su deplorable estado, pero Angelique no estaba en facultades como para despejar su curiosidad.

De todas formas su mente formulo una explicación de lo más lógica. Tomando en consideración que había pedido agua bendita, debió haberse enfrentando con vampiros. La única forma de que un Cazador de Sombras atacará a un vampiro, o a cualquier otro submundo, era que este infringiera la ley impuesta, lo cual claramente no podía hacerse, pero siempre habían algunos que disfrutaban rompiendo las reglas. Debió haber sido más de uno para haber dejado en ese estado a la Cazadora, en la raza nefilim, la debilidad no era bien vista, y Angelique, en especial, no parecía de la clase débil.

A medida que avanzaban, un poco de la sangre iba dejando su propio camino a la enfermería. A Maryse no le agradaría la idea, pero dado que la situación era un emergencia, entendería. O al menos, eso esperaba ella.

La enfermería se caracterizaba por estar llena de camas con sábanas blancas y cabezales de metal. Adara se dispuso a acercar a Angelique a la más cercana y la ayudó a recostarse con el cuidado debido para evitar que las heridas dolieran. Camino hacía uno de los estantes ubicado en el recinto con la rapidez que caracterizaba a su raza, y buscó algún frasco de agua bendita entre los diferentes frascos de colores. La botella era pequeña así que rebusco hasta encontrar el resto. Con las manos llenas las dejo en la mesita de noche y las abrió. Ayudó a Angelique a sentarse recta en la cama y la hizó beber, una por una las botellas, asegurándose de que el líquido no se derramara, era importante que el contenido de las botellas surgiera el efecto esperado.

—¿Tienes tu estela? —negó con la cabeza, un movimiento casi imperceptible.

Por suerte antes de salir de su habitación se había vestido apropiadamente. No le gustaba la idea de vagar por los pasillos del instituto con el pantalón y la vieja camiseta que usaba para dormir. El vestido de terciopelo estaba destrozado; un agujero en cada lugar en que el arma blanca había dado su estocada. Sacó la estela que siempre llevaba en el interior de la cazadora de cuero, y dibujo las prolijas líneas que formaban un iratze sobre cada una de las múltiples heridas. La estela resplandecía en la oscura habitación, alumbrada solamente por la luz de la luna, dejando tras de ella gruesas lineas intercaladas con otras más delgadas en un oscuro y bello estampado.

Aunque ya había visto muchas veces como la piel sanaba luego de la aplicación de la runa curativa, aún le asombraba la rapidez con que ocurría. Un beneficio exclusivo para la raza nefilim. Dentro de unas horas y un muy merecido descanso, la Cazadora de Sombras estaría como nueva.

Decidió quedarse junto a ella durante un rato más, sólo en caso de que fueran requeridas más botellas de agua bendita. De todas formas, tenía claro que pasaría el resto de la noche en vela. Angelique mantenía los ojos cerrados y su respiración ya no era agitada, ahora era lenta y profunda. Adara pensó que dormía, aunque no podía estar segura, en su caso al menos, no podía dormir en presencia de otra persona. Admiro durante unos minutos la tranquila noche a través de la ventana. Quizá otro Cazador de Sombras, en una lejana parte del mundo, estaba atravesando la misma situación que su compañera nefilim.

No supo cuanto tiempo paso cuando se giró y vio que Angelique tenía los ojos abiertos.

—¿Lucha con vampiros? —ella asintió ligeramente—. Confió en que ya no serán problema.

Si de algo estaba segura, era de que los vampiros no habían sido los vencedores. Conocía el orgullo nefilim, era parte de ella. Podía asegurar que Angelique habría preferido morir antes de ser vencida por un grupo de submundos.

—¿Eres Angelique Nightshade, no? Te recuerdo de la reunión que Maryse organizó. Por desgracia, estoy segura de que no estará feliz de encontrar sus preciosas alfombras ensangrentadas por la mañana. Esperemos que el ángel nos ayude con eso —hizo una mueca—. Pensaba quedarme aquí a hacerte compañía en caso de que necesitaras algo, pero si prefieres que me marche lo entenderé.

Se pregunto cuanto tiempo faltaría para que el resto del instituto despertará y viera el nuevo diseño de las alfombras de Maryse Lightwood.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Miér Feb 27, 2013 10:00 pm

“Eres el orgullo de la familia Nightshade, Mi Ángel, una cazadora diestra y ejemplar. Pero por sobre todas las cosas, eres mi hija, y ninguna hija mía será quebrada por un suceso así de trivial.”
¿Eso me dijiste no es así padre? Esas fueron tus palabras exactas... las que dijiste en el funeral de mi hermano. Jamás te las perdonaré.

Era aquel un recuerdo lejano, una difusa memoria que había acudido a ella apenas sintió que se acercaba su final. Se suponía que tendría una epifanía, una divina revelación que le daría sentido a su mísera existencia y la impulsaría a seguir adelante. Por el contrario, la sola memoria le provocaba querer arrancarse con las uñas cada centímetro de piel y extirparse de un zarpazo las entrañas.

Curioso, pues escupir las entrañas, los pulmones y el hígado era precisamente lo que beber aquel líquido le provocaba. El agua bendita quemaba la repugnante sangre de vampiro que había entrado a su sistema, forzándola a vomitar todo y cuanto había en su estómago en un viejo cubo de lata. Para su suerte no era mucho, solo Refresco cola y esencia de sanguijuela. Más el cuerpo magullado y lacerado sufría horriblemente con las convulsiones y espasmos de las arcadas provocadas. Se aferró a la joven Nephilim que la acompañaba, cerrando los ojos con fuerza y aguantando estoicamente mientras bebía el líquido que le repugnaba. Podía soportarlo todo, el dolor, los vómitos, las heridas e inclusive la fiebre inducida por la sangre vampírica que hacía que su cuerpo ardiera y se encendieran sus mejillas. Cualquier cosa era mejor que convertirse en uno de aquellos bichos.

Terminó por acabarse la última de las botellas, antojándosele demasiado poco y segura de que le haría traer más a la pobre degreaciada que tenía la condena de tener que aguantarla. Ni bien fuese capaz de hablar, y si no se moría antes, por supuesto.

El Ángel pareció escucharla –por primera vez en la puta vida, pues no es que a sus ruegos se les preste mucha atención que digamos- y la muchacha junto a ella desenfundó su estela. Cada trazado sobrio y seguro se sintió como un hierro ardiente hendido en una piel que parecía prenderse fuego, más nunca la Nightshade se había sentido tan aliviada. Tan segura y en casa...

— Jamie... con cuidado, es una estela, no un cuchillo y no estás tallando un árbol— deliró, perdida en sus ensoñaciones producto de la fiebre, inconsciente de que hablaba en voz alta.

Cerró los ojos, dejando que su cabeza retozara en la almohada y que vagaran por su mente fugaces imágenes de su infancia. Idris... la ciudad de cristal, las largas cabalgatas, su familia. Ella misma se había autoimpuesto aquel exilio, recluyéndose a Nueva York... ¿Por qué? Se preguntaba, y en rostro de su hermano mayor y de su padre batallaban por un lugar en su corazón.

Amaba y odiaba a su padre con tan afán e intensidad que era apenas posible ponerlo en palabras. Aquel hombre le había cuidado desde que tenía memoria, inculcándole con maestría todo y cuanto sabía. Por años había sido su modelo a seguir y mentor, aquel a quien miraba en busca de inspiración y al que buscaba enorgullecer con sus arriesgadas hazañas. Más era distinto con Jamie, su adorado hermano, en un nivel que la joven Nightshade jamás llegaría a comprender. Su padre jamás felicitó a su primogénito, ni le dedicó tan siquiera una mirada afectuosa en vida o una lágrima en su funeral. Tal desdén no hizo más que merecerle el odio de una herida Angelique, tan ansiosa de ser arrojada a la hoguera por un crimen del que nunca nadie la acusaría.

Jamie había muerto buscándola, caminando demasiado cerca de un nido de vampiros en Londres ya hacía varios años atrás. Angie no había estado presente para protegerlo, no había hecho nada por él, como era y siempre había sido su deber. ¿Dónde estaba ella cuando esos asquerosos submundos drenaban la vida del hermano que adoraba? Cazando, por supuesto. Ganándose el título de Cazadora de Dragones del que su familia tanto alardeaba. Su egocentrismo idiota la había alejado de aquel a quién más le importaba proteger, del mismo que había estado del lado de la camilla en el que ella se encontraba ahora una infinidad de veces mientras ella velaba a su lado tal y como esta cazadora que la acompañaba.
Abrió los ojos con la vista fija en el techo con un solo pensamiento fijo en la mente.

“Deberías ser tú y no yo quien siguiera con vida”


La voz de la nephilim llamó su atención. Con parsimonia Angelique giró el rostro de mejillas enrrojecidas y estudió el semblante de quien le había salvado el pellejo. Sin embargo no respondió. Podía hacerlo, sentía que podría hablar si así lo deseaba más referirse a Jean Paul o a los suyos era algo que honestamente no deseaba. Primero que nada porque la jugarreta que le habían jugado era del todo personal y segundo porque las jodidas nuevas leyes le impedían matarlos. Podía aludir que la habían atacado... más con su particular historia para con los hijos de la noche y sin nadie que atestiguara a su favor eso iba siendo más bien que nada creíble. Su único consuelo era haberles dado paliza tal que ni en toda la eternidad se olvidarían de su rostro... ni podrían volver a sentarse.

— La misma.— respondió, demasiado cansada y aturdida para sonar altanera— Me importan una mierda las alfombras. Ya me veo que deberé soportar otro regaño referente a mis excursiones en solitario, parece ser uno de los temas favoritos a criticar en este lugar. —Angelique suspiró y puso los ojos en blanco, tratando de quitarse de encima el mal humor que pensar en la directora le generaba— No te he agradecido... —comenzó— Y como broche de oro tampoco me sé tu nombre, venga ¿A qué no soy todo un ejemplo de desastre andante? — la joven hizo una mueca zalamera y la recorrió con los ojos—No te cortes si quieres quedarte, claro, si es que logras aguantarme. Con la fiebre o sin ella soy realmente borde e insoportable.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Mar Mar 05, 2013 4:17 pm

Adara podía corroborar las palabras de la nephilim. Una de las razones por las que recordaba su nombre, era porque en muy poco días lo había escuchado a menudo. A pesar de que ella nunca había estado atenta a las cosas que los nephilim decían unos sobre otros, era difícil ignorar los comentarios hostiles sobre su comportamiento, que alcanzaba a oír cuando se cruzaba en los pasillos con algún grupo, o cuando estaba en la biblioteca y alguno llegaba lanzando maldiciones.

Sopeso sus opciones, y arriesgándose al temperamento Angelique decidió quedarse. Entre el tiempo que le había llevado curarla, el momento de silencio y la corta conversación que habían tenido, deberían haber pasado al menos sesenta minutos. Si su calculo no fallaba, no faltaba mucho para el amanecer. En un rato más, todos despertarían, y sumando dos y dos llegarían a la enfermería dando con Angelique. Adara estaba segura de la nephilim no saldría libre del regaño, lo menos que tendría sería un dolor de cabeza, y aunque quizá en otras circunstancias, Angelique lo soportaría, su estado no era el mejor y en cualquier momento podía explotar.

—Correré el riesgo y me quedare contigo. Ya te ayude, tengo que asegurarme de que salgas intacta de esta situación, al menos en lo que me sea posible. Veré que nadie te moleste mientras estés aquí, ya tendrán tiempo luego para quejas —comentó en tono bajo pero firme.

Un de las cosas que ella odiaba, era que la gente cambiará de opinión en último momento. Si Adara tomaba una decisión la mantenía hasta el final, fuera buena o mala. Era eso lo que la hacía creer en que la gente no cambiaba. Creía que para seguir de un lado, aún cuando la tripulación entera del barco se estaba hundiendo, había que tener más valentía que para tomar el barco del otro equipo y salvar tu vida aún cuando sacrificaste a todos aquellos que antes fueron tus amigos. Era irónico que fuera ella quién de valentía, siendo que nunca había sido capaz de averiguar más sobre su pasado por miedo.

Tenía una versión a la que atenerse. Que sus padres estaban muertos, y de cierta forma, ella creía que así era mejor. Una parte de ella ansiaba conocer aunque fueran sus nombres, saber que clase de personas fueron los que la concibieron. La otra, aun estaba apegada al pasado, seguía repitiéndose una y otra vez las palabras y la seguían atormentando. Su vida, tal y como lo era ahora, era fácil. No eran muchos los que querían saber acerca de ella, y si llegaban a preguntarle, lo único que tenía que responder era lo que sabía. Que había sido abandonada en el instituto siendo apenas un bebé. Tampoco era necesario agregar las palabras que había escuchado en el pasado, luego de su corto relato nadie preguntaba más.

Temía que si conocía la pieza faltante del rompecabezas, el resto también lo haría, y entonces cuando alguien le preguntara directamente, con las palabras exactas, no podría mentir. Y ambas partes de su ser, estaban completamente seguras de que lo que confirmaría no sería nada bueno.

Despejo su mente y luego recordó las palabras que Angelique había pronunciado mientras ella trazaba las runas en su piel. En ese momento las paso por alto, estaba más preocupada en trazar las líneas correctamente, que en las cosas que la nephilim deliraba.

—¿Quién es Jamie? —las palabras salieron de sus labios antes de que pudiera detenerlas. Vio como Angelique fruncia el ceño y apretaba las sábanas con más fuerza de la que Adara creyó posible en su estado. La pregunta la había claramente disgustado. Él debía ser parte de su vida personal, no le contaría sobre él a una extraña—. Perdón, no tienes que contestar. Es sólo que murmuraste su nombre mientras te hacía la runa —Angelique pareció relajarse un poco, pero aun mantenía los sentidos alertas. —Por cierto, mi nombre es Adara Carstairs —aclaró, tratando inútilmente de desviar la atención del tema anterior.

Angelique la estudió en silencio de un minuto. Aún parecía molesta, pero su semblante había cambiado rápidamente a incertidumbre. Era extraño que en apenas unos minutos su reacción hubiera variado tanto.

—¿Sucede algo? —preguntó rompiendo el silencio. La mirada de la nephilim la estaba incomodando. No común para ella tener tanta atención, y menos cuando no sabía cual era el motivo.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Miér Mar 06, 2013 12:26 pm

La risa se atragantó en la garganta de Angelique convirtiéndose en una tos ronca que le retorcía las entrañas. El tejido de su abdomen aún no había sanado por completo, y aunque los iratze iban de a poco cumpliendo con su labor, cualquier movimiento muscular escocía y ardía. Una putada, sin lugar a dudas.

— No es ni la primera vez ni la última que termino en la enfermería...— gruñó la voz ronca de la cazadora, profunda y calma en cierto modo— Live fast, Die Young.

Con todo, las laceraciones, la cercana posibilidad de ir a parar al otro barrio o de convertirse en una no muerta de lo más cabrona y malhumorada, Angelique siempre encontraba ocasión de bromear. Podía culpar a la fiebre, con la frente perlada de sudor, las mejillas enrojecidas y la sensación de estar a la vez en un sauna y tendida sobre una cama de brasas calientes, pero aquello hubiese sido una tamaña estupidez y una vil mentira. La verdad era que la sola idea de morirse le arrancaba a la Nightshade nada más que una altanera sonrisa. No la temía, la esperaba, la toreaba desafiante y era consciente de que la alcanzaría más temprano que tarde.

— Pero hoy no— añadió, clavando en el techo sus ojos oscuros y cansados— Hoy no me toca morirme.

Dejó que la frase repiqueteara en el aire, que la envolviera y amortiguara un poco el vacío que sentía por dentro. Quizá todos los cazadores se sintieran así alguna vez, como si no hicieran más que esperar en fila a que les tocara el turno de convertirse en nada más que cenizas y un recuerdo. Angelique estaba segura de que ni siquiera sería considerada un buen recuerdo, con lo borde que era con todo el mundo y el modo en que destilaba hostilidad. Así se aseguraba, cuanto menos, que nadie la extrañaría ni tendría el descaro de llorar sobre su tumba. Recordarían a la leyenda, a la Cazadora de Dragones, orgullo de la casa Nightshade, pero no a la muñeca rota que era en verdad.

“¿Quién es Jamie?”

El timbre agudo de la muchacha sonó en sus oídos como uñas en una pizarra. Giró el rostro como gesto automático, incapaz de detener el ácido que chispeaba en sus ojos café o la fuerza con la que se trababan sus mandíbulas. Nunca, nunca, NUNCA, debía ser ese nombre mencionado en su presencia. Angelique enterró los dedos en las sábanas, aguantando la respiración y frunciendo el ceño, en una lucha interna consigo misma para no mandar a quien la había ayudado al quinto círculo del infierno de una patada.

“Oh, creo que los chupasangre no te han quitado encanto Nightshade”, resonó una vocecita en su cabeza al ver la sorpresa de la joven y el modo en el que se deshacía en disculpas. Seguramente debió parecerle a la pobre que estaba a punto que saltar a su cuello y darle un mordisco. No es que su idea estuviera demasiado lejos de la realidad, pero bueno...
Trató de calmarse. Vale, ahora decía el nombre de su hermano mientras deliraba... épico. Otra señal más de que estaba a un pelo de perder la cabeza, si no la había perdido ya. Y luego estaba aquel detalle, aquel apellido tan familiar...

No se dio cuenta Angelique de que estaba en completo silencio, examinando el rostro de la otra veinte veces y luego otras veinte veces más. Incómoda, sí, probablemente incómoda fuera la palabra. Habían parecidos allí, parecidos que veía ahora que prestaba atención y lograba pobremente enfocar la mirada. Un cierto aire perteneciente a Jamie, pero sobre todas las cosas, un fuerte parecido con su propia madre que lograba inclusive inquietarla.

— James ‘Jamie’ Nightshade II, hermano de Angelique Nightshade, hijo de James Nightshade y Crystal Nightshade-Carstairs.

Puso la cazadora de Dragones un especial énfasis en la última palabra, aún cuando había recitado su árbol genealógico con pesadubre debido a su pobre estado físico. Miró a Adara un buen rato y suspiró.
— No sabía que hubieran otros Carstairs por ahí, mi madre es a la única que conozco. Supongo que eres mi prima lejana o algo por el estilo ¿no?
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Jue Mar 07, 2013 5:06 pm

Había pensado que no contestaría su pregunta, pero la Nightshade la sorprendió. Sus palabras denotaban el esfuerzo que le significaba la acción en su estado aún delicado. Aun así la sorprendió la fiereza con la que contesto, podía asegurar que había algo más allí, además de el chico que fuese su hermano. No preguntaría, claro. Sólo le había tomado unos minutos darse cuenta del fuerte temperamento de Angelique, si hasta el momento había mantenido el trato formal, había sido pura suerte, o bien, estaba cuidando su temperamento para más tarde, cuando tuviese las fuerzas para atacar. Adara prefería pensar en la primera probabilidad como la más factible.

Cuando enunció al resto de su familia, el familiar sonido le causó un vuelco al corazón, como si de pronto este hubiese dejado de bombear sangre y luego hubiese retomado el trabajo con el doble de fuerza. Creyó incluso que había oído mal, cuando su mente repitió cada letra —la “s”, claramente marcada en medio y al final de la palabra, las “r” pronunciadas con más suavidad, dejando a penas un rastro de su existencia entre la vocal, que ignorando su lugar, parecía tomar de la mano a la consonante.

“Crystal Nightshade-Carstairs”


El sonido zumbando en sus oídos, igual que una abeja rondando la miel. Era su apellido. Lo último que habría pensado era que ella y Angelique Nightshade, La Cazadora de Dragones, como había escuchado alguna vez decir por el resto de nephilim, tendrían algo en común. Eran completamente diferentes. Donde Angelique era segura y confiada, ella era tímida e insegura. Tenían también de por medio otra gran diferencia.

Angelique Nightshade sabía quién era y sabía qué era lo que merecía, por tanto, no tenía problemas en darse su lugar, sin importar quien estuviera en medio.

Adara Carstairs era alguien sin identidad. Alguien que cargaba un gran apellido a cuestas, pero que sin embargo no tenía idea de quien era realmente su familia. No debía darse un lugar, por el simple hecho de que no sabía cuál era ese lugar.

“La ignorancia es felicidad”, en su caso no podía estar menos de acuerdo.

—Ni yo —dijo en respuesta—. Quién diría que tu y yo tendríamos la misma procedencia.

Y aunque la pregunta de Angelique, casi dicha el descuido, fuera simple y la respuesta lo fuera aún más, para la nephilim contenían un montón de promesas y significados.

Hizo un pacto para si misma. Pensó en que si decía que si, sería como si jurara encontrar la verdad de su pasado y para eso, primero tendría que admitirse que en realidad tenía miedo a la verdad. Eso sería un gran paso. Podía asegurar que no, aunque contaba de ante mano, con que Angelique no creería cualquier excusa que ella inventara. Y podía restarle importancia, aceptar el hecho de que eran familia, familia lejana, y actuar como si eso no fuera más que un título vacío.

—Supongo que somos primas... —dudó— No podría asegurarlo, no tengo mucha información acerca de mi árbol genealógico. He vivido una vida en ignorancia, por así decirlo.

Mientras hablaba observaba fijamente a la nephilim tratando de encontrar cualquier gesto o expresión que le diese validez a sus palabras. Su inspección fue corta, no encontró nada. En tanto a lo físico, tampoco parecía haber mucho. El cabello y los ojos de ambas se encontraban casi en mismo tono, pero aún así no eran iguales.

La belleza de Angelique destilaba en cada poro de su cuerpo, en cada paso que daba. Incluso en su estado, los rasgos eran delicados, como una de las afamadas pinturas que sólo encuentras en los museos.

Ellas no se parecían, ni de cerca.

No estaba segura de que las palabras que había dicho fueran las correctas, parecía lo más adecuado. Algo que Adara solía hacer, era guiarse por sus instintos. Era provechoso para ella, hacerlo la había llevado a la situación en la que se encontraba. De alguna forma esperaba encontrar respuestas, aún si fueran las más mínimas. Su subconsciente parecía haber tomado una decisión mucho antes de lo que ella notó.

Quería las respuestas. Las buscaría y las conseguiría, así tuviese que invocar al mismísimo Ángel Raziel para que se las diera.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Mar 07, 2013 8:35 pm

Vamos a poner algo en claro: Angelique se sentía como si le hubiera pasado por encima una aplanadora, luego hubiese dado marcha atrás y embestido contra ella de nuevo para asegurarse de dejarla chatita como un papel. Sus huesos bien podían estar pulverizados y sus músculos desgarrados, por no contar el ardor de los iratze, la fiebre, el mal humor, y todas esas mierdas como casi haber muerto a manos de un puñadito de vampiros locos.

Aún y con todo eso, un nuevo y extraño sentimiento se había alojado en lo hondo de su pecho con intenciones de quedarse y casi que ni le dejaba respirar: Estaba preocupada.

Ale, ríanse hasta que ya no os den los pulmones, pero así como suena de ridículo, así era de cierto. Si le habían quedado dudas a la cazadora de que quien tenía adelante guardaba cierto parecido con Jamie, se habían disipado en tan solo un momento. La fragilidad de sus rasgos al al medir lo que decía, al intentar a penas disimular la sorpresa y la lucha que de debatía en su interior le devolvió a la vida a Angelique al hermano que había perdido años atrás.

Por el Ángel... ¡no me jodas Nightshade! susurró una voz en su mente que buscaba reprimirla, regresarla a su actitud normal y tirar tierra sobre aquello que había dicho. No tenía por qué importar, no tenía por qué venir y complicarle la vida a Adara, cargándole con un parentesco que era más maldición de lo que era vida.

O no... se recordó. En realidad, sabía poco y nada de los Carstairs. Si su familia estaba jodida era todo, todito cortesía de la rama Nightshade.

Alejó todos los malos pensamientos de un manotazo psicológico. Por una vez en la puta vida no todo se trataba de ella, y era Adara por quien estaba preocupada. Quizá por el parecido que guardase con su hermano... quizá por algo más. Joder, con el dolor de cabeza que la aturdía a penas era capaz de discernir blanco de negro. Estaba preocupada. Fin del asunto.

— Bah, yo tengo “Nightshade” escrito por toda la cara...—bufó, mientras sus manos torpes revolvían entre pelo y vestido buscando desentrañar su más preciado tesoro.

Consideró quitárselo para que Adara pudiera verlo bien, pero le supo tan mal como hendirse las uñas en el pecho y extirparse el corazón. Desistió de la idea, sosteniendo en un gesto aprensivo su delicado guardapelo dorado. Estaba lleno de arañazos, de sangre inclusive, más ni un daño se le había causado a lo que contenía. Lo abrió con cuidado, sobre la palma de su mano, indicándole a la joven con sus gestos de que se acercase a mirar.

Allí estaba, la fotografía, el recuerdo. Se veía la sonrisa tímida de aquel chico distraído, simpático y de pelo revuelto que tanto adoraba y extrañaba.

— Jamie... — explicó, con la voz cansada y apesadumbrada. Más tarde culparía a la fiebre de estos hechos.— Cuesta creer que es mi hermano, somos como gotas de agua y aceite... sacó todo de nuestra madre y yo...

El horror le cerró la garganta y se frenó en seco.

— Que era mi hermano. —corrigió— Cuesta creer que era mi hermano.

Y de sopetón cerró en su puño el guardapelo.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Sáb Mar 09, 2013 4:31 pm

Antes de que Angelique mencionara el nombre de su hermano, Adara ya sabía que se trataba de él.

Lo anticipo por sus gestos. El objeto estaba magullado y se le podían ver los restos de sangre manchando los bordes, aún así la nephilim lo trató con cuidado. Las manos tocaban el objeto como si se tratara de seda. Puede que no tuviera un gran valor monetario, dado que el paso de los años habían dejado su rastro en el, pero bastaba una mirada a su dueña para darse cuenta de que el valor sentimental de su contenido no podía ser pagado ni con todo el oro del mundo.

Tal como Angelique se aferraba a la foto de aquel chico de cabello despeinado, Adara se aferraba al anillo de su familia. La única pertenencia que le aseguraba ser una Carstairs.

“Como el agua y el aceite” al menos en cuanto a lo físico, la descripción era adecuada.

La foto parecía ser tomada al descuido. Una sonrisa tímida y despreocupada adornaba el rostro del chico, la clase de sonrisa que pocas veces puedes ver en alguien, como si todo estuviera perfectamente en orden. Ninguna preocupación. Ningún problema. El gesto era aún más extraño para alguien que había sido entrenado toda su vida en la misión de eliminar demonios. No había forma de saber si Jamie había sido feliz a lo largo de su vida, sin embargo, en ese momento, parecía serlo. Devolvió la mirada a la nephilim mientras esta aún estudiaba la fotografía, una sonrisa dibujada en el rostro. Era la primera vez en la noche, en que su sonrisa era honesta, seguramente por los recuerdos que su mente estaba evocando de días mejores.

—Vaya... —murmuró, porque en realidad no sabía que decir. Miró otra vez la foto buscando semejanzas y creyó encontrarlas.

“Cuesta creer que era mi hermano” Podía sentir todo el dolor de Angelique en sus palabras y la sensación incluso la invadió a ella. No conoció a Jamie y aún así sabía que el no debía estar muerto. Debía ser joven cuando eso sucedió, con toda una vida por delante, lo lógico era que sus padres hubieran muerto antes que él, pero la vida no tiene lógica.

Le parecía maravillosa la devoción que su hermana aún guardaba de él. Ella nunca podría entender esa clase de amor. Era un relación en la que la mayoría del tiempo ambos parecían odiarse. Sin embargo, cuando alguno necesitaba apoyo, siempre estaban allí. Eran un amor incondicional. De pronto se preguntó si en realidad no tenía ningún hermano o hermana. No sabía quienes eran sus padres, por lo cual le era imposible conocer al resto de su familia. En caso de que así fuera, ¿qué habría pasado con esa persona? ¿Habría sido abandonado también, o sus padres le habrían perimitdo criarse junto a ellos? Su mente estaba jugando con ella de una forma cruel. Ahora sentía el dolor de Angelique como si fuese el suyo.

—Lo lamento. —Cualquier cosa que pudiera decir para tratar de consolarla no sería suficiente, así que permitió que el silencio llenara el lugar durante unos minutos, luego añadió—: Parecía una buena persona.

Analizo al posibilidad de preguntar que había ocurrido con él, calló, no queriendo incomodar a la nephilim. Ya le parecía demasiada su intrusión en la vida personal de Angelique como para además de eso traerle malos recuerdos.

—No deberías pensar así —la Cazadora la miró confundida—. No digas que era tu hermano, sigue siéndolo aunque este muerto. No se si creas que después de la muerte exista algo más, en lo personal creo que no. Lo que si creo es que aunque las personas mueran, dejan su rastro en este mundo. Jamie es y será siempre tu hermano y la única forma de que su muerte no sea en vano, es seguir adelante. Mientras tú lo sigas recordando, una parte de él siempre estará contigo —sintió el calor en sus mejillas, por segunda vez en la noche había hablado más de lo necesario.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Dom Mar 10, 2013 4:06 pm

Angelique era conocida por enfurecerse con cualquiera por cualquier cosa en cualquier momento, el Ángel sabía que tenia un carácter lo que se dice voluble y más explosivo que la pólvora. Dichos asuntos no le importaban, a duras penas le llamaban la atención o le interesaban, incluso cuando estaba cabreada. Todo era parte del espectáculo, de hacerse meritoria del respeto que su apellido infundaba y que sus acciones precedían.

Tocar el único nervio sensible de Angie no era tarea fácil, aunque, atontada como estaba, seguramente se lo había puesto demasiado sencillo a aquella otra cazadora.

— Hablas demasiado.

Una sola aseveración, tan mordaz y cargada de veneno como dos palabras podían estar. Sus labios formaban una línea tensa y apretada, trabada la mandíbula y los ojos fijos en un vacío que no existía. La cabeza ardiendo y palpitando como si estuviese a punto de estallar. Guardó un silencio que pudo ser eterno, tangible inclusive hasta traspasar el punto de la incomodidad.

Los ojos más oscuros que el cielo de medianoche se fijaron rapaces en Adara, contemplándola como si fuese un ratoncito acorralado a merced de un predador.

— Nunca vuelvas a mencionarlo.

En el mismo tono monocorde y bajo iba implícita una amenaza que no fue pronunciada, sin esfuerzo alguno empleado por ocultar el dolor. Cada sílaba le desgarraba el alma, hacía que ardiera como mil demonios su runa de la memoria y borraba de ella la razón.

— No sé quién coño eres, Adara Carstairs—formuló, con auténtica incredulidad— Tus palabras parecen sacadas de un libro, todo lo que haces me rechina en los oídos como ensayado y de veras te digo que el único momento en el que quitaste esa jodida cara de tonta es cuando escuchaste el segundo apellido de mi familia.

Un ataque de tos la previno e hizo que cerrase la puta boca, no muy a tiempo para callar palabras que sabía hirientes pero que eran, en efecto, sinceras. No era el modo más sensato y considerado de agradecer a quién acababa de salvarle la vida, pero aturdida como estaba y herida por el recuerdo a penas y podía pensar.

— Reconozco que no te conozco, que no sé una mierda de ti. Así que ni te juzgo ni me importas. Extiéndeme la misma puta cortesía.

Y cerrando los ojos con fuerza se tumbó en la cama. No podría verla sin romperse, no cuando el parecido era tan terrible y no cuando probablemente habría suscitado su odio o la habría hecho llorar.
Vete. Pensó, forzándose a creer que es lo que ansiaba en verdad. Vete y nunca me vuelvas a hablar.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Miér Mar 13, 2013 5:27 pm

Rió amargamente en su interior. La misma Angelique le había advertido que se mantuviera en el lugar bajo su propio riesgo. Ella se había quedado, las consecuencias eran su culpa. No debía entrometerse en la vida de una desconocida, menos de la forma en que lo hizo. Los problemas eran de cada quién. Acaba de aprender algo nuevo y de la forma dura.

La nephilim habló con dureza, su mirada en ella con el toque exacto de desdén para provocar que quisiera largarse de allí sin importarle el bienestar de la otra. Se mantuvo firme, la mirada en alto fingiendo desinterés. Había aprendido desde pequeña, que la gente débil nunca conseguía lo que quería. Angelique quería que ella se marchara, que se fuera corriendo como una niña asustada y ella no planeaba darle el gusto de verlo.

Tenía un nudo que impedía sus palabras, tragó como si un cuchillo serafín rasgara su garganta y levantó la mirada. Los ojos fijos en la otra sin darle tregua a sus sentimientos para que afloraran. Bien, le extendería la misma puta cortesía.

—Bien. No te conozco, no me conoces. Me importa una mierda si compartimos el apellido, tú y yo no nos parecemos en nada.

Su voz sonó firme, completamente carente de sentimientos. Demostrar cualquier sentimiento era un error, por más pequeño que fuera, un sentimiento siempre con llevaba a otro. El amor a los celos, así como la rabia al desprecio y el odio al dolor. Una simple expresión podía convertir las cosas de tu favor, en tu contra.

Nunca en su vida se había fiado de las personas, menos cuando acababa de conocerlas, y era la mejor cosa que podía hacer. Miles de veces se tragó las palabras que quería decir, se tragó sus pensamientos. Su mente era como un blanco. Las palabras volaban directamente hacia ella, golpeándola una y otra vez, y a pesar de eso de mantenía en su lugar. Sin chistar ni quejarse. Como si nada pudiera afectarla. Y aunque la hirieran, aunque cada pequeña cosa hubiera quebrado profunda y permanentemente una parte de ella, no dejaría que los demás lo vieran. Guardaba el orgullo de su raza, y el suyo propio.

—Eres sincera, una cualidad estupenda. Hagamos gala de eso y no juguemos a la familia feliz. ¿Primas lejanas? —
negó con la cabeza—. Yo no tengo familia.

Su lado amargo, uno desconocido, que inconscientemente se ocultaba para el resto, saliendo ligeramente a flote. Durante unos minutos, pero unos minutos reconfortantes. Un momento de estar vacía. Sin corazón, sin mente. Sólo acompañada por su ímpetu. Era como estar muerta. Un pequeño minuto para ser otra persona.

—Ya debe faltar poco para el amanecer. Algunos estarán en pie antes. ¿Hay alguien que... —se mordió la lengua, reprimiendo las palabras que iba decir y reemplazándolas por unas más simples— ¿Alguien a quién quieras que llame?

Resultaba casi cómico. A punto estuvo de lanzar una frase de lo más descortés, sin embargo cuando iba a pronunciar las palabras, volvió en sí. Volvía a tener su mente compleja. Volvía a vivir.

Se quedo allí, cumpliendo con su palabra. Si de paso su presencia le molestaba a la Cazadora, mejor.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Mar 15, 2013 7:11 pm

La sonrisa de Angelique devenía amarga, sus ojos café opacados y la piel pálida por la pérdida de sangre. ¿Era algo de eso una excusa justificable? ¿Era su propio dolor o sus propios problemas una justificación válida para escupirle ácido en la cara a la pobre Adara? Incorporándose aún a pesar del dolor que le retorcía las entrañas y aferrándose con todo lo que tenía a las blancas sábanas se obligó a sí misma a tragar. Claro que no era justo. Las cosas jamás habían sido justas para empezar y se hubiera probado a sí misma como una imbécil y una ciega si a estas alturas seguía creyendo en algo tan utópico como la justicia.

Al final eran puras palabrerías. Angelique no decía tener la verdad absoluta del universo, estaría más loca que una cabra si así lo creyera. Pero había que darle puntos por su perseverancia y su terquedad, pues una vez que una idea o un propósito se le metía en la cabeza era imposible hacerla retractar. En cambio, la decisión de Adara se había ido a los quintos infiernos al escucharla hablar. Tan fácil como eso, tan liviana como una pluma.

— Venga y que eres idiota...—comentó, asomándose detrás de la enmarañada melena— ¿Siempre haces lo que se te dice?

Su rostro esbozó una mueca cargada de ironía. Sin embargo su mano trémula se estiró, alejando del rostro de la muchacha las lágrimas que no habían sido derramadas, pero que ella sabía, se encontraban allí. Le recordaba tanto a su hermano que le provocaban ganas de gritar y abrazarla al mismo tiempo. Joder... Alguien allá arriba de seguro se divertía de lo lindo jugando con su vida. Suspiró mientras se alejaba e inclinaba el rostro cansado.

— Pelea por una vez.

Pelea. Pelea por quien eres, por quien quieres ser, por lo que crees y quieres de tu vida. No vivas una vida a medias conformando a los demás, no te encajones en una vida que no es la tuya. No seas como él. No dejes ir tus sueños por seguir la corriente, ni abandones la pelea antes de comenzar. Si quieres algo persíguelo. ¡No te des por vencida, maldita sea!


******

Todo eso quiso decir, todo eso reprimió haciendo acopio de su terquedad mientras clavaba las uñas en las sábanas. Se limitó a guardar un silencio sepulcral, a trabar la mandíbula y evitar fruncir el ceño.

— Largo.

Lo único que salió de sus labios, antes de perder del todo la conciencia.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Adara Carstairs. el Sáb Mar 16, 2013 9:09 pm

Incluso le pareció ver un poco de empatía en los ojos de Angelique cuando está le hablo. Ella era sin duda toda una caja de sorpresas. Paso de ser un rostro hostil, a una versión un poco amena en un parpadeo, porque aunque aún cuando le dijo que se marchara, podía ver que las palabras no estaban cargadas con odio, sino más bien cansancio mezclado con dolor.

Habría dicho algo, algo cómo preguntar el significado referente a sus palabras, si la Cazadora no hubiera caído en un sueño inconsciente. Su ceño estaba ligeramente fruncido, tratando de darle un poco de sentido a lo que recientemente había ocurrido.

—Eres un caso verdaderamente extraño, Angelique Nightshade. Y eso que he vivido toda mi vida cazando criaturas sobrenaturales.

Se acerco una vez más al estante que estaba cercano, sacó tres botellas grandes de agua bendita y las dejó en la mesita de noche que estaba a un lado de la cama en la que reposaba el cuerpo inerte de la nephilim. Mejor prevenir que curar.

Soltó un suspiro de resignación antes de abandonar la habitación. Ya casi no sentía las piernas al caminar, su cansancio era presente en el lado psicológico de su mente más que en el físico de su cuerpo. No estaba segura de a donde ir. Su habitación era la opción descartada por excelencia, dudaba encontrar la clase de refugio que necesitaba en la biblioteca, y su mente corría a una velocidad apabullante como para recordar las complejas notas de una composición musical. No dudo cuando atravesó el portal del instituto e inhalo el aire frío de la noche neoyorquina.

“Pelea por una vez”
Era un consejo útil. Un extracto de las miles de cosas no dichas reflejadas en el rostro de la Cazadora de Dragones.

Sacó su móvil, el reloj digital marcaba las 5.39 am. Metió sus manos en los bolsillos de la cazadora negra de cuero, junto con el teléfono y camino por las calles desoladas de la ciudad. Cada vez que respiraba una bruma de aire se posaba frente a sus ojos, sin embargo no tenía frío. La sangre circulaba caliente por sus venas con cada palpito del corazón. Tendría un día verdaderamente largo.

Era un ferviente creyente de que las casualidades no existían, de que cada cosa que sucedía estaba destinada a suceder, y que cada decisión que tomabas te llevaba al lugar en el que debías estar. Esa noche, descubrió que las cosas no eran así. Ahora le parecía que todo era un accidente, así como el Big Bang, una explosión que termino creando un universo completo.

Haces las cosas que haces porque es lo que quieres hacer, no porque alguien o algo así lo quiso. Siempre tienes elección y lo único que debes hacer es luchar por lo que quieres. Ese es el propósito de la vida.


Desde ese día en adelante, iba a seguir el consejo de Angelique.
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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

Mensaje por Cónsul J. Nightshade el Sáb Mar 16, 2013 9:55 pm

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Re: Revelábit praeteritum [Angelique]

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