Últimos temas
» You are with me now || Jules & Caleb Nightshade
Jue Ene 05, 2017 9:27 am por Caleb A.Nightshade

» Mundo Subterráneo (Reapertura) {Afiliación Elite} {Cambio de Botón}
Jue Oct 27, 2016 7:18 pm por Invitado

» Walk Of Fame - normal.
Sáb Oct 22, 2016 4:33 am por Invitado

» Forever is only the beginning [Normal]
Miér Oct 12, 2016 5:47 am por Invitado

» Twilight Rol Suiza - Cambio de Botón
Jue Sep 29, 2016 11:15 pm por Invitado

» || Petición de Rol ||
Miér Sep 07, 2016 11:20 am por Gareth Beckett

» Dark Paradise (af. Elite)
Mar Sep 06, 2016 1:28 pm por Invitado

» University of Southern California [Af.Elitel]
Mar Sep 06, 2016 10:53 am por Invitado

» The Worlds Collide - Afiliación Élite
Mar Ago 30, 2016 2:41 pm por Invitado

» [Af. Normal] Cazadores de Sombras RPG
Vie Ago 12, 2016 11:08 am por Invitado

»  || Ficha de Jules M. Nightshade || (En Proceso)
Sáb Ago 06, 2016 6:23 pm por Jules M. Nightshade

» The next stop is...[Kate Weatherrose]
Miér Jul 06, 2016 11:07 am por Cónsul J. Nightshade

» Un nuevo comienzo. [ Jane Youngblood]
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» Lose your mind, comienzan los problemas (priv.)
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» ||New truth|| Alexandra C. Gray & James F. Jackson
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

Afiliados Hermanos
1 de 5
Créditos
» Skin obtenido de Captain Knows Best creado por Neeve, gracias a los aportes y tutoriales de Hardrock, Glintz y Asistencia Foroactivo.
» El tablón de anuncios es una creación de Arabella23
Directorio
0 de 9
Afiliados Elite
0 de 33

Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Mar 02, 2013 4:55 pm

Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.
. . .

El viento. Un susurrante ruiseñor que canturreaba historias del pasado. Eran esas historias que nadie quería escuchar, puesto que traía con ellos los lamentos de seres fantasmales. Oh, esas agonías que estremecían a cualquiera. ¿Qué? ¿Qué había que contar? Había algo que decir, algo que escuchar y mucho más que entender. No obstante nadie, -ni el ser que caminaba con un paso elegantemente largo-, quería escuchar. Porque, ¿para qué escuchar ese verdad que no se es capaz de sopesar? Uhmm, mejor dejarla en el olvido. Dejar que el viento siguiera contando lo que recolectaba en el tiempo, con esas distancias que recorría entre naciones, entre cabellos, entre risas, entre los últimos suspiros. Sí, era mejor hacer oídos sordos y pensar en lo que en la actualidad acontecía. ¿Para qué escuchar a los ajenos cuando puedes escuchar tus propios lamentos? Que dicho sea de paso, eran los mismos que a la humanidad -y aquella que no es tan humana- acongoja a cada minuto.

"¿A qué viene ese pensar brujo?" lo que le faltaba a Bane, una mente que poseía el libre albedrío de cuestionarse a sí misma. Cada acción era aplastada bajo dudas incesantes de su propia mente. Era, sin duda, divertido, aunque a veces aburrido se sentia de ser el único capaz de responderse.

—A nada— musitó haciendo un ademán con la mano. Se le antojó divertido el hecho de ir hablando en la calle. ¿Qué pensaría la gente de ese extravagante "pero sexy" hombre que andaba gesticulando y contestando a la nada?

Se detuvo concentrándose en su apariencia. El cristal del aparador mostraba una sonrisa apenas perceptible, era tímida pero con un toque sensual y burlón, allí, donde se curvaba con discresión. Su apariencia un espectro encantador. Un pantalón oscuro de una tela peculiar, colgados de su estrecha cintura, muy bajos que dejaban entrever una plana hilera de piel bronceada entre la cinturilla y la playera gris estrecha, era una exquisitez con un bordado púrpura como costura. Su bufanda azul eléctrico que para ser sinceros no supo el motivo por el cual lo usó esa noche en que la combinación no era la adecuada. "Simplemente me gusto ¿ok?" bufó ¿Ok? ¿Desde cuando el Gran Brujo usa esos modismos?"... "¡Calla ya!" negó y de sus lustrosos cabellos oscuros se despredieron cientos de brillos, así es, purpurina que caía y se prendía en su vestuario; cosa que no le molestaba, es más ocasionó en él una sonrisita más fluída.

Ladeó su cabeza y dedicándose un guiño se alejó del aparador, reparando en que se trataba de una tiendesilla de pastelillos. Con un encogimiento de hombros entró al lugar y compró uno de esos pastelillos que tanto gustaban a las adolescentes. No estaba acostumbrado a pagar, solo a tronar los dedos y poom cualquier cosa que deseara aparecería en sus delgados dedos. Pero vamos, esta vez, esta noche, sería un poquito diferente. "¡¿Por qué?! Sencillo, porque se le daba la gana. Con eso calló a su reprochante mente y dio un gran mordisco a su panecillo mientras continuaba con su andar calmado y gracil.

Después de una larga caminata que dejó regado un caminito de purpurina -bastante peligroso en caso de que le siguieran, cosa absurda porque a estas alturas enterado estaría- hasta que en una banca fue a tumbarse. Como si de su casa se tratase subió los pies en el reposamanos y recostó su cabeza en el contrario haciendo de sus brazos un cómodo cojín para su cabeza que descansaba mientras su mirada reparaba en la absoluta embriaguez del cielo. Penetrantes colores se encontraban surcando los cielos, puesto que el atardecer estaba en pleno apogeo. Tuvo que entrecerrar sus ojos de gato para no dejarse cegar por el repentino brillo en la bóveda contraria al mar ya que un haz de luz proviniente del sol trazó como tiza el perlado azul.

—Relajante, ¿no lo crees?— una sonrisa y Bane los ojos cerró.


Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Sáb Mar 02, 2013 8:12 pm

Resaca, resaca, RESACÓN. ¿Qué hora era? ¿Qué día era? ¿Qué coño hacía ella durmiendo sobre la rama de un árbol?

Blackcrow abrió desconfiada uno de sus ojos claros y el resplandor del sol de la tarde le dio tan de lleno y tan de pronto que la cegó. Gruñó como un gatito molesto y se refregó los ojos cerrados, intentado –inútilmente- recordar como carajo había ido terminado allá arriba siendo que tenía una cama más que cómoda y calentita esperándola en casa.

Su pelo rubio con mechones verdes estaba tan enmarañado como podía estarlo el cabello naturalmente lacio y recubierto por una cantidad ridícula de purpurina que le costaría media eternidad terminar de quitar. Para su alivio aún llevaba puesto el ajustado short de cuero y el top holgado, escotado y blanco con la inscripción “Slut like you” en letras fluerescentes. Joder, incluso creía llevar aún las bragas y las botas de tacón con tachuelas pero... ¿y su sujetador donde coño estaba? Frunció el ceño, abriendo los ojos una vez más, negándose a sucumbir ante el cegador efecto de la luz en sus pupilas o el punzante dolor de cabeza.

Bien, estaba decidido: Era la última vez que se bebía hasta el agua de los floreros en una de esas insulsas fiestas mundanas. ¡Pero anda! ¿Quién podía culparla? ¡Debió beberse una fuente de alcohol antes de que le hiciese algún efecto! No quedaba remedio, o les enseñaba algo a esos torpes mundis cómo preparar una buena poción con efectos instantáneos o ... ¿Esa ardilla estaba probándose su sujetador? Venga y si eso era algo nuevo.

Exasperada y demasiado aturdida para sentirse generosa, la bruja hizo un gesto con la mano y atrajo de regreso a ella la bendita pieza de lencería negra. “Nada personal, animalejo, es un Victoria’s Secret y no me apetece verte usándolo de sombrero”

Gruñona se quitó el top, se colocó el sujetador y volvió a ponerse el top. Venga, sobra decir que tenía la madre de los glamour encima, pero aún y si algún submundo curioso le daba una ojeada a sus atributos poco le importaba con aquella jodida resaca.

Volvió a tumbarse en el árbol, esta vez boca abajo, mientras meneaba la larga cola de lado a lado. Shiv no iba a fiestas. Shiv organizaba fiestas. Y el no haber organizado ninguna en toda la semana que llevaba en Nueva York la estaba volviendo loca. Las protagonistas de aquellos eventos legendarios eran sus preciosas pociones, sus elixires mezclados e intensificados por el alcohol. Poseían un sabor único que bailaba en la boca y quemaba la garganta, desatando cada una distintas puertas dentro del interior de una persona. Siobhan adoraba probar, adoraba servir sus creaciones y contemplar el vivo espectáculo de una obra donde sus efectos eran el actor estelar. En comparación, las fiestas mundanas se le antojaban insulsas y aburridas, con aquellos pobres intentos de bebidas alcohólicas que apenas le hacían caricias y encima la dejaban con resaca.

¿Y por qué no organizaba una fiesta? Vale, pues es sencillo, no deseaba toparse con Ma...
—Relajante, ¿no lo crees?—

Y así fue como la bruja perdió el equilibrio y se cayó de sopetón de la rama y justo encima de aquel tipo.

— ¡Magnus!
Siobhan A. Blackcrow
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
51

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Mar 03, 2013 4:04 pm

Sus cabellos oscuros eran acariciados por el viento que aún susurraba una vieja historia. En ella contaba un recuerdo, un pasado que le pertenecía ¿a quién? No sabía, pero que estaba arrullándole en la quietud de la noche vacía que se acercaba en vestigio de color. Las sombras poco a poco comenzaba a ganar terreno, se acrecentaban, estiraban, llenaban hasta los más reconditos lugares de Nueva York y con las sombras llegaban los demonios. No siempre apelaban el hecho de vivir entre sombras, pero la mayoría esperaban el oscurecer de la tierra para abordarla y empañar de dolor a la humanidad. Por ello, solo por eso, se agradecía la presencia de los cazadores de sombras, aunque Bane también agradecía otra cosilla de ellos, ¿a que no saben quien es? Simple, Alec Lightwood.

En su mente se desarrollaba una disputa interna que no alcanza a entender puesto que estaba poniendo especial atención al mundo de las sombras. Las escuchaba entrar en la tierra mientras el viento sollozaba temeroso. Se le hizo divertido pensar que hasta el viento tiene miedo. "¿Qué no existe una película llamada de la misma manera"? indagó en sus memorias. Sí, ya existía, bien, no sería una idea meramente suya, pero nadie había escuchado al verdadero miedo en el viento silbante de tu alrededor. De haberlo oírlo, muerto estarías o loco también. No obstante, ¿quién en este mundo no esta loco ya? Incluso Bane sabía que lo estaba y a diferencia de muchos amaba su locura excéntrica y encantadora. No podría ser de otra forma sino dejaría de ser Magnus Bane. El Gran Brujo, el tipo que hacía las mejores fiestas. El sensual hombre de mirada gatuna. El pillo que cargaba sus comentarios de picardía e ironía. El sujeto con más ropa en el closet que la misma Madonna. Ese mismo fulano que llenaba su persona de purpurina, lapiz labial, playeras cortas y pantalones ajustados. Y bueno, muchas cosas más que adoraba e idolatraba de su persona. Un narcisista total.

Poco a poco su mente viajó por senderos insospechados. Se encontró de pie frente a la fina línea que divide al mundo mortal con el de los demonios. Su padre se hallaba al otro lado, con la mirada rojiza fija en el brujo que en ese momento no era el simpático hombre que aparentaba veintitantos, sino el niño que decididamente había calcinado a su padre humano hasta las cenizas. El pequeño Bane escudriñaba las llamas que envolvían a un hombre gritando de agonía. Su mirada pasó del humano al demonio y éste le hizo una señal. Debía acercarse. Magnus solo atinó a sonreír, giró sobre sus talones y regresó a la granja, donde casualmente alguien le esperaba. Justo ese alguien que jamás le dejaría ir al encuentro de su padre demonio y que daría su vida porque nunca lo hiciera. No estaba dormido, ni mucho menos en un sueño, simplemente naufragó en sus recuerdos, aquellos que le dictaban nunca olvidarlos para tampoco olvidar quien realmente era.

Podía pasarse el día entero cual viajero en su mente. Y de hecho eso quería hacer esta noche. ¿Qué otro viaje le traería esa caotica mente suya? Ninguna otra, no por el momento, ya que en el instante en que sus memorias se preparaban para sumergirlo en algo grande, alguien, no tan grande como lo esperaba cayó encima suyo. Sus instintos gatunos se despertaron del letargo y solo le faltó hacer un irritado miauw para parecer uno. Sí que le tomó por sorpresa esa abrupta persona. Ni siquiera la había pensado en años y ahora sin anunciarse se presentaba de una manera tan... irritante.

El brujo, como era de esperarse abrió los ojos. Sus orbes estaban totalmente dilatadas perdiendo el brillante color verde. Eran como dos esferas doradas cuyos bordes retozaban en la oscuridad de un alma marchita. Se estrecharon al identificar a la mujer que despedía un aroma rancio del alcohol mezclado con alguna cháchara embriagadora.

—El mismo que calza y viste— dijo enarcando una ceja, aún se veía el recelo en su mirar pero paulatinamente adquirió ese toque sensual que solo sus orbes podían adquirir en tan galante brujo. —No lo digas mucho que en tus labios se desgasta— la sonrisa irónica saltó a su joven rostro. Sus manos se apoyaron en los hombros de Siobhan para que pudiera incorporarse. —No me digas, andabas buscando al compañero de juerga, me temo querida que te has equivocado de persona, ahora bien ¿podrías quitar ese felino cuerpesito de mi magnífica persona? Estás estropeando mi bufanda de cachemira—. Pobre Bane, no terminaba de salir de momentos de conflicto para meterse en uno entre su propia raza. "Esto está por ponerse interesante ¿no Brujillo?"





Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Johann el Lun Mar 04, 2013 11:40 am

Un presentimiento vino de pronto a mí, pude percibir la presencia de seres dentro de nuestro territorio, o al menos dentro de lo que podría considerarse nuestro, ya que se declararon algunas partes como de parcial jurisdicción, por así decirlo, eso me frustra, pero no tenemos más opción. Con elegancia mi hinqué en la tierra, junto a mí, dos caballeros más se sorprendieron por la inusitada reacción, aunque ya deberían estar acostumbrados, siempre hago cosas como ésta.

-Alguien con poder toca nuestras tierras. –murmuré con voz suave para que me escucharan. –Tal vez no sean profanos, pero no siento clara su intención. –percibí que uno de ellos poseía especial fuerza psíquica, lo que me llevó a pensar alguien poderoso. –Iré a ver. –agregué y poniéndome de nuevo en pié extendía mis alas dispuesto a llegar con velocidad.

-Espera, iremos contigo. –uno de mis fieles amigos trató de seguirme, pero de inmediato levanté mi mano derecha y se lo prohibí.

-No, no es necesario, no creo que haya conflicto. –respondí con neutralidad, no molestándome por su reacción, más bien sintiéndome halagado por su preocupación. –Desde los acuerdos hay tierras que no son completamente nuestras, entre ellas esta parte, ni siquiera tenemos que exigirles que se vayan… -miré al frente y partí con premura. –Pero quiero conocerles… -esa curiosidad jamás he podido soslayarla y ahora menos. Seguro son brujos, su psique es fuerte y sólo ellos tendrían una tan grande, a menos que… no, no lo creo.

Debido a la cercanía de Central Park es que presentí la presencia de aquellos seres, ya antes he detectado la presencia de otros seres, sobre todo porque es mi zona de protección, una zona que la reina en persona me designó y no planeo fallarle ni un poco. La noche anterior supe de una reunión de hijos de la noche, pero no me importaron sus asuntos en esos momentos, resguardar el resto de las tierras es prioridad y mientras no se acerquen a las que son completamente nuestras, no haré lío alguno.

Con lentitud salí del lago de aquella zona, mi cuerpo resintió cuando el sol lo tocó, así que corrí hasta la protección de la sombra; por suerte hay suficientes árboles como para dar cabida a pasar un buen rato en ese lugar, caminé hacia donde presentía que se encontrarían los brujos, algo de lo que a estas alturas ya estoy seguro. Oculté mis alas y avancé con lentitud, con pasos suaves y un sigilo tremendo, pocos podrían detectarme. Al fin pude escuchar sus voces, parecía un reencuentro o algo parecido, por lo que no intervine de inmediato, hasta que la voz del varón se me hizo familiar.

-Que sorpresa. –murmuré, aunque seguramente me escucharon, por lo que salí desde el lado de un árbol, mirando primero al suelo y luego a los dos seres. –Dos brujos en medio de este parque. –seguí, mostrándome por completo, mirándoles con profundidad, pero sin hostilidad, no de momento. –Bienvenidos sean a nuestras tierras. –sonreí con cordialidad, inclinándome un poco, pues supe reconocer al brujo, es Magnus Bane, un mago conocido por muchos y bastante poderoso; a la chica no la conocía, pero puede ser una adepta del primero y si algo sé, es que jamás se debe menospreciar a nadie.


OFF:
Espero no moleste que entre, aunque, técnicamente están en mi territorio… ok no xD.
Johann
avatar
Hada
Mensajes :
15

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Mar Mar 05, 2013 11:12 pm

Cada sílaba arrancada de su garganta hizo eco en la mente apesadumbrada de Siobhan. Dolía, cada letra dolía, cada simple fonema que completaba la palabra. La palabra... el nombre... Magnus. Quería a Magnus ¿No era así? ¿Acaso no lo quería? Y la misma muchacha rubia que supo ser tiempo atrás le sonrió y lo abrazó, cubriéndolo con besos, perdiéndose en sus brazos. Un recuerdo, nada más que un fugaz y resplandeciente recuerdo. El cabello claro sujeto en un moño elegante, el vestido floreado ceñido a la cintura, largo hasta las pantorrillas, los labios rojos, los ojos claros, el espectro de la bruja en lo que habían sido hacía poco más de sesenta años. Y aquella Shiv lo quería, de veras que lo quería... Había sido él quien le estrujase el corazón, él quien la traicionara.

La furia reemplazó al dolor, como siempre lo hacía. No un simple enojo mortal, caprichoso y pasajero, sino una cólera genuina e incendiaria que bullía en su sangre demoníaca. Apenas era Blackcrow consciente de lo voluble de su personalidad, de lo inestable e impredecible que se volvía una vez su juicio se había desvanecido. ¿Locura? Clara y plena ¿Acaso a alguien le importaba a estas alturas?

De un zarpazo lo alejó, asqueada por el mero toque de las manos sobre sus hombros, reaccionando como lo haría cualquier felino a la más mínima señal de amenaza. Cinco finas líneas rojas sobre el rostro del antiguo amante y la endemoniada bufanda de cachemira arrebatada de un tirón. Oh, si, la chica tenía su carácter. Y éste espécimen en particular había logrado ponerle los pelos de punta y tirar por la borda el ya escaso autocontrol.

— ¿Tu magnífica persona? — inquirió en un tono de burla tan punzante y agudo que podía irritar hasta una piedra— ¡Ja!

Y con esta última exclamación la bufanda fue consumida por la energía azul proveniente de sus dedos, sacudiéndose las manos y botándole al otro las cenizas encima. Todas las deidades sabían a estas alturas lo que le estaba costando a la hija de Lillith no intentar hacer lo mismo con aquel traidor ingrato, pero si no lo había hecho en su tiempo, tampoco lo haría en estos días.

La moral de Blackcrow distaba años luz de la aquel brujo que tenía enfrente –o debajo, mejor dicho- más allá de la apariencia estrafalaria y la angulosa y narcisista personalidad.

Ella era, en muchos sentidos, más oscura y perversa que Bane. Podía no notarse, podía pensarse que no excedía la picardía inocente o las blancas mentiritas. Sin embargo, la verdad era otra, una que no muchos conocían. El gran brujo había sido salvado a tiempo, mientras que a ella nadie pudo protegerla en sus tempranos días. El único que la había socorrido la había llevado por caminos oscuros y peligrosos, ilusionándola para luego reducirle el mundo a cenizas con su engaño.

Siobhan y la muerte eran viejas y conocidas amigas, compañeras de juergas, encargos y venganzas. El espectro distorsionado y roto de quien se hubiese convertido Magnus de no ser encontrado.

Enseguida la voz del hada llamó su atención, aturdida por la resaca, enfadada con el brujo y sorprendida por partes iguales. Aquello era nuevo. ¿Desde cuando metían las criaturas mágicas las narices en sus asuntos?

Frunció el ceño y fulminó al otro con la mirada.

Vaya y que era guapo...

Y así como se había enojado, se desenojó.
Siobhan A. Blackcrow
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
51

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Magnus Bane2 el Lun Mar 18, 2013 2:41 pm

Ella no le gustaba. Punto. Venga, que en el tiempo en que solían salir a divertirse era su persona favorita. Y claro que se habían divertido. Fiestas, bebidas, magia y... mucha más magia, pero eso terminó tan rápido como había comenzado aquella mañana de verano de tiempos tan antiguos; con sus vestiditos coloridos, ceñidos en el talle, largos y pavorosos bajo ese fino corsét. Le había encantado esa ala ancha de su sombrero que escondía los frágiles hilos dorados de sus cabellos. Sin duda había sido bastante atractivo para esas épocas, no obstante la oscuridad comenzó a surcar su felina mirada. Bane supo desde el principio que ella sería una del reino de Lilith que se hundiría en la profundidad de las tinieblas. Hubiera querido ayudarle, pero su camino estaba perdido, ella nunca escuchaba, solo quería dormirse en la diversión. Testaruda y necia, actitud que al brujo lo orilló a irse de la peor forma que pudo hacerlo...

Impertinente le pareció la actitud de la diminuta brujita. Ella estaba ¿abrazándole? Fuera de lo común su actitud y a Magnus le dio por torcer el gesto en una evidente sorpresa. Cosas más raras le pasaban hoy en día, pero nunca como el encontrar una muy vieja conocida y que sobre todo ella se mostrara tan abierta al verle. No obstante esa efusividad se esfumó. Tan drásticos eran sus cambios de humor como los del mismo brujo. Quizá eso se debiera a una característica común entre los hijos de Lilith o quizá los años te hacían ser un quisquilloso hasta con tus propios pensares. Como fuese no pudo más que elevar una ceja, cruzarse de brazos y la mostrar una encantadora sonrisa sarcástica que arrancaba destellos de su rostro felino.

Francamente, Bane no estaba para esta clase de niñerías. Esperaba más madurez emocional, aunque no podía culparla, él se mantenía enterado de las andanzas de la mayoría de los brujos y ella estaba en esa línea, para su mala fortuna. Sabía que Shiobhan no se andaba con rodeos, era una subterránea con un ingenio (y mal genio también) para eludir los problemas y mucho más para atraerlos sin salir embarrada en ellos. Ella se movía con las sombras con gran habilidad y no conforme con esa pesadez se daba el lujo de festejar sus andanzas con noches interminables de escabrosas fiestas. Sin duda, la rubia semejaba lo que Bane. Diferencia, que Bane aún no sucumbía a los placeres de la magia, no del todo.

—Ni el correr de los años te ha hecho cambiar— dijo con desdén —o, tal ves si, ¿sabes que existen distintos métodos para borrar las cicatrices de la edad?.

Bane rodó los ojos y acicaló sus cabellos. La luna ya se reflejaba en lo alto del cielo nocturno. Ya el atardecer estaba lejos desde el momento en que su felina mirada se cerró. Ese hecho le trajo la mala fortuna de que cierta bruja cayera sobre él. No, ya el destino quería unirlos. Mejor no pensar en el destino que cuando lo pensaba se enfurruñaba con él y el ciclo de "Hay que alegrar al brujo" comenzaba otra vez. Y por ahora no había nadie que quisiera alegrarle la vida, aunque bien podría pensar en un solo rostro. "Vamos, brujo, deja de pensar en el nephilim y activa tu poder sensorial que te pierdes de una segunda presencia".

Su mirada que semejaba la de un gato, un perfecto triángulo isósceles dividía sus orbes verde-doradas con exquisita sutileza, se desvió de la atención de lo que en un momento su bufanda fue. Podía sentir la presencia de algún ser. Sí, ya lo conocía, al menos en la lejanía así había sido. Era un macho hada. Del reino de la Reina Seelie. Un caballero muy atractivo, alto y de impresionante musculatura. Sinceramente atraía más la vista del brujo que una pelea de amores no correspondidos.

Su ceja se mantenía elevada y su sonrisa dejó todo sarcasmo atrás para ser sutil en esa piel joven adornada de purpurina. Ladeó su cuerpo y sus manos se escondieron en los bolsillos de un largo abrigo oscuro cual noche de invierno. Así, como sus cabellos, salvo que ahora reflejaban un dulce arcoíris gracias al brillo de aquella sustancia que vertía en ellos, fruto del aroma que ahora despedía.

—¿De verdad?— su sonrisa se ensanchó y los ojos rodó —creí que estas tierras ya a nadie pertenecían, aunque un favor me harías si a esta bruja sacaras de mi vista— soltó una risita e inmediatamente viró su mirada hacia la rubia. Ella era un grato reflejo de emociones y Bane amaba mofarse de ello. A fin de cuentas se lo debía, uno por arruinar su velada de soledad y segundo por "matar" su lujosa bufanda. "Tú sí que exageras, Bane".
Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Miér Mar 27, 2013 7:29 pm

La mujer pasó una interesante cantidad de tiempo inmóvil, cavilando sobre asuntos cruciales que acabaron por acaparar su escasa atención. Al que dedicó más devoción y esfuerzo, sin lugar a dudas, fue al el más burdo y simple pensamiento. Sin embargo, logró desentrañar gracias a él sus innatas habilidades imaginativas y su conocimiento vasto de la anatomía masculina. En otros términos, se distrajo imaginándolo en pelotas. ¿Podía culpársela?

Con una mano en el corazón y jurando por los bigotes que no tenía, había que admitir que nunca se había enrollado con un miembro de la corte. Si con otras hadas un poco más enrevesadas y con menos sentido estético. Con una sonrisa zalamera en los labios podía recalcar a más de un espécimen extraño que había ido a parar en sus redes y las curiosas peculiaridades que de ellos había aprendido. Por ejemplo ¿Sabía usted que las criaturas mágicas tienen fetiches de lo más curiosos y extraños? Se suponía y esperaba no abandonaran la confidencialidad de la alcoba. Algunos incluían indumentaria doméstica y otros la habían prevenido de volver a ver con los mismos ojos al tipo de la verdulería. Con todo y eso, a una inmortal que había visto tanto “mundo” como ella, ni siquiera el hada más jodidamente buena podía mantenerla entretenida. Despidió a su lasciva imaginación en lo que dura un parpadeo y tiró el enmarañado pelo rubio hacia atrás de un manotazo.

— Hmpf. Hablas como si quisiera permanecer tan solo un segundo más en tu presencia. —gruñó—Es tu irritante timbre de voz el que me ha interrumpido la siesta.

Diosa... el mundo todavía le daba vueltas y Magnus se le antojaba de pronto demasiado colorido y brillante. Solo mirarlo le provocaba una jaqueca, ni que hablar de contenidas arcadas. Estaba tan rematada de cansancio que ni le apetecía discutir o convertirlo en una versión azulada de la antorcha humana, más por ahorrarse otra visión cegadora que por otra cosa. Incorporándose y distanciándose con la agilidad de un felino con resaca, Blackcrow suspiró y se dispuso a marcharse sin desperdiciar su valioso tiempo en despedidas.

A los dos pasos cambió de parecer.

— No te odiaba. Ya sabes, antes de que me pusieras los cuernos y aquella pocilga a la que llamabas casa se convirtiera en una pila de cenizas. No decido si te odio ahora aún y después de eso. —comentó, con una sonrisa entretenida que se extendía hasta la claridad de sus ojos azules— Probablemente si te odiara ya flotarías por el Atlántico

Hincándose de hombros como quien le resta importancia al asunto la menuda mujer se llevó ambas manos a la cintura, la cola gatuna ondeando como una bandera y la actitud de a quien matar le importa poco menos que un rábano. Probablemente fuera así. Tonteaba con su propia inmortalidad y la de otras personas porque podía hacerlo y también porque sus impulsos a ello la llevaban. Sin embargo, por muy colérica que fuese, jamás había intentado seriamente de matar a Magnus. Y no, aquella ocasión con el destornillador no cuenta.

— No importa mucho. Después de todo, ya serás tú quien acuda a mí en busca de respuestas—añadió con una tonalidad divertida y picarezca, soltando una leve risotada— Ah, y yo que tu buscaría un paragüas, está por llover.

Dandole la espalda se alejo la bruja a grandes zancadas, dejando a ambos hombres solos bajo un cielo abierto y oscuro, despejado por completo.
Siobhan A. Blackcrow
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
51

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Johann el Vie Abr 05, 2013 3:47 pm

Pude percibir luego de mis palabras la tensión en el ambiente, ambos parecían estar discutiendo y si es así, entonces llegué en el preciso momento, la mujer tenía un rostro contrito, casi como si estuviera al punto de las lágrimas o tal vez gritar de cólera, como fuera, el brujo no parecía tan preocupado por ello, siempre habitual en él o al menos eso puedo afirmar por lo que he escuchado. Sonreír de lado ante la mirada adusta y fiera de la chica, no comportándome de la misma forma, pero si mirándola con profunda despreocupación, esperando enfurecerla aún más.

De pronto el rostro de la chica volvió a cambiar, esta vez fue más suave lo que le provocó cierta satisfacción, al parecer, y como muchos, su belleza hizo mella en la voluntad de la bruja, lo que probablemente demuestra un tanto de inexperiencia. Lo que en verdad me fascinó fue la actitud de Magnus, con un porte elegante y unas palabras seductoras que harían ceder a cualquier, no a mí por supuesto.

-No pertenecen a nadie, estás en lo cierto, pero fueron nuestras una vez. –alegué con naturalidad y encanto, me sentía un poco más vivaz al estar en contacto con la naturaleza y eso me puso displicente. Continuaría con mis alegatos y sobre la propuesta de desaparecer a la bruja del lugar, pero no tuve tiempo de hacerlo, a pesar de que pasaron por mi mente algunas ideas malévolas, unas que asustarían hasta al más valiente mundano, si es que existían todavía.

Fue ella, la bruja, quien con claros signos de exasperación salió de ahí con zancadas raudas y fuertes, incluso pude percibir la molestia de mi amada tierra al sentir semejantes tirones. Obvio que ninguna otra raza sentiría algo así, son ciegos y sordos a los reclamos de la naturaleza. Ladeé un poco la cabeza observando cómo se alejaba la bruja, pronto, mi atención volvió totalmente a Bane, logrando sentirme aliviado de estar en distinguida presencia.

-Es la primera vez que muestro semejantes poderes. –empecé a decir. –Ni siquiera tuve que mover un dedo para hacer que desapareciera. –solté una sonrisa, pero no una de cordialidad o sencillez, más bien de placer, como si la sola ruina y enfado de los demás fuera suficiente para alegrarme, lo que es verdad en todo momento. –Ver a un brujo como tú en estos lugares me hace pensar en muchas cosas, sospechas. –empecé a moverme, no en dirección al ser, más bien rodeándolo.

-¿Crees que deba sospechar, sentir que planeas algo contra nosotros… o que tal vez buscas algo en nuestras tierras, algún artefacto mágico? –mis movimientos fueron ágiles, pero lentos; sutiles y suaves, como cuando intento seducir a un mundano, lo que claro, ya habría funcionado si Magnus fuera uno de ellos. –Aunque todo en la naturaleza es mágico y se sostiene gracias a nosotros. –agregó. – ¿Qué necesitas Magnus, dímelo, tal vez pueda ayudarte? –la pregunta fue clara y mi intención también, siempre que pueda obtener información, nada como mostrarme agradable y generoso, es siempre una de mis mejores armas.
Johann
avatar
Hada
Mensajes :
15

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Abr 06, 2013 5:14 pm

Música en el fondo. Casi estaba seguro de escuchar la música de las hadas reverberando de las profundidades de la tierra. Quizá no fuera del todo cierto. Solo era ese toque celestial que les acompañaba. Justo como el hombre que ahora miraba. ¿Acaso era él que las dulces melodía traía consigo, con su sangre, con su esencia? ¿O es que Bane estaba fantaseando con la vida, una vez más? No lograba encontrar destino más cruel el que se disponía frente a sus ojos, colmado de recuerdos, de entrañables parajes. Veía al macho hada y no podía alejar aquellos años de plenitud emocional y veía a la bruja que bajo las sombras caminaba e intentaba dejarla marchar sin tenderle la mano como aquella vez. Esa noche en la que nunca pensaba. Cuando vio la oscuridad en su mirada felina y ella entrando con total alegría y entrega.

Sonrió. Su sonrisa hacía resaltar los destellos luminosos en su iris. Le daban un aspecto jovial pero con la carga de los años. Algunos le llamaban sabiduría, otros, como Bane, simplemente vida.

—Qué lástima, juraría que me han dicho que tengo la voz de soprano más encantadora del submundo— suspiró con melancolía —he de admitir que me desconcierta bastante tu comentario— rió. Su risita sonó cantarina. Había sido muy genuina y es que con la bruja siempre tuvo las más genuinas emociones. Incluso, cuando de ella se burlaba. Porque era muy entretenido hacerlo, más cuando sus expresiones faciales lo incitaban a hacerlo.

”Gracias, Lilith” pensó, se iba sin tener que ser más grosero –de lo que había sido—con ella. Estaba más que agradecido de que así fuera. Odiaba estar discutiendo tonterías. El hecho de desgastarse pensando en qué ocurrencia decirle. Venga, que Bane no pensaba en las pavadas que decía, siempre las soltaba y luego se burlaba de ello. Un ser pensante. Claro que lo era. Pero a veces no bastaba con pensar, sino con ser espontáneo. Y él. Lo era. No pensaba mucho en el pasado. No gastaba su energía buscando culpables ni cerrándose en arrepentimientos ni resentimientos. Su vida, era inmortal, más no eterna. ¿Por qué vivir una inmortalidad con tantos reproches, hubieras?
Se alzó de hombros. —Muy creativo de tu parte, algunas se hubieran conformado con quemar mi ropa en el jardín, el tuyo fue más ingenioso— lamió sus labios. Para su mala fortuna allí, en esa casa que de verdad era un pocilga a comparación de la que consiguió después, estaba el único recuerdo que tenía de sus años junto a los Hermanos Silenciosos. Fue una gran tristeza, se lo merecía y por ello no la culpó. Solo rió a carcajada suelta aquel día y riendo todavía cruzó los mares para volver al nuevo mundo.

Una vez más soltó una risotada. —Querida, das demasiado créditos a tus poderes. Muchos han intentado eliminarme y heme aquí— negó y retrocedió dos pasos para alejarse de la luz de la luna que comenzaba a lastimar sus orbes gatunas. Estaban dilatadas pero ya mostraban destellos verde-dorados. —Espero con ansias ese momento. Cuando lleguen las preguntas, serás la primera en saberlo. Además no me gusta que me deban favores y tu, terroncito bastantes me debes.

Le miró marchar. Su sonrisa era una lamida de la noche en su rostro. Una delicada mueca llena de algún sentimiento del pasado. ¿Melancolía, tristeza, algarabía? Quizá, un poco de las tres. Alejarse de aquellos sentires era demasiado complicado. Más por un hombre como él. Un brujo que de joven solo tenía la cara. No por ello significaba que los sentimientos se hicieran viejos y él frígido ante ellos. Por el contrario. Sabía que el primer amor dolía más que ninguno, pero cada uno de ellos era un golpe mortal que se llevaba una parte de aquel viejo brujo. Ella se había llevado parte de la luz de su alma. No lo sabía…

La voz del hada le regresó a la realidad. Acompañó su risa, aunque era verdad. No tenía una voz de soprano y poco le interesaba. Pero el joven sí que tenía una hermosa risa. Una que contagiaba e invitaba a seguirla. Un don natural. Las hadas lo poseían. Unas más que otras y de muchas maneras diferentes. Incitaban, cada una, a diferentes acciones. Meliorn por ejemplo, hacía que te dieran ganas de correr desnudo en la primera avenida mientras te sentías como la reina de la primavera. O Jazmine, con su sola voz esperabas encontrar la libertad en bailar la danza polinesia arriba de la Torre Eiffel mientras gritas “vivan los días sin bañarte”.

—Más que seguro que su reina ha de estar totalmente complacida por tus dotes— le dedicó una mirada risueña —yo, lo estaría— se giró levemente. El cielo despejado ya comenzaba a surcarse de esponjosas nubes oscuras. La rubia tenía razón. Llovería.
Hadas. ¿Quién las entendía? Nunca sabías a qué atenerte con ellas de por medio. El joven, gallardo y cordial mostraba sus aires de suficiencia ante desgracias ajenas. Cosa que encantaba al brujo. Siempre le gustaba esa manera de pensar de aquellos seres. Retorcían la verdad y engalanaban las mentiras con verdades. Se dice que las hadas no pueden mentir. Pero qué astutas criaturas. Creen demasiado en algo que lo consideran verdad y luego te la venden como una verdadera certeza. Astucia, ligereza y encanto. Lo tenían todo y lo perdían todo en cada momento. ¿Quién podría amar una verdad traicionera y lastimera? Complicado.

Le siguió con la mirada. Ladeó el rostro mirando aquellos fluidos movimientos que denotaban sensualidad. Como si coqueteara con la naturaleza. Bane se preguntaba cómo podía soportar el atropellamiento de su hábitat. Era cruel.

—¿Cómo yo?— enarcó una ceja estilizada —¿a qué te refieres con un brujo como yo?— negó sonriendo.

Elevó las manos y acomodó el cuello de su camisa. Le era extraño no traer el adorno que esa misma tarde había elegido como decorativo perfecto además de su llamativo color. Continuaba siguiendo su caminar. ¿Un cortejo? No, no había nada de ello. Al menos no por ahora. ”Tampoco después, Bane” delineó sus labios con su dedo índice. El color de su lápiz labial permaneció inmutable en aquellos dulces pétalos sellados que con una sensual sonrisa se curvaron desatando así la curiosidad, picardía y temeridad de su persona en una mirada.

—¿Qué busco?— musitó. Ladeó su cuerpo y miró más allá del joven hada. Seguramente había sido atraído aquí. Porqué, era la pregunta. ¿Acaso tenía algo que fuera de interés para él? ¿Algo que todos estaban buscando? Pero, ¿Quiénes eran todos y qué era lo que buscaban? Las respuestas eran. Nadie y nada se buscaba, aún. ”Piensa, Bane, ¿qué estas buscando?” de pronto se sintió enfermo. Le fastidiaba no saber. ”Exacto” pensó ”conocimiento, información. Eso siempre hacía falta. Muy bien, ¿qué clase de información?”

Deslizó su índice por su barbilla como si estuviera pensando. Una risita se abrió paso en su garganta que resultó ser como un ronroneo. —¿Por qué crees que deberías sospechar?— suspiró —después de todo, éstas no son tus tierras— miró al hombre. Su actitud atraía subconscientemente al brujo. Quizá era esa parte demoniaca que ambos compartían o tal ves simplemente una atadura física, terrenal. Simpatía.

—Imagino que no te importa que me siente ¿verdad?— murmuró en voz más baja de lo normal. Dio un paso al frente. El macho hada parecía estar justo en el lugar indicado. —Busco lo mismo que tu— continuó con el mismo tono bajo de voz. Se inclinó hacia él. —Ahora bien, yo te pregunto, ¿qué es lo que buscas?— olía bien. A flores silvestres. Dulce. Ojalá tuviera una de sus bebidas. Le encantaban siempre y cuando no tuvieran almendras. Odiaba las almendras. ”¿Por qué estas pensando en almendras, Magnus?” sonrió dejando ver sus diminutos colmillos felinos ”distracción”

Después de estar peligrosamente cerca del hada, Bane le rodeó y fue a tomar su lugar, en la banquilla. Cruzó sus pies, por los tobillos y sus brazos descansaron sobre su regazo. —¿Por qué un— ”¿sensual? ¿sexy? ¿encantador?” —.., interesante caballero hada hace ese tipo de preguntas? ¿Acaso no todos buscamos algo en nuestras vidas? Algunos buscamos sin saber qué, y me temo que tú ya sabes qué es lo que busco aunque yo aún no lo sepa— de sus dedos, pequeñas chispas azules comenzaron a revolotear. —Tienes una gran ventaja aquí. Más bien, dos.— sonrió una vez iluminando su mirada —sabes quién soy y qué busco o al menos que busco algo— frunció ligeramente la nariz como un gatito enojado —pero yo no sé quién eres tu ni qué buscas. Y no me salgas con que eres de la corte de Seelie, que eso claro está— rió con gentileza —y bien mi joven amigo, ¿vas a presentarte?— cansado estaba ya de todo esto. De ser siempre él quien caía en redes escabrosas y difíciles de coartar. Quien moría en manos de un mortal –o inmortal, no de manera terrenal sino espiritual— ¿ese era su destino? ¿No podía ser él quien…? ”Decisiones, brujo, no las tomes a la ligera…”
Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Johann el Jue Abr 11, 2013 11:44 am

Ese brujo sin duda empezó a causarme mucha gracia, su manera tan fría y calculadora dio a entender su pensamiento dubitativo y siempre perspicaz, una cualidad muy propia de un ser como él, aunque ciertamente aumentada por los años y la cantidad de poder que sobre él se siente, puedo percibirlo a muchos kilómetros de distancia, su magia es como una lámpara en medio de la oscuridad, aunque claro, esa oscuridad siempre es propia de todos los subterráneos, es nuestra naturaleza y una muy divertida.

-El sospechosismo es habitual estos días, ya no existe el honor, no como en tiempos de antaño. –tuve el atrevimiento de poner las manos en los hombros del brujo, no como amenaza, sino por mera satisfacción, tener tan cerca a alguien tan poderoso es un verdadero placer. –Y te equivocas Gran Brujo… estas tierras siguen siendo de nosotros aunque la Clave diga lo contrario, nuestra comunión con la naturaleza es algo que jamás romperán, ni siquiera los más grandes subterfugios.- respondí con cautela y diversión.

Observé por unos momentos la nuca del hombre, tan seductora a ojos humanos, pero tan simple como la de cualquiera, su apariencia después de todo es casi idéntica a la de cualquier mundano, excepto claro que puedo ver su verdadera cara con inherente facilidad. –No, no, adelante, puedes sentarte si eso es lo que quieres. –sentarse no es algo que sea muy típico de un hada, mucho menos de un caballero que prácticamente está siempre en movimiento, como un mundano hiperactivo. Observé con detenimiento sus movimientos, es exquisito al saberse un ser de grandes poderes.

-No busco nada en particular, sólo atiendo al llamado de la magia. –respondí sin miramientos, observando su posición, una poco habitual a decir verdad. –Percibí que alguien rondaba por aquí, cerca de una de las entradas a nuestros reino. –la sinceridad es natural en las hadas y ese brujo lo sabe perfectamente, lo que me lleva a contestar con mayor cautela. –Aunque me sorprendió encontrar a dos brujos, no es común, mucho menos en lugares como éste. –extendí los brazos, disfrutando de la naturaleza. -¿Para qué se reunirían si no para conspirar? –sonreí con cinismo, tratando de provocar algún desliz en el brujo.

La manera en que respondió a mis preguntas fue la más sabia que podía esperar, eso me provocó verdadera inquietud, la mente del mago es verdaderamente complicada, quizá sólo para mí amada reina.
Soy un caballero preguntón. –alegué con tranquilidad. –No creí que fueras tan directo brujo. –llegué hasta la baquilla y le miré de frente, aunque hacia abajo por estatura de ese objeto mundano. –Pero ahora que sé lo que buscas, entonces no nos andemos con rodeos, tal vez pueda ayudarte. –sonreí con dulzura. –Siempre he tenido especial debilidad por lo brujos. –agregué, mostrando con aparente credulidad.

-¿Quieres saber mi nombre? –aquello no me sorprendió. –Supongo que quieres conocer a quien puede serte de utilidad. –mostré entonces mi alas y las removí lo suficiente para elevarme en el aire y luego colocarme en la misma posición que él, pero levitando. Fue normal que de pronto me iluminara un poco más y además aparecieran colores más diversos y difusos conforme se alejaban de mí. –Johann es mi nombre y sí, soy un fiel caballero de mi reina. –llevé mis manos a la barbilla y le miré con ojos risueños. -¿Es todo lo que quieres de mí? –pregunté, tan seductor como al principio.
Johann
avatar
Hada
Mensajes :
15

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Magnus Bane2 el Vie Abr 19, 2013 10:07 pm

El brujo mantuvo la mirada en la hada. Se veía tan joven y lleno de plenitud en una vida colmada de felicidad. ¿Será que ellos siempre se rodean de momentos felices? ¿Acaso pasarían lo mismo que los subterráneos como Bane? No, sin duda las emociones de los seres mitad ángeles eran bastante raros. Menos compasivos más ortodoxos y muy simpáticos. Estaba convencido que de las criaturas menos sentimentalistas eran, las hadas. No las culpaba, se volvía un tanto frías a las circunstancias. ¿Se debería a su estado pacífico alejado del mundo real? Iba mucho más que una actitud. Lo sabía y se sentía totalmente embelasamado con las circunstancias actuales.

Una ceja intrigada se elevó con elegancia. Sabias palabras aquellas. Al brujo le sobraba la ingenuidad. Aún creía que todos estaba regidos bajo el viejo mundo de la cortesía y honor. Con un juramento que valía más que las palabras mismas expresadas en voz alta. Estaba errando al pensar así y cada vez más se sorprendía de su gesto ingenuo. Y ahora se sorprendía de tal atrevimiento, no es que no le gustara, al contrario le hizo esbozar una risueña sonrisa mientras soltaba un suspiro. Realizó un gesto melodramático en un puchero bastante gatuno. Sus orbes oro-verdosas se estrecharon dejando un triángulo perfecto un tono más oscuro de lo normal, quizá, la oscuridad. Admiró su reflejo en las pupilas del joven y amo lo que vió. "Qué vanidoso Bane, vanidoso y egocéntrico" No había nada que no amara de su persona, salvo, una cosilla. Su vulnerabilidad en el amor. Un Heróndale le había dicho una vez "A ti te gustan las cosas rotas". Will tuvo razón.

—El honor nunca ha existido mi joven amigo, más bien el fingir bien es lo que nos tenía conmovidos— sonrió dejando relucir un diminuto colmillo. Sintió el mover de la naturaleza con aquel toque. Percibió, incluso, la magia fluyendo por ambos cuerpos. Sus manos fuertes afianzadas sobre sus delgados hombros. Sentía el pulso, la sangre correr, esa sangre que traía lo de ambos mundos. Eran una sensación brumosa, y encantadoramente sensual. Podía ver cada delicado rasgo de su muy joven rostro. Su nariz recta, mejillas rosadas y altos pómulos; mirada risueña y sutil, labios carnosos, rosas y el perfume que hipnoti… "Bane, aquí, deja de distraerte". —Y aún en la muerte sirven a la naturaleza. Veo que tienes muy esclarecidos tus propósitos, aunque de igual forma si me quejo ante La Clave por echarme de tus supuestas tierras, me temo que te verías enmiscuído en un gran embrollo.

Sonrió. Deseaba poder estar en su casa manteniendo una conversación con menos formalismo. Jah, como si ahora gozara de formalidad. Estaba lejos de serlo, solo un poco. Casi lo trataba como a un igual y eso que ni su nombre conocía. A fin de cuentas, ambos eran subterráneos. ¿Había algo más que decir? No, Bane no hacía distinciones y le gustaba pensar en los habitantes de la Tierra como criaturas locas viviendo en un caótico lugar. Estaba, el brujo, hoy en día en lo más restringido de la humanidad. Su soledad.

Movió su pie en una clase de tic nervioso. Que no lo era. Pero sentía la magia fluir en sus dedos. Bane amaba estar jugueteando con sus dedos. Recordaba las noches, -cuando todavía no tenía a Alec-, en que jugaba con Meow. Movía los dedos dejando escapar destellos de luz. Miles de colores se escapaban de sus largos dedos. El más predominante el azul que se electrizaba con el tiempo. Se formaban figurillas. Estrellitas y burbujas. Las garritas de Presidente Meow se elevaban y daba zarpazos intentando cogerlos. El brujo sonreía mientras hizo llegar una estrella a la naricita del felino, este la miró con detenimiento, estaba a punto de atizarlo cuando Bane lo hizo explotar con un sonido estridente, haciendo que el gato saltara del susto soltando un bufido de enojo. "Bane, por milésima vez, detente." la vocecilla dentro de su mente se burló y Bane los ojos estrechó.

¿De verdad eso sería lo único que atraía al sujeto? Hadas, siempre con su habilidad de envolver las verdades en el dulce satén de la ironía. Tratos crueles traían con ellos. Catalina siempre lo decía. "No hables con las hadas, ellas siempre saben lo que buscan y te manipulan a su antojo, siempre, de mano de la verdad. Puag" El puag era lo que convencía a Bane. Eso y que el decoroso color azul de la piel de Cata no le dejaba pensar en otra cosa que en lo afortunado que era al tener una piel cobriza tan exquisita y una mirada muy encantadoramente felina.

Soltó una risita —haces bien joven hada— dijo deleitándose con su cuerpo. En el extender de sus brazos le dejó ver la dureza de sus músculos. Sus pectorales que se marcaron fornidos. Su abdomen plano y lleno de trazos delineados, y más abajo… —¿conspirar?— inquirió dubitativo. Volvió a reír quedamente y negó dejando escapar destellos de purpurina de sus negros cabellos —no podría conspirar con esa bruja ni para hacer una broma pesada a la mismísima Madonna. Es más ni siquiera para tocar un timbre y correr— se recostó en el respaldo con soltura —aunque de no haber llegado supongo que pudimos conspirar un poco, quien sabe quizá tuviera algún trabajillo para mí. Ahora bien, eres el culpable de que mi magnífica bufanda de cachemira esté hecha cenizas.

—¿Tu también?— su sonrisa se ensanchó. Curiosidad. Oh, la madre de todos los placeres. Una vez satisfecha la curiosidad, ¿qué otra cosa quedaba? —y yo no creí que las hadas me hicieran hablar tanto, en todo caso— su ceja se elevó insistente y la mueca se tornó burlona. Para ese entonces ya tenía que levantar la cabeza. El joven era alto y tenía una perspectiva muy interesante. A Bane le gustó, se entretuvo. —Pero vaya, me has sorprendido con ese argumento. Me tomaste por sorpresa y debo añadir que por un momento— sonrió con una emoción extraña revoloteando en sus labios.—Halagado me sentí.

Debía darle crédito. Era bastante creíble y casi murió con aquel comentario. Especial debilidad por los brujos. "Esa es nueva ¿no lo crees Magnus?" Elevó sus dedos y chispas azules se encontraron con el viento. "En definitiva mi amigo. De ser verdad ya me lo hubiera llevado lejos, lástima que viene de un hada, eso complica mi aceptación por cualquier palabra. Aunque…" hubiera negado pero no se vería bien negando a la nada. Desistió de hacerlo. "Aunque, Alec no aceptarán una simple traición de palabras. Yo no lo haría".

—Estas en lo correcto, me gusta saber por lo menos el nombre de aquel que me ayudará a encontrar… lo que tanto busco— pasó la lengua sobre sus dientes, dejando que se entretuviera con sus colmillos. Entrecerró los ojos y por un momento pensó en Peter Pan. Sonrió. Verlo tan desenvuelto atrae viejas memorias con el reino de las hadas. Cuando conoció a Seelie y a Meliorn. Como se mostraban cautas y recelosas. Pero él. Johann era tan espontáneo. Se llamó a sí mismo un caballero. Así que no era un simple bufón de la corte, de allí su encanto más sutil y cordial.

—Johann— murmuró perdiéndose en sus brillantes orbes. Mostraban la mentira escondida tras la entera verdad. Las hadas no mienten. Las hadas manipulan, advierten y se divierten. —Es un buen nombre para un caballero hada— dijo se inclinó hacia el frente recostando sus codos sobre las rodillas. El viento transportado por las alas despeinaba sus cabellos. Su sensual brillo arrancó destellos del mismo brujo. De esta forma, ambos, parecían todo menos humano. Sí, delataban su naturaleza subterránea. La naturaleza daba la impresión de ser absorbida por el caballero. Le daba un aspecto mágico, sensual.

—Es evidente que no— elevó la mano y retiró una hojita verde que se había logrado colar hasta el hombro del hada. —Un nombre no me dice nada, salvo que se trate de mi, entonces te diría lo que todo mundo sabe, que soy un brujo. Y de ti, bueno un fiel caballero de la reina— citó las palabras del hada con un toque siniestro y oscuro —pero, no me ayuda a encontrar lo que busco— suspiró bajó la cabeza mirando la hojita, la hizo girar entre sus dedos pulgar e índice como si fuera la cosa más interesante del mundo. No lo era. Solo le ayuda a fijar su atención en un punto. Poco a poco la hoja se llenó de electrizantes rayos azules que subieron por el sistema vegetal. Sintió un aura particular antes de que toda la hoja quedara sellada en su magia azul. —¿Sabes que busco, mi fiel caballero?— los latigazos de color continuaron devorando, comenzaban a subir por la mano de Bane hasta el puño de su abrigo y ascendiendo. —Busco respuestas, ¿qué clase de respuestas puedes darme?— levantó la cabeza con rapidez como un gato que ha sido asustado. Gotas azules caían en el pasto y empezaban a ganar terreno en la tierra —¿qué ayuda estas ofreciéndome? Dime, ¿Qué me ofreces?— sonrió.


NOTITA, LEE MI FIEL CABALLERO:
Off: Mi joven amigo. Lamento la tardanza. No sabía que ya me habías contestado. ¿Podrías hacerme el favor de mandarme un mp para avisarme? Es que no me llega notificación alguna salvo de los mp. Te lo agradecería infinitamente y si necesitas que haga lo mismo, con gusto lo hare. Saludos. ^^
Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos. || Libre

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.