Últimos temas
» You are with me now || Jules & Caleb Nightshade
Jue Ene 05, 2017 9:27 am por Caleb A.Nightshade

» Mundo Subterráneo (Reapertura) {Afiliación Elite} {Cambio de Botón}
Jue Oct 27, 2016 7:18 pm por Invitado

» Walk Of Fame - normal.
Sáb Oct 22, 2016 4:33 am por Invitado

» Forever is only the beginning [Normal]
Miér Oct 12, 2016 5:47 am por Invitado

» Twilight Rol Suiza - Cambio de Botón
Jue Sep 29, 2016 11:15 pm por Invitado

» || Petición de Rol ||
Miér Sep 07, 2016 11:20 am por Gareth Beckett

» Dark Paradise (af. Elite)
Mar Sep 06, 2016 1:28 pm por Invitado

» University of Southern California [Af.Elitel]
Mar Sep 06, 2016 10:53 am por Invitado

» The Worlds Collide - Afiliación Élite
Mar Ago 30, 2016 2:41 pm por Invitado

» [Af. Normal] Cazadores de Sombras RPG
Vie Ago 12, 2016 11:08 am por Invitado

»  || Ficha de Jules M. Nightshade || (En Proceso)
Sáb Ago 06, 2016 6:23 pm por Jules M. Nightshade

» The next stop is...[Kate Weatherrose]
Miér Jul 06, 2016 11:07 am por Cónsul J. Nightshade

» Un nuevo comienzo. [ Jane Youngblood]
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» Lose your mind, comienzan los problemas (priv.)
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

» ||New truth|| Alexandra C. Gray & James F. Jackson
Miér Jul 06, 2016 11:06 am por Cónsul J. Nightshade

Afiliados Hermanos
1 de 5
Créditos
» Skin obtenido de Captain Knows Best creado por Neeve, gracias a los aportes y tutoriales de Hardrock, Glintz y Asistencia Foroactivo.
» El tablón de anuncios es una creación de Arabella23
Directorio
0 de 9
Afiliados Elite
0 de 33

|| ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

|| ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Mar 03, 2013 11:33 am

La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse.
. . .


“Una gran estructura se alzaba impetuosa. El estilo gótico aún se alcanzaba a percibir en la vejez de sus rasgos destrozados por el tiempo. Solo vestigios de su magnificencia es lo que se podía ver en los vitrales astillados, algunos, incluso habían perdido sus delicados trazos, pero, ninguno se hallaba roto. Eran, sin duda alguna de calidad excelente. Seguramente los artesanos de ese tiempo se habían esmerado al fabricarlos, con aquellos tocados dorados de oro puro extraído de las minas más profundas que el hombre había encontrado –hasta ese momento–, que centelleaban a la luz de la luna cuales estrellas tintineantes en el vasto cielo; y los diseños representaban a la más antigua de las creencias. En el ala derecha, claramente se vislumbraban a los ángeles en batalla, unidos bajo un mismo propósito, eliminar a los demonios. A lo lejos –en el mismo vitral– un hombre observaba todo, también poseía un propósito, podía vérsele en la determinación de su mirada y la rigidez de sus hombros que denotaban su ansiedad por ir a luchar junto a los celestiales ángeles. Quizá, algún día sería un cazador de sombras o quizá siempre sería un simple mortal…,

Un vitral retumbó sonoramente, los ángeles parecían seguir librando la lucha después de tantos años. El sonido se propagó en el resto de los cristales coloridos, que mostraban la secuencia de la guerra entre el bien y el mal. Uno de ellos –el final– que declaraba la victoria a favor del…, mal. Si se creía que el bien siempre triunfa, se está tan equivocado es como decir que la luna siempre saldrá al anochecer, podría pasar que incluso la hora delatara el anochecer no es más que la llegada de un día nuevo y el sol estuviera surcando los cielos. Como sea, siguiendo la historia anterior, el vitral que constataba la victoria del mal contra el bien sufrió una grieta que corrió rápidamente a lo largo de toda la vistosa pintura. Un rugido sobresalió de entre la estructura y los vitrales volvieron a retumbar gloriosos.

Una mirada se elevó al cielo, encontrando aquella bóveda oscura llena de nubes ennegrecidas daba la impresión de que un puñado de algodón hubiera sido pasado por hollín. Espesas nubes se conglomeraron a los alrededores delatando a la lluvia que estaba por caer fuera de temporada en un frío día de invierno; después una luz amarilla trazó el cielo con rapidez y furia en un febril zigzag, podría ser él quien emitiera esos rugidos, o tal ves los rugidos habían fragmentado el manto oscuro…, improbable. Un parpadeo y miles de luces aparecieron cual fuegos pirotécnicos. Se perseguían unos a otros en una danza sinfín como víboras que trepaban, se enroscaban y continuaban con su camino, inquietas; lanzaban alaridos, ladraban y rugían en una marea de rabia. Era un espectáculo tan violento que podría pensarse que Dios ahora si estaba furioso con la humanidad, pronto extendería su dedo y eliminaría a todos fuesen ricos o pobres, pecadores o inocentes, con todos arrasaría con solo señalar.

El cielo continuó rugiendo furioso y una menuda silueta se acurrucó tiritando. Él giró la mirada y de su saco desistió. Lo colocó sobre sus estrechos hombros. La joven agradeció en silencio, recostó su cuerpo contra el de Él y mantuvo la mirada perdida en el suelo de piedras sueltas que minutos antes le amenazaron con caer. La antigua mirada regresó al cielo esperando el culminar de ese funesto espectáculo.

Duró apenas unos minutos cuando paulatinamente se fue apagando hasta reducirse a simples sollozos y uno que otro latigazo en la repentina oscuridad. Apenas la calma llegó una minúscula gota se precipitó a la tierra, una más le siguió; cayó en el dueño de aquella mirada que al cielo observaba. Él parpadeó y eliminó el agua que se derramaba cual lágrima peregrina en su tersa mejilla. Un segundo más tarde y muchas gotitas cayeron siguiendo a sus hermanas, a ellas las acompañaba una suave melodía que se unía al viento susurrante que semejaba un cuenta cuentos; por cada lugar que iba, miles de historias traía.

–Cuentan los vientos– Él murmuró en tono solemne.

Él, era un gallardo hombre de esbelta figura, hombros no tan anchos pero de aspecto atlético. Sus cabellos se ondeaban gráciles junto al viento; seguían el mismo sendero serpenteando, liberando una fragancia salvaje, casi demoniaca. Sus largas piernas estaban enfundadas en un pantalón estrecho de finas rayas blancas y una camisa de lino de una inmaculada blancura que ni la mejor lavada podría dejarla tan límpida. Cualquiera hubiera pensado que era un hombre cualquiera, con un rostro de rasgos asiáticos que poseía ciertos atributos exóticos y una piel exquisita de gran juventud; pero, lo más exótico no eran esos labios con una tensa línea que le hacían templar su estrecha mandíbula sino su extraña mirada verde cuyo borde estaba delineado con un pálido dorado; no hay nada de extraño en eso, dirán algunos, pero si pudieran verle lo entenderían, la extrañeza radicaba en que sus orbes eran divididas por un delicado triángulo isósceles del color del oro puro. En este momento, reflejaban excitación por lo que miraba, y algo más que se mantenía enterrado en su interior. Su nombre…, Magnus Bane.

–…, que hace mucho tiempo, las guerras libradas entre el “bien y el mal” eran las más majestuosas guerras y este mundo las vio llegar desde el principio de los tiempos– el agua poco los mojó antes de terminar su armonioso precipitar. Su voz se transformaba en un sonido coreado por el viento, casi, como uno mismo.

La última gota se coló traviesa y antes de tocar las piedras que había por suelo, se cristalizó. En una esquirla de hielo se convirtió. Una más le acompañó, fue atrapada por un guante azul, mismo que lo absorbió con rapidez. La doncella la miró con especial curiosidad y una sonrisa tímida pero feliz se posó en sus níveos labios. Bane alzó nuevamente su mirada gatuna y la brisa nocturna se desató desvelando con ella la venida de miles de pequeños copos de nieves. Tan distintos entre ellos, solos, en su identidad parlante, pero tan iguales, juntos en su acompañada existencia.

–…, antes de la llamada creación– continuó. La joven mujer alzó la mirada inocente, su cabello se agitó desdeñoso desde su perfecto rostro infantil. –Éste, – Una delicada partícula se quedó suspendida en su pestaña. Pudo ver su apariencia exacta; parecida a una estrellita de cinco picos, todos ellos de distintos tamaños que se ondeaban en ángulos completamente distintos, después el brujo la semejaría con la runa Iratze de los Nephilim.

Él parpadeó y se estremeció no por frío sino por el repentino recuerdo que a su mente quería reclamar como suya.

–..., era el mundo de los demonios.

Ella lo miró sin comprender y él su mirada bajó. Vislumbró la inocencia en aquellos ojos azules que le pedían protección y Bane sabía que ella poseía esa inocencia porque desconocía su pasado. Pasó su brazo sobre los hombros de la mujer sintiendo su calor como una exquisita debilidad, su lado oscuro le permitía concebir aquello como algo necesario, un deseo que consumía hasta lo más profundo de su humanidad. No podía sucumbir, no cuando se perdería completamente en el proceso. No se lo permitiría, no mientras aún le quedara un poco de su ser…, ¿humano?

–¿Y como llega Adán y Eva a esta historia, Magnus?– inquirió la joven con voz tan suave que al brujo casi lo llevó a la locura emocional.

Se resistió, le soltó y avanzó dos pasos sobre la nieve. Se cruzó de brazos regresando la mirada a la pequeña pelirroja de enormes ojos que casi podía visualizar el mar en ellos.

–No llegan, querida– alargó la mano –en realidad Adán y Eva son solo un mito, como tu y yo– tocó su mejilla haciéndola estremecer.

Estaba fría y sonrojada no solo por el frío sino también por su roce cariñoso que avergonzó incluso ese océano que tenía por ojos. Deslizó sus dedos helados hasta sus labios y ella se encogió soltando una risita, después el brujo le tendió la mano. La chica la observó mordiéndose su labio, pasó su mano por sobre la de él, le dio un tímido apretón y Bane le jaló hacia él para posar un beso puro en su frente...”

...


–Galia– murmuró Bane. Allí, frente a él un gran monumento se alzaba imponente. No era el de hacía tantos años atrás. Éste tenía un toque moderno que inquietaba a sus recuerdos. Mismos que ahora le traían a la mente a la mujer por la que hubiera regresado a los “infiernos” de ser necesario. Ella había personificado sus sueños atroces, lo había incitado a caer en las más infames acciones. Después de todo no podía esperar otra cosa de un demonio. Pero, había sido tan hermosa, tan perfecta que negarse al amor que le tenía era ir contra a lo que era. Además era un hijo de Lilith, no habría estado del todo mal su amor, ¿o si?

Si tan solo hubiera podido protegerla, si tan solo hubiera jurado amor y lealtad, si tan solo la hubiera amado menos o quizá amado más…, hubiera podido salvarla de lo detestable de su destino. Morir a manos de un mestizo que ya se proclamaba –y no solo por el mismo– el Gran Brujo. Tal ves lo más conveniente habría sido dejarla en poder de los nephilim, ellos la llevarían de regreso a su dimensión y quizá, algún día podría volver a verla. No, impensable. Ella no merecía caer en manos de los de su especie. Ir a un mundo que no conocía. Hacerse cargo de ella misma cuando siempre había dependido de él. “Y yo la abandoné”, pensó con tristeza y una repentina furia se abrió paso en su pecho.

Hasta ese momento no se había percatado que estaba de pie, frente a una iglesia abandonada. Despojada de todo lujo, sus ventanales estaban hechos añicos y la mayor parte de su estructura externa se desgajaba lentamente con el transcurso del tiempo. La gente transitaba por el lugar sin mirar siquiera lo que algún día representó a sus creencias. Nadie recordaba el símbolo de lo que ahora moría de la misma manera en que Bane lo hacía con la “no” llegada de la eternidad. El templo gemía por sus últimos años y deseaba volver a esos días cuando la gente no cabía entre sus paredes, cuando celebraban diariamente una misa extensa llena de bendiciones, cánticos y oraciones que tanto gustaban al Señor; quería regresar a ser el refugio de los desposeídos, el hogar de los feligreses, la casa de todos. Pero igual que el brujo, no podía y solo estaba varado allí envejeciendo y derrumbándose a cada minuto.

Echo un vistazo a ambos lados. Algunas personas caminaban sin nada mejor que hacer que llegar a sus hogares. Ya valía la pena ir cuando el reloj marcaba en su cálido –y desquiciante también– tic, tac. Ajustó la cinturilla de su abrigo y se encaminó a la desgarrada iglesia. Atravesó el corto atrio, dedicó una extraviada mirada a su alrededor, se agachó levantando unas tablas marcadas con un grafiti para nada impresionante y se escabulló al interior. Por dentro estaba mucho mejor, aún conservaba la frescura del mármol, la fragancia a santidad, alguna que otra pintura conmemorativa y un amplio altar que fue glorioso con impregnaciones de piedras preciosas y grabados en memoria de la última cena del hijo de Dios.

Avanzó con lentitud. Algo crujió bajo sus pies. Levantó el izquierdo y un cristal que poseía un rostro llamó su atención. Se puso en cuclillas y cogió el fragmento. Lo analizó entre sus delgados dedos de maniquí. Lo giró sin dejar de mirar ese hermoso rostro. Unos ojos azules, aguerridos a su cometido lanzaban una mirada inmortal de superioridad a quien seguramente estaba atacando. Sus labios sonrojados expresaban su concentración en el combate y sus cabellos oscuros caían despeinados a todos lados. Era Alexander Lightwood. Su Alec. Estaba dibujado perfectamente como cuando lo había visto luchar contra los demonios en Idris. La misma postura de sus hombros y la rigidez de sus rasgos que pese a lo peligroso de las circunstancias mostraba la superioridad y arrogancia característica de su familia.

Bane sonrió al recuerdo que pronto se esfumó, y se encontró con la realidad. Realmente no era Alec en aquel pedazo de lo que un día fue un vitral. Era un ángel. El mismo que había sido derrocado en la última pintura. Tenía en efecto cabello negro, pero era muy corto, sus ojos tenían un color azul demasiado pálido para ser las frías pupilas del nephilim, y sus labios no tenían ni una pizca de arrogancia ni ironía en sus rasgos. Solo era un ángel más. Chtz.

Chasqueó la lengua y se levantó saliendo del lugar. Pero conservó el trozo de vitral, mientras lo miraba detalladamente se sentó afuera de la iglesia. El peldaño era terroso y estaba dejando polvo en sus pantalones. No le importó. Se quedó así delineando cada borde, cada rasgos hasta que sintió el hielo corroyendo sus huesos, entonces, supo que alguien o algo se acercaba. No estaba de humor para soportar nada, pero por otro lado estaba tan solo en ese momento que bien le caería alguna personalidad egocéntrica junto a él, aunque al parecer solo se trataba de alguien a quien ya conocía de un tiempo atrás..

–Comenzaba a preguntarme cuando volvería a verla pequeña chamarra de sombras– levantó el rostro y una ceja perfilada y oscura se alzó con cierto encanto sensual –¿acaso debo enterarme de sus andanzas por los chismes del submundo?

Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Mar 03, 2013 1:41 pm

La nephilim había salido, necesitaba algo de libertad. Estar en el Instituto era fantástico, pero a veces necesitaba la soledad de su mano, salía de allí sin rumbo fijo ni horas. Solo caminar y dejar los pensamientos fluir, aunque la abrumaba la sensación de dirimir tantos conflictos consigo misma, sacaba valiosas reflexiones.

El nuevo abrigo, una gabardina negra era agradable, y más para aquel tiempo al que aun no se acostumbraba, el frio de Nueva York no solo era áspero sino que se hundía en la piel y calaba en los huesos. Una gruesa bufanda de lana gris protegía sus cuerdas vocales. Cuando se aburría, dejaba escapar el aire de la boca para que pareciera un dragón come fuegos, como las leyendas de oriente.

Había parado por una tienda de camino, y es que la repostería, era su punto débil. Paso en el escaparate suficiente tiempo frente al cristal con la nariz roja helada, y salió con una gran caja. No para ella sola, pensaba en un amigo que no rechazaría un regalo así. Además era una manera de pedir perdón por haberse ausentado tanto. Se sentía mal por no haber ido a verlo, pero las misiones, y sus recuperaciones no era algo que pretendiera que él viera. Posiblemente le saltaría la vena paternal, y podía secuestrarla. Si bien la idea le gustaba, irracional y osada, como él.

Quizás el destino, o la suerte arrojo sus dados y las fichas se movieron en el tablero para coincidir en el mismo lugar, al mismo tiempo. Frente a ella, el famosísimo y reputado mago de Brooklyn, el magnífico Magnus Bane. Como siempre con su aspecto habitual: embriagador, exótico y magistral serian las definiciones más exactas. Pero lo que a ella le fascinaba y siempre se quedaba embelesada mirando, eran aquellos ojos gatunos. Que conseguían desnudar a una persona y estar al tanto si mentía tan solo por su mirada.

- Lo siento papa. – bromeó esbozando una sonrisa. Con él no hacía falta mentir, no tenía que ser otra, Magnus sabia como era ella. Además la aceptaba, si bien a veces la regañara, quizás esta era una de esas ocasiones. – Tuve misiones que cumplir, y como no salí muy sana, no quería preocuparte en exceso.- bajo la mirada a los pies cual niña arrepentida. El brujo era alguien especial para ella, un hermano mayor, alguien que la escucho. No fue justo su comportamiento. – No exageres, de mi nadie habla, ¿Qué van a contar? ¿La “estirada” hace aparición y la pifia? No es buen titular…espero que eso no lo hayas oído.

Le abrazó, era de las pocas personas que deseaba abrazar, no porque fuera una “estirada británica”, sino que a veces con tocar a alguien podía inducir sus emociones al otro, por eso incumbía evitar en la medida el afecto mientras no pudiera controlar ese don. Luego estaban las personas que rompían la regla, Magnus era uno de ellos. Estaba calentita, y cómoda, le traía recuerdos de no muy lejanos y radiantes. Los pocos recuerdos felices tras las muertes de sus padres, eran de Magnus y ella.

- ¡Perdón! ¡Voy a espachurrar los dulces! Iba a ir a tu apartamento, para que me hicieras un interrogatorio de tercer grado, además compre tus favoritos.- mostró la bolsa de la tienda repostera, de aire bohemio y europeo. - ¿Qué me dices?

Adrianna tenía mucho que contarle, las misiones de nephilim. Las amistades que había creado y la gente que conocía. Por último pero no por ello menos importante todo lo sucedido con el “vampiro” era tanto lo que quería contarle que las horas se escaparían de las manos sin apenas empezar.

- Quiero que seas el primero en saberlo lo mío. –apartó la vista apesadumbrada, aun decir su nombre lastimaba, no tanto como al comienzo. Pero era doloroso.- Nadie lo sabe, y sé que me darás tu consejo. Creo que estoy perdida, y no sé qué hacer Magnus. Cavilaba que sabía sobre amor, pero me equivocaba, no entiendo nada. – le miró alejando las malas vibraciones, encontrarle era algo para celebrar no para llorar. No apetecía preocuparlo, comprendía que la cuidaba como su hermana pequeña, y posiblemente se volviera mas protector si la notaba mal. – Así que no tendrás que enterarte por los chismes de nadie, yo te lo contaré.

La nephilim se fijo en lo que el brujo sostenía y guardo silencio, un ángel de cabellos negros, para Magnus solo había una persona que coincidía en esa descripción, eran felices y eso era más que suficiente para apoyarlo. Pero las emociones no eran así, no las que estaban próximas al brujo.

- Magnus, sabes que soy empática desde hace años ¿os ocurre algo? – preguntó con gran seriedad. Ella también debía cuidarlo, no por saldar deudas, era prácticamente su familia, y no podía evitar el esperanza de ayudarlo. Incluso cuando se volvía tan cabezota que él solo trataba de solucionarlo, por suerte era una testaruda redomada, y solía ganar esos duelos. – Comamos unos dulces, mientras hablamos. Así me pones al día de tus hazañas. – se alegró por los dos, estar deprimidos no solucionaba mucho, aunque fuera imposible negarlo, pero se comprometía a sonreír y Magnus tenía una expresión que enamoraba a todos los seres vivos.
Adrianna Birdwhistle
avatar
Mensajes :
553

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Mar 03, 2013 2:57 pm

“Shh” murmuró a su interior. Un ser distante moraba dentro de sí y no se contentaba con solo pasearse entre los caminos sinuosos de su alma absurdamente intranquila sino que además se burlaba emitiendo una risa insinuante, pastosa e intrigantemente cruel. Le pedía salir entre risillas mientras agitaba los otros seres reptantes de su funesta alma que vendida al mejor postor ya estaba dada. Algo se escurrió entre sus emociones, que un escalofrío le causó. Eran esas criaturas la que en paz no le dejaban vivir. Aunque hoy en día parecían encaprichadas con su destino y descansaban silenciosas. A Bane se le ocurrió que dentro de las probabilidades estaba que dormían en un letargo por el cansancio de los siglos caminados. No obstante, se daba cuenta de que la lógica no actuaba en tal pensamiento, puesto que ahora los sentía igual de poderosos. Se habían –creyó– despertado al fin. Ahora le causaban sensaciones extrañas que las pensó perdidas desde hacía años. Pero, volvían a estar allí, tan a gusto con él como siempre. Enlazadas en un destino. “Patrañas”, el destino nada tenía que ver con Bane, desde antes sabía que éste distaba mucho de la realidad. Tallado en piedra. ¿Quién podía asegurar que no era así, que el destino ya está tan trazado que incluso lo que piensas que es ir en contra de, es en realidad parte de el mismo?

Un bostezo. Un ser que se desperezaba con ruiditos agudos que retumbaban en sus oídos. Le fastidió. Pero, lo mantuvo tranquilo mientras a su mente las imágenes se agolpaban cuales proyecciones de películas antiguas. Una tras otra con una secuencia no tan comprensible para el brujo. En primer lugar apareciendo un nephilim que hacía mucho no pensaba. El chico Herondale le observaba con ojos torturados. Su fatal triángulo amoroso lo mantenía así siempre que le visitaba en la casa que en ese entonces “compartía” con Camille. Una sonrisa se abrió paso en su interior al recordar la vez que un beso le robó en frente de la vampira para darle, ¿qué? ¿Celos? Que absurdo se sintió aquella ocasión. No, momento, él no sonreía, era ese otro ser que acababa de despertar quien sonreía a sus hermanos. Después el rostro de la vampira que le abandonó, con esa sonrisa exquisita que arrancaba destellos de sus perfectos dientes a la luz de la luna. El brujo ya no pudo sonreír porque jamás perdonaría aquel abandono cruel. Sin embargo, el ser sí que sonrió lamiendo sus resecos labios. Entonces una carita iluminada centelleó. Era un adolescente. Más joven que la edad que Magnus aparentaba. Su mirada azul igual que un témpano de hielo en la Antártida iluminado por el arcoíris nocturno. De ese color exacto eran sus orbes, transmitían incluso, la misma frialdad. Pero algo era distinto, Bane no supo averiguar que era. Apenas su mente se acostumbraba a su recuerdo mientras giraba el cristal cuando el cabello del chico se volvía dorado y caía como tibias cascadas sobre sus hombros. Su rostro ya no era una mueca sarcástica con la ceja levantada por la curiosidad sino unos finos rasgos, una mirada tierna y su sonrisa parecía mover el viento…, la Reina Seelie que jugueteaba con sus cabellos. Ahora sí que quería sonreír pero prontamente la imagen cambió al fuego. No, el fuego solo eran los cabellos de una niña cuya risa encantaba a sus oídos y le hacía querer volver a lo que un tiempo fue. Antes de que él mismo la arrancara de su vida.

El cristal volvió a girar y los rostros pasaron con rapidez. Cuando lo detuvo, un solo rostro terminó por emerger. Era él mismo. Ladeaba ligeramente la cabeza y observaba a la nada con expresión seria cargada de una desesperación oculta y siniestra. Abrió la boca como queriendo decir algo y unos colmillos se asomaron. Cerró la boca e hizo un mohín de desprecio al tiempo que ladeaba su cabeza al otro lado. Sus cabellos soltaron purpurina apenas un movimiento y cayeron sobre su camisa oscura tiñéndola de color. “Me puso demasiada purpurina” pensó admirando los destellos en sus ropas. Fue allí donde el frío se acrecentó. Tiritó y el cristal cayó, no a consecuencia del frío sino porque en él apareció el rostro del ser que dentro de sí se removía divertido y burlón.

Frunció el ceño y la mirada levantó. Sus iris verde-doradas se posaron en una delgada silueta. La observaron con encanto y fraternidad. De pronto las palabras pronunciadas por la nephilim irrumpieron en su mente. Su aterciopelada voz se oyó con claridad en el eco de sus pensamientos. Se inclinó hacia el frente con suma lentitud perezosa y cogió el trozo de vitral que una diminuta cortada causó a su índice de donde la sangre fluyó pesarosa; instintivamente lo llevó a su boca y de una rápida lamida la sangre dejó de brotar. Su sangre tenía un toque de canela y azafrán, pero dominaba ese fulgurante sabor a secuoya recién triturada. Sumamente extraño, por algo los brujos no entraban dentro de la cadena alimenticia de los vampiros. Por desgracia…

–No te burles de niña, ya quisieras ser hija de este gran brujo, para tu mala fortuna, no lo soy– su sonrisa burlona apareció mientras limpiaba su mano en su abrigo. La nephilim hablaba bastante. No recordaba que ella tuviera esa afición por las palabras pero le vino bien comprobar que el hecho de pasar tiempo con sus "hermanos" estaba rindiendo frutos en su tímida personalidad. A Bane solo se le hizo prudente escucharla con una ceja enarcada que dotaba de un toque mucho más felino a sus brillantes orbes, mismas que se dilataron en el momento en que se percató que ella había tenido mucho más problemas de los que el brujo quiso admitir. Detestaba eso de los nephilim, no le buscaban a menos que fuesen sumamente necesario, igual que Alec, y ella todavía le ensartaba la misma problemática. Qué liados estaban los nephilim con sufrir.

–¿Quién no habla de las misiones de los nephilim?– hizo un gesto dramático con la mano para exponer el punto de que eran el tema de conversación favorito entre los subterráneos –¿quién no habla de las hazañas de los niños gladiadores del instituto?– su sonrisa se ensanchó con ironía y pasó a adoptar una posición elegantemente desgarbada. Su extravagancia radicaba en primer caso en su vestimenta y en segudo sus ademanes y cambios exagerados en su expresión corporal. Pero cuando actuaba de esa forma significaba una cosa, que te estaba poniendo atención y a ella claro que se la ponía, después de todo, vivir un año juntos -sin ninguna actitud romántica sino meramente amistosa- le había hecho desarrollar un aire sobreprotector con ella.

Rió y le dio unas palmadas en el hombro –ya sé, ya sé, la pequeña británica me ha extrañado, lo extraño sería no haberlo hecho– pasó una mano por sus cabellos, y la sonrisa que adornaba rostro pasó a ser un poco más afectiva –ah, pero que espantoso, no me digas que me darás tostada de panecillo, sabes que me gustan esponjositos– jugueteó, acto seguido se giró y recorrió con la mirada las ruinas de una creencia que poco a poco se perdía igual que él en el tiempo y espacio. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo y tomó una postura casual que aún con ese aspecto que quería dar que no le importaba nada en el mundo, seguía percibiéndose lo cansado que estaba en sus dilatados orbes cuyo centro adquiría las profundidades de la soledad absoluta. Un túnel desolado, abandonado y a punto de ser considerado un abismo terrenal.

–Bien, bien, vayamos a casa– volvió a mirarla pero ahora estrechando su exquisita mirada gatuna –que el interrogatorio no va a ser posible aqui, aunque debo advertirte que consideres la opción de un café poblado que sino podrías correr peligro con mis maldiciones, causa misma de lo que me he enterado y de lo que seguramente averiguaré ahora; me temo que no será nada agradable– sonrió alegremente y se dispuso a marchar no sin antes esconder la sorpresa de que ella se hubiera percatado de su estado emocional. –Digamos que cada década un brujo se deprime y esta década, es mi turno– rió y le arrebató la caja de panecillos, la olisqueó y abrió con un flamante ¡ah que encantador!, tomó uno de coqueto decorado y dio una feliz mordida disfraza en quietud y calma emocional.

Una alegre plática por parte del brujo se desarrolló en el trayecto de la iglesia a su casa. Había estado impregnada de risillas sarcásticas, ademanes tintineantes de magia en sus dedos, solo hablaba por hablar, las fiestas de sus últimos días, peleas que tuvieron lugar en su departamente, el golpe que se llevó una hada macho cuando borracho bajaba las escaleras, la reacción de Alec al ver a Magnus bañado en esa bebida pegajosa que derramaron esos odios lobos y mil y unas historias similares.

Aguardó hasta llegar a su departamente. Presidente Miauw se había ido hacía dos noches pero hoy por fin estaba de vuelta con carita aburrida. Se paseó entre las piernas de Magnus y pasó a saludar a Adrianna. –Gato traidor– murmuró y chasqueó los dedos. Un par de tazas de humeante té chai se posaron sobre la mesilla de noche. Bane se quitó su abrigo, la bufanda y pasó a tirarse encima del sofá dejando un plano abdomen reluciendo sin ombligo bajo su corta playera de malla café.

–¿Y bien?– sorbió su té y con la barbilla le indicó que se sentara en el sofá de frente a él –hay que comenzar. ¿En qué exactamente puede ayudarte este brujo que se ha convertido en psicólogo y médico de los nephilim?

Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Mar 04, 2013 9:31 am

Esa noche, la pequeña era incapaz de dormirse, y estaba cansada de mirar al techo. Se aventuró a ir al primer piso donde oía las voces de sus padres y un amigo de la familia, llamado Magnus Bane. Ella, capricho inofensivo, también quería verle. Pero a esas horas, sus padres la obligaron a dormir, opción que no le convenció y se rebeló.

Agarrada a su peluche de un gato Cheshire, y su pijama con gatos. Salió de su cuarto y fue caminando con paso firme hasta las escaleras. Mientras se agitaban a su compás las coletas que su madre le había hecho, recogiendo el cabello castaño rojizo de la niña. Ante sus padres y demás era un encanto con lo llamado “culo inquieto”, era muy curiosa, radiante. Temerosa de que bajo en la cama hubiera algún vampiro de colmillos puntiagudos. Que era capaz de estar todo el día cantando y no parar ni para dormir.

Al llegar al último escalón, fue corriendo por el pasillo del primer piso para espiar, estaban como siempre sentados en el sofá, tomando té y pastas con quien debía ser el amigo de sus padres y como siempre, sin invitarla a ella con lo que le gustaba el agua caliente con sabor a naturaleza viva en la boca.

Su madre la pelirroja Sophie Moncrieff se echo a reír por algo que dijo el brujo, su risa era melodiosa, como una caricia. Su voz pacifica y delicada era uno de sus miles de encantos. Ningún hombre jamás le quito los ojos de encima, bella hasta un nivel casi divino, consideraba una muñeca de porcelana. Pero quien osara tratarla como una damisela en apuros se encontraría a una guerrera ágil y diestra que no temía enfrentarse a lo que fuera, demostrando que se valía por sí sola. Era una cabezota idealista que trataba escapar de su antigua vida aburrida.

Su padre estaba sentado, sosteniendo la taza de té, James Birdwhistle era “el indigno” según la familia de su madre, que se llevo a su querida hija Sophie. Una dama que ya tenía pretendientes de las familias británicas importantes. Era un norteamericano orgulloso, pícaro y atrevido que la ayudo a escapar de ese mundo tan opresivo para experimentar la vida tal y como era. Era un talentoso pianista, cuyas musas durante mucho tiempo fueron sus excéntricas vivencias, la mayor musa para él fue su mujer Sophie. Carismático se ganaba el aprecio de la gente en segundos, sinceramente abierto. Se diferenciaba por un humor un tanto personal que no todos comprendían. Físicamente su aspecto declaraba porque sus éxitos amorosos, cabello castaño azabache le proporcionaba la idea de libertino, y sus ojos azules eran mares en los que se perdían en las marismas cualquiera que se atreviera a mirar. En el fondo, era cariñoso y atento a sus dos chicas que llenaban su vida. Un diestro espadachín que nunca fallaba con un complicado don desde su nacimiento, la empatía.

La joven los siguió y también trato de verle la cara al amigo. Cuando en una fracción de segundo sus miradas se cruzaron, y su mente quedo fascinada ante esos ojos, tanto que olvido porque había bajado. Los tres adultos intercambiaron miradas en su dirección.

- Adrianna, deberías estar en tu camita, cariño. –su madre apuntó antes de levantarse.
- Es la pequeña de la casa, Magnus, el tesoro de quien te hable, que debería estar durmiendo y no en pie ¿Alguna pesadilla Aria? ¿Otro vampiro bajo la cama?

Cuando su madre la tomo en brazos, estaba en lo cierto que la llevarían de vuelta, pero las lagrimas saltaron a sus ojitos, y su madre vio como la niña extendía los brazos hacia el hijo de Lilith. Vencida por la testarudez de su hija, le pregunto si podía tenerla en brazos. Reticente al comienzo el brujo acepto, y Adrianna se acomodo sentada en sus piernas, sin dejar de mirarle.

- Tus ojos son “fatabulosos” – añadió aquella cándida voz, lo que provoco la sorpresa y posterior risa de los tres.- Mi gatito Chesire no tiene unos ojos así. –le enseño el peluche, un gatito Cheshire de tela al que siempre se abrazaba.- ¿Haces magia? – el brujo sonrió felinamente y la sorprendió sin apenas tener que esforzarse, posteriormente de un rato de conversación entre adultos, Adrianna se quedo dormida en los brazos del brujo.

Era la primera vez que veía a un brujo, y la primera vez que ambos coincidieron, quizás fuera el comienzo de su relación de afectuoso cariño fraternal. Años después aun la joven seguía fascinada por los ojos del brujo, y de su forma tan particular, propia de Magnus Bane.


*******

La nephilim se quito el abrigo mientras reía, las aventuras de Magnus eran sumamente interesantes, como de un pequeño gesto podía ocurrir mil cosas que solo le ocurrirían a él. Fiestas en la que cualquier cosa era posible como ver a un vampiro liándose con un hombre lobo, o incluso una pelea de hadas. Magnus era un ente fascinante atado a la inmortalidad, algo que aunque tratara de ocultar, le herían. La eternidad era frágil, más que la propia existencia mortal.

- De nuevo volviste a superarte en tus fiestas, deberías enseñar un poco a los nephilim a divertirnos así, no nos vendría nada mal.- el vecino de Magnus los miró con mala cara tras lo que dio un sonoro portazo.- Envidioso sin duda de que tengas una vida social tan amplia. La empatía siempre proporciona excesiva información. – murmuró esperando que no los estuviera espiando, algo la decía que si.

Volver al apartamento era sentirse en casa, pocos lugares removieron esa sensación en su mente, su casa en Beijing, la coqueta casa de Alacante contigua a la de su parabatai, y el apartamento de Magnus. Eran los lugares, en los que plenamente segura conseguía expresar “estoy en casa” a modo de afirmación en su corazón.

La casa de Magnus era singular, todo consideraba tener su sello, mezclas de telas que solo el brujo lograría que encajaran. Estampados muy arriesgados, todo cuidado al milímetro, con la esencia de lo exótico aleteando en el ambiente. Y calma siempre que no hubieran fiestas de por medio.

Adrianna acarició al presidente Miau, era el hermano de Montblanc y se asemejaban mucho, inclusive en la forma de las arrugas cuando se encolerizaban. Si bien de los dos, él mayor era el Presidente Miau, y Montblanc era su fiel compañero de juegos. Siempre estaban juntos, al oír a Magnus llamarlo traidor a un gato que tanto estimaba. Ella trató, en la medida de lo posible, de relajar el ambiente.

- Debe ser que cuando salí de la ducha, vi que Montblanc estaba durmiendo sobre mis leggins, igual olfateo a su hermano y pensaría que era yo. – explicó con tranquilidad mientras dejaba el abrigo colgado en el perchero de la entrada y la bufanda. Llevaba un jersey escarlata largo de cuello grande hasta casi las rodillas adornado con un cinturón suelto, leggins negros a juego con los botines que tenían algunos adornos rojos. – Té chai, siempre sabes cómo conseguir que hable, si este es el tercer grado no quiero escapar. –se rió abriendo la caja de dulces para los dos. Acomodada en el sofá, se preparaba para la larga historia por contar.

Le puso al tanto de las misiones que tuvo: Entre ellas las más peliagudas, cuando se encontró con su parabatai, Magnus comprendía que para Aria era un golpe muy bajo. Y que aunque se hubiera apuñalado salió sana y salva. Otras sobre vampiros, en la que la provocaron en torno de más de cincuenta veces. El ataque de los demonios Raum, que la dejaron al borde de la muerte por culpa de la cantidad de veneno que los mordiscos transfirieron.

- Aun se nota la marca de sus mordiscos –se subió la manga del brazo izquierdo, sobre una runa de agilidad, había unas marcas irregulares.- ¡Ya! ¡Fui una irresponsable, no tiene excusa que me descuidara! Tienes todo el derecho de regañarme. – tomó un trozo de tiramisú de la caja y se lo comió.- Fui una tonta, ya puedes maldecirme.

Le hablo de Adara y la amistad que había forjado con ella, que era una persona con la que se complementaban, se ayudaban mutuamente, así como las relaciones de cordialidad con los demás nephilims. Pero Magnus debía saber lo que guarda en el silencio, lo que nadie comprendía, ni se murmuraría. Solo él la entendía del todo, comprendía que era lo correcto para la nephilim, es decir, ejercía de hermano mayor protector. Y confiaba en sus consejos y opiniones, ahora necesitaba ayuda en ese temblor llamado “amor

- C-conocí a alguien, un vampiro. Hace casi un mes, en Taki’s. Encajábamos. Estuvimos cenando juntos hablando, conectando psíquicamente. Pese a ser dos desconocidos, me sentí viva. Después de tanto tiempo, podía sonrojarme y reír con un extraño, fue una noche maravillosa. Fuimos al parque, escoltándome como un caballero, Magnus, creo que solo segundos pero me enamore. Era un caballero, y no hacía más que halagarme. – tomó la taza y disfrutó del sabor del té de chai en la lengua.- Me llevo en barca, y no creas que nos liamos. Era próximo pero no, nos besamos ¡Me sentí pletórica como si pudiera volar! –sus mejillas se ruborizaron adquiriendo el mismo color.- Me dijo que no confiara en él y se esfumo. Pasaron semanas y no le vi, me enteré que estaba con Camille, ayudándola. Cuando nos vimos, ni me dio explicaciones, me trato fríamente, déspota y cruel. M-me abandonó – la palabra se le atragantó al igual que las lagrimas.- No quiso saber de mi, y se fue…y encima, no paro de verlo, y no sé qué hacer. ¡Fue el primer hombre que intimo tanto conmigo! Es como si parte de mi necesitara volver a verle, pero al pensar en el me duele…no se qué hacer. Magnus. Yo no puedo competir contra Camille, ella es hermosamente malvada, y yo tengo el atractivo de una piedra. – dio otro sorbo al té tomando un trozo de bizcocho.- Es que es como si me encontrara con el doctor Jekyll y Mister Hyde y estoy confusa. –bajo la cabeza avergonzada.- eso es todo, si hay algo más que oyeras de mi, avísame, porque es lo poco que se puede mencionar de Adrianna Birdwhistle.terminó la declaración y siguió bebiendo de la taza, con la garganta seca y los ojos abrasando.
Adrianna Birdwhistle
avatar
Mensajes :
553

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Lun Mar 04, 2013 8:52 pm

Un sonido en la distancia distraía sus sentidos. Le incitaban a seguirlos, le llamaban, recitaban su extravagante nombre. Osaban a hablarle en una lengua muy antigua, perdida, maliciosa. Eran esas palabras fluídas que se perdían con el tiempo las que le recordaban día a día quien era. Ese dialecto que escalofríos causaba tan solo de saber que existían. Viejas palabras que sonaban a su alrededor, frente a él, tras su ventana, en Nueva York, incluso... sí, estaban allí, dentro de su mente. Le atemorizaba el hecho de poder entenderles, y no solo eso, sino el sentirse tentado por hacer caso de ellas. Oh, como ansiaba hacer lo que le ordenaban, ojalá pudiera salir de esa inmortalidad tan respetada por su persona misma para caer en el abismo de la perdición. Uhmm, ya saboreaba ese holocausto en el que se enfrascaría. ¡Brujería! Amaba como ese cántico se desarrollaba en su interior queriendo salir cuales aguas desbordadas de un estentóreo río. Qué cálidas eran esa emociones que se elevaban y engrandecían su espíritu, le invitaban y prometían grandes tesoros tan solo por un experimento. ¿Le había llamado a eso depresión? Jah, sí que se había mentido al imaginar ese estado de ánimo como un acto propio de los años vividos. No, eso no era un simple estado de ánimo, con tal el brujo al fin se había descubierto y hacía tiempo que se conocía a la perfección. Entonces, ¿qué era esto? Sin duda lo que muchos brujos experimentaban, el tambaleante paso hacia el lado oscuro. Oh, vamos, ¿qué no se supone que Bane ya estaba allí? En absoluto, Bane simplemente sabía como moverse en esas turbias aguas negras. Sorteaba las maldiciones, se burlaba de las lagunas de ley y no solo eso sino que después usaba aquellas lagunas para crear su propia jurisprudencia. Divertido. Encantador, pero ahora, tentador. Caminos sinuosos estaban siendo atravesados, no por Bane, sino por sus demonios devoradores de humanidad. A fin de cuentas, él era un mestizo que pese a que se aceptaba, le pesaba.

Para desgracia de estos seres carroñeros, Bane no se dejaba seducir fácilmente. Aunque, bien podría pedir una pizca de aquello que le ofrecían. Tratos de guante blanco como él los llamaba. Solo una prueba, si me gusta, –encogimiento de hombros– podría dejarme llevar y en caso de que no sea de mi agrado, me voy. El punto es que este singular hijo de Lilith siempre probaba –le gustaba si– y se marchaba para volver a probar después. ¿Seguramente se preguntarán qué era aquello que probaba? Algún día... lo sabrán.

–Bizcochito... yo siempre me supero– soltó una risita rayando lo divertida, irónica y sarcástica. Enarcó una delgada ceja al tiempo que daba un tirón a su exquisita bufanda de cachemira, al hacerlo algunos brillos se quedaron adheridos a sus elegantes manos esbeltas cuyos dedos largos mantenían las uñas crecidas de un negro azabache minuciosamente teñidas y con un manicure de lo más fino. –Ya lo creo, los nephilim son tan aburridos, aunque hay alguno que otro que es bastante divertido. Recuerdo perfectamente a cierta chica que podía perderse en las mareantes sensaciones embriagadoras de las fiestas que....– la miró de soslayo sonrió y se encogió de hombros –cierto, pero tener la información no significa que puedan manejar, he allí el motivo por el cual no lo invito a mis fiestas.

–Gracias querida, pero no necesito una falsa excusa para dejar de considerarlo un traidor– su sonrisa se ensanchó y mostró un par de delicados colmillos muy felinos que contrastaban con sus labios purpura. Aún no se desvanecía su intenso color, casi podía pasar como si el colo estuviera tatuado en sus finos labios, evidentemente no hacía falta, solo era magia; misma que una vez sorprendió a una castaña niñita carismática que desde el primer momento mostró simpatía por los felinos, en especial los gatos, de allí que tuviera de mascota a Montblack.

Un sorbo de su té le bastó para volver a ser el viajero en sus memorias. Era como subir a una vieja carroza comandada por corceles, dar un tirón y emprender el camino hacia las inhóspidas calles de su razón. Por el camino de los recuerdos, abriendo puertas a su paso y adentrándose a las placeres dolorosos que sus vivencias traían consigo. Odiaba tener que sumergirse en aquellos recuerdos, pero a veces le servían de retroalimentación. Mentiras, mentiras, mentiras. ¿Retroalimentación? Patrañas. Son solo caprichos tuyos, quieres verte en el espejo del pasado y admirar tus hazañas. Pero, nada de esto funciona si no ves primero tus catastróficos errores. Oh, Bane, sí que has metido la pata. ¿Y qué ganaste con eso? Un puñado de heridas punzantes y sangrantes que ahora te dejan caído un sorbo más y se enfrasco en una turbia discusión con su mente. ¿Quién podría ganar? Era Bane vs Bane....

Como siempre, Bane regresó a su realidad justo en el momento en que su mente procesó toda la información. Su apariencia era, por supuesto, la de un joven desgarbadamente elegante –un aspecto bastante difícil de lograr–, que miraba felinamente a la mujer frente a él con las orbes brillando doradas, unas pestañas rizadas adornando unos ojos rasgados intrigado, malhumorados y frustrados gracias a todo lo que se había perdido. En estos últimos días todos le habían hecho a un lado. Venga, no era para tanto, pero el brujo estaba exasperado y aburrido. Ojalá tuviera más acción en su vida. ¿Qué dices Bane? Tu eres quien nunca quiere tener nada que ver con odiosas batallas que podrían quebrarte una uña o despeinar tu deslumbrante cabellera, que por cierto te olvidaste de conseguir más purpurina, solo queda un frasco y esa dosis no alcanzará ni para dos días sonrió ¿podemos llegar a la conclusión de tu primer punto por favor? Comienzo a aburrirme de mi propia mente, ¿crees que eso es normal?.... ¿Desde cuando Magnus Bane, el Gran Brujo de Brooklyn entra en la definición de normal? chasqueó la lengua y se incorporó en el sofá Cariño, déjame soñar...

–Ya veo– murmuró reposando los codos sobre las rodillas con aire dubitativo. Sus ojos eran exactamente iguales a los de Presidente Miau, una rendija brillosa, inteligente y con ese toque maligno en el interior. –Una nephilim no necesita ayuda de un brujo, siempre estan los hermanos silenciosos– sonrió con una extraña emoción revoloteando en la comisura de sus labios. ¿Devoción, gratitud, afecto? Quizá un poco de todas ellas. –No seas tan dura contigo misma encanto. Los accidentes pasas. Solo tengo algo que decirte– se inclinó hacia el frente despidiendo un aura totalmente perversa –si llegase a pasarte algo y tu pequeño trasero cruza la fina línea entre la vida y la muerte, juro por toda la purpurina que traigo encima que iré hasta allá solo para darte un par de nalgadas por testaruda y tonta– sonrió alegremente y regresó a su posición inicial, totalmente tumbado en el sofá como una diva de antaño.

–Adara, sí, creo que he escuchado algo de ella. No muy sobresaliente– dijo haciendo un ademán para que prosiguiera. No era que subestimara a la nephilim, pero ya se encargaría de investigarla o en su caso... investigarla, jah.

Siguió con su mirada falta de atención. Así era Bane, casi nada lograba atraerle a simple vista, no así a su caprichosa mente, esa sí que prestaba la atención debida y su rostro solo mostraba aquella empatía y arrogancia por la vida. Se le escapó una sonrisa y un rodar de ojos que resultó sumamente extraño en sus pupilas gatunas. Lamiendo sus labios dejó escapar una risita.

–Ah, los grandes placeres de la vida siempre resultan ser los más doloros– soltó un suspiro y dejó que su mirada delineara cada frágil ruptura en el techo. Era una construcción bastante vieja, tan antigua que marcaba su estructura fuerte y aguerrida a la tierra. Estos eran la clase de edificios que incluso podían soportar una guerra mundial o subterránea o unas veinte fiestas salvajes del Gran Brujo en un mismo día, sin chistar. Le gustaba la forma de las vigas. Tan delicadamente firmes. Blancas había sido antes y ahora mostraban signos de la edad no tan propios en departamento, puesto que estos signos eran los que dejaban sus fiestas. Manchas por aquí y por allá de dudosa procedencia. Un manchón verduzco de la última celebración y que quedó gracias a la ayuda de los hijos de la luna, ah y esa purpura la guerra con el celoso de Alec que lanzó una de las pócimas del brujo, fue todo un suceso extraordinario. Difícil de olvidar. Y cómo dejar pasar esa estrella digna de preservar en el techo, era sin duda el símbolo de su autoridad, que después platicaría.

–El amor no es más que una trampa llena de clavos. Hay saber cuando escapar o..., cuando morir por él– giró su rostro hacia ella. Dos enormes pares orbes dorada-verdosas la observaban con idéntica emoción grabada. Una destacaba por su estado salvaje, inteligente y receloso, mientras que el otro par era casi palpable el entendimiento de las palabras expresadas por la niña-adolescente-mujer. Pero qué curiosa definición se burló de sí mismo y recordó exactamente lo que en ella vió desde el primer momento en que se encontraron. Era esa misma persona la que ahora estaba allí, frente a él con la mirada tortuosa, cargada de pesadumbre por un amor viajero. El que quizá sería su último amor. En los nephilim cualquier cosa podría pasarle. Además, no porque existiese un tratado, significase que estaría permitido el romance nephilim-subterráneo. ¿No te muerdes la lengua con ese amor viajero, brujo?

En ella vislumbraba la inocencia, ternura y timidez de una pequeña niña que ha crecido con el amor incondicional de aquellos a quien ama; la rebeldía, fuerza y juventud de sus años físicos que dotaban de belleza y encanto su personalidad; y, la madurez, frialdad, ímpetu, sensualidad y arrogancia que solo los años pueden darte. Sin duda los hijos de Razhiel tenían la madurez de un adulto (en muchos sentidos aunque en otros carecían totalmente de ello aún cuando fueran adultos ya) en tan pocos años de vida. ¿Qué edad tenía para comportarse como pequeños guerreros? ¿12, 15?

–¡En verdad te has enamorado!– dijo y no pudo evitar reír a carcajada suelta. Se incorporó de un majestuoso salto. –Bienvenida al mundo del caos emocional, al revoloteo incesante de las hormonas, al planeta de las grandes ilusiones que se marchitan culpa de las inconscientes malas acciones, a la destrucción de tus sueños y– sonrió triunfal. Sus pupilas habían adquerido un extraño matiz delirante –..., y al magnífico mundo de fantasías, de sublimes sensaciones, de perspectivas multicolores de lo que te rodea y que sin duda, mi niña, como te has dado cuenta, del infinito y absurdo placer doloroso.

Caminó hasta la ventana de la cual un atardecer se divizaba en el horizonte. A punto de terminar con el teñir de los cielos en colores que Bane usaría en su atuendo sin temor alguno de verse ridículo. Ya el cielo casi daba paso al crepúsculo y con ello las puertas del mismo infierno se abrirían para ingresar a la tierra de los hijos de Eva. Pronto el brujo escucharía el susurrar de los demonios que buscarían a quien atacar. Gritos desgarradores viajarían por los vientos con cientos de seres de la oscuridad ignorándolos. Sería una larga velada para aquellos entes reptantes creados por un dios que el corazón no se tentaba al dejar a sus hijos creados a su imagen y semejanza caer en las garras del mal; si es que existía tal Dios.

–Todos los inmortales están corrompidos– comentó quedito. Su voz sonaba distante, había perdido todo toque de burla –degenerados para conseguir el mismo propósito que todos seguimos..., el poder– un frágil suspiro se escapó de entre sus labios como un exclamación. –Quizá estoy por decir algo que ya sabes, pero él no te conviene– rió, así sí que sonaba como su padre –quiero decir, esta con Camille, ambos persiguen el mismo propósito y no detendrán sus planes por nadie– una nueva sonrisa se abrió paso en él al tiempo que recostaba su hombro sobre el cristal para encararla, con un tobillo frente al otro y los brazos cruzados. El destello de los cielos arrancaban coloridos halos de sus oscuros cabellos bañados en purpurina, estilizaban su ya de por sí esbelta figura y llenaba de sombras su rostro cuyos labios se tornaban negros, cual sangre seca en su piel oscura por las sombras.

–Esta cuidadando de ti, lo sabes. Intenta no involucrarte en su mundo puesto que sabe que saldrás herida por su simple capricho, por ello el que te ignorara la segunda vez que te vio– se encogió de hombros. No quería darle falsas esperanzas, a fin de cuentas al vampiro no conocía, pero tampoco quería creer lo que había dicho con anterioridad, no todos los subterráneos estaban corrompidos, no todos eran malhechores buscando a quien joder, uno que otro eran... buenos tipos, o casi. –Sé que no tengo que decírtelo, pero, no me gusta que esté del lado de Camille– su sola mención le causaba nostalgia y despertaba el lamentable recuerdo de su partida. –Y alejarte de él será lo que más te convenga, aunque– suspiró dramáticamente y su cabeza dejó caer –sé que no importa cuanto te advierta, seguirás encapri... enamorada de él.– hizo una mueca alzando su rostro, miró a la chica y pegó su mejilla al frío cristal –nephilim, siempre queriendo experimentar el peligro en huesos, carne y hasta en el alma...– y así como un murmullo pronunció lo que incluso los Herondale y su chico Lightwood estaban haciendo hoy en día. Bendita la hora en que nos cruzamos con los nephilim.


Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Miér Mar 06, 2013 4:09 am

La pequeña Adrianna jugaba con su gato de peluche Cheshire en el jardín. Lanzándolo en el aire y recogiéndolo acompasado de dulces chillidos eufóricos, quería alzarlo hasta el cielo recogiéndolo entre sus brazos. La pequeña nephilim estaba como siempre llena de energía con una sonrisa esbozada en su rostro.

Girando sobre sí misma agitando el vestido de rayas azules y grises con encajes, bailando con su peluche como su acompañante, con dos pequeños moños recogiendo su pelo, liberando algunos cabellos. Estaba entretenida con tan simple divertimento, que era feliz.

Quería ver volar a su gatito de tela, y lo lanzo con todas sus fuerzas, lo que hizo que se enganchara a la rama de un árbol. Se preocupo describiendo sus ojos sorpresa e inquietud. Sin apenas pensarlo, se acerco al árbol y olvidando las mil advertencias de su madre de manchar el vestido, decidió trepar por el tronco con la misión de recuperar. Escaló por la áspera corteza, apoyándose en los huecos de ramas cortadas.

Al llegar hasta la rama donde se había enganchado, estiró el bracito tratando de alcanzarlo pero no llegaba. Se subió en la rama pero era joven, y aun no tenía suficiente fuerza para soportar su peso. La niña se resbaló pero trató de alcanzar a su gatito, agarrándolo de una pata, cayó al suelo sostenido la pata de tela en la mano. El grito se oyó en la casa, y sus padres salieron, la pequeña no lloró, se quedo mirando con sus ojos acuosos a su gato roto.

Mil veces la preguntaron si la dolía algo pero negó todo, ella no quería contar que por su culpa estaba roto, y que quería mucho al peluche. No sabía qué hacer para arreglarlo por sí misma. Si bien no tenía ganas de dormir, se quedo dormida al lado del malherido peluche. Al despertar este no estaba.

- ¡Cheshire! ¿Dónde estás? – le llamó, pero no recibió respuesta, de pronto en su cuarto entro andando el gato, con la pata arreglada, dando pasitos moviéndose como si estuviera vivo. Con lagrimas en los ojos, se bajo de la cama, y lo sostuvo. Era Cheshire, olía a vainilla y al árbol. Lo abrazó liberada de su pena abrazándolo cuando vio alguien familiar al lado de la puerta. Magnus sostenía los hilos invisibles que lo movían, él lo había arreglado. - ¿Fuiste tú?

El brujo asintió con su mejor sonrisa, la pequeña abrazó al peluche y a la pierna de Magnus y las lágrimas se escaparon a gran velocidad. Sus padres lo sabían, y se lo explicaron al brujo, la pequeña no lloraba ante nadie. Era parte de ella, su dolor era suyo únicamente. Odiaba que la vieran llorar, podía percibir la pena y no soportaba esa emoción era peor que el dolor.

******
Adrianna tenía entre las piernas al gato de Magnus, presidente Miau, al que acariciaba mientras escuchaba a Magnus, sentada en su cómodo sofá. Al menos no la había maldecido con lo de los demonios Raum, lo que significaba que algo dentro de Magnus estaba mal, ni siquiera la broma le hizo cambiar de idea. Sabía que había algo que ocultaba, pero prefería hacerse el sueco y evitar el tema lo mejor posible.

- De acuerdo, si hubiera estado en ese filo, incluso te hubiera dejado que me chillaras. Aunque creo que lo estuve, fueron segundos, el bicho se creyó que me moría y me mordió, pensé casi que no saldría de allí. Pero alguien me ayudo. – trató de sonreír sin la ayuda de Helena Trueblood estaría muerta, cosa que heló en segundos sus manos. – Y me regaño, porque sé que fue un descuido que un nephilim entrenado como yo, no puede cometer. Fui necia, y tendré que cargar con ese error hasta que demuestre que no lo repito. –revisó el cuchillo serafín del botín, desde entonces cuidaba su seguridad.

Magnus no hizo mucho caso a su amistad de Adara, quizás estuviera un poco celoso, cosa que dudaba, pero los síntomas se asemejaban. Lejos de ello, ella sabía que Magnus ocupaba una parte importante de su vida y existencia. Fue su confidente, su amigo, su hermano, no había secretos con él. Tras un comentario un tanto alarmante en tono serio del mago de Brooklyn, él que deseaba que ella conociera a alguien de quien enamorarse. Ahora veía el amor como una burda trampa, construida a partir de sueños de los románticos como ella. Satirizo aquella bienvenida al mundo amoroso, y ella alzo las cejas, incrédula.

- Gracias, creo que tengo pase vip al mar de las lagrimas y al abismo de la desesperación o ¿eso lo tengo que pagar a parte? Porque si va incluido, también tengo derecho a que me destrocen el corazón, y a un masaje en la cabeza con bate de beisbol. – continuó con sarcasmo el comentario ingenioso de Magnus cuando dijo todo aquello que torno su piel blanca como la leche.

¿Y si era cierto de estar corrupto? Era imposible, Magnus era un inmortal, nunca le vio corrompido. Para ella era su hermano mayor, el que la hizo feliz y protegió cuando no tenía a nadie. ¿Infectos por el poder? Magnus lo tenía, no le vio contaminado pero sentía una cierta oscuridad aflorando dentro de él. Dejo al presidente Miau en el sofá y se levantó lentamente.

Afirmaba que el vampiro estaba corrompido por Camille, y ambos ambicionaban lo mismo. Era cierto que la segunda vez que se vieron, los vampiros presentes le miraron de forma distinta, como si fueran comandados por él. Probablemente que con sus palabras se habría ganado el estima de Belcourt y ambicionaría el absoluto control desde las sombras. Pero no vio en él ninguna intención de protegerla, solo alejarla sin explicaciones, como si lo ocurrido fuera producto de un sueño irreal.

- Magnus ¿Cuándo el corazón elige a la persona oportuna? ¿Cuándo decide que la razón tome el juicio y decida a otro ser más correcto? Nunca, siempre uno se enamora de quien no debe, de quien no le conviene. Yo creía en que el amor, sería feliz, como mis padres. Me parece que solo cree castillos en el aire. –explicó con entonación melancólica mientras paseaba pausadamente sin rumbo fijo.

No llegaba a su comprensión como podía protegerla alejándola. Era absurdo, de ese modo solo lograría que ella se acercara, que lo buscara desesperadamente, que lo hablara con su mejor amigo. Que apreciara cada día como le pesaba más el corazón pese a estar vacio. Lo último le produjo una gran sorpresa, sabía que Magnus pretendía protegerla, pero simplemente estalló.

- ¿Que me aleje? ¿Mientras yo, le quiera? – la confesión se le atragantó al igual que las saladas lagrimas tornando sus ojos acuosos. - ¿Por qué no mejor me arrancan el corazón? Por una vez llego a sentir a alguien, que no temo por transmitir mis emociones, alguien que me interesa, y….tengo que alejarme. – respiró hondo aunque el aire parecía que había desaparecido - Pero lo haré. – afirmó con un nudo en la garganta.- si bien me sienta morir, me alejaré de él, por lo menos espero que él sea feliz. – le rodeo los brazos por la cintura, apoyando la cabeza sobre la espalda de Magnus, llorando avergonzada. Concebía como su corazón malherido, volvía a abrirse y romperse. Como el pecho se comprimía, y le faltaba la respiración. No apetecía que se girase y la mirara llorar, renegaba la idea de que la vieran en tal estado.- ¿Por qué yo no puedo ser amada? ¿Pido algo imposible Magnus? – se acurrucó, sintiendo el aroma mágico y exótico de Magnus, de especias que la llevaban lejos de allí. Por alguna insólita razón comprendia a Magnus sobre el amor, ahora le entendía.
Adrianna Birdwhistle
avatar
Mensajes :
553

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Mar 09, 2013 10:12 am

Recuerdos. ¿Cómo se vive sin ellos atormentando tu persona? Algunos son tan hermosos que deseas guardarlos en tu memoria hasta el final de los tiempos, para evocarlos en el momento justo en que la muerte porfin a alcanzado el cascarón de tu alma inmortal. Pero otros esperas que se desvanezcan con la llegada del amanecer, ya ni siquiera sugieres olvidarlos, sino, simplemente que se vaya cada mañana, pues sabes que es pedir demasiado con que al caer la noche no esten presente. Y justo por ese detalle del amor, de lo que acontecía a su pequeña nephilim, era el porqué caían los recuerdos en su mente.

¡Ah!, ¿cómo olvidar el primer gran amor?! Ese que te despertaba de todo letargo existencial. ¿Cómo olvidar lo que te hacía sentir?...

"Galia. La joven amante de la tierra. La pequeña niña mujer que engatuzaba tus sentidos con miradas cargadas de inocencia. En aquel entonces, el brujo tan solo contaba con 19 años reales. Sí, aún los recuerdos más viejos podían traerle grandes memorias. Y esta era una de ellas. Con sus pocos años encima y quedándole un mundo inmortal por experimentar, el ingenuo brujo creyó encontrar a la criatura que acompañaría cada uno de sus pasos. Qué falsedad aquella que le llenó de alegrías pasajeras y deudas eternas.

El día en que le conoció no era más que un gallardo hombre de épocas contemporáneas. Se movía con elegancia y sigilo aprendido de los hermanos silenciosos. Usaba estrechas polainas aterciopeladas, cazadoras cortas en pico de pato, mallas azules para la ocasión y un coqueto lazo en su almidonada camisa. En toda escencia, era uno como cualquiera, de esos reinos llenos de riqueza. Él no la poseía y sinceramente no la deseaba. Solo gustaba de tener buena apariencia y de dar largos paseos. ¿Quién diría que este paseo sería uno bastante..., largo?

La miró por vez primera en el mercadillo, en algún momento de Francia. Sus blanquesinos cabellos quedaban escondido bajo un manto azul que destacaba sus enormes ojos cual mar. Le cautivó desde el primer instante y debía admitir que hasta el último. Esa boquita rosada que siempre sostenía una delicada sonrisa, sus mejillas de niña, coloradas por el calor y que en cada momento vio sonrojadas solo para él. Compró, nada. Se dedicó a observarle y luego la cortejó muy a las viejas costumbre. Y qué maravilla cuando le dedicó sus primeras palabras, ah, esas que aceleraron su corazón como si el palpitar desbocado no fuera suficiente para recalcarle que ella estaba frente a él. Como si el golpeteo de su pulso en sus sienes no bastara para indicarle que ella era quien causaba las alteraciones de su sistema controlado. Su sonrisa que de por sí era tranquila, afable y sincera se ensanchó dejando ver la quietud de su alma intranquila, porque sus fingidas emociones de calma lograban hacerle sentir seguro de que no fuera a echar a perder una buena compañía. No, él quería mantenerse tranquilo para poder expresar un sentir con significativas miradas, con delicadas caricias, con fugaces sonrisas y con cálidas palabras. La perfección no era más que una palabra subjetiva que se ceñía más a la rubia que a él, cualquiera hubiera estado de acuerdo con ella al mirarle. La magnificencia se delataba en todos sus tersos rasgos, en sus perlados dientes al sonreír, en la finura de sus labios al curvarse, la luminosidad de su mirada al dilatarse, la sensualidad de su cuerpo al caminar, y el balanceo coqueto de su vestido al oscilar.

Después del primer encuentro en ese mercado, anhelaba poder verle, tocarle, hablarle, sonreírle…, anhelaba tanto. Le daba la impresión de que durante el transcurso de la madrugada se había quedado ciego, porque ella era su luz. En ella había visto un radiante sol y le había dejado cejado, por tanta luminiscencia donde no hallaba otro camino sin su existir. Ambos se compaginaban, armonizando a la perfección. Idea que gustó al ser oscuro, le encantaba saber que ella existía y que sus días serían menos crueles, menos taciturnos, podía al fin respirar la tranquilidad y la paz, con solo recordarle, con imaginar su sonrisa relampagueante en las penumbras que antes era su ser. "


Y solo solo nació de una primera vez. ¿Cómo ahora pedirle a la nephilim que se alejara de aquello que le haría feliz? Debía pedirlo por una sencilla razón y era que le partirían el corazón. Porque ¿qué hace un ser que podría ser eterno con una "niña" mortal, que siendo cazadora podría morir en un blandir de sus odiosos cuchillos serafín? Una vez más, el brujo se cuestionaba el porqué entonces él estaba con Alec. Tan fácil era decir los porqué, siendo uno el de más valía y que sinceramente destacaba de entre todas los contras del porqué no estarlo. Y era el inmenso amor que le tenía al nephilim. El amor que quizá –no se detendría a analizar nada, por el bien de su cordura– era mucho más grande que su amor sentido por Galia, Camille, Siobhan o cualquier otro ser que estuvo incluído en su extenso repertorio del amor.

–¿Llorar?– sonrió con astucia y fingido desdén –¿por ti, terroncito? Por favor ni siquiera la muerte de Freedie Mercury logró arrancarme una sola de mis tristes lágrimas, ¿crees tu que por una testaruda nephilim este magnífico brujo lloraría?– mejor era no pensar en ello. Quizá, simplemente quizá, sí que dejaría derramar una de esas oscuras lágrimas llenas de pesar... o quizá alguna iracunda sed de venganza volvería a manchar su pútrida alma inmortal. A saber qué ocurriría, después de todo, lógico suena aquello puesto que esa adolescente con más armas que un humano yakuza "haha, qué tonterías piensas Bane", había estado en su vida desde muchos años atrás. Al igual que Clarissa, la había visto crecer, muy cerca, muy lejos, pero siempre con noticias de ambas nephilim. En efecto, el brujo estaba perdido entre lazos de afecto que comenzaban a serle desagradables cuando los sentimientalismos lo involucraban más de la cuenta. "¿Consideras que sería buena idea retroceder el tiempo?" bufó dentro de sí y si pudiera hubiera rodado los ojos también "creeme mi querido amigo, de saberlo hacer sin falla alguna, hace mucho quee habría retrocedido".

–En el amor, todo se paga por separado, con grandes sumas e intereses muy elevados– suspiró frunciendo ligeramente el ceño. Para ese entonces su mirada permanecía cansada de absolutamente todo. Comenzaba a querer arrinconarse en su mente y dejar descanzar a su cuerpo, es decir, una siesta no le vendría mal. Aunque el dormir no significaba que dejaba el mundo fuera, sino que el mundo cambiaba con ese toque místico de los sueños, y Bane, desgraciadamente estaba excento a que en los sueños todo se puede hacer y daño alguno no puedes tener. Él, como pocos, eran capaces hasta de morir dentro de esos infinitos mundos REM.

–Por cierto, ¿quién es esa personita a la que puedo agradecer tu bienestar?– comentó ya no viniendo al caso esa pregunta. Sin duda, se notaba que el brujo se perdía el la elocuencia de la conversación. Venga, que su mente es todo un puzzle y para que alguien fuese capaz de entenderlo estaría en lengua demoniaca. Como una mujer, así de complicado era Bane y estaba tan a gusto de serlo que incluso se mofaba de sí mismo por no comprenderse. Un idilio que duraría toda la vida, en la manera de lo posible.

Una vez más, los malditos recuerdos le golpearon y su corazón se contrajo lentamente, permitiéndole sentir el dolor en su máxima expresión. ¿Por qué no se puede enamorar de la persona adecuada? –Si lo hicieramos, sería el mundo muy aburrido. Y no es que quiera decir que tus padres lo eran. Ellos tenían la suerte de haberse encontrado, pero sin el amor engañoso, no existirían grandes poetas que nos intrigan y divierten con su melancolía, ni la máxima expresión de amor regaladas en las mentiras ni escritores plasmando exquisitos amores cargados de tragedias que nos hacen desear vivirlos, aunque solo sea para experimentar un amor tan irracional, sublime y exótico. Yo, siempre he preferido los amores torrenciales, los imposibles; son más románticos y terminan con una enseñanda y en ocasiones, el final feliz es la muerta de uno, o, de ambos– negó haciendo oscilar sus cabellos. La purpurina permaneció amarrada a sus hilarantes mechones, arrancando así destellos frente al atardecer que poco a poco dejaba perder todo colorido y daba paso a las errantes sombras, oscuras y malignas.

–¿Cómo podrías darte cuanta de todo el amor y alegría si no existe el contraparte? ¿Como saber que soy feliz cuando nunca he conocido la infelicidad? ¿Cómo saber que amo y me aman si nunca me han amado ni he amado? Aunque el amor verdadero te golpeé a la cara con un martillo no darás cuenta de él hasta que te hayas tropezado con la cara bonita, palabras hermosas y verdades a medias, y la verdad, queria, prefiero embarcarme en esos falsos amores para encontrar el real, el que me conviene, en lugar de quedarme a esperarlo– un suspiro más y quedó su aliento derramado en la ventana. Estiró la mano y escribió la palabra amor. No duró ni dos segundos en desvanecerse –despreocúpate, hoy en día el amor se encuentra a la vuelta de la esquina. Y, aunque no sea el que te conviene, es el que te hará fuerte. Solo te digo una cosa, el amor es un poder de decisión. Mienten al decir que es un sentimiento, es mucho más que eso– se encogió de hombros –aún no he logrado separar ese poder de decisión con el sentimentalismo, quizá, tu lo logres– rió quedamente. Ojalá pudiera hacerlo, asi nunca más se enamoraría de la persona incorrecta y pudiera ser que encontrara a aquella que le acompañaría en la eternidad. "¿Quién ha dicho que debo amar a alguien por toda la eternidad? Quizá mi camino sea amar a muchos en esta vida inmortal. Quizá amar hasta desangrarme es mi destino, amar hasta morir o hasta que muera" pensó en Alec y su rostro se apesadumbró.

–Alejarte es lo más sensato, lo correcto, lo ideal– recargó su mano sobre la palabra extinta en la ventana –no siempre se logra hacer lo correcto, lo conveniente. Y aún cuando intentes alejarte te darás cuenta que te acercas más. El amor nos convierte en imanes de las desfortunas– remarcó la palabra con el índice apenas tocando el tibio cristal –él ya está haciendo su parte, alejarte, solo falta que tu hagas la tuya, te preguntarás cual es esa, me temo, que no tengo ni la menor idea, por suerte para mí, no soy yo quien se encuentra en semejante embrollo– una ladeada sonrisa apareció. Pero sí que tenía otra clase de amor. Menudo lío este. Odiaba el amor y sus terribles consecuencias. Odiaba este sentimiento y todo lo que conllevaba sentirlo y odiaba mucho más ser un irremediable enamoradizo y que ella siguiera sus pasos. ¿Por qué no se enamoraba de Jace? Hubiera sido más fácil convencerla de que ese nephilim es un caso perdido, pero, un hijo de la luna... tormentosas consecuencias atraerían y muchos, muchos dolores de cabeza para el brujo.

Sus ojos se entrecerraron al sentir el cuerpo de la nephilim cerca. Era menudo y le regalaba los recuerdos de su niñez con sus eventos nada afortunados. Sintió el temblar de su cuerpo contra el suyo. Una mujer fuerte que le rehuye a los sentimientos que dejan ver tu vulnerabilidad y ahora lloraba por el amor de aquel que pudiera hacerle feliz. No lo haría. Los subterráneos casi nunca lo hacen. Solo puede haber cabidad de la felicidad con un subterráneo y eso era, ser otro subterráneo. "¿Crees en eso?" tocó su incisivo con la lengua, simplemente para hacer algo mientras sus manos se deslizaban hasta no tan delicadas manos para una doncella. Palmeó las manos de Adrianna para después darle un suave apretón –pides lo que todos, mi querida niña, un sentimiento que nos vuelve crueles, mentirosos y traicioneros. Pides lo que solo tú puedes darte...– unos minutos de silencio corrieron presurosos. Solo uno puede amarse. Qué triste y fuera de lugar sonaba aquello cuando Bane siempre buscaba a alguien que le amara. Irónico ¿no?

–Bueno, ¡basta!– gritoneó eufórico –no hay nada peor que llorar por amor. Llora cuando me muera y creo que para eso falta bastante– se giró y limpió sus mejillas con delicadeza. Su rostro aún no se recomponía de todo pero estaba esa fragante sonrisa triunfal y perezosa cual gatito mimado. –Ahora veamos, ¿cómo es que se llama esa amiga tuya? ¿Tiara? ¿Adara?– le tomó de la muñeca la llevó hasta el perchero. La soltó y comenzó a ponerse su bufanda, –anda encanto, no se puede ser feliz con esa carita larga, vamos a divertirnos y de paso buscar a ese chupasangre que le roba las lágrimas a una guerrera– primer paso divertirse, ¿cómo? pues fácil, existían club's nocturnos. Segundo, averiguar de qué iba todo con ese vampiro y Camille. Pff, cuando el nombre de Camille esta de por medio, significa problemas. Ahoa bien, Magnus tenía una cuenta por saldar con ella, igual sirviera para matar dos demonios de un zarpaso.
Magnus Bane2
avatar
Brujo Antiguo
Mensajes :
112

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Mar 11, 2013 8:29 am

Adrianna nunca recordaba que hablar con Magnus era aprender algo nuevo, quizás lo olvidaba adrede para que la sorprendiera. Dejó de llorar, escuchándolo con mucha atención al brujo. Era un ser inmortal y aquello lo tenía presente desde que vio por primera vez sus ojos, ningún otro ser se asemejaba a él. Su inteligencia felina era brillante, miles de mortales ansiarían sus comprensiones. Pero quizás no esa existencia, enmascaraba mucha de las emociones, intentando confundirla, pero solo lo hacía más evidente.

Sentía como el corazón se contraía dolorosamente. El desamor era la voz de miles de poetas, al igual que el amor prohibido, el no correspondido. Poesía donde el amor era una rosa con espinas, bella y frágil, pero sus espinas que provocaban heridas lo hacían más atractivo. La naturaleza de la humanidad provocaba una atracción un tanto masoquista por tal amor. La melancolía nutria su mente con miles de palabras que escribir en un papel, el llanto se atenazaba en su garganta, y en su lugar notas nacían de ella.

Vivian fugaces vidas repletas de dolor y sufrimiento, que ansiaban el anhelante amor fugaz, apasionado, bálsamo de heridas. A su vez conducía a la irracional y a la absoluta locura de la persona. Ella quería llegar a experimentarlo de por completo, sentir esa fuerza sobrenatural que agitaba el mundo. Pero ahora solo sentía sufrimiento oculto bajo bienestar, emergiendo ahora por completo. Magnus tenía su propia visión de ese amor, quizás no era tan distinto al suyo, ella era una idealista romántica y enamoradiza. Él escéptico y práctico. Cada uno vivía como esperaba desear.

¿Cómo saber si hay luz si no vives en la oscuridad? ¿Cómo desear el alivio si no se sufría? ¿Cómo desear ser amado sin haber sentido el desamor?Tienes razón Magnus, quizás quise pretender amar demasiado pronto, pero. – se detuvo, no quería decirlo. Sabia cual era su naturaleza y la aceptaba. Era un nephilim y no se destacaban por vivir muchos años. Quizás un día su vida se extinguiera, quizás era la razón de su prematuro, casi impaciente por vivir cada segundo. – Sabes lo que soy, no viviré eternamente. Quiero ser feliz. –Se avergonzó, tenía razones para ser feliz. Pero el amor, no estaba entre ellas.- ¿Quién va a quererme a mí? ¿A una empática? Aunque este a la vuelta de la esquina, mi don no atrae, lo sabes. Perfecto, respondió su mente mordaz. Estaba auto compadeciéndose, sin duda estaba empeorando. – Espero algún día experimentarlo y que no sea tarde. – Esbozó una sonrisa optimista.

Lo conveniente era separarse de la persona que deseaba, lo ideal era dejar de sentir como el corazón se estremecía al verlo, lo perfecto era olvidar que alguna vez existió y continuar. Si él ya había dado un paso para apartarse, ella debía dar el siguiente. Pero algo dentro de ella decía, que si existía aun esa llama era por alguna razón, que si había fuego podría arder de nuevo, y poco sentido tendría alejarse ya que volverían a estar juntos. Pero Magnus tenía razón no podía seguir encallada en él.

- ¿No te dije su nombre? – preguntó con su voz tenuemente apocopada casi un susurro, iba a decirlo después de un mes evitando mencionar su nombre. Utilizar pseudónimos, artículos, palabras que no revelaran su identidad.- El nombre de mi primer amor y beso es…- hizo una pausa recobrando la respiración, movió la lengua de modo que la palabra chocaba contra sus dientes y el sonido creaba un nombre. – Nathaniel Hellrune. Esta con Camille, se que odias que la mencione, pero tú has preguntado. No me extrañaría que fuera de sus jefes.

Era cierto lo del primer amor, era el más doloroso y complejo de apartar. Pero solo era un tropiezo al fin y al cabo, un fugaz recuerdo en su mente, de pura felicidad, que se esfumaba ante sus ojos. Desdichada que deseaba esa felicidad eterna, ilusa en lo que temas del amor hablaban. Y terca en lo que arrancar aquel hierro que le atravesaba el pecho.

- Se llama Adara, Magnus, Adara Carstairs. – esbozó una breve sonrisa ¿salir con el brujo más famoso de Nueva York? Eso era una invitación exclusiva, y ella no perdería la oportunidad, fue a por el abrigo y saco el móvil. – La llamaré, seguro estará en el aula de música o leyendo, pero tendremos que pasar por el Instituto, no puedo salir con esta ropa. Para estar a la altura de tu presencia Magnus necesito de mi traje rojo, te gustará, tiene el punto de picardía que tanto tratabas de inculcarme. – rió, si la cita salía tal y lo planeado, saldría renovada, curada de las luchas necias por amores no correspondidos.- Por supuesto, no verás más lágrimas en mis ojos, te lo prometo. –salieron mientras esperaba a que Adara respondiera al teléfono.

Las piezas de los engranajes giraban en el momento oportuno, encajando con las demás, acompasando el tictac del corazón del mundo, míseros mortales todos a sus ojos, y al embrujo que la diosa Gaia ejercía sobre ellos. Nadie escapaba de sus agujas. Que ahora marcaban un complejo momento en la vida de la nephilim.
Adrianna Birdwhistle
avatar
Mensajes :
553

Volver arriba Ir abajo

TEMA CERRADO

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Jue Mar 14, 2013 7:16 am

Inquisidora H. Blackthorn
avatar
Inquisidor de La Clave
Mensajes :
418

Volver arriba Ir abajo

Re: || ¡Qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo! || Adrianna

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.