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One light in the road... | Mariska

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One light in the road... | Mariska

Mensaje por Invitado el Miér Mar 06, 2013 2:03 pm

Tensión fue lo que empezó a sentir luego de que la nephilim abandonara sus aposentos, al verla desaparecer seguida de dos de sus mejores hombres se llevó las manos a la cien, masajeó por breves segundos, respirando pausadamente y tratando de aliviar su malestar psicológico. Ahora mismo las cosas se ponen cada vez más preocupantes, Camille no da un paso en falso y sus pretensiones han comenzado a crearle problemas, no sabe a ciencia cierta qué clase de artimañas está preparando para desprestigiarle, su guerra fría está llevándose al siguiente nivel, con acciones mucho más concretas; no sabía si seguir tan paciente, ella ya ha puesto las cartas sobre la mesa, es claro que sus provocaciones aumentarán y no puede seguir con los brazos cruzados.

-Rayos… -murmuró para sí mismo, levantándose del sofá y caminando hasta el ventanal desde el que podía observar buena parte de la ciudad, al menos a los lejos, pues esa zona es especialmente pobre y los edificios son relativamente pequeños en comparación a los del centro de Nueva York, el edificio que más sobresale es, precisamente, el hotel Dumort, que tampoco es que posea una magnificencia reconocible, sobre todo por la desgastada fachada. Se llevó las manos a la espalda y caviló un poco más del problema, está seguro de que tendrá aliados, unos hasta insospechados, pero teme que no sea suficiente, Camille es muy inteligente, sería capaz de vender su propia vida con tal de recibir el apoyo del que fuera; se ha enterado de ciertos adeptos a su causa europeos.

-Raphael. –uno de sus compañeros llegó a la habitación y le habló con voz neutral, un tanto despreocupada, pero respetuosa al final de cuentas. –Ella… llegó. –el rostro del vampiro se contorsionó en una mueca que podría ser considerada como de alegría, aunque dada la estoicidad de su piel, apenas se movieron sus labios. –Que entre. –le dijo al subordinado, que lejos de serlo es más bien un compañero. Quizá esa es una de las grandes diferencias con Camille, él no trata a sus seguidores como sus sirvientes, antes bien, los trata como amigos, como seres que tienen tanto derecho como él a declarar sus sentires, desavenencias, pesares, quejas, o cualquiera otra cosa que les haga sentir confundidos o inestables.

Sólo tuvo que esperar unos momentos antes de sentir su presencia, una que recién conocía en su totalidad y a la que pronto tendría que acostumbrarse. –Mi señora. –con lentitud se acercó a ella y tomando su mano derecha con delicadeza asestó un suave beso, reverenciando su imponente belleza y soberbia belleza. –Es un placer tenerla en estos indignos lugares, mismos que son necesarios dada nuestra actual situación. –con el respeto que se merece, dado que es una vampiro de edad superior a la suya, la invitó a continuar haciéndose a un lado y señalando el sofá más cercano. Lejos de parecer un lugar sucio, hablando de su habitación, el gusto de Raphael por los buenos decorados le daba un toque ostentoso y refinado a toda el área.

-¿Hace cuánto que no nos vemos? –preguntó después, no entrando de lleno a los detalles sobre la guerra que se vive, no es necesario que los diga hasta que sean necesarios, para él, es preferible siempre entablar una plática amena que los lleve a la confianza necesaria para entonces tratar de llegar a un buen acuerdo. –Recuerdo la última vez que lo hicimos, seguías tan hermosa como ahora. –sonrió un poco. –Tu llegada provoca un verdadero gusto en mí, sobre todo luego de tanto tiempo desde el cisma. –con ello se refirió estrictamente a la separación entre Camille y él. A decir verdad, no está seguro de cuales sean las intenciones de la bella mujer, después de todo, cada quien tenía una percepción diferente de Camille y él, muy cercano a ella, tiene un concepto.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Mariska Harsányi el Miér Mar 06, 2013 4:42 pm

La noche era testigo de cada uno de sus movimientos, una alcahueta que podía guardar cualquier secreto en la bóveda añil que cubría Nueva York completamente. El East River, como una larga lengua espejada, actuaba de cómplice y arrullaba la vida diurna con el quedo movimiento de las aguas colmadas de destellos; la iluminación en Manhattan, intensa y llamativa, contrastaba enormemente con los faroles de luz cálida que bañaban las calles húmedas de los barrios más alejados. Y en uno de ellos, alzándose con altanería sobre una calle desierta, un edificio de varias plantas lucía paredes rajadas y desvencijadas advirtiendo al recién llegado que sea lo que sea que reside en sus entrañas representa una amenaza. Pero la mujer, después de haber llegado a territorio aliado convertida en un oscuro murciélago, se detuvo ante la fachada del Hotel Dumort y divisó con agudeza una silueta negra que emergía de las sombras para guiarla a su interior. Había alguien muy importante a quien ver allí dentro.

Los tacones se afianzaban sobre el suelo de granito cubierto de polvo a medida que avanzaba siguiendo al joven pelirrojo que le había concedido la entrada a la estancia. Todo estaba exactamente igual a como lo recordaba, viendo con satisfacción que el alto techo abovedado aún exhibía el fresco de figuras intrincadas y telas flotantes que tanto le había llamado la atención la primera vez que puso un pie en el hogar ajeno. El aire era denso, o al menos eso le hacían saber las pesadas partículas de tierra que danzaban a su alrededor conforme caminaba entre muebles cubiertos con sábanas en medio de un enorme salón rodeado de cortinas. Aquella belleza terrible y congelada le gustaba en cierto modo, suavizada por los medios tonos fríos de una penumbra en la que se adentraba cada vez más.

Cuando llegaron a la base de una de las tantas escaleras de mármol, un joven cuyo rostro no distinguió bien a la distancia observó con detenimiento a su compañero de cabellos como el cobre, para después voltear el rostro hacia la mujer vestida de blanco que le devolvía la mirada desde abajo, curiosa. Antes de que pudiese decir nada, aquél desapareció a grandes zancadas por una galería adyacente al primer piso, tal vez yendo a alertar a su superior de la presencia femenina en el recinto; una vez hubieron cesado los pasos del vigía en el silencio, Mariska hizo caso a la seña que su homólogo le hacía con la diestra y comenzó a subir los peldaños con lentitud y elegancia, alargando el encuentro por puro gusto del suspenso.

El momento llegó en cuanto cruzó el umbral de una puerta de doble hoja bastante ornamentada, percibiendo claramente el cambio de ambiente en aquella porción del Hotel. Y, efectivamente, parado en el centro de la habitación estaba él, inmortalizado en la apariencia de un hombre sumamente joven que podría haber sido hermano suyo en una realidad alternativa; cabello negro azabache que parecía absorber la poca luz que rondaba cerca suyo, la piel adivinándose tersa y helada al tacto, la complexión atlética del cuerpo esbelto que había comenzado a acortar distancias hacia ella para tomarle la mano entre la suya. Con un despliegue de excelentísimos modales, el muchacho la saludó como nadie hacía ya, dando fe de su caballerosidad y respeto. Un ejemplar formidable, ese Raphael.

―El placer es mío ―musitó de buena gana, aceptando la invitación y tomando asiento en el diván más cercano, acomodando la tela tornasolada de sus ropas y cruzando las piernas. Grácil como siempre, hacía alarde de su finura al vestir acorde a la ocasión; un vestido blanco que devenía azul claro dependiendo de dónde se lo mirara, yacía ceñido a la forma de reloj de arena que caracterizaba a la vampiresa, bajo un chaleco de la misma fibra lleno de delicados volados. Ni hablar de los taco aguja color plata que calzaba con complacencia―. Diría que he perdido la noción del tiempo y que, de haber sido poco, se siente como si fuese una eternidad ―. Su voz sonaba profunda y sobrenatural, de un tono monocorde que carecía de toda la malicia que solía emplear de tanto en tanto. Sonrió ante el halago―. Y al parecer hay cosas que nunca cambian, querido Raphael.

Pero mentía. Raphael Santiago sí había cambiado desde la última vez que lo había visto, y ahora tenía el brillo característico de una madurez definitiva asomando con determinación en los orbes oscuros. Lucía más seguro, más decidido. Y Mariska esperaba eso de él: que pronto se volviese tan inamovible como las rocas bajo un acantilado; alguien que pudiese contra el poderío inmundo de Camille Belcourt.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Invitado el Jue Mar 07, 2013 9:52 am

Ver a Mariska otra vez le da muchos ánimos, puede sentirse más seguro ahora, no sólo de sus acciones, sino de las decisiones que vengan a partir de ahora, pues pronto comenzarán sucesos verdaderamente trascendentes. En ella los años no parecían pasar, al menos físicamente hablando, pues seguía tan bella como la primera vez que la conoció, pulcra, refinada y elegante; sin embargo, sus ojos demuestran lo contrario, en ellos se percibe mayor sabiduría; se demuestra que los años no pasan en vano, la riqueza de conocimientos aumenta y la sabiduría llega por añadidura, aunque una sin la otra no existirían. Camille temblará cuando se entere y no es que vea a la húngara como un trofeo, sino como una importante aliada, que dará certeza y determinación.

-La eternidad es nuestra mí querida amiga. –respondió con sumo respeto. –Algunos la tratan como maldición, personalmente diría que nos da la oportunidad de cambiar lo que nos rodea. –sonrió un poco. –Creí que habías regresado a Europa, muchos lo hicieron, aunque ahora han regresado sólo para reencontrarse con su antigua señora. –se refirió a Camille y sus actuales seguidores. Siempre se ha sabido que los mejores vampiros vienen de Europa o al menos los más ancianos, muchos de ellos eclipsados por el poder de los más jóvenes, sin embargo, mantienen un status privilegiado; también se habla de los viejos y poderosos, vampiros que conservan un gran parte de su poder, uno de ellos bien podría ser Mariska, aunque claro, no sabe hasta qué punto.

-¿Por qué has venido? –preguntó de pronto, levantándose del sofá y caminando hasta una pequeña cantina de uso personal que tiene excelentes bebidas y de sus favoritas. -¿Lo de siempre? –le preguntó, recordando algunos de sus gustos y adelantándose a servirlo. Miró entonces a los hombres que aún seguían en la puerta, con la mirada les pidió que se retiraran y aunque uno de ellos miró con preocupación a su líder y desconfianza a la vampiresa, no tuvo más opción que salir de ahí. Ahora es momento de entrar en materia, tal vez sea muy pronto, pero es necesario, no son tiempos calmos y las aguas se han vuelto turbulentas; sus espías le anuncias movimientos erráticos de Camille y prevén que pronto se atreva a atacarles.

Si bien no quiere una guerra, ésta es inminente, no tiene más opción que adaptarse y tratar de detener a Camille, no pudo hacerlo antes, pero ahora tiene la oportunidad de completar su propósito, su misión como ahora lo ve. –Ella se ha corrompido, ya no parece buscar el bienestar del aquelarre, se ha embriagado en su propia soberbia buscando la manera de llevarnos al caos. –sus palabras salieron por sí solas, entregándole la copa a la mujer y sentándose frente a ella una vez más. –La fortuna al descubrir sus planes es algo que me convirtió en su adversario, ella misma lo ha declarado, a ojos de sus seguidores son un vil traidor, una escoria que trató de sopesar la autoridad de la “legítima líder”. –se sinceró un poco, confesándole lo que a nadie más.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Mariska Harsányi el Sáb Mar 09, 2013 3:16 pm

Sólo tres visitas habían bastado para que Raphael Santiago le llamase la atención con el correr de los años, a quien no veía desde hacía por lo menos diez. Las cosas habían cambiado desde entonces, pero cada rumor, cada noticia llegaba a Budapest tan rápido como las nuevas tecnologías lo permitían. La que alguna vez fuese una noble de sangre que con los años renunció a su título y renegó de su apellido, fue la cabecilla del numeroso y distinguido grupo que cobijó bajo sus alas en la patria que la vio nacer casi doscientos años atrás. Cuidó de los suyos cuanto pudo, pero el encierro pudo más que ella. Y, a diferencia de aquéllas promesas vanas de un regreso que nunca se da, delegó en su lugar a quien fuese su mano derecha y gran amiga, quien juró que haría un buen trabajo pero que la esperaría de todas formas.

Las cosas por aquellos lares eran muchísimo más tranquilas dado que los conflictos, si bien no eran nulos, carecían de gravedad al ser meras luchas por territorio y delimitado de propiedades. Pero en Nueva York las cosas eran distintas de forma notoria, donde el poder era el bien más preciado que podía tenerse. Y ese bien quería que sólo Santiago lo tuviese. Nadie más que él podía hacer buen uso de una responsabilidad tan grande como lo es dirigir un Aquelarre con todas las de la ley, cosa que, evidentemente, escapaba a las ensangrentadas manos de Belcourt.

―He pasado en Europa casi toda mi vida. Ya era hora de cambiar de aires, ¿sabes? ―y ensanchó una débil sonrisa mientras recibía una aguda puntada de descontento en el pecho al recordar su castillo en la campiña húngara―. Regresé y, como ves, no es a Camille a quien reconozco como mi señora. Sería una falta a mis valores y al compromiso que asumí cuando los Acuerdos se volvieron vigentes si me quedara de lado de una... irresponsable ―finalizó con tono cortante, volteando el rostro hacia la chimenea ornamentada que permanecía vacía en medio de la pared más vasta, solitaria. Hizo una pausa antes de dar a conocer su intenciones, asintiendo con la cabeza al oír la grave voz de su homólogo―. Lo de siempre ―afirmó, siendo que la única bebida que toleraba era aquél exquisito vermouth Martini Rossi que había aprendido a degustar sin sucumbir a las arcadas.

―He venido porque mi ciclo en Budapest se ha cerrado por fin ―murmuró para que sólo él le oyese―, y porque los chismes se esparcen como reguero de pólvora, mi estimado. Supuse que podría ayudarte como un contacto, tal vez, porque no creo que haya cabida para mí aquí ―y, pensativa, ladeó la cabeza mirando el cielorraso antes de volver a posar sus orbes negros como el petróleo en el joven―. He de suponer que tus seguidores son gente muy devota a su señor, y que, por lo tanto, habrás ascendido a quien corresponde para mantener el orden aún entre los tuyos. Porque ―y lo fulminó con la mirada como solía hacer involuntariamente, atribuyendo la intensidad de la acción a la ausencia de color que sugiriese algo de vida en sus iris azabache― es imposible intentar perpetrar la disciplina fuera, si de la puerta para adentro las cosas no marchan como deberían ―. Mariska sonrió con complacencia, dando un pequeño trago a la copa de finísimo cristal que Raphael habíale alcanzado durante su conversa, e hizo un elegante ademán de satisfacción cuando saboreó el escozor del alcohol bañándole la garganta.

―Puedes no ponerme al tanto de sus planes si no se te antoja ―dijo, habiendo aparecido entonces el tinte exótico del acento acostumbrado al chasqueo de la lengua contra el paladar, tan propio del húngaro antiguo―, pero sólo diré que si es enemiga tuya, Raphael Santiago, mía también lo es. Todo sea por el bien del Aquelarre. Por el bien de todos.


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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Invitado el Lun Mar 11, 2013 10:33 am

Los movimientos de Mariska siempre han sido un deleite para la vista, su aspecto y su porte dignos de admiración, eso sin duda la vuelve un espécimen único que puede ser capaz de seducir hasta al más testarudo. No le hizo falta observarle con descaro, siente su presencia y eso lo reconforta, le hace sentir más seguro y fuerte, por mucho que se lo repita constantemente. Los asuntos de guerra son inevitables de tocar, por mucho que le hubiese encantado conocer un poco más de Europa, de saber de los aquelarres de aquel continente, si bien es un vampiro de menos de un siglo, ha tenido poco conocimiento de otros vampiros venidos de Europa, de allá son los más antiguos y más poderosos. El asunto ahora atañe en relación a Camille y sus posibles ataques.

-Es la primera vez que escucho de alguien el deseo de venir a América. –respondió con respeto y sonriendo ligeramente, divertido de su propio comentario. –Es un honor que estés a mi lado Mariska, nada me hace más feliz en estos momentos. –dijo. –Y a pesar de mis intentos de mantener ocultos los sucesos de los que fui testigo en cuanto a la osadía de Camille, es claro que todos lo han percibido, se han enterado por otros medios y ahora empiezan a tomar bandos… es triste tal desunión, pero necesaria para salvaguardar nuestra integridad. –respondió, no tratando de mostrar a Camille como una mala líder, sino más bien como alguien que perdió el camino. –Supongo que la historia juzgará a quienes han faltado a los Acuerdos. –agregó.

La inteligencia de la europea fue la clara, su sabiduría salió a relucir en sus siguientes palabras y eso fue suficiente para que Raphael terminara por serle devoto. –No sé mucho de Europa, pero sé lo que pasa en este lado del mundo y saber que estás aquí respondiendo a un llamado no solicitado es suficiente para concederte mi confianza. –tal vez alguien pudiera pensar distinto, pero lo cierto es que entre vampiros las cosas son diferentes, la lealtad no se mide en palabras, sino en acciones y, aunque ella aún no demuestra todo, es de reconocer su valentía al negar a Camiller y reconocerlo a él. –Mis seguidores son fieles a mí, son mis amigos, me creen y confío en ellos. –le miró con intensidad, sincerándose a través de los ojos, pues es difícil confiar en todos.

-Si bien es cierto que tengo las cosas bajo control, una mano fuerte siempre es mejor blindarla. –se levantó entonces y caminó alrededor del sofá donde ella se encuentra. -¿Estarías dispuesta a ser parte de mí? –preguntó con lentitud, arrastrando un poco sus palabras y recargando sus manos en el respaldo del mueble. –Confío en ti, hace años que nos conocemos… tal vez podrías darle certeza a muchas de mis acciones. –no sabe hasta qué punto siente desprecio por Camille o tal vez ni siquiera lo sienta, pero es necesario conocer de lleno sus intenciones. Sus últimas palabras causaron orgullo en el vampiro. –Te creo. –respondió. –Te quiero a mi lado, como mi mano derecha. –soltó entonces la necesidad de fuertes aliados a su lado y ella lo es.

Sus seguidores son leales y serviciales, pero algo es verdad, la mayoría son jóvenes como él que sólo intentan buscar su destino, saberse en un lado o en otro los ha dejado confundidos y necesitan líderes fuertes que le den certeza a sus decisiones, que se sepan seguros de su decisión de seguirle. Con Mariska seguro así será, aunque todavía no es suficiente; de cualquier manera, ahora tiene algo más en su aparente insurrección, cuenta con la sabiduría de una vampiresa que ha vivido muchos más años que él. Su propósito es conseguir a otro aliado más, alguien que complete el círculo de tres, los tres más poderosos y aunque ya tiene en mente a algunos candidatos, no sabe en qué momento le pertenecerán.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Mariska Harsányi el Dom Mar 17, 2013 11:10 am

«Se puede ser justo si no se es humano»
—El honor es mío, Raphael, porque admiro que te muestres reacio a dar el brazo a torcer ante Belcourt. Esa mujer es una caja de Pandora que es mejor no abrir, pero todos estamos al tanto de que parte de su perversión se ha colado por la tapa. No confío en su inestabilidad, más sí en tu determinación. Ser joven tiene sus ventajas. Tendrás más disposición y voluntad que los vampiros como yo, que ya estamos cansados de ver cómo todo se va al demonio lentamente en las manos equivocadas. Tengo fe en ti, muchacho... —y su voz volvióse inusitadamente tierna, comprensiva, de ésa que es capaz de arrullar a un niño pequeño con todo el amor del mundo. Cierto sentido en ella era despertado por la agradable visión de la juventud alzándose en contra del tradicionalismo inflexible de los Antiguos, quienes no habían tenido la mente lo suficientemente abierta como para aceptar que los mundanos nunca fueron un juguete. Y ella, versátil, había logrado adoptar y adaptar la Ley sin mayores complicaciones.

—Me alegra saber que los que te siguen lo harán sin desviarse ni un ápice del sendero que les trazas —musitó observándolo con atenta complacencia, ladeando la cabeza al pensar que ni ella misma lo haría aunque tuviese la oportunidad—, como yo. Tu poder de convencimiento excede con creces el de tu contraparte. —Las comisuras de su boca se ensancharon lentamente, admitiendo haber elegido ponerse de lado de Raphael porque compartía su visión. Si bien no estaba al tanto de si Camille había dado comienzo a su racha de reclutamiento, estaba segura de que aquélla debía tener tantos o más contactos que el joven Santiago dado que sus dotes de artista debían haber mejorado aún más los últimos años. Haber llegado a Nueva York y encontrarse con él pretendía ser la mínima parte de aquello que estaba dispuesta a hacer en pos de su aquelarre, porque la idea de ser superados en poderío y número le reventaba. Tenían que ser mejores; la única manera era pensar fríamente y no dejarse llevar por decisiones guiadas por el ímpetu.

—Sé de lo que eres capaz, así como sé que, tal y como yo misma he accedido sola a serte leal apenas he puesto un pie en el Dumort, muchos más lo harán. Muchos más vendrán con sed de lo justo y desdeñarán el macabro juego en el que están, porque creo que hasta el momento todos son marionetas de Camille. Seguiré a quien se haya cortado los hilos. —Sentía los ojos de su colocutor puestos en la nuca, el quejido quedo del cuero del respaldo apresado entre los dedos pálidos de aquél que esperaba un respuesta; estaba segura de que habría podido sentir su respiración si él aún estuviese vivo—. En ese caso está demás decir que, tanto como admiro tu vehemencia, honestidad y transparencia, aprecio que hayas tenido las agallas para desligarte de ella. Muy pocos lo harían. —Por un instante pareció sumida en una cavilación en la que intentaba imaginar cómo hubiesen resultado las cosas si Raphael no se hubiese declarado en desacuerdo con Camille, en qué condiciones estaría el aquelarre de Nueva York y qué papel hubiese jugado ella en todo aquello. Tal vez, si esa utopía se hubiese dado, aún seguiría en Hungría atendiendo asuntos menores y haciéndose cargo de gente menos apasionada. Pero no se arrepintió de haber abandonado Budapest. Nunca se arrepentiría.

—Raphael Santiago —musitó de repente, poniéndose de pie con suma elegancia mientras giraba sobre sus talones para buscarlo con la mirada y escudriñarlo atentamente—, cuenta conmigo como aliada, seguidora y compañera.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Invitado el Miér Mar 27, 2013 8:18 pm

Las palabras de Mariska aumentaron en él la satisfacción de sentirse aceptado por una vampiresa realmente antigua y poderosa, eso sin duda le devuelve la esperanza de, en algún momento, enfrentarse con gallardía a Camille y desenmascararla de una vez por todas. Los europeos siempre han gozado de inmenso poder, su orgullo es algo que siempre ha admirado, aunque muchos de ellos lo han lastrado y pisoteado con tremenda desfachatez, muchos son demasiado ambiciosos, ya ni siquiera les importa a quien sirven con tal de obtener el bien más preciado y del que ahora han sido limitados. La sangre humana. Si bien han logrado un acuerdo para recibir en contadas ocasiones un número determinado de bolsas de sangre, no siempre satisface a mucho de ellos.

-La juventud es una ventaja, tú lo has dicho, pero también lo contrario. –respondió con lentitud y sumo respeto. –Por eso te necesito a mi lado, porque es ti hay algo que yo aún no poseo… sabiduría, mucha sabiduría. –sonrió un poco, siendo recíproco en sus halagos, pero siendo sincero en el asunto, pues no negará jamás que, incluso Camille, tiene más sabiduría que él. –Agradezco tu confianza Mariska, es sin duda un aliciente para alguien tan desgarbado como yo. –tuvo la intención de romper algunos protocolos, muy típicos en la Europa occidental, pero se contuvo, lo que menos quiere es dar una imagen de desenfreno, descuido y torpeza. Se atrevió a inclinarse ligeramente y demostrar que es capaz de comportarse a la altura de cualquier vampiro.

El tema de la lealtad de sus hombres no podía discutirla por mucho tiempo, si bien es cierto que no tiene tentáculos en todos lados, tiene a hombres lo suficientemente confiables como para sopesar cualquier necesidad de control; ha habido unas ocasiones, muy contadas, en las que ha tenido que recurrir a ciertas acciones de las que no se siente orgulloso, pero debe dejar claro que los traidores no merecen ninguna contemplación. –No debemos subestimar a Camille, ella se está haciendo de importantes aliados… se ha vuelto demasiado impredecible. –se detuvo un momento, pensando. –Sabe que la conozco, por eso es que actúa según opiniones diversas. –entonces vino la respuesta, la que esperaba desde el momento en que apareció por la puerta de sus aposentos.

-Camille ha hecho cosas de las que nadie debería enterarse. –con ello bien podría insinuar muchas cosas. –No la culpo, ella ha cedido a los años de liderazgo y no acepta que su tiempo acabó. –recordar verla asesinando a humanos sin contemplaciones, rompiendo los tratados y poniendo en riesgo la paz que se logró con los Nephilim; no es algo que haya podido tolerar. –Ella me convirtió, me salvó la vida cuando estaba a punto de morir… muchos me ven como un miserable traidor, pero si supieran… -la miró directo a los ojos, deseando ser por completo sincero con ella, pues así no habría lugar a dudas y la fidelidad sería sellada. –Puso en riesgo la paz, asesinó a humanos sin temor a provocar otra guerra, no dejaré que ella vuelva a ser la líder. –afirmó, con plena convicción.

-Me alegra sellar nuestra alianza. –sin pensarlo mucho más y rompiendo un poco los protocolos, se acercó a la mujer y la tomó por los hombros con delicadeza. –Daremos justicia a nuestros compañeros, la tiranía de Camille debe venirse abajo o moriremos en el intento. –su vehemencia podría amedrentar a cualquiera, aunque seguro no sería el caso de Mariska. –Llegará el día en que el resto de nosotros abra los ojos y sepa la verdad. –se separó de ella un poco y la contempló con admiración. –Evitaremos la guerra a toda costa, pero si es necesaria, no dudaré en aprestarme contra nuestros enemigos… mi vida contigo y para ti. –levantó su mano derecho y sin mella alguna rasgó su muñeca permitiendo que su sangre escurriera por el brazo, esperando que ella actuara con precisión.
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Re: One light in the road... | Mariska

Mensaje por Cónsul J. Nightshade el Jue Abr 11, 2013 7:01 pm

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Re: One light in the road... | Mariska

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