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El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

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El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Sáb Mar 09, 2013 7:01 pm

Rol ambientado en hace 3/4 años, Londres, principios del mes de Octubre.

Spoiler:
He pensado en abrir este tema en homenaje al anterior post de K y A en el bar. Esta sería la explicación de ese "nos vemos en Nueva York" y del por qué Charlie está allí. También el por qué nos conocemos tanto (somos parabatai) y nos hemos visto tan poco (Kaley ha tardado un poco en llegar).Si te apetece hacerlo en plan flashbacks o no hacer avísame ^^.

La runa de parabatai brilla en mi pecho de una forma intermitente que casi duele. Sólo hace unos días que me la hice y por eso creo que aún no me he acostumbrado, o quizá sea porque en el fondo nunca estuve segura. Ser la parabatai de Angelique Nightshade es algo que infunde respeto. Si me pregunto en qué momento nos hicimos amigas probablemente no encuentre el momento exacto, aunque si encuentro el nexo común: nuestro desprecio por las costumbres más arcaicas de los nefilims de Idris. No me suelen gustar las fiestas nefilims donde todo el mundo se hace runas absurdas y dolorosas, y esto es algo que no me ha canjeado muchos amigos, es más, durante los tres años que ha durado mi entrenamiento como nefilim en Idris -llevo más de siete por mi cuenta- me he peleado más con ellos de lo que me he podido reír.
Y así fue hasta que conocí a Angelique. Recuerdo que cuando la vi por primera vez pensé en que me caía realmente mal debido a su actitud "Queen B" y al hecho de creerse reina del lugar, pero afortunadamente decidí no quedarme en la primera impresión.

-Mundana, no sé si te interesa pero esta noche hay una partida de caza-

Más o menos esas fueron sus primeras palabras hacia mí durante un examen de lenguas muertas. Esa noche era la fiesta en honor al Arcángel Gabriel, una fiesta muy parecida a "Acción de Gracias" y yo obviamente no iba a asistir, estaba más cómoda en mi habitación mirando mis libros así que la propuesta de Angie casi me pareció caída del cielo. Sin pensármelo dos veces llegué a mi habitación y preparé un par de cuchillos, la daga de mi padre y me dibujé las runas necesarias para salir de caza. Oficialmente no podía salir de caza sin la orden de un adulto ya que no había llegado a los dieciséis por aquel entonces, pero por suerte mi lado rebelde acalló al sensato y esa noche fue la primera de muchas en las que salí a cazar con Angelique. Sonrío frente al estúpido recuerdo. La lucha ha sido quizás la mejor forma de comunicarnos porque durante los días de entrenamiento apenas cruzábamos palabra: a ella le encantaban las miradas sobre su persona y yo prefiero que nadie se fije en mí. Al terminar los entrenamientos y justo antes de recibir el cargo de "Cazadoras de sombras" por parte del cónsul me propuso si quería ser su parabatai. Le pregunté si Jamie no iba a serlo y ella negó con la cabeza y como la mayoría de las veces, acepté una de sus propuestas casi sin pensar. Total no tenía a nadie y Dianna no podría ser nunca una Cazadora. Prometimos encontrarnos en Londres este verano.

Cumplimos nuestra promesa. En estos meses y bajo el sol londinense hemos afianzado una amistad que solo existía cuando cogíamos un cuchillo serafín en nuestras manos: hemos ido a un par de bares a tomar algo, hemos visitado el London Eye, comido cerca de Picadilly Circus... Para mí era muy extraño tener a Dianna y a Angelique sentadas al lado una de la otra ya que era como tener a las dos partes de mí misma juntas. Ha sido en esos días del comienzo del verano cuando nos hemos convertido en parabatais. Se podría pensar que somos "superamigas" o algo así, pero en realidad poco o nada sabemos la una de la otra excepto lo mínimo necesario. Decidimos ser parabatais porque cuando peleamos juntas somos imbatibles. Finalmente realizamos el ritual en casa de su hermano James.

Conforme fue pasando el verano ella comenzó a pasar más tiempo con su hermano James y yo con Dianna. Pensar en los últimos meses hace que la nostalgia pueda conmigo y me inunde la tristeza haciendo que las lágrimas acudan a mis ojos sin yo habérselo pedido. El nudo en mi garganta se hace palpable y casi puedo sentir la runa de la memoria palpitar en mi clavícula. Esto me hace aterrizar sobre la tierra y pasar al asunto que más me preocupa: la despedida para siempre de Angelique. Nada de lo que tengo ahora merece la pena y ser yo misma es casi doloroso. Ser Kaley la Cazadora de sombras solo ha traído pena y tragedia a los que me rodean así que he decidido dejar Londres para siempre y viajar hacia Estados Unidos con la intención de conocer a mi familia paterna. Keegan y Jeremy parecen haber entendido mi decisión de no querer seguir a su lado y yo no puedo estar más agradecida. Dejar a mi padre y a mi hermano ha sido muy duro, con lo que espero que dejar a Angelique no lo sea tanto, al fin y al cabo nos conocemos prácticamente desde este verano.

Nos hemos citado en el Hard Rock porque es un sitio que Dianna amaba y yo quiero darle un último homenaje secreto. Nos vimos hace solo unas semanas, poco después de la muerte de Di, y en esa ocasión solo tuvimos de darnos la oportunidad de concedernos el pésame mutuamente y beber hasta el amanecer y digo mutuamente porque su hermano James murió también hace poco, en una partida contra un aquelarre, o al menos eso he oído: ella no ha querido contarme nada. No quisimos decir nada solo un "lo siento" mutuo mientras esperábamos el amanecer sentadas cerca del Teatro Royal Albert Hall. Mientras espero que llegue, me aprieto más contra mi cazadora negra y pido un par de cocacolas. Aun no he cumplido los dieciocho.
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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Mar 28, 2013 12:51 am

Inconsciencia, quizás. No, no podía culpar a la inconsciencia o al desconocimiento. Lo había sabido desde el momento en el que las palabras del juramento fueron pronunciadas, desde que se vio reflejada en los brillantes ojos de Kaley. La certeza fría de que de un modo u otro incumplirían aquella alianza.

El pensamiento, aún y con toda la tristeza que contenía o debía de contener, no hacía más que arrancarle una amarga sonrisa. Así eran ellas, así siempre habían sido. Un dúo extraño y dispar de tías que si algo tenían en común era la destreza y la cabezonería. La una radical y narcisista, la otra intrépida y sensata. Ponlas en una habitación por cinco minutos y no lograrás que concuerden en nada. Déjalas allí con una horda de demonios y tendrás al dúo más letal y sincronizado que Idris haya visto jamás.

“A dónde vayas, yo iré, donde tú mueras, yo moriré, y allí seré sepultado; El ángel será mi testigo y aun más, hasta que la muerte nos separe a ti y a mi.”

Lo siento. Pensó la Nightshade, trabando con fuerza la mandíbula, observando de reojo su propio reflejo por las vidrieras espejadas de la ciudad. Apretó el paso, las uñas clavadas con tal fuerza en sus palmas que amenazaban con sangrar, el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, concentrados en las baldosas. Llevaba el cabello lacio, ondeando en el viendo húmedo de Londres que azotaba sin piedad su semblante sombrío. Delineador, y maquillaje oscuro resaltaba una mirada perturbada y turbia, mientras que un tono rojizo coloreaba labios tensos y finos.

Quizá podría haber sido otra clase de persona. Un ser sedentario como su hermano o uno práctico y comprometido con la labor del Ángel. La realidad sin embargo siempre había sido distinta para ella, condicionada por las decisiones que su naturaleza apasionada la había llevado a tomar. Que va, era hipócrita e insulso de su parte pensar siquiera de esa manera. Sonaba como si se arrepintiese de ser la peor de las influencias o de haber hecho hasta lo innombrable para convertirse en una cazadora jodidamente buena. ¿Iba a negar que lo había disfrutado? ¿Iba a mentirle a su descarado reflejo? Ja... ni de coña.

Angelique siempre había sido de ese tipo de chicas, del tipo que realmente no encaja con exactitud en ninguna categoría. Podía cortar un demonio en pedazos y a los dos minutos estar hablando de cuidados del cabello o cómo pintarse debidamente las uñas. Quizá ahí radicaba el asunto, en el aura peligrosa que rodeaba a una adolescente de renombre altanera y atrevida. Era ella la reina de las fiestas y las excursiones de caza clandestinas, la que enfrentaba a cualquiera que se interpusiera en su camino aun a riesgo de ligarse una paliza. Una estrella brillante y prometedora en el firmamento, o como la llamaría su padre, el Ángel guerrero de la familia.

Pero de aquí hasta la china y entre nephilims o mundanos, detrás de toda abeja reina se esconde una niñita consentida. Una muchachita terca que se revira y se rebela ni bien se le niega el más nimio capricho. En el caso de Angelique, ese capricho negado fue su hermano. Ese que la seguía a todos lados y que vivía feliz bajo su sombra, ese que más que nada había querido convertirse en su parabatai. De ninguna manera su padre hubiera permitido tamaña vergüenza, ver la luz de su prometedora hija atada permanentemente a la precaria existencia de un cazador mediocre.

En ese momento su padre no comprendió las derivaciones y complicaciones que tendrían sus palabras, todo lo que esa simple negación más tarde desbocaría. Porque en secreto los hermanos dijeron las palabras del juramento, y Angelique se comprometió en alma y corazón a resguardar la vida de Jamie de allí en más.

“La causa de muerte fue la pérdida masiva de sangre. Se estima que sucedió en algún momento entre las 2 y las 4 de la madrugada”

Le había fallado. Fallado como estaba a punto de fallarle a K. Su PUTO ORGULLO le había costado la vida a su hermano. Porque ella había estado demasiado ocupada cazando al demonio que le mereció el título como para protegerlo, como para estar con él la noche en el que esos jodidos hijos de la noche se lo arrebataron.

No. No podía seguir pensando en ello. No podía soportar aquel pensamiento, ni siquiera evocar los rostros de su familia o el modo deplorable y cruel en el que habían hablado en su funeral. Como si no tuviese derecho de llorar la muerte de su hermano, como si esta careciese de valor alguno. Nadie la culpaba. Ella se culpaba a sí misma.

No es de extrañarse que se pasase los días consiguientes cubierta de icor, cazando cualquier cosa que se cruzase en su camino con la enfermiza terquedad de una posesa. No paró hasta desvanecerse a causa del agotamiento y ahogarse junto con su compañera en banales placeres mundanos. Solo K comprendía lo que significaba para ella la pérdida de Jamie. Ella acababa de sufrir lo mismo también, la muerte de su hermana de crianza, una mundana que respondía al nombre de Dianna.

Este fue el último pensamiento, el último recuerdo que acudió a su mente al momento en el que cruzó el umbral del Hard Rock Café y su mirada se perdió en aquellos ensombrecidos orbes castaños, tan brillantes y expresivos como los ojos femeninos podían llegar a ser.

Lento dejó que sus botas de tacón las dejaran frente a frente, quitándole a la otra uno de los refrescos cola de las manos sin apenas y dirigirle la palabra. No lo necesitaba, le bastaba con mirarla, mirarla con la intensidad que demandaban sus conflictos internos y el anhelo de comprensión que en secreto encerraba. La certeza fría que la golpeó al momento de hacer el juramento volvió a azotarla ahora con más intensidad que nunca, dándole la imperiosa impresión de que a pesar de estar juntas, un imponente abismo las separaba.

— Estás a punto de romperlo. —declaró la voz áspera y seca de la Cazadora de Dragones— El juramento de parabatai.

Usualmente, sería poco y nada lo que hubiera salido de los labios de Angelique. Más aquel no era un encuentro ordinario. No. La Nightshade sentía en sus huesos lo que ya había sabido desde que despuntara el alba y ella preparase sus maletas para la pronta partida. Aquello era una despedida.

— No...—añadió en un susurro, colocándole a la otra un mechón de cabello rebelde detrás de la oreja— Yo te relevo de ello. No te haré mantener una promesa que no deseas que sea cumplida. A dónde vas no deseas que te siga, y tampoco voy a permitir que corras tras de mí. — Tomando un trago de fría bebida, Angelique dio un paso y se distanció— Mi única condición es esta, K: Júrame que sobrevivirás. Que no harás ninguna imbecilidad y que no dejarás que ninguno de esos hijos de puta acabe con tu jodida vida. Dame esa certeza y vete al Congo si gustas, haz lo que tengas que hacer sin mirar atrás.
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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Jue Mar 28, 2013 6:34 pm

El sabor de la cocacola se me antoja amarga ya que apenas puedo sentir el dulzor de la bebida debido al nudo que se me ha formado. Dejo el vaso sobre la mesa de mala gana y levanto la mirada. Suspiro hondo y la observo al entrar. Su pelo oscuro suelto y caído alrededor de su rostro enmarcaba unas facciones rígidas y de un tono oscuro por culpa del maquillaje. Sus ojos oscuros miran hacia el frente y yo trago saliva de nuevo mientras noto cómo las lágrimas amenazan con acudir a mis ojos. ¿Qué coño me pasa? ¿De verdad voy a llorar a la hora de despedirme de Angelique? No lo he hecho al hacerlo de mi familia, entonces ¿por qué presiento que me va a costar hacerlo de ella? "Es tu parabatai, eso tiene que significar algo" me dice una voz en mi inconsciente.

Con la solemnidad que la caracteriza se planta frente a mí hincando los tacones en el suelo y agarra el vaso con una mano. Sin esperármelo me acusa de querer romper el juramento sagrado. Acto seguido alarga una mano y atrapa un mechón rebelde de mi pelo y lo esconde tras mi oreja. Me permito el lujo de estremecerme por un gesto así por lo que cierro los ojos durante un segundo mientras escucho lo que me está diciendo. Abro los ojos y la veo alejándose de espaldas mientras me pida que sobreviva.

Noto cómo mis músculos no reaccionan y cómo una lágrima rebelde decide resbalar por mi mejilla izquierda. La retiro con furia y respiro hondo. Me levanto y me planto justo en frente de ella. Una parte de mí me grita que se está despidiendo y todo lo que ello implica. E inexplicablemente me molesta.

-Vamos Nightshade, no me seas melodramática-le digo entredientes reprimiendo el impulso de deshacer a lo bestia el nudo que tengo en mi garganta- sabes que esto no es un adiós, es un "hasta luego".. ¿Lo era? Quizá sería más fácil dejar de ser Kaley si lo dejaba todo atrás.

En mi omóplato derecho noto como la runa de parabatai, la runa que une a estas dos almas perdidas, palpita con una fuerza inesperada, quemándome de tal forma que parece que se esfuerza en que nunca me la vaya a quitar. No puedo dejarlo todo atrás. Le repito el gesto y le coloco el pelo tras la oreja izquierda. Al hacerlo veo cómo tiene una fea cicatriz de una herida que le coge desde la mandíbula a la oreja.

-Si deseas que sobreviva, debes de dar ejemplo Angie- sonrío irónica- no me puedes pedir que no haga imbecilidades si tú eres la primera gilipollas que pone en peligro su vida. Así que ya sabes, se acabó el hacerse la guay. Deberías saber que el icor demoníaco no sienta bien para el cutis.

Sonrío más tristemente de lo que me gustaría. La observo y es como si viera un espejo deformado de mi misma puesto que ambas compartimos una historia tan parecida y distinta a la vez que da hasta miedo. Las dos hemos perdido a la persona que más queríamos y que más nos importaba en el mundo y ambas intentamos huir de nosotras mismas. Cuando decidimos hacernos parabatais supongo que nunca imaginaríamos que compartiéramos tanto.

-Debes de saber algo antes de irme -clavo mi mirada en sus pupilas marrones- si alguien te pregunta por mí, dile que me he ido. Que apenas me conocías -carraspeo- he hecho algo de lo que no debo sentirme orgullosa, Angelique y no quiero que mis malas decisiones te acaben afectando.

Le pongo una mano en el hombro y de nuevo la runa que nos une me quema a tal nivel que dejo escapar un grito ahogado. A su vez puedo sentir como mío su propio dolor que unido al mío me hace querer sentarme en suelo y llorar y arrancarme la piel a tiras. Es un dolor mayor de lo que nunca hubiese experimentado, nada parecido a lo que hubiese sentido antes. No es un dolor físico sino "del alma".

-Bebe esta última copa conmigo- le indico con la mano. No le miro a los ojos, no quiero sentir ni el rechazo ni la culpa en su mirada


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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Mar 29, 2013 1:27 pm

A veces tenía sus ventajas ser una loca presumida, una niñata caprichosa que mata el tiempo corrigiendo mentalmente imperfecciones ajenas. Quizá eso había desbocado en alguna especie de paranoia, aunque prefería pensar que simplemente le había hecho susceptible a pequeños cambios de apariencia. Cambios como, por ejemplo, un minúsculo resquicio de maquillaje corrido bajo el ojo izquierdo de K.
Prefirió no decir nada, recostándose en una de las sillas del local y bebiéndose una serie de tragos refrescantes de coca cola. Su nombre estaba en la boca del enclave desde la caza del demonio dragonidae ,y ,sin embargo, todo lo que ella tenía para recargarse era una silla vieja y una parabatai que se le iría a los quintos infiernos ni bien osara pestañear.

Tres hurras por ti, Nightshade. Deberías escribir un libro: “Cómo joder tu vida en tres minutos o menos”


Esbozó una sonrisa ácida y enarcó una ceja.

La suya no era ciertamente el área emocional, así que la conversación no hacía más que avanzar y avanzar dentro de su zona de increíble incomodidad. Ja, ironía, ironía. Justo cuando creía que había perdido al único capaz de inmiscuirse en sus pensamientos la otra aparecía de la nada y la dejaba más desoriendada que brújula imantada ¿Qué? ¿Creíais que era imposible descolocar a la Cazadora de Dragones? Denle un poco de sentimentalismo y la dejarán fuera de combate por una buena temporada.

— Ya de sobra sabes que soy un pésimo ejemplo a seguir. —comentó, sonriéndole zalamera en un esfuerzo por sacudirse el nudo en la garganta y la opresión de su corazón— Ser una cazadora de sombras es todo lo que soy, K. No pienso dejarlo.

Sobre su corazón la negra runa quemaba, inundándola de una fortaleza desconocida y a la vez con un dolor abrasador. Se descubrió a sí misma reacia a abandonar a la Highsmith a su suerte, aun y cuando sabía que lo terminaría haciendo de todos modos.

— ¿Cuándo hemos cambiado lugares? Se supone que soy yo la impulsiva

La voz de Angelique sonaba agrietada aún con la sonrisa socarrona que adornaba su rostro redondeado y la actitud de hija de puta que siempre tenía. ¿Qué esperaba? ¿Qué fuera un encuentro casual y entretenido? ¿Desde cuándo es fácil que te extirpen el corazón?

— Haz lo que debas hacer y no te preocupes por mí. No me la tiro de heroína y ni un pelo tengo de suicida.

“Bebe esta última copa conmigo” ¿A eso se limitaba? ¿Simplemente así sin más se acabaría su amistad y comadrería? Y una mierda. Esas no eran ellas. Esas nunca habían sido ellas.

No, querida, no te pienso dejar marchar sin al menos saltarme una de las reglas. Pensó entre sí, con el brillo de la resolución danzando en sus pupilas, tirando con fuerza de su compañera para atraerla hacia sí.

— Esperaré a que te dignes a volver donde te corresponde, mundana. Te esperaré hasta el día en que sangre tu runa de parabatai. Ni uno menos, ni uno más.

Y sin dirigirle ni tan solo una palabra más, asaltó los labios de la otra cazadora, besándola con suavidad por un instante fugaz.
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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Sáb Mar 30, 2013 7:29 pm

Estaba preparada para cualquier tipo de reacción respecto a los actos que hiciese mi parabatai excepto para esto, aunque no puedo decir que me sorprenda: lo he visto venir. He visto cómo ha pasado de una sonrisa ácida y de unos comentarios cortantes a cómo poco a poco sus defensas se venían abajo. Lo ha intentado disimular pero creo que pese a que me parezca increíble la conozco mejor de lo que me atrevería a pensar. Y es que sus ojos han dejado de ser tan duros como el acero y han dejado entrever un brillo inusual, de emoción, quitando de en medio la fina capa de superficialidad con la que mira a todo el mundo. Su sonrisa tan socarrona como de costumbre no ha evitado que viera que le afecta, que tiene sentimientos y que en el fondo lo está pasando tan mal como yo a la hora de despedirse.

Y en eso andaba pensando cuando he notado sus manos en mi cintura, atrayéndome hacia ella como si de una tarántula se tratase, atrapándome en sus redes. He sentido el beso antes de que me lo diera, justo en el segundo en el que aprecié el brillo de determinación en su mirada.

-Esperaré a que te dignes a volver donde te corresponde, mundana. Te esperaré hasta el día en que sangre tu runa de parabatai. Ni uno menos, ni uno más-

Sus palabras sobrevuelan sobre nosotras al tiempo que siento el frío roce de sus labios. Durante un segundo me quedo en shock, sin saber cómo demonios responder, pero inmediatamente después una rabia infinita me asalta ¿a qué viene esto? ¿es acaso una forma de hacerme sentir peor? La miro a los ojos, echando chispas, y esta vez soy ya la que se lanza a besarla con fuerza, con furia, dejando en el beso toda la ira que llevo dentro como si quisiera que el dolor que la runa me provoca lo sintiera ella también. La culpo, la culpo de sentirme culpable porque hasta que ella no ha entrado en el bar no he sentido el peso de mis actos ni el dolor que intentaba obviar. Le atrapo el rostro con mi manos y me separo de ella, dándole un mordisco en el labio cuando separo los míos de su boca; noto el sabor del hierro.

-¿A qué viene esto?- le pregunto entre dientes- no solo soy yo la que se va -le espeto- sé de sobra que tú tampoco te quedarás mucho tiempo en casa, Angie así que no sé que viene este numerito de "adiós Kaley, vete a la mierda por huir así".

Respiro hondo en un intento de tranquilizarme y de pensar con tranquilidad. Ya me lo decía Dianna "controla tus impulsos Kaley, que siempre la cagas", así que relajo los hombros y la agarro otra vez del rostro.

-Lo siento -murmuro; la palabra me quema en la garganta- siento lo que he hecho y dicho.

Me muerdo la lengua antes de seguir dando explicaciones: sé que no las necesita, sé que no le importa.

-Por si te interesa, viajo a Estados Unidos- me cuesta mirarle a la cara, mis manos finalmente se posan en sus hombros- quiero ir en busca de mi familia, de mi verdadera familia. Si lo necesitas puedes venir conmigo.

Ahora sí que la miro y esbozo una sonrisa.

-Digamos que me he hartado de seguirte a todas partes y ahora soy yo la que te invita a venirte conmigo.

Me miro los pies mientras espero una reacción por su parte.


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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Miér Abr 03, 2013 8:22 pm

Estaba esperando un golpazo, uno que la trajese de regreso a la realidad y anclase a la tierra firme a donde pertenecía. Quizá sería mejor así, si recibía un rechazo frontal que enviara al fondo del closet sentimientos que ni sabía que tenía o que simplemente había preferido ignorar. Era más cómodo pretender que las cosas en realidad no importaban, que nadie más que su hermano se había ganado nunca un merecido sitio en su vida. Jamás esperó abrir los ojos pardos para encontrarse con una Kaley a la par encolerizada y ruborizada, echando chispas y contemplándola como si fuese a la vez a matarla y a romper en llanto.

Entreabrió los labios, dejando escapar un suspiro quedo mientras el agarre de sus manos vacilaba y se tornaba flojo, casi infantil. ¿Se habría pasado? Evidentemente. Siempre se pasaba. Siempre presionaba más de lo que debía, llevando las cosas a un nivel extremista.

— K...—comenzó a decir

Sin embargo sus palabras fueron ahogadas por los labios cálidos y dulces de su parabatai envolviéndola en un beso voraz y ansioso, torpe en su ferocidad. Nada podía pensar, nada quería pensar mientras sus largos dedos tiraban con afán de la ropa de Kaley y esta respondía al contacto con la misma rabia a ira contenida. No la quería dejar marchar, detestaba la idea desde el fondo de sus entrañas. Todo esto, toda la jodida idea la enfermaba y la dejaba al borde de un ataque de locura.

¿Y ahora qué? Pensó con el corazón golpeando con ferocidad contra sus costillas y la negra runa ardiendo sobre su pecho. Ahora tendría que irse. Ahora más que nunca tendría que marchar antes de convertirse en ambas una adicción y un atentado contra la estabilidad de su parabatai. Angelique era una zorra egoísta, una que pretendía la mayor parte del tiempo no interesarse en lo más mínimo por el bienestar de los demás. Una sonrisa zalamera y truinfal delineada en sus enrrojecidos labios, el aliento agitado golpeando contra el rostro de la joven, el regusto de la propia sangre empapándole la boca.
Entornando los oscuros ojos escuchó como la otra le reclamaba enfurecida, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para controlar pobremente la tensión en sus músculos. No creyó conocerla tanto hasta aquel entonces, en el que comprendió en realidad cuánto le dolían y cuan hondo calaban en ella sus actos. La cazadora de dragones hizo una mueca y apartó la mirada, fijándola en un mesero que hacía rato las observaba. Pervertido. Pensó, mientras en su fuero interno se reía sin gracia. El destino les había jugado a ambas más de una broma amarga.

“Lo siento” le escuchó decir, volviendo a centrar su atención en una nephilim que parecía ser quemada por sus mismas palabras y tropezar torpemente con todas las que continuaban. Estados Unidos. Justo al otro lado del pequeño charco que es el océano Atlántico. Podía irse allí. De seguro estaría lo suficientemente lejos, lo suficientemente distante como para que ningún Nightshade acudiera a molestarla. Un bonito lugar para morir, además. Una prisión de asfalto y modernidad lejana a toda la naturaleza campestre que tanto añoraba. Y sin embargo...

— No sigo a nadie, creí que a estas alturas lo sabrías.—le espetó la joven, tirándose el largo cabello hacia atrás con las uñas— Y no me quieres allí. No en realidad.

¿Qué hacía? Se preguntó a sí misma mientras sus pasos ya la conducían raudos y coquetos hasta la salida. Lo único que sé hacer bien: ser una hija de puta.

— Búscame luego si quieres —comentó, moviendo la muñeca en el aire mientras le daba la espalda— No seré la misma. Pero ninguna de las dos es la misma que era cuando hizo el juramento en primer lugar.

El repiqueteo de sus botas se detuvo frente a la salida, y entre la cortina de pelo castaño se asomó el perfil infantil de a quien llamaban la Cazadora de Dragones.
— Cumple con tu palabra, mundi. —añadió con una media sonrisa— Y no vuelvas a disculparte. No te sienta.

Sí. Aquello era una despedida.
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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Vie Abr 05, 2013 4:06 pm

¡Bum! Puedo oír cómo se han roto los muros definitivamente, muros que construimos nosotras ante el mundo dejando solo entrar en nuestro universo a una única persona. Personas que se han ido, que no están. Sus últimas palabras flotan todavía en el aire, pidiéndome de nuevo que me proteja, que cumpla con mi palabra. Angelique preocupándose por alguien que no es ella misma, Angelique la misma que es capaz de montar una rebelión de nefilims pre-adolescentes con tal de que la dejen hacer lo que quiera, es ahora quien me da consejos y me pide que sobreviva. La rabia contenida, la misma con la que le he devuelto el revés emocional, se disuelve poco a poco al igual que el nudo de la garganta.

Creo que por primera vez nos estamos viendo realmente, por primera vez veo a la chica que era cuando estaba con su hermano, la que de verdad se esconde tras la máscara pueril que muestra a los demás y ella está viendo a la chica que pide disculpas, que intenta arreglar las cosas antes de que se vayan a pique. Le he pedido que venga conmigo, que me acompañe y supe su respuesta antes de que la pronunciase. Y es verdad, no quiero que venga conmigo, quiero hacer este viaje sola.

Sin embargo no voy a dejar que se marche sin más, sé que está comportando como una auténtica zorra y lo sé porque así se comporta cuando algo no le interesa o cuando sencillamente se siente cobarde. Lo he podido ver los últimos días, desde que James murió. No la voy a cagar otra vez así que corro hacia la puerta. Cuando consigo agarrarme a su hombro antes de que ande, hago un esfuerzo y vierto un glamour sobre nosotras.

-Tienes razón, no quiero que vengas, no lo siento, es más diría que hasta deseaba ese beso -suelto una carcajada seca- por favor ¿quién no querría besar a un mito?

Me acerco a su oído por la espalda.

-Sabes jugar muy bien tus cartas, cazadragones -me gusta el mote que acabo de soltarle- tanto para no responderme. ¿ A qué viene todo este numerito? ¿ Es que acaso te importo algo?- sé que esto es incidir en la herida pero creo que necesito saberlo- Necesito saberlo porque yo no voy en busca de quimeras, Angelique. Quiero saber si te importo. Si el juramento al que tu raza da tantísima importancia, se lo das tú también. Antes de irme quiero saber si soy tu parabatai o simplemente una "recluta" más de las tuyas con la que divertirte.


Sé que me responderá con evasivas pero sinceramente, nunca había encontrado tan interesante -y divertida- a mi parabatai porque nunca la había visto de verdad. Quiero que me demuestre que le duelen las cosas y sobre todo que se ponga en mi mismo nivel, al nivel de pedirle disculpas. Yo también sé ser una hija de puta.

-He sido gilipollas al pedirte que vinieras conmigo, supongo que por compasión -le espeto sin piedad- pero ya no importa.

Le suelto el hombro y la adelanto. Esta vez soy yo la que anda delante de ella.

-Ah, Angelique, no me pidas promesas que ni tú cumplirías.


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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Abr 18, 2013 7:53 pm

“Sentí el agarre de K en mi hombro. Sabía que me sujetaría inclusive antes de que las botas me condujesen paso a paso a la salida del local, pero no podía estar segura de ello hasta que el contacto me paralizó y la negra runa abrasó mi pecho en signo de protesta. Esta no era la chica con la que había hecho el juramento de parabatai. La paria idiota con costumbres mundanas que al final se probó la única capaz de mantenerse a mi altura, de leerme la mente en los momentos precisos y convertirse en mi mortífera compañera de caza. Con el mentón en alto le había jurado lealtad a una completa desconocida, y ahora me descubría a mi misma más conocedora de la verdadera Kaley de lo que nunca antes me había atrevido a pensar. O quizás era que simplemente jamás me había interesado en lo más mínimo. No entendía a esa mundi. No me importaba esa mundi. Puras palabrerías que hasta entonces hasta yo misma me había tragado.

A su modo, K estaba tan dañada y maltrecha como yo. Tan defectuosa en los irregulares bordes de una personalidad arrogante y maliciosa como podía estarlo la mismísima cazadragones tras sus delineados ojos y el sedoso cabello castaño. Eramos lo mismo, ella y yo. La misma sangre del ángel, el mismo salvajismo latente bajo capas y capas de superficialidad o comportamiento indulgente. Por eso sabía que no me decepcionaría. Kaley se matendría con vida porque eramos iguales. No importaba lo que el mundo le arrojase, nada apagaría la llama instigada por el rencor en el alma de mi compañera, nada la haría bajar los brazos y arrojarse al vacío. Ella era una superviviente. Por eso tenía la certeza absoluta de que la fe ciega que depositaba en la misma no sería en vano.

Mi parabatai resistiría. Mi parabatai ya no tendría nada que perder.

Ni siquiera a mi. A mí me había perdido en el instante en el que crucé el umbral de esa puerta y el gigantesco muro de acero ya tan conocido y familiar se formó otra vez a mi alrededor. Hablaba, la escuchaba parlotear destilando sorna y seriedad en partes iguales. Creía que seguía hablando con Angie, con la niñata incorregible y caprichosa que ansiaba cabalgatas en Idris y cuyo mayor problema eran las reprimendas de su padre. Sin embargo ,esa chica que a la que a penas y había logrado atisbar unos momentos atrás acababa de ser sepultada bajo las cenizas de su propio hermano. Yo misma, la causante de su muerte.

Impasible y de brazos cruzados recuerdo haberla observado adelantarse, haciendo un comentario que no hizo más que arrancarme una carcajada. Reí con algo muy distinto de la felicidad envenenando la voz que se escapaba de mi garganta, negando con la cabeza y alzando el mentón altanero en un gesto de superioridad. “Ea, K. Mírame bien, porque ya no me verás”

No, no soy una fatalista. Aún así, pocos desean morir con la fuerza con la que yo lo deseaba, con la intensidad bestial con la que lo sigo deseando. No iba a tirarme en una carrera suicida, no iba a soltar las riendas de modo cobarde y acabar con todo de un tirón. No me merezco ese privilegio. Si abandoné a Jamie por ser una cazadora, entonces una cazadora es todo lo que seré. No una persona, no una hija, no una amante. Nada más que la nephilim que nací para ser. Y sé que K lo leyó en mis ojos, que leyó en las palabras que le dije todo lo que pensaba. La certeza helada de que no viviría lo suficiente como para reencontrarse conmigo cuando gustara. Que ya se había quedado sin parabatai.

— Importa poco un juramento roto, Kaley. — comenté en ese momento hincándome de hombros y dedicándole una sonrisa zalamera— Sabes que no le doy importancia a la mayoría de esas ridículas tradiciones viejas. Eras una buena compañera de caza, no me pidas más de esa mierda sentimental.

El brazo estirado atrajo inmediatamente un taxímetro, y tras abrir la puerta, recuerdo girarme y asomar el perfil tras el largo cabello lacio, mirando a mi antigua compañera de soslayo.

— Ave atque vale, parabatai.

Comenté con sorna, y sin dar mucho tiempo a respuesta alguna, le comandé al taxista llevarme al aeropuerto central. Mis maletas me esperaban allá. “

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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Sáb Abr 20, 2013 4:07 pm

De nuevo, como siempre, me arrastra su autoridad natural de tal forma que acabo parándome en mitad de la calle viéndola detrás mía. De brazos cruzados y en una actitud totalmente fría y pasional -conceptos contrarios que parecen tener sentido y encajan perfectamente en su personalidad- me espeta que no soy más que una simple compañera de caza, algo así como la chica con la que compartiría unos bolis en un un contexto mundano. A cámara lenta la observo montarse en un taxi cuyo conductor parece sorprendido, pues de repente una chica despampanante que parece hablarle al aire se ha materializado en la acera y reclama su atención. Sin que apenas me de tiempo a reaccionar la escucho decir "ave atque vale, parabatai".

En un segundo casi ínfimo, la parte que me empujó a unirme a ella como parabatai me presenta una serie de imágenes en las que me veo a mí, más joven enseñándole a manejar una daga antigua que no había visto nunca y que un profesor venido desde Egipto nos mostró en clase de lucha con arma blanca. Después nos veo de nuevo, esta vez corriendo en la noche, acechando la llanura de Brocelind en busca de alguna manada de hombres lobo para comprobar que todo iba bien. También me veo discutiendo con ella sobre la importancia de los mundanos en la sociedad y su risa con sorna queriendo decir algo así como "eres idiota". Y por último, antes de que mis pies me lancen a la puerta del taxi me veo con ella y con Dianna y James cenando en un bar, riéndonos a carcajadas mientras contamos las anécdotas que acabo de presenciar frente a mí.
La runa de mi espalda quema más fuerte que nada, y es cuando lo comprendo: no es que Angelique y yo seamos grandes amigas, es más diría que a veces hemos sido nuestras peores enemigas, pero nos une una fuerza anterior a nosotras y que amenaza con romperse. Y entonces lo comprendo: no he sido yo quien ha venido a despedirse, no ha sido Kaley; ha sido mi parte de Ángel, esa con la que lidio continuamente la que rehúsa a marcharse sin saber si también perderé a mi hermana de batalla. Angelique me puede importar bien poco, pero la unión que forjamos sí que debe hacerlo. Presiento que si no arreglo esto, su recuerdo y la pena que siento me perseguirán de por vida.

Me planto frente al taxi cuyo conductor me mira entre confuso y furioso y prorrumpe en una serie de insultos hacia mi persona. Una vez frena de mala gana, abro la puerta del taxi donde se acaba de montar y tiro de ella hacia afuera, sin apenas notar si pone resistencia o no.

-No puedes irte así-le miro echando chispas- me niego. Nunca hemos sido grandes amigas, nunca nos hemos mirado más allá de nuestras habilidades, nunca hemos hecho otra cosa que luchar. No somos como los demás que llevan media vida siendo mejores amigos y luego deciden hacerse parabatais. No sé si tú lo sientes, pero yo sí y la pena y el dolor que siento no es solo mía.

Tomo aire y me saco la chaqueta. Debajo, se puede observar mis brazos desnudos desprovistos de runas, llenos de cicatrices blancas. Mi muñeca derecha está vendada por el tatuaje que me acabo de hacer y mi codo izquierdo tiene una fea herida. Pero no es eso lo que le quiero enseñar. Sin pudor alguno -sabiendo que el hombre del taxi nos ha perdido de vista porque ha seguido su camino- y amparada por un glamour, me quito la camiseta para mostrarle mi omóplato derecho.

-Esto- le llevo su mano a mi espalda- no nos permite marcharnos así. Soy la primera que quiere marcharse de aquí, que quiere desaparecer. Ojalá viniera ahora algún demonio y me atravesase el pecho. Pero no, tengo que vivir con la agonía de saberme culpable de cosas que jamás me perdonaré y todo porque decidí ser una cazadora de sombras. Yo tomé esa decisión y ahora pago las consecuencias. Tú ni tuviste que pensarlo porque estabas destinado a ello.

Me vuelvo a vestir, furiosa porque no entiendo aún por qué no quiero que se marche y porque no sé qué demonios espero encontrar de la chica caprichosa y remilgada que tengo enfrente.

-Lo que quiero decir es que no solo tendré que vivir acorde a mi decisión de ser cazadores, sino también de ser tu parabatai. Esa decisión la tomaste tú, fuiste tú quien me lo propuso. Y me niego a irme sin saber qué demonios va a pasar con nosotras. Sin saber si eso que has tocado seguirá quemando por siempre, si será como ésta- me señalo la nuca- o si acaso rompemos ahora nuestro juramento, que en vistas de lo poco que te importo, no te será muy difícil. Sé que la tuya arde con la misma intensidad que la mía. Quizá hicimos algo de lo que debiéramos arrepentirnos.

Me callo y cuadro los hombros. Un tremendo alivio recorre mi cuerpo y el fuego que sentía en la espalda parece acallarase. Parece ser que la runa tiene un efecto muy curioso y que no de alguna manera no es un juramento antiguo sino que es mucho más. No se ligan dos almas tan fácilmente. Cierto es que a mí Angelique me ha importado más bien poco en todo este tiempo, que como ella se ha referido a mí, yo me refería a ella, pero desde que Dianna muriese, la runa me palpita con fuerza como si quisiera decirme que no me he quedado totalmente huérfana de hermana, que no estoy completamente sola y que mi parabatai me entiende. Se ve que se equivoca. Pero aun así, he tenido que hacerle caso.

El dolor, su dolor y el mío, son más fuertes que la ira o el odio que siento por mí misma. Y la fuerza de un juramento ascentral son más fuerte que mis ganas de dejar de ser quien soy.


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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Abr 25, 2013 4:27 pm

"La dejé despotricar. Por los poros le salía la exaltación y una desesperación casi palpable en el ambiente húmedo de Londres. Necesitaba hacer aquello, chillarme con toda las fuerza de sus pulmones y tal vez intentar atestarme un par de puñetazos. Sabía de buena fuente que era una buena terapia, aunque no estaba segura que espantar a taxistas fuese incluido en el paquete. Gritar siempre le bajaba los humos a Jamie, lo ayudaba a superar su exasperación y pensar con la cabeza. O debería decir, a rendirse al hecho de que soy jodidamente incorregible, espetar algo así como “¡Mierda, Angie!” y salir de la habitación dando un portazo.
A la legua se veía que su interés en gritarme era mucho mayor al mío en cerrarle la puta boca. Tenía todas esas cosas que deseaba decirme y sabía que no dispondría del tiempo necesario, que me escaparía de entre sus dedos como arena mucho antes de que el reloj de dignara a tocar las puñeteras doce campanadas. Con todo y eso, mi runa de parabatai parecía estar asándose a la barbacoa justo sobre mi corazón, reclamándome fervientemente que dejara a un lado mi cabezonería tan inherente y me comportara como una cazadora adulta. Bah. Tal vez contara con suerte y me abriera un hoyo incandescente de lado a lado. Sería en verdad una forma muy poética de morir. Por no decir una irremediable cursilería.
“Nunca hemos sido grandes amigas...”
“Ojalá viniera ahora algún demonio y me atravesase el pecho...”
“Quizá hicimos algo de lo que debiéramos arrepentirnos...”
No me extrañaba que nunca le tocara a ella dar los discursos. No hacía más que enfurecerme más con cada sílaba que salía de su boca... ¡Y las palabras no cesaban! “Mierda Highsmith. Cierra el pico.” Gruñía una voz imperiosa dentro de mi fuero interno. ¿Qué tanto más me podía decir? ¿Qué tanto más podía quedar por decir? No remediaba el impulso de cruzar los brazos sobre el pecho y lanzarle mi más desgarradora mirada de arpía. Joder. ¡Tenía un vuelo que alcanzar!
Carraspeée luego de que la niña acabara su última oración e hice un ademán con la mano, restándole importancia y poniendo notoriamente los ojos en blanco.

— ¿Terminaste? — inquirí, muy consciente de que arrastraba las sílabas y apretaba los dientes, batallando por dejar de fruncir el ceño— Por el Ángel, mujer, eres imposible.

Cargada de un nerviosismo que corría riesgos de acabar en un ataque de violencia mal dirigido, me dispuse a aporrear el suelo con la punta de mis botas de tacón sin decir una palabra.
Tap. Tap. Tap.
Por incontables segundos ese fue el único sonido que parecía retumbar en la inmensidad del espacio abierto, aislado del tráfico, los murmullos y la música proveniente del Hard Rock.
Finalmente, me dispuse a hablar.

— Kaley Charlotte Highsmith, si vuelves a darme un sermón así de largo te quedarás sin parabatai y sin lengua. — gruñí alzando la barbilla— Además, se te dan pésimo los discursos de aliento. No termino de descifrar si quieres que me quede, me tire del London’s Bridge o si simplemente tratas de mandarme a la mierda.


Hincándome de hombros, ya con la paciencia (inexistente, para empezar) en crisis, puse los ojos en blanco otra vez y me tiré una mata de pelo para atrás, descubriendo la negra runa.

— El juramento solo se romperá cuando una de las dos estire la pata y si me quedo un segundo más discutiendo contigo UNA DE LAS DOS VA A ACABAR FLORANDO EN EL RÍO. — A regañadientes me obligué a relajar la expresión hasta tomar cierto aire conciliador y gruñir una vez entre dientes— En este segundo, no te aguanto. Y mi presencia está lejos de serte agradable. Tómame la palabra si quieres. Cumplamos las dos con el trato que hemos hecho, y algún día, si seguimos con vida y ya no nos provoca arrancarnos los ojos, veremos que coño pasa con esta ridícula camadrería.

Sonriendo sin gracia, le dediqué una mueca.

— Y no pretendo perder mi avión, K. Así que si tienes algún problema con eso escúpelo de una vez. "


Spoiler:
¿Te parece si ya lo vamos terminando, K? Me gustaría salir a patear culos vampíricos en la minitrama~
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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Vie Mayo 03, 2013 4:18 pm

Tras el momento de "explosión" me siento tremendamente rídicula, sobretodo al comprobar que me equivocaba y que alguien como ella jamás cambiaría. La runa me duele porque así lo he creído, porque es el dolor de la pérdida el que siento, no el de marcharme. De un plumazo, la tristeza y el desasosiego que me han acompañado estas últimas semanas parecen haber despararecido, y siento cómo algo va recorriéndome las venas a una velocidad incalculable: la indiferencia. Hace apenas dos minutos, la chica que acaba de gritarme me importaba y ahora, en solo dos minutos mi cuerpo parece haber cambiado de opinión.

Es como si no sintiera nada y es una sensación de libertad brutal, como si nada me sosteniese en el mundo. Cuando llegó pensé que había hecho mal en venir a despedirme, pero todo lo contrario: había hecho justo lo correcto. Cerrar un capítulo como el nuestro de mi vida es dejar atrás a Kaley y a la persona que ha sido siempre. Angelique acaba de darme la clave que necesitaba para continuar adelante, que no es otra que empezar de cero tal y como había planeado pero dejando a un lado mi labor como cazadora. Ella es mi último eslabón con mi naturaleza. Si no tengo a nadie que me importe de verdad en peligro, no volveré a ser culpable de la muerte de nadie ¿no?

-Haz lo que quieras. Tienes razón: no soy quien para darte sermones-digo en voz neutra-que la vida te acompañe Angelique.

Sonrío sin gracia y le doy un apretón en el hombro.

-Coge ese avión hacia ninguna parte. Si algún día hemos de reencontrarnos, solo espero que no sea en un funeral.

Me giro y le doy la espalda. Todo mi mundo parece haberse reordenado de nuevo y noto como las emociones que antes han tomado el control se diluyen fácilmente. Es una sensación agradable. Además, la runa ha dejado de molestar por lo que puedo respirar sin dificultad.

-He estado pensando-giro la cabeza- que si nos reencontramos de nuevo, deberíamos hacerlo en una ciudad bonita. No sé, París, Madrid o Nueva York.

Doy unos pasos hacia la calle que se extiende al horizonte no sin antes pronunciar mis últimas palabras con respecto a ella.

-Ha sido un placer luchar a tu lado. Ave atque vale, mi parabatai.

Doy un saludo con la mano y camino hacia delante, hacia un futuro incierto que parece capaz de hacerme olvidar el dolor y la rabia que llevan caminando a mi lado estos meses. Estados Unidos es la opción correcta y quizá conocer mis orígenes me distraiga lo suficiente. No me hace falta dinero: tengo la herencia de mis padres. Cogeré lo necesario y el resto se lo donaré a Keegan por su esfuerzo al criarme, además de pagarle a Leo una buena universidad. Londres ha acabado para mí. Kaley ha acabado para mí.


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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

Mensaje por Angelique Nightshade el Lun Jun 03, 2013 8:19 pm

"Reencontrarse en un funeral sin duda hubiese sido algo irónico, comenté con sorna interiormente a la vez que ladeaba la cabeza y entornaba las pestañas. Después de todo ¿no estábamos ya en uno? La Kaley que conocía acababa de morir sin nadie para llorarla, yo misma la había asesinado, aplastando lo poco que quedaba de ella a punta de tacón. ¿Importaba? Sí. No. Para Nada. Difícil hubiese sido creer que a ese par de zorras egoístas que se miraban altivamente les importase algo más que recluirse y lamer sus propias heridas. Cada una era el ombligo de su universo particular.

— O la ciudad de Cristal — comenté a modo de contraoferta, antojándoseme Alacante una maravilla un millón de veces más encantadora que cualquier pobre adefesio mundano.

Nada teníamos que ver ella y yo. Quería cazar. Quería encerrarme a mi misma en la prisión de mi cacería, recluirme a ser lo que había elegido ser y lo que había condenado a Jamie a ser. Él pudo ser un magnífico mundano, era lo que deseaba, renunciar a todo. Más si no lo hizo es a mí y solo a mí a quien hay que señalar. Temía por la seguridad de su hermanita, por la condena de ser incapaz de verla ya nunca más. Ahora no debía de temer. Ya nunca me vería. Y nadie en este mundo podría verlo a los ojos y reconfortarse en su sonrisa cálida y conciliadora nunca más.

—Ave atque vale, parabatai— respondí con una sonrisa acartonada delineándose entre mis labios, cuestionándome ni por primera ni por última vez si aquello implicaría un hasta luego o representaría una verdad definitiva.

Recuerdo haberme quedado de pie en aquel mismo sitio hasta verla partir sin mirar atrás. Era así como debía de ser, dejar morir a las que éramos sin lamentos ni despedidas ostentosas. Nada nos unía ahora que éramos perfectas desconocidas y nada podía unir a dos personas que ni a sí mismas se conocían. Gritar, llorar, patalear, nada de eso podría sino retrasar lo inevitable. Esa paleta y yo necesitábamos un comienzo nuevo, un espacio en blanco en el cual purgar nuestras culpas en silencio y sin compañía. No había espacio en mi vida para ella, así como yo no sería bien recibida en la suya..."
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Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Lun Jun 03, 2013 8:49 pm

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Re: El final de un verano y el final de unas vidas [Angelique Nightshade]

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