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Preludio |William|

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Preludio |William|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Jue Mar 14, 2013 6:40 am

La nephilim como cada mañana, se levantaba al alba, para entrenar. Pero gran parte de su mañana la dedicaba a estar en el aula de música, al piano. Lograba estar horas y horas tocando aquellas melodiosas teclas, perdiendo la absoluta noción del tiempo. La música solía ser su cura y la mejor manera de recuperar fuerzas. La música siempre había sido su fiel compañera. Desde niña escuchaba esas notas al piano procurando su sueño apacible, hacerla sonreír, poder cantar. Cuando aprendió vislumbró porque su padre amaba tanto la música. Podías expresar lo que las palabras eran incapaces. El alma entraba en contacto con el poder de la música. Era mística tal alianza de fuerzas etéreas que la invitaban a describir amores fugaces, desamores feroces. La vida y muerte sobre un pentagrama, descrito en notas que pocos llegarían a comprender. Tomó una breve pausa, mientras sacaba de una carpeta una vieja partitura. Se apartó el cabello del rostro llevándolo tras la oreja, en aquella bella cascada castaña- rojiza. Sus ojos azules zafiro escrutaron las notas en el pentagrama. Sus manos delgadas y finas depositaron la partitura encima del piano, sin apartar la mente de ella. Para la nephilim era especial, era una de las partituras que su padre escribió a su madre, su mayor musa. Y siempre que podía ensayaba para llegar a tocarla tal y como él lo hizo, para recordarles que jamás los había olvidado. – Espero que estéis orgullosos de mí como yo me siento orgullosa de ser vuestra hija. – suspiró con tranquilidad. Esos momentos de intimidad, le gustaba tener cerca el piano, pues en lugar de lágrimas las notas expresaban su sufrimiento, ahora concentrado en la partitura deslucida, con el título de “Mi amada Sophie”

El tempo de la partitura era pausado. Lento al comienzo pero a partir del cuarto pentagrama adquiría velocidad, y tomaba tesituras más intensas. Era como hacer un retrato de una joven dama acostumbrada a la vida que tenia sin posibilidad de escapar. Y como el amor de un desconocido la hacía abandonar todo, amarlo cada segundo. Sentir sus besos y caricias por su cuerpo, olvidar que se deja de existir, de ser dos a solo uno, almas unidas por un remolino citado “amor”. Aquella melodía apasionada con notas agudas, adquiriendo matices de felicidad. Dos seres desconocidos, que llegaron a adorarse como ninguna otra persona, abandonando todo. La joven rozaba cada nota con exquisitez, siendo su amante las notas que tocaba. Aún así, dejo la partitura e improviso algo. Melancolía, tormento, desolación, eran las palabras más similares que encontraría el razonamiento humano para el desamor que ella vivía. Perseguir alcanzar algo imposible, saber que nunca te pertenecería, y tratar de sonreír. ¿No había mayor crueldad? Ella había ya aceptado tal situación. Pero muchas veces las notas eran demasiado reveladoras: demostraban que aun sufría, si bien usaba su máscara para no preocupar a nadie. Mascara perfeccionada desde años atrás, capaz de ocultar sus emociones sin mucha dificultad.

Estaba en mitad del tema cuando advirtió que había alguien: Sus emociones eran un torbellino permanente, desplegando un gran abanico de voces. Y marcando sobre todo el sufrimiento. Alzó la vista, los ojos se clavaron en el nephilim quien la observaba. Una empática no se confundía nunca, y lo veía en sus ojos: El pasado era una carga muy pesada para cualquiera, pero él lo sabía.

- No me suenas, eres nuevo ¿cierto? –indicó midiendo sus palabras ante el desconocido. Aquello más que una afirmación que pregunta.- Me llamo Adrianna Birdwhistle. – se apartó del piano y se puso en pie ofreciéndole la mano. Era un chico muy joven para sentir aquello, ser capaz de sobrevivir sin enloquecer. Sin duda era un ser interesante. – Encantada de conocerte. –su maldición de los modales resurgía de nuevo, sin que ella pudiera remediarlo.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por William Stoneheart el Jue Mar 14, 2013 3:49 pm

No recordaba haberse quedado dormido. Por encima de sus párpados cerrados, todavía podía escuchar el tic-tac acompasado del reloj de la habitación, a cada segundo un poco más lento. Y entonces, nada. De repente un pasillo oscuro por el que no se puede ver sino oscuridad, ni siquiera el propio William puede sentir el rastro de sus pasos. Ni dónde pisa. Un gran agujero se abre a sus pies, en el que todo es aún más negro que a su alrededor, y empieza a caer. Sobre el borde creciente de aquel agujero aparece un rostro de rasgos femeninos y preocupados; de orejas anormalmente puntiagudas pero con una sonrisa familiar. William alza el brazo hacia ella, pero tras el simple roce de ambas manos, una sombra se cierne sobre ellos. Una mujer de ojos idénticos a los del chico alza un cuchillo sobre la cabeza del hada. Intenta gritar, pero hasta el sonido de su voz es negro. Inevitablemente desciende sin parar ni poder ver el fondo, hasta que una gota roja y aún caliente cae entre sus ojos asustados. Una sensación de vacío incluso mayor que la de la caída se instala en el pecho del joven, más dolorosa que una puñalada. El dolor lo hace reaccionar, intenta gritar esta vez con más fuerza... y se incorpora jadeando en la cama.

Un sudor frío propio de los malos sueños le recorre la espalda y la frente, y sus manos tiemblan mientras buscan encontrar algo de firmeza que lo devuelva a la realidad. Frente a él no hay más que oscuridad y pared, por lo que rueda sobre un costado hasta bajar de la cama y poder sentir la seguridad del frío suelo. Hecho un ovillo sobre sí mismo, intenta normalizar su respiración a pesar de sentirse ahogado por sus propias lágrimas, que de tanto ser reprimidas ya no saben cómo salir. No se atreve si quiera a batir las pestañas, por miedo a volver a caer en la negrura de aquel sueño. Inmediatamente comienza a frotarse con brusquedad ansiosa la pequeña zona del rostro que separa sus dos ojos, donde había caído aquella gota de sangre. Siente arder la piel en esa zona, pero su mano no para hasta que él mismo teme hacerse sangre de verdad.

Se dirigió al baño con pasos monótonos aún sintiendo sus palpitaciones ansiosas tanto en la sien como en el pecho, mucho más rápidas que el estúpido tic-tac de aquel reloj. Tras echarse agua fría detrás del cuello y por el rostro, dio media vuelta sin molestarse en alzar la mirada hacia el espejo que presidía el lavabo. No quería ver qué aspecto tenía. Por suerte se había quedado dormido aún con la ropa de entrenamiento puesta, y llevaba unos pantalones oscuros con una de sus habituales camisas anchas de algún grupo musical. Tampoco se molestó en mirar cuál vestía ese día, aquellas camisas siempre eran negras. Como sus sueños.

Iba camino a la cocina en busca de una buena taza de café, cuando una melodía atrapó sus sentidos aún estando en medio del pasillo. Era un pieza de piano que el joven desconocía, pero cuyas notas pasaban de la más innata felicidad a la desolación más humana. Aquel cambio armónico aunque perceptible a su sensibilidad, le llamó la atención, y desvió sus pasos hacia la sala de música. Se encontró con una joven al piano que enseguida alzó la mirada hacia él, aunque en su rostro aún seguía aquella expresión que delataba a aquellos capaces de sentir la música. Intentó sonreír, pero aún tenía aquel nudo negro en el estómago que le impedía volver del todo a la realidad. - Encantado, Adrianna. Soy William, acabo... de llegar a New York – replicó haciendo un esfuerzo por emplear un tono mínimamente normal, y consiguió alzar al menos una de las comisuras de sus labios. - Esa pieza... nunca antes la había escuchado... - murmuró sin pararse a pensar en si invadía la intimidad de la chica, casi imaginando que con cada nota que recordaba estaba más cerca de dejar atrás aquella sensación asfixiante a causa del mal sueño. La música lo cura todo, pero hasta ella podría caer en aquel infinito agujero negro de los sueños - .


Última edición por William Stoneheart el Vie Mar 15, 2013 9:51 am, editado 1 vez
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Re: Preludio |William|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Vie Mar 15, 2013 6:05 am

Apartó la vista, el final era distinto al original, estaría repleto de felicidad, de vida, notas agudas bailarían entre sus dedos describiendo a la pequeña criatura nacida de las entrañas de su amada: Adrianna.Encantada William, quizás te parezca nueva porque era una canción de mi padre…Yo sin querer he cambiado el final.- parecía interesado en la música. Ella consideraba que no solo curaba, era fuente de energía emocional que pocos lugares podrían tener. Además la música le representaba las alas de la libertad, donde cada uno podía plasmar sus emociones sin temor ni recelo. Adrianna observó al joven, su rostro era casi infantil pero sus ojos, abrían paso a un dolor que solo un adulto llegaba a asumir.- Bienvenido a Nueva York, pero hace extrañar Inglaterra, quizás soy yo quien la extraño…- meditó la siguiente pregunta, no quería meter la pata, ya que era nefasta para hacer amistades- ¿De dónde vienes William? – preguntó con interés, no había maldad en aquello, solo sacar un tema de conversación.

Aún en su rostro había algunas gotas, pero no eran lagrimas, ellas destilaban tristeza y no veía eso en el. Estaba algo despeinado, aunque se veía claramente que el pelo iba hacia arriba, estaba algo alborozado, recién despierto. Era más alto que ella, y estaba proporcionado estéticamente con los ideales de un cazador de sombras. El físico no despertaba tanto interés, pero había varios puntos en los que encontraba emociones plasmadas esencialmente. Entre ellos una cicatriz del cuello: Sufrimiento, aquel que te podía llevar a la locura, retorcerse de dolor. El recuerdo de algún modo de detener ese dolor, ansiando desaparecer. Comprendía ese padecer, ella lo vivió en gran medida, pero gracias a varias personas no cayó en aquel abismo por completo. Era un alma que arrastraba el pasado, parecía que era protocolo de ser hijo de Raziel, tener un pasado doloroso. Era raro ver lo contrario, eran muchos huérfanos, sin algunos parientes muy queridos desparecidos, abandonados. Sus ojos azules captaron, las manos, y las tomó observando las formas de los dedos, algunos callos. – Tranquilo no voy a leerte la mano, si no me equivoco ¿tocas algún instrumento? – podía afirmarlo casi segura, los músicos tenían algunas marcas en manos que eran evidentes al resto.- Tiene cuerdas, eso es lo único que puedo añadir.- de pronto su voz se interrumpió por el gruñido del estomago de William, Adrianna le sonrió y tomó algo que tenía cerca del piano, un termo.- Ten, un poco de café, es un secreto, Maryse no deja traer comida al aula de música.añadió en voz baja, pero lo tenía por precaución no era raro días que podía pasar sin comer. A menos que alguien le avisara que era la hora de comer o cenar, y despertara de el hipnótico ritmo de la música a la joven nephilim.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por William Stoneheart el Vie Mar 15, 2013 5:07 pm

How long how long will I slide
Separate my side I dont
I dont believe it's bad
Slitting my throat
It's all I ever...


Intentaba recordar las notas de aquella melodía, como cada pieza de verdadera música, le había hecho dejar de centrarse en sí mismo para simplemente escuchar. Casi olvidar. En la habitación aún podía sentirse en eco de las cuerdas del piano, resonando como una vibración casi inaudible. Era más bien algo que se percibía involuntariamente, como esas veces en que sólo un par de notas son capaces de erizar la piel e incluso agudizar los sentidos. Todavía aquel recuerdo de las notas se mezclaba con la negrura del sueño y de sus emociones, pero poco a poco hasta el ritmo de sus latidos pareció querer seguir el compás de aquella melodía, tranquilizando al chico y devolviéndolo un poco más a la realidad. Esta vez sus rasgos se mostraron ligeramente menos tensos y algo más suavizados, con un atisbo de sonrisa que parecía impensable tras aquel despertar. - Pues es una pieza preciosa... si te apetece, cuando sientas que necesitas volver a tocarla, me gustaría poderla escuchar al completo... - respondió sin pararse a pensar de nuevo en que quizá interfería en la intimidad de la nephilim, pues si ya de por sí una canción no suena igual para todos, una escrita por alguien tan cercano como un padre debía de ser mucho más personal. Pero la música era música, y al menos en el caso del joven de ojos azules, primaba sobre las emociones. A la música siempre puedes dejarla en pausa, pararla sin más e incluso cambiar su tempo. Ojalá eso fuese posible con los sentimientos.

- Gracias, vengo del Londres más anticuado, así que probablemente también acabe echándolo de menos... - murmuró al tiempo que sus recuerdos se adelantaban a sus palabras, y ya vagaban por las zonas de verde propias del clan de las Hadas, las que poblaban sus principales imágenes del país. Recordaba sitios emblemáticos con the London Eye o el Big Ben, pero parecían secundarios frente al resto de la colección, escasa pero significativa. - ¿Vienes también de la ciudad “underground”, Adrianna? - preguntó con cierta ilusión en una respuesta afirmativa, y con una pequeña sonrisa fruto en su mayor parte de sus nítidos recuerdos. Agitó levemente la cabeza para restarle importancia, con lo que su cabello desordenado vino a caerle sobre el rostro, y lo apartó en un gesto mecánico y molesto. Bajó entonces la mirada al sentir repentinamente el tacto de la chica en sus manos, y con su habitual reacción nerviosa e insegura, se preguntó si ella notaría que sus manos estaban anormalmente frías. Ya no sólo por haberse lavado las manos minutos antes, sino simplemente porque seguía en la temperatura del sueño. Y todo había sido frío, hasta el color negro; menos la gota de sangre que caía entre sus dos ojos. Un nuevo escalofrío le recorrió la espalda al volver a aquella sensación, y sus pestañas se movieron más deprisa en un simple movimiento reflejo. - ¿Lo dices porque apenas me queda huella dactilar? - preguntó retóricamente esbozando un pequeña sonrisa divertida, aunque asintió con la cabeza para darle la razón. - Toco el bajo, aunque no es tan versátil como el piano – agregó dirigiendo la mirada de vuelta al instrumento, añorando en aquel instante sentir las viejas cuerdas bajo la presión de sus dedos. Su estómago rugió para vergüenza del nephilim, pero logró ensanchar su sonrisa al ver el termo de café que la chica le tendía. - Gracias, lo necesitaba – la sinceridad era más que palpable en su voz – aunque a este paso acabaré con café en las venas en lugar de sangre de ángel... - rió en voz baja escondido tras la taza de café, que se había servido mientras hablaba, bien cargada y con el líquido hasta los topes. Música y café gratis, quién lo diría después de tan mal sueño... - .

Once you know you can never go back, I've got to take it on the otherside.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Sáb Mar 16, 2013 11:02 am

Adrianna sonrió brevemente. La aria de su padre hablaba de un amor que contagiaba un amor pasional y etéreo, una manantial de poder superior a cualquier otra imaginada en la tierra, era el amor verdadero. Ese que se daba entre dos personas que conectaban, encajando sus almas como piezas de rompecabezas, por fin unidas. Abstraídas de un plano material, solo sus espíritus entrelazados, amándose. Ella lo había corrompido con su padecimiento, con un amor fugaz e incierto, melancólico y atormentado. No era aquel que desbordaba felicidad, las notas eufóricas hacían brincar los dedos desde un lado a otro del piano a gran velocidad, demostrando la complejidad de aquel sentimiento. Regresó a la conversación con el joven William, era refrescante conocer a otro amante devoto de la música. – Acabaras incluso agotado de oírla, siempre ensayo varias veces. –añadió apreciando que le agradara la música, que aquella vieja composición cautivara a alguien más que ella. – Yo vengo también de la ciudad “underground”, nací allí, aunque he viajado mucho. Al final me quede al cuidado de mi tío en el Instituto de Oxford, así que si, extraño a veces, sus bosques, la naturaleza, y perderme entre ella. Aquí hay pocos sitios que inviten a aquello.- suspiró añorando a cada segundo, poder escapar del mundo, y sumergirse en la calma de un bosque verde, perderse observando los rayos del sol sobre ella, acariciándola. Se echó a reír amistosamente para no incomodarlo, pero era una sonrisa puramente sincera. – Si, casi no tienes huellas dactilares, por eso sabia que tocabas algo relacionado con cuerdas, ¿un bajo? Algún día tendrás que enseñarme tú también como tocas.

Al entregarle el termo de café, notó sus manos heladas, pero era un frio totalmente distinto: Terror, un reminiscencia de recuerdos alterados, pesadillas. Intentó no darle excesiva atención ella solía tener las manos frías. El humor del joven, le recordaba al suyo, era sarcástico y negro, como el café del termo. Era casi un idioma mas, antes de saber inglés, manejaban la ironía como un devoto compañero. – Entonces todos los nephilim en este instituto tenemos la sangre llena de café. – Abrió una pequeña caja de latón había galletas, se las ofreció pero ella también tomó alguna. – Si quieres, puedes tomar asiento, volveré a tocar la pieza original, sin modificaciones. – se sentó en la banca, disponiendo los dedos sobre las primeras notas del pentagrama. – Cuidado, el café aun arde, tendrás que soplar. –le advirtió antes de tocar las primera notas de aquella opereta. Una melodía para evocar el amor, la brillantez y consonancia de una composición que se quedaba en el corazón de las personas en lugar de su mente. – Se llama “A mi amada Sophie” Era el nombre de mi madre. –reveló segundos antes de sumergirse en el frenesí de la música. De replicar las notas, bajo sus dedos que se movían agiles por las teclas, creando un paraíso para los amantes de la música. Aquel paraíso que ella tanto amaba, que la trasportaba a un tiempo en el que fue feliz, tanto que no podía desear nada más.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por William Stoneheart el Lun Mar 18, 2013 12:42 pm

Cada batir de pestañas lo devolvía un poco más a la realidad. William era un joven maniático y muchas veces excéntrico, y como tal, aquellas pesadillas solían dejar gran mella en él. Le costaba valor atreverse a volver a cerrar los ojos, aquello podría devolverlo al pozo de negrura sin fondo que son sus sueños. Por eso solía parpadear de manera compulsiva, con la respiración y las palpitaciones imitando el frenético ritmo de éstas. Una vez normalizadas, era más fácil recobrarse de aquello, pero aún así siempre quedaban rescoldos de la sombre del sueño haciendo peso en los hombros del chico. Pero aquella vez, por suerte, había conseguido café con bastante rapidez, y sus sentidos se habían visto atrapados por las notas que escapaban del piano. Uno, dos, tres, cuatro,... memorizar el tempo de la melodía lo ayudaba a sentir el suelo bajo sus pies. Por eso le alegró escuchar las palabras de la chica, que parecía compartir con él aquel amor por la música. - ¿Agotado? Si es una buena pieza, que no lo pongo en duda, lo veo difícil... en tal caso te pediré algún “bis” a cambio de alguna taza de café – replicó intentando recordar el atisbo de los acordes que habían conseguido llegar a sus oídos ya desde el pasillo, y que lo habían traído hasta la sala de música. Sonrió con cierta nostalgia al escucharla hablar de su ciudad natal, pues todo lo que iba nombrando la joven era lo que él más echaba en falta. La naturaleza, aquel verde innato y natural... sí, lo echaba de menos. Poco sabía del modo de vida de los Cazadores de Sombras londinenses, pero tantos años bajo el amparo de unos pocos seres mágicos del clan de las Hadas, si algo le habían enseñado además de todo tipo de engaños y manipulaciones, era a amar la naturaleza. Y eso no parecía existir en New York. Central Park era el único sitio en que casi podía sentirse como en casa, si él tenía una de esas. Su extensión era tan inmensa, que no le resultaba difícil perderse a solas sin poder ver siquiera por dónde lo habían traído sus pasos. Podía respirar sin que el mundo lo asfixiase, los problemas parecían perderse en sus kilómetros de verdor. Un verdadero oasis en medio de la Gran Manzana. Pero ahora sus pies pisaban el pavimento frío.

- Tienes suerte, yo apenas he viajado si no es a un país de habla inglesa. Creo que soy el único nephilim que no domina un mínimo de 3 lenguas. - murmuró encogiéndose de hombros aunque en ademán divertido, para nada resentido o con complejo. Para eso ya tenía otras muchas cosas. - Y bueno, también extraño Londres, para compensar me he propuesto aprender de memoria el mapa de Central Park – agregó bromeando, aquella idea acababa de venirle a la cabeza. Se sumió unos segundos más en aquellos recuerdos, aunque en solitario, le agradaba en sobremanera sentirse rodeado de naturaleza sin más, con el cielo, de cualquier tonalidad, protegiéndolo por encima del resto. No había nada como aquello.

O sí que lo había, la música. Era uno de los pocos temas de conversación que de verdad disfrutaba por su propia forma de ser, casi como si fuera algo innato en él. Pero aunque el disfrutaba de prácticamente todo tipo de música, la que solía tocar no era tan abierta al gusto de todos. Notas graves y estridentes, oscuras; como él mismo. No se lo pensó dos veces antes de responder a la nephilim. - Deberíamos de intercambiar una clase de cada instrumento, nunca viene mal aprender una nueva canción – propuso sin saber muy bien si él mismo hablaba en serio, ya que rara vez se mostraba tan abierto con otras personas. La música es la excepción a cualquier regla. - .

Se permitió reír por lo bajo de manera discreta ante su siguiente comentario, y una vez se hubo sentado en la banca, él se apartó para dejarle su espacio, no sin antes lanzar su mano ávida a por una de las galletas del tarro. Asintió con la cabeza mientras la seguía escuchando, aunque su mente volaba de vuelta al recuerdo de aquellas notas anteriores. Ante su última frase, abrió la boca sin saber muy bien qué comentar, pero fue silenciado por las primeras notas de la pieza. Simplemente se dejó arrastrar por la melodía, sin cerrar los ojos pero al mismo tiempo sin ver más allá de la música. Sus sentidos prestaban especial atención al sonido que escapaba del piano, y en aquel momento, no sabría decir cuándo paró de sonar. El eco de la música siempre se quedaba un poco más en sus oídos. - .
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Re: Preludio |William|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Mar 19, 2013 5:44 am

La sinfonía que la nephilim tocaba al piano, era una de las obras de su padre, trataba de narrar sin palabras, el conocer al otro. Su flechazo, y sus encuentros a escondidas de sus padres. El amor prohibido y oculto porque el que luchó, por el que al final lograron. Notas alborotadoras, fogosas danzaban en sus oídos disolviéndose con delicadas notas saltarinas que representaban la distancia y espera del amor. El dolor tomaba pequeñas fracciones de segundos cuando veían al otro y debían aparentar para no ser descubiertos. Los celos iban de su mano, pero todas esas notas efímeras, que sus dedos rozaban, se desvanecieron. La melodía se tornó de fuerza, bondad, vitalidad, ilusión. Adrianna dibujó una delicada sonrisa en sus labios, sintiendo los ojos arder levemente. Conseguía inmortalizar a su lado su padre, enseñándola el arte de concebir notas como aprendiz pulsándolas sobre un marfileño teclado de blancos y negros. Las notas agudas, tomaron fuerza y agilidad, la nephilim tuvo que esforzarse por seguir el ritmo sin perder el compás. Una pequeña criatura reía en brazos de su madre. Llena de brío en sus pasos, traviesa y curiosa. La prosperidad de una familia, amor dulce que ahondaba en las almas de los dos cazadores de sombras. Como un baño de agua templada, calor y sabor a café. La imagen de dos mujeres, que colmaban el corazón del compositor, ralentizaban el tempo y con una pequeña acrobacia de los dedos, la composición acabó habiendo iluminado toda la sala con su potencia.

En silencio, Adrianna, recordó a sus padres. Sus miradas de cariño y orgullo, ahora en el olvido, pero ellos vivían en sus notas. En el corazón de la nephilim que invocaba sus emociones a través de la música. No estaba sola, siempre estarían a su lado mientras la música ocupara la mitad de su esencia mortal. Paz con una gota amarga de ausencia, con los años, aprendió: Que toda emoción posee sus matices, es gris, jamás blanca o negra. Por lo tanto, eran complejas y tenían más de mil interpretaciones. Exhaló mientras tomaba una galleta de la caja de latón, su dulzura se deshizo en la boca, elevando su ánimo. – Es bella, pero mi padre, era capaz de darle vida, yo tan solo evoco su recuerdo. Es difícil de explicar, pero supongo que solo es una suposición mía. Siempre tengo el gusto de complicarme. – rió suavemente y le miró a los ojos. – gracias por escucharla. Espero que aquello que parecía preocuparte, se haya curado. Es cierto, no lo mencione. –Se sorprendió, normalmente era la primera cosa que decía para advertir a los demás de si misma.- Soy empática, desde nacimiento. Mi padre lo fue, y yo lo heredé, por eso a veces siento a los demás. Si alguna vez, te importuno, avísame, sin embargo normalmente trato de evitar tantas emociones. Bloqueo para poder vivir, sino enloquecería. Espero que no te moleste este detalle, no soy cotilla. Pero a veces cuando son tan fuertes los sentimientos, que traspasan mis barreras, y me preocupo. – Encogió los hombros, tomando otra galleta, recordando que no había desayunado nada.- ¿Qué tipo de música tocas? Amo el rock, aunque me siente al piano, no puedo evitar sentirme atraída por esa música, es como si adivinara lo que siento y lo plasmara en canciones. Así que siento gran admiración. Bueno hablo mucho de mí, cuéntame cosas de ti William. –Recordó lo dicho del parque.- Me vendrá bien que me guíes, me gusta ir, es un santuario donde perderse. Es la pequeña Inglaterra en Nueva York, y no te preocupes por los idiomas, mi mala influencia –bromeó con total tranquilidad- aprenderás más de tres idiomas a la vez, acabaras hablando conmigo en chino sin darte ni cuenta.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por William Stoneheart el Jue Mar 21, 2013 4:27 pm

Todos sus sentidos eran ahora oyentes de aquellas notas, capaces de contar una historia. Aunque nunca creía haberlo experimentado, sentía que el piano le hablaba de una pareja, de amor, de todos esas emociones y sentimientos que William se convencía a sí mismo de ser incapaz de albergar, y que sin embargo, eran capaces de producirle aquella conocida sensación en el pecho. Por dentro. Pequeñas notas durante apenas unos segundos, parecían recordarle al joven otros sentimientos más comunes para él, un cierto dolor y desazón quizá acompañado de unos pocos celos; pero todo ello se veía eclipsado por el danzar de notas agudas y dedos ágiles sobre el teclado color hueso, acompañados de aquella expresión tan familiar en el rostro de la pianista. Y sin darse cuenta, William también sonreía.

- Compartimos el gusto de las complicaciones – fue lo primero que se atrevió murmurar, en un tono aún bajo y de matices suaves, en parte porque aún resonaba en la sala el eco del instrumento y en parte por aquel nudo que apremiaba en su garganta seguí allí, resultado esta vez más de las expresivas notas que de los rescoldos de aquel mal sueño. Casi parecía lejano, desconocido. - Pero creo que evocar un recuerdo no es sino una forma más de darle vida, y puedo decir que me ha parecido una pieza preciosa – agregó con cierta inusitada dificultad, pues le costaba en sobremanera tratar temas en relación con las emociones, aunque la música en general era la excepción. Y también le costaba regalar cumplidos pronunciados con sinceridad, que no fueran acompañados de una intención puramente burlesca o de interés. Pero el fino bello de sus brazos se mostraba aún levemente erizado en compás con las recientes notas, y por dentro, se sentía de la misma manera. Erizado no, pero sí extraño; no de la forma habitual. - Gracias a ti por toc-... - la frase se perdió en sus labios a la mitad, analizando las últimas palabras de la joven. ¿Empática? Nunca había oído nada igual, aunque tampoco es que su mundo fuese demasiado grande. Instantáneamente, se vio invadido por una mezcla de sensaciones opuestas. Él no sentía nada, no tenía emociones... no podía permitírselo. Nunca había sabido interpretar ninguna de aquellas sensaciones por debajo de la piel, y si así era, no podían ser emociones, ¿no? Sencillamente, él no tenía explicación. Aunque por otro lado, quizá la habilidad de la joven pudiese ayudarlo a interpretarse a sí mismo, quizá incluso llegaría a comprenderse. Pero no, debía de ser difícil convivir con aquel don, si bien podía constituir una ventaja en el combate. Aunque él había conseguido atravesar aquellas barreras... “bah, cosas de las pesadillas” -se convenció a sí mismo -.

- E-em... e-es... bueno, no te preocupes... con eso de las emociones, no creo que yo vaya ser un problema – murmuró con la cabeza aún bombeada a pensamientos y consideraciones sobre ello, casi sin llegar a creérselo del todo. Entonces pensó que, si la joven podía sentir lo mismo que él, no debería de haber “disfrutado” mucho con su presencia. Como ocurría pocas veces, se intentó disculpar – Siento si... bueno, si has tenido que tragarte mis emociones... e-es... y-yo... pesadillas – se encogió de hombros, pocas veces le había costado tanto encontrar las palabras. Pero es que las emociones, ya no sólo sentirlas sino también hablar sobre ellas, causaban aquel efecto en el chico. Era vulnerable, pero por fuera se mostraba negro, como las pesadillas. - De todo un poco, siempre que sea posible con el bajo e incluya una buena base de guitarra que intentar con dos cuerdas menos. Pero sí, me encantan el rock y el punk – “sobre todo canciones con bajo sonoro y alto por base, como un ruido de fondo capaz de difuminar el resto, incluso la letra.” Como un reflejo de su realidad – Bueno, visto lo visto, a lo mejor nos vendría bien algún tipo de clase de idiomas en el parque, yo te guío y tu me enseñas – concluyó con una nueva de esas pequeñas sonrisas, que esta vez fue más difícil arrancar. Se sentía mucho más despierto y lejos de aquel oscuro sueño, pero por pura manía y casi necesidad, apuró los restos que quedaban al fondo de su taza de café. Disfrutó unos segundos de aquel sabor amargo, que irónicamente parecía otra de las exiguas formas de hacerlo sentir de nuevo sobre suelo firme-.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Mar 24, 2013 9:38 am

Desconcierto, era la primera impresión de las miles interpretaciones que los seres humanos reaccionaban cuando oían de sus labios que era empática. Normalmente estaba acostumbrada más a las malas repercusiones, apatía y desprecio. Pero William solo estaba sorprendido, y desconcertado. Una reacción más alentadora, no obstante aun no lo comprendiera, del todo no le molestaba. Era difícil asimilar que hubiera una persona capaz de percibir las emociones ajenas como suyas propias, y transmitirlas a otros. No solo era un don sino también una maldición si no se controlaba. Exigía mucho entrenamiento, para sobrevivir, por suerte su padre la había adoctrinado en ello desde niña.William todos tenemos emociones, solo algunos tratan de olvidar que las sienten, son parte de ti. Y gracias por disculparte aunque no hacía falta, verás cuando te vi, supe que algo te preocupó, pero a medida que escuchabas la música eso ha descendido, como si te reconstituyera. Me gusta ayudar, es algo que siempre va en mí. Si bien son pocos quienes realmente me conocen así. – suspiró, ella tenía una armazón insensible y solitario que aborrecía, pero era obligatorio para sobrevivir. Conocer quien estaba dentro de ella era casi para los elegidos. –Sí que si crees que careces de ellos, te enseñare a que los tienes, siempre que desees, el camino de las emociones es doloroso y no tiene retorno. – le advirtió, como su padre había hecho con ella cuando era tan solo una cría. Había aceptado, y ahora ya era tarde para dar marcha atrás, asimismo tenía presente que no se volvería atrás eso era de cobardes.

Escucho las palabras del joven: Era complejo comprender su mente, tenía la chispa de oscuridad de las hadas, humareda escondiendo los pilares de sus emociones, pero era una suposición. En sus palabras se marcaba bastante el dolor de un pasado, debajo de aquella coraza que parecía rodearle. Lograba ver un segundo William, uno tan frágil como ella. Como todos los seres vivos. Sugestivo era observar aquellos castillos de cristal que formaban sus emociones, y como crecían o se desquebrajaban, reparaban y volvían a intentar crecer. La voz de William la sacaba de sus cavilaciones, adquiría conocimientos referentes a la música, Adrianna adoraba el rock. Pero no conocía los secretos de ese estilo, plasmaban emociones tan veraces como una confesión y teletransportaban al oyente a sentir lo mismo que el compositor. Quizás por ello la música, y en especial el rock, le cautivaban y inundaban su ipod con miles horas de canciones. – Tengo la partitura de una pieza de piano, siempre quise convertirla en rock, pero no manejo nada más que el piano. – susurró intentando no interrumpir, el joven estaba en su terreno, disfrutaba y ella no iba a molestarle. Le agradaba que el dolor existente se fuera extinguiendo, y sonrió al oír lo del parque. – Entonces, ya tengo acompañante, así no me perderé a mitad del camino. –La nephilim estudió el termo del café, apenas había para uno.- Se está acabando ¿vienes? Prepararé mas – guardó la partitura en su carpeta y recogiendo la caja de galletas y el termo en un cesto sencillo. – Como dijiste, los nephilims tenemos la sangre de color café, vamos a hacer honor a esas palabras. Además tengo dulces secretos, lejos de las manos ajenas. –sonrió era interesante hablar con alguien y aún más si parecían compaginar. Aunque ella no se diera cuenta, estaba enfrentándose a sus propias barreras. Aspiraba con toda su alma tener amigos, y lucharía por tan idea utópica pero a la vez real a sus ojos.
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Re: Preludio |William|

Mensaje por William Stoneheart el Lun Mar 25, 2013 2:05 pm

Se quedó unos segundos mirando fijamente el fondo de la taza de café. Aquel sabor mañanero y amargo aún le bajaba por la garganta, extrañamente reconfortándolo. Así escuchó las palabras de la chica, cabizbajo pero siempre atento y prestando atención, aún con aquel eco de las notas resonando en sus sentidos. No se atrevió a alzar nuevamente la mirada, si bien se le había pasado la impresión de conocer el don de la nephilim, aún le costaba asimilarlo; y más aún sus palabras. - L-lo sé... es sólo que, ¿a quién le va a importar lo que sienta? Tú eres capaz de saberlo, a ti te afecta... pero de resto es irrelevante, no sirve de nada... - su mirada seguía clavada en el suelo, su voz con un tono frágil que distaba mucho de la fuerza del instrumento a su lado – Aunque tienes razón en lo de la música, es un remedio único para unos pocos... gracias – aún sus ojos azules seguían sin alzarse y cubiertos por un mechón de flequillo despeinado, pero más abajo en su rostro se abrió paso una sonrisa. Las siguientes palabras de la joven crearon un nudo en su garganta, al tiempo que lo golpeaban los pensamientos y aquella habitual sensación de inseguridad. - Creo que todo sería más fácil sin sentimientos ni emociones, y aunque todos las alberguemos, quizá lo mejor es guardárselas para uno, restarles importancia... y que simplemente se queden ahí – no sabría decir cuántas veces había debatido para sí mismo aquella parafernalia emocional, pero por mucho que lo hacía o acabase desterrándola al lado de la indiferencia, nunca lograba encontrar una respuesta. Se encogió de hombros con naturalidad, y esta vez sí que alzó el rostro para mostrar lo que escondían sus ojos azulados y aquella pequeña sonrisa-.

Aunque ni él mismo estaba seguro del significado de sus palabras, creía haber expresado una negativa, y le era imposible dejar de darle vueltas. Quizá sí que necesitaba la ayuda de la chica, pero ya no sólo sus emociones ahogadas sino también su silencioso orgullo, tenían potestad para mover sus labios. Aunque si había algo que conseguía sacarlo de aquel habitual estado reflexivo, era la música. Escuchó la respuesta de Adrianna con veraz interés, que lo sacó de sus cavilaciones y lo hizo adelantar un paso con inusitado entusiasmo. - Bueno, el bajo no es como la guitarra, y de ésta sé muy poco, pero podemos intentarlo si quieres... - tras dejar escapar aquella propuesta ya estaba en pie. Aprovechó su repentina cercanía al tarro de galletas para alargar la mano y robar una más, enarcando la ceja divertido mientras se la llevaba a la boca en un movimiento rápido. Sonrió. - Trato hecho -.

Se adelantó hacia la puerta mientras Adrianna guardaba sus cosas, él no llevaba nada de importancia encima; hasta iba descalzo. Una vez en el marco de la puerta, se dio la vuelta posando su mirada de vuelta en la nephilim, aunque se apartó ligeramente hacia un lado por si necesitaba cederle paso. Avanzó por el pasillo en dirección opuesta a la de la chica, y se apresuró a explicarse. - Tengo el bajo en la habitación, me gustaría llevarlo ya encima... nada como su peso sobre los hombros – la sinceridad de sus palabras elevó una de las comisuras de sus labios, con aquel hoyuelo infantil pinchándole la mejilla izquierda. - Sé llegar a la cocina, no voy a perderme – ladeó el rostro mostrando con parcialidad aquella expresión bromista, mientras su mano le recolocaba el flequillo en un gesto mecánico e involuntario. - Además, voy descalzo – agregó encogiéndose de hombros antes de desaparecer por el pasillo con pasos silenciosos, con una de las manos dibujando su camino en la pared por pura costumbre. Apenas le quedaban unos pocos pasos para llegar a su habitación; unos tantos más para volver a encontrarse con la chica en la cocina-.
William Stoneheart
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Re: Preludio |William|

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Lun Abr 01, 2013 4:04 pm

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Re: Preludio |William|

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