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|| Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

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|| Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Miér Mar 20, 2013 4:46 pm

Veneno Negro
LUGAR: Midnight Club ◆ FECHA: 20/3/2013


El cuerpo del difunto ostentaba la palidez de un papel y la pulcridad que solo la limpieza metódica de los hermanos silenciosos podría brindarle jamás. Aún quedaban sobre la piel surcos provocados por arañazos desesperados y moretones violáceos que él se había autoinflingido en su desesperación. El hombre estaba rodeado de un aura de poder demoníaco casi tangible a pesar de los dos días que llevaba en estado de observación, una vez habían podido liberar el cuerpo de la posesión de las autoridades mundanas y analizarlo con propiedad. Pero lo realmente aterrorizador no era el exterior de un cuerpo aparentemente sano, sino el estado chamuscado en el que se encontraban sus entrañas. Los pulmones incinerados habían dejado tras de sí nada más que cenizas y un espacio vacío en la cavidad torácica, al igual que otros tantos órganos sin demasiada relevancia vital. Todo parecía indicar que la criatura en cuestión se había tomado su tiempo para divertirse a costas del sufrimiento de aquel pobre diablo, deleitándose en su miseria e importancia.
Siglos habían pasado desde la última vez que La Clave se encontrase con algo similar, razón por la cual los análisis y estudios de los hermanos estaban tardando más de lo esperado y más del tiempo que podía perderse. Era imperioso seguir el rastro que el descuidado ser había dejado tras de sí. Al fin de cuentas, ni siquiera se había tomado la molestia de disponer del cuerpo, abandonándolo en la mitad de la vía pública.
No se tenía aún certeza de la naturaleza de la criatura o la sustancia capaz de ocasionar daño similar al organismo de un mundano. Más entre dientes el cónclave tenía sus sospechas, y ni los acuerdos protegían a los hijos de Lillith o las Hadas del escrutinio de los descendientes del Ángel. La perspectiva de un demonio lo suficientemente poderoso como para provocar tales daños en las narices de tal cantidad de gente eran simplemente demasiado horrorosas como para ser contempladas.
Nada podía hacerse. No sin antes buscar pruebas, sin acudir al lugar de los hechos e investigar lo que se pudiera en espera de los resultados del análisis final. Alguien debió haber visto o sentido algo fuera de lo ordinario. Y con esa persona esperaba dar el escuadrón de Nephilim que fue enviado a investigar el Midnight Club, lugar donde el cadáver había sido descubierto.
La luna creciente estaba oculta por una densa capa de nubes de tormenta, iluminándose el cielo de tanto en tanto por las imponentes corrientes eléctricas que últimamente azotaban la ciudad. El viento arremolinaba las hojas de los árboles que aún seguían en pie con tal potencia que amenazaba con arrancarlos de raíz de un momento a otro y un frío gélido calaba hasta los huesos a las pobres almas que habían decidido salir ignorando las advertencias. En lo alto las luces de neón brillaban, tintineando de tanto en tanto y resistiendo al apagón que mantenía oscuro un gran porcentaje de la ciudad. Las líneas estaban muertas, y ni siquiera los celulares eran capaces de obtener señal.


La misión:
En un principio, esta es una misión de investigación. Una vez se adentren en el club o recorran los al rededores la cuenta Rol Master se encargará de narrarles lo que ven y las personas con las que se encuentran, así como de representar a los NPC que responderán a sus preguntas o acciones. Se recomienda que entrevisten a la dueña del club.

El estado del Cadáver:
Específicamente se encontró que el cadáver de Jefferson Goldsmith de 35 años de edad tenía en su sistema una copiosa cantidad de alcohol. No presentaba heridas superficiales además de los moretones y arañones que él mismo se inflingió. Sin embagro uno de sus riñones, el apéndice, el vaso, los intestinos testículos y pulmones se encontraban incinerados desde dentro hasta el punto de convertirse en cenizas. Se sospecha de la actividad de un brujo o de la acción de una poción o un maleficio. El cuerpo emana aura demoníaca aún después de varios días.
Aún no se tiene el análisis definitivo


Sobre el Midnight Club:
Se sabe que es frecuentado por una gran cantidad de mundanos, así como de subterráneos de gusto exquisito. El aquelarre de Camille lo frecuenta y también se ha visto allí a Magnus Bane.


Sistema de Particiapación:
NO ES NECESARIO REGISTRARSE DICIENDO QUE SE QUIERE PARTICIPAR. EL ROLEO SE DESARROLLARÁ AQUÍ MISMO.

Esta minitrama es exclusiva para los Nephilim. El posteo se realizará en esta sección, con la participación de los usuarios que irán llegando al punto de encuentro en el orden en el que posteen, encontrándose con todos los que lo hicieron antes. Las cuentas Rol Master y Criaturas actuarán cada vez que lo consideren necesario, pero depende de los personajes definir el resultado de esta aventura.

Sistema de Combate:
Recordad hacer un spoiler en el primer post especificando que clase de equipamento llevais encima y pelear de acuerdo a las reglas del apartado SISTEMA DE COMBATE


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Jue Mar 21, 2013 11:30 am

Spoiler:

Inventario:
  • Una estela.
  • Luz mágica.
  • Un sensor.
  • La espada de los Birdwhistle: Una espada de plata, con la hoja de un cuchillo serafín. El arma tiene el nombre de Luciel
  • Un cuchillo serafín, Uriel. Dos cuchillos serafines gemelos arrojadizos: Dariel y Niel.
  • Runas: Precisión, fuerza, agilidad,poder angelical, bloqueo, velocidad, coraje en batalla, aguante, equilibrio y fortaleza.
  • Un móvil.


La nephilim se detuvo a observar el brillo del neón que anunciaba el club Midnight. Recordando aún las órdenes de Maryse Lightwood: los hermanos silenciosos no fueron capaces de salvar al mundano. Pues sus heridas eran incurables, estaba carbonizado prácticamente por su interior, lo que era evidente que alguien lo había torturado rompiendo los pactos establecidos. Correspondían localizar respuestas en último lugar donde estuvo y obtener el máximo de información. La nephilim alcanzaba conjeturar semejante tortura que despertaba un dolor en su cabeza, una migraña a su lado consideraba una leve caricia. Hacía varios días que la situación se había tensado, extraños sucesos, sacudían a la capital, intentando devastarla y hacerla desmoronar. Desde esos días, tuvo presentimientos de que era algo que escapaba del entendimiento, algo oscuro avivaba de entre tumbas. Algo muy tenebroso, que corrompería desde las entrañas todo lo que estaba en la Tierra, sino se detenía. Aunque solo eran corazonadas, les dio un voto de confianza. Muchas cosas extrañas en tan poco tiempo, algo sobrenatural azotaba la existencia de las razas, y los mundanos eran las primeras víctimas. Los hijos de Raziel debían arrojar luz en el asunto. Interponiendo de nuevo su vida, en otra misión arriesgada. Anteriormente, en el Instituto se había preparado a fondo, vistiendo su uniforme de cazador de sombras, y con un amplio arsenal de runas y armas divinas, en bolsillos y cinturones. La espada de los Birdwhistle, Luciel descansaba en el cinturón, aguardando el momento de rugir y cortar la carne de los demonios, empapándose el filo de icor, sin inmutarse.

Dejo de mirar el rotulo y decidió entrar en acción. Tras burlar a los guardias del Midnight, colada entre un grupo de licántropos. Entró sin problemas, en las sombras, activo el sensor, y lo guardó en su bolsillo, siempre sería útil consultarlo mientras investigaba el local. La oscuridad del club era idónea para pasear sin alterar el ir y venir de los clientes. Que disfrutaban de copas, música, y apuestas, servidas con un toque provocativo y elegante. Sus emociones, eran monótonas, sencillas, pues venían a este lugar a saciar sus deseos más primitivos. Ampliando sus barreras, las emociones pasaron a ser susurros de un eco, sin suficiente fuerza para importunarla. Pasó por un grupo de brujos, esquivando a una camarera con una finta elegante. El cuero negro crujía en cada paso, advirtiendo que quien se acercaba no iba a hacerse amiga de nadie, sino a ejercer su obligación, la obligación que todo nephilim debía responder.

Tras estudiar a un par de empleados, el barman, unas camareras, un crupier de las mesas de cartas. No le resultaban del todo interesantes, alguno que otro ocultaba su preocupación, pero dibujaba una burda sonrisa en sus labios. Adrianna rodó los ojos, mientras decidía a quien interrogar: Incumbía mover pieza y elegir bien sus pasos. Cuando su mente encontró una candidata. Una bailarina, completamente incontrolable en sus emociones, era hermosa pero su mente apenas estaba protegida y le asaltaban mil emociones dispares, lo que normalmente evitaría ahora era su baza a favor. Apartando a un grupo de hombres que sucumbían a sus encantos, a los que Adrianna, con el simple gesto de desenfundar uno de sus cuchillos serafines y su mirada amenazadora, logró que pusieran tierra por medio. Cuando se apartaron lo suficiente para no importunarla. Volvió su vista a la bailarina: era un abanico de emociones, proporcionándola información personal, sin darse cuenta. Además, ella estaba para seducirlos, para resultarles un súcubo lujurioso en sus mentes, sacudir sus mentes. Sería raro que no cayeran en sus encantos, y puede que la víctima no la habría pasado por alto. – Ahora que tiene un momento libre. –añadió mirando de lejos a los hombres que había apartado con su mirada, aborrecía los moscones mientras trabajaba. - ¿Puedo hacerle un par de preguntas? Es sobre lo sucedido con Jefferson Goldsmith, un mundano que apareció herido de gravedad. Seguro que ha oído algo sobre el tema. Ese hombre estuvo en este club, y quizás usted, supiera de él. Se requiere la mayor colaboración con el caso, y cualquier información es bienvenida, señorita. – trató de mostrar su lado más cordial, aunque no estaba de humor de sonreír, hizo un ademan, y trató de mostrarse afable, cuando estaba irascible. No conseguiría nada si la aterrorizaba, después quizás, tuviera unas palabras con la jefa, pero antes era mejor sondear el terreno para reunir el máximo de información antes de llegar a enfrentarse a la dueña.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Jue Mar 21, 2013 3:09 pm

Heisha era un muchacha que contaba con apenas 21 años, la edad mínima para trabajar en un lugar como aquel, pero desde bien entrada la adolescenciia había huido de un hogar desestructurado y una madre que se entregaba a la inconsciencia etílica que le ofrecía la miserable paga de viudez de un padre al que apenas recordaba.
Siempre había sido bonita, con sus enormes ojos del color de la tierra húmeda, brillantes y expresivos con destellos de color bronce. Sus exuberantes labios en forma de pequeño corazón eran tan solo una característica mas de su hermoso rostro aniñado, de mejillas sonrojadas y nariz respingona.
Ya en la escuela descubrió que bajo su apariencia de niña buena, se escondía el cuerpo de una mujer, que poco a poco iba tomando forma en aquel periodo insidioso en el que los hombres y los muchachos daban rienda suelta a sus fantasías mas secretamente carnales.

Las constantes borracheras de su madre, la cual se pasaba los días tendida sobre sus propios vómitos o con un cigarro consumiéndose entre sus largos dedos y de uñas rotas esculpidas en un rojo chillón, hicieron de ella una muchacha resuelta, capaz de conseguir aquello de lo que tanto carecía en aquel hogar. Un sucedáneo del amor, del cariño inexistente jamás recibido, aunque fuera por parte de cualquiera que le dedicara sus atenciones, fuera cual fuera el resultado de aquellos encuentros.

Al igual que su madre, la cual ahora era un tenue espejismo de lo que fue en antaño, se sirvió de la belleza húngara de sus antepasados. Con aquel cuerpo esterilizado y curvilíneo dotado de exuberantes atributos, supo que alcanzaría a ser algo mas en esta vida, lograría escapar de aquella destartalada casa y quizás, solo quizás, viviría dichosa y amada cada noche. Jamás sería como su madre, pues albergaba en su fuero interno algo que iba mas allá de la ambición, y aquella imagen grabada a fuego en su mente, la de una mujer marchita y con manchas de lapiz labial corrido sobre los labios cortados, jamás sería el reflejo devuelto de propio de su futuro.

Cuán equivocada estaba...
Unos meses en el Midnight, y su destino estaba irrevocablemente sellado con aquella imagen distorsionada de su alma.

Bailar conseguía hacer que recuperara parte de aquella libertad que lograba atisbar en su existencia banal. Un leve resquicio de lo que quería ser, de lo que era... Una criatura admirada, observada y amada.
Conseguía olvidar parte de sus problemas, dejaba su mente volar...aunque había ocasiones en las que despertaba sin saber muy bien quién era o dónde se encontraba.
Su señora le había dado la oportunidad de ser alguien, le había dado aquel empleo y sentía una gran admiración por todo cuanto la envolvía. Tal era su devoción, que sería capaz de entregarle su propia alma.
El problema era, que apenas era consciente de que ya hacía tiempo que le pertenecía.

De pronto, toda la atención recibida por aquellos hombres, fue disuelta por la intervención de otra joven, la cual la observaba ahora sin ningún atisbo de disculpa o aprensión al interrumpir tan bruscamente su baile.
Clavó su mirada desdeñosa sobre la nephilim. Sí, sabía lo que era. Algo en su interior, no lograba entender qué, le decía que aquellos mortales no le agradaban y despertaban en ella repulsa y desdén.

Deshazte de ella...- Murmuró una segunda conciencia enroscada en lo mas profundo de su mente, aguardando al igual que una serpiente de relucientes ojillos negros.

- No sé de quién me habla.- Respondió en un tono descortés que bien poco tenía que ver con su carácter tranquilo y sumiso. Algo en su interior se alzó como una enorme ola, incontrolable y furioso que tomó posesión de su lengua. Ira, tal vez, una rabia incontenible, refrenada tan solo por el placer de escupir palabras y respuestas escuetas. - Márchese y déjeme hacer mi trabajo.

Y con una última mirada, la joven se zafó de la cazadora, dirigíendose de nuevo hacia unos clientes que aguardaban en uno de los reservados.


aviso importante:
El sensor de Adrianna, así como el de cualquier otro nephilim, emite zumbidos erráticos constantemente. Hasta la fecha, la energía demoníaca que asola la ciudad, mantiene estos aparatos alterados y en constante actividad, un factor engañoso que deja a los cazadores a ciegas.
No es una herramienta fiable para la localización de demonios, por lo que su rastreo no es efectivo.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Vie Mar 22, 2013 7:24 am

El sensor emitía frecuencias sin sentido, no era primordialmente útil en ese momento. Recientemente esos dispositivos marcaban a cualquiera como amenaza, así que irritada de su zumbido incesante, lo apagó. Renunciando la esperanza de que le fuera de ayuda en el local, además el sonido distorsionado era muy molesto. La bailarina había sido directa y fulminante. Pero como siempre expresaba, se podría mentir a cualquiera, pero una empática no a menos que esa persona creyera la mentira como absoluta verdad entonces fallaría en su juicio. Si se diera ese caso, había aprendido las expresiones corporales, gestos y maneras de actuar para agudizar aquel don tan inusual. Sabía que la evitaba y fingía, pero no podía decírselo a la cara, no ganaría la verdad que tanto rebuscaba. Adrianna percibió como su propio cuerpo reaccionó con unas gotas de furia en la sangre, reprobaba la mentira, estaba cansada de tantas mascaras y falsedades que poseía el ser humano, posiblemente fuera cansancio de tanta falsedad. Ahora sí que no se iría sin obtener unas palabras que la satisficieran, agradecía ser tan cabezota. - Que curioso, normalmente cuando una persona dice la verdad se siente aliviada, pero usted suponiendo que la dijera, no se siente liberada. Esta todo lo contrario, tensa y molesta. Lo que me lleva a preguntarme ¿Por qué trataría de fingir que no sabe de quién hablo? – alzo la voz para que sus cavilaciones le llegaran a la bailarina que se detuvo al parecer a escucharla. Correspondía atacar con algo poderoso, algo que sacudiera su ego, sin embargo se repugnaba conocer trucos así, era la parte tenebrosa del empático, no todo era de color rosa, a veces el conocimiento de tantas emociones debía usarse para otros fines en los que su filosofía no estaba de acuerdo.- ¿Por qué tendría que mentir una bailarina como usted? ¿Quizás para ocultar que no fue capaz de conquistar al señor Goldsmith como al resto? Bueno, la belleza no es eterna señorita, es breve y pronto se marchita.- Adrianna sentía como la culpa la empujaba al hoyo, no soportaba tener una conciencia tan inquieta. Observaba con atención cada detalle de la joven, para captar más, sus brazos estaban cruzados: Defensiva, protegerse de las palabras del hablante. Además arrastraba las cadenas de algo que la producía gran daño emocional, su voz autoritaria poseía atisbos de sumisión. Era ciertamente sugestivo, que le preocupaba. - Se que no le agrada que este, a mí tampoco me place su compañía si soy franca. Pero necesito información del señor Goldsmith. Y usted seguramente pueda contarme más de lo que imagina. Dígame la verdad, y me largaré lo antes posible. ¿Qué le parece? – trató de hacer un amago de sonrisa, pero no tenía mucho de que sonreír, odiaba esa parte de sí misma.

Nunca el fin justifica los medios” pensaba para sí misma. Pero, también era cierto, nadie sería tan necio de contar lo que en verdad pasaba, de ser así, alguien ya se había encargado de deshacerse de ese ser. Quizás Goldsmith vio algo que secreto que prefirieron que muriera con él. Eso explicaría la muerte, pero la tortura ¿Por qué torturarlo si no va a salir vivo? ¿Era acaso un castigo por lo que pudo decir o ver? Miles de conjeturas se formaban en su mente en segundos, todas podían resultar validas. Las señales convergían en el mismo rumbo, actividad demoniaca de gran nivel. Los extraños sucesos ocurridos en Nueva York, los seísmos, mareas, tormentas eléctricas, todas en tan poco tiempo, y con tanta fuerza que hundiera al final el mundo en el abismo del infierno si no se detenía aquel aviso.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Vie Mar 22, 2013 9:08 am

Spoiler:
- Runas dibujadas por parabatai: Sigilo, poder angelical, fuerza, intuición, velocidad, valentía, bloqueo, precisión, equilibrio, agilidad.
- Runa de parabatai, posicionada entre los omóplatos, alargándose hasta el cuello.
- Cariel.
- Ballesta.
- Flechas.
Spoiler:

Concentración. No para recordar, sino para evitar hacerlo. Si tenía que asistir a una misión y encontrarse con las cazadoras que la otra noche discutían con duendes y se comían a muchachos, la cosa no se caracterizaría por la seriedad. Y el asunto en sí, más que serio, era extremadamente siniestro. Un hombre quemado; no por fuera, sino por dentro. Había estado pensando en ello, llegando a la misma conclusión que todos habían alcanzado; o estaban tratando con un mago pirado y poderoso en extremo, o con un demonio. Ïara se decantaba por lo segundo. Siempre eran demonios. ¿Cómo sería tener sólo pensamientos viles y malvados, no tener jamás un buen sentimiento? A menudo había tratado ponerse en su piel, especialmente cuando era una niña y no consideraba que los del submundo debieran recibir odio sin cuestionarse por qué. Pero nunca lo había conseguido; era imposible guiarse sólo por maldad. Al menos, desde su punto de vista –no era extraño, si se llegaba a considerar que por sus venas corría sangre de ángel-. Sentada sobre su cama, el cabello aún chorreando tras la ducha, reflexionaba sobre aquello; su cerebro se concentraba en aquel crimen y, de paso, evitaba pensar en temas que prefería olvidar. Aún era temprano, mas lo suyo no era llegar siquiera un segundo tarde a una misión; había estado dejando pasar los minutos por si Helena aparecía; pero no lo hizo. Se habían dibujado las runas y, acto seguido, había desaparecido alegando que iba a buscar algo. Abrió el armario y, tras pensarlo durante unos breves instantes, eligió su traje de cazadora favorito. Era de cuero, como los demás, mas contaba con una capucha y unas botas más altas que las normales, llegándole hasta debajo de la rodilla. A medida que iba vistiéndose, Ïara iba dejando paso a Geist; ésta última fue adueñándose poco a poco del pequeño cuerpo, cubriéndolo todo, trasformando en gélido el rostro antes reflexivo.

Los ojos tan expresivos como sólo los de una persona con dificultades como la alexitimia podían serlo, se trasformaron en dos ámbares congelados. Con la lentitud de aquel que se prepara para la batalla, se colgó a la espalda las dos espadas que su padre solía utilizar. No iban por separado, sino que requerían la habilidad de saber manejarlas las dos a la vez. Cariel, su inseparable Cariel, pendía de su cinturón, preparado como siempre para castigar; no en vano era el Castigo. Finalmente, decidió descolgarse las dos espadas y en su lugar cogió la ballesta que uno de sus primeros días allí había descubierto: aquella de madera negra, pulida y brillante, con flechas iguales. No llevaba nada más, ni siquiera se molestó en coger el sensor, dado que los últimos días andaba fallando con inquebrantable continuidad. Trató de esperar un poco más, pero la impaciencia le podía; dejó a Helena una nota donde con letra elegante, quedaba escrito que la esperaría en el Midnight Club. Como siempre ocurría en los bares o en lugar cargados de gente, el ambiente la sofocó al abrir la puerta. Decir que no cabría una aguja sería un eufemismo pues, con toda probabilidad, lo que no cabría sería un mísero átomo. Con la capucha calada y los ojos brillando como faros en la semipenumbra en la que estaba sumido el lugar, Geist se abrió paso entre la sudorosa y eufórica multitud. Pero algo la frenó, su brazo quedó enganchado a algo. Un vampiro. La Sombra supo que era joven e inexperto, pues, confundiéndola con alguien que iba disfrazado probablemente de ninja, la agarró del brazo y comentó al grupo de mundanos del que se rodeaba. – Eh, mirad, la parca. – De un tirón brusco se soltó, adivinando la sorpresa en los ojos de aquel que en aquellos momentos empezaba a adivinar cuantísimo la había jodido. Se acercó a él, sus labios tan cerca de su oído que el espacio era casi inexistente; era totalmente innecesario, teniendo en cuenta los sentidos afilados de los vampiros. – Como vuelvas a tocarme, te cortaré los huevos y me fabricaré unos pendientes con ellos. – Cuando se apartó, le dedicó una sonrisa de más que fingida amabilidad, acertando a ver cómo su rostro se había trasformado en una mueca de horror al adivinar con quién estaba tratando. Pero la nephilim se dio la vuelta; sino había nombrado estacas era, principalmente, por el grupo de mundanos. Y porque a un hombre siempre le duele el orgullo cuando se habla de testículos, sea de la raza que sea. Buscó a los demás entre la multitud, pero sólo acertó a ver a Adrianna más allá, hablando con la que parecía una bailarina. Se abrió paso sin tener mucho cuidado con copas descuidadas o gente borracha que se tambalease al mínimo toque. Cuando llegó allí, evitó pensar en aquella nephilim peleando con ¿un duende?; no le costó mucho pues, la que reinaba en aquellos instantes era la Sombra. Se plantó a su lado justo en el momento en el que aquella pronunciaba ¿Qué le parece?. Tal vez habría estado bien saludar, mas sólo se dignó a un leve asentimiento; en parte porque no le apetecía un saludo más profuso y, en parte, porque ni era el lugar ni el momento.


Última edición por Ankhiära K. Trejžtiakova el Lun Abr 22, 2013 10:25 am, editado 1 vez
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por William Stoneheart el Vie Mar 22, 2013 6:02 pm

Spoiler:

Runas: Precisión, fuerza, agilidad, velocidad, resistencia, equilibrio, sigilo, poder angelical, concentración.
Runas permanentes: temeridad, valentía.
Runa de parabatai, en la parte izquierda del pecho bajo el corazón.
Dos cuchillos serafines, uno largo y otro corto fácil de arrojar, Rehael y Zadquiel respectivamente.
Un par de dagas largas, una en el cinturón y otra a la espalda.
Su estela.
Su sensor.
Los latidos de su corazón parecían intentar imitar el ritmo frenético del Sensor. Un sudor frío y amargo le cruzaba la espalda y le enmarcaba las facciones, casi visible a larga distancia a causa de la enfermiza palidez de su piel. Su pecho subía y bajaba descompasadamente, cruzado cada pocos segundos por arcadas insatisfechas. Poco le quedaba ya en el estómago. Con la mente tan abrumada que apenas lograba pensar más allá, había acabado en la esquina de aquel callejón insomne, apoyada su espalda en la pared roída y sucia. Muy pocas veces pisaba un lugar como aquel, pero se sabe que de vez en cuando a todos nos viene bien enfrentarnos a la realidad; a los miedos.

Había llegado hacía casi tres cuartos de hora, sintiéndose un extraño en aquellas calles desconocidas y de ambiente asfixiante para el ojiazul. Incluso sin haber puesto un pie en el local, aquel hedor férreo y moribundo del alcohol parecía arder en el interior del chico. Olía a dolor humano, a problemas ahogados y recuerdos negros. Ni siquiera esta vez podía sentirse amparado por la oscuridad, los rótulos de neón y los propios viandantes parecían luchar contra ella sin aparentar agotamiento alguno, como si estuviesen decididos a no ocultarle la realidad al nephilim. Cuán fácil hubiera sido si no pudiera verse a sí mismo, como por dentro. Pero desde que llegó al lugar sus sentidos parecían incapaces de advertir nada más allá de aquel penetrante olor, calando cada vez más hondo en la mente y el cuerpo del chico. Si sólo así se sentía con percibir atisbos de aquella etílica sustancia, no quería saber que se sentía llevándola por dentro.

Tras cerca de media hora caminado en línea recta ida y vuelta sin parar, siempre sobre sus propias huellas, se había armado de valor para abrir la puerta. Lo hizo con manos temblorosas, en apariencia como un simple cobarde; y tal vez lo era. No temía a aquella misión, aunque fuese de las primeras tras su reincorporación al mundo de los hijos de Raziel; temía al alcohol. No sólo no era capaz de sacar a alguien del pozo negro de sus problemas, sino que además terminaba por ahogarlo. Con cada toma, y simplemente con el paso del tiempo, uno se convertía en un ser ínfimo e independiente, zafio en sus balbuceos que dejan de ser palabras y ciego en su realidad. Otra persona distinta, como pasar a ser nadie. Así que tras recibir la primera bocanada de aquel aire etílico, las nauseas pudieron con el joven, que acabó en aquella esquina luchando por volver a respirar. No podía controlar aquella reacción, a diferencia de sus escasas emociones, parecía ser imposible de ignorar; podía con él.

Cuando aún su rostro seguía en sus intentos por encontrar de nuevo el aire para ponerse en pie, el repiqueteo de unas botas significativamente decidido lo hizo alzar la vista. Reconoció en aquella silueta el perfil de Adrianna, y sin llegar a razonar su reacció, se hizo un ovillo sobre si mismo para pasar desapercibido. Pareció funcionar. Unos instantes nmás tarde, se encontraba de nuevo en pie, asegurando su equipamiento para aventurarse a entrar.

Una nueva oleada asfixiante de aquel hedor provocó un nuevo nudo en su garganta, pero comenzó a avanzar deprisa para asegurarse de no volver a dar marcha atrás. Advirtió la presencia de varios Cazadores de Sombras ya en el local, pero la convicción de mantener aquella apariencia enfermiza, con las pupilas casi dilatadas, terminó por conducirlo al lado opuesto de la sala. Se dispuso a valorar entre las posibles personas a las que debería interrogar, pero aquellas oleadas sofocantes parecían venir de todas partes. Tragó saliva, pero hasta ella parecía guardar un regusto a alcohol. Se apoyó en una de las butacas cercanas cuando una nueva arcada le subió por la garganta, sin advertir que estaba previamente ocupada. Intentó abrir los labios para formular alguna seca palabra de disculpa, pero su propia fobia unida a las nauseas y a aquel miedo infantil lo sumió de nuevo en aquel imposible silencio. Simplemente esperó la respuesta por parte de lla persona que ocupaba la silla, que ya se volteaba en su asiento para replicar. Por ser optimista al menos una vez en la vida, William se tranquilizó a sí mismo con la premisa de que quizá había acabado escogiendo a un potencial incriminado en el caso. Irónicamente, el azar del que tanto recelaba parecía haber escogido esta vez por él.


Última edición por William Stoneheart el Dom Mayo 26, 2013 11:27 am, editado 1 vez
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adara Carstairs. el Vie Mar 22, 2013 6:29 pm

Spoiler:
Estela.
Piedra de luz mágica.
Dos cuchillos serafín: Aradhiel y Cithael.
Sensor.
Lùjiǎodāo.
Runas: Agilidad, coraje en batalla, desvío-bloqueo, equilibrio, fortaleza, fuerza, poder angelical, precisión, resistencia, sin sonido, velocidad.
La misión que le encomendaron sonaba simple. Una visita al Midnight Club con el objetivo de conseguir información. Más no creía que las cosas se desarrollaran con tanta facilidad. En días de caos, como aquellos, era mejor estar preparado para todos los escenarios, la nephilim cargaba entre sus ropas una reducida cantidad de armas, las suficientes para su propósito en caso de que surgieran inconvenientes. Tenía claro que no era cuestión de ir, entablar conversación y volver al instituto con una sonrisa de autosuficiencia en el rostro. Lo más probable era que tuviera que enfrentarse a alguien con tal de conseguir lo que buscaba, y no dudaría en hacerlo, si así fuese necesario.

El aire gélido calaba en lo más profundo de sus huesos y la ligera cazadora de cuero que usaba, no servía de mucho para impedirlo. Al instante de salir a las calles notó el cielo gris y nublado, quizá para algunos fuera un mal augurio las desafortunadas condiciones climáticas que amenazaban con empapar a quien se atreviese a salir a las calles, a ella, la desastrosa sensación de hielo en las venas, le recargaba las energías. Tenía el cabello tomado, dejando su cuello expuesto. Un escalofrío la sacudió, su piel se puso gallina y se giro en seco esperando quién sabe que cosa. No encontró nada en absoluto, debía estar alucinando. Veía las luces difuminadas del cartel de neón a la distancia. De por sí destacaba debido a su gran tamaño y dado que las luces de la ciudad estaban casi extintas, por los desconcertantes eventos producidos a o largo de los días, los exuberantes colores parecían la luz al final del túnel. No era bueno pensar así, era posible que esa noche visualizara la luz de su propia vida extinguiéndose.

A penas dio un paso cuando su vista examinó el área completa. El club tenía fama de ser un lugar concurrido por mundanos tanto como submundos y claro, los nephilim no quedaban fuera del saco. Podía ver a hijos de Lilith mezclados con hijos de la luna o hijos de la noche, aunque los últimos, generalmente, estaban más cerca de los mundanos. A ningún vampiro le venía mal un subyugado, o un trago de sangre fresca, y aprovechaban el lugar para sus propósitos. Sin pensarlo se dirigió a la barra del bar. En cierta medida los mundanos eran más fáciles de manejar, siempre y cuando y no conocieran mucho acerca del mundo de las sombras, si lo hacían, podían ser incluso más cerrados que cualquier otra raza e increíblemente más peligrosos. A veces la lengua termina siendo más afilada que un cuchillo. El joven que atendía lucía como un simple mundano, pero por la naturalidad que tenía al realizar el trabajo, debía levar tiempo en ese negocio, a leguas podías notar que ya nada lo sorprendería. A dos puestos de distancia, un brujo bebía una sustancia líquida de distintos colores, no le dedico ni una mínima mirada, a algunos era mejor no importunarlos. El barman acababa de entregar una bebida a un hada cuando se dirigió hacia ella.

—¿Noche ajetreada? —preguntó. Haciendo acopió de sus modales y su capacidad para fingir, sonrío de la mejor forma posible. —Apuesto a que llevas tiempo trabajando aquí, ¿no? Deben suceder cosas verdaderamente interesantes cada noche. Quizá podrías contarme alguna historia, ahora que la barra está vacía. Me interesa una en particular.

La situación era extraña y nunca antes vista. El cadáver mundano había sido encontrado en buenas condiciones estéticas, más en su interior, estaba completamente incinerado. Su forma de abordar era el tema estaba lejos de ser la más idónea, pero no tenía ganas de andar con rodeos, y esperaba que al menos un poco de fraternidad inundara al mundano y le diera aunque fuese una pequeña pista.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Sáb Mar 23, 2013 8:38 pm

Spoiler:

Runas permanentes: Una de parabatai en el omóplato derecho y una de la memoria que coge desde la base del cuello hacia abajo.
Runas:Velocidad, Visión, Fuerza, Fortaleza, Bloqueo, resistencia, precisión, agilidad, equilibrio, poder angelical y talento. Todas ellas repartidas en ambos brazos.
Cuchillos Serafín: Cuatro. Guardados de dos en dos como ramilletes en los soportes de pistolas mundanos.
Otras armas: Una daga plateada de la familia. Guardada en el pie izquierdo, en el tobillo.
Herramientas: Sensor y estela. Guardados en los bolsillos de la chaqueta.
Ropa: Uniforme nefilim: chaqueta de mangas largas y negra de capucha, pantalón negro y largo. Debajo una sencilla camiseta gris de mangas cortas. Botas militares de punta de hierro muy flexibles.


Cuando vi el email en el móvil no me lo pude creer: la Clave poniéndose en contacto conmigo para una misión; hacía años que no le debía lealtad a la Clave y de repente aparece un mensaje de "aviso importante" en mi bandeja de entrada. Obviamente de vez en cuando me llega algún que otro recado pero debido a mi invisibilidad para mi raza y las condiciones que dejé en el Instituto de Los Ángeles nunca me han requerido para nada importante, cosa que me deja bastante tranquila y al margen. Pero supongo que tras la Guerra Mortal las cosas han cambiado y últimamente aún más porque estaré desconectada del "mundo nefilim" pero los sucesos no me son ajenos. Llevo bastante tiempo viviendo en Nueva York como para saber que las oleadas de tormentas y rayos que azotan a Manhattan no son habituales, tanto que la mismísima Maryse Lightwood ha convocado a todos los nefilims disponibles de la ciudad. Y yo obviamente entro en el saco. Nunca he entablado conversación con los nefilims de la ciudad -si obviamos mi incursión al Instituto hace unos cuantos días- ya que en el año que llevo viviendo en Williamsburg no me he acercado al círculo social de mi raza pero aun así todos los nefilims del mundo le debemos lealtad a un Cónclave/Clave y cuando llegué a Nueva York mis datos fueron transferidos al Instituto que hoy llevan los Lightwoods. Entre ellos mi forma de contacto. Mientras me preparo en casa -colocándome las runas, que como siempre no son más de trece- sonrío ante lo irónico de la situación: somos una raza de cientos de años que deben recurrir a la tecnología para comunicarse.

Una vez preparada salgo de casa bajando las escaleras a saltitos ya que la adrelalina de una nueva misión me da energías aunque me cueste reconocerlo. Podré combatir la maldad como si fuera una mundana trabajando en una comisaría pero la libertad que da un combate cuerpo a cuerpo nefilim no es nada comparado. Todo eso sin contar lo sexy y flexible que es el uniforme de Cazador. Nada más pisar el suelo de la calle provoco un glamour para que la gente no me vea y así puedo colarme en un taxi que acaba de coger un señor con pintas de ejecutivo que le ha dicho al conductor que lo deje cerca de la biblioteca, dejándome a mí -sin saberlo- a solo cinco minutos del punto de encuentro. La misión no es que sea gran cosa: en el escueto mensaje se nos dice que debemos averiguar qué está pasando en un club, que intentemos interrogar a la dueña del mismo y todo porque un hombre ha muerto de una forma muy extraña tanto que se sospecha entre demonios y brujos. Si pudiese ver el cadáver daría con la respuesta acertada. El taxi para en un semáforo y abro la puerta al mínimo para bajar y caminar hacia el club que se encuentra medio oculto entre tantos otros bares. A lo lejos puedo oír al taxista quejarse de que no ha echado el seguro a la puerta. Llego a la puerta los pocos minutos y me paro un segundo ante la misma mientras mis armas tintinean. Hacía tanto tiempo que no actuaba como una Cazadora que la sola perspectiva de luchar hace que se dibuje en mi rostro una sonrisa un poco lunática. Hay una cosa que incrementa que mi instinto de raza me pueda: la idea de pelear con mi parabatai de nuevo.

Me adentro en el bar con el glamour en funcionamiento ya que no tengo ganas de ir esquivando a mundanos, barro con la mirada el establecimiento y doy con dos de los míos: uno es William, el chico que conocí hace un mes, y la otra es Adrianna la caza duendes. Cada uno está a lo suyo y lo mejor para no levantar sospechas entre la multitud subterránea que atiborra el lugar es que no nos juntemos a no ser que sea estrictamente necesario. O al menos eso hacemos los polis. Me deslizo con habilidad entre los sudorosos cuerpos que se agitan a mi alrededor y me acerco a la barra. Cuatro metros a mi izquierda está Adara hablando con el barman. Decido que lo mejor es no interrumpir su conversación y fijo mi mirada en un corrillo de personas que están sentadas en unos pufs. Entre tanto mundano extravagante pasarían desapercibidos si no fuese por sus rasgos distintivos. Brujos.
Veo como uno de ellos me sonríe y le devuelvo el gesto. Me quito la capucha negra de la chaqueta para ocultar cualquier rastro de runa en el cuello. No suelo desconfiar de los brujos pero no sé quienes son estos ni por qué hay uno que me ha saludado por lo que será mejor ir con precaución y no llamar la atención. Mis armas ocultas en los colgadores de pistolas mundanas bajo mi chaqueta tintinean cuando me muevo por lo que intento caminar más despacio para que no hagan ruido. Si descubre mi raza después de hablar mucho mejor.

-Hey! Os conozco?- pregunto distendida- ¿sois de por aquí?- sonrío de forma amable- no conocía este sitio pero me han hablado estupendamente ¿está mejor que otros bares dedicados al ocultismo?-uso el término mundano para referirse a los locales dedicados al mundo de las sombras- la verdad es que no está muy ambientado pero tiene buena música.

Me coloco frente a ellos con las manos sobre el pecho.


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Helena Trueblood el Lun Mar 25, 2013 4:18 pm

Inventario:
  • Látigo de cazadora de sombras, con cuentas similares al material del que están hechos los cuchillos serafín y con una pequeña runa grabada en cada una de ellas.

  • Cuchillos serafín: Shekinah y Sammael

  • Runas: Bloqueo, equilibrio, fortaleza, poder angelical, fuerza, percepción, precisión, resistencia, sin sonido, velocidad aumentada, agilidad, coraje en combate, glamour.

  • Runas permanentes: Memoria, parabatai.

  • Sensor

  • Luz mágica

  • Estela

  • Móvil

  • Fotografía del difunto

  • Dinero mundano


El cabello azabache de lo rosa estaba perfectamente arreglado en una trenza espiga que caía por su hombro derecho. El ceñido traje negro se amoldaba con exquisitez a su figura, abrazaba la firme musculatura de sus piernas y brazos torneados, deslizándose por las caderas mortales donde residía su cinto y sus armas enfundadadas, pegado el cuero a su abdomen fino, demasiado ajustado en el pecho como para mantenerlo del todo cerrado. Quedaba a la vista su negra runa de parabatai, descansando fiel sobre su corazón, cálida y despierta ante la cercanía de Ïara.

Había debido dejar que se adelantara, puesto que sus esfuerzos por dar con una fotografía reciente del difunto le habían tomado más de lo que esperaba. Eso y aquel otro detalle, el que pensaba ocultar, que había permanecido paralizada una obscena cantidad de minutos por un punzante dolor de cabeza. Los pasados días, todos y cada uno desde aquella fiesta, el fenómeno se había repetido, aunque cada vez en menor medida e intensidad. Sabía que de dárselo a conocer su compañera jamás le permitiría asistir, así como se sabía incapaz de abandonarla, no después de los años de lejanía. Podía sentir la propia piel helada como un cadáver, los propios pensamientos un revoltijo lejano y complejo de ideas. Aun así no podía reprimir una sonrisa serena, no podía apartar de sus ojos claros como la bóveda celeste el brillo nunca lejano del compromiso, la emoción de volver a pelear junto a su hermana.

La música llenaba el club colmado de mundanos y submundos, sus divertidos, nerviosos, seductores y amargos tonos de voz componiendo una sinfonía discordante y única, abrasando los sentidos de la rosa negra. Y con cada paso que daban sobre las aceradas baldosas sus firmes botas de taco alto, más miradas cargadas de asombro y lujuria se cernían sobre su persona.

Debía parecerles un grácil ángel encarnado, un trozo de cielo dulce y sereno perdido en un antro de elegancia y perversión. La runa de glamour que había escogido no la hacía invisible a los ojos mundanos. En su lugar, provocaba un efecto similar al que utilizaban frecuentemente los brujos y las hadas, lanzando sobre ella un velo de aparente normalidad. Y encubierta entre tantos otros, Helena presidía el salón y se deslizaba por él con una gran confianza y seguridad. Con una sonrisa entre los labios, guiñó el ojo a un mundano especialmente guapo que se había distraído de la persecución de una bailarina solo para mirarla. Varones así nunca dejarían de antojársele especímenes de los más curiosos. Demasiado fáciles como para mantenerla entretenida, pero sin duda graciosísimos de observar.

Divisó a Adara junto a aquel que sería también su presa, el barman mundano con el que la otra conversaba y a la que no quería interrumpir. Optó por sentarse en un taburete alto, a una distancia media de la muchacha, como si no la viera o no la conociera de nada. No alzó la vista ni lo buscó con la mirada, distrayéndose con la larga lista de tragos a los que escaneaba sin verlos realmente, en una postura apesadumbrada. La otra mano, la siniestra, jugueteaba casi inconscientemente con una pequeña fotografía arrugada, deslizando por ella las yemas de los dedos.

Tragó fuertemente. Cerrando los ojos y frunciendo el ceño, soltando la lista para acercar el puño a la boca y morderse un dedo. A ese hombre honestamente no lo conocía de nada, pero el solo recordar lo que le había ocurrido a Leonides le proporcionaba a su actuación el toque justo de amargura que necesitaba.

— Un daikiri... —susurró, y luego alzó la vista para buscar al barman con la mirada — un daikiri de fresa.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Lun Mar 25, 2013 5:34 pm

Adrianna Birdwhistle & Ankhiära K. Trejžtiakova:



Las caderas de la morena se movían al vaivén de sus pasos tranquilos y acompasados mientras se alejaba de la cazadora. Los clientes aguardaban a tan solo unos metros, tras una pesada cortina de terciopelo que se utilizaba de modo que garantizara intimidad, separando los distintos ambientes que poseía el club.
Heisha, segura de que por fin había logrado deshacerse de la muchacha, se deslizó entre un par de mundanos que se dejaban seducir por el misticismo que se confundía entre la penumbra y las luces de colores. Pronto se olvidaría de aquel asunto, sin tomarle mayor importancia. Al menos no mas de la que debería, puesto que sus pensamientos nunca alcanzaban a enfocarse en algo que no fuera ella misma la mayor parte del tiempo. Pero la voz de la nephilim se elevó sobre la música, provocándola y consiguiendo que su espalda se irguiera en tensión justo cuando su delgada mano alcanzaba el suave tejido, deteniéndola en su avance.
La muchacha ladeó el rostro, observando a la dueña de esas palabras de medio lado con sus oscuros ojos delineados en khol. Sus dedos se cerraron sobre el oscuro terciopelo, enterrándose en el tejido hasta que sus nudillos se pusieron blancos conforme las palabras iban llegando a sus oídos y se filtraban lentamente en su cabeza. Desde lo mas profundo de su alma, llegaban oleadas de cólera irracional acompañadas por la molestia de tener que aguardar por escuchar tal cantidad de insensateces; un eco de la segunda conciencia que tiraba de sus acciones y de sus emociones confusas en el interior de la cáscara vacía que era su conciencia tomó posesión de su lengua, hablando a través de ella en una voz seca y carente de emoción.

- Tiene razón,- Murmuró condescendiente y con un ligero matiz burlón. Sin volverse a mirar a la cazadora y a la otra muchacha que ahora se había unido a ella, pero lanzándoles una mirada desdeñosa sobre su hombro, continuó.- conocía a el señor Goldsmith. Un espécimen digno de olvidar, cabe añadir. No necesito mentir para ocultar la opinión que tenía sobre él, pero quizá debería buscar sus respuestas en otro lugar. - dijo haciendo hincapié en la palabra, haciendo notar lo poco o nada bienvenidos que eran allí los de su clase al entrar allí haciendo preguntas acusadoras y armados hasta los dientes.- Ni sé que le ocurrió ni me importa, pero la verdad es esta: venía un par de noches a la semana, pasaba el rato babeando en algún rincón y se marchaba cuando su ebriedad rozaba la inconsciencia. No había noche en que no terminara desmayado en algún callejón o buscándose problemas. Y ahora déjenme continuar con mi trabajo y no me hagan perder el tiempo.

Y sin mas palabras o a la espera de una respuesta, la joven tironeó de la cortina y se deslizó al interior del apartado, dejando un revuelo de sus largos cabellos negros tras ella antes de desaparecer de la vista de las cazadoras.

Pero lo que no pudo pasar inadvertido para aquellas nephilim, fue la fugaz imagen entre la sombras del interior del reservado, un espacio lleno de cómodos sofás con varios hijos de la noche sentados y recostados en ellos. La palidez de sus rasgos en contraste con la tenue iluminación, rostros fantasmagóricos de ojos oscuros y grandes, hambrientos y predadores, sobre las jóvenes que los acompañaban, tendidas frente a ellos con apenas ropas que cubrieran sus cuerpos semidesnudos.
A través de sus labios manchados en el color carmesí, se dejaban entrever sus afilados colmillos, y la sangre, que goteaba lentamente por los muslos de una de las jóvenes conforme el vampiro se relamía con evidente placer, antes de que la escena fuera interrumpida por la rapidez con la que la bailarina cerró el espeso tejido tras ella.

La postura inconfundible indicaba a las hijas de Raziel, instantes después de que la cortina volviera a su lugar, que aquellos vampiros hundían sus colmillos profundamente sobre a pálida piel que recubría la femoral de las jóvenes, alimentándose de ellas y tomando su sangre de una forma que resultara apenas imperceptible para los ojos curiosos, amparados por la intimidad que ofrecían los diversos apartados repartidos por el club.

William Stoneheart:



Adair, un noble de origen francés y orgulloso hijo de la noche, había acudido aquella noche a pasar una velada en el reconocido Midnight en compañía de su séquito de camaradas vampiros. Muchos habían sido los rumores de que allí podrían disfrutar de un agradable rato entre otras criaturas del submundo, un lugar que evocaba el ambiente selecto y refinado de un propietario con el conocimiento y la sofisticación de los placeres mas ignotos de los que hacían alarde criaturas con su misma naturaleza sobrenatural.
Por supuesto, el hecho de que allí se les permitía disfrutar de un aperitivo mas suculento, lejos de la mirada acusadora de otros y en la intimidad que le confería la privacidad de un reservado, era otro de los motivos que convertían aquel lugar en uno de mayor prestigio entre los hijos de la noche.

Pero aquella noche no había podido conseguir la reserva de una de estas salas, y mucho menos poder disfrutar de sus lujos furtivos, puesto que la demanda era cada vez mayor y su reconocimiento lo hacía cada vez mas demandado entre los suyos. La joven que debía haberle proporcionado el reservado había olvidado por completo anotar en la lista su nombre, y ahora no tenía mas remedio que pasar el tiempo sentado en uno de los diversos divanes que bordeaban la pista de baile, a la espera de un posible reservado que probablemente no alcanzaría a pisar en todo lo que restaba de noche. Una molestia con la que tendría que lidiar, pero un error del que no volvería a pecar.
Conocía a la propietaria del local desde hacía bastante, y estaba seguro de que ella sabría recompensarlo correctamente en cuanto fuera consciente de aquella desafortunada situación.

Adair, de cabellos dorados y prolijamente peinados, se sentía tremendamente molesto y hambriento, pero intentaba encontrarle el lado positivo al asunto, dejándose engatusar por las constantes bromas de sus compañeros, así como de las atenciones que le profesaba la pelirroja junto a él, que descansaba sobre el reposabrazos del sillón. La palidez de sus rasgos era evidente a pesar de la penumbra que envolvía el club, y parecía brillar bajo las luces de colores que bañaban su rostro, la piel nívea de sus brazos y piernas desnudas, así como sus finas y elegantes manos, que sostenían una copa de algún tipo de licor entre sus dedos. El vampiro pensó que, al menos, lograría llevarse a la boca algo mas que la cálida sangre de un humano contratado, y no dudaba en que aquella mujer de largas piernas y de cabellos como el fuego lograría apagar esa sed carnal, aplacando también aquella otra que comenzaba a hacerse cada vez mas y mas apremiante con el paso de los días. Se le hacía la boca agua de tan solo pensar en clavar sus afilados colmillos en el pulsante cuello de la muchacha que lo miraba embelesada, con la mirada vidriosa y fascinada por los bellos rasgos del vampiro.

Todo pasó muy deprisa, y en un momento estaba sonriendo a la muchacha y al siguiente se levantó como un resorte con el traje de sastre completamente arruinado por el líquido derramado de la copa.
La joven terminó de medio lado sobre el sillón, con una cara de espanto al observar aquel estropicio y con la copa colgando ladeada entre sus dedos, completamente vacía de lo que ahora empapaba sus pantalones. Adair se sacudió la ropa, totalmente fuera de sí y lanzándole una mirada acusadora a aquel que había provocado aquella situación.
Su primera reacción fue la se sisear como un gato enfurecido, la punta de sus afilados colmillos asomando por entre sus labios finos torcidos en una mueca despectiva.

Nephilim...- Gritó una vocecilla alarmada en el interior de su cabeza.

El primer pensamiento que le cruzó la mente fue que estaba allí por un motivo realmente importante, y no por el hecho de que servían cocktails exóticos a buen precio. Lo delataban sus runas, ese olor a carne quemada que rápidamente llenó sus fosas nasales en una evidente señal de que estaba allí en nombre de la Clave. Todo en él gritaba ¨peligro¨, si no fuera por el hecho de que tenia aspecto de querer ponerse a vomitar de un momento a otro encima de su ya arruinado traje. Parecía un niño con serias pretensiones, pero no se llevaba a engaños, y muy posiblemente su presencia allí anunciaba problemas para los hijos de la noche que acudían al lugar con intenciones de alimentarse de formas mas lucrativas para el negocio. De seguro que había mas como él por el lugar, de eso no había duda.
El séquito que lo acompañaba, al igual que él, se levantó de sus asientos y encararon al muchacho. Una tensión pareció adueñarse del ambiente que antes era distendido y jovial, y era tan perceptible para muchos de los demás clientes que había a su alrededor, que a los pocos segundos comenzaron a alejarse, creando un circulo alrededor de ellos. Pero al igual que él, sus compañeros lograron mantener el control y retroceder ante las marcas humeantes del nephilim.

- Adair.- Murmuró Luke sobre su hombro, uno de sus amigos que parecía comprender la magnitud de la situación casi tan rápido como él.- vayámonos de aquí antes de meternos en problemas con asuntos de la Clave.

Adair apartó la mirada del cazador y la clavó en Luke, contestando de vuelta.- No veo que problema hay en tomar una copa y charlar con una mundana en un local como este.- El glamour que envolvía a muchos de los que había allí, proporcionaba un ligero efecto óptico sobre muchos de los rasgos vampíricos, así como el contenido de sus copas llenas de sangre animal, pero nada podría esconder la incomodidad que cobraba forma alrededor de los que había allí sentados y que eran conocedores del servicio ofrecido por su anfitriona. .- Pero sí, será mejor que nos larguemos de aquí cuanto antes...- finalizó volviendo una última mirada despectiva sobre el cazador de sombras y encaminarse hacía la puerta de salida seguido de varios vampiros mas.

No era tan estúpido como para jugársela, pero no pudo evitar el sabor amargo que acompañó a dicha decisión. Cuando mas atenazaba su necesidad por alimentarse de sangre humana, mas molestos se hacían aquellos malditos imponiendo su presencia sobre ellos y aquel lugar de reunión
.

Kaley C. Highsmith:


Kristoph, antiguo y formado hijo de Lilith, sentía como sus poderes alterados se escapaban a su voluntad, convirtiéndose en un arma volátil e impredecible que frustraba y exasperaba, al parecer, a toda la comunidad de Brujos de Nueva york.
Últimamente presentía el cambio en el ambiente, se respiraba en el aire aquel olor dulzón de niebla demoníaca que envolvía el paisaje desolado de una ciudad sumida en constantes catástrofes climáticas. Se sentían incontrolables, incapacitados cada vez que hacían uso de sus poderes, lo cual representaba un peligro mayor del que quisiera considerar.

Aquella noche, habían accedido a reunirse unos cuantos brujos que compartían el área metropolitana con la intención de buscar una solución al problema, pero una vez llegaron al local que servía como lugar de reunión, comprendieron que aquello no solo afectaba a los hijos de Lilith, y que las consecuencias alcanzaban a la mayor parte de las criaturas del submundo.
Conrad, Sienna y Markus, tres de los brujos que había junto a él, se enfrascaron en una acalorada discusión sobre las acciones a llevar a cabo para evitar una desgracia. Sienna estaba alarmada por haber prendido fuego a su casa y Markus se sumía en la desesperación al haber realizado un ritual que degeneró en la liberación de un demonio por el que casi le cuesta la vida.
Mientras, Kristoph los ignoraba conforme sus ojos castaños se perdían entre los presentes, observando y analizando el comportamiento de los hijos de la noche, la tensión que se adueñaba de ellos y era casi tan asfixiante como el ambiente cargado del local. Los hijos de la Luna, cada vez mas alterados, se arremolinaban alrededor de los mundanos, apenas ocultando el brillo fiero de sus ojos ni los rasgos cada vez mas lobunos. Aquella situación se tornaba cada vez mas peligrosa, destapando el poderoso glamour que tan fervientemente se molestaban en desplegar sobre ellos los subterráneos.

El cambio efectuado entre las diversas criaturas, a pesar de la música y las parpadeantes luces aderezadas con los ríos de alcohol que se derramaban entre los clientes mundanos, era casi tan obvio que resultaba vergonzoso. Pero no podía culparlos, apenas eran conscientes de sus actos, al igual que él, que sentía el crepitar de unas ligeras chispas escapar de sus largos dedos terminados en negruzcas uñas curvadas, al igual que las de un felino. Cualquier mundano vería un local lleno de actividad, rodeado de la embriagadora escena que acompañaba el ritmo frenético de la música junto a los cuerpos ondulantes de los bailarines y las sonrisas desencajadas de algunas hadas retorcidas. Pero a sus ojos atentos, nada de aquello lograba eclipsar la verdad que se deslizaba entre los cuerpos sudorosos, al igual que fantasmagóricos entes que buscaban y sondeaban entre las sombras.

Nephilim...

Una joven morena captó la atención de Kristoph, la cual fijó su mirada sobre él cuando una sonrisa perezosa se extendía en su rostro. La discusión de sus tres compañeros cesó en el momento en el que aquella muchachita que pretendía pasar por una mundana mas se plantaba frente a ellos. Su sonrisa se amplió, revelando unos colmillos curvados e inofensivos, puesto que nada tenia que ver con un vampiro y si mucho con un felino de pelaje moteado.

- No tenemos el gusto de conocerte...- Comentó con una ronroneante voz masculina que se deslizó por encima de la música. Alzó la mano y la invitó a acercarse mas a él con un gesto de su dedo.- ¿Realmente crees en todo lo que se dice de este lugar? .- Preguntó en un tono burlón conforme su mirada se paseaba sobre la gente que los rodeaba. Su ceño se profundizó, adquiriendo un semblante preocupado y serio antes de continuar.- Sé lo que eres,- susurró confidente.- hace ya rato que he visto a varios de los tuyos. - Guardó silencio unos segundos, como si temiera que alguien escuchara sus palabras.- Yo de vosotros me andaría con cuidado. No es aconsejable internarse en un lugar como este llamando tanto la atención, sobretodo cuando hay mundanos que puedan ver a tus amiguitos armados hasta los dientes sin un glamour que los proteja. Por supuesto que esto no va por ti, pero te he reconocido nada mas entrar por esa puerta. Las sombras os amparan, pero tanto humanos como subterráneos se están poniendo nerviosos con esa actitud vuestra...

Conrad y Sienna observaban a Kristoph con una expresión alarmada, pero en cambio, Markus asentía ligeramente, como si le diera la razón.

- Todas las criaturas del submundo perciben que algo anda mal, las oleadas de poder nos afectan en mayor o menor medida.- Terció Markus acercándose a ambos apartándose un mechón de color lavanda de la frente.- Pero no podemos evitar sentir como parte de ese magnetismo proviene de este mismo lugar. Percibimos algo...extraño en este lugar desde hace cosa de una semana. Hemos acudido aquí con la intención de buscar una solución y encontrar a Magnus Bane, pero tampoco lo hemos localizado aún. Creemos que este lugar reside gran parte de ese poder demoníaco, pero lo que percibimos es confuso, como si algo o alguien impidiera que se descubra realmente qué es lo que se esconde tras esta neblina.

Kristoph asintió ligeramente sin apartar la mirada de la joven frente a él.

- Imagino que vuestra presencia aquí tendrá algo que ver con la muerte de ese mundano.- Hizo un ademán con su mano antes de continuar o ser interrumpido.- Ah! Muchos sabemos de ese desgraciado suceso. No soy particularmente partidario de acusar a los mios, pero conforme están las cosas, no puedo evitar pensar en que esa muerte puede ser obra de un gran poder. Uno muy grande y con un gran despliegue de energía que bien podría ser a consecuencia de una invocación demoníaca o de un hijo de Lilith descontrolado y echado a perder.- Se refería a aquellos brujos que se dejaban seducir por sus lados mas oscuros e infernales, aquellos cuyos poderes provenían del mismísimo inframundo.
Kristoph percibió la mirada de varias criaturas sobre ellos, y decidió que ya habían tenido demasiada charla por el momento, puesto que estaban llamando demasiado la atención y aquel no era lugar para acusaciones.- Busca a los tuyos, cazadora, haced lo que tengáis que hacer pero sin buscar mas problemas de los que ya hay, puesto que los mundanos están comenzando a alarmarse. Ambos sabemos como son los subterráneos cuando ven peligrar sus territorios, e indudablemente, este es uno de ellos.

Y con esas palabras, dio por finalizada la conversación, despidiendo a la joven con una sonrisa enigmática pero que apenas era capaz de ocultar ese ligero matiz de tristeza que se reflejaba en su mirada.

Si, definitivamente, los hijos de lilith presentían que aquello no depararía nada bueno. Para ninguno de los dos bandos.


Adara Carstairs & Helena Trueblood :



No muy lejos del reducido grupo de Brujos, Adara se hallaba frente al barman del club midnight, el cual sonrió a modo de respuesta, una sonrisa encantadora que pronunció unos graciosos hoyuelos.

- Depende de lo que consideres interesante...- Murmuró en un tono juguetón. Mientras se deslizaba por la barra y atendía a la otra muchacha y comenzaba con el ritual que precedía a sus pedidos.

La cocktelera surcó el aire con una pirueta, ascendió girando sobre sí misma un par de veces y después volvió a descender sobre las manos bronceadas y elegantes de Eric, Barman profesional y a tiempo completo de aquel antro de vicio y perversión. Sus movimientos tras la barra eran fluidos, un cuerpo de escándalo enfundado en unos jeans de diseñador que dejaban poco a la imaginación calenturienta de las féminas, un torso bien definido sobre las estrechas caderas. Sus brazos expuestos dejaban a la vista la piel tostada y firme sobre unos músculos definidos y esterilizados. Así como sus gestos en un rostro masculino relativamente atractivo y sensual, el cual era la delicia para la selecta clientela femenina que se empapaba y quedaba embelesada de sus rasgos indudablemente latinos.

Y a pesar de su apariencia de niño lindo, no había detalle que escapara a su inteligente mirada, unos profundos ojos negros encapotados por las espesas pestañas que harían la envidia de cualquier mujer. Conocía cada ingrediente, cada cantidad justa de licor para todos los cocktails conocidos y por conocer... Pero también conocía a cada cliente que se aventuraba a reclamar sus servicios, así como la cantidad de sucesos que envolvían el lugar. Por supuesto, poco había que pudiera hacer con toda aquella situación, puesto que la propietaria del club se encargaba de hacerle olvidar todo cuanto pudiera perturbar la seguridad de su bien organizada tapadera lucrativa.

Eric destapó el recipiente con una floritura, el brillo plateado del metal reluciendo al igual que sus ojos posados sobre las jóvenes que se habían acercado a la barra. Sirvió dos copas finamente adornadas, con azúcar de colores en el borde del fino cristal tallado y una buena cantidad de hielo picado en el fondo, que pronto adquirió tintes rosados al fundirse con el licor que el muchacho deslizaba en su interior. Tras un paso de movimientos acrobáticos mas, dejó la cocktelera de nuevo sobre la superficie escondida tras la barra y empujó las dos copas frente a las muchachas, aún cuando la primera no había pedido nada. ¨Cortesía de la casa¨. - murmuró.- Después, extendió ambas manos sobre la barra en una postura cómplice y amistosa, pero sin abandonar del todo ese aire profesional del que estaban dotados todos los camareros de prestigio.

- Si estás interesada en las fiestas y en los eventos programados para el próximo mes te recomiendo que hables con el relaciones públicas, seguramente él pueda apuntarte en la lista...- Comentó el joven, inocente y ajeno a las indagaciones de aquella joven de aspecto corriente. Podría tratarse de una universitaria mas entre muchas otras que acudían al club.
De pronto, su mirada de desplazó de una a la otra joven, la que se sentaba en un rincón mas apartado. Quizá el impulso que lo llevó a acercarse a hablar con ella fue el de su propia coquetería, o tal vez un interés genuino al comprender que el brillo apagado de sus ojos cristalinos era triste.

- Señorita...- comenzó a decir, pero sus palabras quedaron trabadas en su lengua al fijar sus ojos negros sobre la imagen que bailaba entre los largos y esterilizados dedos de la muchacha.- ¿Goldsmith? - Exhaló el muchacho al reconocer en los rasgos pálidos del cuerpo de la imagen a un cliente habitual. Alzó la mirada y la clavó en el rostro triste de la joven.- ¿A...acaso es usted familia de este hombre? Pero...¿Cómo...?.- La expresión risueña de Eric abandonó su rostro juvenil, y tomando la foto de entre los dedos de la muchacha, observó detenidamente aquella sombra carente de vida reflejada en el papel arrugado.- ¿Ha muerto? .- Preguntó con incredulidad alzando la mirada interrogante sobre ella.- Hace tan solo unos días estaba aquí mismo... ni si quiera estaba lo suficiente ebrio y se le veía bastante feliz.- En su mente confusa se formó la escena de aquella última noche, pero una espesa neblina parecía impregnarlo todo, haciendo imposible acceder a esa parte importante... ¿Quién era la mujer que se marchó junto a él? Sabía la respuesta, pero su mente estaba firmemente atada, y por mas que quisiera recordar el rostro de la acompañante de Goldsmith, mas dificil se le hacía hallar una descripción nítida - Estaba acompañado de una...mujer. Sí, se fue con ella, o al menos, fue tras ella... - ¿Por qué no lograba recordar nada mas? La respuesta era obvia, pero jamás conocería la verdad que se escondía tras la mirada de la propietaria del club en el que trabajaba, puesto que el que se aventuraba a ir mas allá de sus frios ojos terminaba perdiendo algo mas que la vida. La discreción era una de las principales normas cuando entrabas a trabajar allí, y él mejor que nadie debería saber que un secreto así jamás debería ser revelado, ya que el precio a pagar sería alto. Muy alto.



Recuento de las pistas obtenidas:

  • Adrianna Birdwhistle y Ankhiära K. Trejžtiakova descubren que en el club se lleva a cabo un tráfico de sangre humana mediante la cual se bebe directamente del mundano. Esta técnica no es totalmente ilegal, pero puede levantar sospechas entre los miembros de la Clave, y aunque no esté relacionado con el asesinato, pondrá en tela de juicio al aquelarre de los hijos de la noche así como a la propietaria de dicho club.


  • Los vampiros, alertados por la presencia de nephilims, abandonan el club a la primera oportunidad, lo cual solo hace que recalcar las sospechas relacionadas con lo que Adrianna y Ankhiära han visto con sus propios ojos.


  • La comunidad de Brujos presiente algo extraño en el área que rodea el club, confirmando que posiblemente se esconda en ese lugar el foco de todo poder demoníaco. También aseguran que podría tratarse de un hijos de lilith descontrolado o una invocación que ha escapado al control del brujo.


  • El camarero es el último testigo que podría saber qué ocurrió aquella noche. Todavía está por confirmar su testimonio o el conocimiento de estos hechos.


Última edición por Rol Master el Lun Mar 25, 2013 7:57 pm, editado 5 veces
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Lun Mar 25, 2013 5:40 pm

“You’re not crazy. You’re as sane as I am”


Las carcajadas de la bruja se perdieron en la frenética música que retumbaba y hacía vibrar las paredes en su ritmo descomunal. Los ojos claros como el cristal de Blackcrow esbozando en sí mismos una sonrisa lobuna, cargada de una sorna desmedida. Y es que no todos los días se veía tal conjunto de Nephilim desfilar por la pista de baile del Midnight, enfundados en sus trajes de cazadores de sombras y armados hasta los dientes. Sin duda la tormenta les había pegado fuerte. Más que fuerte. A lo mejor un árbol les había caído encima de la cabeza y atrofiado sus neuronas. ¿Quién en su sano juicio se mete a un club con una ballesta a cuestas?... y Oh mi diosa... ¿Esa nephilim cargaba una ESPADA? Por favor, que alguien les un sartenazo a ver si así los arregla.

Negando con la cabeza y poniendo los ojos en blanco con un gesto exasperado, la hija de Lillith se recostó un poco más en el cómodo sillón aterciopelado. Su cabello rubio con mechones verdes caía lacio, los ojos cristalinos delineados de un tono tan oscuro que resaltaban con brutalidad y su pálida piel tan aporcelanada como siempre, perlado vientre, pecho y parte de sus extremidades por las machas de leopardo que le eran características.

Llevaba un top ceñido, generoso en su escote que apenas y llegaba poco más abajo del busto y no desmerecía para nada su atlética figura, mientras que las piernas estaban forradas en medias de red y los muslos a penas cubiertos con un short de tiro alto que hacía honores a su nombre. Todo en tonos de negro, gris y blanco, con algún que otro adorno de encaje y motivos elegantes aquí y allá.

Y así como había estado divertida ahora estaba molesta. Se sentía violentamente invadida, acosada inclusive, violada su privacidad por aquel puñado de críos metiches. ¡Venga! No podía montar sus fiestas a gusto primero por el jodido brujo de Brooklyn y segundo porque sus poderes parecían hacer cortocircuito después de la tormenta. Y ENCIMA los cazadores de sombras metían sus preciosas y angelicales naricitas inclusive en el club que más le gustaba.

Se mordió el labio pintado de rojo carmesí y entrecerró los ojos liberando por la nariz una interesante cantidad de aire contenido.

"LARGO."

Era todo lo que su mente llegaba a pensar mientras su cola de gato atigrada se mecía inquieta de un lado a otro. Sin embargo no hacía nada más que observar paciente. . "Prudente" no era la palabra que mejor la definía, pero hay una delicada línea que separa la imprudencia de la estupidez, y ella no era ninguna estúpida.

La rubia no pudo más que soltar una pequeña risa sin gracia y mirar de soslayo a los cazadores cara dura que afeaban el club. Por los comentarios e interrogatorios que apenas alcanzaba a oír podía intuir que o bien necesitaría un paraguas para la lluvia de mierda que se aproximaba, o hacer acopio de la prudencia que no tenía y salir disparada de allí con la cola entre las patas.

Mojó sus rojos labios en la escalera al cielo que había ordenado. No le hacía gran cosa, ya estaba tan acostumbrada a sus propias pociones que era básicamente inmune al alcohol mundado —al menos que la cantidad fuera realmente copiposa—, pero el sabor era inmensamente disfrutable y sin dudas la relajaba y le quitaba el estrés.

"Nada de matar nephilims. Muy problemático.”

Comentó mentalmente, sacando un encendedor del escote y comenzando a jugar con él para calmar sus nervios y hacer lo más productivo que se le venía a la cabeza: Quedarse muy quietecita y observar.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Mar 26, 2013 10:29 am

Adrianna advirtió algo que creía olvidado, parte de sus maltrechos recuerdos, pero ahora revivía con fuerza, a manera que si fuera presa de un deja vu. Se retiró de la bailarina, ese caótico mar de emociones, estaba corrompido, había oscuridad en su última mirada. Muy distinta a la primera vez que la comprendió, su voz era más huraña y directa. No prestó mucha atención al mensaje, su mente estaba concentrada en el receptor. Ankhiära y ella habían escuchado aquel testimonio que perfilado a la perfección la hacían dudar si era cierto o falso. No titubeó en su declaración, Goldsmith estuvo allí y ella lo conoció esporádicamente, un bebedor que no conocía el límite. Un ser que, seguro la incomodo en más de una ocasión. Poco más se podía extraer de su ceñida declaración. Iba a hablar con la nephilim, cuando ambas se quedaron expectantes ante los sucesos. Intentaba encontrar la palabra más adecuada, pero lo único que surgía a su mente era un desenfreno de sangre servido directamente de un mundano. Sin pudor y placer atravesaban su piel y carnes para hundirse en las venas, drenándola paulatinamente. Adrianna palideció, no por el acto en sí, ya que la ley permitía perfectamente que el donante de sangre alimentara a un hijo de la noche. La verdadera razón, es que al igual que antes, lograba ser la bailarina, y apreciar lo mismo que ella.

Como el dolor traspasaba parte del muslo, era un dolor penetrante y fino, como agujas perforando perezosamente la piel y apartando la carne, encontrando la vena, en un estallido de placer bizarro. Las mordeduras se amplificaron al igual que labios y colmillos, saciándose de su presa. En el brazo, el cuello, podían ser ahora cautos pero la empática lo consideraba como si estuviera ella en aquel reservado. Siendo la ofrenda de sangre fresca para los hijos de la noche. Exhibicionismo que también inducia a un tenue placer que erizaba su piel y retorcía las entrañas. Se apartó de golpe, alejándose varios metros alejándose de Ankhiära para recomponer su escudo. Lentamente las emociones desistieron de reflejarse en su cuerpo. Desdibujar los colmillos sobre la piel, las lenguas avanzando por el reguero de sangre. Había sido descuidada, quizás era demasiado inexperta para ciertas cosas. La misma voz que susurraba ese amor enfermizo por el vampiro se cuestionaba, ahora como sería un mordisco. No quería demostrarlo, solo olvidarlo, si fue tan descuidada de bajar la guardia cuando no debía haber escuchado nada. Respiró hondo, fingiendo que no sintió ni la mínima parte, solo había visto aquella situación y la había dejado fuera de juego. - ¿Te pareció creíble la declaración? – inquirió retomando del hilo de voz. Su tono natural, con acento británico tenuemente destacable. – Aunque se diga que no se puede mentir a una empática, estaba tan segura, que cabe dudar de si es cierto o no. – A lo lejos vio como varios nephilims mas se dividían a hablar con los que estaban en el local. Distinguió a Adara, William, Helena y la chica de la fiesta, Kaley creyó recordar. Eran suficientes para incitar el recelo de los hijos de la noche, hijos de Lilith y demás empleados del local. Pero ahora primeriaba encontrar razones y la verdadera razón de la muerte del mundano Jefferson Goldsmith. Pero durante un breve instante, y a su pesar, retomó la imagen del reservado. – ¿No suma demasiadas sospechas? Sé que la muerte de Goldsmith es distinta, pero ¿Qué se puede esperar de un local donde drenan plácidamente a un mundano en los reservados? ¿Qué valor moral tiene su dueño? –se volvió a cruzar los dedos. Si bien deseaba largarse, sabía que solo era el comienzo de algo aún más grande. Adrianna estaba dispuesta a intercambiar una larga conversación con el dueño del club Midnight, quizás podría aclarar todo aquello. Sin embargo antes debían reunir juntos los nephilims toda la información. Contrastarla con Maryse e informar a la Clave. A veces, Adrianna aborrecía la burocracia, pero era la ley, y como tal debía respetarla. Observó a Ankhiära, escudriñando en ella quizás una opinión que despejara las brumas de su mente. – Hola Ankhiära. Disculpa mis modales, debí saludarte antes. No encontré el momento adecuado. – trató de dibujar una sonrisa sincera. Pero esta se torció a camino en una mueca, de tinte irónico.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Miér Mar 27, 2013 12:31 pm

Tal vez habría estado bien saludar, mas sólo se dignó a un leve asentimiento; en parte porque no le apetecía un saludo más profuso y, en parte, porque ni era el lugar ni el momento. No le dio muchas vueltas; su cerebro estaba programado para, en aquellos instantes, obviar los datos prescindibles y recordar los importantes, así como para no estar distrayéndose contando grietas mientras la bailarina que tenía enfrente parecía más sospechosa que un perro junto a un sofá desgarrado. Ni siquiera se había bajado la capucha; los ojos ámbar examinaban a la susodicha cual sabueso que sigue su pista. Había algo sucio en ella. Sus gestos no parecían concordar con sus ojos. Ni sé qué le ocurrió ni me importa, pero la verdad es esta: venía un par de noches a la semana, pasaba el rato babeando en algún rincón y se marchaba cuando su ebriedad rozaba la inconsciencia. No había noche en que no terminara desmayado en algún callejón o buscándose problemas. Y ahora déjenme continuar con mi trabajo y no me hagan perder el tiempo. Investigaban un crimen, pero con toda probabilidad pocos de ellos se habrían cuestionado antes de enfundarse sus armas que quizás fuese un sujeto que estuviese mejor muerto. Uno de aquellos con infinita propensión a violar jóvenes o a pegar a sus hijas/esposas cuando llegasen a casa. Un borracho sin nada mejor que hacer que fundir su dinero, mientras tal vez un niño de cinco años en su casa restase con el estómago vacío. Nadie te dice eso cuando te entrega un crimen, nadie te advierte que quizás estés defendiendo la vida de alguien a quien en realidad tú mismo habrías matado de haber tenido la oportunidad.

Bien podría estar mintiendo la bailarina sobre el hombre, bien no; aunque, teniendo en cuenta las gentes que solían visitar el lugar, a Ank no le resultaría muy extraño que aquellos fuese cierto. Observó los movimientos de la interrogada sin hacer nada para evitarlo, concentrada como estaba en fusilarla con la mirada mientras se alejaba. Tal vez por eso, por haber estado observándola tan fijamente, fue capaz de advertir con horroroso detalle lo que sucedía más allá de la cortina, un simple trozo de tela que parecía ser capaz de separar el cielo y el infierno o, en este caso, la tierra y un bebedero infernal. La escena provocó que un escalofrío recorriese la espina dorsal de la muchacha, congelándola en una posición poco natural y petrificando un gesto impenetrable en su rostro. A su mente acudió una pesadilla recurrente de cuando era una niña y su padre le contaba lo que hacían los vampiros, cómo bebían de la sangre de los humanos. No eran historias de terror, no podía consolarse repitiéndose que nunca pasaría, que aquello no era real; la aplastante verdad de aquellos relatos fueron los que más de una noche mantuvieron a la infante sin dormir, mirando fijamente la ventana, esperando que apareciese un engendro. Como si de un segundo a otro el monstruo fuese a aparecer detrás de ella de improvisto, inmovilizándola con un brazo mientras con el otro le ladeaba el cuello para después morder, morder. Imaginó la sangre -tibia- entrando en su boca, inundándole de vida, devolviéndole aquella sensación de poder que se sentía cada vez que un vampiro tomaba sangre. Tal vez una gota resbalaría por sus labios y tendría que relamérsela cual gato después de comer, tal vez ella gritaría y se retorcería, o tal vez se rendiría ante la evidencia de que poco iba a poder hacer contra un ser sobrenatural. Otro escalofrío, esta vez cálido, la envolvió, reconfortándola; Helena acababa de llegar, y la runa de su espalda parecía avisar a Ïara de la inminente cercanía de su parabatai. El efecto fue inmediato; los músculos perdieron la tensión con la que habían estado apretándose entre ellos, las manos que habían estado apretadas en puños, se distendieron. A lo lejos pudo verla sentándose en la barra, interpretando un papel con el que probablemente conseguiría que el camarero le diese hasta su fecha de nacimiento. Desvió la mirada hacia su compañera cuando ésta le hizo una pregunta, a la que respondió con una más que leve negación de cabeza. - En ocasiones nos repetimos tanto una mentira que ésta acaba convirtiéndose en realidad. - Respondió, sus ojos brillando con tal intensidad que casi parecían estar siendo enfocados con alguna luz. Ante sus siguientes palabras, la serbia no pudo estar más de acuerdo. - Aquí se está cociendo algo mucho más grande de lo que podemos ver o imaginar. - comentó, sus ojos de nuevo alcanzando la cortina, inspeccionándola como si en su tejido se hallase la verdad absoluta. Como respuesta a su tardío saludo, Ankhïara asintió, de nuevo, dándole a entender que no pasaba nada. Pero su mente seguía lejos de allí, cavilando; el mal cuerpo de la escena vista aún hacía que se sintiera extraña. Tal vez sólo fuese eso. - Y si no descubrimos pronto de qué se trata, acabará explotándonos en la cara.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por William Stoneheart el Jue Mar 28, 2013 8:20 am

No era más que un débil; si no fuese por las marcas y runas que decoraban su piel, como muestra de la sangre de ángel bajo sus venas, podría pasar perfectamente por un simple mundano. Un mundano inútil e incapaz de superar sus fobias, un mundano al que bastaba con un copa de cualquier alcohol para tenerlo en el suelo cruzado por las arcadas. Prescindible. Pero se vio obligado repentinamente a apartar aquellas consideraciones de su mente, con la misma rapidez con la que lo asaltaban. Casi por encima del hedor de la etílica sustancia reinante en el local, lo invadió aquel ambiente incómodo y despectivo que se cernía a su alrededor, alarmando hasta el quinto de sus sentidos. Su mirada marina se centró para encontrarse a sí mismo frente a todo un séquito noctámbulo, que de haber podido mostrar algo más que aquella característica palidez en la piel, de seguro sus rostros se verían acalorados, su mirada afilada a juego con sus caninos. Aquel primer vistazo sobre el grupo de vampiros bastó para inducirlo en el convencimiento de que poca información podrían aportarle -si es que incluso a ese mínimo estaban dispuestos-, por lo que se limitó a quedarse dónde estaba, encarándolos a su vez con sus ojos azules de una tonalidad mucho más oscura que la habitual. Observó con cierto alivio encerrado que la actitud de aquellos seres nocturnos se enfocaba en la premisa de “no meterse en problemas”, lo cual, aunque no lo admitiría, le hacía las cosas mucho más fáciles. Optó por mantener aquella postura expectante, sin moverse ni un ápice ni despegar la mirada de aquellos vampiros, especialmente del que lucía rasgos visiblemente europeos. Frente a sus palabras sencillamente enarcó una ceja sin premeditación, casi como si aquel gesto tan arraigado en su actitud fuese a devolverle la subjetiva sensación de normalidad. Parecía imposible.

Tras su salida del local, se permitió por fin tomarse unos segundos para simplemente respirar, engañándose amparado en la idea de que con cada bocanada de aquel – sucio e irremediablemente tóxico- aire, podría limpiarse un poco más por dentro. Aunque su interior fuese insípido y oscuro. Se abrazó en un gesto infantil bajo el cuero de su chaqueta, pellizcándose con ambas manos los escasos intricados de su piel que quedaban sin runas, en un intento de sentir algo -cualquier cosa- por encima de aquella atmósfera alcohólica.

Y un par de pasos sin rumbo por aquel tugurio terminaron por erizarle la piel y nublarle ligeramente la vista, si bien las cálidas arcadas habían desaparecido de su garganta, llevándose con ellas parte de aquel regusto metálico que bloqueaba sus sentidos. Distinguió por el rabillo del ojo varios rostros nephilim que le resultaron familiares, inmersos en tareas de investigación con seguramente mejores resultados que sus estúpidos pasos. Y volvió a sentirse inútil, insuficiente. En un repentino arrebato de rabia contra sí mismo y su debilidad, avanzó con pasos decididos -que tuvo que esforzarse en hacer discretos- hacia el otro extremo del local, donde las luces estridentes tenían dificultades para hacerse notar y el suelo apenas estaba marcado por huellas u otras señales. Distinguió significativamente sobre su cabeza un cartel que especificaba “PROHIBIDO EL PASO”, y sin pensárselo dos veces, se adentró en la desconocida habitación. No sabría decir si verdaderamente estaba sumida en las sombras o era sólo un efecto óptico del brutal cambio de iluminación, pero lo cierto es que al primer instante, apenas pudo distinguir aquella silueta casi en el centro de la habitación. - Buenas noches, siento interrumpir pero... ¿podría hacerle un par de preguntas?- pronunció con cierto esfuerzo de neutralidad en la voz, aquel amago de sonrisa educada en sus labios obviando que aún las comisuras le temblaban de pura debilidad. Entrecerró los ojos en un intento de poner a prueba la credibilidad de su visión, aún enmarcada por sombras y un ambiente totalmente distinto al del interior del local-.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Jue Mar 28, 2013 7:13 pm

Kristoph es el nombre de mi interlocutor. No le conozco y el a mí tampoco, así como sus colegas de "profesión". Me acerco a ellos y tras un breve intercambio de saludos, Kristoph y sus amigos me cuentan todo aquello que necesito saber sin necesidad de interrogarlos. Nunca me había enfrentado a un interrogatorio tan sencillo, y pese a que podría dudar de lo que me está diciendo decido no hacerlo porque no tenían necesidad ninguna de contármelo. Tras regalarme una sonrisa como despedida, le repito el gesto y escudriño la gente de mi alrededor. Joder, hay de todo en este local. Me meto entre un grupo de mundanos que bailan al ritmo de un dubstep casi destructivo para los oídos y busco con la mirada a los nephilims que hay en el local y por fin descubro al chico con el cual quedé hará cosa de un mes. William.

Me deslizo como si fuera una ánguila entre los cuerpos sudorosos que ahora saltan unos sobre otros para llegar hasta él. ¿Se puede saber qué hago interrogando a la gente de aquí cuando podría estar bailando? ¿En serio he elegido seguir con mis funciones de poli antes que despejarme bebiendo hasta el amanecer? Definitivamente debería hablar con algún psiquiatra para contarle lo de mi obsesión con mi trabajo. Cuando por fin llego hasta la posición del chico de ojos claros, este se va de mi campo de visión y lo pierdo entre la gente. Suelto una maldición. Me planto sobre mis talones y es entonces cuando veo a Adara sentada sobre la barra. El brujo me ha aconsejado contárselo a algún nephilim por lo que ella me sirve. Estoy a pocos metros de ella cuando noto la mirada de alguien sobre mi nuca y me giro.

Una chica de una vestimenta un poco particular observa con actitud aburrida el local, sentada sobre un sofalito de terciopelo rojo. Sus labios del mismo color del terciopelo acarician un vaso lleno de algo parecido al vodka. Sin apartar la vista de la chica, quien es sin lugar a dudas una bruja, me acerco a la barra no muy lejos de Adara, lo suficiente para que me vea que estoy aquí y para no interrumpir su charla con el camarero. Echo un rápido vistazo a la barra y agarro el primer vaso descuidado que encuentro. Antes de dejar la barra busco en mis bolsillos un bolígrafo y escribo en una servilleta "habla conmigo en cuanto puedas". Tras esto me levanto, choco intencionadamente con Adara y le dejo con disimulo el papel en el bolsillo de la chaqueta. Susurro una disculpa y me acerco a la chica que antes me llamó la atención.

-Una noche aburrida por lo que veo, ¿no?- le digo mientras me agacho hasta ponerme a su altura- ¿te importa si me siento a tu lado? Seguro que no.

Me siento en el sofalito al lado suyo.

-¿Vodka?- le pregunto. Respiro y cambio de parecer. Paso de ir de buenas, probablemente ya sepa que soy una nefilim así que para qué dar más rodeos.- ¿qué tal llevas eso de no poder controlar los poderes?-me encojo de hombros- oh vamos, no creo que te sorprenda saber que soy una cazadora. No he venido a perder el tiempo, por lo que te pido que respondas a mi pregunta.

Le sonrío.


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adara Carstairs. el Dom Mar 31, 2013 6:37 pm

Adara estaba cabreada, no era algo que le ocurriera muy a menudo, y no era buena manejando su carácter cuando este era catalogado por si misma como “explosivo”. No se opuso cuando el barman se marcho dejándola en la barra con la palabra en la boca, murmuro algo inteligible que iba en contra de sus buenos modales, viéndose rodeada de la música y la reciente ausencia de personas en el área de la barra, era de esperar que nadie notara su desliz. Apoyo un codo el la base de madera y su cabeza descanso en su puño, su otra mano golpeaba incesantemente la superficie en un rítmico y métrico movimiento. Paso como un flash, sus venas bombearon la sangre fuera de sí, cada gota en una carrera desesperada, olió el icor, la sangre, el sudor; todo lo que para ella era sinónimo de batalla. La sensación de que todo ocurría a sus espaldas. en ese mismo momento, donde sabía que no encontraría nada fuera de lo común. Soltó un bufido exasperado, las ganas de volver al instituto se esfumaron como niebla, las palmas de sus manos picaban por tomar un arma y cortar la piel grisácea de algún demonio. Mantuvo su posición, examinando el lugar de reojo. A lo lejos distinguió a varios de sus compañeros nephilim, siempre era así, debían actuar como completos desconocidos cuando estaban en alguna misión de esa índole. Más de alguna vez, se cruzaban gestos o miradas cómplices, los que eran más discretos una que otra palabras, protegidos siempre por el anonimato del lugar.

No siguió el rastro del barman, pero cuando volvió la vista lo vio en un lugar apartado de la barra. Cabello largo azabache, vestido negro pegado al cuerpo, le tomó dos segundos reconocer a Helena. Su expresión denotaba tristeza, escuchaba atentamente al barman quién movía la boca una y otra vez. Al menos Helena tuvo mejor suerte, pensó Adara para sí. El mundano había caído en la trampa de la rosa negra al instante. Hombres, no importaba de que raza fueran, todos caían ante una mujer como aquella.

Aprovecho la primera oportunidad que tuvo para tomar un trago, antes se aseguro de que fuera completamente normal, no le apetecía estar teniendo visiones alteradas de la realidad, no esa noche. Vislumbró la atención de su compañera nephilim durante un momento, el necesario para darle un imperceptible asentimiento de cabeza. No sería bueno que se acercara a ella, no cuando el barman la reconocería, y ya había comprobado que el mundano no era para nada estúpido.

Los observo a ambos por el rabillo del ojo, el barman aun no terminaba con su parloteo y Helena mantenía su expresión afligida. La pareció que se mantendrían en la conversación por un largo rato. Se levanto de la barra, caminando casualmente en dirección al sanitario, vería si tenía la oportunidad de entrar a algún lugar que pudiese brindarle el menor indició de hechos pasados. Atravesó la multitud con cuidado de pasar desapercibida, evitando a toda costa chocarse con alguien. Consiguió con éxito llegar a un pasillo oscuro, lleno de puertas a ambos lados, siguiendo hasta el final se encontraba en un callejón sin salida. Todo parecía normal, puertas simples cerradas, cerrando la entrada a intrusos, eso la inquietaba. Parecía demasiado normal.

No tardo más de un segundo en colocar su mano sobre la pared de ladrillos, quizá hubiese alguna clase de puerta, ventana, un cajón escondido entre las paredes. Se imaginaba que movería un ladrillo y una puerta se abriría revelando un túnel oscuro, con unas velas en la entrada y telarañas como toque final. Era un poco el prototipo de película de acción, en la que el protagonista se encontraba en la biblioteca, e, incidentalmente, movía un libro, descubriendo el oscuro secreto del extraño dueño de la mansión. Todas las historias eran reales, ¿no? Al parecer esa no. Bufó exasperada, no iba a encontrar nada allí, y si lo hiciera, ¿qué esperada? ¿Un montón de cadáveres mutilados, siendo tratados como ratones de laboratorios mientras experimentaban con sus cuerpos inertes? No. Tenía la absoluta certeza de que quien estuviera detrás de toda esa revuelta, no sería tan estúpido como para dejar pistas. Una mano cálida toco su hombro provocando un sobresalto inmediato. Se giró y al instante se relajo. Helena estaba frente a ella con una sonrisa burlona en el rostro. Gran demostración de valentía, se increpó a sí misma.

—Mierda, me diste un susto de muerte —anunció como si no fuera obvio. Al menos sabía que su compañera nephilim le permitiría mantener algo de dignidad. —¿Obtuviste alguna información importante? —preguntó. Había decidido no andarse con rodeos, demorar las cosas sólo hacía que estas fallaran.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Helena Trueblood el Mar Abr 02, 2013 7:50 pm

Tristeza. Un mar de tristeza turbia y helada surcando la inmensidad de sus ojos serenos, rompiéndola en pedazos como el frágil cristal. Quizá a eso se resumiría su existencia de ahora en más, una continua asfixia aprisionándola entre sus propias costillas y el peso siempre presente del agua oprimiendo su agrietado corazón.

— Jeff... —La voz de Helena fue a penas un susurro ahogado y dubitativo, perdido en la miseria propia y la esperanza de confiar en alguien más— ... S-soy su hermana de acogida... seguramente no me habría mencionado... no... n-no seguro que no lo ha hecho. Llevaba sin hablarle tanto tiempo... —una risa sin gracia escapó de sus labios resecos, quebrada, nerviosa y triste a la vez— Y ahora aquí estoy... cómo si contara para algo... como si hiciese alguna diferencia...

Tragó con aspereza. El peso del mundo cernido sobre sus hombros y nadie en quién confiar, nadie de quién hablarle de cómo se sentía, de las dudas que tenía y la incomprensión que la azotaba. Sus labios hablaban de un hombre al que jamás había visto y su alma evocaba memorias de alguien más, cargaba cada sílaba de una emotividad que derretía su garganta y le anudaba las entrañas con firmeza ¿Tenía fiebre otra vez? Probablemente. Con certeza, lo desconocía.

— Era bueno. Podría tener sus defectos pero era un buen hombre... un hombre... era un hombre bueno...—las manos de la rosa tantearon instintivamente por sobre la mesa, sosteniendo entre las suyas las del joven Eric. Temblaba, y su piel misma, pálida como era, se sentía gélida como el hielo. — Alergias. Dicen que fueron alergias... Pero... Simplemente no lo entiendo, no lo puedo comprender.

Comprender donde terminaba la farsa y comenzaba la realidad era algo que simplemente no podría tolerar. No. No cuando sus propias emociones amenazaban a cada palmo con borrar de ella el raciocinio y la sensatez. No estaba en su derecho de hacerse añicos. Lo sabía. Sabía que su vida tal y como la había concebido había dejado de pertenecerle hacía casi 15 años y de ello no existía posible marcha atrás. Ni las inseguridades que abarrotaban su mente ni por las pocas certezas a las que se aferraba podrían salvarla de aquel inalterable hecho. El mundo podía caerse a pedazos a su alrededor, más ella debería de permanecer siempre erguida e inalterable. Probarse como ícono de cazadora que había jurado ser.
Por eso se dejaba fluir Helena por aquella dulce y autodestructiva mentira. El rol siempre apropiado de encarnar a alguien más. Su pena no era su pena, aun cuando las palabras salían de sus labios como suyas y las de nadie más.

— Dijeron que estaba solo... abandonado en el asfalto cuando lo encontraron... No entiendo ¿Qué clase de mujer lo abandonaría...Qué--? — Helena tragó salvia apartando la mirada, y liberando las manos para llevárselas al rostro, cubriendo el rostro por el que acababan de asomar un par de salinas lágrimas.

La expresión de la rosa hablaba por si sola, había querido decir “¿Qué clase de mujer lo abandonaría a su suerte?” más la respuesta le había llegado tan a prisa que ni siquiera había podido acabar de formularlo. Una palabra, una sílaba, dos letras : “Yo”. De pronto parecía que le faltaba el aire y que todo a su alrededor era de un material voluble y escurridizo, ávido de disolverse entre sus dedos de un momento a otro. Aire. Necesitaba aire.

— Lo siento... lo siento...—comentó a musitar, alzando la vista al barman con un pobre intento de sonrisa— ¿Me acompañaría afuera...? Necesito... Necesito aire y no puedo tolerar el estar allí sola, allí donde... sucedió.


Y aquí está la verdad: Helena Trueblood había sido enviada a la ciudad con el único objetivo de interrogar y en ello era una experta. Sabía reconocer un bloqueo cuando lo veía. Y éste joven... él iba a pasar un interesante tiempo de calidad en la Ciudad Silenciosa.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Mar Abr 02, 2013 9:21 pm

Siobhan ni se volteó a ver a la cazadora de sombras, ni tampoco hizo el mero esfuerzo de alzar la voz o lucir molesta. Todo lo que hizo fue un ligero gesto con la mano, despidiendo a Adair en su salida triunfal a la par que continuaba jugueteando compulsivamente con el encendedor que sostenía en la diestra.
“Nunca aprenderás.”

Y no, efectivamente nunca aprendía. Estas cosas le pasaban por meter los bigotes donde nadie la solicitaba. Sin embargo no podía culpársela, no esta vez, al menos. Los queridos hijos del Ángel se estaban montando un teatrito lindo de contemplar, jurando ser los dioses mismos del disimulo. ¡Claro! ¡Una espada en medio de un club nocturno es lo máaaas normal del mundo! ¿No veis que va a juego con mis botas de cuero y mi bolsito prada? Diosa... le iban a provocar arcadas.

— No creo que sorprendas a nadie, nephilim. —bufó la bruja—Existe un invento maravilloso llamado “glamour”, ya sabes, para cuando deciden ir por ahí usando medio arsenal como accesorio.

Las felinas facciones esbozaron una sonrisa ácida mientras alzaba levemente la barbilla y sus ojos azulados escaneaban la pista de baile. Le resultaba relativamente complicado definir con exactitud el ambiente oscuro que se respiraba en aquel lugar. Eau de lujuria, condimentado con una pisca de perversión, entrega y placer desmedido. Y también algo más... algo extraño que no acababa de comprender pero que la incitaba a regresar una vez y otras mil más. Por aquí y por allá mundanos corrientes cuchicheaban y observaban, espantados, divertidos, intrigados inclusive, haciendo alarde de una falta de sentido común sin precedentes en la historia. Primero que nada estaba el asunto de que literalmente nadaban en predadores, y todavía más frustrante, sujetos vestidos de negro pululaban de aquí para allá con variados objetos puntiagudos que podían no se ¿Cortarles la cabeza? ¿Amputarles alguna extremidad? ¡Qué va! Nunca se enteraban de nada.

Shiv dejó escapar un leve gruñidito enfurruñado, golpeándose la frente con la palma de la mano y poniendo los ojos en blanco. ¿Era esa la misma raza que unas cuantas veces la había corrido hasta casi quemarla en la hoguera? Diosa... ¡Debería darles vergüenza! La comodidad de la vida moderna les ha quemado por completo las neuronas.

La corta capacidad de atención de la bruja había dejado a la cazadora más que colgada por una buena cantidad de segundos, quizá alguno que otro minuto. Ahora regresaba a donde debía y en la muchacha se centraba. Bonita. Bonita impaciente y ligeramente molesta. Sin dudas una preciosa gema. Aunque no era del todo su tipo, si es que algo puede considerarse fuera del rango de apreciación de Siobhan.
— ¿Todavía sigues aquí? —inquirió la hija de Lillith, enarcando una ceja— Dos puntos por la perseverancia.

Rio entonces con desfachatez, acabando con lo que quedaba de su escalera al cielo de un hondo y largo trago, sacudiendo divertida el pelo lacio y rubio. Sabía lo que tenía que contestarle, algo soso como que había incendiado a su gato o que había convocado un licuado de banana para el desayuno cuando ella específicamente había pedido uno de frambuesa. Tonterías de esas se le ocurrían miles, más sin embargo de pronto la verdad le parecía extrañamente atrayente y antojadiza.

— No he tenido “altercados”. —sentenció con exquisito acento irlandés— La tormenta afecta solo la magia práctica y mis preferencias radican en otros rublos. Aunque si me gustaría organizar una buena fiesta. ¿Por qué no os apresuráis en acabar con todo este lío?

Al percatarse de la mirada inquisitiva de una nephilim que parecía no tener intenciones de irse a ningún lado, la bruja gruñó y sacudió el vaso vacío.

— Pociones. De las más raras y finas. Apuesto que podría anestesiar los impulsos de vampiros y hombres lobo si en verdad me lo propusiera, aunque sin duda una poción contra el acné sería más productiva. Es un mercado bastante lucrativo.

Sin esperar mayores respuestas la mujer se había echado a andar a la mitad de su discurso, colándose entre los clientes del midnight club con todas las intenciones de perderse de vista. Y he aquí un escondite perfecto: el baño de señoritas.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Miér Abr 03, 2013 10:30 am

William Stoneheart:


Vince, hijo de la luna y guarda de seguridad a tiempo parcial, descansaba repantigado en la pequeña sala de monitores del Club Midnight, con toda la longitud que abarcaban sus piernas musculadas y enfundadas en unos jeans acaparando parte de la mesa ante él. El respaldo de su silla se inclinaba bajo su peso, sosteniendo un cuerpo grande y enjuto que apenas parecía caber en tan reducido espacio. Su mirada atenta volaba de una pantalla a otra, el reflejo de la luz de los monitores brillando en sus ojos de un color gris casi tan pálido como la piel mortecina de un cadáver.
Aquella noche, como tantas otras, la actividad del club se presentaba interesante y entretenida. Pero a diferencia de muchas otras, se veía empañada por la presencia de nephilim, merodeando entre los clientes en una actitud que nada tenía que ver con una noche de diversión en sus horas libres.
Pulsando una serie de comandos sobre el teclado, las imágenes emitidas en la pantalla cambiaron, sucediéndose unas tras otras conforme las cámaras del interior del club enfocaban directamente a varios de los cazadores de sombras que se encontraban desperdigados por la sala. Muchos llamaban la atención sobre los mundanos, pues poco o nada escondían tras el glamour que posiblemente no llevaban sobre ellos. ¿Acaso se habían vuelto locos?

Vince se debatía entre alertar o no a la propietaria del Club, algo totalmente innecesario, pues ella parecía saber mas de lo que debiera de una forma completamente sobrenatural, una que era capaz de erizar el vello de su nuca con su mera presencia imponente. El hijo de la luna no era estúpido, sabía que aquella mujer era mucho mas de lo que decía ser, pero lo cierto es que apenas era capaz de hilarar un solo pensamiento razonable que pusiera en duda sus ordenes o sus palabras. Era poderosa, una criatura digna de admirar e incapaz de ignorar. Desde hacía ya varios años, Vince dedicaba su lealtad para con ella, abandonando su manada para servir a una mujer que lo había acogido en su seno, facilitándole un trabajo respetable a ojos de los demás. El lobo carecía de escrúpulos, y la mayor parte del tiempo se encargaba de la seguridad de su negocio gracias al magnífico físico del que estaba dotado, limpiando en ocasiones la porquería sin molestarse en cuestionar el origen inmoral o ilegal del mismo.
Sabía que el cadáver en la puerta del club traería mas problemas sobre ellos de lo que a su señora le gustaría, pero poco podían hacer a aquellas alturas. El encargado de limpiar aquel estropicio había sido castigado debidamente hacía ya un par de días por su incompetencia, y muy posiblemente a aquellas altura fuera pasto de los gusanos, un asunto que en aquellos instantes poco importaba.

El hijo de la luna se irguió, plantando sus pesadas botas sobre el piso con un golpe sonoro. Sus dedos volando sobre el teclado apresuradamente al tiempo que un gruñido exasperado retumbaba en lo mas hondo de su pecho. Uno de los nephilim había desaparecido de su vista, y su obligación, por el momento, era la de mantenerlos controlados, observar sus movimientos y asegurarse de que ninguno escapaba de su atención. Había puertas que jamás debían ser cruzadas, pero por lo visto, aquellos hijos del ángel se empeñaban en meter sus narices donde no debían.

-Pequeño hijo de...! - Exclamó con rudeza conforme saltaba de su asiento, deslizando a su paso la silla contra la pared opuesta con violencia en su precipitación por salir en busca de aquel nephilim.

A grandes zancadas, se plantó rápidamente frente al el intruso con sus casi dos metros de altura. Se cruzó de brazos, un gesto que parecía atentar contra la cazadora que se apretaba sobre sus músculos hinchados.

- ¿Acaso no sabes leer, entrometido nephilim? - La última parte casi sonó como un insulto, y la expresión feroz de su rostro se pronunció visiblemente, adquiriendo un semblante casi lupino.- Este área del Club es privada y está terminantemente prohibido entrar aquí sin autorización.- Lo miró de arriba a abajo, una mirada que declaraba abiertamente sus dudas en que así fuera.

De pronto, una voz perezosa se filtró lentamente en la mente del hijo de la luna, provocándole un escalofrío que le recorrió la columna con la frialdad del hielo. Sus músculos se tensaron visiblemente y sus ojos se entrecerraron ligeramente.

- Déjalo marchar, en seguida bajo...- Susurró la voz con la suavidad de su toque. Autoritaria, afilada, peligrosa...

Un músculo dio un tirón a un lado de la mandíbula de Vince, que alzó de nuevo la mirada y la fijó casi con rabia contenida sobre el Nephilim. Gustoso le daría a aquel angelito las respuestas que buscaba en forma de zarpazos, pero las ordenes eran claras.

- En unos minutos bajará la propietaria del club y atenderá vuestras peticiones. - Vince apartó el rostro, como si se contuviera a decir lo que realmente pensaba. Una serie de tatuajes que ascendían por su cuello al igual que zarcillos quedaron a la vista, dándole una apariencia ruda a pesar de la contención a la que estaba sometido. - Ella es la indicada en responder a esas preguntas, no yo. - Alzó una mano y le señaló la salida al muchacho mientras él se mantenía inmóvil, al igual que un muro inamovible que delimitaba la frontera entre los dominios de su señora y el club. - Aguarde fuera junto al resto.

Una vez se marchó el joven nephilim, Vince hizo lo propio, alertando al resto de empleados pulsando un botón de alarma silenciosa. Las luces del club se encendieron de pronto, la música cesó y las bailarinas acompañaban a varios clientes que querían pasar desapercibidos hacia las salidas traseras. El resto de clientes profirió silbidos y gruñidos por lo inesperado de la situación, pero se resignaron y poco a poco fueron abandonando el local.


Helena Trueblood:


Eric tragó hondo. Toda la jovialidad de su rostro relegada a un segundo plano tras las facciones marcadas que ahora revelaban la tristeza contagiosa de aquella muchacha. Su semblante pareció envejecer en cuestión de minutos y el brillo de su mirada se opacó por la sombra de la desesperación. Conocía a Jeff, pero jamás empatizaba demasiado con las penas de los clientes, era una norma de su oficio. Escuchar pero no opinar, comprender pero no llevarse a lo personal el dolor ajeno. Pero aquella muchacha... Bien, la joven lucía tal desesperación que era casi imposible de ignorar.
Por una vez, la elocuencia del muchacho quedó ahogada profundamente por la oleada de emociones que despertaba en él la simple visión de la joven, derrumbándose y temblando entre sus manos cuando le devolvió el apretón en un intento de consolarla.

- Por favor...- Musitó en joven, mirando frenético a su alrededor sin saber muy bien qué hacer.- No llore, se lo ruego.

Eric captó la atención de una de las camareras, que en ese momento se acercó a la barra cargando una bandeja con varios vasos vacíos. Jenni, dotada de una expresión malhumorada a pesar de la delicadeza de sus rasgo, le lanzó una mirada irritada a la joven y después a Eric. El muchacho vocalizó una súplica silenciosa. -Encárgate de la barra.- lo cual solo provocó que la joven lanzara un sonoro bufido incrédulo. Tras una última mirada desdeñosa, entró en la barra musitando - Me las pagarás.- conforme lo señalaba con un dedo acusador y se alejaba al otro extremo, atendiendo un nuevo pedido a un licántropo que bien podría hacer un duelo de miradas enojadas con ella.
Eric, en cambio, ignoró a su compañera y abandonó la barra en cuestión de segundos, situándose junto a la Nephilim. Su mano se posó sobre la espalda de ésta, dándole torpes palmaditas, tranquilizándola y consolandola en un vano intento de calmar el posible derrumbe emocional.

- Vamos, tranquilícese.- Repetía una y otra vez dirigiéndola hacia la puerta de salida. Aunque la artimaña de la cazadora de sombras pronto se vio truncada, pues las luces del club se prendieron, provocando la alarma entre los empleados, que se apresuraban a dar por finalizada la noche mientras echaban a los clientes. Eric se detuvo, mirando a su alrededor la situación que se desarrollaba frente a él mientras se preguntaba por qué demonios cerrarían tan temprano aquella noche, cuando Vince apareció entre la multitud con una expresión hosca en el rostro.

- ¿A dónde crees que vas?- Preguntó, pillandolo totalmente por sorpresa.

Eric frunció el ceño. Odiaba a aquel saco de músculos sin cerebro, y el que apareciera de la nada exigiéndole explicaciones lo enfurecía todavía mas, por lo que no dudó en responderle airado.

- A ti que coño te importa, Vince. Apártate de mi camino...- Y sin detenerse a mirarlo una segunda vez, hizo un ademán con su mano, dirigiéndose de nuevo hacia la salida junto a la muchacha. Pero una enorme mano cayó sobre él, deteniéndolo con mano férrea.

- No te decía a ti, guapito de cara. - Soltó en un gruñido. Sus ojos pálidos se deslizaron lentamente hacia la muchacha que se paraba junto a Eric, pero estos carecían de la dulzura que poseía el barman. En cambio, eran fríos y calculadores. - ¿A dónde te crees que vas con Eric, Cazadora? - Repitió Vince, empujando a Eric a un lado, que observaba la escena entre atónito y enojado por la dureza en las palabras de Vince sin saber qué decir o cómo interceder. ¿Cazadora? ¿De qué demonios hablaban? Se preguntó su inocente conciencia mundana. Ignorando por completo la presencia del latino, Vince continuó mirando a la cazadora con una expresión desdeñosa cargada de fastidio. Sus palabras sonando como gruñidos contenidos. - Las preguntas que tengas que hacer, las haces aquí, ¿De acuerdo? Nadie va a abandonar el club hasta que habléis con la propietaria del local, y mucho menos vais a llevaros a nadie en contra de su voluntad.



RESUMEN DE LOS ACONTECIMIENTOS:


La voz de alarma se ha dado en el club, y la propietaria ha sido alertada de la presencia de nephilim en sus dominios. En un claro indicativo de que la fiesta ha llegado a su fin, las luces del local se han encendido, cesando la música y el ambiente festivo que hasta hace unos minutos reinaba en el lugar. Varios clientes abandonan el club por la puerta principal, otros logran escapar a hurtadillas por las puertas traseras. Varios miembros del personal de seguridad custodian las salidas y las entradas, impidiendo el paso de los nephilim con órdenes de que aguarden a que la propietaria del Midnight baje a su encuentro para responder a sus preguntas personalmente.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Lia Gavianni el Jue Abr 04, 2013 10:44 am

Furia, espesa y burbujeante que se cocía lentamente, entumeciendo sus músculos y su razón. Ira, ira crepitante que hormigueaba en su interior, cosquilleante hasta la punta de sus dedos. Exasperación, cruda y lacerante. Impetuosidad. Inquietud. Desencadenantes de una violencia desmedida capaces de dar rienda suelta al violento frenesí cruel y desalmado de su alma inmortal. Recelo...
Lía, belleza fría e indiferente de mentalidad analítica y perversa, sucumbía ante el poder demoledor que la embargaba por completo. Esclava de sus impulsos, presa de los constantes ramalazos de ira.

Semanas habían transcurrido desde el regreso de su hermano. Un tiempo casi tan efímero en comparación a sus largas existencias, que apenas alcanzaba a concebirse como algo menos que real. Criaturas como ellos no medían el transcurso de sus existencias basándose en ese corto plazo de tiempo, puesto que los años asemejaban días, y los siglos, años. Años y mas años que se sucedían unos tras otros en una espiral caótica de vidas extinguidas. El tedio alcanzándola en un mundo en el que todos eran recién nacidos mientras ellos caminaban entre los restos de una civilización abocada a su propia destrucción, corrompida, como muchas tantas otras, podrida hasta sus cimientos sin apenas fuerzas para sostenerse en pie. Impasibles ante los cambios, siempre atentos, aguardando el momento oportuno para deslizarse sobre los mortales cuán marea negra y espesa capaz de ahogarlos en su propia desdicha.

Pero por una vez, Lía fue consciente de cada minuto, cada hora deslizándose perezosa sobre su cuerpo febril al tiempo que se abandonaba a los placeres carnales. Su voluntad apenas le pertenecía, incapaz como se hallaba de discernir entre su piel y la ajena en aquella danza inmortal. Su mundo se detuvo mientras la tierra giraba indiferente, al igual que una peonza infernal que se sacudía por el incontrolable poder que desprendían sus almas condenadas, perdidas como se encontraban una junto a la otra en los brazos del amante añorado.
Pero la diablesa comprendió que en algún punto de esa fantasía de depravación, debía abandonar el lecho en el que retozaba plácidamente enredada entre las sábanas y el cuerpo masculino de Alexandre para poder atender parte de su otra fantasía; la cara oculta tras aquella ilusoria vida que pretendía enmascarar a la criatura infernal que se escondía tras un velo de aparente normalidad.

Por lo que, tras infructuosos intentos y constantes derrotas, se sumió en sus asuntos con la desagradable sensación de sentirse mas irascible de lo común en un vivo reflejo del mundo a su alrededor. Se sentía como las incontrolables mareas, los vientos huracanados y los intensos seísmos bajo tierra. Incontrolable y con una paciencia que ella había creído infinita tirada por el abismo de su caótica mente.
Durante su ausencia, varios destrozos en el edificio y el tiempo caprichoso habían obligado al Midnight a cerrar sus puertas al público. Las pérdidas gananciales era, cuanto menos, una molestia menor en comparación al desastre que se avecinaba. Nephilim inquietos, rebuscando pruebas y metiéndose en sus dominios por culpa de un cuerpo que debía ser debidamente limpiado de la acera al igual que un gato muerto y que apestaba a kilómetros debido a la sospechosa muerte que lo llevó a aquel estado. Molestias menores de las que ella no tendría que preocuparse si aquellos a los que pagaba hicieran su trabajo.



Flashback:

Lía se paseaba inquieta por su oficina, sus tacones repiqueteando sobre el frío mármol bajo sus pies inquietos. En otro momento, en otras circunstancias, la diablesa se erguiría con toda su majestuosidad ante el escritorio, quizás incluso se permitiría el lujo de sentarse elegantemente sobre éste con una expresión fria, impasible y ligeramente molesta. Pero lo cierto era que un revoloteo nervioso tomaba el control sobre ella, malhumorada e irascible ante la presencia de aquel completo inútil.

- Se..señora.- Tartamudeó el hijo de la luna con aparente nerviosismo. Una mirada fugaz de su ama lo acalló al instante, atemorizado por la furia que relucía en las profundidades de aquellos ojos fríos y despiadados. Tragó profundamente y lo intentó de nuevo.- Señora Gavianni, este terrible suceso escapaba totalmente a mi conocimiento...cuando quise darme cuenta, los...los cazadores de sombras ya se encontraban frente al club, rodeandolo y... y limpiando la zona...

Los pasos de la rubia cesaron de pronto, parándose frente aquella criatura patética y carente de sentido común. En su interior se despertó algo indescifrable hasta el momento, presa como se encontraba de sus propios impulsos. Guardando parte de la poca compostura que poseía, se mantuvo engañosamente neutral e inexpresiva, acercándose a paso lento y pausado hasta quedar frente a frente con el que hasta ese día, había sido uno de los guardias de seguridad del Midnight.

- Limpiar.- Repitió Lía en un tono bajo y afilado que desprendía ironía ante la mención de una simple palabra. Guardó silencio por unos segundos, observando como el sudor corría por la frente del infeliz que apenas era capaz de mantener la mirada de la diablesa. Sus siguientes palabras sonaron como un siseo enfurecido, poco a poco subiendo el tono en una señal inequívoca de su paciencia resquebrajada. - Limpiar es el trabajo por el que te pago, maldito perro!

El hijo de la luna, que en comparación a la mujer era una bestia enorme y descomunal, se encogió ante las palabras enojadas de Lía, agachando la cabeza hasta que esta casi quedó escondida bajo su cazadora. El sudor corría ahora a raudales, y casi parecía a punto de romperse a llorar. Murmullos que se escapaban en disculpas, atascados en su garganta, roncas y apenas sin fuerza.

- ¿Qué dices...? - Preguntó la diablesa con una sonrisa cínica en los labios, como si no fuera perfectamente consciente de las palabras a través de sus pensamientos.-¿Que lo sientes?- Repitió una vez el hombre se aclaró la voz, pero solamente fue la antesala de su perdición, pues el tono de Lía sonaba engañosamente dulce y emponzoñado como para ser realmente un perdón.- ¡Que lo sientes! Ya lo creo que lo vas a sentir..! - Y sin apenas darle tiempo a reaccionar o esperar a que emitiera un solo suspiro contenido, la diablesa ya había alargado su brazo con la velocidad de una serpiente, atrapando entre sus afiladas garras la garganta de aquella criatura y arrancándosela con la facilidad con la que atraparía una mosca. El guardia boqueó como un pez por unos largos segundos, con sus ojos negros abiertos de par en par, alcanzados por la incredulidad de su muerte inminente mientras agonizaba y exhalaba burbujeante sangre por sus labios entreabiertos. Después, el enorme cuerpo del hombre se desplomó como un peso muerto a sus pies, seguido por aquel órgano aún cálido que mantenía atrapado la mujer en su mano.

-Vince.- Llamó Lía. Sus pecho subía y bajaba agitado y la sangre salpicaba parte de su rostro en un fiero contraste con su pálida piel nívea. El rubio entró a la oficina, apenas dedicándole un imperceptible desvío de su mirada al cadáver tendido sobre la alfombra. - Limpia este estropicio y deshazte de él.- Y así, como si apenas fuera consciente de lo que hacía, se limpió la mano empapada en sangre sobre su vestido blanco con evidente fastidio, percatándose en aquel momento de la presencia de Alexei, cruzado de brazos en un rincón de la habitación y que la observaba con su característica expresión divertida, una que rozaba ligeramente el aburrimiento.


Aquella noche, la diablesa había tenido que abandonar definitivamente sus momento recreativos, relegándolos a un segundo lugar con tal de moverse por los alrededores, observando, escuchando y comprobando como de grave era la situación. Pero lo cierto es que lo que había descubierto no distaba mucho mas de lo que ya sabía, comprendiendo que lo que ponía mas nerviosas a las criaturas de la ciudad iba mas allá de la simple aparición de un cadáver. Todos eran esclavos de aquel poderoso despliegue de energía demoníaca, el submundo parecía un hervidero, como hormiguitas correteando de arriba para abajo con frenesí. Malditos ellos y malditos los nephilim que habían encontrado el cuerpo antes de que pudiera hacerse algo que desviara su atención del Midnight.
Evidentemente, poco podían hacer ante el despliegue de poder de Alexandre, que prácticamente había fijado una maldita señal roja sobre el club, e indirectamente, sobre ellos mismos.
Como era comprensible, la diablesa sobrellevaba un humor casi tan voluble como el que antaño había visto tantas veces a su hermano. ¿Acaso el haber intercambiado su sangre les había conducido hasta aquel punto? Por supuesto que si, aunque en aquellos instantes poco importaba, pues según sus investigaciones, las reuniones entre los clanes habían comenzado a llevarse a cabo, y ella había tomado la fiel determinación de enterarse todo cuanto se desarrollara en ellas a la mayor brevedad posible. Es por ese motivo por el que las puertas del Club volvían a abrir sus puertas, pues a pesar del mal tiempo y las continuadas crisis que sacudían a los subterráneos, la clientela continuaba acudiendo a él, atraídos como polillas a la luz cegadora del neón y los placeres ocultos, facilitándole toda clase de información vital sobre los acontecimientos a través de sus pensamientos. El cambio había comenzado, afectando en primer lugar a los licántropos, fieles siervos que la servían desde tiempos inmemoriales, de carácter inestable y casi tan volubles como se sentía ella esos instantes de incertidumbre. Había podido comprobarlo, en primera instancia, con Vince, mas irascible de lo común y con la mente cegada por los crueles instintos de su raza. Después en los clientes que vagaban sin rumbo ante sus puertas, desprendiendo una energía errática y descontrolada, por no olvidar a los hijos de la noche, que acudían allí en masa, colapsando las reservas debido a las constantes demandas de sangre. Una sed imposible de saciar.
Aquel negocio que mantenía con ellos debería ser cobrado tarde o temprano, pues sus favores no era ilimitados y los malos tiempos acechaban a la vuelta de la esquina, exhalando su pútrido aliento sobre la nuca de todos ellos.

Entre una nube de azufre y llamaradas negras, la diablesa se materializó en el piso superior que abarcaba todo el edificio del Club. Su cuerpo rodeado por las sombras que se enroscaban alrededor de ella en un abrazo sutil que sacudía sus largos cabellos dorados y lamía la piel pálida de su rostro. Poco a poco, la amplia sala coronada por una escalera que llevaba directamente hacia sus aposentos apareció frente a ella. Una estancia común, equipada con sillones, mesas y pesadas alfombras que en esos instantes lucía igual que si un huracán hubiera hecho de las suyas en el interior del edificio. Cuadros colgando de medio lado, alfombras desgarradas, lámparas y vidrios hechos añicos y desperdigados por doquier... Con un suspiro, la diablesa buscó con la mirada a su hermano.

Gruñidos y risitas provenían del piso superior, subiendo de volumen a cada paso que la mujer daba, llevandola mas cerca de la puerta tras la que se halaban los propietarios de dichas voces. Sus dedos se cerraron sobre el picaporte y lo giraron, conduciéndola directamente hacia la escena retorcida que se desarrollaba frente a ella.
No es como si ignorara lo que Alexei hacía en sus ausencias prolongadas, puesto que ella misma había facilitado al demonio aquel entretenimiento para que no se sintiera tentado de bajar al piso inferior completamente desnudo y con intenciones de comerse a los clientes. Era un completo salvaje, siempre lo había sido, desde su mas tierna edad, y lo amaba por ello, pero en ocasiones mas valía mantenerlo alejado de las tentaciones, mas por su propia seguridad que por la de los mundanos. Y allí estaba, la viva imagen de la despreocupación y el abandono, dándose a los placeres morbosos con aquellas dos bailarinas exóticas mientras ella envejecía preocupándose por su bienestar.

Sus cuerpos semidesnudos estaban bañados por el negro Icor, con las trémulas carnes expuestas en contacto con la piel inhumanamente perfecta de Alexei, mujeres ávidas y hambrientas que deslizaban sus sucias manos por el torso desnudo de su amante, lamiendo con voracidad la piel impregnada por el néctar prohibido de su esencia corrompida. Murmullos complacidos escapando de sus bocas infames, indiferentes a la presencia de la diablesa, que las apuñalaba con la mirada, atravesándolas con la ira contenida.
Aquello que le era por derecho propio alcanzando los labios henchidos de aquellas insignificantes humanas, escoria de la humanidad que rezumaban por cada poro de su piel.

Podrida furia se deslizó por su columna vertebral, sacudiéndola de pies a cabeza con la virulencia devastadora de un fuego nacido directamente de los celos posesivos que tomaron el control de sus actos. Incapaz de razonar a través del velo carmesí que se deslizó frente a sus ojos entrecerrados, abrazando gustosa aquel ramalazo de poder oscuro y retorcido que tomó posesión de ella.

Alzó ambos brazos, desplegándose a sus costados con las palmas hacía afuera para darle mayor efecto a la sacudida de poder bestial que envió a las mujeres volando a través de la estancia, impactando con violencia contra paredes opuestas. Después, se dirigió hacía la que aún se encontraba consciente pero ligeramente aturdida, y la tomó por los cabellos, arrastrándola por el piso mientra esta forcejeaba y lloriqueaba al sentirse tironeada por la mano férrea de la diablea. Esta la obligó a alzar el rostro, tirando de ella con mas fuerza si cabe, agachándose para quedar a pocos centímetros del semblante atemorizado. - ¿Que lo amas?- Preguntó en un siseo enfurecido, repitiendo las palabras que segundos antes llenaban su boca con total abandono.- ¿Que le perteneces?- Unas carcajadas dementes que provenían desde lo mas hondo de su alma se hicieron eco a través de sus labios fruncidos en una mueca de asco. - Que así sea... - Susurró antes de soltarla de pronto, dejándola tirada sobre el suelo.

La mujer comenzó a retorcerse de horror por la cantidad de imágenes y escenas de muerte y sangre implantadas en su mente. Sus gritos, altos y desgarradores comenzaron a llenar la estancia conforme, al igual que la dulce melodía de los condenados en el infierno. Podía gritar cuanto quisiera, hasta que la garganta le quedara en carne viva, ya que jamás la escucharían, gracias a que el piso superior estaba insonorizado del resto del club.

Lía apartó la mirada satisfecha de aquella estúpida tras lanzarla a un pozo de oscuridad eterna para clavarla sobre Alexei, sus ojos fijos sobre su cuerpo profanado, al igual que puñales. Su rostro denotaba diversión, ligeramente desquiciado por la intensidad del momento, al igual que el de una lunática, con los cabellos desordenados y los labios en una mueca de disgusto, que en aquel momento estaban fijos en una linea fina y dura.


Tras unos instantes, se lanzó directamente sobre Alexandre a grandes zancadas, que se hallaba recostado sobre el sillón. Se dejó caer sobre él, sus brazos apoyados a cada lado del respaldo mientras se inclinaba lentamente. - Eres mio. Solamente mio. - Murmuró en un tono helado y posesivo capaz de erizar el vello de cualquier pobre mortal. Su mirada felina atrapando con hipnóticos ojos al objeto de sus deseos. Sin necesidad de mas palabras que hicieran aquella afirmación mas cierta, se lanzó a sus labios, devorándolo con la misma intensidad que con la que le profesaba adoración. Un beso rápido y duro que abrió una brecha sobre la tierna piel de sus labios, regalándole un ligero atisbo de lo que él tan complacido compartía con aquellas humanas. Un chispazo de poder oscuro prendió en sus labios, ligeramente humedecidos por la negra sangre, los cuales se relamió con evidente satisfacción momentos antes de incorporarse, como si aquel dulce néctar le devolviera parte de la cordura insatisfecha.

- Necesito a esas humanas.- Comentó como de pasada en un tono que se tornaba juguetón a medida que caminaba alrededor de él con pasos sigilosos. Su dedo deslizándose sobre su cuerpo a cada paso que daba. Negó con la cabeza, chasqueando la lengua sin apartar la mirada de su hermano. - No puedes corromper a cada humano que te presto, querido. - Terminó su recorrido finalmente, parándose tras él conforme se agachaba junto a su oído y susurraba.- Eso no está bien, Alexei. Has sido un chico malo.- De pronto, tomó sus negros cabellos azabache entre sus dedos, alzando su rostro y devolviendole la mirada desde su elevada posición con una sonrisa juguetona que precedió a lo que siguió poco después. Sus ojos celestes de deslizaron lentamente por su rostro, haciendo su recorrido hasta la base de su garganta expuesta, sobre la que se lanzó poco después con un gemido contenido escapando de su pecho al sentir como el néctar de su esencia fluía entre sus labios. Sus manos avariciosas trazaron los contornos de su torso desnudo, desliándose sobre sus músculos definidos bajo la tersa piel.

Pero en esos instantes, parte de los acontecimientos desarrollados en el piso inferior llegaron a ella a modo de susurros, abriéndose paso entre la bruma de éxtasis que la rodeaba. Un gruñido contenido se formó en lo mas profundo de su pecho, y los pocos segundos se apartó a regañadientes de aquella fuente de perdición, escondiendo el rostro en la curva del cuello masculino con la respiración entrecortada y sus sentidos impregnados por el dulce aroma de su piel.

- Tenemos visita.- Volvió a gruñir. Su mente deslizándose sutilmente sobre las almas que merodeaban en el piso inferior, adueñándose de sus consciencias, viendo a través de sus ojos y escuchando el murmullo de su voz en el eco que le devolvía el abismo profundo de su conciencia omnipresente. No le quedaba mas remedio que enfrentar directamente la amenaza, antes de que la situación se le fuera definitivamente de las manos.

Miró a Alexei con un mohín. Si, definitivamente, había que hacer algo.
Sabía que pedirle que aguardara allí sería igual a pedirle que no fuera quien era. Una petición completamente absurda, a la cual haría oídos sordos, por lo que se encaminó hacia la puerta, asegurándose de tener el vestido correctamente libre de icor y el cabello desordenado bajo control. Los mensajes subliminales llegaban a ella en un torrente ahora que su mente estaba libre de todo pensamiento cegado por los impulsos. Nephilim, nephilim correteando por sus dominios a sus anchas, haciendo preguntas y enfureciendola hasta límites insospechados. Malditos fueran todos ellos.

- Sé bueno...- ronroneó apoyando una mano sobre el marco de la puerta y dirigiéndole una última mirada anhelante.

Sabia que a Alexandre poco le importaba aquella farsa que se había montado, pero a ella le molestaba sobremanera sentirse el objetivo de la clave en aquella situación. Por lo que no dudó en hacérselo entender mediante el pensamiento. Poco había que ella escondiera, salvo en las ocasiones especiales en las que se cerraba herméticamente, por lo que ambos estarían conectados en todo momento, conscientes el uno del otro aún cuando no estuvieran en la misma sala.

Sin mas demora, se apresuró a descender por las escaleras que la conducirían directamente hacia el pasillo en el que Vince la esperaba, pero al que ordenó rápidamente que detuviera a la muchacha que pretendía llevarse a Eric del local. Para cuando alcanzó el último peldaño, el pasillo se encontraba despejado e iluminado, sus tacones resonando contra el linóleo al igual que disparos, contundentes, agudos y determinados. Empujó ambas puertas de doble hoja que separaban la zona privada de la común y se adentró por el pasillo de servicio, dejando atrás los reservados y demás salas para aparecer frente a los nephilim que aguardaban en la ya totalmente despejada pista de baile.

Algunos empleados se apresuraban a recoger los restos de basura desperdigados por el lugar, que observaban la escena con evidente sorpresa. Muchos de ellos eran simples mundanos que desconocían la presencia de estos guerreros, así como muchas otras cosas que ella misma se encargaba de limpiar de sus mentes. Pero Eric... bien, Eric era uno de estos mundanos predilectos que la diablesa mantenía allí, y por lo que parecía, se había extralimitado en su trabajo de barman.

- ¿Con qué derecho se atreven a irrumpir en MI local de esta forma? .- Preguntó en un tono autoritario y molesto la mujer nada mas hacer acto de presencia. Se paró a una distancia prudencial de los nephilim, pero no la suficiente como para despertar sospechas.

Se cruzó de brazos ante ellos, sus ojos furiosos clavándose sobre los cazadores, midiéndolos uno a uno con un brillo acerado y cargado de indignación. El papel de propietaria reclamando sus derechos en una pose de negocios. Pero en su fuero interno, la diablesa sentía como poco a poco perdía la compostura, sus emociones alteradas y tensas como las cuerdas de un violín. Apretando sus labios en una fina linea que contenía las ganas irremediables de prender fuego sus mortales cuerpos con tan solo una palabra a Alexei, continuó con su farsa.

- Bien, aquí me tienen. Lo que puedan querer saber me lo podrían haber preguntado a mi en primer lugar, ahorrándonos la molestia de espantar a mis clientes con su presencia.



aviso importante:
Para el CORRECTO DESARROLLO de la trama general, es imprescindible que la esencia demoníaca de la diablesa pase DESAPERCIBIDA y sea IMPOSIBLE de detectar. SIN EXCEPCIÓN.
Salvo que los hechos contradigan la condición indescifrable de poder que aparentemente posee, su aura emite unas cualidades semejantes a las de un HADA.

*NADA hace pensar que se trate de un demonio mayor.*


*Recordad que los sensores resultan inútiles. El lugar está impregnado de energías demoníacas.


Última edición por Lia Gavianni el Miér Abr 17, 2013 10:42 am, editado 2 veces



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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Jue Abr 04, 2013 11:23 am

Solo faltaba que hubiera un cartel de neón intermitente que indicara mientras les señalaba “nephilims”, para todo aquel que aún no lo supiera. La gente huía del local a haciendo estallar la histeria, cual ola inmaterial empujó a todos los demás subterráneos. Abandonaban a trompicones, cayendo uno sobre otro, derribándose en el intento desesperado de alcanzar las salidas. Tratando de huir de la peste o algo peor. La fiesta cesaba, la música se evaporaba y las luces volvían a iluminarse, señalando el puesto de cada uno. Los guardias, poderosos hijos de la luna, protegían las salidas. Sin duda se metieron en la boca del lobo, “nunca mejor dicho”. Estaban cruzados de brazos obstaculizando y lanzando miradas altivas, que sin palabras perpetuaban que no saldrían de allí. No sin antes tener el “honor” de hablar con la jefa del local. Bufó metiéndose las manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero, haciendo un sutil gesto a sus hermanos, para que se acercaran. Era mejor estar juntos y preparados, estaba totalmente segura de que no era una líder. Sin embargo llegaría a sacrificarse por cualquiera aunque ni se lo correspondieran, solo por aquella manía de proteger a los demás antes que sí misma. El tacto del cuchillo serafín, enfriaba su piel y en cierto modo la relajaba.

Abarcaba cada musculo retorcido, tenso ante lo que pudiera estar aproximando a ellos. La ansiedad convulsionaba su pecho, obligándola a respirar forzosamente. Su mente escrutaba cada objeto y sujeto que la rodeaba a gran velocidad archivándolo si era útil o un obstáculo. Grabando en la retina cada movimiento, retenido en la mente. El corazón aporreaba el pecho, tratando de desquebrajarse, incapaz de soportar las emociones de ahora. Frialdad, emergía de su garganta escarchando su saliva, sarcasmo corrompía su mente, liquido negro de un olor familiar, le mostraba otra visión aun más cruda de la situación. Caos brotando desde los poros de la piel, al sentir el calor de los focos sobre ella. Pero ni siquiera hizo caso: aparcó esa vorágine emocional, para tratar de ser más racional. Fuera lo que fuera, no podía descubrirse con ningún punto débil, era su orden y la cumpliría en absoluto silencio. Parte de su mente, una diminuta fracción tenía ganas de golpear a algo o alguien, pero tendría que conformarse con clavar el tacón en las baldosas, y esperar que se agrietaran a su paso.

Sus pasos, rompían el silencio mortifico que los envolvía. Confinados en aquellas paredes, donde el orden ya no se regía, las normas eran papel mojado y olvidado. Un muerto había aparecido tras estar en el local, con todos los órganos calcinados y poco o nada les importaba. Adrianna estaba lista a encararse a los demonios. Eran los únicos seres que advertían el dolor ,rencor, frustración que aún guardaba en lo más hondo de ella, el padecer y las lágrimas, olvidados. Vueltas armas letales desgarrando, despedazando sus miembros, en una fiebre de icor y violencia. Pero eso debía dominarse, no merecía darle la victoria al demonio que mato a sus padres, y dejar que la venganza que nunca pudo llevar a cabo, aniquilara su cordura. La luz, era su fiel amiga Adara que ahora se reunía junto a ella.

- ¿Qué habéis reunido? – Inquirió tomando el rol de jefa temporal. Comprendía que no era momento de pelearse por el liderazgo, solo sería un rato y sin perturbar el ego de nadie. Además de tener la absurda manía de ponerse ella como la carnaza para una bestia y salvar al resto de su idea suicida. Debía ser un poco más egoísta, pero no podía pelear con eso. – Seguro que las historias no encajan. Una persona, un punto distinto de ver la misma situación. – murmuró brevemente, dejando que los demás hablaran.

Podía cerrar los ojos y reconocer a cada uno solo por las primeras emociones que emitieran: La dulzura y el afán de luchar de Adara. La seguridad y templanza de Ankhïara. Los sentimientos ocultos y el carácter de Helena. A Charlie aun no la conocía tanto, pero la ductilidad y el empeño, empezaban a dejar mella en su cabeza. William su humor inconfundible y cierta inocencia que no ingenuidad y brillantez. Cada uno era un universo por sí solo, un mundo aparte, un universo del que ninguno estaba al tanto, y ella tanto percibía.

Repentinamente y sin darles mucho tiempo a intercambiar muchas cavilaciones. Irrumpió la jefa del Club Midnight, de hermosura prohibida, rizos rubios manando en cascada en torno a una mueca de desprecio hacia ellos. Su mente caótica ahora era una espiral de fuego que consumía todo lo que la rodeaba, sacudiendo a Adrianna. Se sostuvo la cabeza con ambas manos, sufriendo en silencio intentando de restarle importancia, que ella no sentía ni padecía, lo que podía sentir de aquella aura. Era como si una bestia desesperada tratara de arañarla los ojos, clavar las uñas en la carne y hundirlas produciendo sangre, sangre que brotaba en escarlatas cascadas oscureciéndose al caer, un grito que rompía los tímpanos agudo, tanto que pensaba que se quedaría sorda. Oscuridad la rodeaba opacándola la vista, no había escapatoria. Caos, sufrimiento, lenguas de fuego deslizándose sobre la piel. Era capaz de fragmentar sus escudos como si fueran de papel, dejándola sin defensas, sintiéndose impotente ante ella. Dolor y dolor golpeaba su cabeza, sintiendo los latidos del corazón rebotando en su cabeza a punto de estallar, lo que le provocaba el mal humor. – Señorita Gavianni, que yo sepa hasta fecha de hoy el Club Midnight está abierto para todas las razas, incluyendo nephilims entre ellos. Además solo vinimos a preguntar, usted fue quien dio el toque de corneta para que huyeran en manada. -De pronto aquel fuego se torno hielo, abrasando la piel. Un muro de frio que la hizo enfurecerse a la nephilim, bloqueada su empatía, y tomar la palabra osada sin importarle que fuera a ocurrirla. Aquella mujer estaba sacando lo peor de ella.Entonces debió aparecer antes, y nos hubiéramos ahorrado el espectáculo. – aclaró mordaz, dispuesta a encararse a la mujer. El dolor de su cabeza, poco razonamiento la dejaba mantener, y la dueña de esa mente perturbada era la única responsable. - ¿Podría dedicarnos unos minutos para preguntarle sobre uno de sus clientes, quizás le suene, Jefferson Goldsmith?
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Dom Abr 07, 2013 6:01 pm

La bruja que ahora se dirige hacia al baño con un gesto muy típico de los de su raza ha confirmado los temores que hace un momento me relató uno de los suyos: la magia está incontrolable. Esto quiere decir que puede que algunos no sean capaces de conjurar un sencillo hechizo de persuasión y acaben haciendo daño a los demás; o lo que es peor, que realicen una invocación a algún demonio y se les descontrole. Eso supondría la entrada de estos en masa, sin que las salvaguardas pudiesen detectar mucho. Sabiendo que no me va a dar mucha más información, me levanto del silloncito y me dispongo a ir a la barra para esta vez sí, interrumpir al camarero y pedirme algo.

Sin embargo no me da tiempo poner un pie tras otro cuando la atronadora música que antes aplacaba mis sentidos y me transportaba al ritmo que la situación requiere, se para de repente y decenas de personas, entre subterráneos y mundanos salen a tropel de la sala, casi automatizados. Supongo que eso quiere decir que la fiesta ha acabado y que empieza de verdad mi trabajo. Qué fastidio. Dando un sprint, llego a una de las puertas que están siendo cerradas y me fijo en que el portero, un tiarrón de ojos amarillentos, me niega con la cabeza a la vez que se coloca diligentemente en la puerta, impiéndome el paso. Qué bien, una encerrona. La noche cada vez se está poniendo mejor, sí señor.

Al mirar a mi alrededor compruebo que sea quien sea quién nos ha arrastrado hasta aquí, disfruta de una magnífica suerte porque ha conseguido congregar a los nephilims más activos del Instituto de Nueva York, condenándonos así a una de nuestras mejores noches -en el caso en el que encontremos algo y sea útil nuestra presencia aquí- o a una de nuestras peores -si resulta ser que haya una matanza contra nosotros-. Sonrío frente a la perspectiva de una lucha desigualada; suelen ser las más divertidas. Me vuelvo sobre mis talones y busco con la mirada a los nephilims que vi al entrar, de los cuales solo consigo ver a dos entre el gentío que sigue saliendo tras de mí. Cuando por fin el local se queda en silencio e iluminado, me acerco a las dos que están juntas mientras que escucho a una de ellas -Adrianna, creo que se llama- llamarnos. No me gusta trabajar en grupo, es más, siempre he trabajado en solitario pero aun así, creo que es hora de que deje a un lado eso y unirme a mis compañeros ya que una tendrá sus manías pero no es idiota.

-¿Qué habéis reunido? - le escucho preguntar. Con agilidad me coloco a su espalda, saco uno de los cuchillos serafín que tengo guardados en la chaqueta y le susurro bajito a ella y a Adara, que también está cerca, lo que me he enterado de los brujos.

-Los brujos son incapaces de controlar sus poderes con normalidad. Hay un descontrol que no entienden, y desconocen su origen- susurro rápido, entre dientes. De repente recuerdo que la bruja a la que hace apenas cinco minutos he interrogado, entró en el baño de chicas y no sé si ha salido. Dirijo mi mirada en esa dirección y decido que no dejaré de estar pendiente de esa maldita puerta ya que mis esfuerzos por detectar la presencia de brujos o demonios aquí es realmente inútil debido a la cantidad de energía demoníaca en el lugar.

Durante unos segundos el silencio del local es impresionante, solo cortado por la respiración de nosotras tres; sorprendentemente noto una punzada de preocupación por los demás, ya que no los veo. Quizá estén lejos de mi campo de visión, podría moverme a buscarlos pero presiento que estoy en el sitio correcto. De repente noto como la piel de mi nuca se eriza y eso solo sucede cuando estoy en el modo Cazadora, que es como yo llamo a los momentos en los que estoy alerta para pelear, advirtiéndome de algo pero no sé el qué. Posiblemente sea por el contacto de mi piel con un arma serafín. A mis espaldas, noto como Adrianna avanza un par de pasos y con ellos, el repiqueteo de unos tacones sobre el frío suelo. Me giro por un segundo y alcanzo a ver a una mujer escandalosamente atractiva, con un porte casi aristocrático que se planta cerca de la nefilim. Escucho la voz un poco vacilante dirigirse a ella y me sorprendo al enterarme de que se trata de la dueña del local, ya que la llama señora Gavianni. Jum...estoy comienza a ponerse más interesante por segundos. Adrianna le pregunta directamente por Goldsmith y yo niego con la cabeza: ha sido demasiado directa. Sin apartar los ojos totalmente de la puerta, me giro de nuevo para ponerme de frente a la mujer que debo interrogar. De sopetón me llega la esencia dulzona y zalamera de un hada, pero no un hada cualquiera sino una muy poderosa. ¿Qué demonios hace una hada llevando un local para subterráneos? Supongo que la vida casi inmortal de su raza le ha hecho buscarse un divertimento tan cruel como ver a mundanos y subterráneos malgastar su vida en copas y desenfreno. Muy astuto por su parte. Como casi siempre que me pasa cuando hay un hada cerca, la runa de la memoria se activa y por un segundo veo el rostro de Dianna mirándome preocupada al final de la sala. Sacudo la cabeza y agacho la cabeza, mirando por encima a la mujer de la extraña aura. La sola idea de enfrentarme a una horda de hadas me alienta más a la hora de pelear, pero debo de serenarme y guardar esa parte oscura cuasi sádica de mí misma: las hadas son peligrosas y no suelen darse a la pelea si no tienen motivos fuertes.

Doy unos pasos hasta colocarme al lado de Adrianna, poniéndole una mano en el hombro.

-Disculpe los modales de mi compañera -digo con voz resuelta- entiéndala, es muy tarde y el cansancio hace mella en todos. Permítame que me presente: soy Charlie, un placer de conocerla, señora Gavianni. -la saludo con una breve inclinación de cabeza- Como bien ha dicho mi compañera no pretendíamos interrumpir el divertimento de las diferentes personas que pululan por este prolífico lugar -intento controlar mis modales y sonar lo más correctamente posible- sentimos las molestias, le rogamos que nos disculpe -lanzo una mirada rápida al baño y hago una leve presión sobre el hombro de Adrianna para darle a enter un "perdona que me esté comportando como una gilipollas"- Como bien le ha dicho mi compañera, hemos venido por una cuestión muy sencilla: preguntarle si conoce al señor Goldsmith. Si tuviese la amabilidad de conversar con nosotras un momento, se lo agradeceríamos

Le dedico una sonrisa dulce y casi inocente. La mano que sostiene el cuchillo serafín está metida en el bolsillo, escondiendo el arma y sus intenciones. Nadie sería capaz de deducir que la tengo en la mano; siempre es bueno estar alerta.


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Mar Abr 09, 2013 8:13 am

Pero su mente seguía lejos de allí, cavilando; el mal cuerpo de la escena vista aún hacía que se sintiera extraña. Tal vez sólo fuese eso. - Y si no descubrimos pronto de qué se trata, acabará explotándonos en la cara. - Sus palabras parecieron ser proféticas pues, apenas unos segundos después de haberlas pronunciado, el lugar se sumió en un caos difícil de concebir: mundanos y subterráneos huyendo como si les fuese la vida en ello, algunos siendo desalojados porque iban tan borrachos o drogados que no llegaban a entender por qué debían abandonar el local. No lo sabrían, la gran mayoría; se les contaría una mentira, como que había un incendio o algo por el estilo. Y durante unos instantes, cuando todos los clientes hubieron desaparecido, todo se sumió en silencio. No era, sin embargo, un silencio agradable; era de aquellos pesados, asfixiantes, que caen sobre ti con el peso de cien rocas. La calma que precede a la tormenta, pensó Ïara, lanzado miradas fugaces a su alrededor en busca del menor rastro de emboscada. Y la tormenta no tardó en llegar, de hecho; una mujer de impactante belleza, de cabellos dorados y sonrisa blanca como la luz. Pero sus ojos escondían un horror que Ïara no tardó en detectar. Y su esencia era… ¿de hadas? Maldad pura, sin duda; aquellos seres siempre habían resultado ser traidores, embaucadores y ciertamente malévolos. Ïara tuvo que contener un suspiro de frustración, sabiendo que si se trataba de un hada no iban a averiguar absolutamente nada; y si lo hacían, el precio sería exageradamente elevado.

Algo fallaba, sin duda, en todo aquello; algo olía realmente mal. Y la forma carente de suavidad o educación que utilizó la que se presentó como dueña del local no hizo más que acrecentar aquella sensación en el cuerpo de la cazadora. ¿Acaso alguien inocente se comportaría de ese modo? Geist la observaba fijamente, en silencio –tal y como acostumbraba a hacer-, manteniéndose al lado de sus compañeros pero tratando de camuflarse, de pasar desapercibida, de ser la sombra que solía ser. De ese modo le resultaría más fácil calarla, detectar cualquier rastro de mentira o culpabilidad, cualquier gesto que indicase que ella sabía de qué iba el asunto. O eso creía Ïara. No era difícil apreciar el parecido entre los labios apretados de la dueña y una cuchilla dispuesta a rebanar cabezas; no parecía precisamente una princesa de cuento. Adrianna respondió, dando voz a la molestia que muchos cazadores estarían sintiendo en aquellos momentos ante la impertinencia de la que se presentó allí como el diablo personificado. Apenas unos segundos después, cargados de una tensión palpable, otra cazadora –que a Ïara le sonaba vagamente de la fiesta- intervino; a la sombra no le gustó, a decir verdad, aquella escena de amabilidad. Estaban investigando un crimen y, siendo tratados como basura, estaban en su pleno derecho de hablar como quisieran; defendía pues la postura de Birdwhistle, no la de aquella que se arrastró cual gusano buscando el perdón de la suela del zapato. Aquella trifulca entre cazadores sólo les haría parecer cuatro críos jugando a ser mayores que ni siquiera se llevaban bien entre ellos. Contuvo una mirada fulminante a la que se presentó como Charlie, para seguir su rostro terso e impasible tal y como acostumbraba a estar. Con amabilidad o no, tendría que responder.

Spoiler:
Siento la cutrez y la brevedad del post, no tengo ni tiempo ni inspiración ahora mismo.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por William Stoneheart el Mar Abr 09, 2013 1:09 pm

Irónicamente las sombras escondían un cuerpo bastante más corpulento que el suyo, que casi hacía parecer ridícula en él la cazadora oscura de cuero. Una vez su vista se acostumbró al cambio de luz y a la penumbra, advirtió que aquel vigilante se erguía por encima de él con bastante cercanía, de manera que ya no sólo su mirada y actitud sino también la forzada postura de sus hombros le delataban que allí no era precisamente bienvenido. Nada difícil de deducir realmente, sobre todo teniendo en cuenta el cartel que había en la puerta por la que acababa de pasar; “prohibido el paso”, no estaba abierto a mayores interpretaciones. Permaneció con la mirada impasible casi en contraste con la expresión feroz del desconocido, cuya esencia parecía gritar “hijo de la Luna” por encima del cuero de sus ropas. Le costó cierto esfuerzo reprimir una sonrisa de alivio, pues en aquella umbrosa sala el rastro del alcohol era mucho menos visible que en el resto del estrambótico local, de manera que casi sentía que podía volver a respirar. Pero incluso en las sombras, la expresión en su rostro hacía los honores de su pálida tez, tan insípida como aquel color marfil más bien poco angelical.

- Oh, entonces es evidente que me he equivocado... mis disculpas – podría haber sonado educado de no ser por la burla tan patente en su voz, con aquellos tintes de negro sarcasmo que siempre acababan protegiéndolo. - Por lo visto esta tormenta nos está afectando también a los nephilim, por lo general suelo ser de lo más observador y sagaz... - aquel tono hacía que sus palabras hasta le sonaran a él mismo mucho mejor en sus labios, casi como si el sarcasmo fuera dulce y aquella actitud lo reconfortase más que nunca. Siempre con su ceja izquierda enarcada, se mantuvo en su posición obviando el hecho de que tenía que alzar la mirada para que ésta alcanzara los orbes lupinos del guardaespaldas-.

Entonces entrevió aquella especie de cambio en la actitud del licántropo, con su alarde de ferocidad repentinamente en fase menguante, nunca mejor dicho. Algo lo había hecho cambiar de parecer, eso estaba claro, pero tampoco iba a quejarse por ser el único en poder dar rienda suelta a su cóncavo orgullo. Asintió levemente tras su última información, aunque sin abandonar aquella postura sarcástica con la que extrañamente se sentía tan cómodo, lo más parecido a su imposible indiferencia. Observó con escondida curiosidad que la piel del cuello del vigilante también estaba marcada con trazos perennes de tinta mundana, que le daban un añadido a su apariencia amedrentadora. - “¿Qué, tienes complejo de nephilim, enemigo de la plata?” – le hubiera gustado añadir, pero algo inherente al ambiente que lo rodeaba le susurraba que lo mejor estar quedarse calladito de una vez por todas, por más que su creciente mal humor por culpa del alcohol que embotaba sus sentidos hiciera permanente aquella mueca insatisfecha en su rostro-.

Se dirigió seguidamente de vuelta al interior del local, no sin antes tomarse unos innecesarios instantes que sin embargo se vendían irremediablemente caprichosos. Se esforzó en controlar la mueca de sorpresa que crecía en su rostro al contemplar la riada de personas hacia la salida, aquella ola de razas mezclándose con un único objetivo. No era natural, y de haberle importado de verdad los sucesos a su alrededor, posiblemente se hubiera sentido culpable por saberse causante de todo aquel embrollo. Sin embargo apenas dedicó una mirada a la inmediata marabunta, sus ojos celestes no llegaron a perder de vista su objetivo. El resto de Cazadores de Sombras, al menos gran parte de las que recordaba haber visto, se encontraban casi reunidas en el centro de la sala. Aquello confirmó que él era el único varón, y casi lo hizo sentirse incómodo; pero no tenía tiempo para estupideces. Se colocó junto a ellas pero a la vez un tanto rezagado, de aquella manera tan impersonal con la que solía actuar en grupo, y más en una situación como la que se desarrollaba en torno a unos simples órganos calcinados. Saludó con un mínimo reconocimiento en la mirada a aquellas a las que conocía, como Adrianna o Charlie.

Y de pronto la sala pareció llenarse con la presencia de aquella mujer de belleza imposible, con su cabellera larga y dorada casi camuflada frente al llamativo vestido. Supuso que se trataba de la dueña del local, y así lo confirmó ésta unos segundos más tarde. Su esencia le era casi familiar, propia del pueblo del feérico aunque sin lograr ese sabor a recuerdo que solía sacudirlo por dentro. Decidió ignorar aquella mínima extrañeza, lo achacó a los insanos efectos de aquel clima etílico que se magnifica ante su debilidad. Optó por no intervenir, ya que además sus compañeras parecían adoptar posturas puestas frente a aquel interrogatorio, y con su poca experiencia, poco podía aportar él. Ya se había sentido suficientemente inútil por una noche. Al menos hizo el intangible esfuerzo de sacar de nuevo a la luz aquella máscara suya de una inexpresividad neutral, en contraste con lo que gritaba su interior.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adara Carstairs. el Miér Abr 10, 2013 6:58 pm

Su peso cayó de un pie a otro. La imagen materializada que vio segundos antes de se convirtió en una espesa bruma de humo. La cabeza fue decapitada primero, seguida de cerca por el resto del cuerpo, fue como una explosión, sólo que sin sonido y ella fue la única en notarlo. La impotencia hirvió en sus venas como lava. ¿Había simplemente imaginado ver a Helena frente a sus ojos? ¿Era algún truco por parte de uno de los muchos submundos? Había visto a brujos hacer cosas peores, y probado de primera mano la abrumadora droga de las hadas. Y por supuesto, la que más le inquietaba, ¿podía confiarse de si misma, cuando estaba comenzado a ver cosas? Era lo bastante crítica consigo misma, en ocasiones excesiva, como para culpar a alguien de sus negligencias. La culpa de todo recae en uno, así lo veía ella, y no podía permitirse el lujo de entregarse a la locura para eludir la realidad. Arrancó en dirección a las luces, sin querer arriesgarse a que su mente infantil jugará otra vez con ella, el sonido de la música comenzaba a aflorar por la entrada del pasillo. Su presencia no dejó rastros tras de si, las generosas runas de silencio impresas tanto en sus botas como en su ropa y el resto de su equipo, la hacían ser un fantasma. Estaba estresada, confundida, y los inusuales acontecimientos no ayudaban con su paz mental. Pensaba viajar, no de vacaciones, si no con el propósito de obtener una pieza del rompecabezas del pasada, y de hecho, planeaba comentárselo a Adrianna con anticipación, le serviría tener a alguien madura junto a ella, tenía miedo de que si no lo hacía se volvería débil. Si la cazadora no podía acompañarla, lo entendería, mas dudaba de la negativa por parte de su amiga, era increíble que entre silencios, se hubiera creado una especie de juramento entre ellos, pensamientos no pronunciados que decían estoy aquí para ti.

Todo seguía igual; música, baile, razas mezcladas y bebidas. La definición de normal, si es que a eso podía considerárselo normal.

Quizás tenía un poder psíquico oculto, ya que fue como si la hubiera invocado. Su expresión inteligible antes de que les diera un leve asentimiento a los que ahora estaban discretamente reunidos. Cruzó entre un grupo formado por un vampiro y un brujo, se dirigió en la dirección de sus compañeros y escucho susurrar a Adrianna por sobre el estruendo. Un intercambio corto de palabras y frases vanas, mayoritariamente por parte de Charlie. Mágica descontrolada, ¿eh? No era algo que soliera ocurrir recurrentemente y no era para nada algo bueno, mas contando el hecho de que estaban rodeados de uno, si no muchos, y las runas no tenían esa clase de protección. Dudaba seriamente que los brujos estuvieran contentos con ese hecho, y una pequeña provocación podría costarles caro. No alcanzó a replicar antes de que una nueva persona entrara al recinto.

Se produjo un efecto en cadena, todos los asistentes del recinto callaron momentáneamente. Una mujer, no... ¿hada?, eso era con exactitud lo que percibía, aunque era una hada bastante particular, cruzó en el libre espacio que todos le brindaron. En menos de un minuto todos desaparecieron. Su mirada demostraba una pizca de complacencia y enojo, esté último a penas se situó frente a ellos. No perdió tiempo con presentaciones, y no fueron necesarias, la dueña del local estaba en postura firme, lista para escuchar lo que tuviesen que decirle. Adrianna no dejó pasar la oportunidad y tomó el control de la conversación. Adara la conocía lo bastante bien como para saber que ya sabía de quien se trataba, busco algún signo de tensión, y se sorprendió de encontrarlo; Adrianna solía esconder muy bien sus emociones, sobre todo si se trataba de una ocasión netamente profesional, así que de inmediato supo que la rubia no era del agrado de su amiga. La interceptó, sin rodeos, con una frase aparentemente simple e inocente, pero cargada de odio. Una pequeña pausa, en la que soltó un sonido chirriante entre sus dientes, y sin darle tregua, volvió a hablar. Charlie fue mucho más amable, Adara no estaba segura de si eso lograría efecto positivo en la señorita Gavianni. Quizá le complaciera el respeto o la enviará directamente a las puertas del infierno, el tono de Adrianna, no lo dejaría pasar, pero ahí estaban todos, listos para atacar en cuanto fuera necesario. Prefería morir en la batalla antes de dejar a su suerte a cualquiera que perteneciera a la raza nephilim. Y se permitió, una pequeña sonrisa, algunos usaban una batería para relajarse y soltar tensiones, a ella le servía luchar. Después de todo, no estaba tan lejos de la locura, dijo para sí.

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