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|| Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

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|| Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Miér Mar 20, 2013 4:46 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Veneno Negro
LUGAR: Midnight Club ◆ FECHA: 20/3/2013


El cuerpo del difunto ostentaba la palidez de un papel y la pulcridad que solo la limpieza metódica de los hermanos silenciosos podría brindarle jamás. Aún quedaban sobre la piel surcos provocados por arañazos desesperados y moretones violáceos que él se había autoinflingido en su desesperación. El hombre estaba rodeado de un aura de poder demoníaco casi tangible a pesar de los dos días que llevaba en estado de observación, una vez habían podido liberar el cuerpo de la posesión de las autoridades mundanas y analizarlo con propiedad. Pero lo realmente aterrorizador no era el exterior de un cuerpo aparentemente sano, sino el estado chamuscado en el que se encontraban sus entrañas. Los pulmones incinerados habían dejado tras de sí nada más que cenizas y un espacio vacío en la cavidad torácica, al igual que otros tantos órganos sin demasiada relevancia vital. Todo parecía indicar que la criatura en cuestión se había tomado su tiempo para divertirse a costas del sufrimiento de aquel pobre diablo, deleitándose en su miseria e importancia.
Siglos habían pasado desde la última vez que La Clave se encontrase con algo similar, razón por la cual los análisis y estudios de los hermanos estaban tardando más de lo esperado y más del tiempo que podía perderse. Era imperioso seguir el rastro que el descuidado ser había dejado tras de sí. Al fin de cuentas, ni siquiera se había tomado la molestia de disponer del cuerpo, abandonándolo en la mitad de la vía pública.
No se tenía aún certeza de la naturaleza de la criatura o la sustancia capaz de ocasionar daño similar al organismo de un mundano. Más entre dientes el cónclave tenía sus sospechas, y ni los acuerdos protegían a los hijos de Lillith o las Hadas del escrutinio de los descendientes del Ángel. La perspectiva de un demonio lo suficientemente poderoso como para provocar tales daños en las narices de tal cantidad de gente eran simplemente demasiado horrorosas como para ser contempladas.
Nada podía hacerse. No sin antes buscar pruebas, sin acudir al lugar de los hechos e investigar lo que se pudiera en espera de los resultados del análisis final. Alguien debió haber visto o sentido algo fuera de lo ordinario. Y con esa persona esperaba dar el escuadrón de Nephilim que fue enviado a investigar el Midnight Club, lugar donde el cadáver había sido descubierto.
La luna creciente estaba oculta por una densa capa de nubes de tormenta, iluminándose el cielo de tanto en tanto por las imponentes corrientes eléctricas que últimamente azotaban la ciudad. El viento arremolinaba las hojas de los árboles que aún seguían en pie con tal potencia que amenazaba con arrancarlos de raíz de un momento a otro y un frío gélido calaba hasta los huesos a las pobres almas que habían decidido salir ignorando las advertencias. En lo alto las luces de neón brillaban, tintineando de tanto en tanto y resistiendo al apagón que mantenía oscuro un gran porcentaje de la ciudad. Las líneas estaban muertas, y ni siquiera los celulares eran capaces de obtener señal.


La misión:
En un principio, esta es una misión de investigación. Una vez se adentren en el club o recorran los al rededores la cuenta Rol Master se encargará de narrarles lo que ven y las personas con las que se encuentran, así como de representar a los NPC que responderán a sus preguntas o acciones. Se recomienda que entrevisten a la dueña del club.

El estado del Cadáver:
Específicamente se encontró que el cadáver de Jefferson Goldsmith de 35 años de edad tenía en su sistema una copiosa cantidad de alcohol. No presentaba heridas superficiales además de los moretones y arañones que él mismo se inflingió. Sin embagro uno de sus riñones, el apéndice, el vaso, los intestinos testículos y pulmones se encontraban incinerados desde dentro hasta el punto de convertirse en cenizas. Se sospecha de la actividad de un brujo o de la acción de una poción o un maleficio. El cuerpo emana aura demoníaca aún después de varios días.
Aún no se tiene el análisis definitivo


Sobre el Midnight Club:
Se sabe que es frecuentado por una gran cantidad de mundanos, así como de subterráneos de gusto exquisito. El aquelarre de Camille lo frecuenta y también se ha visto allí a Magnus Bane.


Sistema de Particiapación:
NO ES NECESARIO REGISTRARSE DICIENDO QUE SE QUIERE PARTICIPAR. EL ROLEO SE DESARROLLARÁ AQUÍ MISMO.

Esta minitrama es exclusiva para los Nephilim. El posteo se realizará en esta sección, con la participación de los usuarios que irán llegando al punto de encuentro en el orden en el que posteen, encontrándose con todos los que lo hicieron antes. Las cuentas Rol Master y Criaturas actuarán cada vez que lo consideren necesario, pero depende de los personajes definir el resultado de esta aventura.

Sistema de Combate:
Recordad hacer un spoiler en el primer post especificando que clase de equipamento llevais encima y pelear de acuerdo a las reglas del apartado SISTEMA DE COMBATE


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Helena Trueblood el Mar Abr 16, 2013 7:23 pm

Pulsaciones en la nuca eran claro indicio de una presión sanguínea que caía en picada. Corroboradas por el férreo líquido que pitaba en sus oídos y le corría hirviente las venas. El corazón latía con violencia, amenazando a cada instante con partirle las costillas. Un recordatorio constante de su propia mortalidad, como las manecillas del reloj anuncian segundo a segundo el final del día. La cólera bullía bajo la piel albugínea de la fina dama, enfermizamente pálida debido los residuos del polvo de hadas aun presentes en su sistema. Una tonalidad que podía haber sido percibida como un suave rubor en el comienzo de la velada había adquirido más intensidad conforme la fiebre aumentaba y devenía ahora de un color bermellón. El ideal de La Rosa Negra con todo su esplendor e inalcanzable majestuosidad se marchitaba pétalo a pétalo, dejando tras de sí tan solo a la humana bajo el antifaz. El frágil rostro de la niña de diez años a la que habían forzado a convertirse en cazadora.

Los ojos claros como la bóveda celeste fallaban en enfocar con claridad, perdidos en el vaivén de música, colores, sonidos y presencias. No podía confiar en sus sentidos, así como no confiaba en conservar por demasiado tiempo el escueto equilibrio o la conciencia. ¿En qué pensaba? ¿Qué hacía ella en una misión encontrándose en tan precarias condiciones? Mientras las manos de largos y finos dedos se aferraban a la tela suave que componía la camisa de Eric, enterrando en ella las uñas escarlata, el peso de su cuerpo se recargaba la firme anatomía del varón. El perfume exótico le recordaba a la brisa del mar, barriendo la discordia que los envolvía y reemplazándola con el vaivén inquieto de las olas. Todo el cuerpo del moreno se encontraba frío, frío al contacto con la piel febril de la mujer, que a penas concientemente apoyaba su mejilla en el formidable hombro, acariciando al otro delicadas hebras de cabello negro. Él no la conocía. No conocía a La Rosa Negra, Nephilim al servicio de la Clave, Cazadora de sombras. Ni siquiera sabía su nombre, aquel con el que la habían llamado sus padres, deseando para ella nada más que una vida mundana y apacible, alejada del mundo de las sombras.

— Helena... — le susurró al muchacho con suavidad.
La lengua áspera como una lija en la reseca garganta, peligrando de desquebrajarse ante el solo intento de pronunciar alguna otra palabra. Pero no quería decir nada más. Nada más que ese escueto fragmento de honestidad que había escapado como al descuido de sus suaves labios. Él se merecía al menos eso. Este mundano que de ella no sabía absolutamente nada se ofrecía a acompañarla sin ningún interés, nada más allá de la simple empatía o la compasión por una joven tras la pérdida de su hermano. Lágrimas abrasándole la garganta, negándose a salir a borbollones pues se encontraba más que incapacitada para llorar. Su alma desértica vagando en los espectros de lo que hubiera podido ser de conservar aquella sencilla existencia mundana. Tal vez conocer a algún chico como él, por el que tantas suspiraban, y vivir sin mayor preocupación que el pago de las facturas o los ahorros para vacacionar. ¿Qué clase de persona hubiese sido? ¿Qué tan distinta era la mundana con la que soñaba de la mujer que le devolvía la mirada al espejo?

“Cazadora”

La palabra detuvo el avance de los dos, y con un tropezón se aferró la muchacha al varón que la acompañaba. Su visión se encontraba difusa aún tras los cambios de luz y la estrepitosa muchedumbre a sus espaldas. Sin embargo, la presencia inconfundible de un hijo de la luna se manifestó poderosa a imponente, erizándole el vello y dirigiendo un escalofrío a través de su columna. Le estaban cerrando la pasada. La confusión se disolvió corroída por el ácido del desdén. Frío desprecio hacia este ser que tan bruscamente osaba quitarle uno de sus más elementales derechos. Y aquel pensamiento activó algo dentro de la joven débil y aturdida, debatiéndose entre la fina línea que separa la conciencia de la inconciencia.

“No me dejes salir” Pensó. “Atrévete a negarle la salida a un Nephilim de un sitio que no te pertenece”.
Y es que el Midnight Club no había sido declarado como parte del territorio de ninguna especie de subterráneos. No como el Hotel Dumort, perteneciente a los Vampiros, o la vieja comisaría, reclamada por los hombres lobo. Este club no estaba bajo la reglamentación vigente que regía los dominios y por tanto, ese inepto no tenía ni derecho ni autoridad para retenerle. Una risa afilada resonó en los más hondo de su subconsciente, delirios de la fiebre y su lamentable condición. Retenerla allí contra su voluntad sería ilegal. Y más aún que eso. Si Helena perdía el conocimiento, nadie iba a evitar que Ankhïara hiciera pedazos el local. Tal vez inclusive Adrianna, la joven Nephilim a quien había salvado la vida... quizá Adara.

“Tic Toc” pensó, recostándose un poco más al hombro del otro, alzando la vista a penas. El latido de su corazón la ensordecía, y hacía ya un tiempo había comenzado a hiperventilar.
— Aire...— la palabra pereció en sus labios, resquebrajadiza y débil.

La última esperanza de una mujer desesperada.

Quería salir. Lo necesitaba o perdería de seguro el conocimiento. Más aún y si no se lo permitían, el licántropo tendría mayores problemas con los que lidiar. No os imagináis lo agresivos y peligrosos que se tornan los cazadores de sombras si la seguridad de uno de sus hermanos se ve amenazada. Y alguna misteriosa alarma en su cabeza tintineaba ante la idea de un escuadrón completo de la Clave con órdenes de catear por completo el lugar. Algo encontrarían. Sino de la muerte de Jefferson, seguro de algo más. La negativa del lobo podía ser el detonador, la excusa, la chispa que acabara por incendiar desde sus cimientos todo el Midnight Club.

Curioso en verdad... aquel pensamiento casi que la consolaba.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Lia Gavianni el Miér Abr 17, 2013 6:30 pm


El silencio se adueñó del lugar, roto tan solo por el deslizar de pasos de los cazadores de sombras mientras se arremolinaban en un grupo frente a la diablesa. La apariencia mística e incitadora del club se esfumó bajo la iluminación de los potentes focos, borrando así la imagen mágica e hipnótica del sueño fantasioso carente de realidad del que era partícipe todo aquel que se sumergía en él.
Ahora todo era claro en la superficie, la cruda realidad apenas logrando impactar realmente en la conciencia dormida que habitaba en las mentes de los nephilim, pues estaban ajenos a las verdaderas sombras que se deslizaban y contorsionaban a su alrededor.

Los ojos de Lía relucían como el zafiro, dos piedras refulgentes y duras como el cristal clavándose sobre los rostros pálidos de los hijos del ángel. Estaba molesta, irritada y terriblemente furiosa, emociones que por el momento no se dejaban entrever en ninguno de sus rasgos delicados. Tan solo la impaciencia escapaba a su control, reflejándose en la postura erguida de su cuerpo, inmóvil sobre sus tacones salvo movimiento nervioso de sus dedos golpeteando sobre el antebrazo. La esencia de aquellos insignificantes mortales llegaba a ella cálida y sutilmente, calmándola por unos instantes al percibir todos y cada uno de sus pensamientos y emociones. Sus secretos y sus temores.
La diablesa se dejó abrazar por la confortable sensación embriagadora que le proporcionaba su don y deslizó su mirada con parsimonia sobre cada uno. Una sonrisa tiró de sus carnosos labios y sus ojos admiraban lo que tenia frente a ella a través del abanico de pestañas cobrizas, al igual que si de un velo de falsedad se tratara, intentando ocultar parte de su propia esencia en aquella sutil expresión. Pues esa era la única imagen que ellos pudieran ver de la dama ante ellos.

Un rápido vistazo le facilitó todo cuanto necesitaba, ampliando su sonrisa gatuna, como si de pronto aquella situación le pareciera realmente graciosa. Un chiste macabro del destino, una broma sin gracia que se presentaba en forma de ángeles vengadores.
Pese aquello, la influencia de las hadas era preponderante en la mayoría, que sin darse cuenta, apestaba a ellas de un modo u otro. Otros tantos simplemente eran asesinos por naturaleza, arrogantes y víctimas de sus propios dramas personales. Pero lo que realmente captó la atención de la mujer fue el sutil toque de la mente de la joven que se encontraba mas cerca de ella, así como la bruja escondida en los lavabos, otra esencia que irradiaba un poder imposible de ocultar.
Una curiosa mezcla que hacía interesante la reunión, pues no dudaría en sacar beneficio de todos y cada uno de ellos cuando la situación lo requiriera. Estaban siendo medidos y marcados, y eran terriblemente estúpidos si pensaban salir de allí sin enfrentarse al escrutinio de la diablesa. La desconfianza crecía en sus corazones, y con razón suficiente como para que así fuera, pues al igual que una masa de podrido orgullo, avanzaba inexpugnable con la intención de aplastarla. Cuán equivocados estaban.


- Todo un pequeño ejercito de nephilim se presenta ante mi puerta, prácticamente ondeando sus cuchillos del ángel por bandera, marcados hasta el último centímetro de piel y mostrándose como los amos y señores del mundo
.- Murmuró en un tono monocorde, aún cuando su tono parecía oscurecerse por momentos. El fastidio que le provocaban se hacia evidente cada vez mas, puntuando casi con desagrado todas y cada una de las características que su mera presencia había logrado mancillar la imagen del club. - Ustedes si que saben hacerse notar, ¿No es cierto? Pero el problema reside en el proceder, no en es hecho de honrarnos con su grata visita. - Aún cuando sus palabras respondían a la primera joven que se había dirigido a ella, Lía paseó su mirada sobre todos a modo de discurso. - El midnight no está considerado territorio de nadie, pero tampoco consentiré acciones que pongan en peligro la respetable imagen de mi negocio así como a las distintas razas que lo visitan.Esta noche han logrado perjudicar el buen funcionamiento del club y asustar a mis clientes. Discúlpenme por mi falta de modales, pero con el alboroto que han organizado, olvidé recibirlos como realmente merecen.

Aún cuando la entonada se mantenía a un ritmo constante que denotaba molestia, la diablesa luchaba por mantener aquella fingida amabilidad sarcástica. Estaba en pleno derecho de mostrarse indignada dentro de los límites que su propia imagen empresarial y de aparente inocencia le garantizaban, pero el tono irritante de la muchacha se hizo algo imposible de ignorar, tirando de las cuerdas tensadas que mantenían precariamente la fachada impasible de Lía.
El traqueteo de las uñas delicadamente esculpidas de la diablesa se detuvo de pronto, y su semblante se oscureció levemente. Una inexpresividad helada pero no carente de peligro se adueñó de ella, que en esos instantes centraba toda su atención sobre la muchacha empática. La oscuridad en su interior y contra la que tanto luchaba en los últimos tiempos, evocó imágenes en su mente, instándola a llevar a cabo una escena retorcida y llevada por sus impulsos descontrolados, incitándola, susurrándole que se transformara y separara las cabezas de sus cuerpos mortales, destrozara sus huesos y se bañara en sus vísceras ensangrentadas. Largos segundos pasaron en los que la inmovilidad sobrenatural de su cuerpo la mantuvo presa de esos ramalazos de brutal satisfacción, pero en un parpadeo logró retomar el control, sintiendo como la inestable precariedad de sus impulsos racionales bailaban sobre el filo de una navaja. Entrecerró los ojos, ventanas cerradas de su alma condenada y que tan bien ocultaban la sucesión de imágenes que eclipsaban sus pensamientos.

- Al parecer, la idea que tiene respecto a hacer preguntas dista bastante de la mía.- Replicó en un tono monocorde y con un trasfondo afilado, endureciéndose conforme las palabras abandonaban sus labios.- llevandose una mano a la cintura, lanzó una mirada despectiva de arriba a abajo a la nephilim. - No es mi culpa que la clave envíe a niños aparentemente desprovistos de educación alguna a hacer el trabajo sucio. Le sugiero, señorita, que la próxima vez haga su trabajo y se aplique un glamour y concierte una cita conmigo. -La dureza y el tono aumentando así como la emponzoñada cólera que hervía en su interior. - Gustosa accedería a reunirme con ustedes sin necesidad de espectáculos ni berrinches infantiles.

Guardó silencio por unos segundos, manteniendo la mirada de aquella muchacha de emociones descontroladas. Si por ella fuera, ya estaría retorciéndose en el piso debido al peso abrumador que conlleva sentir las emociones de todos cuanto la rodeaban pero multiplicada por mil. Su frágil mente humana probablemente colapsaría y finalizaría haciéndose evidente mientras perecía desangrándose por los orificios faciales. Por suerte para la nephilim, una muchacha intercedió antes de que alguna de las dos decidiera cometer una estupidez. Sus ojos abandonaron los de la muchacha a regañadientes y se centraron sobre la morena. La mueca despectiva que se había formado en sus labios se relajó ligeramente, pero el persistente cosquilleo en la punta de sus dedos se negaba a desaparecer. Su atención estaba dividida entre todos ellos mientras luchaba por un control que no poseía.
Maldita la hora en la que ese estúpido de Jefferson decidió morir en las puertas de su club y maldita aquella frustración que la acompañaba en aquellos tiempos en los que precisaba de todo su frío autocontrol.

La diablesa hizo acopio de todo su arsenal, dedicándose especialmente a adoptar una actitud relajada que transmitía seguridad, ignorando por completo a la joven que la había enervado. El breve intercambio de palabras con la cazadora quedaría zanjado por el momento. La diablesa no olvidaba fácilmente, y aquella criatura se le antojaba apetecible. En un futuro no muy lejano posiblemente se entretendría con su linda cabecita.

- Oh, vaya. La educación no ha muerto, al fin y al cabo...- Suspiró entre aburrida y sarcástica. Lanzó una mirada en derredor y captó la imagen frente a la puerta de salida. Allá donde mirase, encontraba nephilim. Si al menos adornaran las paredes con sus restos... - Vince, déjalos marchar si así lo desean. Aquí no mantenemos a nadie contra su voluntad. Jueguen con su mente si les place, solo recuerden que es mortal y lo quiero de regreso. - Que se lo llevaran, no iban a sacar de él mucho mas de lo que ella estaba dispuesta a contar.

Hizo un gesto a la joven licántropa que se hallaba tras la barra y que lucia un tanto desconcertada con la visita de los nephilim, pero no dudó en captar la demanda de su jefa y le sirvió una copa diligente. Lía la tomó cuando se la sirvió y no dudó en sentarse cómodamente sobre un taburete con las piernas cruzadas sobre los tobillos. El codo descansaba sobre la pátina reluciente de mármol negro que recubría la barra mientras bebía con la parsimonia. Un sorbo apenas, nada que indicara un tremendo estrés nervioso. Incluso se permitió lanzar una risita airada a sus interlocutores.

- Jefferson. - Musitó al bajar la copa y humedecerse los labios. - Por supuesto que lo conozco, y me aventuro a afirmar, sin temor a equivocarme, que ese es el motivo que les trae hasta aquí. ¿Cierto? - Lía tomó entre sus dedos el palillo que atravesaba la aceituna de su bebida y se la llevó a la boca, saboreando el martini al tiempo que se tomara su tiempo.- He pasado las últimas semanas fuera debido al tiempo y demás inclemencias atribuidas por diversos asuntos personales. El club se ha mantenido cerrado tras lo ocurrido, aunque, por supuesto, mi personal de seguridad me ha mantenido al tanto de los hechos.
La última noche que lo vi mantuvimos una charla. Ahí mismo, sentados en aquella mesa.
- Señaló con un gesto de su barbilla. - Discutimos, bien es cierto. Ambos teníamos diferentes puntos de vista respecto al asunto que llenó la conversación, y creí que lo mas sensato fuera zanjar ese asunto lo antes posible. Así que me reuní con él aquí con la intención de terminar la aventura que habíamos mantenido en los últimos tiempos.
La mujer dejó la copa sobre la barra, y después volvió a centrar su atención sobre ellos.

- Bien es cierto que cada uno toma sus propias decisiones, y el sin duda tomó la suya.
Veía el mundo de las sombras, como muchos mortales, y era consciente en todo momento de lo que hacía. Bueno, siempre y cuando no estuviera ebrio...
- Musitó con un ademán de su mano.-Siempre se mostró problemático. No me sorprende el final que ha tenido y se sin lugar a dudas que esa noche bebió mas de la cuenta, así como que no se tomó demasiado bien mi rechazo.- Finalmente, guardó unos segundos de silencio, especulando sobre el impacto que pudieran tener sus palabras. La mentira formaba parte de ella, tanto, que se entremezclaba con la falsa realidad que ella misma quería mostrar- ¿Acaso el hecho de romperle el corazón a un mortal me convierte en sospechosa? - Preguntó inocentemente lanzando una mirada inquisitiva a la muchacha que había hablado.
La asesina de hadas, la cazadora de sombras que escondía su secreto bajo aquella actitud zalamera con la intención de enterrar hondo sus sentimientos.
Ningún secreto escapaba a la mirada calculadora de la diablesa, ninguna palabra era emitida con total inocencia, por mucho que así pudiera parecer.


aviso importante:
Para el CORRECTO DESARROLLO de la trama general, es imprescindible que la esencia demoníaca de la diablesa pase DESAPERCIBIDA y sea IMPOSIBLE de detectar. SIN EXCEPCIÓN.
Salvo que los hechos contradigan la condición indescifrable de poder que aparentemente posee, su aura emite unas cualidades semejantes a las de un HADA.

*NADA hace pensar que se trate de un demonio mayor.*


*Recordad que los sensores resultan inútiles. El lugar está impregnado de energías demoníacas.



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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Jue Abr 18, 2013 11:08 am

Bien, ya podía notificarlo, aquella hada estaba en el cuaderno de gente que detestaba. El hada lo firmaba con su particular tono de voz tan agradable, como que golpearan la cabeza con un bate de beisbol.- “La tierna inocencia personificada y yo soy el conejito de pascua” –satirizó absorta en las voces del resto, sin quitarla el ojo de encima – “¿Por qué tengo que lamerla el culo? ¡Ah sí! ¡La misión! Grandiosa manera de relajarse después de un maravilloso día: Con una preciosa migraña y un hada con aires de diosa ¡Genial!” – recapacitó para sus adentros frunciendo el ceño. Tronó los dedos sobre la chaqueta de cuero, dando gracias que hiciera ruido y resultara incomodo para ella. Estar ante esa hada de belleza arrolladora hacia germinar lo más frágil de sí misma, la oscuridad que tanto ocultaba. Aquella que durante años no se manifestó ahora exigía su trono, del que no estaba dispuesta su cordura, a bajarse. Charlie la interrumpió y dio en parte ciertas gracias, aunque no pretendiera ser formal ni cortes. La mirada hacia ellos, era la habitual: los hijos de Raziel eran solo soldados que provocaban solo con su existencia, al resto de las razas. La bilis la corroía sus entrañas cuando esa mujer la contemplo por encima del hombro. No la soportaba, y menos quería permanecer tiempo en la misma estancia con ella, pero tenía una misión de por medio, y la iba a cumplir se pusiera como se pusiera.

Casi le entra la risa, una carcajada un tanto insólita. “¿Ellos habían provocado todo? Si la gente no tratara de ocultar secretos que no estaban de acuerdo con las normas, o quizás preferían mantenerlos en el olvido, no tendrían que huir para ocultarlos”. Como la enternecedora escena de alimentación en directo desde los reservados, en los que gentilmente sintió todas las mordidas de la bailarina en su propia piel. La nephilim recordaba la manera de proceder de cada uno: Habían entrado uno a uno, e interrogando a algunos tratando de disimular lo mejor posible a falta de glamour que les sirviera para ocultar una tapadera. Si habían salido espantados, quizás había sido aquella alarma de incendios que los hizo huir como si fueran la plaga.Exacto, es la razón. – celebraba que aquel diminuto cerebro de hada llegara a tal conclusión. Adrianna estaba del mejor humor que podía tener con una migraña en su cabeza, chocándose contra el muro que aquella mujer representaba. - ¿Jefferson y usted mantuvieron una relación? – Trataba de guardar una distancia con el hada, pero aquello le resulto relevante. Un rechazo amoroso, podía llevar a hacer las mayores locuras que pudiera imaginar. – Discúlpeme que la interrumpa señora Gavianni ¿Como actuó después de su rechazo, algo que jamás hubiera visto de su conducta? ¿Supo a donde fue tras su ruptura? ¿Alguna vez hizo algún ademan que le llevara a sospechar?

El malestar estaba retorciendo su mente mientras ella trataba de mantener la compostura y hablar como si nada la ocurriera. Podía llevar al absoluto delirio, no obstante llevaba entrenándose desde niña, para padecimientos aún peores. Aquello solo era como una migraña, necesitaría más de ocho horas y dormir lejos de cualquier ruido en la oscuridad. - “¿Algún brote psicótico? ¿O sádico inusual, más allá de estar con usted? ¿Le vio bebiendo sangre de rata o aullar a la luna después de acostarse con él? ¿O tratar de volar vestido de hada con un taparrabos de hojas? ¿O simplemente le dio de comer y lo bañó, después de las doce?” – inquirió su instinto un tanto sarcástico. Ese humor la acompañaba a donde fuera, y dado que era políticamente incorrecto, lo mantenía oculto, al menos ya que el hada demostraba que no le simpatizaba su particular sentido del humor. Prosiguió escuchándola, y las nauseas emergieron en la boca del estomago, cuando oyó aquella frase, pero devolvió el contenido al interior del estomago y respiro hondo. – Creo que se equivoca de sección, nosotros no somos tiernos y diminutos querubines, no venimos a reclamar un corazón roto señorita Gavianni. Venimos por la sospechosa muerte. – replicó dispuesta a un segundo enfrentamiento, no sabía aun el porqué. Quizás esa esencia desataba su ira, o la mujer en sí. Se llevo la mano al mentón y comenzó a caminar. – Déjeme decirle algo. Está al tanto de que el señor Goldsmith haya aparecido muerto en un callejón. Pero quizás desconoce, la razón de visitarla. Y es que el cuerpo tenía una leve, diminuta particularidad, pero no se ve habitualmente: tenía los órganos internos incinerados, puede llamarme quisquillosa, pero esa muerte es un tanto peculiar. Y siendo usted dueña del local donde convergen todos los seres sobrenaturales, quizás alguno de sus clientes se divirtió más de lo permitido. –se detuvo en la mitad de la pista tomando la voz cantante, si el hada quería matarla, que fuera a ella, asumía todas las responsabilidades y consecuencias de sus actos. - Solo queremos que responda a nuestras preguntas, y nos largaremos antes de que usted pueda quejarse de nuevo. Creo que es un trato perfecto, todos salimos ganando.- ofreció totalmente sincera, aunque estuviera más concentrada en guardar las formas que tanto había perdido al parecer. Y que por lo visto no era la única, que estaba en el borde.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Jue Abr 18, 2013 5:22 pm

Si pudiese definir al ser que está plantada en frente mía como un animal, sería sin duda como un gato a punto de saltar. Su actitud me resulta cuanto menos curiosa porque es como si la irritásemos a niveles insospechados y solo se contuviese de atacarnos por ser tan numerosos o por vete tú a saber por qué. Su aura que desprende un intenso -e incluso mareante- hedor a hada me entra por la nariz y me marea por un segundo. Temo por un momento perderme algún movimiento o gesto suyo, pero para mi suerte se mantiene quieta, erguida, desafiante. A mi lado puedo sentir la tensión de Adrianna y los demás como una olla a presión mientras mi mano, que tiene asida el cuchillo serafín, lo aprieta con fuerza. Por un instante creo que no va a responder, pero gracias al Ángel, tras beber un sorbo de vino, comienza a hablar.

La escucho hablar y juguetear con su copa mientras intento analizar cada movimiento por minúsculo que sea, con la intención de evaluar su comportamiento e intentar preveer sus reacciones. Si mi instinto no me falla, no atacará si no se ve en peligro. Como toda buena hada. Aprieto los dientes; odio luchar contra estas malditas criaturas, son increíblemente impredecibles y sus cabreos adquieren proporciones épicas.
Su actitud más que revelarme algo, me deja totalmente desarmada y es cuando caigo en la cuenta de un detalle importante: es un hada. Una jodida hada. No puede mentir con lo que está diseñada para disfrazar las verdades; no va a sudar si omite algún detalle como hacen los mundanos a los que me enfrento casi a diario.

Abro la boca para responder pero mi compañera se adelanta y decido cerrarla. No quiero volver a interrumpirla, al fin y al cabo me conocen de dos días y pese a que granjearme simpatías ajenas me importe más bien poco, si quiero que me salven el culo en caso de necesidad tengo que dejar de parecer una entendida en el tema, así que me limito a escuchar. Las tres primeras preguntas que formula, no están del todo mal y pese a que debería de hacerlo todo un poco más ceremonioso -tal y como a las hadas les gusta- entiendo que la situación y la tensión te hagan querer dejar de ir como un perrillo faldero detrás de una criatura inmunda. Sin parpadear, intento descifrar la actitud de la tal Lía Gavianni frente a sus respuestas y como no consigo ver nada más allá de una máscara de perfecta cortesía impuesta por unos modales absurdos, volteo la cabeza para ver si la bruja a la que entrevisté antes da indicios de que siga dentro. Nada.

Doy un suspiro y giro la cabeza en dirección al bellezón encantado que tengo enfrente cuando descubro con un cierto resquemor de pavor que Adrianna avanza hacia ella. Está en mitad de la pista y todo en su actitud dice algo así como "si vas a matarnos, comienza por mí". Por primera vez en muchos años noto la llamada de la sangre y la mano que mantiene el cuchillo en la chaqueta amenaza con romperlo, porque por primera vez en años algo me preocupa y no soy yo. Es Adrianna. O más bien, son mis compañeros. La gratificante sensación de pertenecer durante un instante al grupo de nephilims a mi alrededor, dispuestos a dar la vida por la causa, se acalla de inmediato por algo más apremiante: la necesidad de la verdad.

-Señorita Gavianni- le digo desde mi posición; no quiero moverme porque quiero estar cerca de la puerta del baño- le ruego escuche la petición de mi compañera. Solo necesitamos saber qué pasó con el señor Goldsmith, por qué estaba destrozado por dentro.

Doy un par de pasos, aunque sin acercarme a la altura a la que está Adrianna. Con ojo clínico calculo la distancia y angulación en la que me encuentro por si tengo que lanzar el cuchillo que tengo en la chaqueta a la despanpanante mujer que nos mira con aires de superioridad.

-Creo entender que los mundanos sufren por amor, pero no a un extremo tan radical ¿cierto?- le sonrío divertida- ya sé que dicen que hay amores que matan, pero lo que sentía Goldsmith fue demasiado, y su estado no nos convence. Por lo que díganos ¿sabe si alguien quiso alguna vez hacerle daño? ¿si alguien se sintió despechado por su rechazo como para hacerle eso? Si Goldsmith estaba interesado en usted, quizá descartó a alguien que clamó venganza.

Me relajo en posición y cambio el peso del cuerpo, esperando respuesta. Quién sabe si mi bizarra experiencia como detective mundano sirve de algo en estas situaciones.


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Alexandre Gavianni el Dom Abr 21, 2013 11:33 pm

ADVERTENCIA:
El siguiente post tiene contenido que podría entrar en la categoría +18 por su nivel de violencia y referencias sexuales. Leedlo bajo vuestra propia responsabilidad. En caso contrario, el último párrafo debería de bastar para conocer las acciones del personaje en escena. La lectura de lo demás NO ES OBLIGATORIA.

Pálida piel, ardiente como lava al tacto mundano. Como magma incandescente que reduciría a cenizas el mundo a su alrededor. Piel tensa sobre la musculatura definida y torneada de un adonis de espaldas anchas y firme abdomen, de un hombre caprichoso y sádico que gozaba segundo a segundo cada instante de perversión. Los orbes de un demencial azul eléctrico brillaban con lascivia ante la anticipación, ante el febril anhelo en el que terminaban todas sus ensoñaciones y su sed. No. El inmortal jamás se hallaría satisfecho. Nunca sería capaz de saciarse de las delicias truculentas y perversas del mundo terrenal. Manjares como las frágiles féminas que, en un arranque de atípica inocencia, su dama oscura le había cedido en ofrenda. Una mirada indescifrable surcó el impenetrable mar zafiro y de inmediato una sonrisa triunfal e irónica tiró de las comisuras de sus labios. “Inocente” apenas y podía recordar el momento y el lugar en el que le había arrancado a su hermana cualquier atisbo de esa emoción tan ridícula. Ahora, el término se le antojaba de pronto apropiado y atronadoramentee preciso. Sin reparos lograba trazar en su mente todas las atrocidades que aquella esperaba que ejerciera, la lista infinita de mutilaciones y torturas a las que imaginaba que sometería a sus pequeños y dulces tributos. Arrancarles la piel, extirparles las tripas, moler huesos inútiles y obligarlas a rogar por más castigo mientras las mantenía con vida, observando el despojo inhumano y deforme en el que se transformaban sus aterciopelados y frágiles cuerpos frente al espejo. Sí. La idea tenía en sí una faceta que resultaba atrayente en sí misma, la rodeaba un aura de familiaridad lejana. Quizás lo hubiese hecho, en otro tiempo, en otro lugar. Sí. El Alexandre que la diablesa conocía hubiese deshecho pedazo a pedazo a las dos mujeres sin pestañear, quedándose corto pronto y necesitando de un harem o un ejército entero con el que continuar su infantil juego de perversidad. Viejos tiempos. El gusto del señor de la destrucción había evolucionado bastante en siglos de algo que incalificable como “abstinencia”, perdido en la espiral ascendente de años de rendición a su más básica naturaleza demoníaca y entrega al veneno negro que corría ardiente por sus venas.

Placeres crueles... consumiendo a su paso cualquier vestigio de humanidad de las sumisas criaturas, obsequio de su hermana. Mundanas que se perdían bajo el tacto de sus ávidas manos, lo recorrían avariciosas, arañándolo y pegando a él curvilineos cuerpos perdidos por el más crudo deseo carnal. La sangre palpitaba en sus oídos, abrumadas por la desnudez del varón, expuestas y receptivas a sus caricias y agresiones. Embriagadas. Sedientas de más del elixir prohibido por el que sus cuerpos gemían y se retorcían sin parar. Con deleite infernal gruñía el inmortal, satisfaciéndolas indistintamente a la una y a la otra hasta llevarlas al borde de la locura, autoflagelándose la piel e incitándolas a que bebieran, a que lamieran y chuparan de su cuerpo hasta la última gota de sangre adictiva y peligrosa. Arrasar el infantil miedo, reducir a cenizas esperanzas y sueños, destruir sin piedad cualquier atisbo de identidad. Invisibles lenguas de oscuridad lamían los cuerpos en llamas, emponzoñaban almas corruptas y dóciles, entregadas de buena gana al amo de aquel espectáculo de lujurioso horror. Profesaban amor y juramentos insanos, alegando fidelidad entre súplicas y lamentos por más, más y más de lo que sus cuerpos serían capaces de tolerar. Entonces lo azotó. Aquel ramalazo de celos corrosivos proveniente de la única mujer en la que aquella emoción era permisible, incluso tolerable. Cólera. Cólera destructiva y cegadora bulliendo en el torrente sanguíneo de quien por siglos había sido un ícono distante y cruel, burlándose de su impotencia en la lejanía.
La ira espesa y sanguinaria bullía con ferocidad por las venas del señor de la destrucción, azotando violentamente con cada latido, intensificándose por cada nimio y sutil pensamiento que surcaba su conciencia perturbada. Así la asesina ferocidad de una bestia carnicera estrujaba los músculos del predador, corría por su columna con la atroz potencia de la tormenta que azotaba el mundo. Odio. Odio en su estado más brutal e insano, odio sin razón ni sentido contra aquella diablesa a quien su amor profesaba. El descontrol de Lia disparó una imparable oleada de rabia ante la súbita interrupción de sus juegos, y, a la vez, lo excitó hasta límites sobrehumanos.

La sangre más espesa bullía por sus venas, crepitaba a merced de la ira prisionera y anhelante que contra los barrotes de su mente se precipitaba. Así había sido desde el momento en que la encontrara, una tortura constante e intensa que amenazaba con desgarrarlo desde dentro y reducirlo desgravado despojo. El amor ha matado más que cualquier enfermedad y condenado a la barbarie infinidad de puras almas. ¿Qué podía hacer entonces con Alexandre, un desgraciado hundido por los siglos de los siglos en su propia y autodestructiva demencia? Algo en su dama oscura drenaba de él un raciocinio ajeno desde el inicio mismo de los tiempos, dejándolo abandonado ante su más febril instinto carnal. Y aquel impulso apremiante que mil veces y otras mil más envolvía la pieles de los hermanos en una espiral de pasión ascendente, a cada instante gruñía con más ímpetu por arrancar pedazo a pedazo de ella la vida. Su corazón negro y ajado latía por el supremo deleite de partir sus costillas, de sentir la trémula carne palpitante entre sus fauces cerradas. La luna caprichosa y cruel que por siglos había abandonado la oscuridad de su cielo sin estrellas había sido ya vilmente opacada por la cruda magnificencia de las nubes de tormenta. Relegada a un plano secundario más nunca olvidado ante los ramalazos de intenso poder oscuro que azotaban con fiereza la anatomía del varón. Siglos y siglos de lejanía habían transmutado al demonio en un monstruo, emponzoñado su nula humanidad ante la ausencia del objeto de sus deseos. Y por tanto tiempo había anhelado la presencia de Lía que poco se había parado a considerar si aún la necesitaba como la había necesitado tiempo atrás. Si aún precisaba de su compañía más allá de desearla con desesperación, de rugir ante el morboso placer de deshacer el femenino cuerpo entre sus brazos.

En lo más hondo del alma inmortal La Oscuridad maquiavélica y viciosa se retorcía y serpenteaba, cerniéndose sobre sus huesos con el agarre firme y gélido de una boa. Aquella sombra vil que tiempo atrás Alexandre había creído tan solo una extensión de su necesidad, era vista ahora como una auténtica y amenazadora presencia. La consorte gruñía ante la cercanía de la hermana, siseaba con creciente molestia, nublando el juicio ciego del hombre condenado y arrastrándolo al abismo de la locura y la demencia. El demonio no lograba discernir donde su propio desprecio se fundía con el desdén frío de quien habitaba su subconsciente, dama corroída por los celos de una esposa traicionada. Sin embargo cada día se disipaba un tanto más la nebulosa infernal que por milenios ocultase a tal magnífica criatura de su conciencia, tal insolente desconocimiento que lo privase del deleite de la aterciopelada voz. Solo henchido en el elixir empalagoso de la vitae de su diablesa era capaz Alexei de escuchar la voz susurrante y pérfida de La Oscuridad. Y aquella le hablaba, siseaba palabras inteligibles para cualquier mortal y órdenes imperiosas que debían de ser acatadas. Era ella el verdadero mal nacido en las pútridas entrañas de las dimensiones demoníacas, ente presente en cada criatura de las sombras y consciente en él gracias al don de la diosa.

“Siete sellos” acariciaba sus sentidos la sombra más cruel, “Siete sellos” repetía ansiosa quien sus huesos rompía, “Siete sellos” el mandato sublime de La señora de las pesadillas.

Y tras el paso del demonio Frimost, aquel al que precede una estela de odio, espanto y ruina, aquel que extermina la paz y el remanso, aquel que desencadena el viento y las tempestades sembrando el desastre en mundo a su merced, una extensa telaraña de intrigas y sombras se extendía, oculta por la más engañosa de las presencias divinas.

Ira. Pecado capital que incineraba cualquier atisbo de fría conciencia. La necedad, el tedio y el oscuro deseo de robar sin remordimiento más de un placer clandestino. Eran estos y no otros los hilos que tiraban del demonio de la destrucción, nutridos por la fuerza de su sangre maldita. Sangre. La cúspide en la que todas sus ensoñaciones retorcidas alcanzaban un glorioso final. El adictivo líquido ennegrecido que fluía a raudales por sus venas y ataba con firmeza decenas de existencias condenadas. Oscuridad. Su consorte y su musa, tan presente y necesaria como el aire para respirar.

La ligera distracción de aquel par de bailarinas había sido, sino arruinada, al menos considerablemente estropeada. Los resquicios de mujer que su amante había dejado atrás ni siquiera eran merecedores consideración, no más que dos recipientes vacíos, el uno muerto y el otro profanado por completo. No negaba el regocijo que aquel espectáculo salvaje había generado en él, la oleada de ansia y pasión siniestra que la visión de la rubia fémina despertaba. Sin embargo, conforme el regusto de que algo ya probado se repetía, los celos insípidos de su mujer comenzaban a antojársele aburridos y abrir las puertas a la risa afilada de La Oscuridad.

“Sé bueno” ronroneó la amante antes de desaparecer de su presencia, deslizándose entre los pasillos con la etérea divinidad característica de la Diosa. La ironía en tales palabras se desprendía de cada sílaba, goteaba como el icor negro que fluía bajo su piel y se deslizaba febrilmente por sus venas. Bondad. Como si una criatura como él fuese capaz de atisbar siquiera el significado absurdo y abstracto de tal cosa.
En los orbes gélidos del demonio el desdén se arremolinó, dilatando oscuras pupilas. Los labios se tensaron en un línea prieta y el ceño fruncido en aquel cuerpo pétreo e inmóvil no era más que una nimia representación de la caótica furia que crepitaba en su interior. Esta dimensión se había quedado repentinamente pequeña y escasa de recursos para abarcar la inmensidad de la furia incontenida de tal fiera. Interrumpida no una sino DOS veces, tras el descaro de su mujer.
Oh... Lía pagaría con creces el haberlo dejado a medias. Gruñó ponzoñosa y seductora por partes iguales la ronca voz en su mente, asaltando la conciencia de su hermana sin aviso ni permiso alguno. Una promesa y una amenaza implícita, cargada del deseo primitivo y hambriento que sólo pertenecía a Alexei y jamás se saciaría. Las bombillas eléctricas del club estallaron al unísono, echando chispas y disparando en todas direcciones fragmentos de cristal fino y delicado. El hombre masculló algo inteligible, alzándose en todo lo que su metro noventa le confería, con el cuerpo inmaculado y violentamente pálido perfilándose en el sutil resplandor restante.
A sus pies, aún restaba uno de sus anteriores tributos, una mujer que su hermana había reducido a la altura de un mono aullador en su ataque de celos de lo más perturbador y erótico. Poseía un timbre de voz demasiado agudo, demasiado chillón para un hombre que desconocía la paciencia y que se encontraba enfurecido a más no dar. De un tirón la atrajo hasta su cuerpo, pegándola a él. La tremula carne respondió inmediatamente, recobrando el deseo imperioso de tocarlo, de servirlo y complacerlo como fuera. Las garras del demonio tiraron de la maraña de pelo castaño, atrayendo hasta su boca los labios anhelantes del despojo patético que supo ser una mundana. Y ella respondió desesperada y avariciosa, enredando su lengua con la de un ser que no dudó en clavar sus dientes y arrancársela de un tirón para que cesara con aquella insufrible perorata. La criatura se mostró gustosa y agradecida mientras luchaba consigo misma para no morir ahogada en su propia sangre.
Complacido, su señor esbozó una sonrisa morbosa y tirante.
— Ponme los pantalones. — Ordenó con gesto indescifrable mientras la diversión más pura refulgía en la profundidad de sus ojos claros— Ahora.
Torpemente Emma corrió, tropezándose con sus propios pies en un par de ocasiones, gateando por el piso al notar algunos huesos rotos, sacudiéndose espasmódicamente para evitar las arcadas que el gusto férreo de su propia sangre despertaban. Nada le importaba más que cumplir la orden, más que acatar el mandato que le fue encomendado. Se hizo con los jeans gastados y viejos. Subiéndolos parsimoniosamente por las piernas torneadas del único objeto de sus deseos, asentándolos sobre los muslos desnudos y procurando abrochar los botones. Permanecer concentrada jamás le había parecido un ideal más inalcanzable en toda su mundana vida.
— Buena chica. —comentó Alexandre, con un dejo de sorna asomando en su perversa voz— Ella será tu recompensa. Devórala entera.
Con un ligero e innecesario gesto con el mentón el cuerpo inerte de Mel fue señalado. A su hermana. Su señor le daba el honor de consumir los restos de su hermana. ¡Un honor! ¡Un privilegio! Y gimiendo extasiada se arrastró la desgraciada criatura hacia la otra, tan perdida en su deseo de complacer que hizo aún lado cualquier atisbo que pudiera prevalecer de su conciencia u anterior moral. Se encontraba mordiendo y tironeando de la carne de la persona a la que más había querido en el mundo, de la única que le había importado antes de que el más perfecto de los caballeros oscuros apareciese en la ecuación. Y amaba tanto a Alexandre, amaba tanto a su señor... ¡Y él la amaba a ella! ¡Por eso la dejaba consumir la carne, las viseras y los órganos de su hermana!
Vaya y era una imbécil ilusa, rio complacida La viperina Oscuridad, retorciéndose en el fondo de la conciencia del varón, lamiendo el cuerpo de la criatura conforme dejaba atrás su humanidad para convertirse en algo más. En algo nuevo, poderoso y demencial.
Sin embargo él se encontraba ya aburrido, aburrido y atraído hacia la planta inferior por la creciente cólera proveniente de la mente de su hermana. Y las palabras... cada cosa que salía de la boca de esos jodidos cazadores de sombras no se le antojaba más que una invitación a arrancarles uno a uno la piel a tiras. La diversión y la molestia, la cólera y la sinrazón. ¿Sabía diferenciar la fina línea que las distanciaba? Segurísimo que no. Nunca lo había hecho y estaba seguro de que no comenzaría ahora.

Cada paso marcado y sobrio hizo eco en espacio inmenso de la estancia casi vacía. Los peldaños indefensos de la escalinata vibrando con temor bajo su peso, el cielo negro gruñendo gustoso ante su imponente presencia. El torso desnudo y pálido brillaba, perlado por sudor hirviente que remarcaba cada hendidura en su abdomen, cada fibra muscular explícita y firme, desde los brazos torneados que chorreaban cálida sangre roja hasta la espalda ancha y resistente. Con soltura caían los jeans viejos y gastados sobre sus caderas, abrochados los botones solo a medias y sin cinturón que los sostuviera.
— Hum...— comenzó a decir, chasqueando la lengua, una vez su arrebatadora presencia inundó la sala y colmó de todos la atención. Parecía divertido, juguetón inclusive, negando la cabeza con suma paciencia— ¿"Despechado"?... no. Increíblemente cabreado se acercaría más al término que buscan. —añadió descendiendo unos peldaños, cargando de una intensidad insana cada una de sus palabras— Si algún otro pusiera sus torpes y mundanas manos sobre mi mujer, creedme, limitarme a incinerarlo desde dentro hasta fuera sería lo mínimo que haría.
Y sus ojos fieros fulminaron a la joven Adara, destilando lascivia y un interés casi que demasiado obvio.
— Bueno, al menos en un buen día.
Y con esta última frase, Alexandre se hincó de hombros, restándole la importancia del mundo a lo dicho.

Menos de un minuto más tarde la noche sería partida por más de un desgarrador alarido. Pues en silencio, El señor de la Destrucción elevó a sus pequeñas mascotitas un más que dulce silbido.
“Matad a todo el que salga, mis niños”


El aura del personaje:
Al igual que Lia Gavianni, la sangre de Alexandre no es plenamente demoníaca, está mezclada con sangre de Diosa. Esto hace que posea un aura difícil de calificar como estrictamente demoníaca a menos que caiga en un exceso y comience a hacer despilfarros de poder. De buenas a primeras, su aura se PARECE MUCHÍSIMO a la de un CABALLERO HADA.


Peligro de Vida:
Os encontrais delante de un demonio mayor, aunque vuestros personajes no se percaten de ello. Alexandre Gavianni es una criatura impulsiva y de carácter voluble, tenedlo en cuenta como USERS. Tomar una acción directamente ofensiva contra él implicará que acepten la POSIBILIDAD de mutilación, heridas de gravedad, pérdida de capacidades motrices y la inminente muerte. Todo esto lo decidirá la cuenta Rol Master en concenso con los stats de cada usuario, pero ATACAR IMPLICA QUE ACEPTAN LA POSIBILIDAD DE QUE ESTO LE SUCEDA A VUESTROS PERSONAJES. Os ruego lo tengais en cuenta. No tomaré acciones radicales para con nadie sin su consenso, pero tampoco puedo modificar la naturaleza básica del personaje. Por dudas dirigiese a mi directamente por mp.


Apariencia:
El cuerpo de Alexandre está inmaculadamente limpio a no ser por las manos, de las que gotea sangre mundana. Sólo viste unos jeans.


The Lord of Destruction
La luna nueva dejaba un vacío en el cielo nocturno, la ilusión de la pérdida de aquello que aún sigue allí. Una luna traicionera y mentirosa, una luna cruel que abandonaba a su suerte a las criaturas perdidas en la oscuridad de la noche de un cielo sin estrellas.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Ankhiära K. Trejžtiakova el Lun Abr 22, 2013 10:53 am

La susodicha respondió; aquel ser que tanto parecía gratificarse con juegos de palabras, ojos mentirosos y una lengua viperina. Ankhïara estaba casi segura de que si le cortaba aquel miembro, un chorro del veneno más puro y corrosivo saldría de allí y acabaría con todo lo que pillase a su paso. Cada una de sus palabras, cada uno de sus gestos...no despertaban más que aversión en la joven cazadora, procurándole una sensación de hastío y desagrado sólo por estar allí. No confiaba en ella pues veía la controversia en sus ojos como lo estaría en los de cualquier hada que se precie, al igual que aquellas irresistibles ansias que parecían poseer por marear las palabras y crear mentiras de una absoluta verdad. La sensación de que algo iba mal no hizo más que aumentar paulatinamente, al compás de las palabras emitidas por la jefa de lugar; mas pronto se dio cuenta la Sombra de que había algo más. No sólo era hastío hacia aquel mal de cabellos dorados, sino que algo fallaba al otro lado de la conexión de parabatai y, con desazón, se dio cuenta de que hasta el momento ésta había quedado oculta tras la primera. Se concentró en la conexión, tratando de adivinar qué diablos pasaba, y agarró aire con tanta fuerza que el pecho le dolió, amenazándole con estallar la próxima vez que se le ocurriese meter tal cantidad de oxígeno de improvisto.

La conexión empeoró a una velocidad tan pronta que Ïara estuvo a punto de asfixiarse, sintiendo cómo le faltaba el aire y como un temor capaz de detener treinta trenes se formaba en su garganta, formándole un nudo que le impedía hablar. La ballesta que reposaba en su espalda se hizo pesada súbitamente, reclamando a la cazadora que lo agarrase y se pusiese manos a la obra. Pero no podía irse de allí en medio de una entrevista. No podía. Ni debía. Y sin embargo la conexión tiraba de ella con fuerza, casi instándola a mover los pies con la mayor pronteza posible hacia su hermana en la lucha. Su voz pugnaba por salir, atravesar sus labios y tomar forma en el ambiente con fuerza, pero en su lugar un leve murmuro ahogado fue lo único que reinó, probablemente pasando desapercibido a oídos de los presentes. – Disculpadme. – Ni siquiera supo bien qué había dicho en el momento en el que lo pronunció, había sido una pequeña parte de ella la que hablaba, pues el resto estaba concentrado en poner un pie delante del otro con aparente calma, a pesar de que todo su cuerpo parecía temblar y el suelo abrirse y tragársela para siempre. Mas eso no sucedió, y sus pasos temblorosos la guiaban hacia la puerta. Apretaba sin darse cuenta las manos en puños, con tanta fuerza y desesperación que no tardaron pequeñas heridas en tomar lugar en su palma, sin que ni siquiera aquel pequeño dolor consiguiese despertar a la Sombra del trance en el que estaba sumida. Acarició a Cariel, que pendía en su cinturón, dispuesta a arrojárselo al cuello a cualquier ser o criatura que le impidiese llegar hacia su meta. El recorrido parecía eterno, aunque en realidad sólo estaba cruzando la sala principal donde se estaba celebrando la entrevista, reunión o como se le quisiese llamar; sus pies querían echar a correr al lugar, pero una parte aún intacta de nephilim la obligaba a no hacerlo, a seguir con la apariencia de normalidad. Alertaría a todo el mundo si saliese de allí como alma que lleva el diablo. Qué ironía. Cuando un pie ya había cruzado el umbral de la puerta de la sala, alguna parte de Ïara escuchó unos pasos y una voz masculina, pero su cerebro omitió aquella información y la guió por un pasillo, -¿o era un salón?- hacía el lugar que su vínculo le dictaba. Allí encontró a tres personas. Pero dos de ellas ni siquiera ni siquiera recibieron la atención necesaria de la Sombra como para que esta dedicase una fútil mirada hacia sus rostros; toda su atención estaba puesta en la joven que se apoyaba contra uno de ellos. Cuando hubo comprobado que todo marchaba relativamente bien –Helena no estaba en un potro de tortura ni nada similar- lanzó una fugaz mirada a aquel que la sostenía y al que unos pasos más allá, parecía cortarles el paso con una más que palpable hostilidad. Cariel ya estaba siendo desenvainado cuando Ankhïara pudo apreciar el rostro de su parabatai. Decir que no tenía buena cara era un eufemismo tan vulgar que habría hecho reír al mismísimo Satán. Dejó a Cariel donde estaba, pendiendo en su cinturón, y con pasos que podrían describirse como algo más que prestos, se plantó delante de Helena y el otro. Su mano izquierda se aferró a su brazo ardiente, agarrándola con tanta fuerza que quizá en otra ocasión habría llegado a dolerle. Con la mano libre levantó el rostro de la joven, obligándola a mirar fijamente a los ojos ambarinos de Geist. Si es que aún veían. Lucían tan desenfocados como los orbes de un drogadicto tras ingerir una dosis considerable de ketamina. Un gruñido poco amigable se alzó en el aire, y poco después Ankhïara comprendió que había sido ella hablándole al hijo de la luna. – Como te acerques, te corto el cuello. - Instantáneamente y como una madre preocupada, volvió a centrar su atención en la joven cazadora de ojos zafiro, que parecían empañados como un cristal tras la lluvia, como cuando ella entreabría los labios siendo pequeña y dibujaba garabatos en el vaho que dejaba a su rastro. – Helena. – Casi sonó quebrada, o al menos así lo hizo a sus propios oídos; tan roto como el cristal antes descrito atravesado por un puño ansioso o un disparo cargado de dolor. – Helena, ¿qué ha pasado? – Su voz tenía, esta vez, un matiz apremiante, como si aquella joven que languidecía delante de ella y que probablemente ni siquiera podía hablar fuese a decirle qué había pasado y qué podía hacer para arreglarlo. Sin conocer la respuesta, sabía de antemano que no era algo que ella pudiese arreglar, que estuviese a su alcance; pero la estupidez propia de las situaciones extremas la movían a hablar, a preguntarle, a zarandearla levemente del brazo en un vano intento de hacer que la Helena que ella conociese volviese o se curase. – Dime qué ha pasado. – Y en su voz sonó la súplica, como la madre que le grita a su hijo muerto que debe despertar; le pedía que hablase, que volviese a ella, que le dijese que todo no estaba tan mal. Vamos, vamos, vamos, se repetía a sí misma, mientras su mano fría parecía quemarse con el contacto, tanto donde le sujetaba el rostro como allá donde agarraba su brazo. Ardía. E Ïara no sabía qué hacer para apagar aquel fuego.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Vie Abr 26, 2013 8:13 pm

En lo mas profundo de su fuero interno, Vince sabía que aquella situación degeneraría en una completamente anormal a una noche mas. Conocía lo suficiente a la propietaria del local como para saber que su paciencia en los últimos tiempos era mínima, y su carácter estaba, cuanto menos, irascible. Lo mejor para aquellos nephilim sería que terminaran cuanto antes o que habían venido a hacer y ser marcharan de allí lo mas pronto posible, por lo contrario, aquello terminaría de la peor forma posible. Pero eso era algo inevitable, casi tanto como el destino que le deparaba a todos los subterráneos.

La orden directa de Lia Gavianni llegó a él de forma automática, una advertencia que resonaba en lo mas profundo de su mente como algo difícil de rechazar. En ocasiones no podía evadir esa profunda voz femenina, odiándola y al mismo tiempo adorando la inquebrantable determinación de la misma. Gracias a ella conseguía mantener una ligera percepción de cordura en aquellos tiempos en los que sus congéneres parecían descontrolarse y transformarse en las criaturas enfermizas y ávidas de sed de sangre.

La nephilim frente a él parecía desfallecer lentamente, algo curiosamente extraño y fuera de lo común. Mientras tanto, el idiota del camarero parecía deshacerse en atenciones por aquella criatura engañosa y extremadamente peligrosa. Los humanos en ocasiones resultaban de lo mas simples y estúpidos. No es como si el fuera a desautorizar las órdenes de su jefa, pero de pronto, otra cazadora se paró frente a él, gruñendo amenazas como solo ellos sabían hacer, lo cual le costó una mueca despectiva del licántropo y un gruñido. El hombretón abrió la puerta bruscamente sin apartar la mirada amenazadora de ellos y murmuró de forma ininteligible otra orden concisa.

- Largo de aquí antes de que me arrepienta. - Su expresión denotaba las ganas que tenia de patearlos a todos, incluido el niñito de los cocktails.

Sin dedicarles una sola mirada de mas, dejó que las nephilim y el barman abandonaran el club.
Con una mirada atenta, el guardia de seguridad observó como el hermano de Lia hacía acto de presencia con los brazos llenos de sangre y una actitud engañosamente divertida. Un pensamiento de su señora llegó a él de forma casi entrecortada, y lanzándole una última mirada, cerró las puertas definitivamente tras él, atrancando la puerta principal y esperando en la calle lo que fuera a ocurrir en el interior de midnight, impidiendo la entrada o salida de quien fuera.


Resumen de los acontecimientos:
Helena, Iara y el barman abandonan el club.
El licántropo atranca la puerta tras él y se marcha. Lentamente, muchos de los hijos de la luna se dispersan por la sala, otros tantos abandonan la escena, presintiendo que algo esta a punto de suceder.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Helena Trueblood el Lun Abr 29, 2013 3:14 pm

El mundo se congeló en aquel instante. Los dedos trémulos sujetando la herida abierta, la sangre cálida y fresca goteando sobre el piso acerado, los ojos desorbitados de Ïara clavados en los suyos. No comprendía. La incomprensión bailaba por los orbes de miel y convertía el semblante preocupado e incrédulo de su joven parabatai en una máscara de lívido terror. El repiqueteo metálico de la espada hizo añicos el silencio. ¿Cómo? Preguntaba totalmente muda la niña que corría a su lado, abrumada por la conmoción de lo que acababa de suceder. Helena enfocó en ella su atención, controlando estoicamente el dolor reflejado. No era culpa de Ank, ellas siempre practicaban con cuchillos. La responsabilidad recaía en la rosa, en su mente ausente al entrenamiento. ¿En qué pensaba, distrayéndose así? Olvidando la facultad de movimiento, ajena del lugar y la situación en la que se encontraba. Ahora estaba herida, un corte limpio poco más que superficial que atravesando el abdomen de diestra a siniestra. La sangre no dejaba de manar. Sangre. Sangre de mundano, de nephilim, de hada, suya. ¿Y quién era ella? ¿Quién era la mujer que le devolvía, altanera, la mirada al espejo? ¿Cuál era la verdadera identidad de aquella cazadora que ese día cumplía los dieciocho años?

Ver su vida en retrospectiva dejaba en la boca de la rosa un sabor agridulce y la clara sensación de que un ente superior se reía a costa suya. No bastaba poner una pieza del rompecabezas en su lugar antes que otras diez volasen lejos y se desacomodasen. Quizá fuera más preciso decir que era ella una pieza en el tablero de los demás, peón de la Clave, de la reina y de los caprichos de su hermano de crianza. Nadie se paraba a preguntar opiniones ni a considerarla. A esa clase de gente le debía su lealtad. Una sola decisión había tomado a lo largo de su vida, una única y valiosa declaración que forjaría su destino con más afán que todas aquellas ejercidas a presión de deseos ajenos. Esa decisión la miraba ahora del mismo modo que la había mirado entonces, desvalida, horrorizada y aturdida. Ankhïara.
“Helena, ¿qué ha pasado?” La voz de su parabatai acarició los sentidos de la mujer, logrando enfocar la mirada fugazmente en los orbes que la contemplaban. Estaba aturdida, pero al menos conservaba la conciencia. Se sujetó un poco mejor del brazo de Eric, ya tirando de ella por una salida recién abierta mientras cerraba los ojos cansados y asentía con la cabeza de forma tranquila. Bien... Sus pulmones bramaban por aire, lo requerían con urgencia. La piel ardiente como el desierto del Sahara veneraba la correntada de gélido invierno que le envolvió el cuerpo y la mente turbada a penas y lograba discernir palabra alguna en aquel tumulton de mundanos y subterráneos. Focalizando su atención solo en uno de sus brazos, Helena guió la mano de Ankhiara desde su piel hasta la cintura, posándola sobre la estela que guardaba allí. “Iratze” pronunció con los labios suavemente, sin emitir palabra, temerosa de abrir los ojos y perder el equilibrio. La runa curativa era exactamente la morfina que necesitaba, aquella que la había mantenido andado todos estos días mientras los efectos del polvo de hadas se desvanecían poco a poco, depurándose de su sistema. La paciencia sería el único remedio a largo plazo, pero ahora, el curso de acción era claro. No tenían demasiado tiempo.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Lia Gavianni el Lun Mayo 06, 2013 9:15 am

On cold wings she's coming
You better keep moving
For warmth, you'll be longing
Come on just feel it
Don't you see it?

And when she whispers
Your blood shall run cold
You better hide before she finds you
Whenever she is raging
She takes all life away
Haven't you seen?
The ruins of our world?

~~~~~~~~




En cuestión de minutos, aquellos nephilim habían despertado en ella tal cantidad de espesa cólera irracional, que a poco estuvo de perder los estribos. Algo que no iba particularmente con su carácter frío e inherente, pero a pulso parecían ganarse la ira de la diablesa. La fragilidad que suponía su paciencia convertida en podrida exasperación y tedio, un desdén incontrolable por cada minúsculo e insignificante pensamiento de aquellos mortales, que llegaba a ella y parecía abrirse paso entre la bruma irracional de su mente, filtrándose en su cabeza al igual que el molesto zumbido que producían los insectos excitados, evocando los momentos previos a devorar la carne infecta y podrida de un cadáver en pleno estado de descomposición.
Una imagen que para la diablesa podría resultar atractiva y embriagadora, ahora eclipsada por las ansias de destrucción y ruina que se adueñaban de sus instintos mas primarios y básicos.

Sus ojos acerados, fríos y duros como el hielo, se clavaron sobre la primera de las nephilim como cuchillas. La empatica que tal alarde de adoración le profesaba parecía ser presa de aquel humor, destilando el tono irónico y cínico que le provocaba rodar los ojos mentalmente por lo simple de la misma. La diablesa ya había desgranado el hilo de sus pensamientos mas profundos, creyendo hallar un diamante en bruto en aquel océano de mentes excepcionales, pero en aquellos instantes carentes de imparcialidad, se le antojó una criatura pusilánime e insignificante como cualquier otra, una molestia que le desagradaba sobremanera y a la cual le daría el gusto de convertirse en el objeto de su arrebato.
Lía la observó con el rostro ladeado con una ligera expresión altanera.

- ¿Relación? - Escupió casi como si la simple palabra fuera veneno en sus labios. Una carcajada carente de humor siguió a aquella pregunta cargada de escepticismo, y tras unos instantes mas de evidente regodeo, continuó, desdeñosa.- Él me aportaba placer y un entretenimiento que va mas allá de lo que alguien como tú pueda llegar a alcanzar jamás a comprender. - Aunque se negara a admitir que lo que había sentido minutos atrás bien podría considerarse una aproximación efímera de lo que ansiaba con tanto ahínco ¿Acaso la nephilim estaba así de enfurecida por lo que su mera presencia evocaba, o por el hecho de que se negaba a admitir que la escena que había presenciado en los apartados la había puesto caliente? Lía comenzó a reír sin abandonar sus ojos en ningún momento. Una risa que rozaba la crueldad y lo inhumano - ¿Es evidente que no fue muy lejos, no? - Replicó como si fuera una pregunta totalmente obvia y absurda, lo que la hizo parecer incapaz de enhebrar un alfiler sin que la diablesa se lo hiciera entender con aquella réplica insidiosa. El cuerpo fue encontrado en la misma puerta de su club, y por ese desafortunado motivo ahora se encontraba al borde del abismo frente a aquellos niños estúpidos. Ya cansada de su verborrea, se encogió de hombros y negó con la cabeza, exasperada.

- Era un mortal demasiado simple y común. El único motivo por el que me interesé por él fue por sus atributos físicos, y ni eso supo satisfacer mis exigentes gustos. ¿Es bastante respuesta para usted, o prefiere que profundice mas? - La falta de respeto con la que la estaban tratando bien podría merecer su enojo. Estaba comenzando a hartarse de aquella farsa y Lía apenas se veía capaz de mantener la compostura o la simple imparcialidad del asunto. La máscara benevolente desfigurada y fragmentada, dando paso a la crueldad tallada en el rostro de pálidos rasgos, tirantes en una expresión implacable. La mirada desdeñosa no abandonada a ninguno de los presentes por mucho que creyeran amedrentarla con aquellos aires de superioridad nephilim, aún siendo consciente de las armas que palpitaban al su alrededor con un poder angelical capaz de provocarle sarpullido con su mera cercanía.

De pronto, sus manos se cerraron en puños, y la conexión mental con Alexandre llegó a ella como un caudal constante de furia, sumado aquel cúmulo de ardiente cólera que hervía en su interior, dando rienda suelta a la lengua emponzoñada de la mujer como la única presa rota que contenía su paciencia bajo control. Las exigentes ansias por tomar el control de la oscuridad que la rodeaban al igual que un aura virulenta pugnaba por liberar la perversidad de sus instintos. Un pulso encarnizado entre la candente ira contra el hielo cristalino de la frialdad impasible de su autocontrol. La viva imagen del demonio vengativo y orgulloso, ávido por despedazar y masacrar que hacía hervir sus sangre envenenada casi tanto como sus palabras mordaces.

Aquello tan solo era la antesala de lo que acontecería después. Una pequeña mordida de la furia que se
desataría una vez que su hermano percibiera a través del hilo mental que los unía sus recuerdos convertidos en palabras. Una declaración emitida con el regodeo malicioso de aquella oscuridad junto con la ansiosa necesidad y anticipación que le provocaba un escalofrío placentero. Alexandre tendría material suficiente aquella noche como para hacérselas pagar, pero estaba disfrutando demasiado del momento como para centrar sus pensamientos en algo mas que en las promesas carnales que despertaban el fuego candente de sus entrañas.

- Brotes de sadismo en la cama, quizás. - Soltó de pronto con una mueca divertida en el rostro. En su tono se apreciaban notas discordantes de cinismo; mordaz e insensible. - Aunque puede que jamás alcanzara igualar el propio sadismo de mi encarnizada pasión. Aquel humano era incapaz de ignorar el retorcido gusto que despertaba en él por sentirse humillado cada vez que azotaba su cuerpo o clavaba mis uñas sobre su piel, siempre dispuesto a arrastrarse frente a mi clamando por mas dolor, entusiasmado por recibir un poco mas de mis caprichosos castigos. Si, la perversión formaba parte de nuestros encuentros.- Los ojos de la mujer brillaban febriles y feroces, fijos en la muchacha. Sus siguientes palabras fueron emitidas en un tono capcioso y con una sonrisa maliciosa tirando de sus labios. - Y sí, aullábamos juntos a la luna todas las jodidas noches que pasamos juntos.

<< Lo hacia volar, desprendiéndolo de toda moralidad humana y razón. Después, cuando terminaba con él, lo dejaba tirado en el piso con aquella estúpida cara de felicidad en el rostro, inconsciente, agotado y bañado en sangre. Cuando volvía en sí al cabo de unas horas, lo hacía aturdido y adolorido, apenas recuperado de las magulladuras, contusiones y hematomas, fruto de mis jueguecitos de cama. Oh, si, era mi mascota. No hacía nada sin que yo se lo ordenara, y poco o casi nada me importaban los tendones destrozados, los desgarros musculares debido al sobre esfuerzo al que lo sometía o las fracturas y traumatismos que le provocaba por la intensidad del sexo sucio. Siempre volvía a por mas, mas y mas. No obstante, era demasiado frágil y me cansé de él. >>


Apenas se había dado cuenta de que se había levantado del taburete y estaba parada frente a los nephilim, observándolos desde una distancia que no resultaba amenazadora, pero que por el tono frío y desdeñoso de la diablesa bien podría haber sumido el ambiente en uno peligroso. La piel de sus manos, cerradas en puños a ambos lados, manchada imperceptiblemente por la sangre en forma de media luna debido a las uñas afiladas que luchaban por salir y se clavaban sobre esta.

- Pero yo no lo maté. Quizá me subestime y crea soy tan estúpida como para dejar un cadáver en la misma puerta de mi club, apuntando directamente sobre mí toda sospecha. Quién sabe, quizá usted sea la estúpida siquiera de pensarlo ¿No cree?

A los pocos segundos, Alexandre hizo acto de presencia empapado en sangre, semidesnudo, exudando perversidad y delicioso magnetismo. Sin embargo, la mirada lasciva que le dedicó la diablesa pronto se entrecerró al observar el interés casi sensual que predicaba su hermano sobre aquella insignificante cazadora. Aquella sutil variación en su humor provoco la vibración que quebró las cuerdas tensadas de su autocontrol y el dominio sobre sí misma. La presa que contenía a la criatura encarnizada y sádica se desmoronó y derrumbó finalmente sobre la conciencia racional, anulando todo atisbo de humanidad fingida en ella. Los celos de la diablesa no dejaban a nadie indiferente, y si bien la ciudad había sucumbido a sus incestuosos momentos de pasión, ¿qué no podría hacer invadida de aquel frenesí de caos y locura?
La respuesta era evidente. Se había cansado de la farsa. Poco o nada le importaba ya mantener aquella fachada cuando tenia frente a ella a la inmundicia de los cielos.

- Y no, puedo comprobar que en ninguno de vosotros brilla el portentoso resplandor y magnificencia del Ángel Raziel. Solo sois una panda de chiquillos corrompidos que caminan a oscuras en un mundo rodeado de tinieblas que se les queda demasiado grande. Venís aquí, me faltáis el respeto y ¿esperáis colaboración? - Otra retahíla de carcajadas crueles siguió a las palabras de la nephilim.- No, deja que sea yo la que te diga algo a ti. No siento en lo mas mínimo la muerte de ese despojo humano. Por mi, que siga ardiendo lentamente en el fuego de los infiernos hasta quedar convertido en un trozo de carne temblorosa y humeante.

En todo el tiempo que había transcurrido a lo largo de su discurso, varias bombillas habían comenzado a parpadear débilmente, pero a medida que sus palabras subían de tono, se hacía cada vez mas continuado, estallando finalmente sobre sus cabezas, lanzando miles de fragmentos de cristal y chispas en una especie de espectáculo de fuegos artificiales espeluznante. La tensión eléctrica pareció fallar, parpadeando de pronto toda la iluminación del club y sumiendo la estancia en penumbra. Mas bombillas continuaron prendiéndose y estallando en llamaradas, coreado por los gritos de varios camareros, que vieron el momento de marcharse de allí.

A la diablesa apenas le importó, pues estaba demasiado concentrada en aquel despliegue de poder que provenía directamente de Alexandre, contagiandola con aquella furia propia y de su hermano. Ambos parecían unirse en aquella espiral destructiva, y al igual que una enfermedad, devoraba su cordura. Al fin y al cabo, ambos se complementaban, se nutrían de sus propias esencias, de sus almas entrelazadas que se convertían en una, avivando el poder latente que los rodeaba y reclamaba fundirse con un solo propósito. Oh si, sabía a la perfección cual sería el próximo movimiento de cada uno, de las dagas ávidas por lamer con su filo su sangre infernal, por morder su carne, y de la anticipación casi contagiosa de aquellos soldaditos de la Clave... pero apenas lograba atisbar un asomo de cordura o razón en aquellos instantes, luchando como estaba por mantenerse sobre sus pies, sintiendo en su interior la ondulación del poder contenido que luchaba por salir.

La estática parecía adueñarse de los presentes, conviertiendose en algo casi tangible y agresivo, ondeándose, rodeando ansiosa a todo aquel que respiraba aquel aire espeso y cargado. Las botellas de los estantes comenzaron a chocar entre sí en un perturbador tintineo de cristal debido a la extraña vibración que emitía Lía. Poco a poco, aquella concentración de poder fue en aumento de forma menos sutil, y la frialdad de la mente de la diablesa comenzó a deslizarse, retorciéndose con fríos dedos en el interior de sus cabezas, empujando la bruma intoxicante de malevolencia que lo impregnaba todo.

- La vida de un mortal no significa mas para mi que la vuestra, estúpidos nephilim. Ya me aburrí de vuestra verborrea inútil, pero los únicos incapaces de darse cuenta sois vosotros, así que si tantas ansias tenéis de terminar con esto, ya conocéis la salida... Si la alcanzáis. - Murmuró con una sonrisa taimada y los ojos entrecerrados. Y sin previo aviso ni ademán que alertara el movimiento que continuó a aquella oración, varias cosas pasaron a la vez.

El tintineo incesante provocado por las botellas realizó un crescendo audible y ensordecedor que coreaba la última parte de su amenaza, para finalmente detenerse de pronto, dejando la estancia sumida mortalmente en silencio. Aquel sonido mudo era casi tan ruidoso como lo era antes, pues estaba cargado con la amenaza que de pronto vino con ella.

Miles de fragmentos afilados estallaron sobre los estantes que recubrían la pared del fondo de la barra, líquido desbordándose por las paredes y sobre la licántropa que allí se encontraba, que se agachó rápidamente con un grito para evitar que la poderosa estampida de vidrio que se abalanzó hacia el frente la golpeara de lleno. Pero no fue lo suficientemente rápida y el impacto de los proyectiles se abrió paso a través de su carne en forma de cientos de cortes sangrantes. La loba se sacudió por unos segundos, desfigurada y mortalmente herida, instantes antes de desplomarse sobre la barra en un charco de su propia sangre.

A su vez, una poderosa fuerza invisible envió un par de nephilim volando a través de la pista de baile sin poder evitarlo, golpeando con una fuerza descomunal una de las paredes de concreto al tiempo que miles de cristales golpeaban una y otra vez al resto, impactando como pequeños proyectiles sobre sus carnes expuestas. El rostro de la diablesa era una fina máscara de furia, concentración y maldad perversa a partes iguales. Sus ojos relucían como los diminutos cristales que se sacudían por los aires, igual de afilados y peligrosos.

Las luces parpadeaban cada vez mas deprisa, al igual que relámpagos iluminando la oscuridad que parecía cernirse sobre los cazadores. Un zumbido insoportable y ensordecedor se adueñó momentáneamente de los presentes, aturdiendo a los cazadores por unos minutos, dejándolos completamente sordos y desorientados por la punzante presión en sus cráneos.
Los humanos, en cambio, no corrieron tanta suerte, pues no estaban protegidos por las runas del ángel y colapsaron a los pocos minutos.
Los hijos de la luna gruñeron con las manos sobre los oídos, incapaces de controlar la intensa necesidad por transformarse, presos de los instintos y la locura de la carne hecha tiras y los huesos rotos por el feroz cambio que sus cuerpos humanos tenían que soportar tan bruscamente.



Disculpas:
Siento la tardanza n.n



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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Mayo 07, 2013 7:32 am

- Solo pregunte, no deseaba saber con pelos y señales sus encuentros. No es que fueran interesantes ni concluyentes –alargó ambos adjetivos con naturalidad- para la investigación. – musitó poniendo los ojos en blanco. Estaba al borde de la exasperación personal, dentro de ella protestaba por arremeter, despedazar su cara de santa y hacerla callar de una vez por todas. Tomar un bate de beisbol y con la misma sutileza con la que les denigraba, incrustárselo en la nuca, pero tenia medios para contener esa ira. Con cautela deslizo la mano al interior del bolsillo de la chaqueta, donde ocultaba a Uriel. Consideraría absolutamente absurdo, pero sentirlo el tacto gélido, la serenaba y recordaba que no estaba indefensa. En su cabeza se disputaba una profunda rivalidad, la razón con su libro de moralidad alzándose con una mirada reprobatoria sobre ella. Mientras aquella oscuridad y su vestido de largo, negro y mirada ociosa, la empujaba al margen donde el bien y mal convergen, disponiendo de arrojarla al vacío donde reinaba. De nuevo gano el deber y la razón, pero aquella penumbra nunca llegaría a desvanecerse en lo que le restara de vida, un pensamiento que junto a todos los que tenía, no facilitaban previsiones halagüeñas para ellos. “Si algo grave pasara, Maryse esta al tanto, daría aviso a la Clave” recapacitó pero aquella idea no la alivió francamente en nada. – Juraría que ese comentario – mencionó mientras frunció el ceño, reseñando que esas sarcásticas ideas.- Que no salió de mis pensamientos ¿Tiene poder y derecho para leer mis pensamientos, señorita Gavianni? – examinó con prepotencia. No se acordaba del epígrafe donde mencionara que las hadas eran capaces de leer el pensamiento. Quizás se lo saltó, o simplemente no quería recordarlo.

El dolor resistía, y se acentuaba ahora con una segunda presencia, un hombre que hacia que los dolores discutiendo con Lia Gavianni parecieran cosquillas. Creía que su cabeza reventaría de un momento a otro. Era como si ambos se entretuvieran insertando en su cabeza, largas y finas agujas perforándola por pura diversión ingenua. Entrecerró los ojos, la luz del foco la molestaba, pero no conseguiría que venciera su migraña. El hombre, desaliñado, vestía tan solo unos vaqueros sucios, creyéndose como en casa. Evocaba a un caballero hada, hermoso pero amenazador, eso hacia saltar todas las alarmas de su cuerpo. No podía evitar mirar, descarada y curiosa sus ojos azules eléctricos preguntándose a si misma ¿Qué tipo de locuras recorrerían su mente? Era de belleza fría, rostros cincelados y angulosos. Cabellos azabaches desarreglados le manifestaban un atractivo salvaje, en su rostro dibujado una sonrisa altanera y ciertamente macabra. Era sumamente atrayente, pero no le sugería nada. Solamente un terrorífico dolor de cabeza, y eso definía la atención sobre el sujeto. Pero algo descuadraba, porque, para mayor confusión, conservaba regueros de sangre seca en las amplias manos. Y había dicho que cualquiera que tocara a su amante, lo quemaría vivo. No tenía que sumar dos y dos para verle como sospechoso, su intuición le marcaba como el asesino, quizás debería hacerla razón. Retiró la mirada, cuando apreció la humillación salpicándola en la cara: Lia Gavianni por fin mostraba sus cartas, la ira estallaba en su boca ¿Críos? ¿Ineptos? Se estaba ganando todas las papeletas de la lotería, a punto de conseguir el premio mayor. Una parte de ella estaba deseando romperla la cara de hembra dominante. Declarando ante ellos, de que el mundano estuviera muerto consumido por el fuego del infierno. Esa idea tensó sus músculos de la nephilim. Adrianna concentró su mente en las sensaciones que la rodeaban, la tensión se desataba, y no estaría desprotegida para entonces.

Anticípate a tus enemigos, es tu mejor baza” susurró su madre en su recuerdo. Fraccionó su mente, para analizar fríamente la situación: Estaban en una trampa encerrados, y divididos. Sin duda jugaban con ventaja. Las puertas estaban protegidas, ordenes de la jefa, por hijos de la luna no muy amigables¿Qué esperabas encontrar? ¿Pétalos y masajes? Te equivocaste de lugar, querida. Lo mas cariñoso que pueden hacer aquí es darte una patada en el culo.” contestó su sarcasmo, al que no le hizo mucha gracia que le evitara. Ankhïara y Helena, se quedaron fuera, lo que desestabilizaba el grupo, tampoco alcanzaba que podía estar pasándolas, la preocupación se propagó en la mente de Adrianna. El tintineo de las copas y botellas, abrió sus ojos, por fin. Cuando vio las grietas dibujándose sobre la superficie de una copa brillante, sus instintos se apostaron en guardia. Las copas y botellas estallaron en segundos, las esquirlas y otros fragmentos danzaban en aire, atravesando a quien estaba mas cerca. Mientras una fuerza los arrojaba contra la pared. Adrianna sintió el golpe en la espalda sin darle tiempo a frenarlo, su espalda aulló de dolor al igual que su cabeza aturdida por el golpe. Sin embargo no gimió en ningún momento, ni cuando distinguió, clavados, varias esquirlas de cristal en el brazo serpeando su piel ensangrentada.

Ágilmente, se acercó a donde habían caído Adara y William, y tumbo la mesa empleándola de barricada. Su mirada se cruzó con la de Charlie, y le dejó clara sus intenciones, iba a llamar la atención de Lia, aunque costara su pellejo ¿Era su misión, no? Nephilim, nacido para proteger. “¿Qué muerte más estúpida y honrosa había en morir luchando?”. Rodó sobre cristales hacia otra mesa, y la tumbó protegiéndose. La tesela grabo en su piel las runas de sanación, arrancándose las esquirlas. No entendía como aquello podía desatar la libido, aunque tampoco tenía tiempo para analizar las ventajas y desventajas de una relación de BDSM. Las luces parpadeaban a punto de estallar, cuando un zumbido doloroso atravesó los oídos. Se los tapó, resistiendo gritar, como clamaba su dolorida garganta. El olor a sangre, inundaba sus fosas nasales, aún así no podía flaquear. “Tenia que sacarlos de allí, como fuera” Era el impulso, que la obligaba a pelear. Sacó de la cinta bajo el pecho a dos cuchillos serafines, arrojadizos, su agilidad superaba a uno corriente, se habían creado para una mayor agilidad y ligereza. Dariel y Niel eran de su madre, y pasaron a ella al cumplir diez años, ¿Qué mejor momento para que probaran el sabor de la carne y sangre? Describiendo una equis en el aire, los arrojó hacia Lia Gavianni, si el hada se ponía violenta, podían jugar a lo mismo. Y lo ansiaba, peligrosamente, más que nunca.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Kaley C. Highsmith el Vie Mayo 10, 2013 4:58 pm

Un frío intenso recorre mi nuca mientras noto como los músculos van quedándose por segundo más y más rígidos, preparándome para saltar como se de una gata me tratase. La actitud de Lía es una actitud de una persona emocional y psiquícamente voluble pues pese a que intenta refrenar el odio y desprecio que siente hacia nosotros, lo cierto es que no lo hace nada bien. Nuestras preguntas, en lugar de incomodarle, le divierten y parece disfrutar mientras nos explica lo que hacía con el tal Jefferson Goldsmith. Detalles innecesarios que mi cabeza intenta bloquear ya que según nos dice le iba todo el rollo sadomasoquista a lo bestia y eso, antes de saltar a una batalla quieras o no distrae.

Sabiendo por su forma de contestar que posiblemente no me va a facilitar ningún dato útil, echo un vistazo fugaz hacia la puerta del baño esperando ver aparecer a la bruja. No sé por qué pero intuyo que ella quizá sea quien tenga la clave para hacer hablar a Lía y, pese a que mi cabeza no deja de decir que lo que estoy pensando es una soberana tontería, mi instinto me pide que no lo deje correr. Giro la cabeza para mirar a mis compañeros y los cuento mentalmente; somos demasiados pocos, estamos en un recinto cerrado y a merced de una femme fatale dispuesta a hacernos pasar un mal rato cuanto menos, ya que es extraño encontrar una hada que primero, se mezcle con humanos físicamente, y segundo le vayan unos jueguecitos tan raros, aunque claro, siendo este mundo como es... Distraída un poco, apenas percibo la presencia del hombre hasta que no se coloca cerca de Lía. Es un hombre alto, de pelo oscuro y unos curiosos ojos azules, no lleva camiseta y los vaqueros parecen un poco caídos. Manchas de sangre seca le rodean el cuerpo y todo él exhuma a espíritu feérico. Un caballero hada. Curiosa pareja.

Y es en este preciso momento cuando comienza el caos. Lía termina su macabro discurso, y de repente, un ruido ensordecedor llena mis oídos mientras todo a mi alrededor tiembla. La chica que estaba en la barra muere sepultada por decenas de cristales, y los hombres lobo aullan desesperados. Yo, mientras tanto intento por todos los medios quitar el molesto ruido que amenaza con volverme loca y levanto al mirada para ver a Lía y su extraño acompañante al tiempo que una fuerza invisible me empuja hacia atrás. Caigo de espaldas con un ruido seco y noto como mi cuerpo se resiente tras el golpe. Apenas me pongo de pie cuando veo a Adrianna levantar una improvisada barricada con una mesa y la imito. Durante un segundo nuestras miradas se cruzan y adivino lo que piensa hacer: distraer a Lía para que puedan abrir la puerta. Los hombres lobo que la custodian luchan por intentar controlar los aullidos; parecen que sufren de verdad.

Dirijo mi mirada a William y miro hacia la puerta, arqueando las cejas, saco mi estela del bolsillo y se la muestro para que entienda sin problemas la señal, de paso aprovecho y me aplico un Iratze en el brazo. Segundos después el dolor se disipa, me saco la chaqueta y me sitúo detrás de mi mesa. Adrianna ha lanzado un par de cuchillos contra Lía pero no consigo ver si le ha alcanzado, miro a mi alrededor intentando encontrar una vía de escape o una forma de distraerlo. Y como una señal divina, se me aparece ante la mirada la bola de luces de la pista de baila; quizá si la corto el golpe sea suficiente para distraerlos y así podamos salir, pero claro, eso supondría dejar a Adrianna en la retaguardia y confiar en que pueda salir detrás de mí sin que estos ¿hadas? la atrapen. Ante la duda, decido armarme con mi dos cuchillos, susurro sus nombre y los noto iluminarse; la chaqueta me sobra así que la suelto y dejo al descubierto las armas que llevo debajo. Miro hacia Adrianna y velozmente ruedo hacia ella.

-Que empiece el juego- le susurro entre dientes. Le lanzo una fugaz sonrisa para que sepa que si vamos a luchar hasta matar o morir, no vamos a abandonar a nadie.


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por William Stoneheart el Dom Mayo 26, 2013 1:49 pm

Yes, I know my enemies.
They're the teachers who taught me to fight me.
Compromise, conformity, assimilation, submission,
ignorance, hypocrisy, brutality.

-Si caminamos a oscuras en un mundo rodeado de tinieblas... las bombillitas no ayudan- murmuraba el nephilim más bien para sí mismo, perdido como andaba entre el hilo irregular y siempre frágil de sus pensamientos y la palabras acérrimas de la dueña del club. Debía admitir que poca atención había prestado a su discurso, pues tanto su habilidad como su experiencia en situaciones como aquélla rayaban la nulidad. Su silueta se recortaba apoyada en uno de los pilares que recorrían puntualmente la sala, en contraste con el vaivén incesante y nervioso de su mirada en todo derredor. Vagamente fue consciente del decrescendo de la luz sobre sus cabezas, hasta que el estallido de las bombillas en cientos de esquirlas punzantes despejó las dudas y, con ellas, se llevó a la curiosidad del de ojos azules. Únicamente entonces centró todos sentidos en la situación que los rodeaba, captando por fin la totalidad de las palabras de la señora, al tiempo que tenía lugar la llamativa puesta en escena del compañero Gavianni, cuyo vestuario lucía reducido a un mínimo que sobrepasaba los límites del decoro. De él emanaba un aura peligrosa e incluso amenazante, aderezada con las manchas de sangre vibrantes que recorrían parte de su anatomía.

Progresivamente se iba calando un ambiente auspicioso, espeso y delator, que colmaba el aire de certezas tóxicas concatenadas a un poder asfixiante. Las botellas comenzaron a temblar en los estantes, imitando el ritmo frenético de las luces de las bombillas. Al tiempo que las palabras de la Gavianni llegaban a su fin lo hacía el vidrio de las botellas, que terminó por romperse en cientos de fragmentos que, unidos a las finas esquirlas de las bombillas, completaban la cortante alfombra que llenaba el suelo en el umbroso local. Una joven licántropa yacía entre la barra del bar y el frío suelo, atravesada por los innumerables cristales que superaban con creces el límite de su propia sangre. Ni siquiera al joven William le dio tiempo a acongojarse por ello, pues repentinamente una fuerza concentrada e invisible lo golpeó contra la pared oscura a sus espaldas, sumándose el sonido seco del impacto al de aquella estática poco sutil. Al reincorporarse, encontró en sus brazos desnudos nuevas esquirlas punzantes que confundían el perfecto dibujo de sus runas, degradando su diseño con la sangre aún tibia y reciente. Las arrancó con helada indiferencia, con la misma fría serenidad con la que recompuso su postura.

No era la primera vez que tenía que lidiar con el vidrio en su piel; primera ventaja que le encontraba a toda una infancia junto a una madre alcohólica. Numerosos episodios en los que el cristal volaba de la mano de botellas de ron, whisky o vodka habían acontecido con insana frecuencia, impulsados por su progenitora dependiente y su padre ausente. Sin embargo, poco tenían que ver aquellos recuerdos recurrentes con la precaria situación que se había empezado a desarrollar, más allá del cortante vidrio y de la atmósfera etílica. De nuevo en pie, el hijo de Raziel trastabilló infantilmente al ser sacudido por un zumbido interno y sofocante, abriendo los ojos para forzar la vista a falta del oído. Alzó los ojos para encontrarse con cadáveres humanos e instantáneos sobre los cristales rotos, mientras sus compañeros, sensibles al afilado pitido tanto como él, encaraban a su vez a los hijos de la Luna agonizantes.

Una innata admiración remplazó en el joven al momentáneo desconcierto, al contemplar a Adrianna en movimiento nuevamente tras siquiera un ínfimo segundo de duda, montando una improvisada barricada y sacando a la luz sus refulgentes cuchillos. Charlie, sin vacilación a su vez, se amparaba en sus propios movimientos para un mismo propósito: salir de allí, aunque eso sí, no sin antes haber luchado. Por su parte, el huérfano emprendió camino con renovados pasos, desenvainando sus cuchillos bajo el cuero de la cazadora. Rehael y Zadquiel emitieron luz tras escuchar sus nombres, revelando inevitablemente la dirección que tomaba su dueño. La puerta de salida más cercana. Por desgracia, la fragilidad interior del efecto del alcohol en el nephilim sumada al resentimiento de su cuerpo por la caída, ocasionaron un nuevo tropiezo, al encontrarse William con un cadáver entre sus pasos. Al tocar de nuevo el suelo, el efímero dolor pareció activarlo definitivamente en aquel inminente combate, por lo que aprovechó su posición para lanzar su cuchillo más ligero contra el pecho del hombre, ya que algo en aquella atmósfera hacía evidente que ambos poseían -casi compartían- el mismo poder. Volvió a ponerse en pie intentando alcanzar la puerta, mientras el ruido de cuchillos en el aire y cuerpos en combate comenzaba a llenar la habitación.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Rol Master el Miér Jun 12, 2013 7:19 pm

Miles de fragmentos salen disparados en dirección a los nephilim, que a su vez se ven empujados por una fuerza invisible. La sala está sumida en la oscuridad y el suelo se ha tornado resbaladizo e irregular debido al mobiliario desperdigado y los vidrios. Los cazadores de sombras sienten por unos segundos el aplastante zumbido que proviene de su propio cerebro, que en ese momento sufre una presión desconocida y aplastante capaz de anularlos y desorientarlos por unos instantes. Tan solo los gritos desgarradores de los pocos humanos que quedan allí rompe el silencio sepulcral que se ha adueñado del tiempo y el espacio a su alrededor, ciegos e impotentes. El gruñido de los hijos de la luna se hace cada vez mas insistente, rugiendo desde algún punto. Solo el que se encuentra mas cercano a los nephilim aguarda frente a la puerta atrancada del local, otros dos se enzarzan en una pelea a muerte y completamente incoherente, empujados por la locura del cambio. Dentelladas y desgarros de carne y sangre succionan los pocos segundos de calma que siguen al momento. Una calma relativamente peligrosa y perturbadora, pues en la oscuridad aguardan las criaturas de las sombras, que se deslizan sigilosas y expectantes, dispuestas a atacar en el momento en el que se revelen a la luz de las refulgentes dagas del ángel de los Nephilim.



Desarrollo de la acción:

De este punto en adelante y para evitar confusiones, las batallas se dividirán en temas distintos, y estarán dirigidos únicamente hacia un limitado número de users. Quiero especificar que, aunque se postee en temas paralelos, la historia se desarrolla en el mismo tiempo y espacio. La ambientación no cambia, pero deberéis estar pendientes de todos los demás temas y de las acciones que conciernan a vuestros compañeros. 
La cuenta rol master se encargará de intervenir en todo momento para así avisar a los usuarios cuando ocurra algo importante 


Adara Carstairs:

 Ha declarado una ausencia, razón por la cual esta ha sido justificada por la cuenta Rol Master del modo que se vio más conveniente.

Adrianna Birdwhistle & Kaley C. Highsmith:


Han creado una barricada improvisada con una mesa, donde aguardan listas para atacar.

|| Primer Sello: Veneno Negro 1/1 || Adrianna Birdwhistle & Kaley C. Highsmith

Ankhiära K. Trejžtiakova & Helena Trueblood:

 
Se encuentran en el exterior del local. Las puertas han sido cerradas desde dentro, por lo que les resulta entrar al club sin forzar la puerta. Junto a ellas se encuentra un mundano.

|| Primer Sello: Veneno Negro 1/2 || Ankhiära K. Trejžtiakova & Helena Trueblood


William Stoneheart:



Avanza hacia el hombre con los cuchillos desenfundados, dispuesto a atacar en solitario.

 || Primer Sello: Veneno Negro 1/3 || William Stoneheart


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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Jue Ago 22, 2013 8:05 am



William Stoneheart y Adara Carstairs notificaron una ausencia, pero de acuerdo a su participación en la minitrama, y en consideración con su intervención en la misma, se les sumará un punto de stat extra en su hoja de personaje.



William Stoneheart recibe un punto, a repartir de la siguiente manera:



  • Psique: Por estar expuesto al ataque y a las influencias psíquicas de un demonio mayor.
    + 1 punto.



Adara Carstairs recibe un punto, a repartir de la siguiente manera:



  • Psique: Por estar expuesta al ataque y a las influencias psíquicas de un demonio mayor.
    + 1 punto.
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

Mensaje por Siobhan A. Blackcrow el Dom Nov 03, 2013 9:06 am

Blackcrow le dio una calada a su tercer cigarrillo, cuestionándose interiormente qué posibilidades tenía de salir intacta de aquella peliaguda situación. En un segundo estaba cómodamente sentada sobre el lavabo de manos y al otro una horda de nephilims la rodeaba en ordenada formación, apuntándole a la nariz con sus afilados juguetes luminosos.

“Simplemente genial”

Comentó interiormente la irritada voz de su conciencia, lanzándole una de sus más afiladas miradas acusadoras. Vale, la había liado parda al permanecer allí mientras el infierno se desataba afuera y todo mundo corría por sus vidas. Demasiado curiosa para irse y demasiado sensata como para prestar ayuda, había optado por no hacer nada. Irónicamente, eso la ponía ahora en el ojo del huracán.  

Shiv se esforzó por recordar por qué corno no había salido disparada cuando tuvo la oportunidad, o luego, cuando los cazadores se encontraban demasiado ocupados destripando bichos como para prestarle atención.  El caso era que el 90% de las cosas que hacía no tenían sentido alguno o lógica aparente. Actuaba como le salía del pie, y así solía resultar todo: caóticamente mal. ¿Cómo iba a explicarle eso a un montón de cazadores de sombras potencialmente enloquecidos en su fanatismo? Era lo mismo que otros tantos de su misma raza habían fallado en comprender por siglos de historia: No siempre que se encuentra a una bruja practicante de magia negra en el epicentro de un caos demoníaco implica NECESARIAMENTE que esta sea la responsable. A veces simplemente paseaba por el vecindario. No era demasiado difícil de pillar ¿o sí? Y aunque la historia la precediera, esta vez no tenía nada que ver con el jodido embrollo. Meter los bigotes en asuntos ajenos no era un crimen como tal, y ella era una cotilla certificada.

Sin embargo, ninguno pareció muy propenso a discutir mientras la cazaban violentamente de los brazos y la llevaban a rastras hasta la pista central. ¡Parda de brutos! Gruñó interiormente, en un esfuerzo vano por liberar el agarre que sin lugar a dudas le dejaría la pálida piel repleta de cardenales. ¿Es que todo debía hacerse por las malas? ¡Si ni siquiera estaba oponiendo seria resistencia! Sus poderes brillaban por su ausencia y ella no era mucho más que un manchón rubio en aquella tormenta negra y añil, una ficha fuera de sitio que desencajaba con todas las letras. Ahora, las posibilidades que la creyeran iban siendo más bien bajas o nulas y con su magia jodida y rodeada de dagas del Ángel, su perspectiva del futuro cercano era más bien poco optimista.

— Mierda. — siseó, sacudiendo la larga cola de gato de un lado a otro en signo de protesta, buscando con los ojos cualquier cosa por más mínima que fuese, que pudiese prestarle auxilio alguno. No encontró nada.

En menos tiempo del que le llevó reaccionar, quienes la transportaban la arrojaron con violencia junto al que tenía que ser el cadáver más feo de todo el submundo, una criatura blancuzca casi en los huesos, cuya piel aún era corroída por la acción de un cuchillo serafín. El broche de oro para una noche espectacular. Shiv arrugó la nariz.

Poniendo todas las cartas sobre la mesa, si no conseguía rajar a todo lo que le daban las patitas en menos de cinco minutos podía ir despidiéndose de sus planes a corto y largo plazo. Adiós a la islita del caribe en la que pasaría sus años de retiro, adiós a la mansión barroca que pensaba comprar la semana entrante, adiós a la pizza congelada que la esperaba en casa. Solo quedarían ella y aquel huesudo demonio blanco para pudrirse en algún húmedo rincón de la Ciudad Silenciosa. No. Algo no iba del todo bien. ¿Desde cuándo los demonios se “pudrían”? Desde nunca, no al menos en esta dimensión en particular. Matas a un demonio y este desaparece. Y ¿Qué decir? Aquel bicho estaba bastante pero que BASTANTE muerto. Sin embargo, no era un hijo de lillith, aquel bicho no era nada que pudiera identificar.

Se maldijo mil veces por aquello que iba a intentar, asqueada pero sobre todo curiosa como siempre se encontraba.

Contemplando a sus escoltas recelosa por el rabillo del ojo, Blackcrow estiró los finos dedos lo suficiente para rozar la sangre viscosa y negruzca con las yemas. Había poder en aquel líquido oscuro, tan intenso que con  penas tocarlo se extendía por su cuerpo entero y cosquilleaba en la base de la nuca. Sonrió y una risa ponzoñosa escapó de sus labios, extasiada ante la posibilidad de escape en lo que podía ser una maniobra suicida. Quizá tenía miedo, más sobre cualquier cosa, estaba emocionada. No es de extrañar, su parte racional llevaba demasiado tiempo activa y ya iba siendo hora de que la mandara a al carajo.

Lentamente alzó la mano y se llevó uno a uno los dedos a la boca. Para aquel entonces la habían notado y uno de los cazadores pretendió poner punto final a los jugueteos de la bruja desorientándola con un fuerte manotazo. Demasiado fuerte quizás, o sería que Shiv es en realidad una mujer bastante debilucha y ligera. El caso es que acabó por tumbarla de espaldas al piso.

Ella a penas pareció darse cuenta de algo... se relamía.

Ahora nadaba en un charco de sangre negra, extendiendo los dedos y cerrándolos una vez más. Y se reía, se reía como una loca histérica.

Y luego, de un instante a otro, total y completo silencio.

Siobhan se había ido y toda aquella negra sangre había desaparecido por completo.
Siobhan A. Blackcrow
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Re: || Primer Sello: Veneno Negro || Minitrama Nephilim

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