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|| Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

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|| Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Rol Master el Vie Mar 22, 2013 5:50 pm

Esclavos de la luna
LUGAR: Luna del Cazador ◆ FECHA: 20/3/2013



Rabia, desesperación, dolor, ira...

Sentimientos tan familiares y de insoportable intensidad que cobraban sentido en todo mortal sometido a la abrumadora transformación tras la primera luna llena.
Cualquier hijo de la luna conocía esos aspectos primitivos que nacían del instinto depredador, consecuencias que los acompañaban en el proceso que convierte al hombre en bestia, y que marcaría desde ese momento una nueva perspectiva del mundo que lo rodeaba.
Pocos eran lo suficientemente fuertes, muchos eran los que sucumbían en el proceso, pero gran parte de ellos conseguía superar esos primeros años, una mínima parte era arrasada por su inestable carácter animal, abandonándose y dejándose arrastrar por los aspectos mas oscuros que implicaba ser hombre lobo.

Una luna creciente se escondía tras las nubes, ocultando parte de su rostro, temerosa y eclipsada por el resplandor de los relámpagos y los truenos que surcaban el cielo de medianoche. Semanas de incesante actividad en el mundo. En su mundo.
Nada parecía normal en aquellos sucesos que se continuaban uno tras otro, y la actividad demoníaca estaba en el ambiente, al igual que la bruma húmeda que lo envolvía todo a su alrededor en la ciudad de nueva york. Todas las criaturas del submundo sabían que tras la niebla que les impedía ver mas allá, se escondían secretos y sombras, desplegándose y correteando a su alrededor, jugando con sus sentidos mientras los privaban de toda normalidad.

Todos se resguardan del temporal que azotaba en el exterior en sus respectivas guaridas, observando tras el cristal las calles fantasmagóricas y desiertas de una ciudad que parecía ser sacudida una y otra vez.
Mientras, la actividad nocturna parecía cesar por unos días, una aparente calma en medio de la tormenta, casi como si se hallaran en el mismo ojo de un huracán mientras todo a su alrededor se desmoronaba.
Pero aquella aparente calma era un espejismo, un reflejo de lo que se ocultaba bajo el halo de aquel leve resplandor que se alzaba sobre los hijos de la luna.

La manada de Luke estaba al tanto de aquella actividad enmascarada, eran conocedores de la criatura oscura que acechaba tras la cortina de espesa lluvia que azotaba las viejas paredes de la comisaria. Pero lo que habían ignorado por completo fue lo que aconteció después, con el paso de los días de inactividad y tediosa monotonía.

Los hombres estaban inquietos, deslizándose arriba y abajo por aquellos pasillos bordeados de celdas y antiguas oficinas convertidas en salas de reunión o simples habitaciones mas.
El aburrimiento se convirtió en desesperación, lentamente pasó a ser enfado, y finalmente derivó a la incomprensible ira hacia todo y todos. Todos eran presa de sus emociones incontrolables, irascibles, brutales ramalazos de violencia, transformaciones aterradoras que desgarraban las anatomías humanas, arrancándoles la piel que los cubría y destrozándoles músculo, huesos y carne.

Poco a poco, todos fueron golpeados por este suceso. Al igual que la gotas de lluvia, sentían el golpeteo implacable de sus instintos mas profundos punzando sobre ellos, volviéndose molesto y a la vez insoportable.

Todos conocían la sensación.

Los hijos de la luna habían pasado por esa fase alguna vez. Mas de una vez en realidad, cada mes, para ser exactos. Pero lo que ignoraban y apenas lograban comprender es cómo, entre la tormenta demoníaca que los rodeaba, eran capaces de revivir esa agonía una y otra vez, como si de la primera vez se tratase. Y lo mas incomprensible de todo, ¿Cómo podía ocurrir aún cuando el magnetismo de la luna era tan débil en comparación a la que les provocaba aquellos síntomas pero en menor medida?

Thomas Beckman, el segundo al mando de Luke Garroway de la manada de nueva york, contemplaba desde el rincón mas alejado de la luna del cazador a todos los hombres lobo a su alrededor mientras su mente vagaba entre pensamientos e incógnitas que perturbaban su capacidad de pensar con frialdad.
Algunos de los que había allí presentes, bebían una cerveza o simplemente buscaban la serenidad que les ofrecía el núcleo estable que solo la manada les proporcionaba en aquellos tiempos de confusión.

Los ojos negros del hombre relucían pensativos, observando el ligero temblor en la mano de aquel que sostenía la jarra entre sus dedos, o la mirada fija y penetrante que le lanzaba una hembra lobo a otra que se aseguraba de mantener el control de sus actos, aún cuando sus largas uñas se habían convertido en garras y arañaban la superficie veteada de la barra. Frank estaba de un humor mas oscuro de lo normal, y el ambiente estaba cargado de terrible descontrol.

Todos ellos eran lamentables. Si por él fuera, arrancaría sus gargantas con sus afilados dientes y arrancaría su piel a tiras con sus propias garras... - Pensó el lupino haciendo una mueca despectiva.

Thomas retrocedió de pronto, alarmado por la intensidad de la imagen formada en su mente, sacudiéndose aquel pensamiento fugaz y venenoso que se filtraba entre sus conclusiones.
Él mismo había sentído en ocasiones que sucumbiría a aquel estado, privándose de todo autocontrol. Pero poseía una entereza envidiable, luchando duro por mantenerse cuerdo y lúcido mientras todo lo demás se tambaleaba a su alrededor.

Las últimas semanas había visto demasiadas cosas de ese estilo, y estaba harto y muy cansado de ver a sus camaradas padeciendo aquellas constantes torturas.

Con la total facultad que le correspondía al ser el segundo al mando, y encontrarse temporalmente al mando del clan durante la luna de miel de su líder, había hecho llamar a todos los hombres lobo de la ciudad, ya fueran miembros de la manada o exiliados, pues aquel asunto competía a todos los de su raza, y el tema en cuestión era lo bastante inverosímil como para ser llevado a oídos de todos.

Últimamente, muchas de las antiguas celdas de la comisaría habían vuelto a sus viejas funciones, encerrando tras sus barrotes a varios miembros del Clan, dementes e incontrolables que amenazaban al resto del grupo.
Thomas había sido testigo de la atrocidad de la que eran partícipes unos pocos mas, que habían llegado al amanecer, completamente cubiertos de sangre y desorientados tras una noche de contantes carnicerías. Buenos muchachos, tranquilos y agradables que ahora se encontraban encerrados en las celdas de la ciudad silenciosa a la espera de un castigo; o la muerte, lo cual era mas probable.

Hacía tan solo dos días, Michelle, una joven tímida a la que todos tenían en gran estima, había sido encontrada muerta en su propio apartamento, colgada de la barra de la ducha con el cuerpo lleno de arañazos que ella misma se había autoinfligido en su intento de arrancarse el corazón.

El sentido común de todos ellos estaba siendo arrastrado por su naturaleza salvaje, y se mostraba en sus colmillos devoradores. Aquella situación los había convertido en las bestias que dormitaban en sus corazones, arrancando con sus garras su cordura y rugiendo desde lo mas profundo de sus almas con una innata lujuria por matar y despedazar.
La locura por derramar la sangre era tal, que aún manteniendo sus apariencias humanas, seguían conservando muchas de las características primitivas que los cegaba en su estado lupino. Sus rostros mostraban la misma violencia que la de un lobo con las fauces abiertas , listo para arremeter, mientras sus ojos brillaban hambrientos, fijos en su presa o cualquier cosa que se antepusiera a sus deseos por devorar, despedazar o saciar su sed de sangre.

Demasiadas cosas estaban pasando, y aquello tan solo era la punta del iceberg. Si las cosas ya estaban así de mal, ¿Qué ocurrirá el día en el que la luna llena corone el cielo encapotado?

En un ramalazo de sentido común, se preguntó si aquella reunión sería sensata, conociendo los sentidos alterados y corrosivos que embargaban a todos los hijos de la luna. Todos juntos en aquella misma sala que apestaba a orines, podrían compararse a un barril de pólvora, listo para prender de un momento a otro.


la luna del cazador:
Es una taberna frecuentada por los hijos de la luna, lugar de reunión para todos ellos, ya sean miembros de la manada como si no. Tanto el tema como los hechos se desarrollarán aquí por esos mismos motivos, ya que los hechos acontecidos afectan tanto a unos como a otros.


sistema de participación:
NO ES NECESARIO REGISTRARSE DICIENDO QUE SE QUIERE PARTICIPAR. EL ROLEO SE DESARROLLARÁ AQUÍ MISMO.

  • Esta minitrama es exclusiva para los Hijos de la Luna. El posteo se realizará en esta sección, con la participación de los usuarios que irán llegando al punto de encuentro en el orden en el que posteen, encontrándose con todos los que lo hicieron antes. Las cuentas Rol Master y Criaturas actuarán cada vez que lo consideren necesario, pero depende de los personajes definir el resultado de esta aventura.


  • La cuenta Rol Master podrá interrumpir los temas en cualquier momento manipulando NPC de ambos bandos, así como describiendo escenarios, etc. Cualquier acción que tomen para investigar será tomada en cuenta. Así mismo, pueden acudir a los líderes y miembros de otras razas para buscar una solución.
    ¡El desarrollo de la trama depende de vosotros!


cuenta rol master:

  • A falta de un Líder de lo Hijos de la Luna, la cuenta rol master se hará cargo de la ambientación así como del papel principal del personaje Thomas Beckman, segundo al mando de la manada de nueva york. La reunión busca informar sobre los cambios que están sufriendo los lobos, así como para recabar posibles pistas y testimonios que esclarezcan la situación actual.

  • Podéis optar por abrir temas de rol separados o uniros para solucionar o al menos apaciguar la situación actual. Los temas que se abran serán archivados en el Tercer Sello: Esclavos de la Luna..


la transformación:
Desde este punto en adelante TODOS los hijos de la Luna se ven embargados por la imperiosa necesidad de transformarse. Muchos sufren cambios bruscos de humor, están irascibles y se ven sacudidos por los constantes ramalazos de ira. Todos estos cambios son igual a los que experimentaron antes de su primera transformación, acompañada de oleadas de rabia y enfados incontrolables. Cólera suicida y desesperación. Las transformaciones involuntarias se presentan sin previo aviso, aún cuando la luna llena no los empuja a ello, destrozando sus cuerpos y sumiendo a los lobos en la insoportable agonía que padecieron en su primera luna llena. Muchos pierden el sentido o sufren amnesia temporal, ignorando cuales han sido las consecuencias de su pérdida de control así como de su capacidad para pensar con claridad en momentos de gran tensión.

Sistema de Combate:
Recordad hacer un spoiler en el primer post especificando que clase de equipamento llevais encima y pelear de acuerdo a las reglas del apartado SISTEMA DE COMBATE

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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Astryd Ž. Lykæios el Lun Abr 08, 2013 2:40 pm

Spoiler:
- No suele llevar armas, dado que ella misma es una hija de la luna, capaz de transformarse en un lobo que no necesita ningún accesorio para defenderse; sin embargo, debido a los últimos acontecimientos lleva una navaja suiza metida en las botas militares.

Astryd no tenía miedo. Había sido una persona incapacitada por él, pero al perderlo todo también había abandonado aquel lastre; al fin y al cabo, ¿a qué le teme alguien que no tiene nada que perder? A nada, eso acostumbraba a responder ella durante los últimos años, sin que su voz temblase, sin que sus ojos vacilasen. Nada. Eso la convertía en un ser extremadamente peligroso, alguien que ni al dolor ni a la muerte temía; mas a lo largo de los últimos días algo había cambiado. Un extraña sensación le oprimía el pecho, una paranoia constante la hacía volverse continuamente hacia atrás cuando paseaba sola por la calle, unas desafortunadas pesadillas la acosaban cada mínima vez que intentaba conciliar el sueño. Tenía miedo, sí. Pero lo peor de todo no era eso, sino ignorar a qué temía exactamente, qué era lo que la alteraba tanto como para mantenerla en ese estado de pánico constante. Sus instintos no ayudaban, instándola a huir de la ciudad y dejar aquel lugar maldito; pero ella no era de aquella clase de gente, ella no huía ante nada ni nadie. Aunque quizás debería haberlo hecho.

Salió de su habitación –aunque en realidad no era suya, sino que estaba alquilada en un edificio de mala muerte- temprano en la noche, sintiendo cómo las mugrientas paredes parecían cernirse sobre ella con la intención de tragársela, cómo la cama parecía tener cuchillos en vez de muelles, cómo se veía obligada a dar vueltas como un león enjaulado. La ventana estaba tan rota y sucia, tan llena de polvo, que la última luz del día se veía incapaz de atravesar y bañar la habitación con una leve luz. Aquello fue lo que la hizo salir; aunque nunca lo admitiría, tenía miedo quedarse sola y que la oscuridad se la tragase. Era tan absurdo que ni siquiera podía comprenderlo, pero necesitaba estar con gente como ella, sentirse arropada por ellos pese a no formar parte de su manada. No era ella en sí quien los buscaba, en realidad, sino la loba que, sintiéndose sola y asustada, buscaba a más lobos para enfrentarse con ellos a lo que fuese que acechaba allá fuera. En menos de cinco minutos estaba ya en la calle, encaminándose al lugar donde sabía que, a ciencia cierta, ya estarían reunidos un buen puñado de hijos de la luna: la luna del cazador. Sintió la noche más fría de lo normal, como si el frío pretendiese calarle en lo más hondo y clavarle cuchillos desde dentro; la chaqueta de cuero que lucía no defendía de aquellas inclemencias su rostro o sus manos, y pronto sus labios se amorataron y sus dedos perdieron cualquier pigmento. Sentía el metal de la navaja suiza que portaba fría contra la piel allá donde se refugiaba, escondida dentro de la bota derecha. No solía llevar armas consigo, contra todo pronóstico, mas la situación la hacía sentir insegura en extremo y se veía obligada a llevar aquella navaja que había pertenecido a su padre, de un material especial, fuera de lo común. Nunca había llegado a saber qué era. Encontrándose sola en un callejón, sintió un escalofrío recorriéndole la médula espinal, atenazándole los pulmones e impidiéndole respirar con normalidad; había algo o alguien ahí fuera. Casi echando a correr con el poco aliento que restaba en ella, llegó al lugar donde pretendía refugiarse de aquel estado paranoide en el que se sumía cada vez más. Cuando entró, respiraba con dificultad, los ojos estaban demasiado abiertos, los nervios a flor de piel. Algo estaba cambiando en ella, algo además del miedo; sintió rabia por haberse asustado, por haber permitido que un fantasma la atemorizara, algo que sólo había sido fruto de su malsana imaginación. El miedo solía traer odio sí, y eso quedaba patente en los rostros que encontró en el bar, mezcla de terror oculto, ira y rabia. Se sorprendió ante tal panorama, creyendo que ella era la única que se encontraba en ese estado. Eran las nueve, pero el lugar ya estaba abarrotado, como si aquellos que allí se hallaban hubiesen tenido la misma idea que ella. Recuperando el aliento, se movió ágilmente entre aquellos, yéndose a sentar en un taburete de la barra. Pidió una cerveza pero, curiosamente, no llegó a tocarla. No le apetecía. El nudo que le atenazaba el estómago no admitiría un trago de aquella deliciosa bebida. Observó lo nerviosos que estaban todos, lanzando un vistazo a un sujeto en especial que incluso tenía las garras a la vista; ella controlaba eso más, pero sólo porque era una mujer loba de nacimiento y había lidiado con ello durante toda la vida. Aún así, su personalidad fácilmente irascible solía perderla más veces de las que querría, llegando a causar verdaderos estropicios. Su afilado oído captaba las diferentes conversaciones, que tendían a derivar hacia temas poco útiles para distraerlos de lo que realmente ocupaba su mente; dos voces en concreto se elevaron sobre las demás, justo al lado de Astryd. Pertenecían dichas voces a dos hombres del tamaño de un armario, con espaldas tan anchas que en ellas podrían caber tres chiquillas como Astryd. Pronto, las voces subieron aún más de volumen y lo siguiente sucedió con demasiada rapidez; la pelea se encendió y ambos armarios se levantaron, sacando garras, brillándoles los lupinos ojos. Al cabo de un instante, uno de ellos –el más borracho, probablemente- caía sobre la muchacha tras recibir con toda probabilidad un fuerte empujón, derribándola del taburete y tirándola al suelo. El peso muerto cayó sobre ella de improvisto, sin ni siquiera darle tiempo a apartarse. Y por un instante, no pudo respirar.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Lun Abr 08, 2013 5:14 pm

Mi cuerpo se sentía diferente. Era... pero no era mío. Había caido presa de sus y mis instintos. Vaga por las calles se hacía insoportable a veces. Escuchaba como latían los corazones de quienes pasaban por mi lado y un intenso deseo de arrancarlos se apoderaba de mi ser por completo. Podia notarlo, como un leve cosquilleo que erizaba el pelo de mi nuca. Necesitaba, quería transformarme, y arrancar toda vida de mi alrededor... Pero mi mente racional aún tenia un apice de control en este cuerpo.
Mis manos levemente temblaban, aún con los garantes de cuero abrigando mi piel... Había sido llamada, no sabía como, pero tenía que ir a un lugar de reunión.
Pronto mi nariz se vio inundada por el olor de los de mi raza... Que bonito reencuentro con mis semejantes... en una época tan oscura...
Abrí la puerta, y acto seguido supe de primera mano que iba a desentonar. Ninguno se parecía un mínimo apice a mí. Mis cabellos blancos llamarían la atención, aunque quizás mas aún mis ropajes de cuero.
Algunos se habitan empezaba golpear, otros, se miraban con odio. Aquél lugar no iba a traer nada bueno...
Me coloqué en una de las esquinas de la barra pidiendo un simple vaso de agua, para al obtenerlo colocarme en un lugar alejado, con penumbra queriendo pasar desapercibida, que todo pasara rápido...
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Mar Abr 09, 2013 10:35 am

El día no había resultado tan agradable como creyó pensar, sentía la tensión acrecentándose en él, teniendo que fingir su mal humor, durante las largas horas que duró la grabación. Entendía que se iba a comer las uñas por completo. Si bien había gruñido, no literalmente, a un ayudante cuando le trajo un descafeinado a media mañana en lugar de su café negro de amargo sabor y útil para despertar su cuerpo aletargado, aquel mejunje apenas sin cafeína sabía a rayos. Su manager disculpó de nuevo que estaba “delicado de salud” y necesitaba reposo: Una escusa para dejarle en su piso con la advertencia de que tratara de controlarse.

¿Controlarse? ¿A caso sabia un mundano como debía controlarse un Licántropo? ¿No sentían algo extraño rodeando la ciudad, estremeciendo y perturbando todo aquello a su alrededor? Aunque no encontraba sentido para molestar a los hijos de la luna. Le estaba tocando los huevos, estar encerrado cuando codiciaba salir corriendo y adoptar su forma más animal, abandonando la complejidad de un cuerpo humano por un par de horas. Con suma facilidad, sus brazos se volvían garras que rompían una tras otra sus amadas copas de whisky. Llego la tarde y el manager llamó. Mientras Eskol maldecía tener un cachivache tan delator, estimó oportuno la decisión de rechazar dos sesiones fotográficas. Si pretendían despedirlo le daba absolutamente igual. Las compañías se lo rifaban, suplicando porque promocionara su marca con su encanto. Pero ahora tirado en la cama en la penumbra no podía más que recordar la ansiedad, que aceleraba las pulsaciones del pecho, arrastrándole sin vuelta al pasado.

Cuando era más agresivo, sin control, capullo sin remedio. Aún lo era, pero opinaba que la ira estaba dominada, creía, ahora no estaba tan seguro. La rabia chocaba en sus dientes, a punto de gruñirle a alguien incluso a la presentadora de las noticias de la tarde. Se sentía irascible, cualquier ruido, cualquier movimiento torpe era digno para rugirse a sí mismo. En su cuerpo cada fibra de los músculos temblaba intentando transformarse, deseando recuperar su forma animal, pero no podía, sencillamente porque no se sabría controlar. ¿Qué aseguraba que no acabaría matando a alguien? Era un maldito peligro con la cara de un niño santo, mala elección. Sus rubios cabellos ahora eran más bien dorados, y son ojos perdían el brillo verde habitual y se tornaban amarillentos, intensos. Idénticos a los ojos de su transformación, no llegaría a dominarse. Así que decidió acudir a la Luna del Cazador, al menos podría tomar un trago de whisky sin romper otra copa más, y poder enterarse si ocurría algo similar al resto.

Se dio una ducha, y tomó el primer traje del armario, un Hugo Boss en tono gris ceniza, y la camisa negra, mocasines negros y un largo abrigo. Debía ser el único lobo de todos los de su especie, que era tan meticuloso con la ropa. Ni muerto se le ocurriría vestir con una camisa de leñador y unos vaqueros sucios, se permitía ser licántropo pero con estilo. Frente al espejo pudo ver que le salía algo de barba rubia, le daba un toque de rudeza. Hacía que consiguiera todos los teléfonos de las mujeres que quisiera solo con una mirada y un par de palabras, e imponerse entre todos los machos presentes con estar presente.

El camino se le hizo más largo de lo normal, posiblemente porque tenía que compartir con necios mundanos los transportes, permanecían contemplándolo como si tuviera algo en la cara. “Estúpidos mundanos” farfulló en su cabeza, y se puso los cascos. Pero ni el más duro y estridente rock aliviaba su impaciencia, por suerte logró escapar antes de que su humor rozando la absoluta rabia reprimida hiciera acto de presencia. Tuvo que pasar por la Comisaria donde se asentaba la manada de Luke Garroway, no es que le cayera mal, ni siquiera le conocía. Es que Eskol rechazaba formar parte de otro clan, no perseguía volver a reunirse en una especie de “familia” falsa que solo le incomodarían. Prefería su vida, era lo que había decidido, y ya podía aparecerse Odín y su legión de valkirias, que no lograrían hacerle cambiar de opinión. Cabezota, rememoró con melancolía, su madre solía decirle que fuera una mente más comprensiva, si la hubiera hecho caso, quien sabe, quizás podría haberla salvado. Y no ahora, vivía el dolor de la venganza y su ausencia, en absoluta soledad.”Eskol, que capullo cabezota resultas ser….no hay quien te aguante” pensó para sus adentros, consumido por la ira, el sarcasmo encontraba mil maneras de divertirse a su costa. Como si no fuera suficiente todo lo que aquel día estaba desatando algo muy grave dentro de él.

Al ver el letrero desgastado de la Luna de Cazador, avanzó el paso. Entró en lo que parecía un antro repleto de miles más de su especie “Perfecto, más licántropos, sabrían que no viviría sin estar pegado a ellos y decidieron adelantarse a mis pensamientos” comento a sí mismo en tono irónico. Odiaba tanto lobo junto, solo desencadenaría más y más iras, como si no fueran suficientes. Se acercó a Freaky Pete, un hombre lobo de malas pulgas al que siempre gratificaba que no le preguntara por su vida.

- El mejor whisky que tengas, y no seas rácano.- dejo en la barra un billete de cincuenta dólares. Y buscó un asiento, lo más lejos posible de la barra donde pudiera disfrutar de un buen trago de alcohol y evitar oír los problemas de sus “hermanos”. Al ver que había poco sitio, se sentó junto a una joven de cabellos blancos. No le sorprendía que cosas así se dieran entre los suyos, su pelo podía parecer a veces por la luz blancos.- ¿Evitando a gente molesta? Muy astuta.- intercambió con brevedad y hosquedad, tomando por fin la copa de whisky, derramando el potente liquido al interior de su garganta que acallaba su mente por un rato.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Gunther Krumm el Miér Abr 10, 2013 6:35 pm

Pocas veces en su corta vida había visto una tormenta tan intensa, una ciudad tan grande, vacía, y su propio reflejo distorsionado en el espejo por culpa de los malos sueños. El vapor del baño lo envolvía con alas ligeras mientras el castaño se observaba con detenimiento. Su pecho subía y bajaba al compás de una respiración agitada que distaba mucho de normalizarse, a la vez que una incontable cantidad de hilillos transparentes y tibios contorneaba su cuerpo, atraída por la gravedad en su descenso. Las suaves y enrojecidas yemas de sus dedos presionaron y tensaron con firmeza la piel de los pómulos, recorrieron las sienes con lentitud en una especie de autoreconocimiento exhaustivo como quien teme olvidarse a sí mismo; finalmente hundió las manos en el cabello mojado antes de entrelazarlas detrás de la nuca, arqueando la espalda hacia adelante en un intento por despojarse de la tensión que lo agobiaba desde hacía días.

—¿Qué mierda te pasa, Krumm? —díjose a sí mismo en voz alta, entornando los ojos y haciendo una mueca de dolor. Una punzada le asestó una poco decorosa oleada de hormigueo intenso que se esparció por su esternón hacia todas direcciones, sumergiéndolo en la sensación desesperante de estar con el torso metido en agua helada. Todo el cuerpo le dolía. Sentía las pantorrillas tirantes, la punta de sus uñas queriendo separarse de sus dedos como si se las estuviesen retirando con una pinza, la columna insistía en encorvarse en una postura imposible; un déjà vú que hacía las veces de memorándum imborrable de aquéllo que lo libraba de sus ataduras: la agonía de una transformación inminente.

Mientras que varios de los suyos —por no decir la mayoría— veían el proceso como una herramienta que les abría la puerta a un poder único, o como una maldición que no habían pedido, él lo veía como una forma de liberarse. Su válvula de escape. Los ataques comenzaban como un mal humor corrosivo que conforme pasaba el tiempo y aumentaban las provocaciones devenía en una furia que, de ser líquida y ardiente, bien podía escapar de su cuerpo y carcomer el suelo bajo él hasta el centro de la Tierra. La necesidad de apaciguar ese deseo de deshacerlo todo lo poseía hasta el punto de perderse en cavilaciones macabras de cómo desencajarle la mandíbula a terceros de un solo garrazo, o cómo se siente la tierna forma tubular y enchumbada en sangre de una arteria principal siendo masticada. Y de todas formas, más allá del salvajismo exacerbado en él, su ego no era el suficiente como para decirse a sí mismo que no se odiaba, que no era una bestia inmunda y merecedora de lo peor. Lo era, y de eso se ha convencido desde el día que despertó acurrucado sobre el cuerpo helado de la que fuese el amor de su vida, embadurnado en la costra oscura del humor seco.

Gunther reaccionó, sintiendo los pies congelados sobre el charco insípido de agua que había sucumbido al frío de la cerámica, apartando el borrón desenfocado que el vaho había dejado en el espejo con la palma de la mano. Tenía que moverse o enloquecería, presa de su propia mente turbada y confundida. Y si la mente se negaba a encontrar su punto de equilibrio, el resultado podía llegar a ser devastador. Para él y para el resto.

Pantalones cargo, una camiseta sin mangas, una cazadora de cuero y un par de borcegos a medio gastar lo convirtieron en una especie de loco con problemas de adaptabilidad, facciones afiladas y mirada severa. Y así como salió, después de atravesar un corto trayecto hasta la Luna del Cazador, empujó la puerta con el antebrazo e irrumpió en un ambiente que parecía devenir cada vez más caldeado y denso, y de ello se percató apenas avanzar: un par de señores que se habían bebido hasta el agua de los floreros —tal vez—, forcejeaban con los ojos amarillos fijos en el otro como si fuesen a devorarse entre sí, captando la atención de aquél que solía ponerse así de sentimental en el bar de Pete. Gunther alzó la vista hasta la barra esperando cruzar miradas con su bien conocida cara, pero se topó con el reflejo que le devolvía el espejo empotrado detrás de las estanterías que lucían las jarras y las botellas más caras. Freaky Pete. ¿Dónde estaba el tipejo?

—Acaba de salir —musitó un varón a su lado, encorvado sobre la madera maciza en la que tenía apoyada su cerveza y con unos orbes café oscuro escudriñándolo espejo mediante. Krumm asintió con una mueca que denotaba preocupación. El malhumorado tabernero nunca en la vida dejaba su local en manos de licántropos tan abiertamente. Algo pasaba, y el castaño tuvo una mala sensación en el pecho, como el vacío que debe de sentir un armario cuando le quitan todo lo de adentro.

Seguía abstraído entre el sector de las mesas y la cantina propiamente dicha, de pie con la vista al suelo como si esperase algo, comenzando a percibir un leve pero molesto hormigueo ascendiéndole desde los pies. Entonces un gruñido quedo lo sacó de su estado de semi-consciencia, trayéndolo de vuelta a la realidad de los machos alfa dándose de hostias frente a todo el mundo; uno de los dos, noqueado y fuera de combate, se tambaleó hacia atrás después de haber recibido de lleno un espectacular gancho de derecha justo bajo el mentón, y, en su atontamiento, pechó a una joven que permanecía quieta junto a él, quitándola de su asiento y cayendo sobre ella. Tremendo show se habían montado, aún cuando el horno no daba para bollos. Gunther no lo pensó dos veces y se acercó a la mole derribada con cara de pocos amigos, se inclinó para hundirle una mano fuerte en el cuello de la mugrienta camisa y tiró de él con la intención de apartarlo, mas no de ayudarle a levantarse. Sí cazó la mano de la muchacha sin siquiera pedir permiso, pretendiendo asistirla después del golpazo; no todos los días se le caía encima un tipo varias veces más grande que ella, supuso; mientras, y en un gesto distraído, posaba la mirada en una cara familiar. Beckman.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Astryd Ž. Lykæios el Vie Abr 19, 2013 4:05 am

El peso muerto cayó sobre ella de improvisto, sin ni siquiera darle tiempo a apartarse. Y por un instante, no pudo respirar. La cabeza del armario golpeó la suya; el golpe en la espina dorsal al caer contra el suelo fue tan fuerte que no pudo pensar en otra cosa hasta unos segundos después, cuando el aire empezó a faltarle. La urgencia de éste la urgía a revolverse, pero aquel gesto resultó tan inútil como darse cabezazos contra la pared teniendo fiebre pues, cuando más se removía, más le dolía todo, más le quemaban los pulmones. Intentó tomar varias bocanadas de oxígeno, pero el éxito brilló por su ausencia. Cuando la cabeza empezó a dolerle demasiado, el aplastante peso sobre ella se esfumó, desapareciendo de encima de ella con la misma rapidez con la que había aparecido. Por unos instantes, restó desorientada, pero la misma fuerza misteriosa que había hecho desaparecer al patán de antes, tiró de ella y la levantó también. Las piernas le temblaron momentáneamente, pero Astryd se mantuvo ergida y sin agarrarse a la barra por el bien de su ya magullado orgullo tras la caída.

Liberada ya del ahogamiento, la ira que había sido reemplazada por el terror de aquella muerte absurda (¿hay algo más absurdo que morir aplastado por un borracho?), volvió a aflorar con una fuerza inusitada. Sus labios se convirtieron en una fina línea y sus ojos zafiro se fueron tornando cada vez más amarillos, a medida que una rabia insólita iba dibujándose en ellos. Los dientes de loba le presionaban, queriendo salir, desgarrar, provocando que un dolor indescriptible se apropiara de su mandíbula y de sus propios dientes. Las manos le temblaban y, prontamente, sus garras aparecieron, motivándola a coger al tipo que le había caído encima y clavárselas en la espalda. Dejarle unos surcos tan profundos que incluso los órganos saldrían dañados; la sangre se derramaría por todos lados, la salpicaría incluso a ella si pillaba la arteria, y ella no sentiría asco. Sería tan placentero. La sangre le decoraría las manos a modo de pintura grotesca y, por fin vería calmada su sed violencia. Una vocecilla que le había estado gritando desde algún rincón de su poco cuerda cabeza empezó a tomar más volumen, obligando a la muchacha a que se detuviese y escuchase. No podía hacer eso. Pero no conseguía recordar por qué, por qué razón no podía matar a aquel individuo, por qué no podía transformarse. Qué era lo que se lo impedía y por qué algo dentro de ella susurraba que sucederían cosas terribles si se dejaba llevar. Poco a poco, la voz fue adquiriendo más fuerza y, al mismo tiempo, todo se normalizaba en Astryd. La respiración acelerada empezó a ralentizarse, las garras se retrajeron y dieron lugar de nuevo a sus delgadas manos, los ojos volvieron a ser del azul más extraño jamás visto, el cuerpo dejó de temblarle, los dientes dejaron de dolerle. No todo volvió a la normalidad de siempre, sino a la de antes de la pelea pues, sin conocer aún la razón, seguía estando alterada y paranoica; sentía que aquella sensación de que algo iba realmente mal iba aumentando cada vez más. Observó cómo rápidamente se llevaban a rastras al borracho, que al parecer había quedado semiinconsciente después de la caída (¡cómo si fuese él que había caído contra el suelo!) -o quizás iba demasiado ebrio como para seguir de pie-, y las ganas de amenazarle quedaron insatisfechas; sin duda, lo haría después u otra noche. No iba a olvidar su cara. Se giró a su derecha donde estaba el muchacho que, con toda probabilidad, era el que la había salvado de morir ahogada, pues lo único que había era cuatro borrachos un poco más a la derecha. Y dudaba que hubieran sido ellos. Enfocó su rostro, que no tardó en reconocer, y poco le faltó para soltar un bufido airado. Tenía que ser él. - Krumm. - Tener que agradecerle precisamente a él que le hubiese quitado al armario de encima suponía un enorme esfuerzo para el nudo de su garganta y su incontenible orgullo. Aún así, se sentiría como una niña caprichosa de doce años si no lo hacía. - Gracias. - murmuró secamente, mientras tomaba de nuevo lugar en el taburete que, ahora tenía un sitio vacío al lado. Tras sentarse, levantó la mirada de nuevo hacía él, estudiándolo con detención, como si pretendiese leer en sus ojos. Tal vez era lo que intentaba hacer, averiguar si él también se sentiría extraño, si se sentía inseguro. Pero sus ojos resultaron ser dos placas de hielo donde estrellarse sin más mérito. - Hacía mucho que no te veía por aquí. - Comentó, siendo cierto al menos desde su punto de vista, ya que ella misma no había estado precisamente para fiestas los últimos días. Más bien para encerrarse en un búnker y no salir en tres meses.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Rol Master el Vie Abr 19, 2013 7:59 pm

El ambiente que llenaba el espacio en aquella reducida taberna se espesaba por momentos, convirtiéndose en algo casi tan tangible que incluso era capaz de asfixiar a los presentes con la brumosa locura que los envolvía. Unos pocos iban llegando conforme la cerveza de Beckman se iba calentando, intacta sobre la mesa. Alrededor de la jarra comenzó a formarse una acumulación de humedad, la cual se deslizaba lentamente sobre el vidrio en forma de gotas, tan lentamente que daba la sensación de ser el enfermizo preludio de la locura que se desataría a continuación.

Todo empezó con un par de lobos al final de la barra. Un poco de alcohol junto con la paranoia que atenazaba a todos resultó ser una combinación explosiva y sumamente inflamable, pues en cuestión de segundos tantos otros se vieron contagiados por aquellas oleadas de arrebato y demencia, empujados por la ira irracional y las ansias de pelea.
La muchacha que antes parecía contenerse, vio la oportunidad que esperaba para saltar sobre la otra licántropa, liberada al fin de las cadenas invisibles de la cordura y el autocontrol. La otra, hizo a un lado a su acompañante, prácticamente saltando sobre él conforme arremetía contra la otra.
Ambas terminaron en el suelo, rondando una sobre la otra en una mezcla de gruñidos y palabras ininteligibles, pues los colmillos asomaban por sus labios perfilados y las garras abrían profundos surcos sobre el rostro de la otra. Sus cuerpos temblaban, luchando por desprenderse de sus pieles humanas y enzarzarse en una batalla a muerte por alguna razón desconocida y completamente absurda.
Como una estela, los presentes siguieron el movimiento efectuado, seducidos por el impulso de desgarrar, despedazar y matar. La necesidad apremiante de lanzarse a la lucha encarnizada era incontrolable una vez que habían abierto las presas que contenían a la bestia, y lo que tanto temía Thomas, se vio representado ante sus ojos como la escena grotesca que era.

Gruñidos mitad animales mitad humanos, garras por manos que despedazaban la carne de los suyos y ojos inhumanos que relucían con sed de sangre llenaron el silencio asfixiante. Una manada enfrentada, atacando sin orden ni concierto a todo lo que se pusiera ante ella, ya fueran sus propios hermanos o muchos de los exiliados que habían acudido al llamado.
Alertado por el ruido, Freaky Pete dejó la seguridad de su santuario, golpeando la puerta de la oficina con determinación conforme avanzaba por el pasillo oscuro que daba a la sala. Se paró de pronto sobre sus pies, y por un instantes pareció aturdido allí plantado, con su rostro huraño y de enojo dando paso al consecuente temblor de su cuerpo. Sus ojos oscuros adquiriendo el brillo enfebrecido de la bestia, seducido por aquella imagen que lo incitaba a unirse a la refriega.

Beckman, por su parte, mantenía su propia lucha interior, su propia cordura racional balanceándose en la precaria disposición de imponer orden o simplemente dejarse arrastrar por la necesidad de matarlos a todos, de clavar sus dientes en las carnes trémulas e insignificantes de toda aquella panda de imbéciles. Su propio subconsciente racional podía considerarse en esos instantes un susurro lejano y amortiguado por los gruñidos roncos y ensordecedores. Apenas lograba distinguir entre los propios y los ajenos entre aquel estruendo de vidrios rotos y mobiliario astillado.

Con un suspiro que buscaba reunir aquella diminuta capacidad que le quedaba de pensar, aisló los sonidos de la batalla y tomó las riendas de su propio cuerpo. Lo que mas odiaba de aquella situación era justamente eso; no poder ser dueño de sí mismo, siempre esclavo de sus impulsos animales.

Un cuerpo fue lanzado por los aires, terminando despatarrado sobre la mesa que tenía frente a él. La mesa cedió debido a la fuerza del impacto y el hombretón ensangrentado rodó por el suelo, completamente inconsciente. Sus rasgos lupinos disolviéndose entre la carne lacerada y amoratada de su rostro.
Beckman abrió los ojos lentamente, las aletas de su nariz dilatadas aún cuando ni se molestó en saltar del asiento. El dueño del bar, ese viejo gruñón que jamás toleraba una simple amenaza o mirada airada, ahora sonreía como un lunático tras deshacerse de aquel muchacho inconsciente, sacando fuerzas que apenas parecía tener un día normal y enfrentándose a tres mucho mas jóvenes que él.

El cuerpo del segundo al mando estaba siendo sometido a una presión capaz de partir sus huesos en cientos de fragmentos afilados, al igual que la mirada dorada que lanzó hacia lo presentes. O al menos, a los pocos que quedaban en pie y seguían enzarzados con sus presas. La situación había degenerado en una completa masacre.

Como sintiéndose congelado en el tiempo, se levantó con la lentitud que minutos antes le había evocado la humedad de su cerveza, tomándose cada ligero movimiento como la antesala de toda la furia contenida en su interior. Apenas le dirigió una segunda mirada al lobo tendido frente a él cuando lo esquivó a paso tranquilo. Ni siquiera buscó la forma de evitar que aquellos muchachos terminaran con la vida del viejo Freaky, pues ya nadie a su alrededor parecía percatarse de él, lanzándose puñetazos y dentelladas a pocos pasos de donde se encontraba conforme se abría paso entre escombros y cuerpos inconscientes.
Sin previo aviso y sin que nadie pudiera anticiparse a su siguiente movimiento, Thomas tomó uno de los pocos taburetes que quedaban intactos y lo estrelló con una fuerza descomunal contra el espejo que abarcaba toda la longitud del fondo de la barra, creando un estruendo y el sonido de millones de vidrios fragmentándose y cayendo en una cascada plateada.

- BASTA!- Rugió en un tono de voz inhumanamente poderoso. Todo aquel mito sobre el poder que desprende una simple orden del macho alfa tomando el control de aquellos infelices, sometiéndolos con su aura de poder aplastante capaz de hacerles agachar las orejas y esconder el rabo entre las piernas. - Maldita sea! ¿Qué somos, decidme? - Gritó el hombre mientras trataba de serenarse y evitando sucumbir a las ansias que tenia de destrozarlos a todos. Apenas si se había percatado de que sus dedos eran ahora afiladas garras y se clavaban firmemente sobre la pechera de Freaky Pete.- ¿Somos animales, bestias incapaces de razonar, criaturas estúpidas controladas por los instintos? - Le lanzó una mirada despectiva al viejo tras dedicarle una mueca, enseñando los afilados dientes. Después, lo soltó y centró de nuevo su atención sobre los otros.- No somos jodidos animales, así que controlaos u os juro que os encerraré a todos en las celdas de la comisaría hasta que aprendáis a controlar esto! - No creía necesario aplicar la amenaza implícita en esa declaración, pues no dudaría en matar al que se le pusiera por delante en esos precisos instantes.- Nadie en este bar volverá a provocar un altercado, y el que no esté de acuerdo con esta regla básica o se vea incapaz de controlarse, ya sabe donde está la puerta.

El silencio reinó por unos instantes. Beckman observando a todos y cada uno de los presentes con la amenaza implícita en el mirar lupino y salvaje de sus ojos. Sin un solo comentario o réplica por parte de una pareja del fondo, observó como mostraban una mueca casi animal y se marchaban dando un portazo. Finalmente, el ambiente pareció volver poco a poco a la normalidad precaria que hacia unos minutos había recibido a todos los presentes. Unos pocos volvían a la consciencia, otros pocos se sacudían la ropa o intentaban cortar la hemorragia de un labio partido.

- Bien, y si todos estamos de acuerdo.- Continuó una vez sintió de nuevo la atención sobre él.- ¿Podemos empezar con la reunión sin llegar a despedazarnos mutuamente, por favor?



Resultado de los acontecimientos:
La situación degenera de pronto, y todos los presentes se ven afectados por la apremiante necesidad de luchar, desgarrar y desgarrar. Todos los presentes se ven, de una forma u otra, sumidos en una batalla campal sin precedentes. El segundo al mando de la manada exige saber qué medidas seria adecuado tomar así como conocer todos los detalles que puedan servir para esclarecer los motivos que los llevan a esa situación.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Miér Abr 24, 2013 2:23 pm

Contra mas gente pasaba por la puerta mas desapercibida quería pasar, ya que nadie le quitaba ojo a nadie, acechando por su instinto de cazadores a otros como ellos, aquello que reinaba en esta aglomeración tan abundante de humanos a lo que ellos llamaban ciudad realmente los volvía locos...
Incluso a mí me costaba contener aquellos impulsos mas básicos de todo hijo de la Luna...

Otro hijo de la Luna entró, pero no le hice mucho caso, solo miraba mi vaso de agua fría, en el cual se empezaba a formar humedad en el cristal, y alguna que otra gota se deslizó por este mismo, hasta tocar la piel de mis manos. era quizás reconfortante, me notaba arder por dentro.

El hombre se sentó a mi lado, con una copa de una bebida fuerte que me hizo arrugar la nariz levemente, nunca había olido semejante liquido. Su voz pronto fue escuchada por mis oídos, y mis labios pronto le respondieron.
-Prefiero no ser vista... por los ojos de aquellos que pueden llegar a matarme sin quererlo realmente -lo miré unos instantes y luego volví a mirar mi vaso- no soy alguien a la que le gusten las peleas, pero siento como si me quemara por dentro las ganas de matar... No me doblegaré tan fácil a ellas -sonreí amable, por mucho que me quisieran dominar, mis instintos aún estarían bajo control.

Pero, lo que mas temía pasó. Todos, o casi todos los que nos hallábamos presentes en aquella sala estallaron, como un tomate si lo aprietas demasiado. Las peleas se sucedieron unas a otras, daba igual con quien, la cuestión era solamente arañar, despedazar, ver ese líquido carmesí derramarse, daba igual de quien, la sangre empezó a correr. Todo aquello me incitó mas aún a lanzarme en medio de las peleas, pero me mantuve quieta.

Mis pensamientos solo se los dedicaba a mis amados bosques helados, a la paz y la tranquilidad que existía allí, y en los que algún día volvería. "No te dejes dominar... eres fuerte..." Pensaba una y otra vez, mirando mi vaso de agua, sin inmutarme de los objetos que volaban por los aires o la gente que hería a otra gente. Aunque algo me sobresaltó, las voces de un hombre en el que no me había fijado hasta ahora.

Parecía ser el líder de todos aquellos, seguramente él me hubiera citado a aquella reunión tan extraña. Guardé silencio, era lo único que podía hacer, escuchando sus palabras, repitiéndolas en mi mente para guardarlas. Los discursos de los líderes mostraban como eran en sí, aunque las apariencias casi siempre engañan. Me mantuve quieta, volviendo la mirada al vaso. Aquello me mantendría en paz por un rato.

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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Vie Abr 26, 2013 7:25 am

- Si te ocultas tampoco puedes ser apreciada por los demás. –añadió mirando a la joven, pese a su apariencia inocente era, con seguridad, una loba. Su olor no era tan intenso pero el hombre la reconocía. Miro el vaso un par de segundos y levanto la mirada al horizonte sin un punto en concreto. – Era lo que solía decir mi madre, una mujer inteligente, una loba llena de sabiduría. – finalizó la conversación sintiéndose incomodo ¿Por qué había hablado con ella sobre su madre? Eskol se debatía a si mismo cuando estalló la pelea y con ella, sus pensamientos y la cordura.

El lobo interno rugía, clamando el sabor de la sangre, clavar los colmillos y despedazar la carne de otro lobo, los aullidos. La ráfaga de adrenalina dotando de fuerza sobrehumana a la bestia. La ira brotando desde el cerebro esclavizándolo, llevarlo hasta el límite de su naturaleza animal, aquella donde las palabras no servían y los pensamientos morían del desuso. Ese lugar en el cual, la espiral de violencia y la sensación de jugar con la vida, se volvía una droga. Reconocía esas sensaciones, como una malévola fotografía en sepia, su pasado atormentaba su presente, y jamás entendía deshacerse de esa rabia bramando por perder la humanidad que conservaba. Lo que rodeaba la ciudad bajo el influjo lunar, estaba empujándolo a sus comienzos convirtiéndose en lobo. Abandonando esa idea de adolescente atormentado, alguien que en soledad se enfrentaba a sí mismo, llevándose hasta el lado más peligroso de su cambio. La muerte de su madre estaba reciente y día a día tenía que ver al asesino paseándose impune. La frustración, la impotencia aporreándole el cráneo dejándolo sin sentido. Los entrenamientos quemaban esa violencia, pero no toda, porque todavía la venganza hacia latir su corazón. Una sensación vana de esperanza, sin destino. Eskol escapó de aquellos pensamientos, subproducto de las malas sensaciones que últimamente ocurrían: hacer enloquecer a los hombres lobo, sedientos a los vampiros. Soltó una carcajada solo de imaginarse a esos críos, llamados “nephilims” tratando de solucionar algo.

Beckman, había sido un hombre bastante tranquilo, al menos así le recordaba vagamente en su memoria. Al igual que Luke, le ofrecieron formar parte de su manada, de tener una especie de hogar, pero Eskol era solitario. No quería formar parte de nada ni de nadie, era su condena y se encargaría de cumplirla. Ahora el segundo al mando, parecía estar a punto de estallar, le compadecía entre muecas burlescas, tener que poner en vereda a todos los lobos. Era como tratar de detener el curso de una catarata con las manos. Pero aún así, el desdichado hombre, intentaba desafiar lo imposible, y eso merecía un gesto de aprobación. – “¿Qué somos? Déjame pensar ¿Hadas? Eso lo explica todo, para ir a casa volaré con mis alas. Solo necesito polvos…” –respondió para sí mismo con su habitual sarcasmo.- “Exacto nos definiste a la primera, Beckman. Tu sí que sabes comprender a un lobo de mal humor.” – le dio un trago al whisky, aquel sabor adormeció su mente por segundos, pero relajaba su cuerpo. Lograba girar el cuello sin oír como un “crack”. Estaba tenso, muy tenso y los ruidos no le ayudaban a descender su mal humor. Removió el whisky, el líquido chocó contra los hielos del vaso. Menos mal que tenía la botella, sino se habría lanzado en picado y sin pensar a esa orgia de puñetazos y patadas. –“No hay celdas para todos, acabaríamos a ostias antes de que te dieras la vuelta” – miró a su alrededor, viendo como muchos trababan de contenerse, aunque sus intenciones eran buenas, lo que demonios estuviera flotando en el ambiente era superior a ellos y a cualquier cosa imaginada. – “Vaya ahora que quería sacudir a alguien, me cortas el rollo.” – chistó esa vocecilla llamada ironía en su cabeza, era su fiel compañera, y después de tantos y tantos viajes, su única amiga. Si estaba jodido siempre encontraba como hundirlo aun más, o abrir heridas que juzgaba cerradas. Pero se lo consentía, se conocían desde hace años, era una compañía que no le hacía sentir tanta soledad.- “Aunque sabes que estás muy solo, y no cuentes tus rollos esporádicos.” – Eskol prefirió no interrumpir su ironía, dar otro trago mientras esperaba ver lo que se desarrollaba. Sin embargo dentro de él, algo decía que no iba bien, nada bueno. Y hasta el whisky le sabía a rayos, así que dejo el vaso y se puso a revisar si tenía algún mensaje de su agente.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Gunther Krumm el Dom Abr 28, 2013 12:39 pm

—De nada, Astryd —musitó el licántropo con voz queda, mirando a su homóloga de soslayo con ojos escrutadores—. Y sí corrió mucha agua bajo el puente desde la última vez que nos vimos...

Dos sombras se enredaban entre sí refugiadas por las altas paredes de un callejón oscuro y desolado, gruñendo como fieras que intentaban abrirse paso por sus disfraces humanos, golpeándose furiosamente con la primitiva intención de destrozar. La que aparentaba ser la más menuda de los dos era rápida e igual de fuerte que su contrincante, revolviéndose deseosa de sangre en los brazos de aquél que pretendía inmovilizarla y atacar directamente a la yugular como un animal salvaje. El combate que tiraba más a cacería parecía estar parejo, alargando la trifulca que distaba mucho de terminar. Nadie los detendría. Sólo el cansancio podía hacer mella en sus cuerpos y separarlos por unos minutos, para después sacar las garras nuevamente y avanzar hacia adelante con la furia desatándose en ellos, imparable.

El recuerdo de una de las peleas más emocionantes que había tenido en su vida caló hondo en él, comenzando a resquebrajar el ya de por sí delgado muro que contenía su condición a duras penas. ¿Cuándo había tenido el último ataque? ¿Cuán malo había sido? ¿Qué lo había causado? Lo cierto era que su agresividad incontenible no siempre tenía una razón de ser. Sólo sucedía, volviéndolo un monstruo enceguecido por las ganas de oír el goteo incesante del tuétano chorreando de los huesos rotos. El sonido de la agonía silenciosa, el que opaca los gritos que ya no satisfacen a la bestia.

Su vista periférica osciló rápidamente entre Astryd y Beckman, deteniéndose en este último con un velo claro sobre los ojos. Pudo sentir su propio cuerpo incorporándose lentamente mientras la cabeza le daba vueltas, permaneciendo inmóvil con el rostro vuelto hacia Thomas sin poder articular palabra. Pero entonces la visión de una mujer lobo agazapándose previamente a saltar sobre una de los suyos lo llamó a la locura, el maremágnum de garras y ojos amarillos no tardó en aparecer a su alrededor de un momento a otro, y aquéllos que siempre habían gozado de un autocontrol envidiable se volvían débiles como él ante el deseo de destrucción. Una pesadilla bella.

La vista se le nublaba mientras las cosas se tornaban lejanas e inalcanzables. Las fibras delgadas de sus músculos se torneaban entre sí, tirando hacia abajo como si el centro de la Tierra las llamase con un cántico macabro. Oía poco más que un pitido constante y terriblemente molesto penetrándole los oídos a modo de aguja filosa y vibrante como el batir de alas de una abeja. Sintió los caninos deviniendo afilados y queriendo separarse de las encías, cuando en realidad era el fino hueso el que se alargaba de a poco dentro de su boca. No dolía, pero sí sentía una necesidad punzante de morder, de desgarrar carne ajena, de mancillar la piel lozana de la loba que tenía más cerca.

No.
Y en medio de todo, del caos, del desbordante aroma metálico de la sangre y los gruñidos guturales que rajaban las gargantas, Gunther cedió.
Tambaleándose hacia la puerta logró aferrarse al pestillo con las manos que lucían garras traslúcidas en sus extremos, clavándoselas en la piel del dorso al girar la manija de bronce sucio. Estaba abandonando la reunión. ¿Pero qué clase de reunión era esa, si el mismísimo convocador rozaba el salvajismo por si solo como todos en el bar? Beckman lo entendería. Beckman estaba al tanto de sus arrebatos. Abrió la puerta de par en par y, después de avanzar lo suficiente como para rodear la Luna del Cazador, cayó de rodillas sobre el suelo húmedo del callejón aledaño, doblado sobre el estómago como un papel plegado. Las entrañas le ardían, gritaban, pedían el cambio. La piel tiraba como si lo estuviesen desollando vivo, la carne temblaba ante el recuerdo de aquello en lo que quería convertirse.

Hazlo. Hazlo. Hazlo. HAZLO.
Un aullido que no era animal pero que tampoco era humano se abrió paso por su ser atravesándolo de lado a lado como una lanza, mientras sus huesos se acomodaban rápidamente, rompiéndose y regenerándose en otro sitio, al son de la sombra que se deformaba a medida que transcurrían los segundos. El cabello volvióse rojizo de repente, expandiéndose por todo su cuerpo como una plaga, cubriéndolo por completo y alargándose en varias capas que volverían impenetrable el lomo del depredador en el que se estaba convirtiendo. Ese pelo se erizó como púas justo tras su cuello, abriéndose ante la furia fulgurante de aquél cuyas fauces ya eran las de un lobo. Sus ojos destellaban oro líquido, escudriñando la oscuridad como el que todo lo encuentra en sus dominios.

Nada escapará de mi vista. NADA.
Y acto seguido, el cuadrúpedo rojo echó a correr en busca de una presa haciendo vibrar el suelo bajo él.

Nota:
Me he transformado porque no hacerlo iría contra el personaje en sí, y me he salido para no joderles la trama a los que están, porque la cosa podría ponerse bien fea. Todos transformados en un bar pequeño... No, gracias.

Por otra parte, pienso ir a por libre a buscar respuestas para lograr tener una noción de lo que está pasando con la raza, y de paso visitar a una vieja amiga.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Rol Master el Mar Jun 11, 2013 4:07 pm

Beckman permaneció en silencio por unos largos minutos, escrutando uno a uno a todos los presentes que aguardaban frente a él con evidente respeto empañado por la hostilidad latente que continuaba rugiendo en su interior. Casi podía escuchar los gruñidos silenciosos haciéndose eco en el interior de sus cabezas, los arañazos desgarradores de las bestias encarnizadas que habitaban en su cuerpo y se adueñaba de sus almas y su cordura.
El propio segundo al mando sentía el cosquilleante subidón que precedía al cambio recorriéndole cada fibra sensible de su cuerpo en un siseo electrizante. La incontrolable necesidad de cambiar conllevaba su precio cada vez que intentaba combatirla, mostrando una entereza no del todo pasada desapercibida debido a sus rasgos lupinos y afilados que se entreveían en el rostro varonil, así como el vello erizado de su nuca y rostro, dotando a sus rasgos de la esencia misma de su característica naturaleza. Un músculo de su mandíbula dio un tirón en un acto reflejo, un tic nervioso de la tensión que se acumulaba en él al tiempo que llevaba a cabo su propia batalla contra el instinto y la necesidad de dar rienda suelta a la urgente necesidad por despedazar, destripar y desangrar.
Aullar a la luna llena al igual que a la diosa pagana de su alma.

Poco tiempo pasó después, aunque fácilmente pudieron ser días por el ambiente opresivo que se respiraba allí, sumidos todos los presentes en el perturbador silencio. Las virutas y los vidrios rotos crujían bajo los zapatos de los hijos de la luna que se removían inquietos; gemidos apagados emitidos desde algún rincón en el que alguien era atendido por cualquier otro; ojos dorados aún encendidos, como brasas de una hoguera todavía inextinguible en su totalidad. Pero ninguna palabra. Ningún susurro o queja que pudiera sobreponerse a la voz gutural de Beckman, que aún parecía hacerse eco entre los presentes.
Un instante en el que todo cambió tan rápido como lo había hecho instantes antes de que perdieran el control sobre sí mismos.

La puerta de la taberna se abrió de pronto, desvelando bajo el umbral a la muchacha que había abandonado el local minutos atrás. Los viejos tablones de madera golpearon con un ruido sordo tras ella una vez que se vio incapaz de mantenerse mas tiempo en pie, desplomándose frente a todos con el rostro ensangrentado y evidentes signos de lo que parecían mordiscos y arañazos. Sus ropas ajadas dejaban entrever las heridas abiertas y sangrantes conforme la loba se desangraba lentamente sobre el piso. Sus labios entreabiertos parecían musitar algo inaudible al principio, pero que poco a poco fue tomando forma al tiempo que los últimos estertores de la muerte sacaban el final de la palabra en un hálito contenido que pugnaba por salir.

- Va...va...vam...piros...

Resultado de los acontecimientos:
Frente a la puerta de la luna del cazador aparece una mujer lobo muerta. Fuera, su compañero se encuentra desplomado en el suelo, rodeado por un reducido grupo de vampiros que todavía tienen el rostro y el cuerpo llenos de la sangre caliente de ambos. Nadie sabe afirmar con exactitud si el joven sigue o no con vida, pero es muy probable que corra la misma suerte que su compañera si los hijos de la luna no hacen nada al respecto.

Los vampiros, debido a los efectos de la tormenta, sufren evidentes signos de descontrol y violencia, una situación hasta ahora desconocida para otros subterráneos.
Son potencialmente peligrosos y lucen completamente desquiciados, mostrando sus afilados colmillos en un siseo amenazador, con serias pretensiones homicidas.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Dom Jun 16, 2013 6:43 am

Ahora Garmr aúlla alto | ante Gnipahellir,
Las cadenas se romperán, | y el lobo correrá libre;
Mucho sé que hago, | y más puedo ver
Del destino de los dioses, | los poderosos en lucha.
Refrán de Völuspá para anunciar la venida del Ragnarök.



Y el interruptor se encendió. Ver a la joven ensangrentada hizo despertar la bestia que estaba presa de cadenas dentro de él. Aquel ser que últimamente estaba más presente de lo normal. Hijo del caos y la locura demencial, con la fuerza de la madre Tierra, y el poder de destrucción de Garm, perro que guardaba la puerta de entrada a la morada de Hela en Niflheim. Se puso en pie tirando el taburete alejándose de la joven peliblanca y de los otros acompañantes en la barra.

El lobo dentro de él, estaba destrozando sus entrañas a gran velocidad, clamando tomar posesión de su cuerpo. Eskol peleaba a cada segundo, pero era imposible reprimir por completo su naturaleza. También buscaba el momento de tomar dominio completo de su mente, dejar de pensar cual humano, dejar fluir su locura e instintos, ser un hombre lobo

- ¿¡Ves lo que se logra tratando de pelear contra nuestra naturaleza!? Todos los aquí presentes esta pensando en cometer una carnicería, y me incluyo entre ellos –pronunció enfrentándose a Beckman, en el absoluto silencio de mil miradas clavadas en ellos. Su lobo aullaba, trepando por la nuca, abriendo con sus garras su cabeza, partiéndola para tomar su lugar dentro. Se acercó a él mientras los demás hombres lobos se apartaban, el crujir de los mocasines contra los cristales. Se detuvo ante él, haciéndolo frente. – Ahora hay victimas por mantenernos “Humanos” Mientras los vampiros aprovechan esto… -su voz se agravó casi incapaz de distinguirse a si mismo, estaba perdiendo el control.- No voy a dejar a unos chupa-sangres matar a ninguno de los nuestros: Voy a matarlos si luego quieres meterme en una celda, hazlo, no tengo miedo.

Los segundos frente a Beckman fueron los más duros que pudo imaginar jamás, estaba en el limbo entre hombre y lobo. Concibiendo como los huesos se rompían por docenas, mutando a gran velocidad, tomando forma de garras. Su respiración se aceleraba, la bestia quería lo que no había tenido, y lo iba a reclamar con el mayor dolor que nunca hubiera llegado a imaginar. Podía solo alzar el brazo, y degollarlo, podía y quería, la necesidad de sentir las garras clavándose en la carne despedazando la piel. Abriéndose camino a través de ella, llegar a los músculos y partirlos. Pero no lo hizo, su ser humano, dominó contra aquella bestia, y giro sus pasos manteniéndose dentro de su apariencia humana hasta salir. Arrancando con grosería, la puerta del local, ya pagaría los desperfectos a Pete.

Eskol cayó de rodillas, la bestia le tenia acorralado, estaba finalizando con su cordura, las cadenas que lo habían mantenido preso, cedieron a su fuerza y las esclavas se partieron liberándolo. No pretendía pelear mas contra su propia esencia, y dejo que tomara posesión de él. Que el dolor transformara su cuerpo humano en un lobo. Al ritmo de un corazón como tambor, el sonido de la locura y el padecimiento se expandía hasta el último de sus nervios. Crepitar de los huesos que se regeneraban en segundos. Su rostro alargándose, la mandíbula crujió y se fortaleció en segundos transformándose, en el hocico, en las fauces de la bestia. Y remplazando sus dientes humanos por colmillos afilados que desgarrarían toda la carne que tocaran. Mientras se retorcía entre gritos guturales, brazos y piernas aumentaban de tamaño adquiriendo musculo y proporción en aquel ser, junto a unas centelleantes garras al finalizar sus extremidades. Su bestia interna estaba rembolsando las transformaciones que no tuvieron lugar, triplicando o cuadruplicando la intensidad de su transición. La piel ardía y se desgarraba, miles de llamas, mil agujas quemando sus nervios y tejidos. Piel nueva de la que emergía un pelaje claro, rubio casi blanco, brillante ante la luna. Gritando liberaba el padecer de su alma que caía al abismo dueña del caos delirante de su transformación. Atisbaba perderse en la bestia, alejando sus rastros de humanidad de su cerebro.

Un simple interruptor convertía al humano en asesino, su furia fluyendo por las venas. La ira como oxigeno en sus pulmones permitiéndole respirar. El padecer del humano que fue, sus remordimientos convertidos en su pesadilla temida, la carencia de culpabilidad. El goce de ver la sangre de sus enemigos, verlos morir, destruirlos entre sus garras. ¿Cómo no iba a disfrutar de ello? ¿Por qué debía esconderse tras su apariencia humana?

Sus patas se irguieron ante los vampiros y el joven inconsciente, una bestia sobrenatural en mitad de Nueva York en pie sobre sus cuatro patas. En la calle Hesten de un barrio perdido. Una bestia que clavaba sus garras en el asfalto, arañándolo sin importarle. Desplazando su peso de su cuerpo, en guardia listo para atacar. Abrió los ojos, unos brillantes ojos verdes amarillentos escrutaban a sus enemigos allí en pie, analizarían a sus victimas antes de acabar con ellas, grabar en su mente el último hálito que emitieran antes de abandonar su existencia terrenal.

El aroma a sangre, el olor del joven lobo, la locura trepando adueñándose de su vista, sus ojos de licántropo. La transformación se había completado, la bestia reclamaba ahora sangre por la sangre derramada. Y lucharía solo si era necesario, despedazaría cualquier enemigo que amenazara a un lobo y su existencia. Sus fauces se abrieron, mostrando los perlados colmillos de depredador, dejando escapar el sufrimiento desde su garganta para aullar.

Escucha mi aullido, y muere

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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Mar Jun 18, 2013 3:41 pm

Uno se transformó y se fue, otros lo hicieron y se quedaron, mantener la calma costaba poco pues mi piel se erizó, mi cuerpo dejó de responder a mi voluntad y por un instante la loba que guardaba con recelo tomaba el control. Cerré los ojos y exhale, para luego abrirlos y que estos fuesen mas intensos, un azul mas fuerte, con la pupila rodeada por un tono amarillento de la bestia.
Quería sangre, quería hacer daño, algo bastante impropio de mí, pero quería hacerlo. En ese momento, el vaso de mis manos se rompió en pedazos cayendo estos al suelo, quedándose alguno clavados en mis manos, los cuales retiré con suavidad, dejando gotear la sangre al suelo.
NO, retoma el control, eres fuerte, eres la heredera de un clan, eres madre, eres una Moonwinter, recupera tu auto-control o seras débil."

Pensaba mientras volvía a mirar el vaso, el cual parecía haberse calentado su contenido por la temperatura de mis manos, notaba mi cuerpo arder, enfermizo, como si la fiebre lo invadiese, como si contuviera algo que no debía, notaba que ardía.
Levanté la mirada, y en silencio observé a la joven que entraba, levantándome para dirigirme hacía ella, pero algo me detuvo, la sorpresa del hombre que me había acompañado este rato, dejándose domar por la bestia que tenía dentro, o al menos en parte.

No sabía si llevaba razón o no, solo me preocupaba la mujer, bueno, eso se podía discutir, pues tenía tantas preocupaciones en la cabeza, que no sabría por cual empezar, si por que podría morir en cualquier momento siendo asesinada por cualquiera de ellos, si los vampiros de fuera eran demasiados y me matarían, si la muchacha seguía viva y necesitaba ayuda... Todo esto en un pequeño rincón de mi cabeza, pues la gran mayoría estaba ocupada por una sed de sangre y muerte nunca experimentada por mí, creí que seria peor que mi primera Luna.

Una vez el hombre salió, medio transformándose me acerqué al cuerpo de la chica, comprobando el pulso con la mano que no tenía dañada. No tenía. Estaba muerta. Era una pena perder a uno de los de tu especie, una verdadera lastima que conmovió un poco mi agitado corazón, en una situación normal hubiera velado por su alma, camino ya del mundo de la Noche Eterna.
-Ve en paz a la Noche Eterna, allí esperan los antepasados, hijos de la Luna -murmuré casi en rezo por su alma, en una lengua ya olvidada por los oídos de la mayor parte de los seres, olvidada y recordada por los susurros de la noche. 

Me erguí y miré a todos los presentes, luego al que parecía el líder de ellos, el cual seguramente no estaría contento con la actuación del anterior joven. Podía notar mi sangre hervir en mi interior, pero me esforcé por mantener la compostura, como una buena dama.
-No quisiera cuestionar tus métodos, no es mi manada, ni tú mi líder, pero esto me pareció excesivo reunir aquí a todos con lo que nos esta pasando -mis manos temblaron, no sabía si por lo que decía a un líder que seguramente me arrancaría la cabeza y abriría las tripas con un simple movimiento de zarpa, o por que deseaba matar a la mitad de los presentes sin verdaderamente desearlo, yo no era así, el valor de mis palabras, estaba infundado por la agitación de la situación, pues nunca hubiese querido estar involucrada en otra manada que no fuese la mía, a no ser que esta me hubiera invitado oficialmente a unirme, y ayudarme, como yo les ayudaría a ellos- Aún me extraña que no estén mas de la mitad muertos, ahogados en su propia sangre, deben de respetarte lo suficiente como para contenerse... -miré de reojo al hombre que salió ya convertido, seguramente yo siguiera sus pasos en breves segundos- No obedeceré ordenes vuestras, ni temeré vuestros castigos, no sois mi líder, y yo solo quiero mantener una paz por este lugar hasta ser... -encontrada, esa era la palabra, pero ¿De verdad me encontrarían? Seamos realistas, si ni yo misma supe defenderme en una ciudad como esta, siendo sacada de una aldea completamente medieval, mi aldea, mi clan, no sabría tampoco, y si venían, morirían- hasta irme de aquí -corregí y lo miré, notando que el amarillo de mis ojos se extendía levemente, armonizando con la intensidad del azul- Provengo de un gran clan y ofrezco mi ayuda, pero no seré doblegada ni ordenada a acudir a encuentros que puedan poner mi vida en riesgo por el capricho de un líder -terminé seriamente de hablar, notando como mi boca se secaba, ¿de donde había sacado semejante fuerza para decir tales palabras? Era loba muerta, o mas que eso,pero no me iba a doblegar, no de nuevo, no sabía quien era él para citar a todos ahí y empezar a hablar como si le debiese lealtad, aquello era algo que se ganaba... Retrocedí unos pasos, notando mi cuerpo temblar, la Luna me estaba llamando, escuchaba a mi loba interior aullar y resonar en mi cabeza, salí de la taberna, para mirar al hombre transformado ya en lobo, y a los vampiros, los cuales amenazantes podría jurar que veían en mis venas mi sangre palpitar, pero lo que mas centró mi vista, fue el joven tirado en el suelo, no sabía si vivo o muerto, y necesitaba ayuda urgente. Por él, solo por él, por nadie mas, no por matar, no por defender a nadie, ni velar por nuestra especie, solo por él, dejé que la loba que guardaba con recelo saliese.

Exhalé el aire de mis pulmones, notando como mi cuerpo empezaba a cambiar, y a llenarse de un bello pelaje blanco, tan blanco y puro como la nieve, las ropas rasgadas y rotas cayeron al suelo, y yo de rodillas con ellas, mientras notaba como la esencia del deseo de la sangre dominaba cada célula de mi ser, quedando a los pocos segundos convertida en mi forma lupina, mirando sin emitir ruido alguno a aquellos bebedores de sangre.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Rol Master el Miér Jun 19, 2013 10:29 am


  • La calle que esta a la salida de la taberna se encuentra llena de vampiros. Los lobos se encuentran completamente  rodeados. No existe mas posibilidad que el enfrentamiento inminente debido a la inestabilidad de ambos grupos y el poderoso instinto de rivalidad existente entre ambos.  Tan solo unos momentos de tensión previos a la batalla que se desarrollará a continuación.


  • Todos los hijos de la luna abandonan el bar, y se encuentran descontrolados, enfurecidos o en pleno cambio.  



stats:
Una diferencia menor o igual a 2 puntos implica una habilidad pareja. En una diferencia de niveles la balanza siempre se inclinará hacia quien posea el nivel más alto.

Fuerza:
Eskol Stenmark:24 |  Amaya Moonwinter:22

  • De 20 a 29
    Puedes levantar 125 kg. Eres fuerte, tus golpes causan gran impacto y eres capaz de saltos superiores a los 3 metros.

Destreza:
Eskol Stenmark:11 |  Amaya Moonwinter:13

  • De 10 a 19
    Normal. No eres un desastre, pero tampoco un acróbata. Tienes la destreza de una persona promedio, puedes manipular cuchillos y otras armas del modo que lo haría alguien sin experiencia pero una mínima idea de cómo hacer las cosas. Probablemente no le aciertes al corazón si apuñalas a alguien, o termines por llenarlo de agujeros si le disparas, pero al menos no te harás daño a ti mismo.

Resistencia:
Eskol Stenmark:15 |  Amaya Moonwinter:22

  • De 10 a 19
    Normal. Estás en buena forma, tanto como una persona promedio. Sientes dolor, sí, pero puedes tolerar un par de puñetazos sin quedarte inconsciente.


  • De 20 a 29
    Bueno. Tu condición física es muy buena, el umbral de dolor que soportas es mayor al de la mayoría de las personas. Puedes seguir peleando incluso con heridas de gravedad, pero evidentemente tus movimientos serán más lentos y torpes. Es raro que padezcas alguna enfermedad.

    Velocidad:
    Eskol Stenmark:15 |  Amaya Moonwinter:18

    • De 10 a 19
      Normal. Tienes los reflejos y velocidad de una persona promedio, a veces reaccionas a tiempo y a veces no. Moverte con velocidad te supone un esfuerzo físico y te agota, por lo cual extender el movimiento por tiempo prolongado requerirá de elevada resistencia.










  • Psique:
    Eskol Stenmark:10 |  Amaya Moonwinter:5

    • De 1 a 9
      Resistencia mental
      Débil. Es un personaje fácilmente manipulable y de fuerza de voluntad escasa para resistir tentaciones o perseverar en sus metas.










    • De 10 a 19
      Resistencia mental
      Inseguro. Tu voluntad suele flaquear de a momentos dejando abiertas las puertas a influencias externas, sin embargo, será difícil hacerte actuar de acuerdo a tus convicciones más profundas.







SISTEMA DE COMBATE::
Recordad pelear de acuerdo a las reglas del apartado Sistema de Combate
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Criaturas de las Sombras el Miér Jun 19, 2013 10:34 am

Justo frente a la puerta, a un lado de la calle, hay un callejón que desemboca a una zona en penumbra. La luz de amarillenta de una vieja farola ilumina las tres formas que se ciernen sobre un bulto en el suelo. Los gemidos del licántropo son audibles, llenos de dolor y furia conforme los vampiros desgarran su carne. Incapaz de luchar, la criatura se retuerce entre su propia sangre. Algo los alerta de pronto, y un par de ellos alza la mirada casi a regañadientes de su presa. Sus rostros pálidos evocan el color de la muerte, y sus barbillas salpicadas por la sangre todavía caliente de sus víctimas se escurre lentamente por sus cuellos y sus ropas ajadas. Lucen como criaturas desesperadas, con el odio latente en el mirar hambriento y los colmillos afilados expuestos a la luz mortecina. Letales y peligrosos.
Un siseo escapa de sus labios entreabiertos, amenazantes hacia aquello que se aproxima a ellos, listos para el enfrentamiento contra una nueva víctima.  



Vampiro #1 :

Fuerza: 28
Destreza:12
Resistencia:20
Velocidad:24
Psique:6


Se agazapa en una postura ofensiva, y después, se lanza hacia delante de un salto, acercándose rápidamente hacia Eskol ya transformado. En pocos segundos, se encuentran frente a frente.


Vampiro #2 :


Fuerza: 22  
Destreza: 28
Resistencia:11
Velocidad:24
Psique:6


La mujer vampiro, con sus cabellos negros enmarañados, alza la mirada y se sitúa frente al agonizante licántropo, mas reacia a alejarse de su nueva presa conforme sigue los pasos lentos y premeditados de la mujer loba con la mirada lunática. Al igual que un felino, ronda a la loba, caminando a su alrededor en una postura aparentemente relajada. Su cuerpo y sus músculos en tensión no engañan a los hijos de la luna, pues su expresión hambrienta conforme se relame la sangre con una mueca de asco indica que se encuentra allí para luchar por su supervivencia, por el instinto de preservación y por el odio latente que despierta en ella la mera presencia de tantos licántropos.


Vampiro #3:


Fuerza: 28  
Destreza: 17
Resistencia:22
Velocidad:18
Psique:6


Observa la escena desde su perspectiva, reteniendo entre sus dedos pálidos del color del pergamino la extremidad peluda de su presa. El sonido de músculos y huesos rotos conforme los aullidos alertan a sus camaradas parece divertirle.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Vie Jun 21, 2013 10:44 am

El lobo estudió las tres sombras de los seres que rodeaban a uno de sus hermanos, el olor de la sangre se filtro al igual que el desagradable olor de las cloacas. Siendo completamente lobo, sus sentidos se agudizaban. Podía oír como sus colmillos desgarraban la carne del joven, y aquello retorcía sus entrañas. Por naturaleza eran rivales eternos, y verlos atacar a un semejante indefenso solo hacia avivar las brasas de aquel odio eterno.

La ira se apoderaba rabiosamente de su cabeza, hacia hervir su sangre, disparando los latidos del corazón, poniéndose en guardia mostrando sus afilados dientes, no era el único que podía matar. Una de las tres figuras, se percató de su presencia, y avanzó de manera ofensiva hacia él. El lobo gruñó clavando la mirada en el chupa-sangre, y tomó impulso. Se lanzo en el frenesí de la bestia sobre él. Aullando y atacando, hundió los colmillos en el vampiro, mordiendo en distintas partes, sin patrón ni orden. La sangre distraería a los demás vampiros, era lo único que su mente tenia claro a parte de salvar al joven.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Dom Jun 23, 2013 8:26 am

En esta forma, era mas difícil aún el controlar aquellos instintos primitivos que acudían a mí como la sed acude al sediento, solo que esta sed era distinta. Escrutaba con la mirada, una mirada atenta, penetrante, al ser que me rondaba, una hembra de la noche, nunca había visto ser alguno sobrenatural que no fueran licantropos, pero había escuchado historias de ellos años atrás en la aldea. Vampiros. Así los describía el anciano, seres de piel fría, pálidos, siempre sedientos de sangre que buscan presas... Sus pasos lentos y aparentemente relajados no engañaban a mis ojos, pues sabía que estaba tan tensa como una soga en el cuello de su victima... el cuello, una zona a proteger con estos seres. Después de aquél momento de reflexión, pues sería la primera vez que atacara a alguien, realmente, nunca había atacado a nadie mas que en juegos o en un simple entrenamiento, mi forma de loba escasas veces utilizada para defenderme era algo que aún desconocía, su potencial un misterio.
Lo que si sabía, era que me debía dejar guiar por el mas puro instinto, pues el instinto de una loba siempre era la supervivencia.
Los labios dejaron entrever los dientes perlados y un gruñido se escapó desde lo profundo de mi garganta. Mirando a la vampiresa moví lentamente, no iba a darles la espalda, nunca se da la espalda a ningún enemigo, luego simplemente mi voz humana se fue perdiendo en mi mente, la razón casi fue nublada por la locura de aquella noche, a pesar de que quedó latente, pasó a un segundo plano, por lo que ladré amenazante y con algo de empuje, corrí hacía ella, saltando e intentando derribarla, buscando su cuello con mis dientes.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Criaturas de las Sombras el Dom Jun 23, 2013 7:37 pm

En cuestión de segundos, todos los hijos de la luna pierden el control, y abandonan el bar para unirse a la pelea irracional contra los vampiros que invaden su territorio. Ambas razas están completamente poseídas, y en ese momento son completamente irracionales, empujados por los instintos mas básicos y primarios.
Rápidamente, la calle frente a las puertas del bar se llena de sangre de ambos clanes en una irremediable lucha a muerte.

Vampiro #1:


Fuerza: 28
Destreza:12
Resistencia:20
Velocidad:24
Psique:6

El vampiro tomó impulso, encontrando a la bestia a medio camino en el aire. Ambas criaturas chocando cuerpo a cuerpo en un ataque feroz. El hijo de la luna hundió sin piedad sus dientes en la carne fría del vampiro, que continuaba ajeno a las heridas que salpicaban su piel nívea con el color carmesí de la sangre. El dolor de desplegó por su cuerpo, impulsando su cegada obstinación por despedazar y luchar a muerte. Odio nublando su mente y abriéndose paso a través de él al igual que sus largos y afilados colmillos desgarraban el duro pelaje de la bestia conforme lo asía por el cuello y las fauces abiertas, aún cuando sus manos se vieran laceradas en su intento por estrangularlo y retorcerle el cuello. La presión que ejercían sus manos sobre el hocico del animal lo mantenían a salvo de un mordisco mortal, pero no evitaba que el vampiro se debilitara poco a poco, perdiendo agarre.

VAMPIRO #2:


Fuerza: 22  
Destreza: 28
Resistencia:11
Velocidad:24
Psique:6


Ambas hembras se rondaron premeditadamente conforme se medían con la mirada. Los ojos vidriosos y el aspecto desaliñado de la vampiresa podía fácilmente hacer que su rival la subestimara. Pero si algo era mas que peligrosa, eso era rápida, dotada de una agilidad y una velocidad superior a la de la hija de la luna. La vio incluso antes de que el pelaje resplandeciente de aquella bestia se convirtiera en un borrón. Incluso mucho antes de que sus músculos y sus carnes entraran en tensión para efectuar el salto con sus patas traseras. El impulso no fue lo que alertó a la hija de la noche, si no la mirada en los ojos del animal que tenía ahora frente a ella. No carecía de gracia en los movimientos felinos, ni tan siquiera un mal paso efectuado que provocara un error en su movimiento fluido. La muchacha sorteó las fauces de la loba con un solo movimiento circular, deslizándose al igual que una bailarina escurridiza. En un parpadeo, se agazapó a un costado de la lupina criatura con el propio impulso efectuado, esquivando de nuevo las dentelladas y golpeando con el codo el punto exacto y doloroso en el que terminaban sus costillas.    
 

VAMPIRO#3:


Fuerza: 28  
Destreza: 17
Resistencia:22
Velocidad:18
Psique:6


Continua agazapado sobre el hijo de la luna agonizante, disfrutando de la mirada cargada de odio que le dirigen los lobos. El muchacho apenas emite un murmullo bajo e incoherente segundos antes de que el vampiro dibuje en sus labios la sombra de una sonrisa cruel, una mueca pérfida y retorcida que muestra sus dientes relucientes en la penumbra al igual que el marfil. Un sonido seco y escalofriante corta el momento de tensión, desencadenando la pelea que se desarrolla a continuación. Las manos pálidas de la criatura sosteniendo la cabeza del lobo en una postura antinatural que corta de pronto todo suspiro balbuceante. Después, el cuerpo cae desmadejado e inerte sobre el asfalto en una clara invitación que conduce a la provocación de los hijos de la luna que busca encolerizarlos todavía mas.

Vampiro #4:


Fuerza: 30
Destreza:15
Resistencia:24
Velocidad:17
Psique:4


Amparado por la oscuridad reinante de aquel callejón, el hijo de la noche observaba con cierta diversión morbosa la escena frente a él. Sus pasos acechantes se deslizaban por encima del bar, de azotea en azotea sin perder detalle de cuanto se le ofrecía en aquella noche de tinieblas. Listo para atacar a sus presas desde las alturas. Pero la búsqueda del éxtasis lo volvía temerario, incapaz de reunir una cantidad decente de cordura o raciocinio. En cuanto el olor de los hijos de la luna llegó a él, tuvo el impulso irremediable de atacar con la furia ciega que lo consumía. Aquella ira irracional debía ser satisfecha casi tanto como el ardor feroz de su garganta. Una necesidad que tiraba de ellos y que bien nublaba sus mentes. Los gruñidos pronto se convirtieron en aullidos de dolor, y la sangre comenzó a brotar.
Aquel elixir que lo saciaría definitivamente, aún cuando la sangre de una pobre chica unas calles mas abajo todavía salpicaba su ropa empapada. Más. Necesitaba mucho mas.
Pero imperaba otra necesidad que lo urgía a atacar, y no era precisamente por el olor metálico que inundaba el aire de aquel callejón. Aquel aroma estaba equivocado de todas las formas posibles, pero era capaz de despertar sus sentidos con tanta violencia que apenas tardó un par de segundos en tomar las riendas de su voluntad.
Un borrón en la noche, apenas imperceptible, surcó el aire, encaramándose sobre el lomo de la bestia rugiente en un abrazo mortal, capaz de hacer crujir sus costillas y asfixiarlo sin piedad. No buscaba auxiliar a su camarada, simplemente atacaba aprovechando el factor sorpresa y la satisfacción que esta le causaba. Sus caninos largos y afilados hundiéndose a un costado del cuello de la criatura, atravesando piel, carne y tendón de un mordisco. La sangre brotaba entre sus labios, una sangre que sabía completamente mal y que jamás lo saciaría completamente.  
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Mar Jun 25, 2013 4:18 am

El lobo, no reparo en las heridas que el primer vampiro le producía, veía como el ser le costaba mantener los ataques, y sus fauces cada vez más próximas del cuello del vampiro, pudiendo sentenciar su muerte. Enfurecido por la resistencia, cambio de objetivo. Ataco con sus afilados dientes a una de las manos que le detenía, con fuerza deseando atravesarla y arrancarla de su cuerpo. Dejarle sin brazo era una idea seductora en la mente del lobo, la sangre podría distraer al resto y acercarse al joven.

De pronto, sintió otra de esas malditas sanguijuelas encima de él, Eskol aulló hundiendo las garras en el primer vampiro, para tomar impulso. Rodó con fuerza su cuerpo, volcándose panza arriba, sintiendo el duro golpe contra el asfalto en las patas traseras. Si tenia suerte, lo desnucaría y lo dejaría fuera de juego o inconsciente. Incluso libre de su ataque, cualquier cosa para que dejara de llevarse su sangre. Su odio hacia esas bestias inflamaba su pecho y hacia arder la sangre, quería destruirlos. A todos.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Vie Jul 12, 2013 12:55 am

Solté un quejido al notar el dolor entre las costillas, estúpida de mí por haberla subestimado. Caí a un par de metros de ella, ahora agazapada estaba casi a mi altura, al parecer aquél ser era mas rápido que yo, y aquello lo anotaría mentalmente. 
Rondé su alrededor, esperando que el dolor mitigase al menos en su intensidad, y ya que no había sido demasiado fuerte no tardó en hacerlo, mientras noté el olor de un nuevo vampiro, que este parecía no interesarse en mí, mientras Eskol parecía apañárselas, quería ayudarle pero no podría si no me quitaba de encima primero a la que tenía enfrente... 
Emití un aullido, ni muy alto ni muy bajo, simplemente parecía el aullido de un perro, pero traía otro significado consigo, ya que la ratas empezaron a salir del alcantarillado, queriendo trepar por el cuerpo de la chica, empezando a roer toda carne cuanto tocara. Bien era sabido que los lobos nos comunicábamos con los animales, y algunos ofrecían su ayuda sin pensar mucho a cambio de carne. Ratas, silenciosas, rápidas y hambrientas, eso era lo que había descubierto de esta ciudad, los animales que había siempre estaban hambrientos. También había descubierto otra cosa con el tiempo, si bien a mí no me asqueaba ningún tipo de animal, al parecer las mujeres repudiaban las ratas, no sabía por que, puede que este no fuera el caso, pero me daba igual, no es que pensara con mucha coherencia ahora. 
Me acerqué esta vez sin saltar, directo a su cuello de nuevo, o su brazo, el primer trozo de carne mas cercano que viniese de ella sería cercenado.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Criaturas de las Sombras el Lun Jul 15, 2013 5:53 pm

Eskol Stenmark


Vampiro #1:


Fuerza: 28
Destreza:12
Resistencia:20
Velocidad:24
Psique:6

El hijo de la noche, débil y herido, no reacciona a tiempo a la feroz dentellada que le propina el hombre lobo. A pesar de su rápida reacción en el último momento, no se libra de la herida que casi le cuesta el brazo, por lo que retrocede, tirando del mismo en un tira y afloja que rápidamente gana, pues el hijo de la luna de pronto se encuentra siendo atacado por la espalda instantes después de desprender del hueso la carne y músculo de su brazo. El vampiro, liberado al fin, cae al suelo con lo que queda de su miembro cercenado recogido en el pecho. La rápida pérdida de sangre lo deja incluso mas débil que antes, incapaz de defenderse ante la nueva amenaza que, de pronto, lo observan con ojos ambarinos.  


Vampiro #4:


Fuerza: 30
Destreza:15
Resistencia:24
Velocidad:17
Psique:4


El vampiro, encaramado sobre la bestia que ruge, reacciona a tiempo, efectuando un salto hacia atrás que lo aparta de la dirección hacia la que lo dirigía el ataque del lobo y que buscaba inmovilizarlo. El lobo, agotado por su anterior pelea, fue mas lento que él, y el vampiro se lo hizo saber con aquella sonrisa desencajada que mostraba sus afilados colmillos. Sabía que era veloz, y se hacía valer del mismo sin demasiada destreza ni inteligencia, pues el impulso irrefrenable de atacar lo hacían temerario y muy peligroso. Con sus manos extendidas que asemejaban garras, el vampiro atrevido y burlón se abalanzó de nuevo hacia la bestia, realizando fintas rápidas, casi como si jugara con él en un vano intento de enfurecerlo todavía mas. Esquivó las fauces al primer movimiento, escurridizo, y después se agazapó y saltó de nuevo con la firme determinación de volver a atacarlo desde el aire. Se encaramó de un saliente del edificio adyacente a otro, y después a otro,  perdiéndose en la oscuridad que le amparaba y volviendo loco al hijo de la luna mientras soltaba carcajadas dementes. Tras unos largos segundos, una sombra se proyectó sobre el licántropo, cayendo del cielo al igual que un meteorito.    



Amaya Moonwinter



VAMPIRO #2:


Fuerza: 22  
Destreza: 28
Resistencia:11
Velocidad:24
Psique:6


De pronto, y sin tiempo de regocijarse en sus habilidades, la vampiresa observó como de entre las sombras del callejón comienzan a salir ratas. En una situación normal, aquel detalle apenas hubiera despertado su interés, pero tras la primera, aparecieron muchas mas, siguiendo la estela unas de otras en su dirección. Con un gruñido molesto que pasaría por animal, la joven pateó estas y pisoteó otras cuantas, pero de a pronto se vió rodeada por una oleada absurda de ratas que comenzaban a subírsele por los pies y la ropa. Pero eran demasiadas, y pronto la cubrieron y trepaban por entre sus cabellos. La hija de la noche comenzó a gruñir y a gritar enfurecida, sacudiéndose de encima aquellas criaturas con aspavientos que nada tenían que ver con los movimientos sincronizados y perfectamente ejecutados de su ataque anterior. Aquellas criaturas mordisqueaban y correteaban sobre su cuerpo en una actitud casi tan hambrienta como se sentía ella mientras ella caía de rodillas y era atacada, por lo que apenas fue capaz de reaccionar en el preciso instante en el que las fauces abiertas de la loba se cerraban sobre su garganta conforme gritaba llena de cólera.   
 

VAMPIRO#3:


Fuerza: 28  
Destreza: 17
Resistencia:22
Velocidad:18
Psique:6


El vampiro, que hasta el momento se había mantenido en un segundo plano, siseó frente al pequeño montículo de ratas que se formó ante él. El cuerpo de su compañera desapareciendo bajo aquel montón de roedores. Casi podía escuchar el sonido de sus dentelladas royendo la carne conforme la sangre corría veloz por el piso en un lecho macabro de su festín. Después, su mirada desquiciada se fijó en la hija de la noche, fracción de segundo que le llevó a atacar al tiempo que una oleada de rabia se apoderaba de él. El odio brillando en sus ojos y la expresión feroz de su rostro indicaban que había sucumbido definitivamente al poder que tiraba de sus actos en una alocada batalla suicida. En un salto, se posicionó ante la loba, aún distraída, y la tomó del cuello en un abrazo feroz con todo el peso de su cuerpo intentando inmovilizarla al tiempo que sus afilados colmillos se abrían paso a través de su pelaje.


Resultado de los acontecimientos:



  • El vampiro #1 cae al suelo con medio brazo cercenado y sangrante en el momento en el que Eskol se ocupa de su otro atacante. La pérdida de sangre le impide defenderse del grupo de licántropos que lo rodea de pronto y que lo atacan sin piedad. Sus gritos inhumanos se entremezclan junto con gruñidos y mas gritos que se hacen eco en el callejón que los rodea.



  • El vampiro #2 Baja la guardia y comienza a sacudirse en un vano intento de desprenderse de las ratas que la atacan. Muere a causa de la dentellada en el cuello que le propina Amaya. Rápidamente, su cuerpo desaparece bajo una montaña de roedores.



  • El vampiro #3 Ataca a Amaya, abalanzándose sobre ella e intentando inmovilizarla conforme clava sus colmillos a un costado de su cuello.



  • El vampiro #4 Hiere a Eskol y después reacciona a tiempo para esquivar su ataque. Es veloz, por lo que sus ataques no son frontales pero si defensivos. Juega con el hijo de la noche y desaparece entre las sombras, para aparecer mas tarde desde algún punto elevado en busca de atacarlo por detrás de nuevo.



Última edición por Criaturas de las Sombras el Jue Ago 22, 2013 6:21 am, editado 1 vez
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Eskol Stenmark el Dom Jul 21, 2013 5:12 am

Al ver caer al primer vampiro sangrando, sentía el impulso de desmembrarlo del todo, la loca furia de la violencia fluyendo en la pelea, revivían partes oscuras del alma del lobo. Que otros lobos rodearan al moribundo vampiro, fue justo para detener sus impulsos. Debía controlarse o volvería a ser el mismo ser que había abandonado los paramos helados de su hogar. Sin control, sin sentimientos, un asesino nada más.

Se levanto del suelo, sosteniéndose sobre sus cuatro patas. Hastiado de las burlas del maldito chupasangre. Podía ser más ágil, pero Eskol tenia fuerza, y se le antojaba hundir sus garras en el cráneo y hacerlo crujir como si fuera de cristal. Las garras se endurecían, al límite de hacer grietas en el asfalto, afilados cuchillos que desgarraban todo lo que tocaban. Como si fueran de metal, más exactamente de puro acero. No iba a esperarle, si quería atacarlo, el lobo no se amedrentaría, lo atacaría de frente sin estrategias. Tomó impulso y salto hacia arriba, arrastrando virutas de asfalto. Estaba resentido por las heridas, si bien tenia aguante, concentraba su fuerza en aquellas garras que clamaban la carne de aquel vampiro.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Amaya Moonwinter el Vie Ago 16, 2013 5:40 pm

Pronto pude notar su carne en mi boca, por lo que clavé mis dientes tan profundo como pude, quitando lo que ella tenía, quitando su vida.
No era una asesina, no quería matar, pero lo había hecho...
La primera vez que mataba y era una mujer vampiresa, a la cual devoraban las ratas como si un banquete de queso fuera. Mientras mi mente, clamaba mas muerte, me descuidé y fui atrapada por el vampiro que había estado torturando a uno de los nuestros.
Notaba su fuerza en un abrazo que intentó inmovilizarme, conseguí sacar a duras penas y por mucho esfuerzo, antes de que me abrazase una única pata,la pata delantera derecha que sirvió para arañar desde su oreja hasta su cuello, en un intento de defenderme pues poseía bastante mas fuerza que yo. Pero sus dientes se hundieron en el pelaje largo y albino que poseía, buscando llegar a la piel. Lo único que deseaba era encontrar la manera de deshacerme de su abrazo el cual apenas me dejaba respirar, pero pronto noté sus afilados colmillos en la piel.
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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

Mensaje por Criaturas de las Sombras el Jue Ago 22, 2013 6:47 am

Eskol Stenmark

Vampiro #4:


Fuerza: 30
Destreza:15
Resistencia:24
Velocidad:17
Psique:4


El hijo de la noche atravesó el espacio entre los dos edificios cortando el aire con su delgado y veloz cuerpo inmortal. Sus ojos dementes entrecerrados fijos en el lobo bajo él, incapaz de reaccionar en el último instante en el que ambas criaturas chocaron con brutalidad a medio camino del frio pavimento. El poco aire que no necesitaba para respirar
pero que llenaba sus pulmones escapó en un gruñido sordo, y ambos se desplomaron como un peso muerto sobre el piso, enzarzados pero ligeramente aturdidos por el golpe. El vampiro lanzó sus manos parecidas a garras sobre el rostro lupino, que lo acorralaba bajo sus garras potentes, clavandolo profundamente en el suelo bajo su peso demoledor.
   

Amaya Moonwinter


VAMPIRO#3:


Fuerza: 28  
Destreza: 17
Resistencia:22
Velocidad:18
Psique:6


La satisfacción por hundir sus dientes en el pelaje de la loba duró menos de lo que hubiera deseado, pues en su ataque descoordinado no había planeado el posible contraataque de esta. El zarpazo que le propinó, lo lanzó contra el piso, herido de gravedad con una enorme brecha que dejaba abierta su garganta. La sangre pronto comenzó a manar de ella, y la debilidad se adueñó del vampiro, que se agarraba con su mano libre inútilmente el cuello con la intención de no desangrarse.


Resultado de los acontecimientos:



  • El ataque del vampiro #3 contra Amaya pronto se ve truncado, pues la respuesta de ella lo hiere de gravedad y comienza a perder sangre. Se encuentra todavía en el piso, aturdido.



  • El vampiro #4 y Eskol se encuentran en el aire en un ataque feroz y rápido. El hijo de la noche queda atrapado entre sus garras y lucha ferozmente contra el lupino en una batalla cuerpo a cuerpo.

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Re: || Tercer Sello: Esclavos de la Luna || Minitrama Hijos de la Luna

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