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Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

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Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Jue Mar 28, 2013 6:15 pm

Amparado por la oscuridad, el silencio rodeaba la tenue figura del muchacho, recostado en una postura insolente contra el cabezal de una cama que no le pertenecía, adueñándose de ésta como propia desde hacía ya un par de horas atrás, como solamente un intruso podría hacer en una habitación que le era ajena.  Con su mera presencia rígida y expectante, aguardaba paciente a la propietaria de aquel pequeño reino de privacidad con una expresión determinada en el rostro, sintiendo como el tiempo se deslizaba perezoso en aquella quietud.  
Una elegante daga bailoteaba entre los dedos de Jeriel, capturando ligeros haces de luz artificial que se colaba por la ventana. A cada ligero movimiento, destellos plateados lamían el acero de la cuchilla, devolviendo el reflejo atrapado sobre el rostro masculino, denotando la delgada linea que eran sus labios  apretados con evidente concentración, consciente de cada ligero susurro proveniente del exterior, atento por el sonido inconfundible de pasos arrastrándose por el corredor que atravesaba el ala de dormitorios del instituto.

La estancia estaba impregnada por el humor oscuro y determinado del muchacho, que había acudido allí con la única intención de abordar a Angelique Nightshade de la forma menos pública posible, puesto que parecía una tarea casi demasiado ardua como para tratarse de un suceso del todo casual.  Encontrarla a solas aunque fuera solo por unos minutos, o simplemente advertir su presencia en el instituto por mas de unas horas, se había convertido en la particular caza del tesoro de Jeriel en los últimos tiempos, rayando por muy poco un comportamiento obsesivo.
La buscaba con la mirada en las reuniones oficiales, así como en las salas comunes en las que solía vagar a altas horas de la madrugada, esperanzado con encontrarla de una maldita vez por todas, preso del insomnio inducido por las palabras cautivas que mantenía encerradas muy hondo y que golpeaban desde el interior, reclamando ser liberadas.

Finalmente, decidió llevar su nuevo estatus de acosador novato a un nuevo nivel, allanando aquel rincón que gritaba su nombre por todas partes, desde la colcha que cubría el colchón hasta la raída alfombra del baño. Todo, menos la daga que ahora sostenía en sus manos y que había encontrado descansando sobre la vieja cómoda junto a varias mas chucherías de la joven. La yema de sus dedos se deslizó suavemente por el grabado del mango elaborado en su totalidad del mismo material acerado que se extendía hasta la hoja afilada en un único diseño salvo por las incrustaciones de nácar. Un símbolo elegante y característico que apenas pasaba desapercibido a los ojos de quien observara con detenimiento, había sido grabado en latín con elegantes letras elaboradas.  

Indivisa manent...


Aquel kinjdal pertenecía al gemelo de otro, pudo comprobar nada mas observarlo con detenimiento, evocando en su memoria la vaina de su propia daga con sus intrincados dibujos similares y la piedra semipreciosa en un tono dorado.

De pronto, percibió que la espera había llegado a su fin, y  alzó la mirada segundos antes de que la pesada puerta de la habitación se abriera, dejando frente a él la figura de la mujer a contraluz, gracias a la débil iluminación de luz mágica que se emitía en los pasillos tras ella. Bastante tiempo había transcurrido desde que llegó allí, pero mereció la pena, pues la tenia donde esperaba, frente a él, y las altas horas de la madrugada marcaban el regreso de la cazadora tras una larga noche fuera.


Última edición por Jeriel Cross el Mar Mayo 13, 2014 8:51 am, editado 1 vez
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Mar 28, 2013 8:36 pm

Hay quienes en el mundo aspiran a grandes cosas, quienes hacen la misión de su vida el florecer y reinar. Más la labor nephilim era permanecer entre sombras, encontrando conformidad en el cumplimiento de la misión del Ángel que por el mundo jamás sería reconocida. La prosperidad de una casa medida en los galones de sangre derramada, en cicatrices y quemaduras grabadas en la piel de su gente. Sobrellevar con honor el peso que ningún mortal debería de cargar, esperar que una temprana muerte convirtiese a sus descendientes en cenizas y un recuerdo. Ese era su deber y su divino derecho: purgar la tierra de energías demoníacas.

Oh... sí. El hipócrita de su padre sonaba como Valentine dos de cada tres días. Todo Nigthshade lo hacía, inclusive Angelique.

Quizá fueran esas cuestiones las que la convertirían en la niña predilecta de la familia, más allá de su fiereza en batalla y carácter incendiario. Angelique era toda una figura pública y solía provocar terribles dolores de cabeza. Sin embargo, al final del día, lo único que le importaba a la Cazadora de Dragones era haber cumplido debidamente su trabajo. No estaba en el negocio de salvar vidas, no era heroína alguna ni jugaba a serlo. Probablemente por eso la muerte del niño mundano la tenía sin cuidado, así como muchas otras tantas que había decidido no contemplar mientras se dedicaba al cumplimiento de sus deberes. Los Nightshade primero, los nephilim después. Allí acababa la lista de prioridades de tan fiera mujer. Este mundo podrido hasta la médula por causa de la ignorancia mundana y la influencia de los subterráneos distaba mucho de ser asunto suyo. Era una cazadora. Nada más.

Jamie había sabido ser su conciencia por muchos años, pero ahora ya no estaba. La persona detrás de la cazadora de sombras se había enterrado en lo más hondo de su conciencia, perdiéndose a si misma con la esperanza de jamás ser recuperada, con la esperanza de que nadie más notase su existencia. El muro a su alrededor se irguió entonces fuerte e imponente, alejando a cualquiera de un taconazo y una patada.

Por descuido o simple suerte había quizás metido la pata, y un pequeño atisbo de la vieja y querida Angie se había escapado de las mazmorras. “Y bien, aquí tenemos un ejemplar de príncipe azul en modo rescatista tirado plácidamente sobre mi colcha de piel púrpura. Más le vale no traer tierra en esas jodidas botas. “ Pensó entre sí la joven, recargada en el umbral de su propia puerta.

Exasperación al máximo nivel, acentuada por el habitual mal genio y el hecho de descubrir su privacidad violentamente invadida le provocó a la hija del cónsul ganas de quitarle al otro su virilidad de una patada. Sin embargo, para el alivio de las pelotas ajenas, la altitud altanera y socarrona pareció ganar la puja.

— Cross, no te reconocí sin las lentejuelas. —comentó, sonriendo de lado—Aunque debo reconocer que el rojo no es tu color.

Con sorna desprendiéndose se cada sílaba, se adentró a su propia habitación, recibida por el característico olor a vainilla que despedía su ropa planchada y doblada. El Ángel sabía que necesitaba una ducha, especialmente después de haber corrido a ese asqueroso rapiñador por casi un kilómetro con tacos y vestido de gala. Su cabello sin duda había visto días mejores y su maquillaje... wow, intacto. Supongo que a veces es verdad eso que pasan en las propagandas.

— ¿Vienes sólo para llevarte eso o quieres que te preste otro vestido? —entonó, ahora visiblemente molesta, llevándose una mano a la cintura— Habla y lárgate. Necesito un largo baño de espuma y un sueño reparador.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Vie Mar 29, 2013 5:57 pm

Con paso firme de determinado, la cazadora se adentró en la habitación; su rostro bañado por las sombras que se arremolinaban a su alrededor apenas iluminado por los débiles rayos de luz del exterior.
La característica mueca de burla que se perfilaba en sus labios brillando como un fantasma que persistía en una vieja casa en ruinas, un recuerdo permanente de la esencia que se escondía tras una vieja historia todavía por desvelar.
Pero aquella vez, la sombra que era en aquellos momentos la figura de Jeriel, no emitió ni el mas movimiento, sorpresa o turbación por el sarcasmo que destilaban sus palabras, ni si quiera apareció en su semblante impasible la mas mínima intención de devolver la sonrisa socarrona, concentrado como estaba observándola con relucientes ojos dorados desde su ubicación, inmóvil en una plácida pose descuidada sobre el cobertor de su cama al igual que una estatua impasible. Y aunque tensión de su cuerpo era apenas imperceptible, se hizo evidente, por la frialdad con la que respondió a la broma, que la experiencia de días atrás no se acercaba ni por asomo a una de las mas enriquecedoras que hubiera tenido el placer de vivir.

- Eso mismo pensé al despertar aquella mañana cubierto tan solo con aquella horrible prenda.- Las palabras, aunque restaban importancia al hecho de haber pasado por aquel horrible proceso de continuas alucinaciones, lagunas mentales adornadas por las imágenes distorsionadas de la realidad y la consecuente resaca monumental, destilaban puro cinismo e ira contenida. Aún podía sentir el frío calándole los huesos, los músculos agarrotados y el cuerpo entumecido de haber pasado la noche allí tirado, en medio del invernadero como si de un deshecho humano se tratase.
Apenas recordaba mucho de la noche anterior, ni si quiera los motivos que lo llevaron a terminar de aquella forma y mucho menos cómo demonios había llegado allí, con la piel magullada y cubierta por aquel dichoso vestido. Añádele un poco de maquillaje y pasaría por una fulana de saldo abandonada a su suerte. Pues no es como si aquello no distara demasiado de una violación a su integridad o voluntad.

Por supuesto, todo aquello llegó mas tarde, ya que en aquel momento se encontraba totalmente desorientado y sin apenas percatarse por lo que llevaba puesto hasta el día siguiente, despertando de su letargo hecho mierda a la sombra del atardecer con aquella jodida cosa incómoda picándole la piel instantes antes de correr hacía el baño, venerando al señor de los inodoros en repetidas ocasiones hasta quedar completamente agotado. En aquel momento, simplemente recordaba fragmentos del breve espacio de tiempo que le llevó arrastrarse hacía su habitación el día anterior, descartando por completo la idea de llegar alcanzar el piso inferior de una sola pieza justo después de aventurarse a bajar aquella escalera que se alargaba y encogía frente a sus ojos de una forma mareante.

-Nadie besa a la reina de corazones sin perder a cambio la cabeza... - Fueron las palabras que carecían de sentido para él en aquel momento y naufragaban en el caótico mar de fantasía que era su mente. Un último recuerdo que ahora era totalmente claro en su mente y que se esfumó en cuanto se desplomó sobre su cama, con el dolor palpitante de su cerebro golpeando contra las paredes de su cráneo, todavía esclavo de aquella sensación de ingravidez y bienestar que le recordaba el suave regusto dulzón que persistía en sus labios resecos.


-Me aventuro a decir que ha sido una buena noche, pero... ¿ No lo son todas? .- Sonrió. Una sonrisa tirante en las comisuras que buscaba ser despreocupada y jovial a pesar de la burla que destilaban sus palabras. Aquella sonrisa no desentonaba completamente en su rostro, pero aquella desprendía un desdén que iba mucho mas allá de lo que solía reflejarse en él. Una expresión taimada y astuta que auguraba problemas que ella parecía tan poco dispuesta a enfrentar. Oh!, Por supuesto que los enfrentaría, dándose a las frases vanas con su lengua afiliada y a la fiereza de su carácter con total abandono. Lo esperaba, buscaba burlarse de ella con fria indiferencia con la clara intención de sacar de ella algo mas que esa jodida actitud arrogante. No podía negar que la Angelique que conoció en Londres era incendiaría, si, pero recordaba como si fuera ayer aquella luz en su mirada, ese destello de vida en las profundidades de sus ojos, pero la muchacha que tenia frente a él... Bien, esta conservaba parte de ese fuego, pero mas bien le recordaba a las llamas inextinguibles del infierno, ardientes y destructivas en su virulencia.
Bien poco le importaba a aquellas alturas el reproche esperado por el asunto del crío, ya que seguramente ese era uno de los motivos que lo llevarían a buscarla. Pero no, aquel tema tenía mucho que ver en aquello, pero ya estaba superado y por mucho que se empeñara en culparse comprendía los riesgos de su trabajo, daños colaterales con los que aprendería a vivir por mucho que se negara a aceptarlos. Claro que sentía culpable, sería estúpido negar eso, pero Jeriel estaba allí por otros motivos, y no se cortaba a la hora de provocar a la pantera de afiladas garras mientras continuaba jugueteando con el Kinjdal en una actitud capaz de enervar a cualquiera.

- Aunque siento comunicarte que tu aspecto es lamentable. - Señaló de pronto como si nada, apuntando a la muchacha por un momento con la daga que relampagueaba frente a él antes de continuar con la tarea de limpiar la mugre bajo las uñas, como si apenas se hubiera percatado desde el principio del cabello desordenado, las ropas ajadas y llenas de suciedad. Como si cada infinitésimo detalle le pasara desapercibido cuando en realidad era consciente de todo. - Y dime, ¿qué hiciste? ¿Estacar a un hijo de la noche con un palillo, una astilla, o quizás un alfiler? Aunque puedo afirmar sin temor a equivocarme que no eres de las que sacan a pasear a un hombre lobo a mear por central park sujeto a una correa, pero sí quizá arrancarle las alas a un hada... oh! No me lo digas, le has dado de beber agua del lago Lyn a Maryse tras una loca carrera campo a través... Sí, se me ocurren cientos de escenarios casi tan enrevesados como los de la otra noche anterior.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Sáb Mar 30, 2013 12:07 am

Parecía que el joven Cross tenía un jodido problema lidiando con las órdenes simples. O tal vez alguna parte del “Habla y lárgate” había sido demasiado compleja para que el pobrecito la comprendiera. A lo mejor era cierto eso que decían de los rubios. Es decir, no es como si lo hubiese visto jamás usar demasiado la cabeza. También podían habésele atrofiado un par de neuronas por el golpe, las toxinas demoníacas o la copiosa cantidad de polvo de hadas. Pero seamos honestos, a la Nightshade le importaba una mierda.

Sus pensamientos se limitaban a vanos “Más le vale no llevar tierra en las botas”, “Si tocó algo lo mato” y “¿Debería usar el shampoo de manzana o el de coco?”. Cualquier otra idea más profunda o sentimental fue ahogada en el fondo de sus subconsciente de un fuerte taconazo. De cierto modo esperaba enfrentarse con Jeriel de un momento a otro. Sobre todo considerando el excelentísimo trabajo que había hecho evitándolo como si se tratase de un infante leproso portador de viruela demoníaca. O Maryse, que era casi que la misma cosa.

Desde lo alto los ojos oscuros de la Cazadora de Dragones lo escudriñaban impasibles, más negros y desdeñosos que el encapotado cielo nocturno. Largas y curvadas pestañas acentuaban la felina mirada maliciosa, más de sus labios sellados no escaparon más que un par sonidos que no llegaban siquiera a ser palabras. Algo similar a unos “JA” pero a boca cerrada.

Jeriel Cross había intentado sacrificarse para salvar la vida de Angelique y tamaña estupidez sería con creces recompensada. Una preciosa resaca, un vestido espantoso en el que se despertaría por la mañana, un informe falso que lo dejaría terriblemente mal parado si se atrevía a contradecirla. La reacción después de todo era exactamente lo que esperaba y a lo que estaba acostumbrada. La lengua afilada y el sarcasmo de Jer solo le daban un toque de gracia, un condimento especial a la salsa ya mil veces probada. Lo único que parecía resaltar eran los tamaños esfuerzos de la descendiente de la casa Nightshade para quedar a la altura de los rumores que la precedían. Era una cabrona, una hija de puta y una cazadora egocentrista de la que más valía mantener las distancias. Ya no quedaban resquicios de la muchacha que Jeriel había conocido en Londres hacía tanto tiempo. Iba siendo hora de que despertara y se diera cuenta de ello.

— Un Nightshade no tontea con subterráneos. Si uno se cruza en mi camino lo mato sin pestañear. Y aun y cuando ahogar a esa zorra se me hace antojadizo, sería un desperdicio hacerlo cuando la tengo ya bajo el pulgar.

Un discurso bonito e ilustrativo. Corto, a decir verdad. Pero otra vez, no tenía ni ganas ni interés alguno en conversar con Jeriel en ese día en particular (ni ningún otro día de lunes a domingo). Así que mientras hablaba, desentendida y quitándole a todo el asunto kilos y kilos de importancia, la mujer se disponía a sacarse los tacones, despojarse de las piezas de joyería y guardar sus armas. Dedicándole al otro una última mirada exasperada, se dio la vuelta y posicionó detrás del biombo japonés.

— Si quieres algo más del polvo de hadas hablas con la nephilim equivocada. —el vestido color vino cayó a sus pies— Aunque te recomiendo visitar chinatown que de seguro lo consigues hasta de oferta—volaron las bragas—Bien ya has hablado, espero estés feliz, contento, bla,bla,bla, etcétera, etcétera, que la paz esté contigo, la fuerza te acompañe y todo lo demás —adiós sujetador, te extrañaremos— No diré que esta ha sido una placentera visita, no soy ninguna hipócrita.

Desacomodándose el pelo ya revuelto salió la Cazadora de Dragones de detrás de la mampara, vistiendo solo un delicado kimono de seda azul marino con un motivo floral. Por el Ángel ¿Todavía estaba allí tirado? Si seguía así tendría que sacarlo a la fuerza o resignarse a dormir cucharita.

— FUERA de mi cuarto, Cross. No querrás que pierda mi baño de burbujas.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Dom Abr 28, 2013 5:03 pm

Bla, bla, bla...

Aquella retahíla de palabras llegaba a sus oídos en un torrente incesante de sonidos, colmandolo de burbujeante exasperación. No le resultó tan sorprendente, por lo que la escuchó apenas captando su atención de la misma forma que si el cacareo de una gallina se tratase. El muchacho no pudo mas que rodar los ojos resoplando imperceptiblemente. ¿Hasta cuando tendría que aguantar aquello? Era casi tan frustrante como intentar sacarle a la pared algún tipo de emoción. Casi le resultaba preferible lanzarse de cabeza contra un muro de concreto, a ver si así obtenía mejores resultados.
El tendía a comportarse de esa forma la mayor parte de las veces, pero en serio, ¿al final resultaba así de exasperante a vista de los demás?

Aquellos pensamientos eran, cuanto menos, desalentadores, y la situación era capaz de hacer perder la compostura hasta al mas estoico de los hombres. La imagen misma de la despreocupación, el sarcasmo y la ironía recubriendo la realidad fingida de lo que realmente querían decir. La conversación misma de dos simios que golpeaban una piedra debido a la facilidad que les confería sacar sus emociones de una forma mas productiva e innecesariamente comunicativa.
Uno fingiendo no sentir preocupación con fingida despreocupación e ira contenida. La otra fingiéndose la soberana reina de aquel imperio perfumado de vainilla cuando en realidad fingía mas cuando se escudaba en aquella actitud desinteresada.
Los nephilim estaban todo jodidos de una forma u otra, pero aquello parecía ir mas allá de lo corriente. Mentalmente destrozados hasta el punto de ser como dos bloques de cemento que jamas podría ser derrumbado ni siquiera por la tormenta mas atroz. Si, definitivamente, eran especímenes dignos de psicoanálisis, pero hasta el momento parecía funcionarles bien.

El muchacho no respondió al momento, aguardando y observando casi con interés desapasionado el ritual de la mujer frente a él, escuchando con aire ausente y aburrido. Pero de pronto, sus nervios contenidos dieron un tirón, provocando que un músculo de su mandíbula saltara en respuesta. Sus ojos ambarinos entrecerrados y fijos en la penumbra de la habitación, aún cuando apenas podía ver el cuerpo perfilado de la muchacha que se ocultaba tras el biombo, dejándose atisbar una ligera sombra contorneada del cuerpo femenino a través de la luz que se filtraba por la ventana. No había duda de que aquella mujer conseguía hacer de las palabras mas simples el mas retorcido veneno de serpiente, quemando bajo su piel casi tan efectivamente como el cianuro.
Sarcasmo danzaba a su antojo, y la ironía adoptaba la forma de una flecha directa a donde mas pudiera doler. Oh, si. Aquello ya lo había cansado, y toda la postura despreocupada de su cuerpo desapareció tan pronto como le llevó pestañear. Le importaba una mierda el motivo que la llevaba a comportarse así, simplemente tenia ganas de zarandearla y conseguir quitarle aquella venda de los ojos de una jodida vez. Alguna jodida reacción a parte de palabras mordaces y el interés casi despectivo que profesaba contra todos y todo.

Tenso, todavía aguardando agazapado sobre el cobertor, aguardaba como un felino, inmóvil y listo para saltar de un momento a otro. Y vaya que si lo hizo.
Su mano salió disparada, un movimiento rápido, casi tan veloz que apenas si se apreció el brillo turbio del filo del Kinjdal instantes antes de que este descendiera y se clavara sobre la mesilla en un sonido seco y contundente. Cuando apartó su mano, la daga que antes se había deslizado entre sus dedos ahora se erguía orgullosa sobre la madera veteada del mueble.

- Basta!- Gruñó el joven sin apartar la mirada de ella.- Cállate! Cállate y cierra la jodida boca por una sola vez en tu vida!

Se levantó como un resorte de la cama y en dos zancadas se posicionó frente a ella. El enojo y el cabreo monumental apenas imperceptible bajo la máscara inexpresiva y casi burlona de su cara.

- Los Nightshade dicen esto... - murmuró destilando malicia irónica en una mala imitación de sus palabras conforme se acercaba a ella.- ...Los Nightshade lo otro... Me estoy hartando de lo que dicen los Nightshade. Aburrido de escuchar constantemente las lineas tan bien aprendidas que os enseñan a recitar una y otra vez. - Cuando finalmente se acercó lo suficiente a ella, la tomó de los hombros y la empujó sin consideración o delicadeza contra la pared lateral de la habitación, lo suficiente contundente como para empotrarla entre su cuerpo y la frialdad de la pared y tomarla de la barbilla con fuerza. La miró directamente a los ojos oscuros- Lo que quiero saber,- susurró en un tono bajo y aún enojado. La exasperación rozando la diversión oscura y retorcida de su voz.- Es qué coño piensas tú. Lo que realmente pasa por esa cabecita tuya. Y no te hagas la lista, - Murmuró antes de que se le ocurriera interrumpirlo.- sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Se puede saber qué carajo estás haciendo? Es posible que engañes a todos con ese piquito tuyo, ¿pero acaso crees que yo no se lo que pretendes? Maryse, las chicas, yo... ¿Quieres que siga sumando cosas a la lista? - Le lanzó una última mirada dura instantes antes de soltarla de pronto. -Buen trabajo, Angelique Nightshade.- escupió con admiración fingida sin ocultar demasiado el énfasis exagerado que le dio al apellido. Se separó ligeramente, consciente de que aquel comportamiento tal vez le traería una merecida carcajada despectiva en el mejor de los casos. Pero lo cierto es que si, estaba cabreado, y si no fuera suficientemente evidente por las aletas dilatadas de su nariz o por su mirada reluciendo con un brillo líquido, si lo fue el tono ácido que empleó a continuación .

- No te molestes por mi, - Soltó apenas dejando entrever un rastro de apreciación en su mirar, recorriendo el cuerpo de la muchacha en una caricia evidentemente indecente.- puedes darte ese baño de burbujas en cuanto me vaya. Espero que no te ahogues en la bañera, pues dudo que alguien venga en tu rescate después del ahínco con el que alejas a todos de ti.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Mar Abr 30, 2013 5:03 pm

Cada ápice del cuerpo de la cazadragones vibraba de excitación ante la furia de la cazadora, acelerado el pulso, contenida la respiración y tensos los músculos, expectantes ante una orden que de un segundo a otro su cerebro podría disparar. Pero una y otra vez refrenaba el impulso de descolocarle la mandíbula, mordiéndose el labio complacida, dejando la diversión bailotear en sus orbes castaños.
¡Enhorabuena! Exclamó eufórica una voz en la mente de Angelique, dedicándole una ovación a aquel de quien se reía a carcajadas. Y su risa, su risa era un sonido melodioso y agrietado, filoso y discordante como podían serlo sus palabras ponzoñosas.
Alivio. ¿Era eso lo que sentía? Alivio y admiración por el idiota descarado que había visto a penas un resquicio de lo que se ocultaba tras la fachada. Y luego otra vez rabia, desprecio por aquel acto de atrevimiento y tan imperdonable invasión a su privacidad.
Finalmente, le atestó una patada en los huevos y lo devolvió de un derechazo a la cama.

— ¿Quieres saber lo que pienso?— gruñó entre dientes, haciéndose con el kindjal que el muy hijo de puta había clavado en su mesita de noche, jugueteando con él entre los dedos.

Se le ocurrían una cosa o dos que podría obrar con tal instrumento, la primera de las cuales aseguraría el final de la línea sucesoria de los Thurscross, por si su impecable rodillazo no había sido lo suficientemente efectivo. Las otras podían considerarse más brutales o complacientes, todo dependía, claro, de la perspectiva de donde se lo mirara. Pero Angelique no estaba ahora para contemplar perspectivas o plantearse rebuscados métodos de tortura, ni siquiera para pararse a pensar qué tanto vería el otro de su estilizada anatomía desde el lugar en el que se encontraba. Lo único que de verdad quería era arrancarle la piel a tiras.

— ¿¡Quieres saber lo que pienso!?— rugió la Cazadora de Dragones, impasible ante el dolor que su golpe podría haber provocado, encaramándose sobre el nephilim e inmovilizándolo sobre la cama, kindjal en mano, fijo contra el cuello del otro— ¡PIENSO que se te ha zafado un tornillo si te crees con derecho a entrometerte en MI cuarto y hablarme así!

Las pupilas oscuras se encontraban dilatadas, y toda la anatomía semi desnuda de Angelique bloqueaba el movimiento del otro con brusquedad, hundiéndolo contra el mullido colchón. ¡No pensaba! no se esforzaba en hilar un pensamiento con otro, víctima del agotamiento y el impulso. Toda ella, cada célula y cada fibra clamaban por violencia, la llevaban al barranca abajo en un precipicio emocional que solo podía terminar en más cólera desmedida. El cabello esponjoso y desalineado caía a ambos lados de la cara, ensombreciendo las facciones redondeadas y juveniles.

— ¿¡Pero quién coño te has creído que eres para sermonearme!?—bramó con toda la fuerza de sus pulmones presionando el filo contra la piel, dejando que un fino hilillo de sangre corriera. — ¡Jodido HIPÓCRITA!...—la voz de Angelique se ajó—...¿Quién te dio el derecho...? ¡¿QUIÉN TE DIO EL DERECHO DE ENTROMETERTE EN MI VIDA?!

De un movimiento ágil se deshizo del tentador y afilado instrumento, arrojándolo a una pared donde seguro causaría menos daño que en sus manos. Jeriel podría volver a respirar. Lo cierto era que la joven Nighthade se parecía preocupantemente un toro embravecido en medio de la tomatina, enfurecido con todo y con todos, lanzando corneadas violentas y mordaces a diestra y siniestra. Sin embargo, prefería que el asesinato de otro cazador de sombras se mantuviese lejos de sus tantos cargos de conciencia.
La histeria se convirtió en risa y la risilla en una carcajada estridente que ahogó en el cuello del varón, prisionero bajo su peso.
Poco a poco la respiración de la mujer se realentizó una décima, aún y cuando el corazón persistía en su frenético intento de huir de la prisión de sus costillas. ¿Cuánto tiempo transcurrió? ¿Segundos, quizá? Pocas veces había emponzoñado ella con tal desprecio una mirada, con tal emotividad desgarradora y reprobatoria.

— Ya estoy de mierda hasta las orejas, Cross. Mi terapeuta recomienda no lidiar con gilipollas como tú a esta hora de la madrugada. Podría desarrollar serias tendencias homicidas. —siseó, recuperando un dejo de la ironía que envenenaba sus palabras con normalidad— Pero aclaremos las cosas, rubito. La responsabilidad de lo que hago o dejo de hacer recae sobre mí y solo sobre mí. ¿Quieres saber lo que pienso? PIENSO que esa panda de lerdas no vale ni un segundo de mi tiempo y PIENSO que tu imbecilidad casi te cuesta el pellejo.

La nephilim suspiró y lo miró cautelosa y huraña, como si decir aquello le hubiese costado lo mismo que extirparse los pulmones con las uñas. Probablemente fuese así, la sinceridad era, por regla general, mil veces más angulosa y complicada que las llanas y vanas excusas que usaba como carta común todos los días. Pestañeó y fijó en Jeriel sus profundos y tubios ojos castaños, acercándose a él más de lo estrictamente necesario. Su voz, un murmullo a penas audible.

— No bromeo, imbécil... —Musitó, enlazando sus labios con los del varón por un momento corto y efímero, alejándose casi enseguida con los ojos turbios y el ceño fruncido— Lo último que necesito es a ti preocupándote por mí. Ya tuve suficiente de ello en mi vida. Y afrontémoslo querido, ni aunque pusiera empeño podría extenderte la misma puta cortesía.

Angelique se movió para quitársele al otro de encima, liberándolo de su agarre.

— ¿Me dejarás ahora tomar mi jodido baño en paz?
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Lun Mayo 06, 2013 8:18 pm

Un par de miradas fijas y penetrantes. Otro puñado de segundos deslizándose perezosos a su alrededor, danzando en el aire que expulsaban ambos cazadores en un hálito contenido que no disimulaba la tensión tangible entre ambos. Una negación casi imperceptible de la cabeza del rubio instantes antes de bajar la guardia con la clara intención de marcharse tras soltar un bufido exasperado. Una sonrisa burlona reflejándose sobre las profundidades infranqueables de aquellos ojos castaños…

Una fracción de segundo en la que tanto parecía pasar por sus mentes, acompañado del torrente silencioso que desembocaría en aquel instante único en el que Jeriel supo que algo había conseguido hacer ¨Click¨ en alguna parte de aquella nephilim altanera de mirada desdeñosa.

Algo así como lo que hizo el impacto de su rodilla sobre sus pelotas acompañado por la contundencia de un gancho de derecha que lo mandó directamente al infierno personal de todo hombre que se precie sus partes casi tanto como él.

El aire abandonó sus pulmones con la misma violencia que si hubiese sido arrollado por un tren de mercancías a toda velocidad. Una cegadora sacudida que lo incapacitó por varios segundos, desorientándolo completamente, aturdido y sin ser consciente que nada mas que el ramalazo de dolor que se esparció por todo su sistema nervioso al igual que la pólvora. Un gruñido que casi hubiera pasado por animal se formó en lo mas profundo de su pecho, reverberando con la misma ferocidad que la expresión desencajada de su rostro, mostrando los dientes con los párpados casi tan forzosamente apretados como su mandíbula. El golpe sobre su rostro una caricia en comparación al jodido estado en el que había quedado reducido. Malditas mujeres! ¿Acaso no comprendían la gravedad que suponía un golpe ahí…? - Logró mediar incoherentemente alguna parte todavía racional de su mente.- Por supuesto que lo sabían, y era por eso que recurrían a ello cada vez que se les presentaba la oportunidad…

Logró escuchar parte de las palabras que ella emitía desde algún punto lejano, todavía respirando entrecortadamente, cuando se percató de que había aprovechado el momento de debilidad para encaramarse sobre él con el reluciente Kinjdal enredado expertamente entre sus dedos. Como única respuesta, la nephilim recibió una mirada entrecerrada que escondía bajo el dorado la furia contenida. Impotente y completamente acorralado entre sus piernas. No era el mejor momento para pensar en las posibilidades que podrían presentarse ante él en esa misma postura. Sus pelotas no se lo agradecerían y su humor no era precisamente juguetón. Cuanto menos con la imagen de Angelique desmelenada, potencialmente peligrosa y efectiva en sus propósitos por castrarlo.

El acero mordió la piel en la base de su garganta, aumentando su presión conforme palabras eran mitad murmuradas mitad gruñidos. Jeriel, impasible, se había convertido en un mero espectador del abanico de emociones que se lograban atisbar en el rostro ensombrecido por las sombras de la habitación. Un espectáculo que en parte le divertía, aunque realmente sabía que era lo que había pretendido desde un principio y a pesar de la violencia que pareció desatarse en ella, vio un resquicio de lo que se ocultaba tras la fachada que tan elaboradamente se esforzaba por levantar a su alrededor.

La mordedura se convirtió rápidamente en algo mas profundo, abriéndose paso a través de la carne conforme la sangre cálida y espesa delineaba una fina línea sobre la bronceada piel. Un lado de la boca del muchacho dio un tirón en un asomo de sonrisa burlona y alzó ligeramente la cabeza, susurrando.

Puede. — Musitó en un tono que indicaba el encogimiento de hombros que lo acompañaría en otra situación. — Pero no soy yo el que tiene un Kinjdal en la garganta de otro cazador de sombras, amenazando con rebanarle el cuello en una actitud completamente desquiciada.

No esperó por respuesta alguna, ni siquiera se molestó en interrumpirla mientras continuaba dando sacudidas verbales junto con el tono de voz, que parecía subir y bajar al igual que una montaña rusa. Rápido, inesperado, feroz e impactante. Definitivamente una experiencia excitante difícilmente inolvidable mientras se mantenía estático, observador y silencioso.

Finalmente, el arma desapareció en un visto y no visto, terminando su momento de deliberada amenaza junto a la puerta de la habitación. Jeriel podía respirar tranquilo, aunque poco dejó translucir en su expresión. Sus labios habían vuelvo a convertirse en una fina línea preocupada al escuchar la risilla nerviosa y desquiciada de la muchacha, casi tan profunda como la que se formaba entre las cejas cobrizas al sentir su rostro escondido en el hueco de su cuello. Su corazón golpeando sobre su pecho corría veloz, un reflejo de la respiración que cosquilleaba sobre la piel del joven. Se mantuvo completamente sumiso todo lo que restó de tiempo en el que permaneció a su merced, decidiendo que lo mas inteligente sería dejar que soltara toda la mierda que quisiera por la boca hasta quedar completamente saciada.
Por supuesto, las réplicas bailaban sobre la lengua de Jeriel, rebotando en el paladar de su boca ansiosas por ser liberadas a través de sus labios. En cambio, se mordió la lengua, rumiando y manteniendo consigo mismo un diálogo interior que mas bien se asemejaba a los tantos monólogos épicos a cargo de la maravillosa conciencia independiente ¨Cross.¨

Quizá la parte que logró apartarlo momentáneamente de aquella verborrea mental fue el fugaz momento en el que los labios de la Nightshade volvieron a los suyos, al igual que la noche en el invernadero. Un beso fugaz cargado de puro fuego que lograba abrasarlo con su contacto, pero que se desvanecía tan pronto como llegaba, dejándolo ansioso y con ganas de mas, aún cuando quedaban resquicios de su quemadura sobre sus labios.

Bien.- pensó para sí mismo.- Se terminó la parte en la que el rubio se dejaba mangonear por una mujer. Había llegado el momento de cobrarse todas y cada una de las tendencias homicidas de aquella fiera. Al fin y al cabo, él tampoco era el mejor ejemplo de cordura entre aquellas cuatro paredes de concreto.

~~~~~~~


Un par de miradas fijas y penetrantes. Otro puñado de segundos deslizándose perezosos a su alrededor, danzando en el aire definitivamente tenso que espesaba el ambiente en los instantes previos que se sucedieron a continuación. Una mirada cautelosa, casi imperceptible a través de las espesas sombras momentos antes de que Angelique bajara la guardia con la clara intención de liberarlo tras mostrarse exasperada, como si fuera posible olvidar todo lo que había pasado con aquella frase tan absurda. Una sonrisa burlona reflejándose sobre las profundidades insondables de aquellos ojos dorados…

Una fracción de segundo en la que ella tanto parecía haber dicho a regañadientes, acompañado del torrente silencioso que desembocaría en aquel instante único en el que Angelique se daría cuenta de que algo tramaba el joven tendido sobre su cama.

Algo así como el rápido movimiento que derribó a la nephilim, seguido del empujón que la mandó directamente de bruces sobre la cama con las manos sujetas a la espalda en una llave que la inmovilizaría. Jeriel acompañó aquel ataque con el contundente peso de su cuerpo sobre el de la joven conforme tiraba de sus muñecas dolorosamente si osaba revolverse contra él. Sus labios bajaron lentamente junto a su oído con la intención de llamar su atención al tiempo que las palabras golpearan cálidas contra la piel sensible.

Bien, ya has hablado. — Murmuró sarcásticamente en una réplica exacta de las palabras que ella misma había empleado anteriormente. Devolviéndole el azote verbal con burla encaramado a horcajadas sobre su espalda. — Espero que estés feliz, te hayas desahogado a gusto bla, bla, bla, etcétera, etcétera… ¿Sabes? El mío me recomendó buscar una segunda opinión tras dos sesiones. Ahora él y yo compartimos el mismo terapeuta. Así que, ahora vas a escucharme tú a mí. — rugió en un tono contenido. Todo rastro de burla esfumándose conforme daba un tirón a sus muñecas para dar énfasis a sus palabras. — Puede que sea tu entera responsabilidad, pero las consecuencias de tus actos no solo te afectan a ti. Puede que te importe una mierda y que sea eso lo que pretendas, pero deberías replantearte esa evidente obsesión que tienes por joder a aquellos que inexplicablemente muestran una ligera simpatía por ti. Y me has tomado por imbécil si crees que a mi me puedes engañar tan fácilmente como a los demás. Madura un poco, Nightshade. A todos nos ha salpicado la mierda que nos rodea en algún momento y tenemos esqueletos en el armario que no queremos que salgan a la luz, pero no por eso deberías apartarme. O drogarme y enfundarme en un vestido tan horrible. — bromeó como si se fuera una ocurrencia de última hora. — Si al menos hubiera estado a la altura de mis encantos, aún… Bueno, ni aún así. — Suspiró tras soltar una carcajada, pero retornó de nuevo junto a su oído, susurrando en un tono mas bajo que antes. — Y en el fondo, te cabrea reconocer que en verdad te importo algo. Si no, ¿Por qué molestarse en sacar a un imbécil de aquel agujero? — Jeriel atrapó el lóbulo de su oreja con los dientes y lo mordió con fuerza instantes antes de levantarse y tirar de ella sin soltar su presa. Por el contrario, tiró con mas dureza, arrastrándola hasta el baño con la misma delicadeza que ella le profesaría.

Y ahora, llegó el momento de esa ducha bien fría que tanto deseas para bajarte los humos. — De un empujón nada delicado, la metió en la ducha y prendió el grifo. Inmediatamente cayó sobre ellos una cascada de agua helada que los empapó rápidamente, absorbida por el tejido de algodón de su camiseta, sin menospreciar la magnifica forma en la que el tejido ligero del kimono se solapaba sobre cada ligera curva del cuerpo de la muchacha. La acorraló sin apartar de sus ojos la mirada lasciva que le dedicaba, tomando sus cabellos en un puño y separando sus piernas con la rodilla en un claro gesto que ponía a salvo sus partes de cualquier intento por su parte de volver a sacudirle.

Dejemos las cosas claras.- Siseó sobre el rumor del agua que bañaba sus cuerpos. Estaba helaba y lograba entumecer ligeramente sus músculos y sus nervios. Un escalofrío lo recorrió, pero lo ignoró, concentrado como estaba en el calor que desprendía el cuerpo de Angelique sobre el suyo por lo próximos que se hallaban. — Ni tú me tienes que decir qué es lo que debo hacer, ni yo necesito que tú corretees preocupada detrás de mi como una gallina sin cabeza. — Dio un fuerte tirón al nudo de cabellos enredado entre sus dedos, alzando el rostro de la muchacha para que lo encarara. — ¿Estamos claros?

Acercó su rostro a pocos centímetros de sus labios, deslizándose sobre los de ella en una caricia sutil a la vez que hablaba. Después, sus ojos de un dorado líquido se posaron sobre éstos al tiempo que se humedeció los propios. Su sonrisa maliciosa se amplió y sus labios no tardaron en deslizarse lentamente por la comisura de su boca sin llegar a besarla totalmente, aún cuando la cercanía evocaba el momento previo. Podría decirse que todavía estaba molesto por su actitud anterior, y por todos aquellos besos a medias que le había dado, al igual que las migajas que lanzaría cualquier niña traviesa a las palomas mutantes de Central Park. Aún así, continuó descendiendo, dejando un reguero de imperceptibles besos sobre su piel húmeda, mordisqueando la mandíbula y el mentón con sus dientes al tiempo que tiraba de ella. El sabor salado de su piel entremezclado con el agua dulce que se deslizaba en finas gotas. Su mano libre divagó sobre las curvas de su cuerpo en un avance sinuoso, descendiendo por su cintura y sus caderas, deslizándose por su piel para terminar el recorrido acariciando sus carnes y atrapando la pierna con su mano con la intención de alzarla junto a sus estrechas caderas. La humedad del agua facilitando el camino a sus dedos, que se deslizaban provocadores sobre su muslo tentativamente.

¿Qué decides, Angelique Nightshade? — Preguntó en un tono bajo volviendo a clavar sus ojos sobre los de ella. — ¿Me tomarás, o me apartarás de nuevo?
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Dom Jun 02, 2013 2:57 pm

Angelique Nightshade era demasiado orgullosa para desperdiciar energías en una resistencia ridícula.
Un ligero giro de muñeca a la izquierda, otro a la derecha, los ojos cerrados, la mente analítica de la cazadora de sombras comprobando la presión ejercida por el cuerpo que se cernía sobre ella aprisionándola sobre las sábanas. Si hubiera tenido un punto flojo, cualquiera fuera, Cross habría acabado de narices en el piso en menos de un santiamén. No lo tenía, como cabía esperar de cualquier nephilim de su edad y experiencia que se precie, de modo que Angelique tampoco se molestó en patalear. Trabó la mandíbula y aligeró la tensión en sus músculos, esforzándose por mantener acompasado el latir de su corazón y el rítmo armónico en el que el oxígeno ingresaba a su sistema. No tendría caso y no ayudaría para nada ponerse a chillar como una colegiala, además, añadió mentalmente esbozando una mueca del todo socarrona, ya estaba familiarizada con la anatomía que la aprisionaba. Cada palmo de piel ahora cubierta pobremente había sido en su momento un deleite a la juvenil vista de una Angie traviesa y transgresora, que poco había dudado en aprovecharse del tal Cross del que su hermano desconfiaba.

Esto nos lleva al meollo del asunto, señoras y señores, porque tal escena podría haber sido del todo evitable si la cazadora conservase algo de sensatez en el sistema. Y no la conservaba, o tal vez sí, o quizá solo la conservaba a medias. En realidad, la misma mujer era una madeja de impulsos y pensamientos tan enrredada y confusa que es cuestionable que ella misma supiese las respuestas a tales cuestiones. Probablemente si se encontraba a merced de Jeriel ahora era porque ella misma se lo había buscado, y si se lo había buscado era porque creía merecérselo. O no, quizás alguna parte de su subconsciente sabía que necesitaba ceder control si buscaba ganar sinceridad. Y ¿no era eso lo que Jeriel Cross había hecho con ella? Se había dejado golpear guardando un silencio sepulcral solo para recibir la verdad como merecida recompensa. Aunque si somos honestos, si de verdad somos honestos, es probable que ni la mitad de estas cuestiones se pasasen fugaces por la mente de Angelique. No era de esas mujeres que le dan mil vueltas a asuntos estúpidos, ni de esas que pierden el sueño intentando desentramar cómo funciona el pensamiento del tipo que les gusta. Cabe destacar que si se quedaba quietecita y aparentemente obediente era pues, porque se le antojaba la alternativa más viable y digna.
Escuchar al otro parlotear y susurrarle al oído, derritiendo y recomponiendo segundo a segundo sus defensas no era sino un simple efecto secundario. Un efecto que de buenas a primeras le crispó los nervios. Imaginaos al chico tratando de tomarle el pelo y a la muchacha, aparentemente tan tranquila, desglosando en su mente mil y un excusas para reducirlo a polvo y cenizas. Evidentemente no podría matar a un hijo de Raziel, más siempre habían existido formas de zafarse por la tangente a esa regla en caso de ser preciso o demasiado deseable. Una mordida de hombre lobo, un inoportuno encontronazo con vampiros y ya dejaría de ser un nephilim la fuente de sus problemas. De hijo del Ángel su calvario se vería reducido a otra escoria subterránea, fácilmente aplastable bajo las suelas de sus botas de tacón. Por este hilo se deslizaban sus pensamientos más mordaces cuando el de cabello rubio decidió sacar a colación el escabroso tema de su misión en los alcantarillados. Es que no habían hablado de eso ¿verdad? Y por aquella razón asumía que las razones de la joven habían sido bondadosas y altruistas. Quizá debió contenerse, apretar los dientes, morderse la lengua, reprimir las respuestas ácidas que se gestaban en su garganta. Pero pensarse a si misma como un ser puritano ávido de salvar a alguien solo porque sí le arrancó una sonora carcajada que estremeció por completo cada fibra de su cuerpo. Y no podía evitarlo, por más que sentía sus muñecas arder, era incontenible el impulso de la risa. Una sensación del todo fresca y potente, emponzoñada de un humor negro que quizá solo ella entendería.

— Nunca te creí tan infantil, Jer. Me importan más mis runas que tu culo, por muy bonito que sea.

Fue lo único que articuló antes de que sus palabras se vieran cortadas por un suspiro anhelante proveniente de su propia garganta. Aquella zona tan sensible atrapada entre los dientes del varón, la propia carne de la muchacha bulliendo de deseo. Izada por los aires y arrojada al frío de la ducha, atrapada entre el apremiente agarre de su castaña cabellera, la rodilla entre las piernas y la mano deseosa de Jeriel Cross.

Deseo, lujuria, pasión. Una espiral ascendente recorriendo el cuerpo helado como las gotas que escurrían a paso presuroso por su tensa piel. Cada centímentro de la cazadora de sombras clamaba por aquel idiota, se revolvían sus entrañas ante el mero recuerdo de un pasado Londinense y se relamía su subconsciente al imaginarlo a su merced. La necesitaba, era tan trivial como eso. La anatomía ansiosa de Jeriel necesitaba de la droga que era ella, de su fuego asesino y peligroso, de su veneno y perversidad. Una polilla, ávida de quemarse contra la luz de un farol. Ícaro, menudo jilipollas descerebrado.
Dedos largos y finos tanteaban la pared a sus espaldas mientras la joven escuchaba con atención parcial aquello que el otro le musitaba. No podría contenerse mucho más, la paciencia nunca había sido en él una virtud a destacar. Y la boca, y los dientes y la lengua del varón vagaban perdidos por su mandíbula, conteniéndose de forma ejemplar y milagrosa. Y en la pared estaba aquel hueco, aquel en el que depositaba los jabones, sales y cepillos. Poseía un par de cepillos gemelos, de madera maciza y cerdas gruesas, cepillos ideales para masajear una espalda. Más no así, Angelique, si los sujetas al revés no le darán a nadie un buen masaje. No un masaje más si una buena tunda, un golpe sórdido, coordinado y consciso a ambos lados de la cabeza. En este golpe, empleó la joven Nightshade toda y cuanta fuerza tenía.

Inesperado y cruel eran calificativos que a penas lograban describir la brutalidad de aquel atentado, ni de los dos innecesarios puñetazos que vinieron después. Jeriel ya chapoteaba en el agua helada de su bañera, derramando a chorros sangre escarlata. A ella no le importaba que tan grave estaría, se lo había buscado al compararla a la sumisa Anastasia Steele por unos buenos 5 minutos. No chiquito, esas no son las reglas del juego. Comentó interiormente y esbozó una media sonrisa, sentándose a horcajadas sobre el hombre cuyo centro del equilibrio había desestabilizado en un santiamén. Y era su culpa, nada más que su culpa que ella lo destrozara así como había sido culpa de Angelique que la acorralaran en la cama.

— Te tomaré cuándo cómo y dónde se me de la gana. Nada de lloriqueos y nada de sentimentalismos.

Susurró la voz seductora de la fémina mientras acariciaba sugerente la musculatura del otro por debajo de la tela y lo arañaba sin delicadeza. Posó su frente sobre la del otro y frotó su nariz y su cuerpo contra el ajeno con una carencia total de pudor o vergüenza. El frío y el agua que caía sobre ellos dejaba poco de la figura femenina a la imaginación, más el umbral de la oferta se vería cerrado en cuestión de segundos.
— Esas son mis condiciones Jeriel Cross. ¿Lo tomas o lo dejas?

Un sí o un no. Aquello lo decidiría todo.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Vie Jun 07, 2013 5:19 pm


Quizás el cazador de sombras había pensado en algún momento que la idea de colarse en la habitación de una Nightshade supondría algo menos descerebrado y absurdo que salir a patrullar en noche de luna llena por el territorio de los licántropos con una capa de drácula y unos colmillos falsos de plástico. No por lo inútil y estúpido que resultaría ser, si no mas bien por la certeza de que jamás pasaría desapercibido tal acto de osadía y desdén hacia aquellos a los que lograba llamar su atención.
Y aunque en un principio pudiera resultar divertido cometer tal acto de rebeldía y obstinación por el mero placer de hacerlo, sabía de antemano que el desenlace sería justamente algo como aquello; una total y completa enajenación suicida que estimulaba aquel humor que lo había acompañado en los últimos días. Quizás era lo que realmente buscaba desde un principio. Quizá simplemente lo necesitaba de alguna forma insana, harto de cuán culpable pudiera sentirse, así como desdeñosamente ella lo había evitado.
¿Buscaba respuestas? ¿O morbosamente sabía que algo así podría suceder?

La respuesta era tan obvia para su parte racional que incluso se permitió el lujo de prescindir de consejos tipo zen o cualquier otra gilipollez espiritual que lograra rechazar aquellos impulsos.
Así y con todo, como el niño con quemaduras al que le gusta el fuego, disfrutó del resplandor de las llamas reflejadas en sus ojos, avivando el calor al contacto con su piel bañada por el agua y del retorcido juego violento al que estaban jugando en un tira y afloja, con la única intención de saborear una vez mas aquel instante de inexplicable tentación delirante.
Tampoco es como si pudiera racionalizar mucho mas tras lo que aconteció de un segundo para el otro.
Ni tan siquiera pudo plantearse la duda de si pudiera haberlo evitado de haberlo deseado.

Podía anticiparse al salto salvaje de un rapiñador, o al ataque extremadamente rápido de un demonio raum, sigiloso y mortalmente escurridizo. Incluso sus capacidades de nephilim lograban aguantar el tipo en una pelea cuerpo a cuerpo con un hijo de la noche si terminar demasiado mal parado salvo por algún que otro mordisco desagradable... Pero aquello era totalmente inesperado a pesar de las sospechas de que una reacción así pudiera noquearlo tan de pronto, dejándolo de nuevo a merced de la cazadora de sombras que tendía a saltar al igual que una cobra agazapada y de impulsos casi tan explosivos como una caja de dinamita junto a una hoguera.
Lo cierto es que cuando lo vio venir, ya era demasiado tarde como para abandonar el lugar volando cuán murciélago en mitad de la noche.

Las analogías de vampiros aquella noche empezaban a cansarlo, ya que la sangre que nubló su vista poco o nada despertaba apetitos escondidos salvo una rabia espesa y profunda aletargada desde alguna parte de su cráneo golpeado. Tan solo el zumbido de un millón de abejas parecía llenar sus oídos, y su vista, salpicada por cientos de hormigas que nublaban su juicio y sus sentidos. El agua fría apenas se sentía sobre su piel, y la humedad simplemente se arrastraba sobre sus cabellos mojados manchada por la sangre.

Un gruñido ahogado y un sonoro golpe prosiguieron al momento en el que sacudidas llegaban a él sin saber ni comprender muy bien de donde, para finalmente terminar de espaldas sobre la superficie resbaladiza de aquella ducha con nada mas que la respiración entrecortada por el golpe y los ojos entrecerrados.
Su cabeza era dura como el cemento, pero realmente lo habían sacudido a base de bien, y así lo certificó su mirada irritada una vez consiguió enfocarse sobre la Nighshade, que murmuraba una serie de palabras que lentamente se abrían paso por su nublada mente.
Por otra parte, en cambio, estaba de forma inexplicable mas que consciente de aquellos dedos que se perdían bajo el algodón empapado de su camisa, rastrillando sobre su piel las afiladas uñas al igual que una gata ronroneante y juguetona.

Entrecerrando los ojos tras pasar el dorso de sus manos sobre sus pestañas húmedas, enfocó sobre su rostro el dorado de su mirada penetrante. Una mirada larga y dura que parecía querer atravesarla hasta lo mas profundo de su alma.

- ¿Ahora quién está siendo infantil, Angie? - Preguntó el muchacho con los labios fruncidos en una mueca altiva a tan solo un suspiro de sus labios.- ¿Crees que esto... - Continuó atrapando su labio inferior entre los dientes mientras succionaba lentamente.- ...nos convierte en algo? ¿Que querer delimitar los parámetros que no debemos cruzar significa que pretendo atraparte en algún tipo de relación?

Conforme hablaba, el cazador de sombras fue deslizando sus manos por los muslos de la joven en un movimiento descarado que no dejaba margen para nada mas que para el disfrute de sus sentidos. Una carcajada fue sofocada por el aumento de su propia lívido. La expectación reflejada en sus rasgos y en el brillo felino de sus ojos.

- No, Nighshade. No soy tan estúpido como para intentar encerrarte en una jaula, pero sí lo suficiente como para arriesgarme a dejar que tomes de mi lo que sea que quieras. - Sus dedos, nómadas, lascivos de sus instintos, se detuvieron sobre las carnes apenas ocultas por aquel fino tejido, tirando de ella mas cerca sin obviar el detalle de que sus manos estaban firmemente sujetas sobre su trasero. Sus prendas húmedas por las gotas de agua helada que todavía caía sobre ellos los volvía mas conscientes todavía de sus cuerpos, así como todo cuanto entraba en contacto, inclusive la creciente necesidad por ella.
Su boca poco tardó en lanzarse al cuello de la muchacha, con su lengua y sus dientes recorriendo la sensible piel resbaladiza sin demasiada delicadeza debido a la arrolladora ferocidad con la que la reclamaba. - Eres una jodida loca y yo un maldito demente por pensar siquiera en permitirte esto. - Musitó con voz entrecortada junto a su oído instantes antes de lanzarse a sus labios con saña y premeditación. Devorando su boca y su lengua en un beso que, en definitiva, no era para nada dulce pero sí hambriento, corriendo hacia el fuego con evidente pasión por las llamas.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Jul 18, 2013 10:56 pm

“I’m in lust with you”

Los labios de la mujer reclamaron los ajenos con avidez, devorando, arrasando, consumiendo con ardor la piel a su paso. Mordió la carne del labio inferior, degustando con deleite el metálico sabor de la sangre en su paladar. Se regocijaba en aquel placer clandestino, en el daño y el furor que era capaz de despertar a la par. Y así otra vez volvió a la carga, entrelazando su lengua avariciosa con aquella otra masculina, esa que no cedía un palmo en la feroz danza carnal. Jeriel sabía a sangre y desenfreno, intoxicado en las promesas silenciosas y lascivas de aquella que lo reclamaba. Pues Angelique no se limitaba a dejarse llevar, ella poseía, dominaba, conquistaba con furia implacable todo nuevo territorio a explorar.

Los dedos finos y ágiles ni se molestaron en desprender la camisa del varón, arrancando sin misericordia los botones para pegar a su cuerpo la piel empapada. El tacto de los dedos codiciosos estrujando la piel de sus muslos evocaba sensaciones dormidas, ascendía presta por su columna y se expandía como una ola. Lo deseaba. Deseaba todo de aquel hombre. El febril anhelo se gestaba en las entrañas de la cazadora y bullía por su piel ardiente. Cada palmo de piel crispada centelleando por más y más de aquel otro que ahora le pertenecía.

Jeriel Cross era suyo para poseerlo, suyo para marcarlo más profunda y cruelmente que cualquier runa. “MIO” Los labios de la diablesa con piel de cazadora abandonaron aquellos del otro con un gruñido de protesta, cerniéndose hambrientos sobre la sensible piel del cuello. Los dientes mordieron la carne,  la lengua vagó sin rumbo y la boca succionó y besó la zona al compás de sus mordaces caricias. Uñas que arañaban la piel de la espalda, que tiraban del corto pelo rubio para mantenerlo tal y como lo deseaba. Sobre aquel condenado el cuerpo de mujer se contorsionaba,  friccionando su intimidad ansiosa y desnuda sobre el bulto cada vez más prominente aprisionado en los tejanos.

Al final todo se reducía a ello, a lascivia en su estado más primitivo, a la necesidad maniática de perderse entre las carnes de aquella bestia agazapada. Cross no era hombre alguno, podía mentirle al mundo entero con aquel sentido del humor ácido y la siempre encantadora sonrisa socarrana. Más no podía mentirle a ella, nadie podía mentirle a ella. Todo lo que la Nightshade veía era pura energía negra, pura devastación, lujuria y tentación. Se disolvía entre su tacto un hombre consumido, rugiendo contra sus labios extasiados.  Exigiendo más, siempre más.

¿Existía acaso un límite para el deseo?


Los besos de aquel demonio disfrazado de mujer estaban cargados de promesas lascivas. Veneno, todos y cada uno. Adictivos y crueles como aquella que caprichosamente los entregaba. Así descendió la diestra, conduciendo una de las manos de Jeriel desde sus muslos, bajo el kimono, por su vientre y hasta sus pechos. Así descendió la siniestra, posándose allí donde sus sexos se rozaban, desprendiendo hábil el botón... introduciéndose bajo los boxers.

     Mmm... parece que alguien me echó de menos...—ronrroneó mordisqueandole el lóbulo de la oreja— ¿Me deseas, Jer?


Y en aquella simple pregunta... se ocultaban más de mil lujuriosas promesas. 
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Jue Jul 25, 2013 5:04 pm

Burning, Im burning. Can´t you see it in my eyes?

Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Tal vez aquel que se creyó tan ingenioso como para afirmar aquello se olvidó de añadir la segunda parte de aquella maravillosa realidad abstracta que toda criatura viviente siente en sus propias carnes alguna vez en su vida:
Todo ser humano tropieza con la misma piedra dos veces; incluso tres, cuatro, cinco, seis... y así mil veces mas hasta quedar completamente escarmentado de ser tan jodidamente estúpido.
Por supuesto, todos se levantan, se sacuden el polvo del camino y vuelven a incorporarse al circuito de aquella rueda del destino que giraba y los arrastraba como las corrientes de un río, uno que poseía el lecho de piedra demasiado erosionado por el paso del tiempo y de la condenada obstinación del ser humano por recorrerlo con renovadas e incuestionables determinaciones que desembocaban perniciosamente a los mismo una y otra vez.
Hay otra verdad irrefutable que otro genio incorporó al maravilloso mundo de las metáforas y que fácilmente se podría incorporar al epílogo de toda historia desastrosa:
Segundas partes jamás fueron buenas.

No es como que la propia historia que tenía con la hija del Cónsul despertara en él esos sentimientos, pero entonces, ¿Por qué Jeriel se sentía repetir aquel círculo vicioso una y otra vez sin cesar? ¿Acaso tenía un imán para aquel tipo de relaciones tóxicas y adictivas? Él no podía quedarse sentado en un rincón observando la vida pasar después de la experiencia que terminó condenándole al exilio. No, él parecía sentirse atraído como un obseso por aquel tipo de mujeres que, aún en su pasión y explosivo carácter, lo hacían sucumbir con la devastadora fuerza de un ciclón.
Desgraciadamente para los de su especie, debía aceptar que el ser humano es de sangre caliente y pasiones desatadas. En definitiva, y mas concretamente la mayoría de hombres, pensaban con la jodida polla la mayor parte del tiempo.

Sucumbir de aquella forma tan estrepitosa para él no era harina de otro costal; conocía demasiado bien lo que implicaba. Los riesgos a correr, las pasiones mas bajas anulando completamente toda razón de su ser y reclamando el instinto desenfrenado de su lívido insaciable. Los cuerpos de dos criaturas salvajes que mas bien se alejaban completamente de lo común para internarse en la exploración casi obsesiva de sus cuerpos sudorosos y ávidos de mas, mucho mas. Y vaya si no se dejaba llevar por aquella corriente con morbosa fascinación.
Ni polillas que vuelan demasiado cerca de la luz cegadora ni la jodida curiosidad que mató al gato incauto se aplicaba a él. Mas bien se asemejaba al adicto que volvía a por su dosis a los callejones oscuros de la pasión con la creencia de que aquello era lo que necesitaba para calmar toda aquella furia que se acumulaba en su interior. Una experiencia arrolladora capaz de estimular sus sentidos con el propósito de liberarlo por un fugaz momento de aquel odio que estimulaba él mismo contra sí mismo.
La redención de un alma condenada mediante el sexo sucio en aquel momento se le antojaba de lo mas poético, pero lo cierto era que la revelación que se manifestaba ante él cosquilleaba en alguna parte racional de su mente jodida con la sensación de que repetía una pauta que marcó su vida. Un dejavú de lo mas molesto del que debía resguardarse si no quería terminar de nuevo de bruces contra el estiércol del camino.

Pero bien, también sería cierto que la mente de un hombre no era capaz de hilarar mas de un pensamiento a la vez debido a su incapacidad de hacer dos cosas al mismo tiempo. O eso afirman estudiosos de su raza, aunque tal vez se debía a que en ese preciso instante toda la sangre de su cuerpo fuera bombeada mas hacia el sur de su cuerpo y dejaba su cerebro incapacitado completamente. Su boca traicionera liberándolo de aquella prisión mental creada por los barrotes de orgullo que se derribaban por un suspiro en los labios de aquella mujer.
Qué cojones...! Como se dice en el argot: Carpe diem; vive hoy, lamentate mañana; que le jodan a las consecuencias, etc etc...

Nada mas importaba. Tan solo aquel duelo de lenguas frenéticas por tomar el control la una sobre la otra y que apenas dejaba espacio suficiente para respirar. Los suspiros entrecortados de ambos perdiéndose en el del otro conforme los gemidos y gruñidos se convertían en los únicos sonidos audibles bajo aquella lluvia de agua que los empapaba. Sus cuerpos entrelazados aún cuando su piel ardía al ligero contacto que podía alcanzar mediante la ropa que iba apartándose de sus caminos. Sus muslos bien contorneados alrededor de sus caderas, las palmas de sus manos deslizándose sobre su estómago y perdiéndose mas allá.

En aquel momento las presas dejaron de contener toda aquella tensión acumulada que se reflejaba en sus incesantes flirteos para liberarse de forma arrolladora y sin tapujos. Ningún atisbo de verguenza en sus movimientos, algo que aquel par desconocían por completo, como así se lo confirmaron los indecorosos asaltos que se aplicaban el uno al cuerpo del otro sin pudor.
Sabían lo que querían, lo demandaban y lo exigían, así como se concentraban en reclamarlo sin contemplaciones.

Una de sus manos no dudó en indicarle el camino, y él no pudo menos que abrirse paso lentamente y con la facilidad que le confería la humedad del agua sobre su cuerpo resbaladizo bajo la prenda que en aquel momento entorpecía mas que otra cosa. Con un suspiro entrecortado que emitió al igual que un gruñido entre sus labios al sentir la frialdad de sus dedos enterrarse bajo sus pantalones, se incorporó de pronto, sin romper el contacto voraz de sus bocas entrelazadas. Sus manos no abandonaban el cuerpo de la muchacha en ningún instante, con todo, se hicieron mas insistentes e impacientes, por lo que tomó la prenda entre sus puños cerrados y tiró de ella, rompiéndola por la espalda lentamente y bajándola por sus hombros desnudos con deliberada pasión y abandono. Su boca frenética abandonó los labios de Angelique y se deslizó por su mandíbula y su cuello, mordiendo y lamiendo sin piedad. Una vez sus pechos quedaron descubiertos frente a él, tan solo se detuvo unos instantes de admiración momentos antes de asaltarlos con su boca con un gemido ronco y masculino resonando en lo mas hondo de su pecho.

En algún punto, Jeriel tironeó de su camisa y se la sacó por los brazos, que volvieron a ella en cuestión segundos.
La voz de ella pareció internarse en la bruma que era su cerebro, lo cual provocó carcajadas amortiguadas sobre su piel. Aquella risa derivó en pequeños gruñidos lascivos conforme sus dientes atacaban y mordisqueaban aquel punto sensible, ya endurecido y enrojecido por sus atenciones.
La impaciencia tiraba de él y la sangre parecía hervir en su interior, un fuego que ni siquiera el agua helada que caía sobre él era capaz de extinguir, por lo que de pronto, la tomó de la cintura y la alejó de sí para poder levantarse y terminar de desprenderse de los pantalones, prácticamente a patadas conforme se abalanzaba de nuevo sobre ella, a sus labios con el dulce sabor de la sangre y su piel salada bañada en agua con el suave perfume de la pasión y del desenfreno. Sus manos navegaron a la deriva de su cuerpo, deslizándose por su cintura y sus caderas para alzarla de repente, apoyando su espalda contra los azulejos blancos de la ducha y haciendo que sus piernas rodearan las propias. Las fronteras de sus cuerpos desnudos se difuminaron, y la apremiante necesidad del muchacho era tan obvia que no pudo pasar desapercibida por la joven conforme la sentía palpitar en aquel punto húmedo y cálido entre sus piernas.  La tomó por la barbilla sin dejar de mordisquearla y murmuró con voz ronca por la pasión:

- Dímelo tú, asesina de dragones.- Sus caderas se impulsaron hacia delante, creando una fricción mayor entre sus cuerpos.- ¿Te deseo?
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Mensaje por Angelique Nightshade el Lun Ago 05, 2013 1:27 am

Can't swallow our pride
Neither of us wanna raise that flag
 
“Deseo, deseo, deseo” podría seguirse repitiendo la palabra sin aprehenderse realmente su verdadero significado, sin llegar a la divina comprensión de todas sus morbosas implicaciones. No era el deseo el lazo en envolvía aquellos cuerpos ardientes bajo un torrente de agua gélida, el deseo no era la piel contra la piel, las manos deslizándose con avaricia, los sexos impacientes reclamando atención. Ellos eran el deseo, no la carne ni la sangre que el juicio nubla, sino la mera esencia de quienes eran. Angelique y Jeriel, dos entes primitivos y codiciosos buscando poseerse una vez y mil más.

Ella lo sentía. Sentía los labios del varón apoderándose de sus pezones, su lengua, sus dientes traviesos tironeando de la sensible zona hasta hacerla contorsionarse y gemir. Sentía sus manos acariciar cada palmo de piel al descubierto, y, bajo ella, un cosquilleo ansioso y electrizante la arrasaba. Podía perderse a sí misma en aquel tornado de sensaciones placenteras, en aquel campo de batalla en el que ninguno daba tregua. Jugaban con fuego ansiosos de quemarse si tan solo con aquello experimentaban un momento de éxtasis extraterrenal. Era sucio y adictivo, un círculo vicioso de insanidad del que ninguno buscaba escapar.
Las uñas de la mujer dejaban surcos rojos en la ancha espalda de su amante, arañando hasta el punto de hacer severo daño sin que eso le importase. Quería lastimarlo, herirlo a la vez que lo complacía. Se dejaba hacer, permitía que aquel la izara, cubriéndola en caricias y atenciones lujuriosas, ciego como un toro que solo enviste ante la visión del rojo. Y para él, aquella fémina era del color de la pasión. Estaba ansioso, ansioso y consumido por el deseo de poseerla. Ella, cruel y déspota, anotaba con color carmín cada vez que se propasaba. Uno: por la irrupción, dos: por inmovilizarla, tres: por meterla a la bañera, cuatro: por el kimono... y la lista continuaba.  Escrito con labial sobre un espejo empañado estaba el destino de aquel pobre diablo, feliz como un demente ante la impronunciada sentencia. Cross se encontraba atrapado entre la prisión de las femeninas piernas, preso de su propio anhelo. Pues en aquel instante sus pasiones no se igualaban, allí él era quien deseaba y era ella el objeto de su adoración.

“¿Te deseo?” preguntó sin que sus labios abandonaran a penas la piel de su cuello, rozando descaradamente sexo contra sexo. Y Angelique, Angelique no hubiese sido quien era si lo hubiese dejado salir ileso.
Una sonrisa sádica se dibujó entre sus labios en flor mientras las uñas desgarraban la anatomía del hombre lenta y paulatinamente desde la musculosa espalda hasta los glúteos.

     Más de lo que deberías... — respondió en un susurro a la vez que sus manos abandonaban el cuerpo del varón para afianzarse en el hueco destinado a los jabones.
 
Lo demás sucedió de prisa. Un instante la malicia repiqueteaba por los oscuros ojos de la cazadora de dragones y al otro, sus talones se clavaban en el abdomen de Jeriel y lo impulsaban a través de la mampara de plástico, fuera de la bañera y al piso del baño. Ella se resbaló a pesar de su predisposición, cayendo de rodillas e incrustándose en ellas algunos fragmentos de mampara. Había sangre en el piso, sangre y trozos de plástico grueso a donde quiera que se mirara. De Jer, suya, un distorsionado cuadro en el que el hombre había sido derribado y la mujer, avanzaba a gatas sobre sus palmas y lastimadas rodillas, riendo traviesta mientras el agua chorreaba de su cabello y corría por su desnudez.

Muy consciente estaba cuando la mano de la fémina le sujetó el pescuezo. Cuando vio a la Nightshade lamerse los labios con total desvergüenza mientras lo imitaba rozando una vez más sexo contra sexo.

     Más de lo que deberías...


Y en el momento en el que lo introdujo de golpe en su interior, en aquel pleno instante de goce, sus pasiones se igualaron.
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Mensaje por Jeriel Cross el Sáb Ago 24, 2013 3:29 pm

Mas de lo que deberías.

La voz de la joven se hizo eco en alguna parte racional de su mente una fracción de segundo antes de que su mundo diera una sacudida que lo mandó lejos de la realidad. Aunque lo cierto era que su realidad en aquel instante se reducía a la violencia del momento, similar a la adrenalina que lo embriagaba en una batalla. Los sentidos se agudizaban y los reflejos aumentaban, completamente centrados el objetivo frente a sus ojos. El cuerpo del cazador de sombras sometido a la rendición de sus instintos mas básicos y primitivos en lo que podría pasar por una autentica lucha animal entre ambos. Sus cuerpos expuestos en toda su extensión de piel erizada por la violencia del momento; el corazón bombeando con ferocidad en una loca carrera que sacudía su sangre y agitaba las respiraciones entrecortadas que exhalaban en forma de gruñidos y gemidos ahogados por los besos hambrientos.

De poco mas fue consciente a lo que aconteció tras aquel episodio de violencia domestica, pues de pronto se encontraba tentando a la joven y al siguiente se encontraba sobre un lecho de metacrilato descascarillado, sangre y humedad acumulada sobre la alfombrilla de baño. Las consecuencias de sus noches de cacería no distaban demasiado de la batalla que ambos cazadores de sombras se traían entre manos, mucho menos los ataques bajos y premeditados. Aún no queriendo buscar una explicación coherente que justificara la hilarante excitación que se adueñó de él, observó como la joven Nightshade, la temible asesina de dragones e hija del máximo exponente de la Clave, se movía como una gata ronroneante, viniendo hacia él con la determinación de poseerlo al igual que un demonio posee a su víctima. Sus manos estiradas frente a ella a cada paso, sin que su mirada se alejara de su presa, que la observaba expectante y un tanto incrédulo. Aún podía sentir el escozor que sus uñas habían provocado sobre su piel. Definitivamente, aquello era lo que menos pudiera importarle en el momento en el que ella lo introdujo en toda su extensión en su interior.

Jeriel, estremeciéndose entre sus caderas, convulsionaba agitado conforme tomaba entre sus manos la cintura de la joven en un vano intento de mantenerse sujeto a alguna parte terrenal, dado que las sensaciones lo arrastraban lejos de la cordura. Ella, a su vez, se regocijaba en su poder mientras poseía al animal primitivo en el que se había convertido, que gemía bajo ella completamente perdido en el placer. Clavando sus dedos entre las carnes trémulas de la muchacha, el cazador de sombras la mantuvo sujeta sobre él conforme sus movimientos comenzaron a aumentar  el ritmo, moviendo su pelvis en círculos y participando en aquel juego de poder en el que se habían convertido aquello a pesar de la seria desventaja en la que se hallaba, reclamando parte del poder arrebatado por su dominio sobre su capacidad de reacción.

Los instintos tomaron el relevo y se incorporó, con las piernas de ella agarradas a su cintura. Tras deslizar sus manos avariciosas por su espalda con una necesidad que parecía querer arrancar su piel a tiras, la agarró firmemente, sin detener los movimientos rápidos y acompasados de sus cuerpos entrelazados ni en los mordiscos sobre la pie sensible de sus labios, su cuello y sus senos.
Parecía incapaz de saciar aquella necesidad salvaje que se había adueñado de él, y como muestra de ello, pronto pareció cansarse de aquel ritmo en el que la resistencia de ella por tomar el control lo contenía de aquello que realmente quería hacer con su cuerpo.

En un movimiento coordinado, la agarró por los hombros con fuerza y rodó sobre los restos de la mampara, a pesar de los cortes que se dibujaban sobre su espalda y su piel. Pero no se detuvo de su posesión, y sin desprenderse ni un instante de la unión que los mantenía unidos en aquella danza hipnótica y violenta, abrió las piernas de la joven todavía mas con las de él al tiempo que le impedía cogerle, apartando sus manos y aguantándolas sobre la cabeza de Nightshade. Sus ojos, de un dorado líquido relucían con lujuria, intensificando aquella expresión fuera de sí conforme flexionaba los brazos y se hundía en su cuerpo con fuerza, con envestidas duras y prolongadas que intensificaban aquella pérdida de control irracional.

Nada de aquello trataba de la suavidad y la consideración, si no todo lo contrario. Dos fieras enzarzadas en un enfrentamiento por la dominación de un cuerpo sobre el otro, poseídos por pura pasión descontrolada que doblegaba al contrario. El ansia de destrozarse mutuamente la piel, desgarrarse y atravesarse con ferocidad parecía excitarlo, inexplicablemente, todavía mas, a la vez que sus dientes atrapaban su carne.

- Simplemente mas...- Jadeó entre sus labios entre abiertos.- No importa qué...
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Mensaje por Angelique Nightshade el Sáb Nov 02, 2013 8:02 pm

I see you lying next to me
With words I thought I’d never speak

La sangre cálida escurría por el abdomen del cazador como las gélidas gotas de agua, deslizándose tortuosamente por la piel curtida hasta perderse en la suya propia. Sus cuerpos llevados por el libido narraban historias de combate, cada laceración un relato mudo de dolor y desenfreno. Las runas del azabache más oscuro se difuminaban segundo a segundo en las carnes de la mujer, desaparecían dejando tras de sí una estela débil de su poder, opacada por la intensidad del sentir de su portadora. Les importaba una mierda quien pudiese oír, o si la mismísima directora del instituto entraba por la puerta. El agua helada se desbordaba por la bañera, recorriendo un camino sinuoso entre las uniones de las baldosas, empapando la alfombra púrpura. Aquí y allá pequeños pedacitos de plástico eran llevados por la corriente, flotando a la deriva mientras el agua lamía los cuerpos ardientes de quienes de nada de aquello se percataban.

Más. La sangre en sus venas hervía, la piel erizada temblaba y se estremecía a cada contacto, sus labios rojizos a duras penas acallaban placenteros gemidos. Más. La carne clamando por la carne, una danza frenética de cuerpos tintada por la roja sangre. Más. La frontera donde el dolor y el goce se besan, el límite que divide el placer masoquista de la más auténtica libertad. Bajo el fiero agarre de Jeriel las torturadas muñecas se retorcían, clavándose las largas y esculpidas uñas en la tierna carne de la manos.  Angelique vibraba de emoción a penas contenida, dejándose arrasar por un tornado de pasión sin tregua.  Él le pertenecía, de aquel tanto estaba segura. Ella era la locura que lo instaba a hundirse en abismo de sus más morbosos deseos, la arpía cruel que se deleitaba despertando a la bestia.

Pero Jeriel era aquello, no el turbio espejismo sínico de un hombre torturado, no un muñeco Ken caminando al altar en un mediocre final perfecto, no un mono de circo repitiendo su más célebre acto. El hombre que tenía frente a sí era un superviviente, un cazador que seguía allí después de habérsele arrebatado lo más preciado. No necesitaba su simpatía, no necesitaba su pena o su cariño incondicional. Pero sí la necesitaba a ella. Necesitaba a aquella única que podía ver más allá de la fachada, aquella que podía ahondar por los recónditos rincones de su retorcida alma y aun así desearlo con locura. La mala mujer que sería su ruina.

Una sonrisa envenenada de lujuria y deseo se extendió por los labios de Angelique como hiedra, alcanzando una oscura mirada llena de promesas silentes. Lo miró con sadismo y morbosa diversión, retándolo, desafiándolo como sólo ella sabía. Oh... las cosas que sería capaz de hacerle. Oh... todo y cuanto le haría. De un ágil movimiento lo envolvió entre sus piernas, ahogándolo en su interior de una firme y brutal estocada. La propia columna se arqueó en respuesta, y un gemido de deleite escapó sin contención alguna de sus labios.

— Me perteneces, Jeriel Cross— ronrroneó la cazadora, ruborizada y perdida en un mar de puro éxtasis carnal.

El vaivén de sus propias caderas atrapando toda la longitud de Jeriel en una danza frenética, sus labios avariciosos conquistando los ajenos, poseyéndolo a la vez que con fiereza era poseída. Sólo él le importaba en aquellos momentos, sólo en Jeriel era capaz de pensar aun y cuando cerraba los ojos. Así su imagen permanecía en sus retinas, grabada a fuego en lo más hondo de su alma torturada.

Ya no sería la misma.

Aquel fue su último pensamiento antes de que sus neuronas se fundieran por completo y mandase a los quintos infiernos su capacidad racional. Más tarde se repetiría a si misma que aquello no había sido nada, más tarde lo miraría de arriba abajo y lo despediría de su habitación de una despótica patada. Sabía que no lo merecía, que no podía permitirse pensar en él como algo más que un mero juguete. Sin embargo, en aquel instante tal noción se había borrado de su ser sin dejar el menor rastro. La mente de Angelique se encontraba nublada, ajena a todo juicio, premeditación o malicia.

En aquel sucio abismo de placer clandestino, se atraían el uno al otro como polillas a la llamas.

Y ella lo quería y lo deseaba. Sólo aquello comprendía.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Jeriel Cross el Mar Nov 05, 2013 3:53 pm

La hoguera que eran sus cuerpos entrelazados se avivaba cada vez mas a cada gruñido o aliento contenido que abandonaban sus labios entreabiertos.  El fuego alcanzando el cenit de su devastadora ferocidad, prendiendo con furiosas llamaradas sobre la piel ardiente, rodeándolos y cubriéndolos bajo la atmósfera abrasada que ellos mismos dejaban a su alrededor. Al igual que ellas, ambas anatomías enzarzadas danzaban con violentas sacudidas, alzando a su alrededor un chisporroteo apasionado que los elevaba mas allá de lo comprensible, lanzandolos irremediablemente al abismo de su cordura, eliminando todo rastro de razón, llevada por los vientos de la concupiscencia. Crestas de fuego líquido se alzaron junto al golpeteo de la sangre embravecida, arremetiendo contra sus oídos con violencia. Bajo la fricción ardiente de la piel contra piel, sus sexos en absoluta comunión y la lluvia de fuego que alzaron a su alrededor, ambos jóvenes corrían el peligro de convertirse en el incendio en mitad de un polvorín, amenazando con explotar de un momento a otro.

El agua en suelo encharcado sobre el que sus cuerpos resbalaban se enturbiaba con el color de su pasión. Pedazos del mamparo arrastrados sobre el linóleo junto al chapoteo que los sacudía en su lecho, alejándose, alejándose sobre la corriente de agua avivado por el goteo incesante que se derramaba de la bañera ya al límite de su capacidad. Apenas conscientes de nada mas que del uno del otro; arañando, mordiendo y lamiendo. Sus ojos de un dorado líquido perdidos en el rostro juvenil de la muchacha, sintiendo el cosquilleo escurridizo de sus labios junto a los suyos, musitando palabras impregnadas por el mas puro deseo que apenas acariciaba en su subconsciente tomando forma en su mente. Una oleada de posesividad recorriéndole la espina dorsal al tiempo que se perdía entre sus piernas firmemente cerradas alrededor de sus caderas y que se materializó en forma de gruñidos entre beso y beso. La sangre cubriendo cada centímetro de su piel llena de marcas, abriendo surcos sobre los músculos tensos que el rastrillar de sus uñas lo marcaron como de su propiedad.    

Le pertenecía... ¿Era acaso eso posible? De lo que estaba absolutamente seguro es que en aquel preciso instante era irremediablemente suyo, perdido entre las formas de su cuerpo y apenas consciente de nada mas que el vaivén de sus caderas alrededor de las propias. Tan solo enredado en la perdición de sus gemidos de placer. Un placer que solo a él le pertenecía y que él despertaba en ella conforme la mantenía prisionera en el agarre de sus manos firmes, sujetas bajo el peso de su cuerpo masculino. Una carrera en pendiente y sin frenos contra un muro de concreto contra el que tarde o temprano se estrellarían, dejando para mas tarde los pedazos que quedaran tras ellos. Tan solo aquel momento importaba, y nada mas. Él era tan suyo como pudiera serlo ella de él.
El clímax que supondría un antes y un después y en el que se resumían tantas palabras no dichas.

-No mas de lo que ya me perteneces tu a mi - Recordaría mas tarde haber murmurado sobre la piel sensible de su cuello en un jadeo quedo que se entremezclaba con el sonido de una risa ahogada.  

En aquel preciso momento, ella perdió la razón, seguido apenas unos instantes después por el gruñido de liberación emitido desde lo mas hondo de su pecho al tiempo que tomaba su cuerpo con facilidad y se incorporaba de pronto; las piernas de la joven a cada lado de su cintura conforme sus manos la liberaban y tiraban ella, sentándola sobre él sin detenerse en su última acometida feroz. Los dedos de su mano enredándose entre sus cabellos y acercando su rostro al propio, frente contra frente, suspirando entre besos desesperados que sabían pasión, vainilla y sangre. Mientras, su otra mano atrapaba la estrecha cintura de la joven con posesividad, acompañando el ritmo impuesto por sus caderas con su torso plegado sobre su pecho expuesto, perlado en sudor y cientos de gotas de humedad.
Tan solo el gemido entremezclado de ambos con la respiración desbocada y el corazón martilleando en el interior de sus pechos. Sus cuerpos sudorosos bañados en sangre y una ligera pátina de desesperación que lo impregnaba todo de un anhelo feroz por poseer y ser poseídos. Un susurro quedo entre sus labios con el recuerdo de su rostro a escasos centímetros, la expresión perdida en sus rasgos carentes de toda mueca burlona. El torso masculino subiendo y bajando bajo el cuerpo agazapado de la joven, que estrechó contra si sin dejar de besar su piel, mordiendo y tirando con avaricia de sus cabellos. Una visión que poco mas tarde se volvería difusa y se repetiría entre las sombras de una habitación, enredados bajo las sábanas de una cama que mecería sus cuerpos al ritmo impuesto por la necesidad apremiante y pausada que acogería a ambos amantes tras la batalla enfrentada, perdidos entre la realidad y el sueño idílico de sus cuerpos.

Aquella seria una noche en la que la oscuridad de las pesadilla no lo atraparía en sus sueños. Tan solo un remanso de absoluta calma cubriéndolo por completo. Ni tan siquiera el cosquilleo de la piel llena de surcos apasionados resquebrajaría aquel instante en el que sus párpados se cerraron con la imagen residual de su rostro aún presente. El aroma de su piel y su cabello cosquilleando su rostro, enterrado en la curva de su cuello mientras evocaba los suspiros contenidos de pasión que escapaban de sus labios. Tan solo las ascuas de un fuego devastador reluciendo apaciblemente en su lecho de cenizas, aún humeantes, que conservaban el calor agradable de su cuerpo desnudo junto al suyo. La caricia que suponía el tono de su voz susurrando la palabra prohibida en su diccionario personal y que creyó presentir en su mirar, que se disipaba entre las sombras al igual que su rostro, alejándose...

- Y yo...- Musitaron sus labios en algún momento antes de hundirse en el sueño mas profundo; el tono bajo de voz amortiguado por la almohada sobre la que descansaba su rostro.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Angelique Nightshade el Miér Ene 08, 2014 6:31 pm

Las yemas de sus dedos vagaron por el torso desnudo, recorriendo un camino de besos hambrientos y surcos rojos. Tocó con cuidado los lugares que había marcado como suyos y las blancas cicatrices que cubrían el abdomen de Jeriel. Angelique lo contempló en absoluto silencio, como si cada palabra que conocía se hubiese borrado permanentemente de su vocabulario. No tenía réplicas satíricas o comentarios de autosuficientes. Aparentemente, junto con la ropa regada por el piso hecha jirones, habían quedado también las máscaras.

Sus labios se curvaron como de costumbre, una mueca pobre y ácida, demasiado sutil para considerarse una sonrisa. Sin embargo aún sentía el tacto del varón en el cuerpo, el sabor a besos húmedos y la fiereza de su agarre. Ambos olían a jabón, sangre, colonia y vainilla. A estas alturas, tenía la sensación de que esa misma esencia perfumaba cada esquina de su destartalada habitación. Cajones abiertos, papeles regados por el piso, una silla rota, posters arrancados y ropa nadando en un charco prominente, que se extendía por debajo de la puerta acaparando el pasillo. Ja. ¡Y ella se había preocupado por un poco de mugre sobre su colcha! Todo el asunto se le antojaba ridículo.  

A su lado, Jer dormía plácidamente con una sonrisa de satisfacción casi infantil surcándole los labios. Esa sonrisa la desconcertaba, saber que tenía que ver aunque fuera mínimamente con un gesto así de distraído y significativo le ponía los pelos de punta. No porque fuera él, o quizá justamente porque SÍ, ERA ÉL. ¿Por qué no podía, Jeriel Cross, tener una sonrisa post-polvo común y corriente? Cualquier cosa menos ese rostro tan pacífico y vulnerable, tan impropio del cazador de sombras insensato que se jactaba de ser. Y ella ¿Qué cojones estaba haciendo ella? ¿Por qué no lo había echado de su cama a patadas?

La diversión acabó ya cariño, conoces las reglas ¡Largo de mi habitación!

Optó por creer que en verdad pensaba algo así, porque evidentemente, era lo que tenía que pesar.

¿Qué pasa contigo Angelique? ¿Se te olvidó cómo eres? ¿Tengo que venir a recordártelo?


Abrió la boca, sus ojos oscuros escaneando de arriba abajo el semblante del varón, una arruga trabajando muy duramente por formarse en su frente. Pero no llegó a hablar. Jeriel se había dormido aferrado a ella, el brazo derecho cerrado en torno a su cintura como si se negase a dejarla huir. Como si supiese que iba a hacerlo. En ese momento cerró más su agarre, arrimándola, aunque a todas luces parecía estar profundamente dormido. Sus narices se rozaron, los dedos de Angie se tensionaron en torno al cuello.

— Y yo... — susurró Jeriel roncamente, en un tono de voz tan bajo que de haber estado centímetros más lejos quizá no lo hubiera escuchado.

Pero que lo escuchó. Su aliento cálido golpeó contra los labios de la cazadragones, y las palabras retumbaron en el interior de su cerebro, dejándola momentáneamente idiotizada. Muy bien, se caía de maduro que alguien iba a tener que recitarle a Angie las mil y un razones por las que TENÍA que salir pitando de esa cama. Pero no quería. En ese mismo momento acababa de darse cuenta que no quería. Y a pesar de que en su fuero más interno alguien gritaba, rompía cosas y le sacaba la estupidez a base de arañazos,  se permitió aferrarse a ese pequeño capricho unos momentos más. Él estaba dormido... ni siquiera la notaría. No tenía por qué enterarse jamás de que ella se había quedado allí.

Pasó un tiempo antes de que el cuerpo del cazador se distendiera lo suficiente como para dejarla salir y escabullirse como un ladrón a su propio cuarto de baño. Antes de que pudiera bañarse, vestirse apropiadamente y perfumarse con esencia de vainilla, lavando de su piel repleta de cicatrices el recuerdo de Jeriel Cross.

Se dedicó a sí misma una larga mirada en el espejo, fijándose en su piel, buscando marcas violáceas de besos que sabía que no encontraría. Lo hubiera matado mientras dormía si se atrevía a marcarla en cualquier punto visible. No se lo había dicho, pero él parecía recordarlo. Resultaba sencillo olvidar que Jeriel la conocía. Para ser honestos, resultaba casi imposible recordar que existían personas que la conocían.  Angelique se había acostumbrado a estar rodeada de extraños.

Sus ojos oscuros oscilaron del espejo al cazador, preguntándose cómo era capaz de dormir acompañado. Ella no podía. El Ángel sabía que ella no podía. Luego se fijó en las marcas violáceas, negras y sonrosadas que había dejado en torno al pescuezo y descendiendo por el abdomen. Quizás se hubiese sentido culpable... de no estar tan absurdamente satisfecha con su travesura.

— Mío. —susurró para sí y una fuerza desconocida tiró de las comisuras de sus labios.

Aun no amanecía cuando la cazadora cerró la puerta tras de sí y se alejó a paso despreocupado y coqueto de la habitación, dispuesta a prepararse un café. Nada había cambiado. Angelique seguía siendo Angelique, como siempre lo había sido. La misma altitud altanera, los mismos desafiantes ojos oscuros, la misma sonrisa ácida. Sin embargo algo cosquilleaba ahora en el fondo de su pecho, y es que en algún instante de descuido... Jeriel había comenzado a importar.
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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Mar Mayo 13, 2014 10:34 am

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Re: Let me belong here, break my fall | Jeriel & Angelique +18

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