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~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

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~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Jeriel Cross el Miér Jun 05, 2013 7:15 pm

Días antes de la tormenta...

En silencio, la sombra que era Jeriel Cross se deslizó sigilosa por el pasillo central de la amplia nave del instituto. Ni tan siquiera el deslizar de sus pasos cansados emitió susurro alguno, roto el silencio tan solo por el trinar de los pájaros tras las vidrieras y el lento transcurrir matutino del tráfico de Nueva York. La llama de las velas hacía horas que se había extinguido, y ahora el suave perfume de la cera embargaba el lugar junto con los tímidos rayos del sol de primera hora.

Una vez dejado tras de sí el final de una larga noche y el creciente rumor de una ciudad que recién despestaba, Jeriel se había dirigido directamente hacia la moderna cocina de Maryse en busca de una dosis del preciado café que despertaría sus sentidos aletargados. O almenos, una sustancia que se le asemejaba bastante, ya que cualquier otro dia hubiera preferido beber directamente de una de esas tazas para llevar que servían en el starbucks que ese líquido alquitranado. Así que, encaramado cómodamente sobre la encimera de la amplia cocina del insituto, degustaba el último y primer café del día con ojos ligeramente entrecerrados y somnolientos.

Hacía tan solo unas horas atrás se encontraba vagabundeando por Central Park, rodeado de hadas juguetonas que apenas se percataron de su presencia. Aquella patrulla inútil en la que había perdido la noche entera sin nada mejor que hacer que observar a diversos trasgos y duendecillos haciendo de las suyas sin ningún indicios del solitario licántropo que había sido avistado en la última semana. Era posible que los praetor lupus hubieran intervenido ya, quien sabe. Pero como miembro dudosamente ¨honorable¨ de la Clave, debía acudir allí, obediente a las órdenes de la solitaria Maryse. En los últimos tiempos se hacía cada vez mas y mas evidente la carga que soportaba esa mujer sobre sus hombros a falta del ausente Robert, del cual ignoraba su paradero. Si, había sido tedioso y mortalmente aburrido, pero no iba a quejarse ante ella, ya que por una vez, había llegado al instituto de una sola pieza y sin ningún rasguño. Algo totalmente sorprendente, incluso para él, con su elevada tendencia a meterse en problemas casi como si fuera algo premeditado. Lo cual, algunas veces resultaba ser cierto, pero no por ello se iba a poner a profundizar mucho mas sobre eso, mucho menos con el cuerpo todavía clamando por su dosis de cafeína.


Alzó la taza, llevándosela a los labios una vez que el café estuvo a la temperatura idónea, embriagándolo con el sabor amargo y dulce que contrastaba en su paladar. Extra de azúcar y sin leche.
Sus ojos entrecerrados eran ahora apenas una rendija por la que se entreveía un turbio color dorado, demasiado turbios por el sueño, y su postura relajada parecía indicar que podría quedarse dormido allí mismo, con las piernas colgando sobre el mostrador con la dura superficie de apoyo que le confería la nevera como almohada para descansar la cabeza ladeada, mientras la taza adoptaba una inclinación igualmente precaria entre sus dedos frios.
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Jue Jun 06, 2013 2:59 pm

Entre las sombras como si se tratara aun de un vampiro, la nephilim caminaba, tras una extenuada batalla contra si misma. Había tenido que declinar la proposición de Maryse, cayendo a sus pies, sosteniéndose la cabeza. Con la voz casi convertida en un rugido, suplicante de calma. Tras la tensa visita de los Hermanos Silenciosos, a los que la nephilim trataba de repeler de cualquier modo, consiguieron que durmiera y con ello el dolor se amortiguo en un profundo sueño. Pero sabía que solo era un parche, tarde o temprano manaría el verdadero mal. Así que apartando los rayos del sol de sus ojos, con la mano se orientó hacia la cocina.

Necesitaba más que nunca un café, era su cura para el mal humor, puesto que no salió anoche a patrullar. Se sentía responsable de haber fallado a sus hermanos en su misión, a veces su conciencia se tomaba demasiados privilegios, más de los que deseara. Era como si tratara de recriminarla su salud tan frágil, no digna de un custodio del bien, de un nephilim. De todas formas, Maryse tendía que haber enviado a otro, ya que Adrianna no soportaba la proximidad a la mente de un hada, sus feéricas emociones eran tan intensas que perforaban su mente, las barreras de poco servía contra seres de la naturaleza. Seres que nacían de la misma madre que sus energías, la madre naturaleza.

Encaminándose a la cocina, podía sentir lo solitario del instituto, que anodinamente hoy estaba. Nadie por los pasillos, encerrados en aulas o dormitorios. Quizás era una suposición o producto de sueños, pero algo de dimensiones impensables se destinaba a ellos. Posiblemente un exceso de trabajo y horas lejos de la cama fueran los responsables. Bostezó peinándose con la mano los cabellos cobrizos, apartándolos de la cara. Cuando el brillo plateado de su dedo, la distrajo.

Aquel anillo, provocó en ella, una sonrisa melancólica. Era un recuerdo, un recuerdo preciado del pasado, de una persona a la que siempre tendría en alta estima pero desgraciadamente no llego a encontrar. Al verlo los recuerdos afloraron como las flores del campo, adornando sus recuerdos con los mismos aromas de entonces. Incluso sintió añoranza por Idris, y una parte de ella quería volver a visitarla de nuevo.

Al entrar en la cocina, observó la escena, y le resulto ciertamente enternecedora. Jeriel Cross, hombre que la desprecio por ser empática, estaba casi dormido con una taza de café en sus manos. Adrianna no era un ser que odiara eternamente, y podía llegar a comprender que sus palabras contuvieron dolor, quizás malas experiencias, no podía juzgarlo por ello. Pero aun así, le recordó a alguien y no supo saber quien era. Se acercó a uno de los muebles y saco su taza con estampados de gatos en el exterior, tratando de no hacer ruido para despertarle.

Adormilado, consideraba sacado de un museo, luz con sombras, lo que hacia aun mas interesante su estudio. Aquel contraste de caracteres daba una reflexión compleja donde la oscuridad adquiría belleza incluso más que la luz, los defectos eran casi rasgos diferenciantes y propios, pese a esa percepción de que eran errores mostraban un ser mortal. Un ser imperfecto, encontraba realmente sugestivo para su mente, los atributos podían obtenerse pero los defectos se nacía con ellos, casi eran el sello distintivo de cada uno. Aquel joven era una incógnita. Posiblemente podría pensar negativamente de él, pero al luchar contra él vio a un guerrero, alguien que se enfrentaba a cualquier obstáculo, con un humor particular. Eso no evitaba que tuviera mil preguntas, y preguntarle por su comportamiento. Pero eran como las emociones de las personas, era mejor no adentrar sin antes pedir permiso. Cuando sacó leche de la nevera, vio el reflejo de sus ojos dorados dormidos siguiéndola, ojos brillantes tras espesas pestañas. “Seguramente estaba dormido, un gesto involuntario” se repitió sin dar importancia. Se sirvió el café e inhalo despertando parte de su cuerpo solo con el delicioso aroma, su boca se inundó con el sabor amargo con la dulzura de la leche, llenando el estomago. Haciendo entrar en calor todo su cuerpo, dotándolo de sus energías renovadas. Cruzo de nuevo la mirada con el joven Cross. Estaba observándola, entre el sueño y la realidad.

- Espero no perturbar tu sueño bello durmiente, pero si sigues así, te vas a tirar el café encima. –le apartó la taza ágilmente. No sabía exactamente que iba a tratar con él, no es que se vieran tras su encuentro. Solo esporádicamente, y el menor tiempo posible por parte del chico. - ¿Qué tal la patrulla de anoche? De nuevo lamento que tuvieras que ir solo, era tu compañera, pero fallé…- se quedó mirando al café.- Se que no tiene excusa pero…- ¿Se estaba disculpando con alguien que al verla huía como de la peste negra sin darla una explicación? “Baichi se despreció en chino mientras cavilaba. Un cruce entre querer arroparlo y gritarle intentaba escapar de ella, de manera un tanto confusa. El mal humor trepo por la garganta y se adueño de sus cuerdas.- No se porque debería darte alguna explicación, siempre que me ves, huyes como alma que se lleva el diablo– al final la preocupación venció al mal humor y liberando la voz preocupada por sus hermanos nephilims. - Tienes mala cara…Jeriel. Deberías tratar de descansar un poco….
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Jeriel Cross el Lun Jun 10, 2013 5:29 pm

Había ocasiones en las que el sueño era el único ente que imponía su presencia etérea y a la cual era incapaz de ganarle la batalla. Y como todo guerrero que vuelve tras la batalla de su vida a la comodidad y el confort que solo su lecho podía ofrecer en tales circunstancias, la mañana reclamó su premio mediante artimañas previas en su particular duermevela; aquel estado en el que era imposible no quedar atrapado por sus garras, aún cuando el abrigo de su cama se hallara a tan solo unos metros de distancia de donde se encontraba.

Apenas si se había dado cuenta de que había cerrado los ojos un instante, un acto involuntario al que prometía combatir alguna pequeña parte consciente que lo urgía a abrirlos mientras todo aquello sucedía en un infinitesimal segundo de guardia baja, quedando expuesto e irremediablemente engullido por las garras de morpheo. Y aquello que en primer lugar fuese la dura superficie de la cocina en la que se recostó en una postura antinatural y dolorosa, ahora se le antojaba realmente reconfortante para sus necesidades básicas. Por supuesto, aquella cabezadita no abarcaba totalmente la magnitud de la palabra dormir tal y como la conocía, y es por ello que su reacción ante la certeza de que no se encontraba completamente solo en aquella cocina lo hizo abrir los ojos de pronto.

Con los ojos ligeramente entornados, enfocó la mirada en la muchacha que zumbaba de aquí para allá alrededor de la isla de mármol entre ellos, siguiendo cada movimiento con el ligero reconocimiento que seguía tras mirarla de nuevo con mayor atención.
Adrianna, la muchacha con la que había peleado en la sala de entrenamiento.

En ese momento, apenas era consciente de mucho mas, sumido en el sopor permanente de su burbuja inducida por el sueño, pero si lo suficientemente despierto como para atrapar la taza antes de que la muchacha se la arrebatara de las manos.
Empujado por la necesidad anhelante de la cafeína, se llevó la taza a los labios confiado mientras escuchaba sus palabras, lo cual le provocó un respingo. Puaj, estaba frío.

- De todos modos, este brebaje sabe mucho peor cuando se enfría.- Musitó bajando la mirada a la taza conforme le daba vueltas entre los dedos con un ceño fruncido. Sus ojos se clavaban acusadores en el café traidor que lo abandonaba de forma cruel.
Morpheo ganaba esta batalla. Punto para él.

La expresión distraída volvió a Adrianna, casi como si volviera a percatarse de su presencia por primera vez. Después, desvió la mirada hacia otro lado. La realidad golpeándole de nuevo al confirmar de quién se trataba y por lo que la había evitado todo aquel tiempo.

Decidió que la mejor forma de enfrentar a alguien en su situación era evadiendolo en la medida de lo posible, y de un salto, plantó sus pies sobre el piso y se dirigió hacia el fregadero, desperezándose al igual que un gato mientras pasaba junto a ella con caminar casual. Tiró el contenido de lo que restaba en su taza en el fregadero y después se dispuso a servirse otra taza...para encontrarse la cafetera vacía. Joder. Se maldijo mentalmente al tiempo que sacudía la cabeza para despejarse.
Abandonó la taza a su suerte y se mantuvo por unos largos segundos de espaldas a la muchacha deliberadamente, con las manos extendidas a ambos lados de la superficie frente a él con la tensión acumulada de la noche anterior tirando de sus músculos..

- ¿La patrulla? - Murmuró en un tono que intentaba sonar distraído a pesar del timbre ronco debido a la falta de sueño. El cazador de sombras se encogió de hombros, restandole importancia a su disculpa.- Mortalmente aburrida. Hiciste bien en no venir... - Pero sus palabras quedaron suspendidas momentáneamente en el aire. La muchacha había decidido enfrentarlo con aquella frase mordaz. Una bien merecida, si uno se paraba a pensar en la forma deliberaba en la que se había comportado con ella, con una brusca amenaza de que no se metiera donde no la llamaban y que se mantuviera alejada de su persona lo suficiente como para no sentir lo que ÉL sentía, así como que no se atreviera a escarbar mas allá de lo que ÉL decidiera que fuera debidamente comunicado a través de él.
Era el propietario de sus emociones contenidas y tan firmemente enterradas, y como tal, ÉL era el único que decidía cuando, dónde y con quién serían mostradas una vez la fachada bravucona y mordaz cayera.
Si es que alguna vez decidía cruzar ese puente.
La experiencia había demostrado que esa nunca era una buena decisión, y así seguiría siendo por mucho tiempo.

La línea de sus hombros se tensó todavía mas, y sus manos se cerraron en puños en un acto reflejo por la acusación verbal.

- Realmente, realmente no estoy de humor ni en condiciones de discutir eso ahora mismo... - Replicó lanzandole una mirada acusadora sobre su hombro. Si no fuera por el cansancio y las sombras bajo sus ojos, quizás hubiera resultado hostil y amenazante. En cambio, solo parecía, ni mas ni menos, echo polvo.

Tras un largo suspiro contenido, decidió suavizar un tanto su actitud, volviéndose y cruzando sus brazos frente a él al tiempo que se dejaba caer desgarbadamente sobre la isla de la cocina. Aún frente a ella, pero manteniendo una distancia lo suficientemente segura, a su parecer, de ser examinado por su curioso don al igual que una bacteria en una placa de petri.


El muchacho se forzó a sonreír de medio lado, centrando su mirada cansada sobre la muchacha.- Ha sido una noche realmente larga.- Respondió encogiéndose nuevamente de hombros. Rápidamente, apartó la mirada, cegado por el resplandor del sol matutino que se colaba por el amplio ventanal, bañando de luz los azulejos y las betas iridiscentes del mármol. - No he dormido el mínimo de horas recomendadas y mi belleza se ve claramente afectada.- Continuó burlón.
Café. Su cuerpo requería de litros de café para aplacar a la bestia rugiente que reclamaba al guerrero derrotado para que así pudiera regresar de nuevo a su guarida por sí mismo.
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Jun 11, 2013 12:13 pm

La nephilim observo el lento y complejo movimiento de Jeriel, en absoluto silencio, quería estar segura antes de decir algo incorrecto. Que estuvieran en la misma estancia sin que él huyera era un merito, aunque veía ademanes de evitarla en sus agiles desplazamientos. Desilusión se aunaba con impotencia, perseguía explicarse, advertirle que no era ninguna clase de amenaza ni temor. Pero no parecía dispuesto a tratar ese tema, pero quien sabía si volvería a tener aquella oportunidad tan próxima, tan real. Debía intentarlo ahora o nunca.

- Jeriel, sé que no quieres hablarlo, pero solo quiero decirte que no soy ningún tipo de amenaza. Ni que me adentro en las emociones ajenas a menos que tenga el permiso de esas personas, es una norma que siempre cumplo, me disculpo si en su momento soné indiscreta. Pero a veces no se puede controlar esto ¿sabes? Es frustrante, pero a veces me supera. Lo siento, pero no puedo disculparme por un detalle con el que nací, es como si me molestara el tono rubio de tu cabello. Es una comparación un tanto pésima, pero yo también necesito dosis altas de café.- inspiró hondamente dándose un leve momento de reflexión. – pero no voy a atosigarte a un tema que no desees hablar. –respondió con cierto malestar, pero firme en la convicción de no pretender importunarlo. Aquel café no despertaba la totalidad de sus neuronas, que tras aquella migraña y horas de sueño estaban en un profundo letargo, lo que no soportaba. Era uno de lo miles de efectos secundarios de una jaqueca de tal magnitud en su cabeza. – Creo que si te hubiera acompañado anoche, habrías podido descansar un poco más y no te verías en tal situación de ser capaz de dormirte en el mármol de la cocina como si fuera un colchón de plumas. Y tu belleza no se vería tan afectada. – Dio un trago largo a su taza de gatos.

El café fue como si un líquido alquitranado traspasara su cuerpo depositando leves ecos de cafeína en la sangre. Sin duda aquel café de maquina, no tenia ni el aroma ni cuerpo de sus amados cafés arábicos. No hacia falta ser un experto, para notar diferencias. Ausencia de aroma y los miles matices de un café no tan intenso pero aromatizado.

- Creo que necesitamos algo que me trajo un amigo hace un par de meses, es un café especial. Traído desde Sumatra, no es tan intenso como el de maquina, pero su cafeína se quedara mas tiempo en el organismo que estos prefabricados. – tras lanzar una mirada despectiva a la cafetera. Sacó de las estanterías por encima de ella, una lata marrón y una cafetera que funcionaba al fuego de la cocina. Era un método de elaboración mas casero, artesano, digno de un paladar que exigía aquella sustancia que despertaba, de una gran somnolencia, a su mente.

Además podía sonar raro, pero las esencias de aquel café le recordaban su tiempo vivido en Idris, es como si tuvieran una especie de conexión, pese a que eran de lugares distintos. Sin embargo, alcanzaba hacer emerger esos bellos recuerdos. Donde aquel niño le agarraba de la mano y la llevaba con él. La cuidaba, y metía en problemas al mismo tiempo, pero ella era feliz, indiscutiblemente feliz de tener un amigo tan leal. Una sonrisa se escapo de sus labios, mientras ponía la cafetera al fuego.

Podía recordar gracias al aroma, la hierba fresca sobre la que estaban echados, riéndose, disfrutando de una gran aventura juntos. Nunca se sintió un entorpecimiento en su compañía, no la veía así. En ella, el chico, la distinguía como un camarada, un aliado para sus aventuras que no abandonaba. Demostrando un vínculo de sincera amistad. Pero con los años le costaba recordar como era él, muchos detalles se difuminaban en contra de su voluntad. Desconocía por tiempo como era su voz, su risa, y se entristecía al mirar su anillo. Como si ella no estuviese cumpliendo su parte del trato, haciendo desvanecerse entre las lagunas de su memoria de infante. Los recuerdos, no eran como los de un adulto, no tan fieles y organizados. Nacían a partir de emociones pasadas, pero si no conseguía recordar el porqué de ellas: esos recuerdos quedaban velados tras un cristal.

El aroma traía a su mente, el cabello del joven, tan rubio que al incidir el sol, creaba un caleidoscopio de tonalidades rubias y doradas, un cabello indomable, rebelde pero refinado al mismo tiempo. Su risa ligeramente grave, traspasaba su mente. Su voz era tan viva, como si ese niño estuviera allí, hablando ante ella. ¿Pero porque no recordaba nada apenas de su nombre? ¿Es que su memoria había suprimido esos bellos recuerdos por alguna razón? ¿Qué sucedió para no volver a saber de esa persona? Aun con más razón, cuando guardaba con ella su anillo. Un objeto del que nunca se desprendía y que antes de marcharse de Idris, le hizo entrega. Un sello, un trozo de metal sin vida no podría sustituirlo, pero al menos evocar su recuerdo.

- Este café me trae recuerdos de cuando viví en Idris, no se porque, quizás el aroma de naturaleza, este ligado a aquel sitio. Además los recuerdos son bellos, pero tristes, nunca encontré a ese amigo que perdí. Es como si pese a mis esfuerzos, hubiera un detalle que pasara por alto. –Miro por un instante a Jeriel estaba mas cerca de los brazos de Morfeo que pendiente de la conversación. No iba a negárselo, ella también codiciaba volver a la cama, pero el deber de un nephilim era como una malévola alarma que impedía ser egoísta con los demás. – Siento aburrirte con mis historias, me pongo algo nostálgica si no tomo café. – apartó la cafetera y saco dos tazas de la alacena, la cantidad era justa para la primera dosis de cafeína en el día. Volcó el liquido, con atención, en dos tazas y le acercó una a Jeriel una de ellas.- Toma, pruébalo, pero cuidado… Esta muy caliente. Es como una explosión de sabores en la boca y cafeína pura. –hizo una pausa para tomar su taza no sin antes endulzarla.- Buen provecho. – mencionó antes de dejar que aquel torrente de vida llenara su organismo de calor, el sueño se evaporaba antes sus ojos, mientras el aroma la transportaba lejos de allí.

¿Por qué no había pensado en ello? El anillo. Era un regalo preciado de aquel joven, seguramente perteneciente a su familia, o de gran simbolismo. Posiblemente ella, debida a estar tan apartada de la vida totalmente nephilim, sin rumbo, a lo largo del mundo. No mostraba quizás el conocimiento necesario de las grandes familias y sus descendientes. No culpaba a sus padres, solo a si misma, por permitir que algo tan importante se desvaneciera lentamente de su memoria. Él no se merecía ser olvidado, fue su amigo, su camarada, cuido y la hizo reír, descubrir cosas que nunca llegaría a imaginar. ¿Es que algo tan bello tenía que ser olvidado? Ofuscada consigo misma, dejo la taza en la encimera y se acercó a Jeriel, quizás él podía ser una ayuda para aproximarlo a él.

- Jeriel sé que pido mucho, pero. –se quito el anillo desganada, nunca lo hacia, era como si faltara a su memoria al removerlo de su lugar.- ¿Reconoces algo de este anillo? ¿Algo característico? ¿Te suena de haberlo visto? Necesito saber quien fue su dueño, necesito encontrarlo... – se sonrojó ligeramente, no es que fuera a cualquiera confesándole aquella amistad tan tierna y tan perteneciente a su privacidad. Dibujo una breve sonrisa, esperanzadora. Tal vez podía localizarlo, reunirse con el después de años de búsqueda infructuosa. – Es muy importante para mí, y yo no logro dar con más pistas que me acerquen al dueño…es parte de mi misma.
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Jeriel Cross el Miér Jun 12, 2013 6:22 pm

La postura del muchacho era tensa, observando a la cazadora con ojos entornados bajo sus pestañas cobrizas. Sus labios firmemente cerrados, dibujando una fina linea que mostraba la impaciencia que luchaba en su interior contra las firmes ganas que tenía de encontrar un lugar silencioso, sombrío y cómodo para poder calmar aquel estado alerta que le crispaba los nervios cada vez que sus ojos cansados tomaban el control en contra de su voluntad. 
Soltando un suspiro, Jeriel se pasó los dedos por el rostro y el cabello, despeinándose todavía mas los cabellos revueltos en un gesto de evidente exasperación. 

- Tienes razón...- Musitó conforme se frotaba los ojos y volvía a fijar la mirada en ella.- No me apetece hablar del tema ahora mismo. Solamente puedo disculparme por lo que te dije el otro día si te ofendió, pero es lo único que puedo ofrecerte por el momento. Mi opinión al respecto sigue siendo la misma... - Y como dando por finalizada esa primera introducción a un tema que no quería ni por asomo tocar, se deslizó a paso decidido a uno de los taburetes, se sentó y apoyó el codo sobre la encimera, y barbilla sobre la mano mientras jugueteaba distraído con el azucarero. 

- No cambiaría en nada las cosas, tranquila. Ha sido una noche relativamente buena comparada con otras... - Se encogió de hombros, absorto en las diminutas partículas azucaradas, que le recordaban a la arena atrapada en uno de esos relojes de vidrio que su padre tenía en la biblioteca. 

Cuando era pequeño, le encantaba curiosear aquellos trastos antiguos, o simplemente entrar a hurtadillas en lugares inhóspitos empujado por una curiosidad casi febril debido a su carácter inquieto. Recordaba vagamente momentos y travesuras, momentos felices de su infancia mas remota junto con la amargura que los acompañaban. Su padre ya era bastante duro por aquel entonces, y el simple hecho de derramar por el suelo de madera la arena de su preciado reloj era suficiente motivo como para querer borrar de su mente cada uno de esos momentos. Finalmente, el muchacho fue lo suficiente inteligente como para evitar aquella sala, dotándola de un nombre característico capaz de atemorizar a cualquiera, moderándose en sus travesuras conforme los años se llevaban parte de su niñez. Pero aquella costumbre que tenía de mantener ocupadas las manos nunca había desaparecido del todo, toqueteando cosas por el mero placer de hacerlo, por curiosidad o por simple nerviosismo. 
En ese momento, simplemente se obligaba a mantener centrada su atención en algo con tal de no ir a la deriva. Cosa que no funcionó demasiado bien.  

Adrianna comentó algo sobre un amigo perdido en sumatra. ¿O quizá era algo relacionado con el café? 
Apenas se percató de cuanto decía, pues su mente parecía estar separada de su propia realidad, siendo dueño de una cierta cantidad de movimientos reflejos básicos, así que simplemente asentía con un distraído ¨hum hummm, de acuerdo¨  al tiempo que ella se tomaba su tiempo en hacer lo que fuera que estuviera haciendo. 
Debería acercarme a la biblioteca, pensó en algún momento, rellenar un informe con cuatro frases ambiguas y deslizarme a mi cama cuan lagarto a su cubil. Si lo lograba sin deslizarse por el suelo como una serpiente, ya sería todo un logro personal... 

Tan solo el característico aroma del café logró arrancarle de la mente tales pensamientos deplorables, enfocando sus ojos febriles en la taza que le ofrecía la muchacha frente a él.
 Café. Glorioso y bienvenido café. 
El joven se abalanzó sobre él como si fuera un peregrino frente a una gota de agua en mitad del desierto. 

- Dios, esto si que es el paraíso. - Murmuró súbitamente despierto mientras se llevaba la taza a los labios. Sin azúcar, sin leche...negro como su alma, vigorizante como una droga mortalmente adictiva. 
Seguramente, si no estuviera tan cansado, narraría sonetos y hablaría en prosa describiendo los placeres del café al igual que algún verso glorioso y emotivo. - Hum? - Musitó distraído como estaba con la musa de su mente dispersa en aquel magnifico elixir sin apenas comprobar la temperatura.  Ah!  Quema! Quema! Demonios!  Las cejas del muchacho se alzaron en señal de alerta, como si el repentino estado en el que se encontraba de total atención se debiera a las palabras de la muchacha y no al jodido quemazón de sus labios.  Después, prestando mas atención, acercó la taza a su rostro, acunándola entre sus manos mientras el calor que desprendía lo reconfortaba. Era cierto, el aroma que llegaba a él embargaba sus sentidos y tenían cierto matiz al hogar. Aunque simplemente pudo musitar un inconcluso comentario ininteligible al tiempo que se llevaba de nuevo la taza a los labios con precaución.
Era la imagen misma de la despreocupación. Un huraño con sus pensamientos y sentimientos, lo que en aquel momento de la mañana se reflejaba en todo su esplendor. Apenas comunicativo u elocuente con la característica maestría que tenia con ciertas frases irónicas o sarcásticas. 

Tras degustar aquel café maravilloso, un silencio cayó entre ellos, colmando la cocina de una serenidad y una paz casi irreal capaz de transportarlos en el tiempo y en los recuerdos,  inmersos en su memoria como estaban cada cual con sus respectivas vivencias en Idris. Tantos recuerdos lograron arrancarle una sonrisa que apenas se había percatado que esbozaba cuando Adrianna atrajo su atención. 
Un pesado anillo de plata relucía entre sus, el cual tomó entre los propios al tiempo que lo acercaba para examinarlo mas de cerca. 

-Claro.- Musitó dejando la taza a un lado y centrándose en la pieza de joyería. No era nada del otro mundo, tan solo un anillo como tantos otros. - He visto antes uno como este...- Continuó frunciendo ligeramente el entrecejo mientras lo rodaba entre sus propios dedos llenos de cicatrices. En cierto momento, el suyo relució con un brillo apagado, resaltando su propio blasón familiar con una cruz y ramas de espino a su alrededor. Aquel anillo lucía similar en cierta forma, tan solo rodeado por aquel característico grabado con ramas de espino resaltando sobre la superficie lisa y oscurecida de la plata envejecida. - Podrías encontrar uno de éstos en las pequeñas tiendas que recorren el paseo de Alacante. - Aunque lo cierto era que... -  Me parece ligeramente familiar...- Finalizó entregándoselo de pronto, incapaz de profundizar mucho mas en el tema.-   Pero no. - Replicó tajante, totalmente convencido de lo que decía.- Este grabado no pertenece a ninguna familia en particular, es simplemente un bonito anillo, nada mas. - Bajó la mirada y se bebió lo que quedaba de café. Tras dejar la taza con un golpeteo, retomó su postura relajada con el mentón descansando sobre su palma abierta, observando la vehemencia con la que la joven le pedía una respuesta que el mismo desconocía. Se compadeció de ella de cierta forma, ya que al parecer aquel anillo significaba para ella mucho mas de lo que costaba. 
Era una baratija, un anillo que carecía de valor o significado... ¿O no? Un viejo recuerdo se abría paso en su memoria. Un cosquilleo insistente que reclamaba su atención, urgiendole a pararse a pensar detenidamente de dónde provenía aquella extraña sensación. - Se parece bastante a uno que yo mismo tenía. 
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Jun 18, 2013 5:45 am

Recordaba aquel día, como un mal sueño, fragmentos no definidos flotaban en torno a los verdaderos recuerdos. Aquel día olía a tormenta,  el cielo de un azul grisáceo, con nubes oscuras ocultando la luz del sol. El suelo estaba húmedo y fangoso, no era muy estable. La hierba contenía las lágrimas de las flores, que carecían ese día de olor. Idris ese día se opacó de tristeza. Estaba frente a él, la había llamado para acudir al lugar donde solían jugar durante horas, para decirla algo importante.

- Aria, me voy de Idris, voy a acompañar a mi familia. – entonces la pequeña nephilim comprendió la tristeza, y como podía herir a alguien. Un dolor que atravesaba el corazón cual cuchillo insaciable clavado, demandaba el dolor como suyo y las lagrimas como su evocación.

 Pero en el joven había una sonrisa pletórica, bien sabía que él esperaba ese día con ganas, quería acompañar a lo suyos a través del mundo enfrentándose a los demonios, no resultar una carga. Por eso la joven nephilim trago las lagrimas, sintiendo que su garganta estallaría, sonrió para demostrarle el apoyo al joven.

- Ten, es un regalo, así me recordaras. – Adrianna tomo el anillo, con el dibujo de ramas de espino sobre la plata envejecida resaltando sobre la superficie lisa del anillo. Se lo puso en un dedo, le quedaba grande, pero lo sostuvo como si fuera su mayor tesoro. Adrianna a falta de regalos, le entrego su peluche de Cheshire. Aquel que siempre iba con ellos, un gato de rayas azules y grises horizontales en un muñeco gatuno de trapo sonriente. El joven la miro con una sonrisa, y se despidió de ella, la nephilim la imitó, sin saber que decir.  – No estés triste Aria, quizás algún día nos volvamos a ver. –ella le miró fijamente, era una promesa, le buscaría hasta en los confines del mundo, para volver a verle.

Le vio alejarse sin borrar la sonrisa, agitando un brazo para despedir a un camarada, un amigo de juegos que siempre tenía grandes misiones que cumplir juntos, lugares singulares de Idris, que eran de los dos. Cuando perdió la vista de su cabellera de oro, las lágrimas saladas se escaparon de sus ojos. Nadie jamás le había explicado ese dolor, que amenazaba con romperte en pedazos.

- Fantabuloso. – musito esperando que quizás volviera para regañarla por decir tan extraña palabra, como siempre, pero nunca lo hizo.

----

Adrianna escapó de la ensoñación con los ojos clavados en su taza de café arábico, tratando de no volver a revivir tan triste momento de su vida. Era como si una parte de ella, se hubiera ido junto a él. Ahora debía seguir, buscándolo, era una promesa. Escucho la voz de Jeriel, al menos era un avance, se disculpaba por lo que la dijo. No le importaba si pensaba mal de ella, le demostraría que no era así.

- Me alegro que te guste el café. – musitó con la cabeza en otra parte, en otro mundo, muy lejos de allí.

Guardo en silencio, mientras soplaba su café para no quemarse los labios. Como hizo Jeriel, pese a su advertencia, parecía que la necesidad de café y el sueño le podían hacer obviar detalles como, el calor. Cada trago de café se deslizaba al interior del cuerpo. La cafeína despertaba su organismo, y su mente volvía a trabajar a gran velocidad. El sabor embriagaba al paladar, y llenaba el estomago vacío.

Jeriel era una caja con un gran cerradura en torno a él, cual evidente era aquella mascara de fingido desinterés, una burda mascara para el resto, no podía engañarla con las emociones. Apreciaba que era alguien que había sufrido como ella. Pero prefería no hablar de ellos, lo que provocaba que su don se desatara y quisiera saber más de él.  Había tratado de acercarse a él, de ser su amiga, pero la veía como la peste, y Adrianna no aceptaba eso sin una explicación coherente. Pero no valía de mucho insistir ahora, el nephilim no parecía estar de humor ni en condiciones para hablar del tema.

Cuando la presto atención con el anillo, una brizna de esperanza emergió durante unos segundos, volviéndose a esconder bajo tierra, desilusionada. Sin duda el anillo era bello, pero esperaba que pudiera determinar algún detalle del dueño que hablara de él. Era un mero anillo comprado en las pequeñas tiendas en el paseo de Alacante, ningún nexo de familias nephilim lo unía, las esperanzas se esfumaban ante sus ojos. 

Recogió el anillo de sus manos, tenían muchas cicatrices, muchas batallas luchadas, victorias glorificadas y derrotas demoledoras,  las miles historias que explicarían cada muesca en la piel, propia de un guerrero nephilim. Pero no sabia que decir, estaba abatida, solo el café parecía revivirla aunque solo su cuerpo, la mente vagaba de imagen a otra. Le agradeció que al menos tratara de ayudarla. 

- Fantabuloso…es decir, gracias Jeriel. – se rectificó. Aquella palabra hacia emerger la felicidad vivida, las risas, la compañía, su camarada, los juegos. Escudriño el anillo puesto en su dedo, intentando buscar una respuesta en el dibujo de las espinas, buscando una respuesta. – Parece que estoy buscando una gota en el océano, pertenecía a alguien quien aprecio mucho cuando era niña. La memoria de un infante no es muy precisa, de todas formas gracias. Es más de lo que había logrado conseguir en años. –. Una furtiva e indeseada lágrima descendió por su mejilla,  al sentir la humedad y frio recorriendo la mejilla se limpió con los dedos, deteniendo el curso de la gota. – Debe haberse metido alguna pestaña. - mintió horriblemente mientras tomaba un pañuelo de papel y se secaba la mejilla.

Se concentró en su taza de  gatos entre sus dedos  y el café despidiendo aquel aroma que envolvía todo a su alrededor, sintió añoranza penetrando por los huesos, nostalgia por aquel pasado. Frustración por no poder encontrarlo, pero pese a todo debía sonreír, no correspondía enturbiar su recuerdo con lagrimas. Estuviera donde estuviera,  esperaba que él estuviese bien, sin dejar de sonreír, viviendo una vida feliz. Contempló a Jeriel y le dedicó una sonrisa La vida no siempre era justa, y ella sabía más que nadie ese hecho. Lo mejor era aceptarlo y seguir peleando.

- ¿Tuviste uno similar? Hablas en pasado como si ya no lo tuvieras ¿Qué le paso? – trató de girar la conversación como si nada hubiera pasado.- Si quieres contarlo claro. –se disculpó por ser tan curiosa, era un defecto que era incapaz de rectificar.
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

Mensaje por Jeriel Cross el Miér Jul 17, 2013 9:45 am

- Hum...qué..? - Musitó en voz baja y distante. Cierto, preguntaba por aquel anillo.
Con un ademán de su mano , respondió con vaguedad. - Hum... Seguramente lo perdí hace años. De crío era bastante trasto con ese tipo de cosas.

Todavía con aquella extraña sensación flotando a su alrededor como si reclamara ser desatado, el joven sintió como la pesadez de sus párpados le ganaba la batalla a su curiosidad, relegada a un segundo lugar.  Lo cierto es que apenas se esforzaba lo suficiente como para intentar nadar hacia la superficie de aquella bruma celestial que se adueñaba de su conciencia. La vocecita molesta y siempre dispuesta a hacer horas extras había terminado por hoy, exhausta y sin mas comentarios sarcásticos que entretuvieran a su público. El telón se cerró. El público había abandonado la sala y ella se encontraba enroscada y dormitante en algún remoto lugar de su mente obnubilada.
Jeriel solo era consciente de la comodidad que le aportaba aquel taburete, del que no se preocupó si se caía debido a las imperceptibles cabezadas que parecían guantazos para su sopor interrumpido.  La voz de la muchacha pronto derivó a algo mas lejano, casi como un rumor en la distancia que lo arrullara y que apenas era de relevante importancia a su comprensión. La sensación era similar a la que experimentaba cada mañana que Maryse decidía hacerlos madrugar a pesar de las intempestivas horas a las que regresaban. La alarma del despertador programada para saltar cada diez maravillosos minutos que le hacían navegar a la deriva de la realidad y lo arrastraban a los sueños cristalinos a la luz del alba...

Recuerdo...

Aquella mocosa, decidida a seguirlo a pesar de los riesgos, salió finalmente de la última columna que le servía de escondite, observando a Jeriel peleando con una pesada puerta de oro con la imagen del Ángel emergiendo del lago Lyn, e intercambió una curiosa mirada con su peluche. Un audible suspiro escapó de sus labios mientras lo guardaba.
- ¿Crees que dos niños podemos abrirla? ¡Debe pesar mas de diez mil kilos!- expresó con los ojos muy abiertos.

Jeriel se dejó caer contra la puerta con una expresión de derrota en sus delicadas facciones infantiles, deslizándose poco a poco hasta quedar completamente sentado, con el sudor por el esfuerzo perlando su piel. Alzó la mirada, escuchando de labios de aquella enana una verdad tan irrefutable que se le antojaba vergonzosa. Desde aquella tarde, hacía ya unas semanas a principios de verano, ambos habían compartido breves aventuras y travesuras por los alrededores, para horror de los padres de la pequeña una vez que los pillaron completamente llenos de barro y arañazos de una de sus ¨misiones¨ en los bosques. Jeriel era un muchachito ya, había recibido sus primeras runas, y su educación había adoptado un cariz mas intenso que lo formaría en muy pocos años. Ella, en cambio, contaba con apenas cinco años; o al menos eso aparentaba debido a su menuda estatura.Todo un abismo comparado con sus nueve años. - Bueno, casi diez.- Se corrigió mentalmente con un suspiro satisfecho.
Pero la diferencia de edad no era impedimento para ella, que se revelaba tenaz y decidida a seguirlo a donde quiera que sus pasos inquietos lo llevaran, incluso siendo ella la que orquestara tales travesuras y hazañas la mayor parte de las veces.

La muchacha se dirigió hacia una ventana una vez lo obligó a seguirla y apartándolo de la puerta a tirones. Rodando los ojos exageradamente, Jeriel la siguió, correteando tras ella mientras se hacía cargo de la vigilancia en su retaguardia. Bien, nadie los había visto, al menos por el momento.
- Sígueme, daremos un rodeo....- Trepó ágilmente hasta la ventana, estudiando cada movimiento para no fallar. El joven saltó la ventana tras ella con un movimiento fluido y apenas sin esfuerzo, todas sus habilidades de nephilim puestas en práctica habían comenzado a dar sus frutos y no podía negar el orgullo que se reflejaba en su sonrisa satisfecha al alcanzar a la niña. Pero su sonrisa se amplió al observar con detenimiento el lugar en el que se encontraban. El gran salón del Ángel.
- Wao, esta sala es fantástica ¡¿esperabas aquí tu misión!? ¡porque yo acabo de descubrir una nueva! ¡recorrer este lugar, y descubrir sus misterios sin adultos! Aburren todas las misiones de un cazador....¿que me dices? ¿te apuntas con Ches y yo a verla? -sonrió dando brincos, alejándose de él, totalmente eufórica. ¿En qué momento cedió el mando de ¨su¨ misión a aquella niña? Él era el mayor - Se preguntó  sin apartar su mirada del recorrido que realizaron sus pasitos ligeros mientras agitaba el vestido. Después, avanzó hacia él y tomó las manos a su amigo de aventuras entre las suyas con la excitación coloreando sus mejillas.  

- Aquí es donde se celebran los bailes, tontita.- Murmuró el infante dándose aires de sabelotodo. Aunque no podia evitar esconder la abrumadora sensación embelesada que le provocaban los altos techos acristalados y la magnifica fuente.- Mi misión es la de encontrar las prisiones del Gard. - exclamó con terquedad, aún esperando la negativa de la muchacha. Muchos niños temían aquel lugar debido a los cuentos de viejas que les contaban a la hora de dormir. Decenas de criaturas estaban presas allá abajo, criaturas malvadas y peligrosas.- En unas semanas volvemos a Londres, no pienso dejar pasar la oportunidad de visitar esas mazmorras y demostrar que yo no le temo a nada.- Sus palabras eran firmes, pero algo dentro de él se sacudía nervioso.- Veremos qué mas hay de camino allí abajo, es posible que incluso podamos explorar los aposentos del Cónsul. O el inquisidor...- Abrió mucho los ojos, como si se le hubiera ocurrido en el ultimo momento.- Podríamos incluso tener suerte y ver la espada mortal! - Según le habían explicado sus tutores, la utilizaban para los juicios, y seguro que el motivo por el cual había tantos cazadores allí era porque se había llevado a cabo alguno últimamente.
No sin cierta curiosidad, se preguntó si la repentina visita de sus padres a Idris guardaría relación algún tipo de relación con eso. Pero las palabras de la muchacha lo apartaron de aquellos pensamientos.

- ¿Y tu has venido a alguno? ¿como es que no me dejaron venir? - hinchó los carrillos-  este lugar es "fantabuloso" -  Murmuró entre enfurruñada y maravillada.

-Claro.- Replicó el joven con soltura a la mentira que escondía esa mera afirmación.- Tú aún eres demasiado joven, no como yo.- La expresión arrogante en aquellos rasgos juveniles comenzaba a dar forma al carácter socarrón del muchacho que alcanzaría a ser algún día, pero por aquel entonces, carecía de malicia o sarcasmo. Se sentía valiente, un ejemplo a seguir que poco a poco haría de la muchachita una compañera digna a arrastrar en sus travesuras, valiente, tenaz, adoptando maneras para lo que le aguardaba allí fuera, que al parecer de Jeriel, era todo un mundo que no escapaba a su comprensión infantil. Aquellos pensamientos solo podían achacarse a la inocencia de la juventud, la ignorancia de cuán duro sería el mundo real con el paso de los años, que golpearían y moldearían su carácter.  
Miró a Ari de medio lado, entre divertido y exasperado, negándose a aceptar que aquella palabra le hacía gracia en su nueva pose de cazador responsable y autosuficiente.

Jeriel, que en el presente se encontraba completamente recostado sobre su brazo extendido en la encimera de mármol, continuaba con la mente a miles de años luz de allí.

- Fabuloso, Aria, se dice fabuloso.-  Explicó entre susurros con la misma paciencia y el mismo tono que utilizaba su madre en ciertas ocasiones con él. Comprobando que la duda quedaba relegada en algún cajón de su mente, la muchacha aceptó acompañarlo en un arrebato eufórico, aportando seguridad al pequeño de cabellos dorados. No podía negar que estaba complacido, por mucho que adquiriera aquella actitud de nephilim guerrero molesto por su presencia. - De acuerdo, pero haz todo lo que te diga, o nos pillarán...[/color]

  
Jeriel Cross
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Re: ~ Mi reino por un café! ~ Jeriel | Adrianna ~

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