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El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

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El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Ago 03, 2013 8:37 am

Si revelas nuestros secretos al viento, no culpes al viento de que se lo cuente a los árboles.


Las tardes bulliciosas  terminaban con suspiros de frustración. Apenas y tenía unos gramos que se convertían en nada en aquella solución espesa. Su magia revoloteaba entre chispas azules, se extendían en la inmensa mesa como lengüetazos de fuego, no se encontraba en descontrol, por el contrario era detalladamente medida por el brujo. Y aún cuando estaba todo totalmente controlado, nada parecía salir tal cual lo esperaba. No lograba contrarrestar efectos del líquido carmesí, acción desquiciante para él que en cada intento gastaba el poco polvo plateado que le quedaba. De seguir así, no quedaría nada en una hora y peor todavía los demonios no cooperarían para conseguir más al menos en esta semana. Se quedaba sin opciones, lo sabía y molestaba.
Una chispa revoloteó y el polvo tocó con su color blanquesino el líquido dentro de la botella en el centro. Era una botella común, de leche que todos los días llegaba a su casa para acompañar su cereal. Evidentemente, leche no contenía, había sido reemplazado por una sustancia azul que para los curiosos podría pasar por algún brebaje de hada. Mejor para él, en caso de fallar a su cometido podría beberla y esperar a que muriera. Suicido. Jah, eso no iba ni hacerle cosquillas, quizá se quedara en un dolor estomacal por una quincena.
Levantó las manos con exasperación cuando el timbre sonó. Odiaba su toque. ¿Quién rayos sería? Había dicho a Alec que necesitaba tiempo con su inestable magia, después de la tarde de compras con la nena Lightwood mandó al ojos azules con ella para que tuvieran una noche de apaleos. Hubiera gustado de ver las rabietas de ambos hermanos, se le antojaba divertido ver a su nephilim en ese humor, en otra ocasión sería.
—Espero que tu visita sea digna de revelación, cazador de sombras, a menos que el instituto esté lleno de termitas devora pantalones de cuero, entonces…— abrió la puerta de un tirón, claro que le esperaba un cazador de sombras al otro lado de la puerta, para su buena o talves mala fortuna no se trataba de Alec, sino de Adrianna.
Su ceja intrigada dio vida a un Magnus que interrogaba hasta el porqué de ese cabello despeinado cuando viento no soplaba por esos lares. Se cruzó de brazos con todo signo de empatía  y después de rodar los ojos se hizo un lado para dejarle pasar. Tenía que admitirlo, bien le venía que ella estuviera allí, de lo contrario tiraría a Presidente Miaw por la ventana en cualquier instante; eso o se arrojaba a sí mismo al infierno solo para invitar a la misma Lilith a su funeral.
—Me encantaría decir que es una agradable sorpresa tenerte por aquí— dijo con aire cansino, tronó los dedos y la puerta se cerró apenas la cazadora cruzó el umbral, —pero sabrás que estoy mintiendo, mejor me evito la vergüenza del deterioro moral y haré alarde de mis buenos modales— sonrió.
La mesa todavía rebozaba de magia azul. La botella mantenía un tono plateado y finas partículas de polvo se adherían a la madera. Sobre una silla de alto respaldo yacía el libro de lo Blanco, lejos de la magia chisporreante.
—¿Un té, café, cocoa, zumo, bebida de hadas, soda? ¿Qué te trae por aquí?  ¿Cómo va el mundo de los nephilim entre tanta calamidad? ¿Siguen los Lightwood dominando el Instituto? ¿Qué hay de ese gatito tuyo?— frunció el ceño —por cierto, ¿dónde se metió el mío?— con un ademán despreocupado se dirigió a la mesa y se inclinó inspeccionando la botella con repentina curiosidad.
Bane vestía una pijama café con rombos beige, sus cabellos ligeramente despeinados y cero purpurina en su magnífico cuerpo. La camiseta, se pegaba a su cuerpo y sus ojos mantenían una medialuna grabada violácea que lejos de darle un aspecto apachurrado, alzaban el color natural de su piel.
—Uhmm— chasqueó la lengua y con paso rápido llegó a uno de los libros de magia “oscura”  —extraño— alzó la cabeza luego de un segundo y dedicó una mirada inquisitiva a la cazadora. —¿Sabes que los demonios son los únicos capaces de crear tantas razas sean permitidas?— expresó perdido en sus divagaciones, suspiró y regresó en si —aunque, solo se han visto pocas hoy en día.

—No me mires así, niña, ambos sabemos que estoy tontamente lejos de la cordura— su sonrisa de suficiencia dejó en claro que loco loco no estaba, simplemente como había dicho, la cordura hacía mucho se le había escapado y con ella iba la simplicidad del momento.
Sonrió aún mas, comenzaba a creer que el destino le gastaba buenas bromas, ahora sí que tendría a una aprendiz con quien recitar las letanías del alma marchita, o simplemente quien le trajera una vaso de agua frío y galletas, amaba las galletas...
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Ago 04, 2013 6:49 am

- Si sustituyes las terminas devora pantalones de cuero por hermanos silenciosos, si. El Instituto esta infectado de ellos. – sugirió en el umbral de la puerta, antes de pasar al piso. Había huido por segunda vez en la semana del Instituto: no soportaba ese hastío pereciendo en la cama por las típicas heridas de guerra. Ella prácticamente estaba rehabilitada, y no los resistía, ni su silencio al pasar, ni que le hablaran en la cabeza. – Solicito asilo en tu humilde morada Magnus, por el bien de mi salud mental. – bromeó, aunque en realidad últimamente su humor empeoraba. Se peino los cabellos revueltos, dejando su mata de pelo castaña cobriza, “en orden”.

Había escapado como una fugitiva del Instituto con lo primero que se había puesto.  Una camisa de tirantas gris con el lema “Las reglas están para ser rotas” propia de su época anárquica sobrenatural. Unos vaqueros pitillo desgastados, tenían algunas zonas rotas que el diseñador había elegido que debían mostrar un toque “grunge” en la obra de tono negro. Una chaqueta de cuero, y unas zapatillas converse bastante viejas, pero que le daba pena tirarlas, las tenía un cierto cariño. Fueron lo primero que compro al llegar a Nueva York hace un año, rememorando la vida con Magnus: adaptándose al ajetreo de la ciudad, totalmente distinto a la zona de Oxford. Decidiendo hacer lo que ella quisiera, no lo que su tío la impusiera.

Otra de las razones de su visita, era de las noticias que recorrían al mundo sobrenatural: no solo los vampiros se habían vuelto insaciables y los licántropos, agresivos. Los hijos de Lilith se llevaban el premio del total con el descontrol de sus poderes. Y al ver a Magnus y el piso, no necesitaba que lo afirmara. En tal caso, debía ayudarlo, el brujo necesitaba compañía. Y ella iba a quedarse quisiera o no, para protegerle de si mismo si era necesario.

- Gracias, tomaré un te, pero se donde están las cosas. Me lo prepararé yo misma. Toma, como compensación de soportarme y para que te animes. – le entregó una caja blanca con un lacito purpura. Había pasado por una tienda antes de venir,  conocía muchos de los gustos del brujo, y uno de ellos eran las galletas. En este caso, grandes y recién hechas, así le tendría animado con altas dosis de azúcar. - Son tus favoritas. Nunca me olvido, pensé que un detalle dulce haría mas agradable mi presencia. – Añadió con una sonrisa sincera al brujo, esperando que bajara por fin esa ceja escéptica.  Dejó la chaqueta en el perchero y hecho un vistazo en la mesa, de nuevo estaba con sus estudios intensivos.

Ah, Magnus ¿Qué voy a hacer contigo?” pensó con cariño antes de responderle. Por suerte, aunque no era suerte solo es que le conocía más de lo debido,  estaba acostumbrada a ese particular humor que tenía el brujo cuando pasaba horas y horas sin descansar ni comer. Concentrado solo en encontrar la solución a alguna incógnita de las suyas,  muchas de ellas llevarían a revelar los secretos de la humanidad,  pero no iba a ser ella quien le dijera que debía o no desentrañar, era como tratar de poner vallas en el cielo.

- Como te dije, es asilo lo que busco. Estar lejos de cualquier cosa que me recuerde a mi raza y las maravillas –ironizo, si bien no hacia mucha falta recalcarlo.- de ser un nephilim.  Veamos, el mundo de los hijos de Raziel, es caótico, misiones cada vez mas violentas. Si seguimos de ese modo, posiblemente la siguiente puede ser la que nos lleve a la tumba. Mitad del Instituto esta en la enfermería y yo debería estar allí, pero las armas están cerca y temo que podría llegar a mermar el numero de hermanos silenciosos si se acercaba alguno mas a mi. Los Lightwood, siempre dominaran el Instituto, lo llevan en la sangre. ¿Montblanc? Un tanto raro, creo que presiente todo el caos, le deje en mi cuarto, durmiendo en mi cama, creo que le mimo en exceso. – De pronto una pequeña figura gatuna entro por la ventana, y salto al piso elegantemente. – Ahí le tienes. – Señalo el sillón donde ahora se había sentado, reclamándolo como suyo.

Mientras oía a dueño y mascota discutir sobre no subirse en los muebles, Adrianna fue a la cocina del piso, era pequeña para su gusto y elegante con una chispa de exótico. Lo justo y necesario para alguien que apenas la tocaba. Abrió un estante y saco una tetera que tanto le gustaba a Magnus para el té, preparó con agua caliente e infusiones que guardaba el brujo aún. Un té rojo con un toque de canela, un sutil toque que se notaba en el aroma, casi nada en él sabor. Era una de las recetas de su madre, y al parecer a Magnus le gustaban.

- ¿De nuevo con tu magia? – llevo las tazas a la mesa, la tetera humeante, azúcar y leche. La nephilim se acomodó, tomando una silla a su lado. Se fijo en la botella, y se quedo eclipsada, como si aquel cosmos dentro del frasco lácteo fuera a originar una supernova o algo similar. Sirvió el té, y se añadió un azucarillo. – Cuentan rumores que el mismísimo Raphael te ha pedido ayuda. – Se lo había oído tras salir con Charlie a desayunar, a la vuelta paso por Taki’s para llevarse algo de comida, ya que no tenia ganas de cocinar y de regalo escucho aquella conversación de un par de selkies parlanchinas. Le sorprendió a la nephilim: los vampiros eran sumamente egocéntricos, no solían agachar la cabeza y pedir ayuda a menos que estuvieran al borde de la muerte o parecidos. – Supongo que ya siendo rumores, son ciertos… No me molesta, pero me preocupa que te olvides de cuidarte, Magnus y tiendes a hacerlo cuando te dan un rompecabezas. Así que estoy aquí para ayudarte en lo que necesites… – confesó preocupada, lo regañaba pero era incapaz de enfadarse con él. No sabia como era capaz, pero sostenía la teoría de que demasiado tiempo, juntos, les llevo a tal situación. Dio un pequeño sorbo al té entrando en calor mientras lo escuchaba sobre la capacidad de los demonios de crear razas. – Tiene cierta lógica, técnicamente todo el submundo tiene en parte algo de los demonios, aunque en menor medida, es casi un sinónimo de vida. Los ángeles no parecen tener ese don para desarrollar razas, solo nos crearon a nosotros, y mira como salimos. – se señaló a si misma. – Además la cordura esta muy sobrevalorada, una pizca de locura, convierte a un hombre en genio. – recitó aquella frase de su padre, con melancolía en el rostro y la vista centrada en la botella de leche sospechosa.

El nephilim tenia la idea de que sin un poco de sombras,  no podía llegar a conocer la verdadera felicidad,  pues si siempre hubiera luz, perderíamos  el sentido de tal emoción. Que seria una soporífera manera de vivir, que a él no le terminaba de gustar, además decía que tras haber vivido un tiempo entre tinieblas sus musas le permitían tocar verdaderas piezas que aceleraban el corazón y la mente. Nunca llego a entenderlo, hasta ahora, la apenaba no poder decirle que compartía su filosofía, pero eso era otro capitulo de su vida.

- ¿Qué tienes en mente Magnus para controlar a los vampiros de Raphael? Y no digas que nada, porque esa botella de leche parece decir lo contrario. –inquirió cautivada por lo que fuera a decir el brujo. La magia era algo que siempre quiso llegar a realizar, pero por su naturaleza era imposible. Pero por ello, no decía que no debiera aprender, y Magnus era la fuente de sus conocimientos mágicos. Verle en acción era como si pudiera retroceder en el tiempo y contemplar a Miguel Ángel pintar la Capilla Sixtina.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Ago 04, 2013 7:58 pm

 Los nervios del brujo se mantenían al límite, estaba seguro que en cualquier instante, ¡boom!, estallaría una supernova dentro de su sexy cuerpo o peor aún, la razón encontraría el camino a casa y la normalidad cobijaría su existencia inmortal. Sinceramente, le asustaba que eso pudiera pasar, ser..., un ilusionista cualquiera. "Patrañas, solo eso eres capaz de pensar, brujillo. ¿Dónde esta tu creativadad? Concéntrate, hombre, los vampiros te esperan. ¿Acaso los dejarás con la bebida inicial, con todas esas posibilidades jugando en su contra?" la risita dentro de su cabeza sonó casi tan nítida como las palabras de la cazadora. ¿Había escuchado la palabra asilo? ¿En qué momento Bane se había convertido en el protector de los nephilim? Le daba la impresión de ser el propietario loco de un hospital psiquiatrico para los hijos de Razhiel, o quizá el gurú de los desamparados; como fuese, estaba hasta el cuello con tantos acontecimientos que en otra época les habría dado la espalda. "Y, ¿perdernos de la diversión?"

Le hizo una señal con la mano, dándole a entender que se sirviera. Una clase de bienvenida, que sonaba como algo así: "Mi casa es tu casa" o "Estoy tan cansado que el simple hecho de tronar los dedos para traerte un té es demasiado perturbador , así que floja cazadora de sombras, usa tus manitas para preparte uno que la tetera está ansiosa de ser usada y de paso traes otro para tu gallardo, sensual y simpático anfitrión". Pensándolo bien, con un "mi cocina es tu cocina" bastaba. No, de hecho, por el momento, nada le diría, sabía de sobra que era más que bienvenida en la morada Bane. Lo sabía y por ello estaba aquí, de lo contrario ni siquiera se hubiese presentado a su puerta.

Asintió. Conocía a la perfección el mundo caótico de los nephilim y hoy más que nunca estaba siendo arrasado por la cumbre "La Era de los Demoniossanguinarios Mayores". Le preocupa que lo que Adrianna estaba diciendo fuese una profesía. La extinción de algunas razas —entre ellas la propiaestuviera próxima. Una sonrisa ladeada mostró la satisfacción de tener al menos alguien que le hiciera olvidar sus desquiciantes emociones, venga, no del todo, pero podría entretenerse pensando que así era. Existían varias razones por las cuales prefería la compañía a la oscuridad de su soledad y no, no era porque necesitaba sentirse amado, bien, si era una de las razones, pero, estaba el hecho de que acallaba los sentires de antaño, esos que aún le perseguían desde el fondo de su ser, aquellos que carcomían sus entrañas y amenazaban con volverle loco. Sí, todavía más loco...

—Los gatos han nacido para ser mimados, igual que yosuspiró y el ronroneo peresoso atrajo su escurridiza atención. —Uhmmm..., comienzo a creer que este gato mañoso o vive contigo o tiene una fijación hacia a tí, que solo aparece cuando estás cerca. Espero, por tu bien, señorita, que sea lo segundo, en cuanto a ti  se dirigió al felino a quien dicho sea de paso, le había celebrado todos y cada uno de sus cumpleaños, —mas vale que bajes ahora mismo de mi sofá favorito, no sé donde hayas metido esas patas, ¿dónde andabas metido, gato caprichoso? Estaba tan preocupado que ni el salmón de la semana pasada me pude terminar el animalillo emitió un rudito que podía pasar por un refunfuñeo, como un niñito haciendo pucheritos, a Bane eso no lo convencia se notaba en su mirada estrecha cual acusación. "Shh" dio un manotazo y la bola de pelos se deslizó bajo el sofá, sus ojillos amarillentos se asomaron retadores, se convirtieron en una rendija y luego, se cerraron.

"Lo que me faltaba, un gato perezoso" soltó un suspiro y siguió con la mirada a la recién llegada cazadora. Traía en manos el té rojo que tanto gustaba a Bane, podía paladear ese diminuto toque de canela que degustaba en sus fosas nasales más que en sus papilas gustativas. ¿Que el amor entra por los ojos? Jah, él prefería olerlo. Como Alec, leche, miel y su jabón de lavanda que le recordaba el color de su mirada. Cielos, lo extrañaba más de lo que admitía abiertamente. No obstante, necesitaba hacer esto rápido. El séquito de Raphael no duraría para siempre y cada vez se ampliaba la brecha de las temibles consecuencias. Él era Magnus Bane, podía hacerlo. El Gran Brujo siempre cumplía su cometido sin derramar purpurina en sus zapatos. Hacía falta tan poco.

—¿De nuevo con mi magia?se acercó —cuatro terrones de azúcar y un chorrito de lecheexigió moviendo los dedos entre chispas azules con impaciencia. —Como seguía diciendo, hasta donde tengo entendido, tengo que lidear con mi magia desde que fui concebido, no por nada soy el Gran Brujo ¿no lo crees?

Dejó el libro de hechicería sobre la mesa, se acercó a la chica tomando de paso la cajita de galletas.

—Lindo detalle, me gusta la cinta púrpura, tiene estilo tiró de la cinta acercándose la caja para olisquear. Sonrió, sus favoritas, ella siempre sabíacon qué derretir su viejo corazón.

Tomó una galleta y dio un sorbo a su humeante té.

—Los rumores son ciertos
otro sorbo —Raphael me solicitó ayuda, como un caballero, debo añadir. Y por si te lo preguntas, he aceptadomordida de la galleta, saboreada con satisfacción y un guiño de agradecimiento, —Riquísimas. Me refiero a las galletas. ¿En qué me quedé? Ah si, he acepado y di mi primera entrega de ayuda. se quedó plasmado unos segundos, perdido. Parpadeó y volvió a morder su galleta, —certera tu camisetaseñaló el impreso — como sea, estás en lo correcto, la botella, más bien su contenido, es la "ayuda", solo que me temo que tiene..., consecuencias. Intento reducirlas, pero hay algo que estoy pasando por alto, ademásterminó su galleta, rascó su mentón y cogió otra —..., que mi suministro de Yi... polvo es escaso como para que siga "experimientando" con esto.


Un chispazo de esperanza brilló en sus doradas pupilas. Apuró su galleta y le siguió el té. Se giró sobre sus talones y avanzó a grandes zancadas a su habitación. Tres segundos pasaron cuando regresó a la sala de estar enrrollando la sedosa bufanda roja.

—Ya que estás aqui, y serás mi inquilina por.., bueno, no importala tomó del brazo arrastrándola a la puerta. Cogió su chaqueta y la colocó sobre sus hombros. —Una cazadora siempre causará intimidación entre los demoniossu sonrisa burlona hizo acto de aparición antes de que chasqueara los dedos y el libro de Lo Blanco desapareciera, podría pasar por despistado pero no descuidado. —Y justo ahora necesito de esa intimidación para que consigas lo que quiero.

Caminaron por calles largas, alejándose de la ciudad cada vez más. Una calle llena de encrucijadas se abrió paso frente a ellos, los bajos barrios. Gente con las peores ropas y con los estómagos vacíos. Bane dio un par de monedas a unos pequeños descalzos. Después de dos horas dando giros, entrando y saliendo de las mismas calles llegaron a su cometido. Una cantina antigua con un letrerillo de madera, picado por termitas. Luz cansina se escapaba de las ventanas polvorientas y la música espantosa se colaba como escapatoria de las risas silbantes. Demonios. Bane miró a ambos lados y llamó conla mano a la nephilim. Abrió las puertas e inmediatamente todos los ojos estaban puestos en ellos. Los único seres que mantenían una apariencia humana.

—Caballeros se inclinó con cortesía y su flamante sonrisa llena de suspicacia y autoridad invitó a los cuchicheos.

—Magnus Bane y una cazadora, ¿por qué no me sorprende?— una grotesca figura tras la barra miró con recelo a los recien llegados, —ninguno de su especie es bienvenida, así que lárguense.

—Tranquilo, venimos por mmm, una bebida inclinó el brujo se deslizó en un asiento frente al demonio que no alejaba la mirada de la nephilim.

—No tengo lo que buscas, Bane, creí que te lo había dejado claro.

—Un whiskey solo y para la dama un vaso de leche, está de servicio


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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Ago 05, 2013 9:27 am

La hija de Raziel por poco soltó una carcajada, sin duda amo y dueño se parecían más de lo que imaginaban. Una sonrisa se le esbozo al ver al gato cerrando los ojos, crispando los nervios del brujo.  Aunque podía ser cierto lo que decía Magnus, los gatos siempre habían tenido una afinidad a ella. Recordaba a modo de broma un suceso del pasado: tendría cuatro años, estaban visitando un templo Sintoísta en Osaka. Recorriéndolo sin vigilancia de sus padres, encontró en un riachuelo un cascabel. Lo limpio y al hacerlo sonar, todos los gatos de alrededores aparecieron. Sus padres pasaron aproximadamente todo el día alejándolos e intentando quitarla el cascabel para que dejara de llamar a más gatos. No recordó que paso al final, supuso que habría perdido ese cascabel.

- Serán meras coincidencias, igual quiere presumir. –tomó la bandeja colocando todo lo necesario para la hora del té, las tazas, la tetera, lechera y azucarero. Todo a juego con aquella hermosa tetera de Magnus con tanto colorido.- Si quieres luego te cepillo el pelo. – dijo en modo de broma, aunque con el brujo esas palabras, podían cumplirse, nunca llegaría a aburrirse al lado de Magnus, jamás.

Tomando los dos el té, viendo como comía y trataba de explicarlo todo, Adrianna se sintió aliviada, por lo menos tenía apetito y animo aceptable. Aprovecharía esa información para preparar una buena cena: Le veía más delgado de lo normal, y sus genes de madre emergieron. Sonrió mientras dejaba que el aroma del té envolviera el ambiente y llenara de sabor a la conversación.  Podía reír después de días, tomar el aire, sentirse viva y seguir peleando cada amanecer por la vida que ansiaba vivir. No podía estar enjaulada, moriría de pena, era un pequeño pajarito que ansiaba la libertad.

Se irritó tenuemente, Magnus no debía estresarse tanto, los vampiros jamás llegarían a extinguirse. Solo una transfusión de sangre, y volverían a reproducirse. Solo era aquel caótico tiempo que parecía desear llevarse con el todo lo que tocaba. Su mente hiriente rememoró en especial a un hijo de la noche, y se preguntó como estaría manejando toda aquella situación bajo el mando de Camille. Alejó el pensamiento de ella, no era el momento adecuado ni tenía ganas de pensar en él. Tenía otro orden de prioridades,  y su caprichoso corazón no estaba entre los primeros.

Cuando vio la chispa en los ojos de Magnus, intuyó que tenía una idea entre manos, y que ella era una pieza del rompecabezas. No se arrepentía de haberle dicho que le ayudaría, sino que adquiría curiosidad por saber en donde encajaba la presencia de un hijo de Raziel en todo aquello. Había mencionado unos polvos con los que experimentaba, aunque se negaba a decírselo, no era necia, conjeturaba que era con lo que el brujo practicaba su magia. Anunció vistiendo una elegante bufanda, que requería sus servicios de intimidación de los cazadores.

- A cambio, me contaras todo, nada de ocultarme las cosas Magnus. Pretendo ayudarte y necesito saber con que experimentas. Y más te vale, prepararte. – estiró el cuello, moviéndolo  de un lado a otro. – Jamás me has visto así, y espero que no tenga que repetirlo. – No obstante aunque fuera en contra de su carácter. A veces le gustaba desconectar la voz de su conciencia y actuar sin pensar, solo para no llegar al soporífero momento de que se aborrecía a si misma.

Las calles por las que el brujo la llevo, daban a ver la situación de podredumbre de algunas zonas de la ciudad, niños descalzos pidiendo aún en la calle. Aquello aplastaba su corazón, afligía a su alma. Ni todo el dinero que tenia podría calmar su hambre y curarlos, la impotencia reinaba en sus ojos. La calles tenían casas hechas con trozos de otras cuya apariencia era de papel, con cualquier viento se vendrían abajo.  Ruinas, pobreza, hambre ¿Cómo era posible tal situación en una ciudad tan potente como Nueva York? Poco, casi inútil se lograba hacer sin que cambiara la forma de pensar, de los órganos de gobiernos del mundo entero. Aún así le entregó a una madre, un par de billetes, para comprar leche para él bebe que tenia en brazos.
 
Empática, advertía de su desesperación, la tristeza, la devastación, incluso en los ojos de los niños. Niños que lloraban, deseando despertar de tal pesadilla y estar dormidos en camas calentitas con una familia. Bajo la cabeza avergonzada, casi todo el camino, era injusto quejarse de su existencia, cuando tanta gente padecía por cosas mas graves. Se aferró al brazo de Magnus y logró distraerla para no caer abatida. Le había prometido conseguirle algo que necesitaba de los demonios, Adrianna demandaba estar entera, al menos emocionalmente.

Tras pasar varias veces por la misma calle, su mente caviló que el brujo podía haberse perdido. Pero no, Magnus sabia la dirección perfectamente, y pronto vio aquel bar de mala muerte, con un aroma peculiar. La esencia demoniaca era amarga hasta un nivel casi vomitivo  y en tal concentración en demonios humanoides, casi podía paladearla dentro de ella. No sabía ni como ni cuando había encontrado Magnus tan lugar, pero un ser inmortal, no consigue tantos contactos y gente acudiendo a misa todos los domingos. Había que ir en contra de lo que la razón imponía, y meterse en problemas de vez en cuando.  El vertiginoso subidón de adrenalina tras verse rodeada por demonios.Transformó su nerviosismo en seguridad, sus ojos brillaron oscureciéndose, dos orbes de un azul marino observaban a los presentes. Como era evidente su presencia, no era agradable, era mutuo pero no se iría solo por provocarlos. Magnus pidió un whisky y a ella le delegó un simple vaso de leche, arqueó la ceja mirándole por lo que había pedido. ¿Desde cuando había vuelto a su infancia? Pero no quería discutir con él, era con el demonio que le cortaba el suministro al brujo. Saco un cuchillo serafín del interior de la chaqueta, y jugueteó con él delante del demonio.

- Cazadora ¿Sabes que estas en nuestro territorio, y todo lo que ocurra aquí, nosotros lo controlamos, lo sabes?
- Perfectamente, pero también sé que no lo harás. –se acercó hablando entre susurros.- Siento tu miedo en mi cabeza, lo que me hace preguntar que puede darte tanto miedo que la gente sepa. Entonces solo tengo que ahondar para encontrar unas emociones bochornosas y las imágenes se esbozan en mi cabeza.– dijo sin apenas cambiar el tono de la voz.  La dosis de adrenalina aumentaba, y bien sabía que con una buena dosis, pocos de los que estaban allí vivirían para contarlo. – Si te niegas a cooperar….los diré delante de ese tipo y creo que no es tan amable como yo.- sonrió malévola, a veces explorar esas sombras de su personalidad eran interesantes.- Es así de fácil, tu le das a Magnus todo lo que te pida o haré que tus secretos que tan celosamente guardas salgan a la luz delante de todos. Incluso que vas a clases e claqué. –señalo al bruto que estaba entre varios demonios, tenia pinta de ser el jefe o algo así.- Disfrutaran de toda esa información, humillación en directo. Dudo que se resistan.
- Los cazadores no tenéis esos poderes, nunca se ha visto a uno… -Adrianna le interrumpió.
- Sientes el terror de que lo que diga sea cierto, ese tipo te debe dinero y  no eres capaz, estas consumido por la idea de morir. Percibes algo por una joven pero a la vez sabes que no es correspondido porque no deja a su pareja. Soy empática,- ese demonio era un libro abierto, sus emociones estaban a flor de piel y solo acertar en alguna, le estaba alterando lo suficiente para dudar ya de lo que sabia sobre los nephilims-  se me olvido mencionar que el Ángel Raziel nos dio unos regalitos por navidad.– bromeó, acababa de inventarse todo aquello, esperaba que el demonio se lo tragara. Adrianna había puesto en juego la labia de su padre, aquella que conseguía todo lo que ansiaba y una pizca de creatividad. Podía sentir el pánico bullendo en su interior, y desconcierto,  armas con las que podía jugar a su favor. Aunque no solía hacer uso de ellas, ya que su remordimiento era mayor después.
- ¿Cómo….? Me da igual….No eres capaz de hacerlo. – intentó negarlo pero el demonio de la duda le reconcomía ya, era tarde para pensar lógicamente, y darse cuenta de la mentira.
- ¿No? –se giró en el asiento. – Chicos…-les llamó y todos los demonios la miraron como si fuera un cartel de neón o algo similar. – Aquí el dueño….
- ¡VALE, VALE! –la ansiedad le dominaba, y cedió bajo aquella presión.- ¡Tu ganas!
- ¡El jefe invita a todos a una ronda! – pronto los vítores y gente ansiosa de disfrutar de una copa se juntaron en la barra. – Dale lo que pide. –miró a Magnus con una sonrisita de triunfo.- O puede que lo siguiente que haga es contar lo que sientes, chivarme de que le pones ojos a la chica del jefe, y  sufrir una tortura muy lenta por parte de tus “amigos” demonios. – guardó el cuchillo y tomó su vaso de leche.- Le pusiste azúcar, muy bien. – el demonio se fue molesto a la trastienda y volvió con una gran caja concienzudamente sellada, lo que despertó el interés de Adrianna.
- Aquí tiene Bane, y no vuelvas a traerla aquí. –la dejo en la barra, cruzado de brazos, a la defensiva.
- Créeme no es mi lugar favorito. – mencionó dando un trago a la leche caliente.- ¿Suficiente Magnus? – le preguntó deseando volver al piso, y relajarse. Aquel ambiente solo la animaba a antojarse darse de puñetazos con todos. Y la violencia no iba a solucionar los problemas de abastecimiento de los polvos que Magnus perseguía para ayudar a los hijos de la noche.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Ago 10, 2013 4:02 pm

—Jah, jah — pasó sus manos sobre el pantalón de su pijama como si intentara quitarse restos de algo, realmente era así, todavía sentía el polvo en la yema de sus dedos y causaba cierta repugnancia  —eres casi demasiado linda y graciosa, pero mi cabello solo lo tocan cuatro manos y entre ellas no entran las tuyas — se puso muy digno el larguirucho "joven" mientras descifraba aquel escrito antiguo. Ya sabía que tendría que llamar a cierta bruja loca para poder llevar a cabo todo este ritual. Necesitarían a un buen demonio, ningún Mayor autoritario y malhumorado, lo que requería era de un mensajero.  Ellos siempre dispuestos a cooperar por un poquito de libertad, es más, con esos tipejos nunca se necesitaba saldar favores. Mejor aún, no tenía porque dar explicaciones de nada. Que extraordinario sería...

Sonriente asintió a cada palabra que le cazadora decía. Ahora tendría que darle toda la explicación de porqué usaba Yin Fen. ¿Tendría que empezar por el Demonio Mayor Yanluo o simplemente remontarse a una historia reciente? "Mejor decir nada" pensó con una delicada mueca condescendiente para el mismo. Notaba que a la cazadora afectaban muchas cosas que ni a la humanidad importaban ya, era demasiado sentimental para tratarse de una orgullosa hija de Razhiel. Bane sabía que personas como ella sobraban pocas y en su medio muchas menos, intentaba cuidarla (aunque fuese en la lejanía) pero reconocía que sabía cuidarse sola. ¿Por qué todos a su alrededor aparentaban ser tan fuertes? ¿Por qué el mismo lo hacía? ¿Tan deshonroso era mostrarse de vez en cuando, vulnerable? Sinceramente, el brujo nunca lo aceptaría, pero así como todos, tenía su punto débil y no era justamente su magia.

—Bien— aceptó  —te contaré cualquier cosilla por insignificante que sea, sobre mi experimento— una sonrisa ladeada se unió su distante mirada. Primero tendría que conseguir el polvo, después llamar a la bruja y limpiar la habitación de Adrianna, debía quitar el empapelado nuevo, era espantoso; por último y lo más importante, llamar a Alec y decir que cierta cazadora compartiría su loft. Una risita se escapó de entre ese pensamiento, al moreno no le haría nada feliz aquello, con lo reservado que era en su vida privada con sus propios familiares, ahora la compartiría con una extraña.  

La escena dentro del bar fue de lo más entretenida para el brujo. Hubiera encantado verla desde el otro lado, la acción en la dinámica de la cazadora, con sus hombros erguidos y postura arrogante. El demonio toda autoridad, orgulloso y zalamero. Pero con esas chispas en ambos, la de la violencia contenida, el poder y la fuerza de su voluntad. Ella se había transformado en una guerrera apenas tomó el cuchillo serafín, Bane lo observó brillar de soslayo. Su sonrisa se ensanchó al comprobar el estado irritado del demonio. Se preguntaba quien sería el primero en derretirse ante las miradas de aborrecimiento que se echaban. Si fuera él quien estuviera en esa circunstancia, ganaría. No había nada peor que un brujo molesto lleno de desgaste emocional.

Recostó los codos sobre la barra mientras que su índice derecho delineaba el contorno del vaso. Su sonrisa triunfal destacaba el aspecto afable del brujo. Escuchaba todo a su alrededor, contuvo una risita ¿desde cuando los nephilim obtenían "poderes" del mismo Razhiel? Esa niña tenía creatividad de sobra. Oh, con esto se explicaba el talento para saber que algo ocurría con él. Y Bane que se lo atribuía al sexto sentido de las mujeres y no eran más que regalitos del ángel, jah, "buena esa, cazadora". En cuanto, Adri llamó la atención de todos, Magnus se giró tomando su whiskey, lo removió mirando a todos. Vaya, estaban con los nervios a todo lo que daba. El brujo sabía que de un momento para otro los demonios saltarían reclamando la sangre de la nephilim. Estaba claro que era la hora de la retirada, pero él no se iría sin el Yin Fen y lo tenía tan cerca que de ser necesario se colaría a la dimensión demoniaca y lo extraería del mismísimo Yanlou. No obstante, eso sería innecesario. "¡Bingo! Tener a una chamarra de sombras en casa no es tan malo después de todo".

Rio por lo bajo ladeando su cuerpo.

—Tranquila, cazadora, que todavía necesito a éste grandulón— guiñó un ojo al demonio que segundos más tarde sacaba una caja sellada. Aliviado el brujo colocó su mano encima, la fragancia existía escondida en su interior. Era todo lo que necesitaba, por ahora.
Sonrió lamiendo sus labio. Se puso de pie de un salto y apuró su bebida.

—Excelente, gracias tomó la caja como si se tratase de las galletas delicadas de la reina y se dispuso a marchar  —es un encanto ¿cierto? La mejor cazadora de sombras.— dedicó una cariñosa sonrisa a la nephilim  —mi protegida— terminó relamiendo sus labios  —volveremos a vernos, Shmood.
La campanilla tintineo a su salida. La puerta se cerró y el frío les cobijó. La sonrisa del brujo desapareció y marchó a grandes zancadas.
—Bien hecho, me siento como una orgullosa madre— rió y se detuvo a mitad de la calle. El bar había sido reemplazado por una casa tan común como cualquiera en Nueva York. "Demonios, siempre tan volubles". El camino a casa debía ser rápido, capaz y se encontraba con viejos conocidos; por estos lares los demonios abundaban, pero usaban magia muy potente. ¿Adivinan quien proveía los escudos más ingeniosos, certeros y seguros? Si, el Gran Brujo ni más ni menos. Pero eso, nadie por enterado lo tenía. Así que con conocidos se refería a los demonios contratantes. Clientes.  Tratar con demonios, iugh. "Maldita Dorothea", su intermediaria.
Aún seguía caminando cauteloso. Arropando la caja con recelo hasta que sus oscuros zapatos pisaron la acera de su edificio. Vaya, que viejo lucía. Algún día propondría una renovación, es más, él sería un voluntario, ya se imaginaba con su overol, sin camisa,  zapatos deportivos y una gorra. Muy sensual. Limpio sus zapatos y entró.

—¿Sabes algo? Eres demasiado brusca para tratarse de una señorita— soltó una risotada al ver su expresión. Ninguna cazadora de hoy en día era dulce, gentil y risueña. ¿Por qué todas eran tan antipáticas? "Pobres cachorritas"  — perfecto, hay que comenzar.
Se quitó la bufando y la colgó en el perchero lleno de abrigos y bufandas.  —Si no es mucha molestia, ¿podrías tirar todas estas telas? Me están aburriendo allí colgadas—  se dirigió a la mesa y colocó la caja. Tomó la botella que ya poseía un color carmesí  —¿funcionó?— lo inspeccionó, la abrió y olió. Sí, era rojo el líquido y olía a simple agua.  —¡Funcionó!— su voz sonaba contrariada con la exclamación, no estaba feliz como se suponía, aún estaba el hecho de ver que sí iba todo bien con la "cura" que más que una cura era un poco de tiempo de solución. Dicha su exclamación bebió. No tenía el sabor de metal, un toque burbujeante podía percibirse, pero era todo. Paladeó, nada, solo sangre. Frunció el ceño y allí estaba la sensación de saciedad. ¿Qué significaba eso para un hijo de Lilith y para uno de la noche?
—Excelente— murmuró colocándola en la mesa  —Adrianna, ve por otra botella de leche, sin leche, llénala de sangre. Trae de paso la cajita plateada, la que está en la mesilla de mi dormitorio, abre la caja que Shmood me entregó y el polvo vacíalo, con cuidado, sin ninguna pizca que se te escape. Has visto que es muy importante como para desperdiciarla— impaciente le hizo señas de que fuera, acto seguido chasqueó los dedos y entre sus manos apareció el libro. Bien, necesitaba el pentagrama y la salmodia correcta, ya había intentado tres una donde ninguna aceleración celular ocurría y solo quedó el Yin Fen disuelto en sangre, otra en donde ríos de sangre llenaron sus pisos y por culpa de eso aún seguía notando el olor ferroso en sus fosas nasales y el tercero aquel que le hizo tener ganas de matar a su vecino por la inminente sed que le causó. Ésta última parecía haber funcionado, pero solo sentía saciedad, no había sed, no había nada. Supuso que era la correcta. ¿Cómo saberlo? Allí estaba el problema, a menos que volviera a usar el truco de imitar los gajes de los vampiros, cosa que odiaba y hacía tanto que no lo hacía, sin contar que necesitaba de supervisión, necesitaba del dueño que creó tal imitación, Ragnor.   —No era tanto para que demores, cazadora. Esto no puede esperar toda la noche— suspiró  —coloca la botella en el centro, con el cuchillo de madera toma un poco del polvo plateado que acabas de meter en la cajita, en el agua de la botella y ahora— se puso a su lado —aléjate— mordió su uña, sosteniendo el libro con una sola mano  —como seguramente no sabrás, porque no te lo he dicho, ese polvo es Yin Fen, es una catalizador en si mismo, ahora lo uso para acelerar las células, no sin antes de la creación de plasma. Obviamente no pude crear ningún componente sanguíneo, ni siquiera un eritrocito —  su cara de decepción se metió en el inmenso libro —por eso usaré sangre uhmmm real, pero estará modificada con la aceleración celular, gracias al enzima contenido en ese polvo. Sinceramente suena mejor explicado por un Hermano Silencioso, pero...,  después de beber ésto, los vampiros sentirán saciedad, y obviamente no necesitarán de más sangre por al menos una semana, es lo más que he podido conseguir, eso y — levantó la vista con el ceño fruncido —la adicción... 
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Ago 12, 2013 8:51 am

La nephilim rio para sus adentros una vez habían salido del local, guardando el cuchillo serafín en el interior de la chaqueta. Era cierto que su creatividad había suscitado el temor y la desconfianza del demonio, justo para que anulara cualquier reacción lógica y fuera más susceptible ante el chantaje. No obstante no todo el mérito era suyo, en parte era del brujo, bien la había regañado recién llegada por ser legítimamente una ingenua.

- Bueno puedes sentirte orgulloso, porque algunos de esos trucos, me los enseñaste tu Magnus. Pero por favor, no te pongas conmigo en plan de madre sobreprotectora, temo que acabarías conmigo. – no ambicionaba ni imaginarse a Magnus receloso de sus ausencias, de estar con otros nephilims. Amenazándola con que comiera más y se abrigara, aquella imagen en su mente le provocó una larga risotada.- Pese a todo, gracias por considerarme candidata a la mejor nephilim, pero solo fue algo de ingenio, nada brillante. –aún así se sentía llena de energías, hinchada como un globo. Si Magnus Bane la consideraba la mejor, si bien esa frase quizás durara horas hasta que recordara a su amado Alec, era suficiente para levantar su tan magullado animo e incorporar su orgullo abatido.Antes debo pasar por el Instituto, no tengo mudas, ni creo que se te ocurra prestarme tu cepillo de dientes. Necesito hacer una parada obligatoria. Tranquilo Magnus, no más de diez minutos. –prometió clara la nephilim.

Ella preferiría más, pero con el experimento de Magnus en proceso, no pretendía que perdiera los nervios. Consiguió colarse en el Instituto sin cruzarse con nadie, lo que agradeció. Se encerró en su dormitorio donde Montblanc se agito y salto de la cama recibiendo a su dueña. Adrianna tomó una mochila de debajo de la cama y la lleno rápidamente, paseándose entre su cuarto y el baño. Era difícil saber cuánta ropa y productos de higiene serían necesarios, ya que no sabía cuándo volvería a dormir en su dormitorio. Necesitaba un tiempo lejos de su especie, y su escapatoria era el piso de Magnus Bane. Cuando consideró que no era necesaria más ropa, tomó unos libros que estaba leyendo y un par más. Shakespeare le haría compañía con aquel libro donde recogían todas las obras conocidas del autor, al igual que Emily Bronte con sus Cumbres Borrascosas junto a Jane Austen con su Orgullo y Prejuicio, daban un poco de romanticismo. Tambien devoraba a los clásicos como Dante, autor de la Divina Comedia; Homero con la Ilíada y Odisea. Drácula de Bram Stoker les seguía para animar las noches con el Lobo Estepario de Herman Hesse, al igual que el Arte de la Guerra de Sun Tzu enseñaba el juego de una persona en una batalla y como podía influir en ella. Un recopilatorio de obras de Edgar Allan Poe para recordar el terror. Cuando fue a guardar los libros, vio algo peludo sacar la cabeza blanca y suave de la mochila.

- ¿Eso significa que vienes, cierto? –  preguntó entrecerrando los ojos, escéptica ante la escena, mientras sostenía los libros. Montblanc maulló alegre y salió fuera para que su dueña terminara de guardar los libros, luego volvió a entrar, ella no puso pegas. Aquel gato era libre, podía irse y no volver, ella lo había aceptado. Sim embargo el gato jamás se apartó de ella. Quizás necesitaba su compañía, posiblemente no habría otra persona que lo apreciara como ella. Así era de singular su relación entre gato y nephilim. Ella le acarició la oreja, antes de echar la mochila a las espaldas. Se guardó un par más de cuchillos en el cinto y salió sobrándole dos minutos.

Dos minutos que parecían horas para el impaciente brujo de Brooklyn,  pero ya iban de vuelta a su piso. El brujo le comento por su falta de tacto. No es que careciera de ella, es que el tiempo vivido allí le había enseñado que la gente carecía de tacto y modales. Así que sería una perdida tratar a los demonios con cierta afectividad, se habrían burlado en su cara. La nephilim aprendió rápidamente a base de golpes, como regular sus modales, a quien, cuando y donde mostrarlos y a quienes tratarlos sin tacto alguno.

- Bien recuerdo que solías regañarme cuando llegue por tratar con demasiado cariño incluso a mis enemigos. –le refrescó la memoria- Sabes que tengo tacto, pero dudo que ese tipo te hubiera dado lo que le pedias, si le hubiera regalado los oídos con algo de poesía. – añadió con toque acido a sus palabras. En cuanto entraron dejo de hablar, se concentró en escuchar todo lo que dijera aunque fueran algunas cosas vanas y reproches tontos.

Comprometía estar atenta a sus indicaciones, el brujo no solía repetirlas. Y no aspiraba reproducir lo mismo que paso con la primera colada que hizo recién llegada: Mucha de su ropa blanca y de Magnus adquirió un color rosa por culpa de una camisa roja. Dejo la mochila en la entrada, y ya estaba el brujo histérico.” ¿Qué tirara esas bufandas, y demás con el profundo amor que las tenía? Jamás.” argumento enojada  y las ocultó lejos de su vista. Seguramente luego se las pediría arrepentido, además entre ellas estaba la que le regaló por el cumpleaños del  brujo.  Montblanc escapó de la mochila y se reunió con su hermano, presidente Miau. Ni Magnus se dio cuenta del nuevo invitado recorriendo el piso, acompañado de su hermano  tras una presa: una pelusa. Estaba totalmente orgulloso de su logro, parecía haberlo conseguido o estar muy cerca de ello,  pronto lo sabría, Magnus le prometió explicárselo.

Rebuscó en la nevera, y como había aprendido: Era mejor no preguntar el contenido de la mitad de las cosas que guardaba allí. Al menos por su bien y por la salud de si misma, dado el caos de Magnus, encontró una con menos de un gramo de leche. La vació en el fregadero  y busco una bolsa de sangre, el repelús era absurdo y una pérdida de tiempo, perforó la bolsa, llenando la botella con sangre. Era más espesa que la leche y más liquida que un yogur.  Completamente llena, podía pasar desapercibida como zumo de tomate, o similares, pero su rojo escarlata era evidentemente diferente al tomate.  Prefería dejar las comparaciones que le revolvían las tripas, y buscar la caja en su dormitorio.

Una ceja se alzó sorprendida, la otra incrédula, Magnus tenía que ordenar su cuarto o ella lo haría por él. Estaba todo manga por hombro, pero colocar sus cosas lograba que el brujo se enfureciera y tratara de maldecirla. Dibujo un arco con sus piernas esquivando una camisa de cachemira arrojada al suelo, al igual que unos vaqueros beige, con un cinturón, cuya hebilla tenía una gran “M”. En el tocador había mayor caos, purpurina, gomina en pequeñas dosis suficientes para pedir a gritos limpieza. Maquillaje especialmente para los ojos, la cazadora se preguntaba porque Magnus debía resaltar aún más sus ojos gatunos.  Una boa de plumas colgaba del espejo, prefirió ni saber para que la quisiera el brujo. Recogió la caja plateada casi vacía llenándola con el polvo nuevo, su aroma le era familiar ¿Seria Yin Fen? ¿Cómo iba ello a solucionar el hambre de los vampiros? Las preguntas después, tenía que tener mucho cuidado con no derramar nada.

A su mente acudió ese secreto que ni Magnus conocía. No había persona física que supiera de aquello, y sentía que lo traicionaba no contándole algo tan grave, pero no era capaz de decírselo. No estando tan feliz y con energías, de saberlo sería responsable de su dolor. Pero ahora más que nunca requería de alguien con quien hablarlo, que la escuchara.  ¿Sería capaz? ¿Cómo se lo tomaría Magnus?  En parte, su tozuda mente le recordaba la idea de no mostrarse débil, ni siquiera entre sus seres queridos. Tenía que parecer fuerte, que no se preocuparan, suficiente sufrimiento y caos había para que tuvieran que mirar por ella. No, no era el día ni él momento, tampoco sabía cuándo pero necesitaba decirlo pronto o estallaría en un mar de desesperación.

Al terminar casi tira una fotografía de la mesilla donde estaban dos personas, eran Magnus y Alec. La recogió antes de que cayera mirándola con admiración. Ambos parecían muy enamorados, en su mirada todo lo decía, no hacía falta más, les envidiaba. Ella quería experimentar esa sensación y que fuera recíproca. Suspiró al sortear el abrigo colgado en la puerta del armario, era una de las prendas que le gustaban a Adrianna. Incluso había insistido en que se la prestara, pero el brujo no cedió. Repitiendo el camino que había iniciado volvió no sin antes recibir un rapapolvo por su tardanza.

- Creo que por un par de segundos no nos morimos.  –mencionó, sus miradas se encontraron, enfrentarse a él en tal estado de excitación no era buena idea, así que cerro la boca. E hizo lo que le había dicho, con cuidado, manejo el cuchillo deslizando el conocido Yin Fen al interior de la botella de sangre. Escuchando su explicación, entonces todo cobró sentido. - ¿Y no hiciste una reproducción sintética del plasma antes de probar con el yin fen? Sabes que tarde o temprano necesitaras plasma para nutrir los entrocitos, el plasma lleva los nutrientes, y dudo que los glóbulos rojos vivieran sin ello. No creo que el yin fen mágicamente cree algo así. ¿Llevaste un control de hemoglobina? Sí, es solo una proteína, pero los vampiros notaran la diferencia, con ella habrá menos opción al rechazo.  – el brujo la miro sorprendido como si acabara de verla por primera vez. Se confesó, no era la única que entendía algo de medicina. – Cuando iba de viaje tenía la opción de leer algo o dormir. Y leí un par de libros de medicina, si, entiendo de ello pero no me pondría a operar bajo ningún concepto. –se defendió, convirtiendo sus labios en una línea recta, aún quedaba algo de Yin Fen por entrar en la botella. Cuando esta se le escurrió de las manos, gracias al ángel Raziel la botella no toco el suelo, solo sintió como el filo separaba parte de su piel,  una herida superficial en el dedo, para ella eso no era nada, un pinchazo con una aguja pero escocia un poco. – Menos mal…-suspiraron ambos. – Así que tratas de crear una sangre sintética que controle su sed durante el tiempo suficiente para que no maten más. Inteligente, pero pese a que estén muertos ¿Cómo reaccionaran los sujetos ante el Yin Fen? En las personas es una droga peligrosa, ¿Estableciste la hipótesis de que quizás les provoque más adicción? No es que quiera tirar tu trabajo por tierra, Magnus.- argumento velozmente antes de que hablara. – Todo lo contrario, a nadie se le ha ocurrido salvo a ti, pero me lleva a plantearme algunas preguntas por si acaso, siempre es bueno tener una solución en la recamara aunque nunca se use. Mi madre me lo enseño antes de morir. – mencionó justo cuando fue a dejar la botella.

Una gota de sangre suya se había escurrido por el dedo, y cayó dentro. Su rostro se volvió de un tono ceniciento, rezando por que no la gritara, algo dentro de la botella se agito y surgió un centímetro de solución salina. Al menos eso parecía por el color amarillento. – F-fue sin querer. – se disculpó aunque vio en Magnus una mirada muy extraña, parecía estar analizando lo sucedido. Examinándola como si fuera una mariposa enganchada con alfileres. – De verdad lo siento, me corte y no me tape la herida. – intentó buscar diez mil escusas mejores pero se había quedado en blanco. No sabía que esperar, prefirió entregarle la botella y bajar la cabeza arrepentida. Por mucho que lo intentara, la tensión había bloqueado sus poderes, no distinguía como iba a reaccionar Magnus y eso la asusto más que una horda de demonios sobre ella.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Lun Ago 12, 2013 9:51 pm

 Aún recordaba a la pequeña Adrianna. Una castaña traviesa que entraba saltando y gritoneando cuando atrapaba una hada o quien dormía placidamente abrazada a su gatito de felpa Cheshire. Su mirada azul fascinada por los ojos felinos del brujo y lo feliz que lograba hacerla con un barato truco de magia. Solo necesitaba soltar chispazos azules para que la infante aplaudiera y lo creyera el hombre más guay del mundo. Su sonrisa cariñosa que brindaba cuando el brujo iba de visita y las caricias tristes en su mejilla al despedirse. Esa niña que un día mostró la cara de una guerrera, cuyas lágrimas eran el reflejo de una inexistente vulnerabilidad. Pobre aquella alma que de un momento a otro, todo lo perdió, quien se encerró en su interior para mostrar retazos de lo que realmente era: una criatura necesitada de aquello que le daba felicidad. Tan fácil era verlo en su rostro ovalado y la mirada impetuosa que se iluminaba cual chispa de ingenio y sagacidad. Bane, podía verla en todo su esplendor, siendo un mujer fuerte y sagaz, inteligente, caprichosa, altiva e inocente.

Nostalgia le entraba en pensar en todas esas personas que formaban parte de su vida, ¿quién les daba el derecho de entrar en su existencia, llenarla de encantadores momentos, tormentosas decisiones y fascinantes emociones para después partir en el trenecito de muerte y gloria? ¿Por qué siempre las dejaba entrar a pasos pequeñitos y terminaban por ser parte de un todo con el brujo? Nada quedaba más que reconocer que los placeres de la vida se hallaban en las agradables y tortuosas experiencias que le proveían los mortales. Ironías que gustaba de rodearse de aquellos que un día morirían en lugar de todos esos errantes que caminaban llenos de juventud eterna. Quizá su mente estaba en lo correcto, amaba lo que se extinguía en sus manos. "Mi querido Magnus Bane, me temo que todo aquel que muere se ha llevado parte de tu ser, pero mucho más de tu cordura. ¿Para qué te detienes a pensar en éstos chiquillos que las fronteras del más allá pisarán apenas sus cuerpos se marchiten en la plenitud de su vida, eso si bien les va? Es mejor, preocuparse por los que se quedarán a arrear los caminos a tu lado, como Raphael, Simón e incluso Camille. Ellos valen más que cualquier mortal al que ahora dedicas tu tiempo y virtudes. ¿No lo crees así?" un suspiro resignado ante las tonterías expresadas por su mente, "sinceramente, aburrido me tienes y los inmortales mucho más, no hay nada más interesante que un mortal aprendiendo a vivir su corta vida".

Siempre he creido que eres una de las mejores cazadoras. No por nada te he abierto las puertas de mi distinguido hogar, de lo contrario serías una más de aquel exasperante instituto toqueteó la caja al tiempo que bostezaba con verdadero cansancio. Haciendo cuentas se percataba de que poco o nada había dormido en la última semana, casi podía asociar la falta de sueño con la tremenda resaca de una de esas bebidas rosadas de las hadas; por cierto, se le antojaba una con un par de pizcas de canela. Sonaba alucinante tomarla en la comodidad de su cama mientras veía una novela cursi de hoy en día.

Frunció el ceño con su exótica imagen en la cabeza. Hizo una mueca y avanzó a pasos lentos para tratarse de él. Anteriormente no se rehusaba en ir a esa Iglesia antigua con el glamour tan arcaico como las túnicas del hermano Enoch, pero desde que la ausencia de Alec se había convertido en su dolor de cabeza prefería mantenerse tan alejado como le fuese posible. Pese a ello, sabía que Adrianna no aceptaría los "regalitos" del hermano de la caridad Bane, ya que eso implicaría usar su magia para aparecer ropa ajustada y sexy de alguna tienda de moda, sin garantía de pago. Poco le quedaba de su buen humor así que pensó en gastarlo en una espera fuera del Instituto.

Apenas la cazadora entró, alzó el rostro. El cielo sin estrellas daba la bienvenida a unos verde-dorados que observaban sin gran interés. Paseó sus orbes felinas por todo su campo, "negro, negro, mucho más negro, oh, un poco de azul por allá y el toque de la oscuridad a su lado". Suspiró impacientándose mientras su mirada bajaba. Edificios a lo lejos, una luz de algún club nocturno. Luces doradas a la distancia, sonidos, un perro travieso escarbaba en algún jardín, roedores saltando entre latas, un bebé llorando y su madre cantando las nanas de su infancia. Otro suspiro por parte del brujo y la puerta abriéndose. La cazadora aparece con mochila y gato en su interior. Bane rueda los ojos y su carita aburrida delata su exasperación. Avanzaron.

¿Qué sabes tu? rascó su nuca podría querer liarse contigo y entonces la poesía hubiese sido la mejor arma, quizá y hasta pudo haberme dado mi pedido sin precio alguno que cobrar su sonrisa pequeña traviesa desapareció tu nunca viste ese lugar dijo de pronto con una seriedad absoluta, autoritaria dudo que puedas volver a encontrarlo, aún así repito, tu jamás has visto un bar lleno de demonios cuya capacidad racional supera, incluso, la tuya terminó con la mirada puesta en ella, le sonrió casi con dulzura y su andar se tornó rápido.

Escuchó el ruidito del frigorífico al abrirse, la leche regándose por el fregadero, la bolsa de sangre rasgándose con inquietud y el líquido espeso revoloteando en el cristal. Una vez más se impacientaba. "¿Por qué tarda tanto?" doblo la punta de la hoja del libro y pasó de página, tomó otro libro y comparó los hechizos. Necesitaría una pequeña invocación, no, mejor compraría esa poción fabricada. "Por Lilith, que bajo has caído Bane, comprando tus hechizo" sonrió con astucia en su interior "me libro de un par de líos o dos, y se los enjareto a alguien más, ¿ves? soy inteligente".

Una ceja sorprendida se alzó triunfante en su rostro. "Vaya, vaya, vaya, la nephilim aún tiene varios as bajo la manga" sonrió con suficiencia y luego se irritó. Tan bipolar como siempre. ¿No te acabo de decir que por eso uso sangre real? De haberlo podido crear yo lo habría hecho, pero mi magia no logra hacer lo que Dios negó recapitulando lo que la castaña le había dicho. por otro lado, el Yin Fen es un acelerador celular, pero también termina con los glóbulos rojos y la concentración de albuminas baja considerablemente, lo que convierte a la sangre en una sustancia tan líquida que parece agua adoptando las propiedades de ésta donde..., exacto, predomina el oxígeno, eso y que se hunde en las propiedades mismas del Yin Fen, por lo que la vuelve altamente adictiva, destruye toda característica sanguínea, en especial el calcio, cloro y sodio, componentes frota su frente ..., tarán, del plasma. Lo que nos deja en lo mismo.

La castaña hablaba de tener preguntas que hacer, de mantenerse alerta de cualquier cosa suscitada en el proceso de acción de la cura. Sí, tenía razón, pero Bane no se andaba con jueguitos, él iba en serio y ya se había planteado todos los panoramas. Cada uno de ellos estaban en su mente. A nadie se le había ocurrido, aún.

Además, te estás olvidando de que no solo estoy usando el Yin Fen, uso magia, niña. Combinación de los elementos, sin ellos solo tendría sangre, drogas y un agotado mago intentando jugar con los cristales de la vida, que déjame decirte no es... su frase se cortó de pronto ante tal metida de pata. La nephilim por poco terminaba con  lo mínimo que tenían.
 
Suspiró de alivio y estaba a punto de estallar. Esta niñita jugando con sus nervios, sinceramente ya no podía más. No sabía si llorar o reír era su opción, prefería la segunda porque el llorar le daba fastidio y hacía doler su cabeza, aunque el reír le causaba dolor de estómago y terminaba odiando todo. Ninguna de las dos le apetecía. Lo detestaba.

¡Por Lilith! ¿Qué di...? frunció el ceño y pensó en todas las posibilidades de la creación del plasma sintético. Era el principal componente en la sangre, y el único acelular por lo que el Yin Fen pasaba de largo, era necesario tener el plasma para que en la continuidad sanguínea pudiera llevarse a cabo la aceleración que requeridad para mantener tantas propiedades de saciedad que se pudieran y al parecer, con Adrianna, podría lograrlo. Sólo necesitaba saber cómo funcionaba el metabolismo, su sangre.

Uhmm musitó tomando la botella la agitó y el allí estaba, el olor desaparecido del polvo plateado pero el plasma intacto. Volvió a agitarla y la aceleración celular se llevó a cabo, pudo verlo pero hacía falta ese toque místico. Magia. ¿Estas segura que solo llevas sangre nephilim? preguntó burlón comienzo a creer que eres una especie rara. Alienígena quizá.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Miér Ago 14, 2013 2:15 pm

Alcanzaba evocar como si hubiera sido ayer, aquel grupo de nephilims y brujos que se adentraron en las profundidades de una selva de Tailandia con una misión: Encontrar un templo olvidado, donde dormía aquella bestia, el demonio mayor que mato a sus padres. Ella la recordaba con lujo de detalles, en sus ojos zafiros estaba grabadas todas las emociones que guardaba. La oscuridad brotando, desde su muerte, era su razón de pelear cada día: matar ese demonio, aniquilar cualquier posibilidad de existencia en este plano y en los que fueran capaces de albergarlo.

Rememoraba  la pira funeraria, donde  recibieron su último adiós ante los demás nephilims, los padres de la joven. Su tío a su lado la sostenía de la mano, pese a que era una adolescente, para que no tratara de acercarse más aún. En el funeral había más de cincuenta cazadores de sombras, todos vistiendo las mismas ropas que ella, blanco. Blanco para velar a los muertos, blanco para despedir la vida. Blanco para decir adiós a los seres que más amabas verlos partir a un lugar del que jamás volverían.  

Ella aún estaba con fiebre, y temblaba, pero resistía estoica sobre esforzando su cuerpo, solo para respetar su memoria, ni una lagrima. No se merecían que los recordaran con tristeza,  su garganta ardía como si estuviera tragando fuego, sus ojos lagrimeaban por el calor del fuego, tenía escalofríos, sus mejillas enrojecidas y con frente sudorosa. Cuando al final todos se fueron, ella se encerró en su nuevo cuarto en Oxford, y cayó inconsciente entre lágrimas. La nephilim se encerró. Selló su historia, su felicidad, sus esperanzas y todo su mundo se erigió en torno a la venganza, entregándole una llave a Magnus Bane, solo él tendría el permiso de irrumpir en su caos.


Pero ese día, pondría fin a la bestia que tanto sufrimiento la ocasionó. Se habían distribuido, eran fuertes y capaces, además iban acompañados de brujos. Brujos que llevarían a ese demonio lejos de cualquier plano del que pudiera retomar su forma material. Adrianna no había dormido, ni comido. Se alimentaba de frio y dolor, era llamada la “dama de hielo” por el resto, al verse tan imperturbable, tan poco humana, pero poco conocían de ella, pues sentía cada emoción como suya, solo acallaba su voz y su ser solitario se granjearon el mote. Pero no le interesaba, solo acabar la misión de sus padres, la que ellos debían haber terminado, era lo que ella necesitaba.

Al anochecer, los rugidos eran demenciales, los cazadores, atacaban desde todas las posiciones, pero no parecían herirlo lo suficiente para que los brujos pudieran ayudarlos.

- Alguien tiene que perforarle el corazón, pero puede salir herido. –  Adrianna oyó a los brujos hablar preocupados de que no pudieran cumplir la misión. Ella tomo a Luciel, sin pensarlo. Rompió su posición,  se acercó al demonio, deslizándose bajo él pese a los gritos de los demás. Sabía que iba a morir, ¿Qué mejor que arrastrar con ella la bestia que comenzó todo? Luciel brillo y atravesó el tórax, el icor manaba quemando su piel y ropa, no la concernía, el dolor pronto sería un recuerdo, un mal sueño. La bestia la observó y alzo su garra, lo percibía, la mataría. Aquel momento parecía congelarse, y pese a su agilidad, la atravesó a ella. Aun así no aflojo la presión, hizo que la espada atravesara el cuerpo con un crujido.
- ¡AHORA! – gritó colérica. Los cazadores se movieron con agilidad consiguiendo debilitarlo. Los brujos comenzaron a salmodiar creando sellos para atraparlo. Ella no era capaz de respirar por más tiempo, escupió sangre que se le atraganto. Grabó en su mente la mirada de la bestia, con una sonrisa. “Estas muerto, aquí y en el infierno, maldita bestia, padecerás lo que me quitaste” recapacitó triunfante y sus ojos se cerraron.

Lo siguiente que vio, según la información y la sorpresa, es que llevaba dormida un mes de fiebres. Un mes donde sus sueños premonitorios hablaban de ángeles, estaba entre ellos, cuidaba de uno, hasta que fue capturado por un mortal. Al ver ella imagen del ángel Raziel hablándola, creyó que era la señal de que iba a morir. Pero despertó sin explicaciones: Sus heridas físicas desaparecieron en semanas, pero la vida de quito algo más de ella. La marcó para siempre, su venganza estaba cumplida, pero ¿A qué precio? “Prefiero esta muerte, terminé lo que mis padres empezaron, ellos descansaran”. Necia, se dijo pasados los años, necia cría, podía ser adulta pero nada había aprendido. La venganza no devolvía vida a los muertos. No le curaba ese dolor dentro de ella, solo la envenenó, ahora debía arrastrar ese castigo hasta el fin de sus días.

Adrianna regresó al presente, al oír las palabras de Magnus. ¿Su sangre? ¿Podía contener algo especial? ¿Era nephilim? ¿Cómo había sobrevivido a esa muerte? ¿Qué contenía la vida que fluía en sus venas para burlar el veneno de un demonio? Nunca supo respuestas a esos interrogantes, y ahora Magnus quería descubrirlos. No, no era lo mejor destapar viejas heridas, no llegaba a comprender si estaba preparada para esa verdad.

- Si Lady Gaga me abdujo, ¿No te lo conté? – respondió mordaz tratando de no darlo importancia. No quería que ahondara en su pasado, las personas que lo vieron la trataron como una loca, no quería repetir aquello, nunca más. – Quería que la compusiera un par de canciones, o me convertía en uno de sus monstruitos, acepte y me libero. Fin del tema. –concluyó apartando la mirada, no sabía ni sabría mentir era uno de sus defectos ¿O era una cualidad? Uno de los signos que la delataban se trataba de la incapacidad de mirar a la persona que mentía, a los ojos. Quizás por vergüenza, pero no conseguía alzar la mirada. Para encontrarse con Magnus, aquella persona a la que tanto estimaba, y engañarla, no lo consideraba justo después de ser su confesor, de estar con ella y animarla, de ser su tabla de salvación. Pero también opinaba que no explicándoselo, cometía el mismo pecado. Soy nephilim desde que nací, nada extraordinario me pasa. – se apartó para dejarle hacer su magia con el frasco lleno de yin fen y sangre, sin duda el brujo tenía una gran idea entre manos, y le apenaba no poder disfrutar de su dicha con él.

Estaba  distraída mirando por la ventana contemplando el paisaje. Cuando parecía que había terminado, orgulloso. Ella trató de dibujar la mejor sonrisa, una máscara, de la que antes era capaz ¿Por qué ahora no? Posiblemente, porque era él, era su confidente, sabia de ella más que nadie ¿Cuál era la razón para ocultarle eso? ¿No merecía saberlo? No, debía saberlo, solo que no permitiría que esa razón fuera un quebradero más en la cabeza del brujo, ya tenía suficiente.

- Paténtalo. Dentro de poco oiremos “Magnus Bane vuelve a revolucionar el mundo con otro de sus brillantes logros...”  Y esas ideas se suelen pagar bien…– le animó, sentía al vampiro al borde del colapso. Era una egoísta, hacerle cargar con sus problemas,” idiota, mantén la boca cerrada” murmuró para sí misma. – Miraré que podemos cenar. –abrió la nevera, si era ya caótico en su propio dormitorio, la nevera no escapaba de ese caos. – Mejor pedimos comida a domicilio. – rebuscó los panfletos de los distintos restaurantes. – No tengo muchas ganas de un indio. ¿Qué te parece un chino? No creo que tarden mucho. –fue a coger el móvil cuando alguien la detuvo, Magnus estaba ante ella, sujetándola el brazo.- ¿O-ocurre algo? ¿No quieres chino? Entonces pediré otro. –pero parecía que los ojo gatunos del gato no hablaban de comida, sino algo más serio. – De nuevo te pido disculpas por lo de la gota de sangre.  Es mas ahora, iba a buscar una tirita. – trató de no darle importancia. Pero allí estaba Magnus, y juzgaba que no se había tragado sus “ensayos” de mentiras.

El temor se extendió desde el brazo hasta el último nervio del dedo pequeño del pie. “¿Qué viste nephilim en tus premonitorios sueños? ¿Eran retazos de verdad? ¿Eran imaginaciones? ¿Por qué sobreviviste a esa muerte segura? ¿Serás capaz de abrir una vieja herida, un dolor oscuro y sin límites? ¿Qué tratas de encontrar? ¿Una respuesta de quién eres? ¿O una justificación para poder dormir tranquila? ¿Estás preparada para la cruda verdad, o pretendes seguir en ese sueño profundo fingiendo que nada ocurrió?” Coreaba su mente, oponiéndose a ella y aquel estado de perfecta calma, una máscara que había tejido meticulosa de descubrirse “humana”, quebradiza como los demás nephilims.  Miles de interrogantes, a gran velocidad, cruzaban su mente. No tenía tiempo a responderlos a todos, perseguía saber pero no conocía hasta que nivel podían ser las heridas del pasado tan profundas.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Ago 17, 2013 10:02 pm

La sonrisa del brujo se mantenía expectante ante tales señales. Estaba en lo entendido que todos tienen secretos, él tenía bastantes que si fuesen contados a alguien, sufriría de locura. Pobre aquel desgraciado que conociera uno de los secretos de Bane, pero también se convertiría en un ser poderoso, con toda esa información en sus manos. Uhmmm, se le antojaba desastrozo, el final de una de las eras de placidez. Aún sabiendo que escondía sus propios secretos con recelo y astucia, se indignaba por no conocer el de los demás. Claro está que a veces prefería no saberlos, la migraña y preocupación por los ajenos era causal de migraña. Lo odiaba.

Mentía con cinismo. Bane solo la observó unos largos segundos en que el nerviosismo coloreó su rostro y llenó su mirada de un pigmento lleno de tensión. Podía ver su mandíbula tensa, su postura rígida y la mirada distraída en algún punto lejos de las orbes felinas del brujo. Callaba, guardaba sus secretos con el mismo ahínco que él. No podía culparla, "después de todo, ¿quién eres tu para juzgar? No eres más que un brujo, un subterráneo. No te creas tan importante, Magnus, no eres más que un instrumento para esos Hijos de Razhiel" la vocecilla de su mente se aclaró con una risilla cantarina que poco a poco perdió nitidez hasta perderse en la quietud de sus pensamientos dirigidos a la salmodia elegida para la bebida. Era perfecta, sin duda y estaba seguro que funcionaría sin fallo alguno. La "cura" momentánea, al menos en lo que los demonios seguían rondando.

—Como Beethoven dijo alguna vez, muy acertadamente "No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido"—. Sostuvo el libro y su mirada se mantenía baja en las finas letras llenas de malos presagios, antiguos, olvidados. Situó la botella sobre la mesa en cuyo interior la calma era provista de un líquido intensamente rojo. Olía a hierro propio de la sangre, el aroma del Yin Fen estaba perdido en aquella sustancia viscosa amada por los vampiros. Soltó un suspiro dejando salir el aire lentamente, deslizó la botella al centro de la mesa y en el borde colocó el libro de lo Blanco. Entonces, todo comenzó...

Chipas azules lamieron la mesa, de orilla al centro con rapidez, como si fuesen pequeños rayos surcandos los cielos. Se movieron de prisa hacia la botella, treparon crepitando en el momento en que tocaron el cristal. La monserga dio inicio con un par de palabras que escalofríos causaron en él, sonaba primitivo y rimbombeante en la boca del brujo. Su magia se adhería a él como otra piel como si de purpurina se tratara. Sus dedos se movían impetuosos y sus uñas parecían brillar tintadas en locura azul, chispeante. La salmodia se elevaba unos tonos por arriba del murmullo en que empezó, era casi un cántico en una de las lenguas más antiguas conocidas por el hombre. Solo los Hermanos Silenciosos la conocían pues eran herencias únicamente de los brujos. Sonaba casi igual que si blasfemaras contra de tu poderoso Dios. El líquido se volvió a azul, producto de la magia del Hijo de Lilith. Se llenó de vigor que burbujeaba gracilmente y un fino humo ascendía entre cada vocablo. Poco a poco la voz del brujo se elevaba y todo a su alrededor se llenaba de frágiles hilos de magia mismo que caían de la mesa y seguían un camino diferente. No era un problema, solo era demasiado poder puesto en aquel hechizo, culpa suya muy poca, se debía al hecho del descontrol inconsciente.

Seis minutos para ser precisos fue lo que demoró en que la solución volviera a ser de un intenso rojo, escarlata. La habitación se llenó de su aroma y Bane sintió que se le removían las entrañas apenas terminó. Toda la energía regresó como culebras a sus delgadas manos hasta que dejó su cuerpo cargado de cansancio. Se tambaleó tocando el puente de su nariz. Un segundo más tarde y escuchó la voz de la nephilim, el aroma estaba casi extinto y el cansancio se sintió colarse a sus huesos para no abandonarlo jamás. Sonrió. Agitó sus manos y colocó la tapa a la botella, aún conservaba el calor.

—Excelente, patentarla— murmuró con desaliento. Decir que se sentía cansado era un eufenisma bastante perturbador, era correcto decir que estaba agotado, fatigado e irritado. —Dudo que alguien pudiera hacerlo, es una locura, además los vampiros no van a aceptarlo como nueva fuente de vida, no es adecuado— sacudió sus brazos queriendo alejar los escalofríos, chasqueó los dedos para esconder su querido libro y la botella también abandonó la mesa.

Estaba más que claro que este "experimento" habría fracasado de no haber sido por la cazadora. Ahora bien, Bane podría y realmente quería dejarla en paz con todo éste asunto de su secreto, pero lo cierto era que no podía, algo había pasado con la sangre y el afamado plasma, la necesitaba para algo más que una comida china.

—Muy bien, sé que ese pintoresco músico tenía razón acerca de los secretos, pero,— tiró de su brazo, le quitó el móvil y prácticamente la obligó a sentarse, no como alguien autoritario sino porque él mismo necesitaba de ese merecido descanso —creo que merezco saberlo,— dicho esto, se tumbó alargando las piernas con la ceja levantanda y los brazos cruzados sobre su pecho. —¿Y bien? Si sales una vez más con el cinismo de un cazador de sombras, hazme el favor de ahorrártelo y mejor ve a tu habitación.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Ago 18, 2013 9:44 am

La nephilim le contempló, no se requería empatía para saber que estaba enojado. Se lo habría contado tiempo atrás, pero siempre recapacitaba que no merecía cargar el también con ese peso. Pero para eso están los amigos ¿No? Para aliviar el dolor, apoyarlos cuando se concebían quebradizos y luchar junto a ellos cuando su energía volvía a emanar. Conllevar alegrías y tristezas, experiencias, reflexiones, consejos.  Eso diferenciaba a un conocido de un buen amigo: Magnus había aprobado con excelente nota, incluso se había ganado un puesto que nadie podría llegar a alcanzar, en la vida de esa nephilim.

Pasó las manos por el rostro y se quedaron sosteniendo los cabellos. ¿Cómo empezar a contarle a tu “hermano” que estabas combatiendo en el filo de la vida y la muerte por una irresponsabilidad? Su mirada era suficiente condena para comprender que había hecho mal en no contárselo y mantenerlo en ese tema al margen. Suspiró, sosegando su respiración, encontró un cojín forrado de tela artificial de tigre, y lo abrazó contra ella, intentando sofocar cualquier intento de llorar.

- ¿Recuerdas cuando te escribí sobre que encontré al demonio que mato a mis padres? Pues sana y salva como dije, no quede, sana no al menos. – intentó no ironizar el asunto, pero le salía solo. Era un gesto involuntario del subconsciente.- Lo encontramos,  pasamos varios días estudiando posibilidades para neutralizarlo mientras algunos brujos le sellarían en otra dimensión. Nos pareció bien, brillante pensaba yo, pero cuando nos enfrentamos a él. Parecía que estábamos haciéndole mimos más que tratar de herirle. Bueno ya sabes cómo son los demonios mayores, no es que nos pusiera las cosas fáciles, oí a los brujos mencionar que tendríamos que herirle en el corazón para debilitarlo. Y sin recapacitar en nada, me arrojé bajo sus patas y le atravesé con Luciel.

>>”Aun recuerdo como quemaba el icor en las manos, pero no solté la espada. Creo que el dolor incluso me proporcionó más fuerza, pero no el demonio no se detuvo. A cambio me ataco, sus garras perforaron lo suficiente del corazón para saber que no viviría más. Terminé de clavarle Luciel, oí los brujos salmodiando en griego antiguo. Después no recuerdo mucho más, todo se disipó para mí.

Pensé que estaba muerta, tuve muchos sueños, pero sobre todo, sueños de ángeles: Yo custodiaba de uno llamado Ithuriel: al comienzo temía de mí tanto como yo de él. Era un ángel, yo una nephilim, no llegaba a comprender su recelo. Pero al final me tuvo estima y me hablaba, aunque no comprendía nada de su lenguaje. A veces, en el presente,  puedo percibir el tacto de sus cabellos, el calor de su mirada, aunque supongo que era un sueño muy vivo. Algún tipo de recreación para ser más real a mi vista. Él me necesitaba y yo le cuide tal y como una madre. Pero un día evaporó, trate de buscarle en vano. Los demás ángeles decían, o me enseñaban mejor dicho a través de imágenes y recuerdos, que había sido encadenado por un mortal. Entonces vi la imagen de Raziel que me hablaba a mí. No era como las imágenes del instituto, estaba vivo,  era hermoso y aterrador al mismo tiempo. Supuse que ya era el fin de esos sueños, lo sentía, era extraño pero deliberaba que ya llegaba mi momento. Me resultó agudo, dormir era más difícil que morir, y lo acepté. Había llevado a cabo lo que mis padres no terminaron, lo que le quito la vida no volvería.

Desperté, en un rudimentario hospital del poblado del que partimos, mis heridas físicas habían desaparecido. Pedí explicaciones, me contaron que pase un mes entre sueños, incapaz de despertar, con fiebres altas. Algún tipo de milagro, fue el pensamiento general, pero yo sabía que algo iba mal. Al poco tiempo, lo descubrí, las heridas del corazón, estaban selladas pero contenían dentro esencia demoniaca, y esa fluía por mi sangre, mermando mi fuerza.  Encontré un remedio, la savia de una planta de origen casi divino, como el lago Lyn. Me lo explicó un chamán, eran lágrimas de ángel, neutralizarían el veneno que me debilitaba. Padecería un día fiebre, pero después mi sangre estaría limpia. No me lo creí mucho, aun así hice de cobaya ¿Qué iba a perder? Estaba casi muerta. En aquel momento comprobé, que la planta: creaba más glóbulos blancos, resistentes, que eliminaron el rastro de veneno de mi sangre. Volvía a vivir, pero dependiendo de ella, como si el yin fen me salvara la vida, debía tomarla cada cierto tiempo. Era esperanza que yo había perdido,  así que te escribí omitiendo ese detalle. No porque no merecieras saberlo Magnus, sino que creía que yo sola debía soportar mi sentencia por arrogancia y vengarme.

Sabes, tuve otro sueño: ángeles unidos con otras razas, peleando contra los demonios, sus rostros se me grabaron. Cuál fue mi sorpresa al ver las mismas caras peleando en la Guerra Mortal, pero los ángeles éramos los nephilims. Me mandaron después dela pelea, a investigar al lago Lyn. Cuando llegue, aprecié como si se vaciara mi corazón, aquel lazo con Ithuriel desvaneciera. Sé que parecen locuras, pero fueron muy reales para mí, no sé si fueron delirios de la fiebre, o sueños reales. Mi madre era clarividente, y yo lo heredé, pero nunca entrené, ni se lo dije a mis padres.  Fue la misma sensación, que la noche que soñé con su muerte,  lo vi todo. Me hice miles de preguntas cuando regrese de Idris ¿Esos sueño fueron reales? ¿Me salvaron de la muerte, querían decirme algo, advertirme de un futuro? Obviamente, no encontré respuestas, solo vivir con esas dudas.

- Magnus – miró al brujo seria .Sin ganas de bromear ni de resultar satírica confesando algo que mostraba su debilidad de par en par. – Ahora parece que se está abriendo una puerta del infierno en Nueva York, los vampiros están insaciables. Los hombres lobos más violentos, vosotros los hijos de Lilith, tenéis vuestros poderes trastocados. Los demonios no paran de salir de todas partes, es todo un maldito caos. ¿Y qué encima de todo tengas que cargar con mi problema? – la joven se puso en pie y ando hasta la ventana, clavando su mirada en el atardecer, como el sol desaparecía a través de la línea del horizonte. Acarició el cristal de la ventana, como si intentara atrapar el sol con las manos. – Pensé que mejor era no obligarte a llevar esa carga, con lo de ayudar a Raphael, mira como estas, no soporto verte así de agotado. ¿Darte otro problema para no dormir? Pero estabas en tu justo derecho. – su voz se desquebrajaba. – mereces saberlo, y ya lo sabes. Peleo por vivir, más cerca del borde que el resto de nephilims. –recordó lo que ocurrió con la botella de sangre y el Yin Fen, la gota que había bastado para crear algo que el brujo trataba. - Quizás por eso funciono mi sangre, tiene parte de demonio.  Los demonios son capaz de reproducirse, y crearon razas. Quizás es capaz de crear vida, pero en mi sangre es veneno. – se frotó los ojos. - ¿Un castigo justo, no? La venganza no me sirvió de nada, no trajo a mis padres de nuevo a mi lado, ni me quito dolor. ¿Pero que iba a hacer? Había perdido a mi parabatai, y después a mis padres. –las palabras apenas podían brotar de su garganta dolorida. - ¿Era justo quitarme todo eso? ¿Qué endiablada enseñanza querían que aprendieran arrancándome lo que amaba? Sé que no somos inmortales, pero apenas tuve tiempo para guardar el luto por Christine, y me quitaron a mis padres. Me sentí sola, abandonada, deseaba venganza, era lo único que me dejaba vivir. El dolor era desgarrador, pero concentrada en resarcirme, mi vida no parecía tan caótica, tan vacía…como si fuera una pieza de ajedrez. Un peón que nada importa. - Apretó las manos, casi sin voz. Las lágrimas desquebrajaban su imagen dura, dejando ver lo frágil de era. Una figurita de cristal, en una jaula, quizás era una imagen abstracta, pero definía muchas veces lo que consideraba. –  Así que ya lo sabes todo, en fin se me quito el apetito. Será mejor que me vaya a dormir. – sugirió no muy segura, no pudo evitar buscar refugió en los brazos del brujo, tampoco era capaz de dormir.

Las lágrimas le empañaban la vista, la garganta le estallaría en breve. Tenía miedo, no por la muerte, sino lo frágil que era en realidad, lo que no quería ser. Peleando por resistir, sus barreras se rompieron en aquella confesión. Ante la única persona que vería la auténtica y delicada Adrianna, quien se había ganado aquel lugar en el corazón de la nephilim, y su estima.

- Por cierto, discrepo en lo que dijo Beethoven, sería un genio en la música, pero los discursos no eran los suyos. – argumentó con la lagrimas deslizándose por las mejillas. Intentando ocultarlas, apartándolas con sus manos.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Ago 18, 2013 1:41 pm

La historia comenzaba como leyenda antigua. Un inicio que prometía batallas, grandes hazañas y desastrozos desenlaces. En lo cierto estaba al haberlo creído así. Era bien sabido que las acciones guiadas por la venganza siempre terminaban en calmaidad, tarde o temprano, quizá algunas fueran de lo mejor. Si, recordaba aquella ocasión en que se vengo de Ragnor por haberle teñido la piel de púrpura, había sido un hecho memorable, desde ese entonces el brujo de los cuernos jamás permitió que Bane se acercara a la chimenea ni a su armario, una pésima combinación. Claro que resultaba absurdo pensar en que eso sería una venganza en el amplio sentido de la palabra, y en nada comparable con esta situación solo era un recuerdo que se escapaba de la jurisdicción de su mente.

Concebía la idea que le mostraba con el relato, practicamente lo podía ver como una película frente a su ojos. Veía a la temeraria adolescente enfrentándose a un feroz demonio, la palidez de su piel brillando por las piedras que sus compañeros sostenían, el fantasmagórico brillo de las estelas y su cuchillo serafín tintineando próximo a ser el contacto de vida y muerte para el demonio. El grito de furia al saberse perdedor de esa gran victoria, la desesperación sentida y el toque que le daría satisfacción en el último segundo. Tal como muchos demonios mayores lo hacían, envenenar a sus contrictantes para no perecer solos. En la mayoría de las ocasiones los Hijos de Razhiel morían heroicamente, pero algnas veces eran tocados por la mano de su padre y eran "iluminados". ¿Por qué no le sorprendía que Adrianna fuese una de esos iluminados? Se cuestionaba el porqué justamente él, Magnus Bane, tenía que toparse con este tipo de personas. ¿Acaso ésto era una broma de Razhiel o iba en serio todo eso de que era un instrumento para sus hijos? Pero la pregunta más importante ahora, ¿por qué el Yin Fen entraba siempre en sus vidas? ¿Qué escondía ese polvo?

"Así que premoniciones" pensó agotandose en el acto. Como le apetecía acurrucarse en su cama y dormir hasta que el final de ésta década tocara su puerta, quizá un poco más. Conocía que ella tenía ciertos dones de clarividencia, su madre era virtuosa en ello y muchas veces Bane compartía esos parajes soñados. No muchos brujos podían desarrollar la habilidad de sueños reales, y esa humana lo compartía con él. Pero de eso hacía mucho y Adrianna lo tenía en menos magnitud, nunca supo hasta que punto eran reales o que tan precisos podrían ser. Ahora se daba cuenta que eran bastantes exactos, solo que la interpretación es la que faltaba..., armonizar.

Se inclinó hacia el frente colocando sus codos sobre las rodillas. Su rostro yacía entre sus manos, intentaba pensar pero las ideas eran hilachos sin sentido. Pensaba en Alec y su carecente capacidad de expresarse, incluso ante la muerte de su hermano menor; en Jace un Heróndale, con su gran linaje que siempre, en cada instante se metía en la vida del brujo con todas esas vivencias tristes y toma de decisiones difíciles; en Clarissa y los recuerdos que le quitó, tan orgulloso se había sentido de ese trabajo y ahora culpable se sentía por haberle robado parte de su visión; Adrianna y la carga emocional, desgaste físico que le hacía avergonzarse hasta de la delibilidad que no poseía. Cargas, demasiadas cargas que todos debían afrontar. Imposiciones tan complicadas como la muerte misma.

—¿Acaso te he pedido que cuides de mi?— murmuró, su voz amortiguada por las manos en su rostro. Echó la cabeza hacia atrás mirando el techo, las manchas del correr de los años mostraban fragilidad, justo como la que ahora acongojaba a la cazadora. Suspiró y se puso de pie —Escuchame bien, cazadora de sombras. Este brujo ha soportado décadas enteras usando su magia a diestra y siniestra, a veces no ha sido de gran ayuda porque no todas las cuestiones terrenales y espirituales se arreglan con un puñado de hechizos, pero en ocasiones ha sido mi desgastada magia la que ha ayudado a juvencitos en pañales como tu. ¿Por qué digo esto?— negó y eso le causó una terrible jaqueca —por Lilith, pude haberte ayudado, estúpida nephilim. ¿Es que tengo que poner un letrero de "El Gran Brujo de Brooklyn en ayuda de TODA la comunidad nephilim"? Creo que tu ya estas contemplada, además no estaré cargando con tus problemas ni con los de Raphael. Este también es mi "mundo", no puedo hacer vista gorda con los problemas de los subterráneos porque formo parte de ellos, aunque me sea desagradable aceptarlo. No me desgasto para salvarle el pellejo a Raphael, sino para socorrer a todo un séquito; no te equivoques, y me veas como un ser benevolente con todos, el ayudarle viene con una factura muy costosa, que por cierto, cobraré cuando a mi se me de la gana, para que lo sepas.— sonrió muy a su pesar —yo no voy a cuestas con cargas ajenas, yo intento ser de ayuda para aligerarlas, más cuando se trata de mis..., camaradas.

"Pobre criatura, tener que pasar por esto sola" se acercó a ella y la rodeó con sus largos brazos. Había oído que los Hermanos Silenciosos estaban por encontrar la salida a la adicción de ciertos polvos, por no mencionar más. Bane comenzaba a plantearse la idea de llegar hasta ese antídoto en combinación con los nephilim poseedores de las runas más tétricas del submundo.

—Voy a necesitar de tu sangre— su sonrisa se ensanchó —descuida, no pienso clonarte, prometo darte los créditos que mereces— le dio palmaditas suaves y acarició sus cabellos. Odiaba ver llorar a alguien tan lastímeramente como a ella, y pensar que justamente esa noche volvería a consolar a un nephilim, sus fuerzas se irían con todo esto. —Encontraremos una salida a esto, eso y que mañana me hablarás de tus sueños. ¿Sabes que tu madre y yo compartíamos cada una de nuestras premociones? A veces son solo corazonas, presagios que pueden ser manipulados con simples decisiones y otras son hechos que ocurrirán aún cuando cambies la balanza del tiempo. Si tu posees un arma tan ventajosa como esa, debes usarla, eso y por ahora tu sangre que servirá a los vampiros, después encontraremos aquello que la hace "especial" y dejarás de estar en desventaja con los demás cazadores— retiró una de sus fugitivas lágrimas en su mejilla —temo decirte que el duelo, no es algo que se debe permitir en nuestro mundo. Desperdiciamos nuestro tiempo en banalismos como el llorar a los seres que se nos han ido, cuando lo único que ellos hubiesen querido es que vivieramos de la mejor forma posible, y tu— sus ojos gatunos se contrajeron iluminados con orgullo casi paternal —lo estas haciendo Banesticamente bien, y si, use mi genial apellido como un verbo de la genialosidad— unas palmaditas más y se alejó chasqueando los dedos, la humeante comida china apareció en un pulcra mesa. Bane, le hizo una seña para que se acercara —no se tu, pero yo muero de hambre, hay que cenar y después una muy merecida ducha con burbujas y esencias. Mi cama promete grandes sueños— se sentó y casi sintió que el cansancio mermaba, solo un poco.

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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Ago 19, 2013 9:30 am

Magnus la había escuchado sin ni siquiera interrumpir su leve llanto, así que cuando oyó aquella “reprimenda” acepto que se ofuscara, y entre líneas, demostrara que estaba allí siempre que le había necesitado, y seguiría estando.  Le percibía, entre la delicada línea de la extenuación y desesperación, pero mágicamente el brujo sorteaba esos sentimientos con gran agilidad, volviendo a la carga, con las energías al máximo, sin duda era una estrella capaz de brillar ella sola. Alumbrando el basto cielo de Nueva York.

- Igual si pusieras un cartel luminoso, como en las Vegas. – completó sin darse cuenta y al ver su ceja escéptica capto el mensaje. – Ya, me guardo el sarcasmo.-  No era el momento adecuado y aceptaba que el limite podía estar más cerca de lo imaginable. Aunque creía que iba a recibir una soberana charla casi paternal, el brujo se apiado. – De acuerdo, no me importa dar sangre, si bien preferiría quedar en el anonimato, no quiero que me sigan los vampiros. - ¿Dos Adrianna Birdwhistle? Con una, el mundo todavía no se acostumbraba, dos sería un cataclismo. No pudo sino hacer un amago de sonrisa al comentario de Magnus. - La clonación está todavía en fase de desarrollo, aun no tuvo resultados totalmente positivos en animales, como para crear un clon del ser humano. – la reproducción de aquella oveja, parecía un salto científico.Pero al tiempo vieron que sin querer le habían reproducido la misma edad que la original, y acabo muriendo antes por enfermedades impropias de su momento de gestación.  Una trágica historia, que seguía poniendo trabas a la investigación científica. – Mi madre me mencionó algo, incluso transcribía sus sueños en un diario, pero eso era algo que no me termino de contar. – La asombró, creía saber todo sobre sus padres, pero detalles seguían ajenos a ella y Magnus demostró que totalmente no conocía a su madre. Sabía que era una poderosa clarividente, que sospechó de que su hija pudiera heredar los poderes. – Yo la mentí sobre mis sueños, una noche les oí. Decían, que ya era bastante con la empatía, para que tuviera que acarrear con el talento de mi madre. – Añadió con tristeza, sus padres estuvieron preocupados por la empatía, para que llegara a comprenderla y aprender a controlarla que eclipso la visión de sueños sumamente inconfundibles, casi reveladores no obstante de extrañas formas. - Así que lo callé y fingí que no veía nada. Me resulto fácil, pero con los años aumentaban los sueños, costaba más ocultarlos. – probó recordar donde acabó aquel diario.- Mi tío lo quemó, decía que no eran útiles, que solo fue un error dejarla desarrollar ese don. Estaba furioso, pero yo no me quede quieta. Antes de quemarlo, lo transcribí al completo en el mío. Le llevo encima, tendré que dejártelo. Hay algunas que escribió un día antes de morir, tal vez te gustaría echarlas un ojo.

Los sueños eran un terreno un tanto misterioso: Poder ver el futuro de una manera extraña, metáfora tras metáfora, un verdadero clarividente era capaz de desentrañarlas. Ella por lo contrario desconocía el sentido de muchas de esas metáforas. Magnus tenía razón, a veces parecían corazonadas, que una capacidad de ver lo que ocurriría después. Otras una interpretación de la vida real, sacada de las líneas de lo real, ahondando en el mundo paralelo de la imaginación. Obviamente sabía de qué el brujo tenía esa capacidad, varias fueron las veces que le oyó y al instante su sangre se heló en esos momentos. Pero era un brujo, no era tan insólito. Una capacidad así, era normal que existiera en su eterna vida a diferencia de un cazador de sombras: Los dones asociados con algo cercano a la magia eran anómalos y casi extintos. Aquel mensaje caló hondo en la joven cazadora: El mismísimo Magnus Bane iba a entrenarla, la llenó de ilusión y se sintió especial, en un sentido connotativo positivo, pocas personas conseguirían expresar aquello.

Agradeció el cariño del brujo, con él, no hacía falta más familia. Parecía haber asumido ese rol si bien lo negara. Era un padre peculiar, lo suficiente para que ella no se sintiera tan sola. No toda la familia eran los parientes de sangre, muchas veces eran las personas con la que creabas lazos lejanos a la similitud sanguínea, más poderosos, a través del afecto profesado. Magnus apareció en su vida por una razón, y daba gracias de que así fuera, de no ser por él quizás ella hubiera abandonado la esperanza de vivir mucho antes. Sería incapaz de agradecérselo eternamente, puesto que su vida no era infinita como el brujo. Pero algún día, se lo compensaría del todo.

- ¿Banesticamente? Sin duda es una creación con estilo, me gusta, deberías usar ese adjetivo más a menudo. –sonrió por fin, cierto, sus padres habían querido su felicidad, no llorarles toda la vida. Además Christine le pidió que fuera fuerte y feliz por las dos. Evocándolos, las lágrimas quedaron en el olvido. – Muchas gracias por pensar eso de mí, lo cierto es que tu apoyo me sirvió de mucho. Así que el mérito es también tuyo. – Como siempre chasqueó los dedos y ya estaba la cena recién hecha, no es que lo viera mal, la encantaba verle hacer magia, era como ver el libertad a una pantera. Majestuosa y hermosa, tal y como lo era la magia, una conexión con la madre tierra. Pero si se podía llamar al local y esperar, ¿Por qué no hacerlo asi? Pero no ambicionaba discutir, así que se acercó, y el aroma le abrió el apetito. – Por el Ángel, todo huele tan bien, tallarines, rollitos de primavera sin carne. Me asombra tus conocimientos de mis gustos-abrió una cajita y resopló agotada, volviendo a cerrarla. - ¿Has pedido gambas en tempura? En fin – hizo una cuenta atrás con los dedos ante el brujo, al llegar a cero había un pequeño acompañante a la cena. – Nunca falla, no sé cómo tiene ese olfato, a este ritmo parecerá una bola peluda.

Pero no pudo resistir la mirada del gato. Este conocía cómo obtener algo de comida, en contra de la voluntad de su dueña. Había desarrollado esa capacidad, aprovechando su cariño, desarrollado durante todo aquel tiempo, juntos. Se estaba merendando él solo la gamba, cuando Presidente Miau maulló exigiendo un poco. Al final ambos gatos comían juntos bajo la mesa, Adrianna tomo los tallarines y un par de palillos. No era tan difícil manejarlos, posiblemente influía el haber vivido en esos países y haberse acostumbrado a esos dos trozos de madera que desempeñaban la función de los demás cubiertos.

- ¿Ducha con burbujas y esencias? ¿No querrás decir que te arreglas para ir a ver a cierto nephilim que empieza por “A”? – inquirió dibujando una sonrisa. No era provocarle, todo lo contrario, se alegraba de saber que Magnus había encontrado un amor. O al menos un comienzo, nunca le definió el punto exacto de la relación, ni esperaba que lo hiciera. Eso formaba parte de su vida privada, en la cual cada uno guardaba sus secretos.Yo que tú me liaba la toalla a la cabeza, y me iba con quien quiero de tour por Europa, enviando postales para comunicar al resto que se sigue vivo. – Era algo que tenía planeado, pero miserablemente no tenía compañía para disfrutar más aún de cada país. Si se paraba a abrir el capítulo de su vida amorosa, era para cerrar el libro y quemarlo. Había cortado definitivamente con el vampiro, y ahora estaba en una fase de recelo, ya había sufrido bastante. – Me dais un poco de envidia, mi compañía es Cumbres Borrascosas, u Orgullo y Prejuicio. Ojala encuentre alguien que me quiera…- se sonrojo mientras daba un mordisco al rollito. – Sí, soy una romántica empedernida, ya lo sabes de sobra. – se rio de sí misma, sabía que no tenía remedio alguno, un romántico, era demasiado soñador para encajar en la vida real. La cara de Magnus no es que parecía querer ser comunicativo en el tema, al menos ella lo comprendió así. Buscó otro tema: Sueños, tenía pregunta por un sueño que tuvo lugar meses atrás.Dime Magnus, ¿Alguna vez has sonado con una persona con alas de demonio? Una vez se me apareció, y sentí como si la oscuridad me engullera, me devorara, me desperté con sangre en las manos, me había clavado las uñas en la palma de la mano, no sé cómo diablos lo hice. El sueño, no lo comprendí,  es como si se tratara de un anuncio de que este caos fuera solo el comienzo. – se quedó pensativa, terminándose los tallarines. Al instante desecho la idea, “¿Gente con alas de demonios? ¿No viste nada mejor, Adrianna?” se regañó a sí misma, negando con la cabeza. – Tonterías mías, absurdos sueños, como que un grupo de gnomos de jardín nos esclavizaban y obligaban a vestir como ellos ¿te lo puedes imaginar? – se echó a reír de imaginarse a los dos vestidos de esa manera, y los gorros rojos, daba la risa.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Lun Ago 19, 2013 6:32 pm

—¿Disculpa?— se fingió el ofendido retirando una pelusa de su camiseta sudorosa. —Al parecer aún no sabes con quien estás tratando, terroncito, pero éste brujo podría clonar hasta su magnífica persona si se lo propusiera, lamentablemente, no me interesa mucho la ciencia; prefiero el vivir sin interferir en el camino del todopoderoso— dio un tirón a su camiseta para bajarla, no se había dado cuenta que su plano estómago estaba expuesto. "Ahora entiendo porqué tenía frío" se dijo, sabía que todo éste escalofrío no era producto de la temperatura de su cuerpo y menos relacionado con la minúscula tira de piel expuesta a un ambiente caluroso después de toda esa magia, esto iba mucho más allá y se sentía ligeramente impaciente. —Debería donarte a los vampiros, seguro que ellos me estarán eternamente agradecidos con toda esa sangre. Uhmmm, ya me veo en algunas décadas con Raphael debiéndome un inmenso favor... oh, cierto, ya lo hará con esta poción— sonrió gustoso moviendo sus dedos gracilmente.

La idea de tener a Adrianna allí para poder descifrar sus sueños se le antojaba desgastante, pero alucinante. Amaba poder desentrañar los acertijos de la vida puestos en sueños sin sentidos. Él tenía varios sueños recurrentes, la mayoría de ellos se cumplían con una precisión absoluta, siempre eran maleables, podrían ponerles fin, lo complicado aqui era que Bane poco se acordaba de sus sueños, eran meros espejismos y su falta de atención jugaba un papel importante. Distracciones tenía miles, como su nephilim que robaba su aliento hasta las mareas descontroladas de los demonios en Nueva York. Ahora podría tener a la aliada perfecta con quien fingir ser un hermenéutico de la clarividencia. Y, sinceramente le gustaba. Claro estaba que sería pesado, ella una jovencita con tanta energía y sed de conocimiento requería tiempo, mismo que el brujo poco poseía en éstos últimos días. Qué frustrante.

—Eres tan...— dio golpesitos con las yemas de sus dedos sobre su frente de mera exasperación. "Tranquilo brujo, tranquilo. Recuerda que los niños tienen miedo de ser tan diferentes de los demás, no todos son lunáticos temerarios como tu. No olvides que posees más secretos que cualquiera y no eres de esos que estan divulgándolo porque al igual que ella tienes consideración para con los que te rodean" suspiró. Consideración, qué tontería, Bane era poco sutil, nada acomplejado pero un hombre muy reservado en ciertos aspectos. Uno de ellos, su privacidad. Por supuesto, todos sabían que era el Gran Brujo de Brooklyn, el que había —en colaboración con un ingenioso cazador de sombras— creado el portal de las dimensiones, venga, eso último nadie lo conocía. Eran tiempos tan pasados que incluso solo sabían que existían esas puertas como mecanismo de transporte. Pero, pocos sabían que él era...

—Por supuesto, no sé que has estado esperando para darme ese diario tuyo— dijo con un repentino chispaso de energía. Le restaba poca, pero en momentos como éstos en que se emocionaba de más, podía todavía explotar al brujo que tenía dentro. —Pero dámelo mañana, que si lo tengo ahora en mis manos, la idea de un sueño rejuvenecedor por tres días no será lo que más llame mi atención— el Hijo de Lilith se conocía a la perfección, no soltaría el pequeño librillo sin tener antes las respuesta al menos al 99.9 % de su contenido.

—De hecho, he estado hablando con la Real Academia Española, mi apellido será agregado como un fantástico sinónimo de persona muy guay— abrió la cajilla cogiendo sus palillos, removió el arroz con ese toque de jengibre que tanto encantaba y vertió el pato agridulce dentro. Siempre lo traía en diminutos cubitos para poder echarlos dentro de su arroz, odiaba tener que comer el arroz primero y el pato después. Un todo en uno. —Uhmm, creo que se me olvidó— dijo con medio bocado dentro. El arroz estaba húmedo y caliente que sintió quemar su lengua, aún así a su estado hambriento no le importó solo lo disfrutó. Que delicia el sabor ácido que hacía que sus papilas gustativas gimotearan de placer. Volvió a chasquear los dedos para que cumpliera el gusto de la cazadora. —Serán dos bolas peludas— sonrió llevándose otro bocado a la boca. Perdida estaba la cuenta de cuando había comido por última vez, sería una semana según se dijo, ah, pero justo éste día, apenas comenzada la tarde la misma Adrianna le había traído galletas. Eso ya contaba como una comida.

—Cierto Nephilim cuya letra de su sensual nombre comienza con A, no está disponible en estos momentos ni para éste brujo— dijo conteniendo un suspiro de frustración. ¿Dónde se había metido ese muchacho? A este paso se planteaba el ir a buscarlo a la patagonia o darse por abandonado. Estaba tan agotado que la sola idea de pensarlo le abrumaba. Sí, prefería su ducha con burbujas y esencias. Sonrió ante el recuerdo de que todavía tenía entre sus posesiones el shampoo del nephilim, tenía un lustroso aroma a lavanda.

Enarcó una ceja ante la idea de irse de viaje. Impensable con todas las cosas que tenía por hacer. ¿Postales? Jah, como si Alec fuese a hacerlo, más bien, como si ese testarudo joven fuera a aceptar irse, solos. Descabellado que sonaba. Después de la tormenta viene la calma, decían, pero ¿por qué él solo tenía tormentas? ¿cuando le llegaría la calma? Quizá, si pudiera irse de viaje, lo sonsacaría y lo llevaría a los lugares paradisiacos que él había visitado hace mucho. Quien sabe, igual y su restricción en Perú estuviera olvidada. [/i]Sí, pero suena fantástico"[/i]. La cordial idea de irse con Alec había llenado su cabeza tantas veces, ahora la veía más lejos que nunca. "Lamentablemente".

—Además, no puedo irme con todo éste caos— tomó un poco de vino. ¿Cuándo había traído el vino? "Diablos" ya no lo recordaba, pero parecía ser una buena cosecha. Blanco, español. Le iban más los gustos de viñedos italianos, pero éste restaba el dulzor de su boca y llenaba de frialdad, contrastando con el calor del arroz al vapor. Perfecto para una noche de tanto estrés. —¿Quieres un poco de vino o sigues prefiriendo la leche tibia?— soltó una risita y frente a la chica aparecieron dos copas. Líquido blanco, la leche que empañaba el cristal; el transparente que daba la impresión de burbujear. Bajo la mesa, los felinos maullaron con satisfacción, evidentemente para ellos era la opción de la leche justo como gustaba a Presidente Miau. Una buena cena familiar..., casi. Una vez más extrañó al moreno de ojos azules, gélidos, retadores e inocentes.

Frunció el ceño y apuró su bebida. —Pero que espantosa selección de literatura— negó metiendo un trozo de pato en su boca, y relamió sus labios cual felino a sus bigotes. —Esas historias están tan pasadas de moda, lejos de ser romántica eres masoquista— sonrió frunciendo la nariz —algún día encontrarás a alguien que te corresponda, espero sea pronto. Solo espero que crezcas, tenga un marido y te vayas de mi casa— dejó escapar una risita. La comida en su cajita china parecía nunca acabar y el feliz por el hecho de tener pato agridulce sin cesar.

—No, no— murmuró frunciendo el ceño. Había tenido ese sueño. Hace más de treinta años. Zachariah había intentado descifrarlo junto a Dorothea. Ninguno de los tres supo de que iban aquellos recurrentes sueños del brujo. Después de un par de años se olvidaron de el y continuaron. En el universo REM de Bane existían miles de sueños más importantes a los cuales dedicarles tiempo. Poco después, el mismo brujo lo dejó pasar, como muchos otros tantos. Ahora que volvía a su mente esa imagen grotesca se cuestionó el porqué salía a relucir en estos momentos, con una cazadora de sombras. Esto sería mucho más difícil de lo que imaginó. —Yo también he tenido ese sueño, hace... mucho— se echó atrás hasta que su espalda golpeó el alto respaldo —no me di el tiempo de indagar en él... nada ocurrió, eventualmente, pero quizá, había sido un aviso a destiempo— su índice delineó el contorno de la copa que emitió un debil sonido, la tomó y dio un largo sorbo —es tiempo que vuelva a avocarme a él. ¿Has visto alguna sucesión de imágenes o solo es eso lo que has recordado haber soñado?— "un consejo brujillo, hay cosas que no valen la pena investigar. Esto, es una de esas cosas. Tóma ahora lo que te digo, déjalo en paz..." su bebida se terminó y Bane se levantó para estirar sus largas piernas, son soltar su cajita llena de arroz y pato. Todavía seguía hambriento.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Ago 20, 2013 11:05 am

- ¿Dos Magnus Bane? El mundo no está preparado para tanta genialidad y belleza,  aún no. – Por supuesto que sabía con quién trataba, con el inmortal y genuino Magnus Bane, el mayor brujo que se conocía entre la comunidad de brujos. Era popular y amado por ambos sexos. Sin pelos en la lengua, inteligente hasta el punto de brillar, exótico y podía pasarse toda la noche relatando todos los atributos que los demás le habían otorgado con el paso de años, décadas, siglos. Pero para ella, era la persona que se había ganado el corazón de una niña pequeña, toda su familia, ahora y siempre.Ni se te pase por la cabeza entregarme a los hijos de la noche, estoy harta de colmillos para el resto de mi vida. – se cruzó de brazos, frunciendo el ceño. Por supuesto, era una broma, pero ese tema aun la irritaba con facilidad. Ni siquiera se había a acercado a Raphael, le evitaba, en cierto sentido porque le recordaba a Nathaniel, ambos sostenían en sus manos demasiado poder, eran manipuladores natos, peligrosos. Lo que ella no necesitaba, maldecía a su inquieto corazón, eligiendo tan pesimamente. - ¿Qué? Ya les preocupaba bastante a mis padres que fuera  empática, como para de regalo que tuviera rasgos de clarividente. Además ya me apartaban suficientemente los críos, para darles el motivo de mi absoluto aislamiento social. – se encogió de hombros tratando de defenderse.

Tal vez no hizo lo correcto, pero aún la sociedad de cazadores de sombras, prevenían algunos dones como cosas anormales y que debían ser clausuradas. Ya había combatido suficiente para ser aceptada como empática, sus sueños era un secreto que quedaría en las manos de Magnus Bane. El cuaderno de su madre, era una fracción de su poder, un secreto que también deposito en Magnus. Describían sueños de todas las posibilidades, ella los había reescrito por curiosidad, y comprobó que había acertado en algunos de sus sueños. Pero otros eran una combinación de metáforas tan enrevesadas, que era incapaz de entender. Adrianna obtuvo del original, una carta para Magnus de su madre,  la había redactado en griego antiguo, seguramente para que ella no la leyera. Solo pudo entender una frase, y le inducía más desconcierto “…Si se abre esa puerta sellada, no podrá controlarlos” Al menos era la traducción del griego que ella dominaba, también podía ser  “cerrada” en lugar de sellar o “dominar” en lugar de controlar.

- No te lo di, uno porque no hiciste mención de ello hasta ahora, y dos, porque si te lo hubiera dado me habrías descubierto. De nuevo regresaríamos a la premisa inicial, no lo conté antes y lo siento. – La entristeció saber que no había noticias de Alec Lightwood, podía sentir la frustración del brujo en su piel. Se compadeció, replicando a las bromas del brujo, al menos podía verle sonreír, gatuno-   Estoy fuera de mi “turno” así que no vendría mal esa copa de vino. – tomó la copa, sin duda el sabor era refrescante y afrutado. Estaba delicioso, apartó el borde de los labios, cuando criticó su literatura. – Vaya, disculpe, pero me deje las rimas de Bécquer en el Instituto, así que son el sustituto. –“¿Masoquista?” Tal y como había tenido ese arrollador “éxito”, sin duda masoquista la puntualizaba. Pero en el fondo, anhelaba conocer a alguien, e iniciar una relación. – Aún me pregunto porque me pones siempre esa etiqueta, ya te dije, rompí definitivamente con el vampiro. Quiero enamorarme y que me corresponda, que me aprecie tal y como soy, como que tú no quisiste lo mismo cuando empezaste con Alec. Si eso es masoquismo, lo acepto, soy masoquista y a mucha honra. –sacó la lengua burlándose. - ¿Crecer? Tengo veintiuno, a esa edad mis padres vivían juntos ¿Cuánto se supone que tengo que crecer lo suficiente para poder conocer alguien? ¿cuarenta, u ochenta está a gusto del brujo?- la nephilim cuestionó con sorna, tomando la caja de arroz humeante, apenas habría probado bocado y tenía aun hambre.

¿Casarse? A la nephilim eso la resultaba extraño, casi imposible. Posiblemente por las nulas expectativas de que conseguiría a conocer el amor que describían en los libros, uno que hiciera desaparecer todo alrededor, para solo existir dos. Llegar a tal punto, que no poderse separar por miedo de perder al otro, llenar de felicidad cada segundo. La comprensión tan honda que las palabras sobraran, que se comprendieran y aceptaran con sus virtudes y defectos. Ella soñaba con una idea de tal proporción, pero la realidad era, que tal deseo era excesivamente pretencioso para ser concedido. Montblanc rozó su pierna, y Adrianna le dio otra gamba, satisfecho se metió bajo la mesa con su hermano. Aquello tenía una agradable estampa, de familia feliz cenando plácidamente, lo que lleno su memoria de añoranza.

- Pues ahora que me pongo a pensarlo. – dejó de comer, el sueño había sido bastante confuso, la oscuridad, esa persona con alas de demoniacas, sabia en el sueño que no estaba sola. Pero no pudo ver mucho con claridad. – Un llanto, pero era muy agudo, más que una persona, supuse que sería de un niño pequeño o un bebe, después es como si me tragara una bruma, creí dolor. Opinaba que era algo del sueño, pero al ver la sangre en las manos, me alarme. ¿Alguna vez has tenido un sueño que técnicamente te haya llegado a herir? ….Prefiero pasarlo, fue grotesco, poco recuerdo claro de él, y no me apetece enturbiar la noche con algo que casi olvide.

Al final, ella decidió recoger todo, aunque Magnus ocupo el baño hasta tarde, se despidió deseándole un buen descanso. Adrianna se dio una breve ducha y se cepillo los dientes. Montblanc y el Presidente Miau se habían acurrucado juntos, les fue imposible separarlos. Agotada con su pijama y algo de lectura en el cuarto de invitados,  el sopor entro en su lectura de  los relatos de terror de Poe que se cayeron al suelo al quedarse dormida. Había sido un singular y agotador, y más que nada necesitaba como el brujo dormir.

Pero su mente no le regalo sueños sin sentido, corrientes, no. Le ofreció otra dosis de metáforas sin sentido: Miles de cunas vacías, oía llanto en ellas, pero no habían bebes ¿Qué significaba aquello? Se preguntó la Adrianna del sueño pero no encontró razonamiento, las imágenes se superpusieron, y volvió a estar en aquel sueño que había relatado, era un sueño en blanco y negro. La misma noche con las estrellas casi desaparecidas y a lo lejos el joven de las alas. Solían decir antiguamente que un cielo sin estrellas, era un mal augurio. No creía demasiado en esas cosas, pero percibió como se le heló la sangre en segundos. El silencio reinaba, cuando Adrianna se giró vio una tormenta tragándola por completo. Dolor se hizo patente a cada segundo. Una legión de demonios querían devorarla, al arrancarlos de su piel, podía sentir pinchazos escozor y lo que se suponía que era su sangre, un líquido grisáceo. Peleó hasta que la cubrieron por completo, abrasándola con el icor. Trató de gritar pero su garganta estaba dormida, cerró los ojos suplicando despertar.

Sus ojos eran incapaces de mantenerse abiertos, los forzó a abrirse, y extender el brazo para alcanzar el móvil, entonces vio el brazo: Estaba repleto de arañazos unos más profundos que otros, con sangre seca a su alrededor. Palpó el móvil y se iluminó: Las siete de la mañana. Poco o nada la interesaba de la hora, se puso en pie, y fue a ducharse. Los arañazos ocupaban sus brazos, por suerte el resto del cuerpo se vio libre de ellos, tal vez porque solo intento arrancarse esa masa de demonios de los brazos. Las heridas quemaban con el agua caliente y el jabón, pero era la única manera de borrar la sangre seca. ¿Qué demonios la paso? ¿Debía avisarle? No, esperaría a sosegarse, averiguar un modo de mencionarlo sin que le diera algún soponcio al brujo.

Tras ducharse, busco la tesela, y se grabó iratze en los brazos. Tuvo que morderse los labios para resistir el dolor lacerante. Pese a eso, algunas no se cicatrizaban, así que saco las vendas del bolsillo delantero de la mochila. Era una mujer precavida, mujer que se vendó ambos brazos hasta la muñeca. Rebuscó ropa  cómoda que ocultara los brazos, pero no la incomodara. Y encontró su camisa de Iron-man, y una negra justa de cuello en pico para llevarla debajo. Unos tejanos rotos y sus zapatillas converse negras. Si, era una maldita friki a veces. La camisa llevaba el símbolo de Iron-man, su electro imán en forma de círculo. Aquella placa metálica que mantenía la metralla de la bomba que le explotó lejos del corazón y así lograr vivir.  

Se vistió por completo, fijándose de que disimulara todo rastro de la noche anterior y se recogió el pelo. Ya que Magnus no se había levantado, y dudaba que lo hiciera tan pronto, decidió limpiar un poco el piso. De ese modo, tranquilizaría su mente, la entretendría lo suficiente para no pensar en ello. De paso compró algo en el local de veinticuatro horas cercano al piso, comestibles, dulces y algún capricho como café. Café que no la valió para nada, continuaba angustiada, y de regalo, las horas iban más lentas de lo normal.

Ventilo, sacudió las alfombras, y limpio todo lo que pudo, cuando estaba nerviosa era imposible controlarla, precisaba hacer cosas. Intuía que ganaría “Banesticamente” una  reprimenda de órdago. Magnus era escrupuloso con su caótico orden, si es que coexistía un cierto orden, cosa que dudaba. Se quitó las vendas tras comprobar la hora, nueve de la mañana: Los arañazos más serios persistían en menor medida, de ellos quedaban cicatrices blancas. Se aplicó un tercero o cuarto, había perdido la cuenta, iratze con la tesela que guardaba en el bolsillo del pantalón y se colocó de nuevo las vendas. El salón estaba inmaculado, dio de desayunar a los dos gatos recién despiertos. Estos  rondaron tras de ella el resto de mañana. Mientras leía, se preparaba una infusión, o incluso una siesta, estaban junto a ella, no entendía por qué pero indirectamente lo agradecía.

Al despertar de ese leve sopor se encaminó al dormitorio de invitados y sacó el diario de viaje suyo. En parte compartido por las transcripciones del de su madre. Con fotografías, recuerdos, sueños, vivencias.  Pasaría por la historia de una nephilim más si se obviaban detalles, consideró de nuevo traducir la carta.  El griego antiguo era más complejo y dificultoso de leer, era un caos de palabras que no tenían sentido.  “De acuerdo madre, no querías que la lea y no la leo.” Recriminó desde su pensamiento a su difunta madre. Sophie adoraba los juegos de palabras y esa carta era uno de ellos. Esperaría que el brujo la entendiera,  ya que guardaba secretos de su madre, a lo mejor sabría esclarecer este. Se centró en revisar viejas fotos, cuando comprobó que eran las once y media.

Dejo el diario comenzó a preparar el café Magnus Bane, exclusivo para el Brujo de Brooklyn, sería una forma de compensarle el acogerla. Perfectamente podía haber dado con la puerta en las narices a la nephilim y esta no se lo recriminaría. Pese a esa idea, le abrió un hueco en su hogar y su día a día, bien valía para llevarle un café para cuando despertara. Al terminar, entró en el oscuro cuarto acompañada de los gatos, sorteando la ropa, dejo el café en la mesilla. Segura de que el aroma acabaría por despertarlo y regresó al salón retomando la lectura del Lobo Estepario.  A las doce y media, sintió como emergía una figura mágica y divina de las sombras.

- Buenos días Magnus, pensé que no te despertarías hasta el anochecer, pero me equivocaba. – Presidente Miau fue a darle la bienvenida, y Adrianna aguardó bajándose las mangas de la camisa negra, para que no se notaran las vendas. – He limpiado un poco, pero tus cosas siguen en su sitio. Lo siento, no pude evitar intentar poner un poco de orden. - Esperaría hasta que estuviera más consciente posiblemente para contarle el sueño y desatar aquel nudo que tenía en la garganta desde que despertó de la pesadilla.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Jue Ago 22, 2013 11:07 pm

La risa de Bane llenó su loft con apremio. Tanta belleza. Pobre mundo con dos como él. Ya tenía suficiente con dos demonios mayores haciendo estragos como para lidear con dos brujos distraídos. Se le antojó divertida la idea, descabellada e infantil. Como había mencionado, poco o nada le interesaba la ciencia, encontró un amigo de juegos con Henry, pero, esos eran tiempos pasados. Desde ese momento se dedicó a jugar solo y hacer inventillos no era de sus pasatiempos favoritos. Últimamente su mayor pasatiempo era entrar a hurtadillas al instituto, buscar buenas partidas de cartas y cantar en la ducha, ésta última siendo la más recurrente.

—Entiendo— suspiró frustrado. Su mente poco o nada descansaba en tranquilidad. Tenía muchas cosas en la cabeza en qué pensar y llenarse de reclamaciones contra una chiquilla como Adrianna era una reverenda tontería. Ya tendría tiempo de analizar el dichoso diario y todo aquello que guardaba en su interior con recelo. ¿Realmente lo entendía? Quería hacerlo pero todavía tenía esa espinita de haber sido burlado. Una parte del reconocimiento que ganado con el tiempo tenía, era justamente por su discresión. Recordó esos días en que solo un cazador de sombras mostró total confianza. Una vez más, Bane se reprochó el no ser de ayuda para sus descendientes. Pero como eso no venía al tema actual se quedaba solamente con esa sensación que le hacía pensar que no debía esperar lo que él tampoco estaba dispuesto a dar.

—¡Hey!— comió velozmente su arroz. Su hambre, fiel amante de todo el arroz chino que pudiera engullir. Remembranzas de su vida en madrid teñían su memoria. Un hermano Silencioso riendo, si, riendo en la cabeza del brujo mientras a escondidas metía todo el arroz en la habitación del pequeño cuyo nombre tristemente decía olvidado, Magnus lo nombraron todos sus protectores. Habían sido buenos tiempos mientras el nephilim intentaba por todos los medios captar la atención del Hijo de Lilith que pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo, sin dirigir palabra alguna. Esa fue, la primera vez en que una sonrisa pícara y un gracias fue ofrecido por aquel caprichoso brujo. Y aquel Hermano Silencioso, el primero al que dedicó una prudente temporada de luto.

Frunció el ceño. Se percató que olvidó lo que iba a decirle. Maldita memoria que le hacía retroceder tanto que le invitaba a navegar hasta perderse en la locura misma. Sinceramente, Bane adoraría ser más loco de lo que era. Desgraciadamente y por el bien de la humanidad danzante a su alrededor, estaba poco más cuerdo que en otras épocas. Un gran ciclo evolutivo. Lo único trágico de dejarse llevar por la marea de sus pensares, era la escasa atención que prestaba a su ahora. Culpa del todo no tenía, alguien más grande que él le dotó de una capacidad oscilatoria, bah, se trataba de un déficil de atención que iba mucho más allá de una carencia alarmante de interés.

—Oh— rió —olvidé lo que iba a refutarte— se encogió de hombros escuchando atentamente toda la perorata sobre su familia, defendiendo su orgullo y una vez más las omisiones. El brujo miró con aparente interés un trozo de pato, rió para sus adentros. Bien, había liberado el mundo de estos feroces seres, Will debería estar agradecido por quitar un pato más del camino de los Heróndales. —Solo se permite una copa al día, no quiero que te termines mi reserva en estos días que estarás fuera de turno— sonrió como un felino astuto. No poseía ninguna reserva, y no es como que la quisiera mucho, siempre podía recurrir a un chasquear de sus dedos y listo, rica bebida para las tardes de ocio.

—Puedes recurrir a mi extensa biblioteca, lo sabes— puso una cara pensativa y metió el pato en su boca. Una nueva explosión agridulce se extendió hasta su garganta después del vino. Era excelente. —Ahora que recuerdo— relamió sus labios y bebió —no tengo una biblioteca personal. Lástima, tendrás que leer los desgastados libros que traes— tamborireó sus dedos en la mesa solo por hacer algo mientras masticaba.

—Veintiuno— por poco y escupía el vino que acababa de beber, —por Lilith, que vieja estás— ironizó mostrando una sonrisa burlesca —eres joven aún, conseguirás a alguien. Un hada por ejemplo, deberías verlos, son hermosos. Porque, ¿no te gustan las mujeres o si? Conozco algunas que podrían dejarte babeando— se estiró para robarle una gamba —oh, cierto, ya estás babeando por los vampiros— se llevó los palillos a la boca con una sonrisa risueña. Se burlaba con completo cinismo pero no era su intención hacer sentir mal a nadie, el amor era complicado y dolorosamente placentero. Nada de malo había en emplea la sátira. —¿Quieres conseguir a alguien para pasar el rato? Yo te lo presento, ¿quieres al amor de tu vida' tendrás que esperar con paciencia.

El interés creció en la mesa cuando el tema de los sueños comenzó a tornarse oscuro. Dejó un lado la cajilla de comida y se inclinó hacia el frente colocando sus codos sobre la mesa. Mordió su índice mientras ella relataba. Un niño llorando. Inmediatamente le llegó a la mente lo que Sophie había dicho alguna vez: "Niños lloraban aún en su muerte. Un cazador despertará a los muertos. Seres alados..., garras..." habían más palabras. No encontró cuales eran. —Un hijo de Lilith— murmuró de pronto. Las palabras saliendo de su boca sin haberlo querido. "¿Un brujo?" continuó mordiendo su uña "no, hay algo más. Un hijo de Lilith... un hijo de..." otra vez las lagunas. Igual que las que habían llegado cuando los demonios irrumpieron en la ciudad. Como el hecho de que soñara con las hadas.

—Uhmm..., si, algunas veces, en mi juventud— dijo distraído. Sí que había tenido vivencias de otro nivel, pero, una vez controlado su don nadie nunca más pudo hacerle daño. —Dejemos esto para mañana, ahora necesito dormir o tendrás que lidear con un brujo cabreado al amanecer— dicho esto, con aire abstraído se levantó y fue a la ducha.

Su habitación era un desastre total. Se dijo que mañana lo haría o mandaría a tirar todo. Abrió el closet sacando ropa limpia y una exótica toalla de delfines y fascinantes soles sonrientes. Una muy infantil que Alec detestaba pero causaba risa cuando el brujo se la colocaba estilo turbante en su cabellera oscura. Su mente todavía divagaba en las palabras de Adrianna y su madre. Después de que el agua caliente comenzó a llenar la bañera y el vapor de agua se elevara en todo el cuarto de baño, obligó a las imagenes creadas en su creativa mente a irse. Se metió en la cálida agua y se hundió creando burbujas. El aroma a tímida canela y suave vainilla inundó el lugar. Sacó la cabeza y se recostó en la ahora tibia bañera. Se dejó ir entre pensamientos antes de que el cansancio hiciera mella en él y lo arrastrara al fondo de la inconsciencia. El gusto poco le duró cuando un mensaje de Isabelle llegó rompiendo el silencio. Frustrado cogió el móvil. Algo relacionado al vampiro diurno. Salió soltando uno que otro improperio. Le dejó el camino libre a su inquilina. Fue a su habitación y se vistió a prisa con un único pensamiento. "Quizá Alec estuviera allí".

Simón fue el primero en beber el brebaje sin ninguna consecuencia a bordo. En efecto, Alec estaba presente y observaba todo de la única manera que podía, ajeno. Parecía cansado y lejano, pero esta a salvo y sin ninguna señal de deterioro. Fue un gran alivio para el brujo saberlo a salvo. Una reunión familiar parecía emerger en cualquier instante y Bane salió volando del Instituto. No sin antes cruzar unas cuantas palabras con el cazador. Se reunirían más tarde. El brujo vagó por las calles aledañas al Dumort. El silencio sepulcral lo engullía todo a su paso, un mal augurio. Un escalofrío avisó de que debía regresar. Ya habían pasado las dos horas señaladas y lo cierto era que él estaba ansioso por ver al muchacho, abrazarlo y besarlo. Quería perderse en las aguas de sus brillantes ojos azules, observar sus mejillas blanquísimas teñirse de rosa. Giró sobre sus talones con la imagen unas orbes azules en su mente; ese cabello oscuro, su mirada inocente, su cuerpo fuerte.

Bane regresó a casa para cambiarse de ropa. Simples banalismos. Un portal se abrió a voluntad. El cansado brujo echó un vistazo a su alrededor. Los gatitos dormían satisfechos, ronroneandose entre sueños. La respiración de Adrianna se colaba desde su habitación, seguramente había creído que el brujo dormía. Sonrió para sus adentros y cruzó el portal. Mala suerte la suya, no apareció en la habitación de su nephilim, sino en los aposentos de la sensual e irritable Izzy, quien a pleno pulmón gritó. Bane se permitió reír por tal equivocación y rondó por el Instituto hacia la habitación de Alec, no lo encontró. Siguió vagando hasta que su instinto felino lo guió a la sala común. Allí, dormido cual pequeño infante después de una tarde de juegos. Su brazo colgaba y sus pestañas se movían suavemente, al compás del vaivén de su respiración calmada. Al brujo enterneció esa imagen y la grabó en su mente; cada detalle, sus cabellos negros, largos; sus labios rosados, ligeramente abiertos; su pecho subiendo y bajando delicadamente; su cuerpo cuan largo era sobre el incómodo sofá. No parecía importarle.

Entró. La chimenea emitiendo calor que se coló hasta sus huesos. Sintió, por muy extraño que todo esto le resultara, tranquilidad. Sonrió por sentirse así y se fue a sentar en el piso, junto al sofá, tomando la mano del cazador. Alec despertó poco después, aturdido y sorprendido por la presencia del brujo. Las disculpas comenzaron por parte del nephilim por su desaparición. Magnus no podía menos que perdonarlo. Lo amaba. Las horas transcurrieron con aquel sueño haciéndose realidad. Sus ansias se llenaron de regocijo al besarlo, acariciarlo y conversar con ese mortal al que había extrañado hasta la locura. Amo cada instante y de mala gana tuvo que separarse de él e ir a su hogar antes de que el Instituto se despertase. Iglesia fue la primera en aparecer en la puerta con un irritado maullido. Bane saludó con un gesto y el gato se fue moviendo la cola de mera satisfacción.

Sus aposentos le esperaron con el mismo revoltijo. Cerró el portal, puso su pijama y se metió a dormir. Un largo y gratificante sueño. No habían demonios, ni su magia ni vampiros, hombres lobo y mucho menos cazadores de sombras; salvo uno. El chico de ojos azules que le contemplaba detrás del cristal que el brujo creó para él, como una burbuja para que nunca nada pudiera pasarle. Estaban felices allí dentro. Solo ellos dos. El mundo podría acabarse y a Bane le importaba un cacahuate. Cacahuate... café...

El brujo abrió los ojos con pereza absoluta. Su chico se esfumó y eso lo puso de mal humor. Se puso de pie, cogió la taza y salió dando sorbos. Presidente Miau le recibió con un cálido maullido que después se convirtió en una mirada recelosa. —Alguien te mandó saludos— dijo en su defensa, seguramente podía distinguir el aroma de Iglesia que se había restregado contra su pierna con gran cariño, cosa que Presidente Miau casi nunca hacía. —Uhmmm— gimió, odiaba que tocaran sus cosas. ¿Acaso no había dicho que nunca tocaran nada? —¿te han dicho que realmente eres molesta cuando intentas limpiar mi desorden bien ordenado?— hizo una mueca —sin embargo, este café es delicioso, agradecido estoy por eso— se sentó en el sofá. Todavía llevaba el delineador negro y purpurina adherida a su cabello. Tendría que bañarse dos veces más de ser posible. Chasqueó los dedos apareciendo un periódico, dejó su taza en la mesilla de noche y pasó a la sección de finanzas —oh, vaya, la bolsa decayó 0.3% es una lástima— suspiró fingiendo que eso le importaba —a todo esto, ¿por qué esa carita, descubriste que tengo más bufandas que zapatos? No te afligas querida, pronto iré de compras— le miró por encima del periódico elevando una ceja entre intrigada y aburrida. Una extraña combinación.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Sáb Ago 24, 2013 12:28 pm

Esa noche había tormenta, lluvia golpeaba en las ventanas con tanta intensidad que parecía que fueran a saltar de los goznes y llevarse la ventana por completo. Sophie vestida con el uniforme de cazadores que resaltaba más aun su tez clara y su cabello pelirrojo era más intenso.  Esa noche iban a patrullar y lograr localizar a aquel demonio que estaba atormentando al poblado, pero no conseguía dejar a parte lo que había visto unas noches antes.

En la mesa del estudio que estaba en la planta superior de la casa. Rodeada de estanterías, con miles de libros, que no parecían tener fin, una mesa de roble tallada con estilo clásico, una silla de despacho, sobre una hermosa alfombra gruesa sobre la madera. Se encontraba, una nephilim de cabellos rizados rojizos, Sophie Moncrieff  escribiendo en su cuaderno de viaje. Registraba cada uno de sus sueños, con el propósito de no olvidarlos. Alcanzar investigarlos con más serenidad, teniendo en cuenta las metáforas que los clarividentes estaban acostumbrados a ver. Incluso a veces compartía sus visiones con alguien más, otro clarividente, que pudiera ayudarla a ver lo que se le escapara a ella. Magnus Bane, había accedido a ser su confesor, el brujo solía visitarlos y pasaban largas horas hablando de aquellas imágenes que muchas veces suponían rompecabezas interesantes.

El brujo era sobresaliente, sagaz e sabio, si bien de vez en cuando soltara su típico humor,  le agradecía que le escuchara. Además siempre que los visitaba, Adrianna le reclamaba un rato para jugar, nunca imagino esa estampa, pero al verlos juntos, Sophie no podía evitar sonreír. Ahora se veían en menores ocasiones entre viajes constantes por ambos bandos, pero se escribían, manteniendo una larga correspondencia con pensamientos, ideas e impresiones del sueño del otro.

Sacó un papel aparte, de un tono amarillento como un viejo pergamino y recordó sus clases de griego cuando era una joven aprendiz de cazadora. Para su seguridad de que no cayera en manos equivocadas, escribía en el antiguo, poco lo recordaban ya, por suerte Magnus Bane estaba entre ellos.  Sentía el corazón en la boca del estómago, quería contarle tantas cosas al brujo: Sospechaba de Adrianna, acostumbraba hablar en sueños del mismo modo que Sophie había hecho de joven. Adrianna trataba de ocultar su poder, y con eso estaba forzando a la naturaleza del clarividente. Tarde o temprano deben salir, si ella ponía una barrera, cuando treparan los sueños ella no podría con su fuerza y lo más importante, podría herirse a si misma.

También sobre un sueño que habían hablado antes con Magnus: Aquellos niños que incluso muertos lloraban, el cazador emergiendo de los muertos, demonios, alas y garras. Esta vez había visto al cazador con claridad, describiéndole hasta el mínimo detalle. Los rasgos del nephilim le resultaban familiares pero a su boca no aparecía ese nombre que buscaba. Además, advertía al brujo que si algo malo, les ocurrieran a su marido y ella, le rogaba que adoctrinara a la joven en ese poder oculto. Prometiéndole a cambio parte de la herencia que ella guardaba si era necesario, no podía confiar en nadie más.

Reparaba en como la trataban a Adrianna, y James trató de explicárselo: A él le costó bastante ser aceptado con su empatía y aun así había gente recelosa que no se acercaba a él como si estuviera infectado o maldito. La joven Adrianna  trataba de aceptarse como empática, de que la aceptaran como una cazadora más. Sophie intentaba creer  que el Ángel Raziel tendría alguna razón para haberlos otorgado semejantes dones, tales que los alejaban de sus propios hermanos. Si además se conocía que además de empatía pudiera ser una clarividente en sueños, la repudiarían el resto de nephilim tomándola por loca o algo peor, una amenaza.

Firmo la carta, Sophie sabía que el brujo deduciría aquel rompecabezas, y lo enlazaría en cuestión de segundos o decimas de segundos. Los sueños de Sophie últimamente hablaban de un cielo sangrante, donde ángeles perdían las batallas contra demonios. Hordas de esas bestias destruían hasta el último rescoldo de vida del mundo, extinguiendo toda la raza no demoniaca. Incluso su bello Idris, vio caer sus torres en pedazos, y del cielo una gran bola de fuego quemaba la ciudad. Y su pequeña, estaría entre medias de todo lo que estaba por ocurrir, sin saber manejar su don, sola. No veía nada hermoso, no había finales felices, familias lloraban destrozadas perdiendo seres queridos,  llantos sin rostros, al final solo había un mundo de cenizas.
Sophie sabía lo duro que era ser un clarividente, ver el futuro en miles de sus metáforas, miles de futuros inciertos, y tener que ocultar su inquietud, su tristeza y desesperación mostrándose del mejor modo que podía. Trataba de cambiar ese futuro, pero había piezas que ella no sería capaz de cambiar, le correspondían a su hija.

De pronto se abrió lentamente la puerta del estudio, pensó que sería su esposo para preguntarle si tardaría más. Pero se sorprendió al ver a su hija, Adrianna en el umbral de la puerta, estaba enferma, por una irresponsabilidad, tenía una pulmonía con fiebres altas que mermaban sus energías. Conseguía ver color en sus mejillas normalmente pálidas, sus ojos zafiro, estaban de un tono más oscuro, lagrimosos y cansados. Su cabello castaño cobrizo estaba revuelto como si se hubiera despertado hace unos segundos.

- Cariño ¿Qué haces despierta? – guardó la carta en un sobre en su cuaderno de viaje. La enviaría a primera hora de la mañana, para poder conciliar su mente con las palabras de Magnus. Se levantó y fue a abrazarla, estaba aún ardiendo, la fiebre bajaba a ratos. – Estas ardiendo. Deberías estar en la cama, descansando.
- Papa está haciendo mucho ruido y se queja de que no encuentra sus cuchillos. -  explicó con la voz ronca. Sophie añoraba esa voz melodiosa de su pequeña, a la que en secreto estaba acostumbrada a oírla cantar. Era su pequeño pajarito cantor.

James también la había escuchado más de una vez, y ambos padres habían llegado al consenso de que la joven debía también probar a desarrollar no solo sus habilidades contra demonios. Estudiar en un conservatorio, ser una reputada compositora o cantante, pero la joven Adrianna solo estaba concentrada en su vida de nephilim, sus padres intuían en parte por el temor de que la rechazaran si decidiera hacer algo diferente a ser una cazadora hasta el día de su muerte. Pero correspondía aguardar a que ella lo confesara, se sincerara ante ellos, no valía de nada imponerla algo que no deseara.

- Y te ha despertado. – Adrianna asintió y Sophie salió con ella al pasillo. - ¡James! – su marido, de cabellos castaños y ojos azules estaba al pie de la escalera con su uniforme de cazador, que sin duda le quedaba como un guante. Le hacía más atractivo, si era posible aquello, además sus ojos azules eclipsaban al mismo sol, solían atraer todas las miradas de mujeres y hombres. Sophie suspiro encogiéndose de brazos,  había miles de cualidades que amaba de aquel hombre, pero entre ellas no estaba el orden. Explicaba que en su caos encontraba orden, cosa que Sophie pensaba que era una excusa para negar su desorden. – La has despertado. –señaló con la mirada a la hija de ambos.
- Lo siento cariño, tu madre me descolocó los cuchillos serafín, y ahora no los encuentro. - esa última frase sonaba más a reproche, Sophie le sacó la lengua y James fingió sentirse indignado aunque sonrió seductor. – Adrianna, si estas mejor, mañana te llevaremos al centro.
- ¿De verdad? – llevaba meses queriendo ir, pero por trabajo de sus padres tuvo que posponerlo hasta ahora.
- Claro que sí. – subió las escaleras a toda prisa y levanto a la adolescente en brazos.- Ahora a dormir, descansa, que mañana estaremos visitando templos, y el teatro. Pero para eso tienes que estar mejor. –le acercó el vaso con el preparado que hizo su madre, con plantas había encontrado un remedio para la fiebre. – Tapate la nariz, trágalo, duerme como un tronco, y ya estarás de nuevo en acción.
- No hace falta que la  trates como una niña James, es una adolescente, hermosa.
- Para mí, siempre será mi niña pequeña. – replicó orgulloso, los tres rieron. Eran una peculiar familia, pero muy felices. Y ahora más que nunca, Adrianna había sufrido una tremenda perdida, perder a tu parabatai, era muy doloroso para un cazador. No podían permitir que con tan solo catorce años cayera en el abismo.

Al cabo de un rato, Adrianna los vio salir, asomada en la ventana, sus padres se despidieron. Jamás se imaginaria que aquel sería el último momento juntos. Sophie lloró viendo como la visión se cumplió, no vería a su pequeña crecer,  además indefensa y confusa. Suplicó que aquella carta llegara algún día a su destinatario, y que pudiera salvarla, y que aquellas cruentas pesadillas jamás se hicieran realidad.


Adrianna estaba apartando un poco de arroz, para que Magnus dejara de replicar por él, ella también quería comer un poco. Necesitaba energías, posteriormente de llorar confesando que en parte de su sangre corría veneno demoniaco era agotador. Después de echarlo sobre los rollitos, retomó su caja con rollitos sin carne y salsa agridulce. Parecían siglos que no comía aquellas cosas, le traían recuerdos con sus padres, y otros más cercanos con Magnus.

- Mi padre solía señalar, “si no recuerdas algo que ibas a decir, tal vez no merecía la pena decirlo.” – sonrió, lograba aun oír su voz recitando esas palabras en su cabeza, como si no se hubieran ido nunca de su lado. Eso llenaba de alegría a la nephilim, no se sentía tan sola por unos instantes. – Tranquilo mi límite es una copa, no te vaciaré tu reserva, puedes estar tranquilo. –A parte del límite que su cuerpo era capaz de tolerar, estaba la contra de que desconocía de donde pudo sacar aquel vino, al igual que las millares de cosas que solían aparecer en sus chasquidos. En ocasiones le recordaba a unos dibujos animados donde un gato azul sacaba mil cosas de su bolsillo mágico, le entró la risa al tratar de imaginárselo disfrazado así.

Paso por alto el detalle de la lectura, podía pedirle prestado para leer el libro Blanco. Lograba imaginarse la respuesta del brujo: Era algo perteneciente a los hijos de Lilith, una pieza clave, pero eso solo acrecentaba su interés por leerlo. Su curiosidad, parecía no conocer límites pero su mente ganó la batalla. Se arrepentía de no haberse llevado aquellas hermosas rimas escritas en español: En sus largos años de amante de libros, solo un autor había sacudido su corazón de tal manera, que alcanzaba apreciar lo que el autor describía. Gracias a sus versos ella creía completamente en ese amor  tan profundo y vivaz. Reconocía de corazón que Magnus se lo hubiera regalado en uno de sus cumpleaños, era un fragmento de su corazón con sangre española.

- Creo que no lo recuerdas, pero te aviso, las hadas, me provocan migrañas, además no las soporto. Y referente a mi sexualidad: No me siento atraída por mujeres, es decir, si el amor de verdad se presentara como se presentara, hombre o mujer, cambiaria mí orientación dándose el caso. – De nuevo sacó el tema de los vampiros ¿Cuántas veces se lo había dicho en la noche? ¿Cuatro? Perdió la cuenta. – Tengo la teoría que tu falta de Alec Lightwood te provoca sordera aguda cuando te hablo. Te he dicho: ¡que paso de colmillos! ¡Ni uno más! ¿Si quieres lo repito?– Se echó a reír con las mejillas sutilmente sonrosadas. Era complejo a veces explicarle a Magnus sus devenires amorosos, si bien optaba porque estuviera al corriente para aconsejarla. Había tenido razón con el vampiro, le tomo en serio para futuras ocasiones. Obvio, el brujo podría encontrarle una cita rápida, un romance esporádico, o igual ni eso, solo el deseo físico, algo que la dejaría vacía.Entonces prefiero esperar, o buscarlo yo. Tengo la paciencia del mundo. – quizás hubiera exagerado, pero no quería que Magnus actuara de casamentero, ya tenía suficiente con el rol de genio estresado.

Entonces la conversación se apagó, Magnus estaba concentro en lo que ella recordaba del sueño, aquella imagen, el joven de espaldas con alas demoniacas, escuchando el llanto de un bebé, y durante segundos pudo asegurar que estaba en alguna de sus dimensiones. Solo abrió la boca para decir “Hijo de Lilith”. Un hijo de Lilith era un brujo, pero ellos no tenían ese aura tan oscura que ella había visto.

Tras aquella gratificante cena, ambos se despidieron para dejarse embargar por los sueños. Sueños que se tornaron para la nephilim, que al despertar, vio sus brazos magullados, sus uñas sangrientas, sangre seca en su pijama y sus brazos. Heridas que se provocó creyendo arrancar las bocas y garras de las bestias de su cuerpo. Estaba nerviosa y no sabía cómo terminaría de explicárselo a Magnus sin que el brujo le diera un susto. Se grabó runas curativas y se vendó. Vistiéndose con una camisa de Iron man, debajo una de color negro de manga larga, tejanos y converse, disimularía las vendas de los brazos, los irazte quemaban.

Limpio para tratar de tranquilizarse, pero fue incapaz, puso algo de orden, paso la escoba y fregona, sacudió alfombras, cojines y demás, pero seguía inquieta. Ni la compañía de los gatos, ni infusiones, ni muchos menos un leve sueño repararía su temor. Desistió en encontrar algo de paz sino hablaba con Magnus, pero el brujo estaba recuperándose, así que le llevo un café y sobre las doce, hizo acto de presencia.

Como no la recriminó que limpiara un poco su piso, que pusiera orden a su caos, le entendía. Pero, preocupada no conseguía mantenerse quieta, si lo hacía solo daría vueltas al tema hasta enfermar. Prefería tratar de distraerse haciendo una pequeña compra, y limpiando el piso a una velocidad pasmosa. Pero le agradeció el café, al menos era una nota positiva al día.

Pero poco tardó en contemplarla y saber que la nephilim disimulaba algo.  Adrianna apartó la mirada avergonzada de sí misma. Encontró lo que estuvo mirando por la mañana, su diario donde estaban transcritos los sueños de su madre, sus visiones que ella no  llegaba a interpretar y la carta.

- Aquí esta, espero que descansaras, su lectura será larga. – se lo entregó sin pensarlo ni una sola vez, no sin antes explicarle su orden. – las hojas con borde blanco son las de mi madre, los transcribí palabra por palabra, y aquí –extrajo la carta del bolsillo.- Mi madre pretendía  enviártela: La vi escribiéndola, la noche que murió, supuse que como va a ti, deberías verla. Y si, trate de leerla, pero mi madre era lista y todo me parece un acertijo de los que la gustaban, he sido incapaz de descifrarlo. – frunció el ceño. Espero que el brujo leyera la carta. Para pasar al tema más grave, aunque por su cara seria, perdía seguridad en decírselo. ¿Qué podía estar pensando? ¿Qué decía la carta de especial? ¿Por qué no hablaba?

Tras eso, Adrianna le narró la pesadilla con todos los detalles: Ella paseando entre miles de cunas vacías, pero podía oír llanto en cada una de ellas, no obstante no hubieran bebes. En aquel momento las imágenes de ese sueño se superpusieron a las de su primer sueño,  que era en blanco y negro, al fondo estaba el joven con alas de demonio. El cielo era de noche, pero sin estrella alguna. Ella apreció que era una mala señal, y comprobó al volver a mirarle que el joven se iba a girar notando su presencia. Le vería al fin el rostro, pero la Adrianna del sueño miró atrás y vio como una bruma la trago de lleno, pensó que sería solo polvo o suciedad, pero eran demonios. Una masa de demonios trataban de sujetarla y herirla. Ella peleó con uñas hasta que los demonios sepultaron por completo, abrasándola con el icor demoniaco. Trato de gritar del dolor en sueños pero no era capaz, y suplicó los últimos instantes, para que cesara la pesadilla.

Adrianna guardó silencio, sintiendo que en parte se aliviaba de contarlo al brujo, tal vez le podía dar una explicación razonable. Pero todavía quedaban las marcas, no siempre podría ocultarlas. Ya había tratado de ocultarle lo del veneno y se concibió extremadamente atormentada, deseaba contárselo, porque posiblemente él pudiera auxiliarla.

- ¿Recuerdas lo que dije de sueños que te atacan? ¿Qué había sufrido uno? Pues anoche no fue menos.  Mi cuerpo lo creyó, supongo que mientras dormía. – se subió las mangas, quitándose las vendas y descubrió los brazos aún llenos de arañazos, algunos no cerraban. Eran tan profundos que necesitarían varios iratze más para quedarse en simples cicatrices. – Me ataque a mí: Cuando desperté había sangre por los brazos y mi pijama, las uñas con carne y sangre seca. Me grabe runas curativas y pese a eso ¡Mira! –le acercó los brazos magullados. - Algunas, no se cierran. No se cómo fui capaz de provocarme tales heridas, pero por favor Magnus, ayúdame, tengo miedo de que puedo llegar a hacer. Quiero que esto se pare de una vez. – confesó, forzándose por no llorar, si bien resultaba una soberana estupidez ya, era una cabezota redomada como su madre.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Ago 24, 2013 10:30 pm

—Tu padre siempre fue un hombre sabio— musitó entre bocadas. Para los mortales hablar de sus muertos era un trago de melancolía. Bane desviaba los temas para no tener que ver las caras tristes en su preciosa humanidad. Odiaba escuchar los llantos o ver los ojillos acuosos después de un recuerdo. —No me sorprendería que te volvieras una bebedora compulsiva, tienes demasiadas obsesiones— musitó, comenzaba a llenarde de comer tanto arroz. El pato sin embargo era exquisito y el vino ampliaba su apetito. El brujo poco o nada comía en días de soledad, pero cuando estaba acompañado bien podía comerse media alacena y seguir teniendo hambre.

Entrecerró los ojos, por fin podía ver un chispazo de alegría en el rostro de la cazadora. Imaginó que era un suceso bueno después de todo lo que habían tenido que soportar. Ella siempre abusaba de los comentarios mordaces y sarcástico. Hoy en día el sarcasmo estaba a la orden del día, antes quien usaba dicho vocabulario era considerado un esnob que era lo mismo que los burgueses. Burgueses, nunca tenían buenos modales. El fiestero de Bane era el burgues más alabado; su cortesía engalanaba su vocabulario y su hablar tan florido era digno de escucharse. Sarcasmo, ironía y cinismo. Sí, había sido el Bane del pasado y del presente. Eran pequeños retazos los que cambio, uno de ellos en la idea del amor.

—Es una pena oír eso, las hadas son encantadoras— mintió. Él tampoco sentía especial atracción por las sabedoras de la verdad. Si bien eran hermosas criaturas con sus encantos ocultos llenos de gracia, también poseían tal cantidad de malicia que pensar en ellas como hermosas era un error catastrófico. —Hace unos diez años conocí a un gallardo macho hada. Su magnífico cuerpo robaba suspiros tanto de hombres como de mujeres, de cualquier raza — suspiró retrocediendo en su memoria, se encogió de hombros —ahora que recuerdo, murió en manos de un nephilim. Mentía demasiado para ser una hada o quizá no les dijo la verdad que esperaban.

—Bien, nada de colmillos para ti. Aunque ya sabes, siempre puedes cambiar de opinión— una amplia sonrisa se mostró en su asiático rostro. Sus blancos dientes relucieron impacientes bajo la lamparilla sobre la mesa. Sus cabellos oscuros con restos de purpurina brillaban lanzando destellos traviezos mientras inclinaba su cabeza para comer. Todo allí gritaba paz y tranquilidad. No la sentía. No cuando por dentro sentía el aguijonazo de la ausencia de Alec y la distancia absoluta con la humanidad. Un ser inmortal que por sentirse parte de un todo se dejaba arrastrar por el cambio y sin cambiar él mismo. —Uhmmm, leo la esperanza en tu rostro, quizá te encuentres con un brujo— elevó su ceja una y otra vez antes de soltar una risita. Un brujo. Ella se sentía fascinada por ellos. Bane podía apostarle a un Hijo de Lilith para que la hiciera feliz.

[. . .]

Sus ojos estaban puestos en ella y su cara larga. Esa cazadora simpre traía complicaciones, todos los nephilim venían con problemas incluídos. ¿Habría alguno que tuviera una vida feliz junto a sus padres y hermanos en armonía? No, todos y cada uno de ellos eran redecillas atrapa dificultades. Sus vidas eran rompecabezas nada sencillos. Bane podría esperar esa clase de existencias llenas de inconvenientes en los eternos, pero en mortales era bastante desalentador. Ya de por sí tenían una vida tan corta como para acabársela con cuestionamientos. No solo se trataban de problemas como el hecho de tener un pariente contagiado con, bueno con..., viruela demoniaca, vaya. No, era ajetreo, desgaste mental y sufrimiento.

El periódico crujió en el momento en que le dobló. Dedicó una mirada significativa al diario el cual tomó sin prisa. Lo colocó sobre su regazo, sobre el periódico. Se inclinó hacia el frente y la carta apareció ante sus ojos. El papel era antiguo. Los bordes desgastado, se veían minúsculas pelusillas. Sus orbes se ampliaron astutas, acusadoras ante el papel. Se tomó su tiempo para cogerla, se atrevía a decir que todavía se percibía el aroma de Sophie. Jabón aromático, lilas, agua mineral y ese toque empalagoso que no recordaba como se llamaba. Sabía que algo que llevaba guardado no podía preservar el aroma de una persona que apenas y lo había tocado, pero esperaba con ello evocar el recuerdo de la cazadora mientras le hablaba quedito para no despertar a su hija.

—¿Qué crees que signifique, Magnus?— su sedosa voz acompañada de esa mirada pérfida. La sonrisa animosa y la risita al descubrir la procedencia de sus sueños. Decepción cuando el rumbo de ellos no podía cambiar y la inquietud al saber que muchos más le esperaban.

Bane carraspeó cogiendo la carta. Con rápidos movimientos la abrió y comenzó a leer el lenguaje antiguo. Solo con S. había compartido esa aficción por las lenguas arcaicas, estretegias y códigos que solo ellos podrían descifrar. Hacía mucho que no leía Griego y mucho menos este que parecían runas hechas palabras. Sonrió una fracción de segundo al leer el encabezado con la caligrafía estética, cursiva e inclinada de la cazadora. "Querido Magnus". ¿Quién le escribía un querido ahora en día? Bajó la vista, lineas perfectas con desesperadas emociones. El día de su muerte se notaba hasta en el humor con que escribió cada frase. Estaba en lo cierto; casi siempre lo estuvo.

El ceño fruncido y la mirada se perdió imaginándosela sentada, frente a su escritorio, escribiendo apresurada. Las sospechas de que su hija poseía su don, ciertas. Los sueños que ahora compartían los tres, manifiesto. El presagio de su muerte, palpable. Todo estaba allí. Las palabras que había dicho estaban grabadas en su mente: "Un cazador emergiendo de entre los muertos. ¿Sabes que podría significar esto, Magnus?" Bane lo había interpretado mal. Pensó que un cazador podría despertar a un muerto. Cosa que sin duda podría resultar cierto, pero que un cazador regresara de entre los muertos... aterrador. Causaría desequilibrio. "Desequilibrio..., Jace".

Se puso en pie y leyó la descripción del cazador que emergiría del mundo de los muertos. Una vez más recordó a Jace. Nadie sabía lo que Bane. Un sacrificio se efectuó para que Valentine muriera a manos de Razhiel. El brujo lo vio poco antes de que los instrumentos mortales convocaran al divino ser alado. La muerte de un cazador, Jace, el sacrificio; muerto a manos de su "padre". Pero lo extraño es que en realidad no había muerto. "Extraño" se había dicho ese día. Había sido una visión vívida, de esas que no se podían modificar, pero allí estaba el chico de ojos leonados, mirando a todos con la apatía acostumbrada y la arrogancia de sus rasgos Heróndale. Sí, muy extraño. ¿Qué preció se debía pagar por ello?

—Un cazador despertando de entre los muertos— susurró en voz alta releyendo el escrito. La descripción era vaga pero sacaba lo importante. Un chico, alto, delgado pero musculoso, cabellos rubios como los rayos del sol. Mirada oscura, siniestra, burlona, travieza. Sonrisa encantadora, altiva;  labios delgados. —Un Hijo de Lilith— su cabeza dolía.

Odiaba esa sensación de estar olvidando algo. De pronto la imagen apareció frente a él. La chimenea sacando humo silencioso, mágico. Dos adolescentes se acercaban. Un varón y una joven. Sebástian Verlac y Clarissa Fray. Buscaban a Ragnor. Bane salió en su lugar, su verde amigo (que era un brujo no Hulk) había muerto, en su casa yacían sus restos y una nota solo para brujos. Sebástian se hacía el héroe, intentando impresionar a la pelirroja. Pero el brujo sabía que había gato encerrado (y no, no hablaba de él), ese tal Sebástian no le daba buena espina con esos ojos escrutadores, tan oscuros como un cielo nocturno sin estrellas, su cabello arreglado azabache y... "Jonathan" acertó con una parpadeante lucecilla tintineando en su mente. Un poderoso click se despertó, un bostezo y una risita aguda "¿qué dices? Jonathan no es un brujo. Se te están yendo las cabras, MB. Más fastidiosas risillas "No estoy diciendo que él sea un brujo, es un Hijo de Lilith" se mantuvo de pie, charlando con sí mismo, la vista pegada a la hoja y su mente trabajando descontrolada "¿de qué hablas? Un Hijo de Lilith es un brujo. Si, si, lo sé. Se nos llama Hijos de Lilith porque ella es la primera demonio existente, poderosa. Pero, no somos sus hijos, nuestra sangre está diluida por generaciones. Aun no entiendo a qué quieres llegar, MB. Un suspiro frustrado. "A que Jonathan poseía sangre de demonio, de un demonio Mayor. No solo de uno mayor, sino que es de la misma Lilith.

Dobló la carta dándose cuanta que mantenía el diario en su mano. La metió dentro e intentó poner sus ideas en orden. Descubrió muchas cosas, pero las cuales no eran suyas. Es decir, él no había estado presente en el momento de los sueños, ni escuchado de primera voz como lucían éstos. ¿Eran manipulables o de certeza absoluta? ¿Cómo saberlo? Tendría que haber hablado con Sophie para que pudiera determinar hasta qué punto era considerable decirle a alguien algo. La Clave. No, ni pensarlo, ellos tan radicales que eran capaces de..., Por cierto, aún debía averiguar todo lo concerniente a Jace. Si él había regresado de entre los muertos gracias a Razhiel entonces esa parte estaba cumplida, del sueño. Pero, eso implicaba el desbalance. Ahora bien, sin encontrar el cuerpo de Sebástian bueno... "Demonios" ¿quién querría traer a ese cazador con sangre demoniaca de vuelta? No había porque temer "quizá quien se lo llevo, en primer lugar. Tsk".

Se desplomó en el sofá cruzando la pierna y con el semblante serio. Ya no deseaba seguir pensando pero no podía. Sabía lo que le seguía. Todavía faltaba saber el porqué del llanto. ¿Seguían practicando con bebés? ¿Lilith, otros demonios, los que estaban causando estragos en NY? No podía responderse.

Levantó la vista y Adrianna comenzó a hablarle. Sueños vívidos. Más que sueños eran agresiones a su mente, alguien se colaba en ellos tan peligrosamente que la obligaba a hacerse daño. El brujo suspiró evaluando sus cortes. La cogió por la muñeca y deslizó sus dedos que chispeaban luces azuladas. Como telarañas se escurrieron por la blanca piel de la cazadora; las heridas comenzaron a chisporrotear y a cerrarse.

—Debes tranquilizarte— colocó ambas manos sobre sus hombros —primero que nada, aprenderás a controlar hasta que grado llegarán tus sueños y segundo, bueno deberás ir con los Hermanos Silencioso, pondrán una runa de protección— entrecerró los ojos —no, ya sé— sonrió, se levantó y fue a su habitación. Abrió el clóset sacando una cajita de un baúl. La abrió sacando lo que el Hermano Silencioso que tanto le cuidó cuando niño. Un colgante, la forma de una runa de iratze. La pequeña estrella dorada con las puntas entrelazadas. Sintió nostalgia en cuanto lo tomó, pero supo que sería buena idea dárselo en lo que encontraba la solución. Sí, disminuirían sus sueños y quizá su don de empatía; pero evitaría que ese algo continuara destruyéndola.

—Toma esto— tomó su mano girándola. Colocó el colgante en su palma. Espera verlo de vuelta, algún día, quizá en el cuello de otro cazador. Como Izzy y su piedra roja. —Un Hermano Silencioso lo diseñó para mi, lo he modificado en la antigüedad, no solo para curación, que debo añadir en los brujos no sirve— evidentemente, las runas no sirven en ningún ser mágico, era más bien un iratze simbólico, aunque para Adrianna sí que sería de gran ayuda —..., es de protección. Solía pensar que vigilaba mis sueños— sonrió recordando el rostro marcado de exquisitas runas antiguas y complicadas en el Hermano Silencioso —por ahora es todo lo que puedo hacer o darte.

Bane tendría que ponerse manos a la obra. ¿Cómo había superado él y Sophie esos sueños que te sumergen al abismo? Hacía tanto tiempo... Tessa podría ser de gran ayuda, si supiera donde estaba.

—No te lo quites hasta que te diga, mientras veremos que hacer con tus sueños, tus heridas— ahora curadas gracias a la magia del brujo —y el diario de tu madre.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Mar Ago 27, 2013 12:39 pm

Adrianna tomó el colgante y lo paso en torno a su cuello, era sencillo pero hermoso a sus ojos, agradeció con un hilo de voz el préstamo y que fuera a ayudarla. Pero parte de sí misma no estaba allí, estaba desconcertada. Todo aquello le resultaba extravagante, compartir con alguien sus sueños. Ni siquiera se los contó a su madre, posiblemente seria la razón por la que no los controlara.

- Gracias Magnus. – dijo sin animo mirándose los brazos curados, sin duda la magia era fascinante pero la nephilim tenía la cabeza en veinte sitios distintos. Y ninguno de ellos era el piso de Magnus Bane. Bajo las mangas de la camisa negra, y Montblanc salto a sus brazos para recibir su dosis de mimos, ronroneando cuando le acariciaba tras las orejas. – El joven que mí en mi sueño, tenía el cabello plateado, como Valentine. ¿Cómo se llamaba su hijo? – Adrianna había estado en Idris, incluso tuvo el “placer” de estar presente cuando la imagen de Valentine se hizo presente en la sala de los Acuerdos.  

Pese a que fuera una proyección, sus ojos negros, segregaban frialdad y estudiaban a cada cazador como si fuera un insecto bajo sus pies. Valentine no iba a deponer en sus intentos de obtener la pureza de los nephilims, instigado por el odio que guardaba a los subterráneos, los exterminaría o sometería, cualquier opción era obedecerle, opinión que no defería ella. Su voz carente de empatía, enervó a Adrianna, era un fragmento frio de hielo, sin emociones positivas: Destrucción en sus palabras, caos en sus manos, sangre en su mente. Pero los detalles de la historia del hijo de Valentine, el verdadero hermano de Clarissa Fray, eran rumores que se extendían como la pólvora entre nephilims, y todo el mundo mágico. Adrianna no quiso hacer mucho caso de ellos, pero esos se le quedaron grabados en la memoria.

Magnus no paraba de dar vueltas, tanto que la ponía frenética, meditabundo tras leer la carta de su madre,  se quedó en absoluto silencio. Y Adrianna prefirió no molestarle, pero algo rondaba en su mente sin dejarla serena del todo. La noche anterior Magnus mencionó “hijo de Lilith” y ahora Adrianna lo volvía a ver como si se tratara de una señal: Por definición un hijo de Lilith era un brujo, pero no tenía porque así. Lilith fue la primera mujer de Adán, aquella no decidió doblegarse ante él, porque decía que ambos venían de Dios, tanto derecho tenía como Adán. Luego  menciono el nombre del creador y se elevó en los aires desapareciendo. Ante la negativa de volver junto Adán, Dios la castigó todas los bebes que tuvieran fenecerían al nacer. Pero aún Lilith no se detuvo y propagó su sangre por el Edom, junto al odio a su Creador consiguió crear a los demonios. No solo los brujos fueron sus descendientes.

Adrianna reflexionó tras recordar aquellas clases de historia, y religión. ¿Podía ser que existiera un hijo de Lilith? Era inverosímil, todos morían. Pero si una vez Lilith entregó su sangre y creo a los demonios ¿Por qué no lo haría una segunda vez?  ¿Por qué el joven de sus sueños tiene el pelo como Valentine? ¿Es que un cazador consiguió hablar con uno de los demonios más antiguos y poderosos? Toda suposición añadía interrogantes en su cabeza, pero solo bastaba mirar sus sueños: Cunas vacías, llantos de bebes que no veía ¿Por qué no están presentes? ¿Por qué no puede ver a un bebe llorando? ¿Quizás es que se equivocaba en esa premisa?

- Siempre que tuve estos sueños, los del joven con alas, y los bebes, consideré  en el sueño otra presencia, pero era invisible a mis ojos. Si tratara de ver, no conseguía nada, estaba ciega. Pero supongo que no será más que imaginación. – Aún una pregunta volvía a rondar en la cabeza de la nephilim que miraba el colgante del brujo. - ¿Y si este simple ataque no le vale? ¿Y si veo más o estos simples ataques no le valen a quien quiera ser? – Trató de tranquilizarse, pero era difícil sabiendo que una amenaza fantasma parecía cernirse en torno a ella. – Si pudieras verlos, seguro que sacarías más en claro que yo. – Mencionó enfadada consigo misma, si se lo hubiera contado a su madre la habría instruido, sería capaz de descifrar esas metáforas.

Sin embargo ella rechazó que pudiera tener visiones, que fuera clarividente. Pero era solo una mentira, un parche temporal,  y ella lo comprendía. Tarde o temprano sabía que germinarían, no conseguiría bloquear eternamente parte de su naturaleza. Y ahora emergía con más fuerza que nunca, y ella desconocía como protegerse ante ellos.

- Definitivamente, rechazar aprender de mi madre, fue la peor decisión que tome. – Montblanc bostezó abriendo su pequeña boca y saltó de sus piernas para hacerse un ovillo a sus pies. Como siempre al gato le entraba sueño justo después de que la nephilim lo acariciara. Adrianna se tumbó contemplando el techo,  a su juicio bien le hacía falta una mano de pintura. No entendía mucho de diseño de interiores, pero unas manchas oscuras en el techo no eran precisamente art noveau.Y lo peor, es que vi como morirían esa noche, antes de verlos irse, y me quede callada. Especulé que cambiaria, que sería una pesadilla ¡Una pesadilla, Ja! – soltó una agria carcajada, no tenía ganas de reírse- . Fui egoísta, y lo peor, es que pague mi pecado con las almas de mis padres. –  Se tapó la cara con un almohadón redondo y suave. Había confesado el pesar que cargaba sobre sus espaldas día a día, durante todos los malditos años de existencia sin ellos.- podía haber hecho algo, cualquier cosa: Pedirles que se quedaran, que esperaran al día siguiente, y no lo hice… ¿Qué clase de hija fui?- Su voz se extinguió, mientras sus ojos brillaban acuosamente. Ásperamente, tragó aliento, y no lloró, sus padres no les gustaría verla sollozar, y por ellos no lloraría ni una lágrima.

Trató de continuar el día fingiendo que iba todo bien pero no era así. Preocupaba dormir, temía que podía ocurrirla. Por ello se aferraba al colgante de Magnus con fuerza, como si al tocarlo pudiera crear un escudo protector. Al menos su tacto apaciguaba la ansiedad, de la que tras unas horas, era un mal recuerdo. Preparó algo para comer, menos mal que había comprado productos comestibles por la mañana, no se fiaba de esas botellas que guardaba el brujo en la nevera. Con los años y práctica, sus habilidades en la cocina acrecentaron, si bien no gozaba de apetito, debilitándose tampoco haría mucho bien.

Comieron en absoluto silencio, ya que Magnus estaba completamente concentrado en el diario de su madre, Adrianna lo leyó mientras lo transcribía a escondidas en Oxford, ciudades de ceniza, guerra, sangre y fuego. Sin duda el futuro que su madre esbozaba no era muy halagüeño. Otras hablaban de sucesos que a fecha de hoy, habían ocurrido, “El suelo no solo estarán coronando las estrellas en el mármol, estrellas de sangre esbozadas en el suelo. Los custodios de la espada,  no podrán gritar ni escapar. Su ciudad de hueso se volverá por fin tranquila.” Su madre recitó de los sucesos sobre la Espada Mortal, Valentine había diezmado a todos los hermanos silenciosos, como ella profetizo: Aquello estaba plagado de sangre, y como ellos tenían las bocas cosidas, no hubo gritos. La muerte otorgó de un silencio lúgubre y frio a la Ciudad de Hueso, fue la última vez que se adentró en aquel lugar, y no quiso repetir semejante experiencia.  “Si su plan se lleva a cabo, los ángeles serán repudiados, todos los portadores de una marca, morirán transformados en sus peores pesadillas” Todavía trataba de hallar explicación a esa visión.

Mientras tanto Magnus repasaba con sus felinos gatos, entre una paleta de emociones muy amplia. Frunciendo el ceño, transportándose al mundo de sus pensamientos o simplemente robándola sin que ella se diera cuenta un poco de la tortilla francesa de queso. Deseaba preguntarle, pero parecía tan concentrado que no pretendía entorpecerle.

- Dijiste que solíais hablar de sueños, intercambiar ideas, ¿mi madre mencionó algún sueño en particular? – se le ocurrió detener al brujo, unos segundos para que le expusiera si bien fuera un mísero “No”. Ese silencio la corroía como el veneno en su sangre y nunca mejor dicho.

Después pusieron una repetición de aquellos programas que le gustaban a Magnus, Adrianna rodó los ojos y aceptó verlo. A continuación de que acabara, por suerte y salvación para ella,  visionaron una película antigua, tal vez para Magnus era moderna, Desayuno con Diamantes. Audrey Hepburn se veía perfecta, encarnando a Holly una desenfadada ingenua de Manhattan que soñaba casarse con un millonario. Su vestuario era sin duda agraciado, humilde y a la vez refinado, Adrianna habría querido tener su encanto, sencillez o elegancia. Y Magnus le recordó que él también se vería divino con ese traje.

- Más que el traje, es ella. Brilla en todo momento, tiene tanta seguridad en lo que hace. Y sin duda, ese traje es una maravilla. –se referían aquel con el cual miraba el escaparate de Tiffany’s, la mítica escena de la película. Al final los dos cedieron al cansancio y se quedaron dormidos en el sofá,  aunque Magnus alegó “solo había cerrado los parpados unos segundos” – La peor excusa para negar el agotamiento ¿Es que te escapaste ayer de la cama mientras yo dormía? – rio momentáneamente. No necesitaba confesarlo, era una maldita empática, reconocía los síntomas. “Amor, ¿Cómo puedes ser capaz de enterrar a alguien y al mismo tiempo elevarlo a los cielos?”

Aquella noche en sus sueños no había demonios, ni niños llorando, no había jóvenes con alas de demonio. Solo una llama azul, una que viraba en torno a sus manos y no extinguía, calor y tranquilidad, ¿Qué era eso? ¿Por qué su corazón parecía estar en calma y agitado? Cuando despertó era temprano, más de lo normal. Se ducho y arregló en poco tiempo. Debía recoger su nuevo móvil, ya que el anterior estaba hecho trozos “gracias” a las patas y el icor de un demonio.  Dejo una nota junto a un desayuno, “He ido a recoger mi móvil, llámame cuando despiertes, y come algo Magnus. Adrianna”

Lo que no se esperaba es que aquel día sin desayunar ni dormir a gusto en la cama, tratando de averiguar que fue eso: Surgió una persona que la hizo olvidar lo malo de aquellos días a parte de Magnus. Como el brujo pronosticó, era un hijo de Lilith. Compensar todo lo pasado, dar una segunda oportunidad a su dolorido corazón. Noah era divertido, pícaro y un poco don Juan, pero era incapaz de resistirse a ese encanto que borboteaba de su piel. Para ser exactos, ambos no parecían resistirse al deseo de estar juntos.  Su voz era capaz de hechizarla, la prestaba atención y la hacía reír. La veía especial y no negativamente, a Adrianna la inquietaba  que fuera algún sueño y en segundos, despertaría en la habitación de invitados de Magnus. Pero tras concretar la cita y salir del local, se pellizco el brazo y comprobó que era real. Saltó de alegría en mitad de la quinta Avenida ante la mirada de los mundanos  y respondió a Magnus Bane.

- Emergencia de moda, necesito de tus habilidades de gurú de la moda, Magnus ¡Tengo una cita! – Soltó un leve gritito. – Quemaré la tarjeta, pero no me iré sin algo que le deje con la boca abierta. – comentó eufórica y tomó asiento en unos bancos cerca de las prestigiosas tiendas, no iba a reparar en gastos. Informal pero no por ello menos hermosa. – Te espero junto a Chanel, necesito de tu ayuda, mi ropa está lejos de llamar la atención. – confesó, era un tanto superficial y vano centrarse en la moda, cuando le había gustado por su carácter. Pero ella quería verse también femenina, era su turno de dejarle sin palabras. Además se merecía un poco de alegría, era injusto discutirla con el destino.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Ago 31, 2013 11:01 pm

Y bajo las aguas de la inquietud se movían sus sentires. Deseosos, intentando emerger para perderse en la agonía del momento. Era esos que corroían su mente, indagando. Desentrañaban lo oculto, lo exponían ante los cuestionamiento del ser que moraba en su interior. Todo el tiempo se burlaba de él, realmente alguien gustaba de mascar su estado de ánimo. Bane sabía que ese alguien no era nadie más que él. Aunque le encantaba y divertía pensar que mantenía conversaciones poco inteligentes con su mente para dejar el aburrimiento atrás, eso o estresarse por todas y cada una de las palabras poco halagadoras que él mismo se dedicaba. Allí, en algún recóndito de su mente estaban los retazos del brujo de antaño. Y no es como que ahora hubiese cambiado mucho, salvo que se involucraba más con todos a su alrededor. De haber sido el Bane de al menos unos ochenta años atrás, la ciudad de Nueva York y esta chiquilla de Adrianna, habrían visto de él, su despampanante espalda. Odiaba tener que estar aqui. Complicaciones. Las detestaba.

Sus orbes verdosas apenas y observaban nada. Estaba perdidas en un pensamiento lejano. ¿Escapar? No, simplemente deshagorse un poco en el interior de otro banal pensamiento. Su curiosidad era tal que a este grado de interacción con el mundo actual no le permitía escapar, sino adentrarse. Qué exhuberante sensación, embriagadora y letal. Saber. El poder del conocimiento es lo que le impedía irse y dejar a los Hijos de Razhiel solos. ¿Qué harían estos mocosos? "Sobrevivir" respondió su caprichosa mente. La risita era un eco perdido en las profundidades. Estaba constantemente allí, a veces se olvidaba de que existía, pero al recordarlo su volumen ascendía; burlona y a veces aburrida. "¿Acaso te crees muy indispensable? Los nephilim han vivido durante décadas, tiempo más largo que tu. Siguen de pie, siempre. Jah! Pobre brujo, cuando les seas inservible se olvidarán de ti. Ya lo han hecho antes, en cualquier caso. No le desgradaba ni mucho menos importaba que los cazadores pasaran de largo. Nunca había vivido tanto para ellos, reculando, solo por uno. Y él si que importaba, tanto o más que cualquiera de todos los amantes que había tenido a lo largo de los años.

—Jonathan, por supuesto— respondió distraído. ¿Quién no sabía el nombre del hijo de Valentine? Incluso Jace, con su sola presencia hacia que el nombre de su supuesto hermano, y verdadero hermano de Clarissa, saltara con luces de neón, juegos pirotécnicos, música oriental y un par de niñitas japonesas hacendo cosplay ecchi. Una imagen muy viajada hasta para Bane. —Casualmente...— musitó para sí mismo, "casualmente es el crío que soñaste. El mismo que vi aquella vez con Clary y aquel que detendrá el desequilibrio de la vida y la muerte que causó Razhiel". Casual. Nada de ésto pintaba bien. Lilith seguramente había estado experimentando con bebés humanos, aquella mujer traslocada por su instinto maternal que no solo dio vida a los grotescos demonios sino que dio la oportunidad de traer al mundo nuevas razas. Pero eso seguía sin ser suficiente, ella necesitaba más. Más que seres imperfectos, y Valentine se lo daría.

—Si, si— dijo exasperado —cálla de una vez—. Tanto parloteo detenía el flujo de sus pensamiento. Si Jace poseía sangre de tantos mundos, ¿cómo no iba Lilith a lograr tener a su propio retoño? Era más factible que la madre de los demonios pudiera tener a una criatura "perfecta", que el hecho de pensar en todo el linaje que cargaba la cicatriz de estrella de los Heróndale. Sangre del Ángel, demonio -una clase híbrida de brujo-, generaciones de sangre mundana, otras más de nephilim y otra dosis extra de Ángeles. Vaya, que revoltijo resultaba ésto. Sí, era más fácil crear un hijo de Lilith y un vampiro diurno con la marca de caín que un espécimen como lo son los Heróndale. Malditos. Sí, lo están y Will tenía razón.

—Lamentarse por el pasado es dolorosamente ridículo— le frunció el ceño —lo hecho hecho está. El mesías lo dijo y te lo repito también— sonrió, astuto. —La muerte de tus padres fue entristecedor, pero era algo que tarde o temprano ocurriría. Si no morían esa noche, juntos. Morirían después, en alguna misión, quizá hasta separados. Solos. Eso hubiese sido mucho más deprimente. Además— se encogió de hombros todavía con el semblante lejano —dudo que se hubiesen quedado. Tu madre sabía que hay predicciones que aún cuando se intenten cambiar el desenlace será el mismo. Y...— una vez más su sonrisa —son nephilim, si, pero también mortales. El ciclo de la vida. Adrianna Birdwhistle, cazadora de sombras.

—La hipótesis es: Lilith por fin ha conseguido a su hijo, después de años de experimientos. Un culto redentor podría explicar algunas cosillas del sueño. ¿Cómo? Allí viene lo interesante. Valentine, de alguna forma logró invocar a la mismísima madre de todos los oscuros, bla bla. Ella le dio su sangre para que el fanático cazador fundador del Círculo diera una dósis de maldad a su semilla geminadora que ya estaba dando frutos en el vientre de la pelirroja Fray. El resultado: un muchacho podrido tan loco como las cabras de su padre. Ahora bien, el porqué de los sueños que te jalan a la locura— la idea se cocía dentro de su cabeza, pero entre más intentaba desentrañarla más se apañaba su mente para encasillarla. "Esto no te incumbe, Bane" golpeó el tabique de su nariz con el índice , "sabes mejor que nadie que Lilith tiene métodos poco ortodoxos para callar a alguien. No te involucres, brujillo. Nada terminará bien.

—Me temo, que al igual que tu madre, estás metiendo tus narices en donde no son bienvenidas— sonrió con cierta malicia. "Oh, si, esto se pondrá muy divertido" —ya sabes, la reina de corazones pide la cabeza de quien le importuna y tu, terroncito, eres Alicia— probablemente esa teoría suya fuese cierto, más bien, lo era. Lilith veía en el actual Sebástian Verlac a su primogenito. Lo quería regresar a la vida, aja, sonaba dulce; una madre en espera de su pequeño. Alguien, Adrianna, estaba develando parte del secreto, por ello el llevarla al borde de la locura. Sonaba factible, pero ¿por qué tomarse tantas molestias? No podría regresar al cazador a la vida, no sin un sacrificio a voluntad. Nadie querría terminar con su vida por dársela a un lunático. A menos que otra vez estuviera involucrado Jace.

Se entretuvo en las divagaciones de su mente, entretanto leía una que otra línea salteada del diario. Una sonrisa triste. "Aun cuando hubieses sabido que los Hermanos Silenciosos mermarían peligrosamente no habrías hecho absolutamente nada" mordió su labio púrpura "igual que no hiciste nada con el suceso de la magia negra y Tatiana Blackthorn (Lightwood) a pesar que te enteraste mucho antes de la fatalidad" dio un bocado. ¿Ahora estaba comiendo? Ni cuenta se dio cuando se sentó frente a la mesa a comer quien sabe qué. "Cierto, cierto. No hice nada y probablemente no hubiera hecho nada, pero una cosa es cierta, me gusta estar enterado de lo que pasará".

Bebió, comió y después como despertando de un largo letargo, se estiró cual felino. Sus orbes despedían una centelleante luz desde el borde dorado. Conocimiento. Se encogió de hombros pero notó en la castaña que no aceptaría ningún gesto como respuesta. Sorbió con desagrado desde el vaso de vidrio. Recordó que Sophie lo reprendió la vez que entre sorbos ruidosos se terminó su té, alegando que en las tierras lejanas del Sol Naciente el sorber el té era sinónimo de cortesía y buenas costumbras. No mentía, pero ese comentario salió como por arte de magia de sus labios, salvándole la siguiente reprimienda, bebía así solo para no ser recatado. A veces se hartaba de hacer las cosas como se supone que debían ser. ¿Un Hijo de Lilith influenciado por los mundis y nephilim? Impensable.

—Si, había uno..., muy especial y recurrente— mintió con una sonrisa burlona jugueteando en sus labios
—en el te casarías con un brujo, muy sexy pero demasiado aburrido. No me veas a mi, que de aburrido no tengo ni mi grandioso nombre— colocó ambas manos sobre la mesa, se levantó tomando el diario y metiéndolo en el bolsillo trasero de sus holgados pantalones —de su pijama—, y se acomó en el sofá.

La proyección comenzó con un Bane simulando estar atento a cada diálogo. Y regodeándose de su buen ánimo para imaginarse entrando en uno de esos vestidos. No es que realmente lo hiciera pero era divertido pensarlo. Prefería piel, lentejuelas, seda y purpurina. Era su vestimenta del siglo XXI, no todo el, solo en los últimos diez años.

—Querida, eso lo dices porque no me viste en los 60's con mis mejores ropas— sonrió hundiéndose en su asiento. La canción Moon River le arrulló; le hacía falta echarse una pestañita. En su sueño, fugaz, Alec representaba toda la escena. Ambos, viajando. Subiendo a un avión. Solo un par de veces, ya que el brujo tenía mejores formas de trasladarse. Una alfombra sería el vehículo perfecto. Ya podía imaginarse al cazador, la cara de pánico o sorpresa que tendría al elevarse; quizá ninguna de las dos, solo la aprehensión de sus emociones en sus intensas mejillas sonrojadas.

Dos segundos —fue más pero él sintió que apenas y cerraba los ojos— después la película había terminado y Bane se despertaba.
—Uhmmm..., abrir un portal en tu habitación y allanar los sagrados aposentos de una cazadora malhumorada no entra, definitivamente, en la catergoría de escaparse— se desperezó y se fue a su habitación —por cierto. Alexander sabe de tu presencia en mi magnífico loft, pero me pareció que está amenazandote en la distancia. Aqui entre nos, sus celos son encantadores— sonrió risueño giró el picaporte de su habitación —le dije que eras como mi madre y se quedó tranquilo, solo, mantente alejada de mi habitación y nada malo ocurrirá— cerró y se desplomó en su cama, no sin antes enviar un mensaje de texto al nephilim. "Aún te sigo echando de menos".

—Sabía que decir que es como mi madre se queda corto ante ésto...,— cogió una tostada de pan —"llámame cuando despiertes, y come algo Magnus"— releyó mordiendo su pan, masticó lentamente y lo devolvió a su lugar. Limpió sus dedos en su pantalón mientras daba un corto sorbo a su bebida, acto seguido se metió a duchar y vistió con unos sencillos vaqueros de mezclilla en el lateral una franja de piel, una playera entallada negra, delineador verde y una capa intensa de purpurina.

Esperaba el mensaje de Alexander que le confirmaría a qué hora y donde se verían. Mientras llegaba marcó el número de la cazadora. Por intuición supo de qué se trataría todo éste asunto. "Un Hijo de Lilith", pensó escuchando la voz que repentinamente sonaba aguda al otro lado del teléfono. Lo despegó de su oreja, tenía que alejarlo antes de que el gritito lastimara sus delicados oídos. Gimió, ¿otro día de compras? No, no podría soportar un día de compras con una cazadora. Prefería ver a Camille devorándose una rata y sonriendo gracílmente con los dientes manchados de sangre que ir de compras.

—Por supuesto— aclaró su garganta —estoy tan emocionado, ¡compras!— sonrió muy a su pesar y dejó escapar una risita divertida —dame quince minutos, te veo allá, enamoradiza— cerró el móvil y salió dando un portazo. El gato de Adrianna dio un respingo y Presidente Miaw ya estaba de escurridizo en la ventana. —Cuídate pequeño bribón— caminó calles abajo con tranquilidad pero con pasos largos. No tenía tanta prisa, después de todo.

Tardó más de veinte minutos y vio a la resplandeciente muchacha. No pudo menos que sonreír. Ella tenía un corazón romántico que se enamoraba de las personas incorrectas, aunque quizá el afortunado brujo era el correcto, a saber.

—Aquí estoy— le indicó con el índice que se acercara —vamos rápido a comprar tus vestidos que mis zapatos esperan ansiosos a mis lindos pies— le tomó del brazo como todo un caballero y se adentraron a la tienda. "Perfecto, otro día de compras. Solo espero, por nuestra salud mental, que Adrianna sea menos caprichosa que la Lightwood". —¡Vestidos, tacones y joyas!— el cosquilleo de la emoción por comprar se extendió por todo su cuerpo mientras entraban a la lujosa tienda. Desde ya divizaba hermosas telas, colores ideales a su tono de piel, "Bane, la ropa es para Adrianna" giró el rostro, "aja", colores ideales para la cazadora y piedras que robaban un suspiro encantado del Gran Brujo.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Dom Sep 01, 2013 12:30 pm

Adrianna no apartó la mirada con las palabras de Magnus, la muerte de sus padres había sido más dolor del que podía llegar a imaginar, creía que era dura, pero se despedazaba a trozos lentamente, viéndose conducir por la deriva. Lo único que la nephilim  le daba la razón es que ellos estaban juntos. Morir solos, les hubiera resultado mayor sufrimiento.  Intento comprender en el lugar de su madre, entendía que iba a morir, y pese a todo adquiría fuerzas para reír. Sophie se enfrentó a su muerte. No cambió su visión, ni el destino, lanzándose en brazos de la muerte en un viaje sin retorno alguno. En aquel momento, los ojos zafiro, de la nephilim, brillaron aún más, los secó, con la manga de la camisa fingiendo que estaba algo resfriada. Se incorporó para conversar con el Gran Brujo de Brooklyn sobre su teoría.

- Encuentro un cierto sentido, aunque aun no comprendo como yo puedo ver algo. Mi clarividencia está, en muchos grados, inferior a la que mi madre dominaba o la tuya Magnus. No hallo porque se presenta a mí los sueños. – Toda aquella hipótesis del brujo no parecía tan disparatada,  guardaba una relación: Los rumores afirmaban de que Valentine había llegado a experimentar con sus hijos antes de nacer. Celoso de las habilidades de las demás razas, ambicionaba lograr crear una nueva de nephilims poderosos. Así que era Lilith la que entregó su sangre para hacer a uno de los hijos que gestaba Jocelyn Fray, fuera mitad demonio. Y así al fin Lilith tuvo un hijo, aunque Jace Ligthwood acabo con su vida, nunca encontraron el cadáver.

Desaparecido el cuerpo, no podían dar por sentado que estaba muerto Sebastian Verlac, o como era en verdad Jonathan. Ella le distinguía vivo, muy vivo, una estrella negra deslumbrante. Y Lilith quería recuperar a su hijo, pero la balanza de bien y mal se desestabilizaría, si es que ya no lo estaba. Si bien Lilith era taimada, y tras millones de años sin tener un descendiente, no lo abandonaría aun cuando estuviera en las puertas de la muerte. Era una madre en el fondo, haría cualquier cosa para recuperarlo, incluso si con ello destruía la tierra que habitaban.

- ¿Un culto? ¿Esos bebes que solo oigo llorar, es un culto a Lilith? ¿Qué pretenden? ¿Reproducir lo hecho en Jonathan? No va a poder, los mundanos son débiles, mezclar sangre demoniaca con la de los mundanos ¡No va a dar resultado! ¡Solo muertes! ¿Qué han hecho unos bebes para tener que padecer tal calvario y morir?  – Recordó las palabras de Magnus, las visiones aun cuando se intentarán cambiar, el desenlace seria el mismo.Si lo que vi es cierto, ¿Cómo vamos a consentirle que mate a mundanos por un culto? – Profirió un leve grito desesperada: Era una nephilim, su misión era proteger a los mundanos de los demonios, no quedarse viendo como ocurrían las cosas. Sin embargo factiblemente por más que hiciera, el desenlace seria el mismo o no, tal vez era una visión que pudiera cambiar.- Alicia era mi madre. – comentó ante la comparación de la situación con un fragmento de Alicia en el País de las Maravillas. La que llevaba el nombre de la protagonista era su madre, si bien eso solo era una curiosidad. – Ella vio su muerte, y fue de hecho a la razón de ella. Tengo una idea,  sé que sonara majadera ya no soy lo adecuadamente poderosa para enfrentarme a Lilith. Pero meteré las narices en sus asuntos, pese a lo que pretenda hacer conmigo. Si puedo advertir algo para ayudar, sé que mi sacrificio valdrá de algo. No puedo dejar que esos llantos sean reales, no me lo perdonaría.- se quedó callada, dentro de ella una pelea entre lo que era sensato y lo irresponsable tenía lugar. Como nephilim, su vida no importaba, si moría otro la sustituiría. Pero al menos si averiguaba lo suficiente, conseguiría explicárselo al brujo  y que lograra hacer algo para detener las atrocidades de Lilith habría valido la pena exponerse a tal riesgo.  – Ahora conociendo esto…. Algo ronda mi cabeza. Mi madre, según su diario, tuvo sueños similares a los míos sobre los planes de Lilith, días antes de que apareciera ese demonio mayor donde vivíamos ¿No es demasiada casualidad? ¿Puede que Lilith lo hubiera mandado para callar a mi madre? – el puzle parecía encajar, su madre había asumido las visiones, y ella también. Posiblemente no le sorprendería a aquel demonio, que otra persona se metiera en sus asuntos, lo que erizó su piel. – Pues que me corte la cabeza, no la temo. – sentenció mirando con dureza al brujo, si Lilith iba a entorpecerla  a ella también. La estaría esperando, lista para pelear.

No obstante otras preguntas quedaban en el aire ¿Cómo lograría devolver la vida Lilith a su hijo muerto? Una vez separada el alma del cuerpo, era casi imposible recuperarla, pero probablemente que un demonio tan anciano, madre de los demonios y los brujos, guardaría algún que otro as bajo la manga. Adrianna deseaba preguntarle tantas cosas a Magnus, pero este no parecía estar en el planeta. Sumergido en un enfrentamiento consigo mismo, distraído con la lectura,  prefería no interrumpirlo. Aunque sus breves palabras, eran como un soplo de aire en un día bochornoso de verano, apaciguaban el alma torturada de la nephilim.

- Tranquilo por semejante descripción, tú no encajas en aburrido, no me fijaré en ti. – le sacó la lengua. Mientras se acomodaban en el sofá, Adrianna se descalzó, mientras pudo ver a Montblanc y Presidente Miau durmiendo juntos bajo la mesa. Escucho los comentarios de Magnus, no pudo evitar reírse en lo bajito. – Sin duda daría dólares por una foto tuya en esa época. – Conocía las excentricidades del brujo. Pero comprensiblemente no le había visto a lo largo de la historia, y no lograba negar la curiosidad por conocer a Magnus en otras épocas ¿Cómo sería el brujo en los años veinte? ¿O en la época victoriana? Al final, el sueño les venció a ambos, y despertaron al cabo de unas horas, con otro de los programas favoritos de Magnus. La odisea de la noche anterior, revelaba su cansancio. – Eso lo explica todo. – Conseguía casi visualizarlo en la mente, el brujo no conocía bien el término “quedarse quieto” al menos a Adrianna creía que convenía enseñarle el significado algún día.Espero que no se molestara mucho. - ¿Celos? Nunca se vislumbró esa situación, quería a Magnus no lo negaría, pero era un amor fraternal, no iba más allá de eso. –  Nunca llegue a deducir que supondría, yo, celos. - ¿Cómo su madre? Vale eso era reciproco, a veces ella hacia el papel de madre de Magnus y otras, el brujo era casi su padre no obstante con algo más de maquillaje y lentejuelas.

La aparición de aquel brujo Noah Bennet, el día siguiente, en la vida de la nephilim fue como despertar de un mal sueño y nunca mejor dicho.  Tal y como había pronosticado Magnus, allí estaba Noah, haciéndola reír o sonrojarse, con un halago en la boca, y esa forma de mirarla. Aún le producía cosquilleos mirar su mano y recordar que el brujo se la había sostenido.  Aunque a diferencia de las palabras de Magnus, Noah era encantador, y muy divertido ¿Sexy? Solo de acordarse la camisa que llevaba y su rostro se volvía carmesí.  Suspiró en mitad de la Quinta Avenida dejando que el frio la despejara. Profesaba dentro de ella, que era aquello, intensamente especial.  Además aquella sensación cuando le paso parte de la magia, era incapaz de explicarla, pero la animó sin darse cuenta. Deseaba mover las manecillas del reloj y que ya fuera mañana, si bien recordó que no tenía nada bonito que vestir y por aquello incumbía esperar.

No supo cuánto tiempo paso, hasta ver al Gran Brujo de Brooklyn paseándose por la Quinta Avenida como si estuviera en su salsa. Concluyentemente sabía cómo destacar en cualquier situación, envidiaba contárselo, casi gritarlo de felicidad a los cuatro vientos. Pero convenía ser cauta, era a su vez peligroso todo aquello. Estaba en juego una parte ya doliente de su cuerpo, el corazón. Rio ante el comentario con una felicidad que no sabía de donde escapaba.

- Si además no me gusta que tengas más bufandas que zapatos. – comentó con una sonrisa, y comenzó aquella odisea en las compras.  Adrianna aborrecía las compras, y perfectamente podía sentir lo que el brujo intentaba ocultar, trató de no ser quisquillosa.

La odisea les llevo primero por una tienda en la que ninguno encontró nada interesante. Para aliviar ese mal, acudieron a una zapatería, estaba rebosante de gente, y no solo mundanos, brujas, hadas,  mujeres lobo. Magnus iba por el cuarto par de zapatos que elegía, cuando Adrianna encontró los exclusivos Manolos Blahnik, unos zapatos únicos, elegantes que tenían la parte posterior de color rojo, excluyendo al resto de zapatos a las penumbras. No evitó probárselos y que Magnus diera su aprobado.

- Son preciosos – eran unos tacones negros, elegantes, sencillos pero no quitaban ni una gota de hermosura en su diseño, el tacón le confería un par de centímetros extra. – Son unos Blahnik no puedo decirles que no. – bromeó aunque la mirada del brujo era ¿aprobatoria? Al menos le brillaban los ojos, quizás era algo bueno.  Satisfecha se compró dos pares más bailarinas de distintos colores, y unos tacones azules marino con un poco más de tacón. Mientras Magnus volvía loco a la dependienta con su sexto par de zapatos que iba a comprar, la pobre mundana no podía dar abasto con las exigencias del brujo.

De camino a Prada, Adrianna entro rauda en Victoria Secret y salió con una bolsa antes de que Magnus hiciera algún comentario, roja o por la velocidad o por la timidez. Pero no había podido resistir llevarse algunas prendas que vio en el escaparate. Cuando entraron en la nueva tienda fue como llegar a un oasis, la nueva colección era desenfada, con toques juveniles, rompedora y sin duda con muchos atractivos para el brujo. Adrianna vio un abrigo impresionantemente diseñado para una persona llamada Magnus Bane. Fue a mirarlo hipnotizada por tal belleza cuando el brujo le lanzo una de sus miradas, que comprendió por  “lo siento, pero es mío”. La nephilim fue tomando ropa que le recomendaba Magnus, y su sentido de la moda,  y otras por su propia elección.

La ropa que se probaba a diferencia de la que solía vestir, remarcaba sus curvas, las telas y colores hacían que resaltaran los ojos como un vestido sin mangas de cuello barco, según Magnus porque ella no terminaba de entender eso, con un poco de vuelo hasta las rodillas sacando su lado inocente y dulce. Se recogió el cabello en mientras se probaba ya que el cabello la molestaba cada dos por tres y le enseñaba los conjuntos falda gris con una camisa de encaje y chaqueta a juego. Un par de jerséis largos con leggins de punto evocando a una Adrianna más femenina. Camisas caladas, con escote, como decía el brujo “sacando la pobre mujer que llevaba dentro atormentada de tanto pantalón”. Si bien no todo era del gusto de ambos  un par de faldas, las desecho porque parecían más un cinturón que una falda, dejando poco o nada a la imaginación. Abandonándolas en el absoluto olvido del probador. Quedaba aun una prenda, un vestido con un pequeño escote, en un azul marino que iba a juego con sus ojos, y el corte de la falda era por encima de las rodillas luciendo sus largas piernas. Al ponérselo marco formas que ni ella imaginaba que tenía, poca cintura, y más cadera, incluso parecía tener más talla de sujetador. Tallándolas con cuidado y gran elegancia, sello de la marca. Sacó los tacones negros  que compraron en la zapatería y salió del probador.

- ¿Qué te parece este traje Magnus? - ¿Era ella, o le había visto sorprenderse? ¿A caso le quedaba mal? Dio una vuelta, en el espejo se veía rara, pero no negativamente, solo que no se había visto así. El brujo estaba rodeado de bolsas de la tienda, y con un par de damas que no le quitaban el ojo de encima, lo que le provocó la risa a Adrianna. - ¿Me queda bien? –sonrió, estaba flotando aún, recordando a Noah, tendría que hablarle un poco a Magnus, al fin y al cabo, mañana le vería. – Es una cita informal, pero quiero impresionarle, no creo que mi camiseta friki le dé la impresión adecuada. –se sonrojó, la cazadora estaba en otra esfera pensando en que ocurriría al día siguiente, de solo pensarlo su corazón amenazaba con salirse del pecho.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Dom Sep 08, 2013 10:50 am

¿Por qué se sorprendían tanto? Esa ridícula teoría se argumentaba sola. Estaba claro lo que ocurría. Lilith, Jonathan (Sebástian), Valentine, y los pobres infelices que se unían a este trío de locos. No sonaba nada descabellado, incluso debería darse una reprimienda de porqué no lo pensó antes. Quizá hasta los demonios Mayores que ahora azotaban la ciudad no eran más que esclavos de la Reina de los Demonios, enviados por ella para despistar al enemigo. Preocupados por el mundo de las sombras no estaban pendientes por su deber, los mundanos. No podía descartarse ese hecho, aunque poco probable que fuese cierto. Esos dos demonios no eran más que seres caprichosos y aburridos que encontraron diversión atormentando a aquellos que compartían su sangre demoniaca. Bien, tal ves la segunda teoría —la de los demonios Mayores— no fuese la correcta, pero lo que respecta a Lilith y su adorable retoño, en esa Bane sabía que no se equivocaba. Tampoco la que involucraba a Diana cazadora, es decir, a Adrianna. Ella interfería de una manera u otra. ¿Por qué al brujo nada sucedía? ¿Su linaje? ¿Su poder psíquico? No, era por su falta de interés. Él tenía sueños, predicciones; pero, poco o nada le importaban. A la cazadora si. ¿Quién realmente suponía un mayor peligro? Tarán. La mocosa irresponsable a la que su vida le valía lo mismo que sus converse olvidados en la lavandería.

Una fuerte jaqueca taladraba los sentidos del brujo. Intensificándose al escuchar la verborrea de la castaña. Allí, las palabras de todos y cada uno de los cazadores de sombras a lo largo de los años. Año tras año diciendo lo mismo. Sabían que su descenlace estaba cruzando la fina línea entre la valentía y estupidez, y se encaminaban gloriosos a la estupidez. "Razhiel guarde a sus imperiosos hijos", y no conformes, levantaban su barbilla sintiéndose superiores. "Niños", todos ellos infantiles aún siendo adultos. Bane no los juzgaba, tanto, pero siempre resultaba alarmante la forma en que se lanzaban al peligro. Adictos a la adrenalina, suponía él. Por otro lado, el brujo solo se arriesgaba de ser necesario, si la causa estaba perdida; dar media vuelta era una excelente estrategia. Era inmortal más no invencible.

—La puerta del éxito es así de pequeña— bajó su mano hasta acariciar las orejillas rosadas de Presidente Miau. El minúsculo gato blanco ronroneó de placer moviendo su naricita y con ello sus largos bigotes. —Y para pasar por ella, necesitas una dosis muy grande de humildad— dejó de acariciar a su mascota, quien se frotó con encanto en su pierna. "Uhmm, ¿acaso esa frase no deberías decirtela más a menudo, brujo?" se encogió de hombros con elegancia felina "no. Yo ya pasé esa puerta hace mucho". —Te lo menciono para que no seas tan... tonta como para enfrentarte a esto, sola— admiró sus reluciones uñas negras y agregó: —pero adelante, no soy nadie para impedirte que corras a brazos de mi madre— la ironía se reflejó al referirse a Lilith como su madre. En cierta forma, lo era.

—Como dato curioso que seguramente ya debes saber— quitó la laca de una de sus uñas —la sangre de los nephilim es preponderante. Eso quiere decir que Sebástian tiene más características de los tuyos que de los demonios. Por tanto, su alma es fácil de conseguir aun después de muerto— se dedicó a quitarle esmalte a otra de sus uñas. Levantó la mirada y le sonrió encantadoramente, recordando la Ciudad Silenciosa. Los cazadores formaban parte de esa estructura, porque incluso muertos seguían cuidando a los suyos contra los demonios. Era fácil averiguar el porqué Bane había dicho todo eso, como leyendo el pensamiento de la nephilim. Muy sencillo era traer a Sebástian de vuelta. Tan fácil como el hecho de quien lo haría sería, Jace.

—¿Te parece gracioso? Fuí un ícono de la moda durante años, que lo sepas— le dedicó un mohín en el que enseñó sus blancos dientes y una nariz dorada respingada. —Dudo que sean celos al estilo amorosos, ya sabes— la perilla de su puerta estaba extrañamente calurosa. —Es porque estás aqui y todo eso. No lo culpo, yo también sentiría celos— se cuestionó el seguir sintiendo esa punzadita de celos por el parabatai de Alexander. "Solo un poco".

La productiva caminata fue todo, menos productiva. Así que denominarla así en primer lugar era solo a placer del brujo que se entretuvo comprando una joya a un ladrón. Un hombre de color, un gorro de invierno gris bastante feo y sucio, con una chaqueta que Bane denominó "execrable". Pero el neoyorquino tenía algo en su poder que al brujo encantó. Una sortija, imitación. Lo peculiar de aquella joya es que tenía un grabado, un motivo de hadas. Era verdaderamente una monada con sus diminutas haditas danzando, sus largos cabellos lacados y sus pequeñas facciones doradas. Lo colocó en su índice y disfrutó de su vista. Era perfecto. Seguramente no duraría un aguacero ni su centelleante magia pero de que por hoy podía darse un lujito pasajero, podía.

Se balanceó pavoroso mientras iba al encuentro de la cazadora. Sus zapatos emitían un tímido repiqueteo en el cemento hidráulico de la avenida. En esta ocasión no llevaba bufandas a pesar de que un millar esperaban ser el adorno perfecto en el cuello del brujo, se atrevía a ir lo más informal que podía. Su playera negra cruzada con dos gruesas hebillas y sus vaqueros tan ajustados que parecía una segunda piel. Se sentía de ánimo para las compras pese a que la experiencia no era la mejor. Prefería las compras solo cuando podía autocriticarse y sin quejidos de nadie más. Bueno, solo de las dependientas que tenían que atenerse al humor cambiante del egocéntrico Bane.

El brujo mantenía una ceja elevada por la sonrisa majestuosa que la cazadora tenía plantada en su rostro. Estaba pintada como en un lienzo. Le dio gracia y causó simpatía. Enamoradiza, como él. Quizá hasta más. La zapatería en que entraron era un paraíso de zapatos. El moreno inmendiatamente se trasladó buscar mil y un pares. Uno mejor que el otro. Negros, cafés, azules, con hebillas, cadetes, elásticos, botines, cacles, mocacines, deportivos y hasta elegantes. No había distinción, los quería a todos por igual. Algunos tan llamativos como su estrafalaria personalidad y otros lúgubres que podrían ser de mayor agrado a su cazador, aunque no eran para él. Había comprendido que comprar algo a Alec, era como desperdiciar su talento de la moda en alguien como Simón, por ejemplo. Iba por su cuarto o talves quinto par cuando recordó que este viaje de compras no era para él. Como fuese tenía varios y otros más que le traerían después de explicar que modelo quería. La dependienta le sonreía con suficiencia cada que el brujo exclamaba un "ah" y ponía carita triste ante sus "siguiente".

Se acaba de calzar unos náuticos azules, ese aire informal casi urbano que le encantaba se adhería a una franja de piel camell. Muy a chic para sus recién adquiridas bermudas; cuando dirigió su mirada a su compañera. Unos exquisitos Manolo seguían en las manos de la castaña. "Perfectos", pensó con suficiencia. No era tan mala compradora como hubiese creído y hasta tenía un tinte variante que Isabelle no poseía. No era atraída hacia todo lo negro y ajustado con grandes escotes y piernas al por mayor. Un poco más recatada y hasta infantil se le antojaba. Sí, le gustaba.

—No los sueltes entonces, que esa elfo no les quita el ojo de encima— el brujo sonrió a la elfo de grandes ojos escarlata y ésta dedicó un guiño encantador. "¿Por qué nunca he tenido a una elfo?" —no te  olvides los tacones— aconsejó mirando sus propio modelo. "Magníficos" ya se veía con todos esos pares. Todavía no sabía cuando terminaría de usarlos. Tenía bastantes que aún se hallaban perfectos en sus cajas. Los donaría, estaban pasados de moda.

La lencería siempre hacía brillar la mirada de Bane. No porque le gustara usarla, sino porque era una de esas prendas que gritan desde el aparador. Sus colores llamativos por su erotismo y sensualidad. Parecian ser la clase de ropa creadas por los hombres para su propio beneficio y no el de las mujeres en sí. Push up, jah, solo quería ver un cuerpo que fuera sinónimo de perfección ante los ojos masculinos. Pero ah que bien lucían con ellos.

Soltó una risita divertida —¿por qué la cara de tomate?— elevó las cejas y continuaron su camino. Magnus llevaba tantos zapatos que bien podría tirar los actuales y conservar los nuevos con algunos que jamás usaría. Un abrigo que le sentaba extraordinariamente bien y que estaba seguro, a Alec le encantaría. Pero aún no compraban vestidos y eso les tomaría un poco de tiempo. ¿Cómo luciría la cazadora en ellos? Recordaba haberla visto de vestido en alguna ocasión. "Oh, si" era apenas una niña y su madre solía ponerle fascinantes conjuntos de faldas y vuelos.

Y así como en aquella ocasión le vio vistiendo un coqueto vestidito azul ahora la volvía a ver. Ahora sí parecía una mujer y no una niña correteando en jeans. Sus ojos destacaban como dos grandes joyas en ese rostro aniñado. Sus torneadas piernas producto de todo ese entrenamiento de cazadores, eran una atractivo visual bajo el vuelo de su falda. Sí, lucidor, pero no por resaltar tributos sino porque marcaba todo lo que ella poseía sin darse cuenta. Por fin podía ver a la rosa de un jardín y su sonrisa reflejaba la satisfacción de verla.

—Uhmmm, ¿pero qué...— frunció el ceño con diversión —eres una mujer? Creí que eras un muchacho, y yo que estaba animándome contigo— sonrió levantándose de un salto. Caminó a su alrededor, evaluándola y escuchando su pequeña explicación —ese brujo— musitó quedando de frente a ella —es un tipo con suerte— asintió —ese vestido te luce espectacular, sin duda la mejor elección—.

—Anda, anda, quítatelo ya, que sino querré ser yo tu acompañante de mañana— bromeó dandole un empujoncito. Una vez más se veía como un orgulloso padre. Tenía más que la edad suficiente para serlo, y no es como si quisiera serlo. Pero de ser padre, sabría que se sentiría así.

Salieron de la tienda con una cantidad ridícula de bolsas. Bane se sentía feliz por tantas cosas, entre ellas, sus zapatos. Ya quería usar su abrigo esta noche. Pero lo dejaría para otra ocasión ya que nada le iría mejor con su suéter caqui que su chamarra de piel. Si, eso usaría. Pensaba en banalidades y a su mente llegó el hecho de que la mujer que estaba a su lado, feliz con sus compras y con esa nueva ilusión creciendo en su pecho iba a la segura en una muerte a manos de Lilith. Su semblante cambió y con decisión se detuvo.

—Recordé que debo conseguir unos ingredientes para un hechizo— dijo con soltura y despreocupación. —Te alcanzo en casa. Por cierto, si llama Alec, dile que mi móvil se quedó sin batería pero en cuanto llegue le devuelvo la llamada— sonrió girando sobre sus talones —oh, lucías monísima con toda esa ropa— caminó a grandes zancadas. Tenía varias cosas que conseguir antes de hacer eso que estaba pensando. —Llevaré algo de comer y prepárate, que por la noche saldremos a un bonito lugar— gritó por encima de su hombro, giró en la calle circundante y desapareció en la negrura.

Nadie, salvo los brujos atravesaban el umbral. Una puerta se erguía filosa en la pared. En cuando el brujo traspasó de aquel extraño lugar, Presidente Miau emergía debajo de la mesa y ronroneaba. —Así que aqui te escondes— comentó acariciando su cabecita redonda. Saltó el peldaño y se encaminó al closet. Tomó especias y hierbas de dudosa procedencia. Las guardó en una de sus tantas bolsas y salió presuroso. Si los Hijos de Razhiel tenían escondrijos en las iglesias, los Hijos de Lilith también los poseían. Bane, se alegró por ello.

Llegó después de una hora. Soltó las bolsas y de una de ellas Presidente Miau saltó. El brujo le gruñó sabiendo que encontraría pelusina entre sus zapatos y los de gamuza quedarían dañados. Exageró un poco pero... Extrajo la bolsita con las hierbas, entró a la cocina y las puso a hervir. Un aroma embriagador pronto salió, dulce, delicado. A Bane le gustaba. Sacó dos tazas y una cantidad considerable del té humeó en ellas.

—Adrianna, he traido un té en lo que la comida se prepara— sonrió colocando ambas tazas en la mesa —eso, en lo que llamo al restaurant— su risita se extendió vigoroza y disfrutó de su té. Estaba seguro que ésto no sería prudente pero algo tenía que hacer. Esperó paciente a que las telarañas de su cabeza se despejaran para pensar mejor y éste té de hierbas bien ayudaba a eso. Se desperezó con un bostezo, sorbió y cogió el teléfono para llamar al Taki's, a él siempre le hacían servicio a domicilio, un cliente frecuente al que debían traerle la comida o de lo contrario, su magia lo haría y sin pagar. En realidad beneficiaba a todos. —¿Algún mensaje para mi?
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Lun Sep 09, 2013 11:15 am

La nephilim no apartó la mirada, Magnus estaba siendo sincero, en ese intento desesperado por enfrentarse al causante de sus sueños, había olvidado que sin un trago de meditación para aclarar su mente. Su movimiento sería una osadía, y su destino se sellaría precipitadamente con su prematura muerte. No había reparado en que había atravesado esa barrera, de la valentía, a la soberana estupidez. “Deberías haberte parado a pensar, nephilim” reconsideró. Pero eran años de actuar con tanta osadía, que se preguntaba a veces como seguía viva, consciente de a que peligros innecesarios se había expuesto.

- Yo…No pretendí decir eso. – bajo la mirada contemplado a Presidente Miau, estaba satisfecho de que su amo le hiciera caso, casi pletórico. Era algo similar que cuando Magnus encontró al pequeño presidente Miau y Montblanc huérfanos. El gato había dejado de llorar cuando Magnus lo aceptó en su casa, como Adrianna hizo con Montblanc.- Magnus, no pienso hacer esto sola…Yo no tengo suficiente poder ni importancia, a lo quiero decir, tú quieres instruirme. Soy consciente de la tremenda estupidez que dije, pero no lograría dormir nunca sabiendo que vi algo y no hice nada, te digo esto, porque no me moveré sin tu aprobación, sin tu apoyo –respiró hondo, a veces la resultaba difícil explicar sus acciones, porque ni ella obtenía claro que iba a hacer.- No actuaré, me mantendré al margen pese a que duela, tu puedes guiarme mejor de lo que yo alcanzaría jamás a pensar. – de nuevo un leve grito de frustración escapó de su boca. – En mi cabeza el discurso era mejor, te lo puedo asegurar… La cuestión es que tú sabes siempre responder las cinco preguntas: que, quien, como, cuando, donde, sin ni siquiera despeinarte. Necesito aprender de ti esa prudencia si quiero enfrentarme y vivir... Fue tremendamente majadero lo que dije, me disculpo.

Una costumbre de los continentes asiáticos, era agachar la cabeza cuando un error se cometía. Dependiendo de la inclinación la disculpa era de mayor o menor grado. Posiblemente por acordarse de tal costumbre durante su vida en aquellos países, caló tan fondo en la hija de Raziel que sin darse cuenta, ella bajo unos instantes e hizo una breve inclinación. Demostrando el arrepentimiento de actuar sin pensar. ¿Su madre? Claro, Lilith no solo era madre de los demonios. Sino que por razón de su existencia, los brujos nacían del encuentro de un demonio y un humano. Era como si le pidiera Magnus enfrentarse a Raziel y su furia divina, aunque sabía que el brujo no importunaría a un ángel, conocida era su furia. Incluso con los instrumentos mortales, que protegían al que invocaba al ángel, Valentine Morgestern murió. También influía todo lo que acometió para lograr sus propósitos, ganándose, a pulso, la ira de los cielos.

- Sin embargo se recuperara el alma de Jonathan, el cuerpo no revive tal cual. Entraría en una especie de sueño, hasta que su cuerpo terminara por pudrirse. –Había contemplado un par de rituales de magia negra fallidos, cuando viajo por Asia. Los brujos solo lograban dejar cuerpos inertes. Sumidos en sueños de los que no despertaban nunca. Sin embargo a veces eran capaces de que estos abrieran los ojos, en tales momentos, los muertos parecían absorber todo el calor con esas miradas del otro mundo. Algo que intentaba olvidar, y cada día consideraba solo un mal sueño.-  Si Lilith le trajo de vuelta, aun encontrando  su alma, si bien es una conjetura, precisaría de magia. Y no creo que en tu registro de llamadas perdidas esté el teléfono de Lilith. –añadió con cierto sarcasmo. No imaginaba a la madre de los demonios usando tecnología mundana, aunque visto lo visto, más le valía no adelantarse a esos juicios.

Lilith por fin tenía un hijo, aunque fuera mitad ángel. Ella no se detendría bajo ningún concepto, jugaría a ser Dios. Remover tierra y cielo, exclusivamente para encontrar una solución, devolver el alma al cuerpo de su hijo y hacerlo vivir. Pese a que todo aquello desestabilizara la balanza de bien y mal. Una madre haría el sacrificio necesario para salvar a su hijo, y ella temía imaginar qué tipo de sacrificio llegaría Lilith, la madre de los demonios,  a cometer solo para dar vida a su vástago.

- No lo decía por eso, estoy segura de que fuiste el que hizo que se pusieran de moda los estilos de cada época. Sin duda daría un poco de mí para verte en esas épocas, un traje de la época victoriana te luciría muy bien. – Su mente visualizo un traje de época, y vistió al brujo. Indudablemente habría resultado tentador para muchas damas y caballeros. Adrianna era una enamorada de esa época, a veces se decía haber escapado de  ella, o que pretendía conseguir el amor romántico de aquellas heroínas de época. Si, es imaginable, pero aun así no me gustaría que se sintiera celoso de que yo estuviera aquí. –tomó el brazos a Montblanc, el gato dejo de jugar, aceptando las caricias de su ama. – No creo que lo mejor de una relación sea perder el tiempo por las inseguridades. Aunque debería no hablar, sentí celos hace tiempo por Camile, pues ella pasaba tiempo con él que yo ansiaba. Era necia y estaba enamorada de quien no debía, esa persona jamás me amaría del mismo modo que yo. Y alejarme, fue el mejor consejo que pudiste darme. – le agradeció al brujo con una sonrisa, Montblanc maulló.-Ahora soy feliz, no obstante, me gustaría sentirme querida –Acudió presta a corregirse. - ¡De otro tipo de afectividad! Mas intima… – estaba roja como un tomate, confesando algo tan profundo y se despidió a toda prisa para dormir.

El día siguiente, fue borrar su preocupación con un suspiro, un brujo tal y como había dicho Magnus Bane: Se había chocado con ella, literalmente y ambos parecían tener una conexión que la hacía sentir cosas de una manera tan profunda que jamás imaginó. Oficialmente disfrutarían al día siguiente de una “cita”, no sabía de qué grado, pero vendría a recogerla. Y ella quería lucir algo más encantadora que ese día, ¿Por qué no pedir consejo al brujo rey de la moda? Asaltar las tiendas, y recibir consejo para parecer más femenina. En la tienda de zapatos, la pobre dependienta corría del almacén a Magnus constantemente, Adrianna no lograba reprimir una risa. El humor flotaba en el aire, o ella encontraba ridículo no sonreír, un poco de felicidad no venía mal.

- ¿De verdad? –miró en la dirección que dijo, y sujeto los tacones, decidida a llevárselos. Le quedaban genial y no iba a dárselos a otro, se probó unos botines de tacón de aguja que pasaron a su compra, que al lado de la de Magnus no era nada.

Al pasar por Victoria Secret, los dos se pararon pero ella entró a prisa, sin duda las piezas de lencería eran obras de arte para vestirlas. Diseñadas con tanto estilo, que daba pena ocultarlas bajo ropa, eran capaces de tornar a una mujer en una diosa. Además del complemento de provocar que un hombre perdiera la cabeza. Y ella la perdió cuando salió con el nuevo catálogo completo en bolsas elegantes. Si bien algunos detalles, parecían tratar de esbozar la imagen de mujer perfecta, aquella que la sociedad trataba de lograr. Cosa que para ella resultaba odioso, pero las prendas no eran responsables.  El brujo la miró con una sonrisita y ella sonrojó tímida.

- P-porque seguro habrías elegido las prendas de mayor nivel de provocación y me hubiera muerto de la vergüenza, pero si eres tan curioso –le enseño la bolsa donde había un par de conjuntos coquetos, de seda y encaje, en tonos escarlata, blanco perla y azules. Además de un body completo de encaje negro, el diamante de la colección. – La lencería es hermosa,  eso no lo niego. – mencionó mirando el catalogo que la dieron, comentando los conjuntos.

En la tienda de ropa, el brujo estuvo más pendiente de las elecciones de la nephilim apartándola de la sección de vaqueros a toda costa. Prendas más ajustadas, refinadas se adaptaban a sus curvas, marcándolas con más acento que sus jerséis holgados. Sacaban lo que el brujo describía como “feminidad”, ella aceptó, los cambios siempre eran para mejor. Era momento de brillar y dejar las sombras atrás, cuando salió del probador con aquel traje azul, sabía que estaba más cerca.

- ¿Me debo tomar eso por halago? – rio ante la broma. De nuevo la llamo chico por la ausencia de encanto en su ropa, ella siempre optaba por comodidad. El brujo estaba atónito, lo que era buena señal. Además de sorpresa, pudo intuir un cierto sentimiento paternal. La sonrisa se hizo patente cuando la rodeó observándola, como si hubiera contemplado a un pato feo convertirse en un cisne o algo similar. Entonces se detuvo ante ella, ¿orgulloso? Y dijo aquello que hizo que su corazón se acelerara de la emoción. – Todavía es pronto, será la primera ¿o es segunda cita? Pero me gustaría que fuera bien. – sonrió con las mejillas rojas como coloretes aplicados para dar color al rostro, iba a juego con sus ojos. – Vale, ya me cambio. –soltó una carcajada. – Eso habría que verlo ¡ya me cambio y vamos a caja!

Estaba distraída que casi se olvida de su móvil, con las manos llena de bolsas de innumerables tiendas ambos, la mañana de compra había sido productiva para los dos, Adrianna imaginaba el día siguiente y cuando Noah la viera ¿Se sorprendería? Esperaba que sí. Estaba en otro mundo sin duda, pero reaccionó a tiempo cuando Magnus se detuvo en seco. ¿Ingredientes? Sin duda las compras posiblemente habían alterado los planes del brujo y ella aceptó.

- ¿No quieres que te lleve algunas bolsas a casa? – y de paso probarse el abrigo sin que él lo supiera, pero antes de hablar le dio indicaciones de que arreglara. Tal vez había impresionado al mago con su cambio de look, era lo que pasaba cuando se dedicaba un tiempo para ella. ¿Traer la comida? Miró al reloj, estaba tan concentrada en compras que no vio la hora, ni sintió hambre solo cosquilleos agradables trepando por el estómago.De acuerdo, si llama se lo diré ¡No te entretengas mucho!

Adrianna volvió a casa, sin apenas cansarse, sentía renovadas sus energías. Así que al llegar, repitió uno de los conjuntos en los que el brujo le había recomendado. Un traje negro de tirantas y cuello pico, ajustado que llegaba por encima de las rodillas, con una camisa de seda transparente encima en tono azul eléctrico y unos botines de tacón de aguja, se agitó el cabello. Tendría que hacerse algo para mañana, cuando llamaron al teléfono, sin duda reconoció la voz del joven, era Alexander Lightwood.

Tras la llamada, Adrianna llamó a Montblanc pero este no apareció, y empezó a buscarlo, hasta encontrarle durmiendo entre la ropa tirada de Magnus, le regañó con cariño y se lo llevó. No quería que Magnus le echara la bronca, si bien Montblanc no conocía los dominios de los demás, tan solo se dormía donde él quería.

Suspiró pensando en aquel momento cuando entrelazaron las manos, era como si sintiera su calor ahora, tirada en el sofá rememoró la cita con una sonrisa pletórica. Se prohibió pensar en lo demás, quería atesorar felicidad, aunque fueran unos momentos. El sueño paso por su cabeza durante unos segundos,  “No, no pienses en ello.” Se exigió, mientras se incorporaba y sentía a Magnus llegar.

- Vaya, gracias Magnus, pero podría haberlo preparado yo, así no te importunaba.  – se acercó a la mesa.- Me arregle, tienes buen gusto, que parte del éxito será tuyo. – se sentó mientras sentía que pasaban dos bolitas peludas bajo la mesa para estar en compañía. Añadido que el té olía muy bien además resultaba relajante. - ¿Mensajes? Si Alec llamó para preguntar como estabas, se lo explique, y solo me dijo que “estoy bien” y me colgó con ganas, sin duda el temperamento Ligthwood va en la genética. Traté de hablar, pero no me dio tiempo. –comentó con preocupación.

Había intentado decirle que quería a Magnus de manera paternal, como un hermano. Pero antes de explicarse le colgó, no podía culparle. Pero tampoco pretendía ser la responsable de los celos de Alec Lightwood, no quería ocasionar molestias. Dio un trago, sin duda era el té tenía la temperatura perfecta y sabor delicioso. Comprendería preguntarle que té era, antes de que lo olvidara sonsacárselo.

- ¿Qué vas a pedir para comer? No te olvides de pedir de postre bizcocho de chocolate, esta delicioso. – además le recordó cuando se manchó y ella le fue a limpiar, el corazón casi se le escapa en el suspiro. Estaba disfrutando del día, le alegraba tener paz después de aquellos sueños de Lilith. – Puedes empezar tu interrogatorio, no demores tu curiosidad.replicó bromista, no creía que al brujo le fuera a interesar que la hacía sonreír todo el rato.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Sáb Sep 14, 2013 10:55 pm

Levantó una mano para hacerla callar. No lo logró. Rodó los ojos —¡Para ya!— masajeó su frente con rapidez —en primer lugar..., es halagador saber que esperas que te guíe, es dulce— se lanzó al sofá —en segundo, lamento decirte pero yo no seré guía de nadie. Yo no me entrometo en problemas que no me incumben y disculpa, pero si Lilith trama algo contra los nephilim, bueno— se alzó de hombros con pereza —no es de mi importancia. No soy un hombre caritativo ni benefactor de nadie, así que..., conmigo no cuentes— su tono de voz era sincero y serio. Realmente hablaba en serio. Sí le interesaba, pero no haría nada. Al margen de todo, así actuaba Bane. "¿Y si Alexander se involucra? Porque lo hará..., ¡Es su trabajo! Yo no puedo ir corriendo tras de él como si fuera un niño pequeño, además, él ha vivido más de 17 años sin mí". Su pensamiento no le convenció, más sin embargo siguió con lo mismo. No actuaría.

Se sintió mal por todo ésto. Dejar a los chiquillos lidiar con todo sin que un experto pudiera ayudarles. "¡Son cazadores de sombras. Nephilim. No necesitan ayuda de los subterráneos. Para eso tienen a Razhiel!" Después de un momento se olvidó de aquellos dilemas y prestó atención a lo que la chamarra de sombras decía. Tenía algo de cierto, traer muertos a la vida era sumamente complicado. Habían riesgos entre ellos los pagos que se tenían que hacer por el uso de magia negra, la putrefacción de la carne y la vacuidad de la persona resucitada. Pero lo que ella estaba pasando por alto era que no se trataba de un sencillo hechizo, y mucho menos de un brujo inexperto, sino de la misma Lilith. Una "diosa". Otro factor, el equilibrio.

—Estás olvidando el hecho de que existe un desequilibrio, el Arcángel descuidó se detalle— calló. Adrianna no sabía que existía el desequilibrio, gracias a que había traído de vuelta a Jace. Nadie lo sabía y bien conocía ese suceso bueno... —como sea, ella logrará traerlo a la vida sin pago alguno, salvo la sangre de su contraparte— volvió a cerrar la boca. Otra vez metía la pata. Suspiró frustrado. —Haré unas investigaciones, apenas sepa algo lo haré saber a Maryse para que ella tome las acciones pertinentes junto a La Clave— "Bane, debes tener cuidado. Esos detalles solo tu los conoces, revelarlos implicaría que estabas ocultando algo a La Clave, en primer lugar".

—No hay relaciones perfectas y los celos forman parte de ella, en pequeñas proporciones es delicioso, y difícilmente creo que Alec sobrepase esos límites— conocía muy bien al moreno. Igual que Bane, los celos eran agradables, pero no eran más que jugueteos entre ambos, mismos que le hacían sentir valorado por parte del nephilim. —Ahora olvídate de ello, no importa el pasado, solo el presente y bla bla..., tienes mejores ocupasiones que entretenerte con el recuerdo de Camille y el vampiro inmoral— se removió en su asiento —como en imaginarme en vestimenta victoriana, en la que dicho sea de paso, lucía divino.

La risita del brujo se elevó ante la cara colorada de la muchacha. De una manera íntima. Que terriblemente personal sonaba eso. Tal parecía que a la mujer se le estaba haciendo costumbre sonrojarse ante los acontecimientos personales. Una vez más la veía cual tomate. Su tartamudeo no hizo más que elevar la risa del brujo quien con tremenda curiosidad observó la seductora prenda de la nephilim. "Oh, algo muy provocativo" pensó con una sonrisa cargada de picardía extendiéndose sobre su joven rostro. Sus ojos se iluminaron con burla felina. Sus perlados dientes relucieron como un cosquilleo tras de sus labios púrpuras. —Hermosa, si.

—¿Qué quieres? Solo hago comentarios, puedes tomarlos como mejor te plazcan— su sonrisa le mostró unos delgados colmillos antes de que la contemplara como quien observa a su hermana a punto de salir de casa el día de la graduación. Un hermoso vestido acentuando su curvilíneo cuerpo, el peinado perfecto, maquillaje coqueto, un ramillete en la muñeca y la sonrisa de la princesa de cuento. A ella le hacían falta algunas cosas, excepto la sonrisa y el vestido. La luz en su rostro denotaba su ilusión por aquel brujo. Bane tendría que conocerlo más a fondo, los seres inmortales a menos se volvían mentirosos, sigilosos y embaucadores encantadores.

Pasaron a caja. Cubrieron la cuota y salieron muy felices después de tanto comprar. El brujo satisfecho con todos esos zapatos, combinaban perfectamente con sus bufandas, un toque que acababa de recordar. Su abrigo era exquisito en su tela negra, suave y de caida delicada, elegante. Se lo pondría con su camiseta de malla plateada, sus pantalones oscuros, negro. Un labial azul le vendría bien, Alec siempre se encantaba con los labios llenos de colorimetría.

El brujo negó. ¿Darle sus bolsas? Jah, jamás. Él podía llevar sus bolsas a la perfección. No necesitaba de ayuda. Y Adrianna se veía algo sospechosa, tal y hurtaba algo. El brujo rió quedito ante ese pensamiento. Se le pasó en un segundo su pensar para cuando Presidente Miau salió de su escondite y saltó al interior de una bolsa, con toda agilidad felina. Muy vago el gato que prefería que lo llevasen en lugar de regresar a casa por sus propios medios. Bane dudó en llevarle, quería darle una lección y dejarlo allí para que solito volviera al loft. Era una clase de venganza, no obstante se decidió a cargar con la bola blanca y regresar.

Sus bolsas descansaban en la salita. El color tiñiendo las palabras, manchones de purpurina aquí y allá, los altos ventanales cubiertos de pintura y mugre. Algún día los limpiaría, o mejor aún, pagaría porque lo hicieran. El té humeante en la cocina y el brujo dándole un sorbo desdeñoso. En realidad no llamaría a ningún restaurant, un tronar de dedos y lo tendría todo frente a él, así que solo asintió por los bizcochos.

—Descuida, Alec es tan... Lightwood— dijo el apellido como si eso lo explicara todo. De hecho, lo hacía. —Lo llamaré apenas termine el té y todo ésto.

Adrianna ya había tomado más del cincuenta porciento del brebaje. Bane estiró su mano y cogió la muñeca de la chamarra de sombras. —Siguiendo el tema de tu sangre— acarició su dorso, el interior de su muñeca y vio su magia viajar con rapidez en sus venas verdosas. Se inclinó hacia ella y habló muy despacio, pero rápido. Recitando una vieja salmodia. El idioma original. —Hay recuerdos que son mejores olvidar, algunos que solo entorpecen nuestros caminos, ¿para qué tenerlos presentes, siempre?— sus ojos felinos se dilataron, el contorno dorado sumiéndose en la negrura del verde, espeso. Sus rendijas expandiéndose, oscuras, vacías. —Sueños distantes, aterradores, dolorosos, no nos sirven, no ahora— toda ella despedía un toque azulado en su piel. La magia de Bane ascendiendo, llegando más allá. —¿No lo crees...— su voz terminó siendo un ronroneo. "Sueños olvidados, dudas, el dolor de una pérdida, Lilith, culto de redención... llanto, sangre, penumbras, un cazador. Todo eso, olvidado. Pudo sentir el desahogo de su cuerpo. La ilusión, humanidad y libertad en la intensa mirada de la cazadora. Después, el aturdimiento por el brebaje, y la magia corriendo en su cuerpo que en menos de dos segundos se esfumó sin dejar rastro alguno.

Bane, se irguió en su asiento y le sonrió a la cazadora. La luz que hasta ese momento se había mantenido lejos de los ventanales, entró a raudales calurosos. El brujo terminó su bebida y la comida estaba servida sobre una mesa lujosa de madera. Cedro, despedía su aroma dulce, frío y otoñal. Los bizcochos dispuestos en el centro y la comida mexicana engalanando frente a ellos. Temporada de chiles en nogada con el toque rojo de la granada. No era especialmente partidario de la comida mexicana, pero con toda la magia casi ilimitada a su disposición se permitía comer cualquier cosas extraída de cualquier parte del mundo.

—¿Quién es ese brujo especial?— inquirió tomando sus cubiertos. Proseguía la conversación como si nada hubiese pasado desde el momento en que la chica hizo mención de un interrogatorio. Nada sobre su sangre, olvido y hechizo era recordado. Siempre se había sentido muy orgulloso sobre sus poderes, hoy era una de esas veces. A diferencia de Clary, esta vez estaba hecho limpiamente. Nadie, ni un brujo experimentado se daría cuenta de ellos, excepto, los Hermanos Silenciosos. Esta ocasión, no había firma delatora.

—¿Dónde lo conociste? ¿Qué edad tiene? ¿Es atractivo?— sonrió metiendo un bocado de aquel chile poblano, en el punto exacto, ni picante ni dulce. "Perfecto". —Seguramente me daras una respuesta afirmativa, para ti será el hombre más atractivo del mundo entero— una risita divertida y el vino frente a él. Vino, lo adoraba. —Pero, cuentame. ¿Qué tal luce? ¿Es encantador? Oh, imagino que si. Magia. Lo hizo ¿verdad? Tu amas la magia. ¿Cuál es su distintivo de Hijo de Lilith? ¿Los ojos, piel de color brillante, alguna parte del cuerpo animal?— el parlachín brujo continuó con sus preguntas y comiendo alegremente. "Bien hecho, brujo".
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Adrianna Birdwhistle el Miér Sep 18, 2013 12:59 pm

La nephilim de nuevo recibió un golpe que la arrebató la respiración, como si el oxígeno a su alrededor hubiera desaparecido. Contaba con el brujo, era el único a quien había confesado sus sueños y no la miró como una loca. Aún tenía presente la imagen de horror de su tío, cuando le describió que tuvo un sueño premonitorio. La mandó inmediatamente, a su habitación, y por poco no llamó a los hermanos silenciosos.  Después podía oír susurros en el Instituto, en su dirección, burlándose de que hubiera perdido la cabeza.

- Entonces, me temo que seré tan necia para ir sola, no me creerán jamás. Siempre me han tratado como un bicho raro, si voy diciendo que Lilith anda por ahí, me encerraran en un psiquiátrico. – negó con la cabeza. –y no voy a molestar a Maryse con mis problemas, ya tiene ella suficientes. – En parte mentía, no ambicionaba que alguien tan cercano la mirara como su tío, no resistiría eso de nuevo. – Al menos cuento contigo para que me enseñes a interpretar los sueños, si heredé algo útil de mi madre, quiero que sirva a tiempo.

¿Desequilibrio? ¿El ángel Raziel había traído alguien a la vida? Raziel les había abandonado, solo había donado una pizca de sangre, y los dejo solos. Ni siquiera pretendía creer en él, inclusive en aquel sueño febril, le pareció distante más que Ithuriel. No podía evitar mirar a la imagen de Raziel con recelo, ¿Por qué la dio esos extraños dones a sus padres? ¿Por qué ella los acogió también? ¿Es que solo ella pensaba que era un maldito peón sin sentido en una partida de ángeles y demonios? Antes de lanzar su furia, la apagó, retomando las palabras de Magnus. Si era cierto, era comprensible el movimiento de Lilith: el bien, por clasificarlo de algún modo plausible, desequilibró la balanza. El demonio podía perfectamente aprovechar esa ventaja. La cuestión es que quien trataba de revivir Lilith, no parecía dispuesto en son de paz, iba a seguir los pasos de su padre. Jonathan Morgerstern, cazador de sombras con sangre de demonio ¿Qué estaba dispuesto a hacer de vuelta en vida? Intentó no remover ese tema, quizás ni llegara a la vida de nuevo.

- Estuve pensado tras la batalla, Clarissa Fray, es capaz de crear runas que ni existen. Runas poderosas, porque su padre le dio sangre de ángel a su madre mientras estaba embarazada. Y me hizo preguntarme, ¿Por qué mis padres tuvieron dones tan extraños para el resto de nephilims? Que sepa tengo la misma sangre de ángel que de humana. Carecemos de poderes, magia y demás cosas. Solo runas a nuestro favor ¿Entonces porque ellos tuvieron poderes que parecen más de brujos que de meros mortales? No me avergüenzo de su legado, solo intento averiguar una explicación. Mu Magnus has vivido mucho,  habrás visto miles de cosas, supongo que es correcto que te lo pregunte a ti antes que a otro nephilim.

Celos y temas de pareja,  Adrianna suspiró, no terminaba de comprender el placer de los celos. Desde este punto de vista sopesaba que quizás se refiriera a que si emergían los celos, era porque esa persona lo amaba, pero un exceso, tenía connotaciones negativas.  Todo se revelaba por su falta de experiencia en ese terreno, pero ver sonreír a Magnus decía que todo iba bien y que dejara de preocuparse tanto, el brujo estaba enamorado hasta la medula.

- ¿No tienes retratos de esa época? – preguntó con intriga. Conseguía imaginarle, pero una cosa era la imagen proyectada en su cabeza, y otra, verlo de verdad atestiguado en un viejo retrato o cuadro.- ¿Dónde vivías en esa época? ¿Conociste a gente interesante? – era de nuevo aquella pequeña niña que se sentaba a sus pies y le contemplaba con absoluta admiración, recordar tal detalle le arrancó una sonrisa espontánea.

El día de compras fue una balsa de aire, con Noah presente, la pena se disipaba. Quería correr y chillar eufórica, ¿Quizás un síntoma de aquella enfermedad? ¿Le había llegado tan hondo su presencia? Magnus la miraba como si nunca la hubiera visto, tal vez estaba comparándola con su complejo de chica-chico que siempre mencionaba a la nephilim. Ella le rebatía la idea, alegando a la comodidad, pero en parte era porque no terminaba de apreciarse, no con tales dones como un estigma. Ahora el pato, mala comparación no soportaba a esos bichos: desde que de niña alimentando a unos, hambriento otro, la picó furioso. No volvió a acercarse a ellos. Pero la metáfora valía, el pato se convirtió en ¿un cisne? ¿De verdad? ¿Ella podía ser tan hermosa como su madre?

- Tomo tu palabra como un halago, y lo agradezco. Eso significa que tan fea no soy. –bromeó con acidez antes de volver al interior del probador. Ante el espejo había obviado detalles de sus padres, que la hacían especial. Los ojos de su padre, su color y forma, el cabello en el tono de su padre, pero en esencia era de su madre. Los labios y la nariz de Sophie. Era un reparto equitativo, pero si algo no entendía, era aquella señal de nacimiento a la altura superior del pecho, evocando a un lucero. ¿Era algo típico de los Birdwhistle? Suspiró y salió de nuevo con su ropa. Las cifras rondaron los cuatro números, pero no la asustó, su cura para el veneno a veces triplicaba ese precio y le mentía a su tío diciendo que cambiaba de coche. En parte estaba aburrida de tanto mentir, pero era su error, ella asumía las responsabilidades de las insensateces del pasado.

Para cuando Magnus había vuelto, Adrianna ya estaba arreglada, acariciando a Montblanc que maullaba satisfecho de recibir tanta atención, no pudo negar que tanta amabilidad le resultara extraña, pero no quiso discutirlo. Además el té tenía un olor que la recordó los paraísos perdidos en mitad de los bosques en los que se solía refugiar. El líquido calentó su cuerpo, abrigándola de todo frio, como una espesa manta, la incitó al sueño.

- Hablas como si conocieras a muchos Ligthwood ¿Es que es algo que va en su apellido? –preguntó con ganas de cerrar los ojos pero se forzó a mantenerlos abiertos y dio otro sorbo, era un bálsamo relajante.

Las palabras del brujo lentamente se deslizaron a su interior, escudriñaron el origen de su preocupación, tragándolo. Salmos y frases atravesaban su cabeza y se adueñaban de sus pesadillas y preocupaciones, aliviando su peso en la cabeza. Alcanzaba respirar con tranquilidad y sonreír, era como aflojarse un peso muerto del que no recordar. La consternación y pánico, se desvanecían en una bruma indefinida. Los sueños fueron olvidados para la nephilim, su cabeza ya no invocaba nada de lo negativo acaecido esos días.

- Todo tiene una pinta maravillosa. –respondió despertando algo confusa, si trataba pensar en sueños su mente estaba en blanco como un pentagrama sin notas, un lienzo blanco. Sus ojos se encontraron con los del brujo, su mirada gatuna alegre le hizo sonreír, pero al apartar la mirada, comprendió algo que no encajaba. - ¿Qué hace ahí mi diario? – lo tomó, con las mejillas de un tono escarlata, ese diario tenia fragmentos de su vida que eran bastante “personales” – No suelo dejarlo por ahí, se pueden perder…. –rebuscó entre sus páginas y encontró una foto antigua.- Menos mal que no se perdió –la contemplo, era su cuarto cumpleaños, vistiendo un hermoso traje inspirado en los cuentos de Alicia en el País de las Maravillas, en brazos del brujo. Ella parecía muy feliz, riendo por alguna razón que ahora no era capaz de recordar.- Aquí guardo las fotos de mis padres también. No es normal en mi dejar algo tan importante por cualquier sitio. – se depositó sobre sus piernas, y tomó los cubiertos.

>>” Ya comienza el interrogatorio. – sonrió con malicia. – En fin, se llama Noah Bennet,  le conocí cuando fui a recoger el móvil, en la tienda de Apple, nos chocamos literalmente, ninguno había visto al otro. – Se le escapó una risita.- Agradezco haber estado pendiente de otra cosa para encontrarme con él. Fue un caballero y me llevo a desayunar, con las prisas ninguno lo había hecho. ¿Edad?- ella misma también se lo preguntaba sin respuesta- Parecía un par de años mayor que yo, aunque no puedo establecer la edad exacta de un hijo de Lilith solo por el aspecto. – bromeó, Magnus Bane se mantenía de buen aspecto, en la flor de la juventud. Su edad para ella, ya creía que rozaba los cuatro dígitos ¿Cuántos tendría en realidad el Gran Brujo de Brooklyn? - ¡Ah! No me adivines el pensamiento Magnus. –Se sonrojó.- Pues delgado, ligeramente musculado sin llegar a excesivo. Alto, me sacaba un gran número de centímetros, en fin el físico... –recordó el momento que se quitó la chaqueta y como se le pegaba a los músculos. Adrianna se tornó bermellón por completo, y pego la cara a la mesa, muerta de vergüenza. – Cabello corto y rizado negro, con pequeños bucles, que le rozaban el cuello –chilló brevemente, recordar detalles de él era como liberar  mariposas dentro del estómago. – Sus ojos, miel, aunque sería incapaz de describir el tono exacto eran cálidos. Llevaba la típica barba de unos días, con una perilla. Sus labios eran… ¡Eso prefiero guardarlo para mí! Atractivo, seguro de sí mismo, elegante, inteligente, bromista, un caballero. –Se echó a reír levantado la cabeza de la mesa- ¡Maldición parece que he vuelto a los dieciséis con las hormonas revolucionadas!-Repasó su mirada por la mesa, no sabía que probar primero.- Provocativo, y Don Juan. No sé, ha sido como si todo mi cuerpo  le señalara, como si fuera quien buscaba. Claro que hizo magia, pero ya la reconocía. Es decir, anoche yo. – un dolor agudo atravesó su cabeza, sin mera explicación. Se sostuvo la cabeza hasta que el dolor se desvaneció. Bastante extraño.- Será agotamiento. – Le resto hierro al dolor.- En fin vi una llama, la misma que él hizo aparecer, del mismo color, crepitando del mismo modo, en el sueño, ese fuego me abrigaba. Me protegía ¿Puede ser alguna señal? No lo sé, pero compartió algo de su magia, durante un minuto todo desapareció, solo estábamos nosotros dos. ¿Su marca?- recordó la mirada de Noah Bennet- En los ojos unas líneas de color escarlata, se diluían en el tono miel, convirtiéndose en un amarillo intenso. Si progresa, te lo presentaré y te concedo que le hagas el tercer grado. Ahora quiero comer, y dejar de sonreír como una tonta. –sacó la lengua intentando ocultar sus mejillas, hablar de él era confesar esa atracción por el hijo de Lilith que llegaba hasta el fondo del alma.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

Mensaje por Magnus Bane2 el Mar Oct 15, 2013 7:17 pm

Alguna vez pensó que después de involucrarse tanto con los nephilim y salir sin nada entre sus manos había sido una lección aprendida. Ahora comenzaba a pensar que era un idiota de lo peor que se dejaba arrastrar por la misma dirección. "Siempre tropezando con la misma piedra, ¿eh, Bane?" Lo cual era cierto. Lo veía en involucrarse con un sexy cazador de sombras que sabía que un día, no muy lejano, se alejaría por culpa de sus inseguridades. Temía que se día fuese más cercano de lo que pensaba. Y que ahora tuviera que batallar con dos adolescente que recurrían a él cuando estaban en problemas. Dos jovencitas a las que sus ojos felinos, sabios y divertidos habían visto crecer. Clarrisa y Adrianna, aunque con ésta última compartía un lazo especial gracias a su madre.

Suspiró y se encogió de hombros. —Creo que no debes olvidar que el actuar solo, es una imprudencia— chasqueó la lengua engulléndose en su sofá de aspecto muy antiguo, de hecho lo era, había sido extraído de una tienda de segunda, de antigüedades. Bane, amaba ese lugar, la mayoría de los decorativos de su casa pertenecían allí. Los rolaba para que no se dieran cuenta de su falta.

Después de un largo minuto la miró con severidad. —Si tienes miedo del qué dirán, de las miradas lascivas y después la discriminación, entonces, eres una cobarde— dio un tirón al cojín a su espalda y sus brazos fueron a tomar su lugar bajo su cabeza. Desde allí, la observó. Sus oscuras pestañas con mascara azul llena de brillos dejó una sombra regular en sus violáceas ojeras. No tenía mucha consideración ahora, pero si de algo nunca había sentido gran agrado era de la autocompasión y de eso, Adrianna tenía bastante.

—Te recuerdo que soy un brujo, un subterráneo y nada bien aceptado. No soy ni demonio ni humano, comparto mucho con ellos y a la vez nada con nadie. ¿Te imaginas si me importara una mirada de repugnancia de un nephilim o de superioridad de un vampiro?— sonrió sin alegría y la seriedad seguía instalada en sus jóvenes rasgos —asi que, o bien vas abriendo esa cabecita tuya o te dejas matar por la precipitación, incensatez y necedad. En cualquier caso, puedes tomando tus cosas que quien pretende elegir el camino de la imprudencia no puede vivir bajo mi techo— su ceja se elevó y cruzó sus brazos sobre su pecho.

El brujo sabía que estaba siendo demasiado duro e inflexible, pero el hecho era que en las décadas que tenía caminando por la inmortalidad, el involucrarse y terminar con esa presión en el pecho por actos egoístas y precipitados era lo peor a experimentar. Y él estaba un tanto harto de sentirlo.

Suspiró un tanto contrariado por los giros que daba ésta conversación. Se sintió repentinamente viejo, cansado.

—Escucha, sabes bien que mi casa esta abierta para ti, pero si quieres comportarte como una niña, después de que te has esforzado porque te vean como una adulta, entonces, pienso que estarás mejor en el Instituto, junto a los tuyos— "además que te pueden mantener un poco más vigilada y entretenida con las misiones" pensó —puedo dedicarte un poco de tiempo a la interpretación de tus sueños, prestarte mis libros y demás, pero después tendrás que seguir tu camino..., encuentro que es lo mejor para todos— se incorporó recostando los codos sobre sus rodillas. "Si, lo mejor para todos".

De pronto volvió a atraer su atención y ésta vez el brujo sonrió de lado, una emoción se cernía a esa sonrisa pero no alcanzó a tocarla del todo. Ladeando la cabeza le dedicó una mirada inescrutable. Simple, casi vacía. Poco a poco fue entrecerrando los ojos hasta que quedaron una simple rendija iluminada dorada. Un toque verdoso se escapaba de entre sus pestañas; entonces, abrió los ojos y volvió a recostarse en el sofá.

—Tienes sangre nephilim muy fuerte— dijo después de un largo lapso de tiempo, bah, seguramente un minuto o dos —herencia, desgastada y casi fraccionada, pero existente y potente— mordió su labio.

Sabía que algo fuerte se avecinaba, lo intuía y su sangre hervía por ello. Ya hasta había preparado su segunda habitación de huéspedes aunque no sabía exactamente porqué.

—Alguien, a quien conocerás después, te lo explicará mejor que yo— dio el tema por zanjado. Él no le diría nada sobre la herencia de su sangre, no hablaría de sus antepasados que habían sido los primeros nephilim que le consideraron parte de un vinculo amistoso. No indagaría en contarle lo que seguramente ya sabía. Entre los Heróndale todavía se rumoraban aquellas épocas de ensueño con cazadores que se enfrentaron a la primera oleada de los autómatas y los Artificios Infernales. Ni que ella perteneía a ese linaje un tanto olvidado, tal vez no era un lazo tan directo como lo era Jace o los Lightwood, pero de que su genética pertenecía a la unión de Tessa y Will, era indudable.

—Nada de fotografias— musitó prontamente aburrido —y— soltó un bostezo —existían una barbaridad de gente interesante, mucho más que ahora— sonrió de lado rememorando aquellos tiempos. Sentía que eones había pasado desde aquello. "Oh, bendita inmortalidad, te agradezco tu languidez por dejarme abrazar aquellos trasgos de humanidad; pero así como te entrego mi gratitud, te envío mi infinito odio por alejarme de la mortalidad y regalarme el dolor de la pérdida sin olvido".

—Creeme que cuando hago ese comentario me refiero a que si, conocía a varios y el apellido parece acarrear una personalidad tan altiva como los sonetos complicados de Saavedra— ronroneó. En aquellas épocas, los Lightwood eran poco conocidos por Bane y si bien no eran del todo su agrado, aquel que ahora el segundo nombre llevaba Alec sí que era considerador el caballero del momento por el brujo: Gideon. Aunque Alec no era descendencia del mencionado hombre, sino de Gabriel. "Genética, siempre poniéndome los pelos de punta".

Sonrió satisfecho. Si, su magia funcionaba a la perfección. Se iría de un momento a otro ese efecto del hechizo porque no era tan elaborado como el que había creado para las Fray pero estaba seguro de cuando ella comenzara a recordar, estaría más dedicada y menos obstinada a ir contra el mundo ella sola. Sinceramente era irritante que todo el tiempo quisiera ser una guerra, una Avenger. El efecto tardaría un mes aproximandamente, de allí paulatinamente se acabaría y ella tocaría todos sus recuerdos. Para ese tiempo, confiaba en que La Clave hubiese arreglado un poco más la situación.

—Estabas aqui leyendo cuando traje la comida. Quizá un descuido de tu parte y por ello lo hayas dejado allí— se encogió de hombros como si la idea se le acabase de ocurrir. Realmente no importaba tanto, la memoria del brujo era como una esponja y la mayor parte de lo escrito estaba leído.

Sonrió para sus adentros mientras terminaba de comer, se entretenía con el vino; ella canturreaba todo lo referente al tal Noah y Bane se preguntó quién podría ser, no recordaba haberle escuchado y no es como si conociera a muchos brujos, no le interesaba mezclarse entre ellos. Eran tan egocéntricos como él mismo, cada uno labrando su camino como mejor podían hacerlo.

—Uhmm— musitó comiendo algo que explotó lleno de saber en su boca —parece agradable— asintió por cada descripción como si lo conociera, o entendiera. Sí que lo hacía, cualquier enamorado ensalsa las cualidades de su amante. Y eso era sumamente encantador —¡Me alegro!— dijo después de un largo trago a su vino —se nota que es un encanto y por lo visto a alegrado a tus caprichosas hormonas. No tiene nada de malo sentirse un adolescente al amar. Se dice que los amores más profundos y torrenciales se establecen en esa etapa de la vida.— se recordó a sí mismo en la plenitud de su vida. Gaia le sonrió en la lejanía y él también lo hizo —muy bien, ojos característicos y magia en el primer encuentro..., encantador— rió divertido sin soltar su bebida y dándole sorbos cortos —deberías darme las gracias. Yo atraje con mis buenas vibras a tu joven brujo, mira que fui el primero en verlo llegar, tu sueño fue algo tardío— le enseñó la lengua.

Un nuevo amor, eso la distraería y quizá fuese Noah quien le enseñase a descifrar sus sueños, para Bane ya era bastante con cargar con un niño inseguro durmiendo a su lado como para tener a una chiquilla contándole sueños que por la noche serían suyos. No, era demasiado injusto, consigo mismo también, debía prestar atención para poder divisar mejor el momento en que la oscuridad llenaría cada espacio de luz y sucumbiría a la humanidad al caos. Estaba cerca, podía sentirla y por eso debía estar preparado y no había mejor manera que teniendo a dos "Heróndale" diestras en los sueños.

—Sabes muy bien que no me rodeo de otros brujos, pero— un nuevo encogimiento y apuró el resto de su bebida. —Podría caerme bien— lamió sus labios y se puso de pie sin terminar su comida.

—Aunque no deberías entretenerte tanto conmigo, yo que tu, ya estaría en otra cita con él— le guiñó el ojo con picardía y comenzó a alejarse sacando el móvil de sus pantalones —llamaré a Alec, tu puedes ir a descansar o hacer lo que te plazca— agitó la mano en el aire —deja todo donde esta, me refiero a los trastes, mi magia arreglará la casa por ti— abrió la puerta de su habitación, miró al final de pasillo, entró y cerró de un portazo suave.
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Re: El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía. || Adrianna

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