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When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

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When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Jeriel Cross el Mar Nov 12, 2013 9:15 am

A Jeriel, el propósito de aquella celebración se le antojaba de lo mas surrealista. Por si no fuera bastante el hecho de que las relaciones con los subterráneos se habían vuelto completamente disfuncionales en los últimos tiempos, el ambiente festivo resultaba de lo mas incómodo para alguien como él. No que la creación del consejo haya sido del todo una mala idea y no mereciera ese día conmemorativo hacia sus caídos y un largo etcétera mas. No, mas bien le incomodaba el hecho de que hacía tan solo unos pocos días había tenido una de esas desagradables fiestas sangrientas con un grupo de vampiros enloquecidos y sedientos. Por supuesto, todos saben como terminan esos encuentros en el peor de los casos...

Lanzando algún que otro vistazo de reojo, el joven se internó resuelto entre subterráneos y nephilims con las manos en los bolsillos, saludando brevemente a aquellos que conocía con un asentimiento de barbilla o una sonrisilla socarrona en los labios al tiempo que alzaba la mirada a modo apreciativo. Nada mal. La propietaria de aquella modesta casa si que sabía montárselo a lo grande, haciendo alarde de toda una pomposa celeridad en sus detalles. La jodida fuente en mitad del salón fue lo único que logró dejarlo un tanto descolocado, curioseando con sospecha los brebajes de colores que de allí manaban. Nunca le gustaron demasiado esas bebidas de subterráneos ni las consecuencias que acarreaban a quién las tomaba. Solo hacía falta retroceder un poco en su mente para evocar la sensación de mareo y completa desorientación de la realidad que le provocó el polvo de hadas en el invernadero. Convertirse en un roedor o que de su cuerpo brotaran partes del mismo no era una experiencia muy diferente. Con una mueca, alzó la mirada, sus ojos vagando  en derredor a ver si localizaba algún camarero que repartiera bebidas que no tuvieran un color tan nauseabundo cuando la vio. O mas bien creyó verla entre las pomposas muselinas de los vestidos y el conjunto de curiosos subterráneos que por allí deambulaban. Observando con mas atención, la localizó tras la cabellera de una hada que imitaba a la perfección una enraizada cascada de hiedras salvajes, en una actitud mas bien cercana con un tipo que o bien tenía algún tipo de complejo por ser tan alto y parecía encogerse sobre sí mismo o simplemente buscaba una mejor panorámica de su escote. Los ojos de Jeriel se estrecharon con malicia, clavándose sobre la nuca de aquel sujeto como si quisiera atravesarlo con la mirada. Mientras, Angelique se alejaba y don seductor seguía atento cada movimiento de la joven con una expresión de ¨esta noche mi pequeñín dormirá en caliente...¨

Maldito hijo de...


Un ramalazo de ira lo sacudió de pronto, instándolo con vehemencia a borrar aquella estúpida expresión de su rostro con un derechazo bien encajado, pero conteniéndose precariamente sobre sus pies en cuanto una voz femenina se alzó por sobre el resto y reclamaba la atención de los invitados. La anfitriona, al parecer. Y Angelique junto a ella. Tampoco es como si al principio buscara la forma de comprender el motivo por el cual ella se encontraba junto a la bruja, pues continuaba lanzando miradas agudas al señorito, que sobresalía sobre el resto dada su estatura. Bueno, ya se sabe qué es lo que se dice de los tipos altos.... Se regodeó con cierto satisfacción maliciosa instantes antes de apartar casi a regañadientes los ojos de aquel nephilim. Lo cierto es que apenas alcanzó a escuchar la primera parte del discurso, pero si el resto. Angelique sorprendiendo al personal con aquella actitud formal, por increíble que pareciera, y la rubia predicando tras la barandilla como una loca sobre el estrado que suponía el piso superior. Seguro que era casi tan vieja como muchos de los que allí se encontraban, tanto incluso que de seguro aprendió a dar discursos así de apasionados de los predicadores de Salem. Jeriel bufó por lo bajo ante el espectáculo que culminó con los banderines ondeantes sobre la fuente que había captado su atención minutos atrás. Tan solo faltaban los fuegos artificiales y la aparición de Dumbledore en aquella estampa.

Para cuando la oleada titubeante de subterráneos comenzó su peregrinaje hacia la ansiada cura, el joven ya había perdido de vista al objeto de su irracional odio. Se escabulló entre las galerías inferiores, deambuló entre un grupo de hijos de la noche que sonreían de modo perturbador, y le dedicó la imitación de un saludo militar a cierta morena hasta topar de nuevo con una Angelique radiante en un precioso vestido color ciruela y rosado. Su sonrisa traviesa tiró de la comisura de sus labios con picardía al dedicarle una mirada inequívocamente encendida, que enardecía a medida que repasaba con sus ojos el cuerpo femenino plantado ante él hasta que finalmente se detuvo en su rostro. Aunque al parecer, él no era el único interesado en la fiesta que buscaba a la famosa caza dragones.

Rápidamente, su mirada se centró en el ¨insaciable e insistente¨  cabeza de chorlito que  ahora había adoptado el papel de camarero cortés. Haciendo acto de presencia, el nephilim se materializó de la nada con dos copas de vino en ambas manos antes incluso de que Jeriel pudiera emitir palabra alguna.

Piérdete...

El gruñido en su mente bailoteó entre sus labios en primer lugar, siendo descartada automáticamente por una reacción impulsiva tan propia de él, que sin pensar dio un paso frente a el otro tipo, cazando sendas copas y arrebatándoselas de las manos al tiempo que llevaba una a sus labios con una expresión arrogante en el rostro.

- Ya iba siendo hora...- Murmuró con desdén ofreciéndole la otra copa a Angelique sin apenas dedicarle una segunda mirada al tipo, que aún estaba allí plantado sin pillar ni media. - Llevo toda la noche buscando a alguien que me sirva un copa. No es por nada, pero dile a tu amiga de allá arriba que el servicio en esta fiesta apesta...  - Como si advirtiera la presencia del tipo tras demorarse intencionadamente en la joven, enarcó las cejas altivo y lo observó de medio lado. - Puedes retirarte... - Musitó aburrido, centrando de nuevo su atención en Angelique. Con algo parecido al regodeo, Jeriel posó la mano sobre la mejilla de la muchacha y le estampó un beso en los labios para nada decoroso o casto, haciendo honor a la repentina posesividad que se adueñó de sus actos. Regocijándose en el pequeño espectáculo que ofrecía a aquel imbécil. Jeriel estaba dispuesto a saltar sobre su cuello como un jodido pitbull y estamparle algún objeto contundente en la cara con los recursos que aquella mansión le ofrecía. Aquellos muebles costaban una pasta y tenían aspecto de pesar casi tanto como imaginaba... Pensó furiosamente mordisqueando con deliberada recreación los labios ajenos.

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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Abr 04, 2014 8:42 pm

La mujer entornó las tupidas pestañas negras como el carbón, alzando las comisuras de sus labios en un gesto que bien pudo haber parecido tierno, si se encontrase en cualquier rostro salvo en el propio. En sí misma resaltaba como travieso y picaresco. Amenazador, para cualquiera acostumbrado a las agrias muecas que lucía constantemente el semblante de la cazadora. Sus orbes oscuros permanecían fijos en los de Jeriel, las pupilas dilatadas, el ceño fruncido con tal ligereza que no llegaba a formar ni el más sutil pliegue en la frente amplia.

Nadie necesitaba deletrearle la situación, percibía los celos con la misma claridad que un sabueso de caza en presencia de una presa conocida. Un peculiar visitante que tocaba a su puerta de tanto en tanto, y que solía tener el tupé de hacerle reclamos.

Jeriel Cross era más original.

La miró como si no hubiese nadie más en toda la habitación y acarició con sus toscas manos las tersas mejillas. Al paso del contacto, la piel de la mujer se erizó, transmitiendo un escalofrío electrizante a través de la columna. No pidió permiso. Ni siquiera dudó. Con avidez sus labios buscaron los otros, devorando, consumiendo, arrasando todo a su paso. Sin miramientos o mesura, sin consideración alguna del decoro o la etiqueta. Los dedos delgados de la cazadora rozaron la tela de la chaqueta, percibiendo bajo las yemas la textura áspera y tanteando superficialmente la musculatura que cubrían. Subió, atrayéndolo hacia sí por el cuello, hundiendo sus uñas escarlatas en el corto pelo rubio. El agarre de los firmes brazos de Cross se cernía en torno a su cintura fina, aferrándose a ella tan fuertemente que le costaba respirar. Un levísimo tono rojizo subió a las mejillas y su aliento cálido acarició los labios del varón, dejando escapar un suspiro bajo antes de morderse el labio inferior. Gustaba del jugueteo, el tire y afloje sin compromisos o responsabilidades. Esto podía entenderlo. Esto que era fácil y no caótico. Esto que era suyo.

— Diez puntos por la actuación Cross... —ronroneó, separada de él no más que unos pocos centímetros—Creo que acabas de espantar a mi cita. Una pena, ya se había reservado un baile conmigo. Decía ser excelente.

El pelo castaño le acarició las mejillas y cosquilleó la base  del cuello y pecho ante el movimiento de su mentón. Se había alejado un poco más para verlo mejor, para sonreírle y dedicarle una de esas miradas fulminantes que tenía patentadas. Lo había hecho tantas veces ya que la cuenta estaba perdida.  Era rutinario, familiar, un gesto tan suyo como lo sería el perfume de vainilla que la revestía. Sin embargo, había algo distinto. Algo en ella que se rompió al alejarse y verlo a los ojos, desenfocado por la cercanía. Lo mismo que le arrebató el habla cuando entreabrió los labios y dejó vagar sin rumbo por el rostro de  aquel sus ojos perdidos.

Lo mismo que había temido por tanto tiempo que pasara.

El corazón palpitaba fuerte y claro, acelerado como un crío en una dulcería, amenazando fervientemente con partirle las costillas. Tuvo la urgencia de enterrarse las uñas y arrancarlo de cuajo para amortiguar el histérico sonido. Estrujarlo en su propio puño, reducir su vida a una nada absoluta contal de librarse de aquel calvario. No lograba pensar más de una cuestión a la vez.  Distraída por lo absurdo de las cosas sencillas, dejándose engatusar por el tono de los ojos de Jer a la luz del fuego mágico, el aroma de su colonia y los pequeños hoyuelos que se formaban en sus mejillas cuando sonreía. Todo el asunto rezumaba de ridiculez.

Le gustaba Jeriel. Le gustaba el modo en que sus labios se unían a los propios en un beso exigente y hambriento, la brutalidad con que la abrazaba, el toque áspero de sus manos sobre la piel desnuda, la grave y ronca cadencia de su voz. Caía por él. Caía en el abismo sin retorno de quererlo. Lo sabía, pero saberlo no cambiaba nada. Darse cuenta de aquello sólo dejaba en su boca un regusto amargo, y formulaba en el fondo de su mente la más amarga de las preguntas ¿Hasta cuándo?
Quizá lo quería. Pero Angelique no sabía querer.

Disimuló el descuido con una sonrisa, desentendiéndose del abrazo, tragando el nudo de emoción que se formó en su garganta y le anudó las tripas. Su actuación daba asco. Los dos lo sabían.

Había perdido el juego.

— No te importará hacer las de suplente ¿o sí?— comentó, luego de lo que le pareció una eternidad.—Siempre puedo ir a por Adrian si resultas tener dos pies izquierdos.  

Besó el fino borde de la copa de cristal, posando sobre él sus labios rosados. El vino le supo seco y frutado,  inusualmente suave y con un peculiar regusto dulzón, que recordaba al almíbar. Delicioso.
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Jeriel Cross el Miér Abr 23, 2014 7:46 pm

You are relentless, I am defenseless
Why did you knock me down tonight?
You keep me senseless, I just don't get this



En ocasiones, y por si no fuera ya de por si lo suficiente descarado, hacer alarde de una arrogancia desmesurada estaba recompensada con algo como lo que estaba sucediendo ante la mirada curiosa de los invitados a la celebración. Tal vez la situación, la abrasadora sensación de pertenencia o aquellos cegadores ramalazos de celos posesivos lo habían impulsado a reaccionar de aquel modo. Sea como fuere, Jeriel cerró sus ojos y se lanzó al vacío que se abría bajo sus pies en aquel beso. La adrenalina que suponía aquel delicado contacto, volviendo a prender la chispa con intensidad. Saboreó aquellos labios, que lo recibieron no sin sorpresa, pero recobrándose con maestría conforme sus brazos se ceñían aún mas a su cuerpo y el joven profundizaba aun mas el beso con descaro. También inhaló el dulce aroma que desprendían sus cabellos, prácticamente ronroneando de placer al sentir sus dedos cosquilleando la piel sensible de su cuello. Aquel ligero hormigueo ya familiar recorrió sus extremidades y terminaba en la punta de sus dedos, hundiéndose en un gesto involuntario, incapaz de apaciguar el instinto primitivo que despertó en él desde el instante en el que vio al tipo revoloteando alrededor de la cazadora. No tenía ningún derecho, ninguna falsa pretensión de posesión sobre ella. Ni tan siquiera sabría decir con exactitud dónde estaba parado con ella, pero tomaría sin reservas cuanto pudiera de momentos como aquel.
 

... Pero tal como comenzó, se esfumó de entre sus dedos como arena fina. No sin antes permitirse un suave tirón de su labios, atrapándolo entre sus dientes al tiempo que se incorporaba ligeramente. El pecho del joven ascendía con pesadez cuando un escalofrío de aire frío pareció interponerse entre ambos, reacio de soltarla definitivamente. Mantuvo el agarre sobre su cuerpo, posando ambas manos sobre su cintura. A pesar de permanecer a escasos centímetros, al cazador le pareció una distancia demasiado abismal, por lo decidió centrar su atención en sus ojos y apartar la mirada de aquellos labios entreabiertos, disfrutando del cálido cosquilleo cercano del suspiro atrapado entre ellos.


- No pienso fingir modestia, acabo de reclamar mi trofeo. - Replicó en voz baja aún con el tono ligeramente grave. Sus ojos brillaban con picardia, interesados y bastante satisfechos con lo que veían... Y pasó.

La sonrisilla socarrona decayó ligeramente, congelada en el rostro ajeno. Las facciones femeninas revelando un reflejo de la propias en aquel breve instante fugaz que pareció eterno. Un momento que pudo ser fruto del inesperado arrebato de pasión, el calor absurdo que rozaba lo febril debido a la intensidad del beso. Aquel fuego líquido que abrasaba sus labios mucho después de abandonar sus besos. Y maldita sea si aquella no era una de de esas miradas que parecían acallar poco y decir tanto... "¿Pero qué, exactamente?" Se preguntó con el ceño fruncido entre sus cejas. Un sentimiento fugaz que pasó tan pronto como vino y que apenas supo interpretar al principio. Lo golpeó de lleno, inesperadamente, logrando reflejarse ligeramente en su semblante perplejo.

De pronto, supo exactamente en donde se encontraba parado, y no era precisamente un lugar en el que quisiera quedar plantado demasiado tiempo sobre sus pies. Era un camino embarrado que ya una vez había logrado bordear; una travesía con una ruta establecida que no contaba con paradas prolongadas en un mismo lugar. Paradores de acogedor sufrimiento voluntario, siendo a la larga un laberíntico viaje hacia los sentimientos. Su maleta pesaba demasiado ya de por si, pero seria un auténtico hipócrita si creyera por un instante que aquello no estaba ocurriendo. "Detente" Susurró una vocecilla a modo de advertencia. "¿Recuerdas ya por qué no puede ser? ¿Necesitas que te recuerde que ella no es mujer que se pueda atrapar en una jaula? Su libertad fue la que te atrapó, no vayas a cagarla con esta mierda. Olvida que esto ocurrió. Fue el arrebato, la atracción que sientes por ella. NADA MAS."                


Finalmente, el joven recobró parte de la actitud burlona de la que hacia honores a su nombre, y tras aquel breve intercambio de miradas, Jeriel se encogió de hombros murmurando casi para si mismo "¿importarme?" momentos antes de alzar la copa y apurarla rápidamente de un trago. Disimuló un carraspeo de incomodidad mientras sus ojos vagaban por toda la estancia, la cual se hallaba bastante repleta desde que la música comenzara a sonar y los invitados la reclamaran con sus bailes agarrados.

Toda aquella puesta en escena aportó unos unos segundos de mas para reordenar sus propios pensamientos, abandonando la copa sobre una mesa de cualquier forma y dando la espalda a la joven brevemente. Cuando se volvió nuevamente hacia ella, su sonrisa ladeada estaba de regreso junto con aquel humor despreocupado. Sus ojos, en cambio, parecían mas dispuestos a vagar por la sala que a demorarse demasiado en la piel perlada de sus hombros, revelando orgullosos cicatrices antiguas de runas, así como aquellas mas recientes que relucían del color de la tinta.  


- Te dejas impresionar fácilmente, Angelique. - Murmuró buscando con la mirada al otro joven, que los observaba con cierto desdén ya entremezclado entre el resto. Ambos se mantuvieron las miradas en un duelo silencioso, dispuestos a marcar territorio hasta que uno de los dos cediera terreno. No pasaría mucho tiempo hasta que una joven menuda se acercara a él con una sonrisa juvenil. "Demasiado joven, demasiado... inocente." Aquella carnada logró distraerlo. ]"Cabeza de chorlito, pervertido y asaltacunas... Y la lista iba en aumento." Con una mueca de desagrado, Jeriel se llevó las manos a los bolsillos del pantalón y continuó manifestando en un tono de mofa la opinión que le inspiraba aquel tipo, aún observandolo hasta perderlo de vista entre los bailarines.

- Excelente! - Prácticamente escupió. Esta vez volviendo su rostro hacia ella y mirándola de medio lado. - Esperaba que alguien como tú tuviera mejor criterio. Esas son palabras mayores, incluso para un tipo poseedor de un ego tan desmesurado.


Última edición por Jeriel Cross el Vie Abr 25, 2014 10:07 am, editado 2 veces
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Abr 24, 2014 12:17 am

Terco y duro como una pared
¿Y eso con qué rima?
¡Con usted, hombre, con usted!

La Nightshade era una mujer de gustos finos y caprichosos, muy difíciles de contemplar. Para complacerla había que conocerla, y ese filtro arrasaba fácilmente con la gran mayoría de las personas en su vida. La mujer no se hacía la difícil. Lo era en toda regla. Ni ella misma lograba soportarse dos de tres días, aún con ego del  tamaño de Manhattan. Una muralla se erguía a su alrededor, camuflada por una sonrisa zalamara, cuero negro de cazadora y zapatos de vértigo. Más de un imbécil había intentado trepar al otro lado a lo largo de los años, ignorando las espinas, sólo para que luego lo matara la asfixia. ¿Y Por qué? A veces no tenía ni idea.  El tiempo había sabido moldearla en una criatura ponzoñosa, demasiado enamorada de su imagen en el espejo como para prestar atención a alguien más. Quizá fuera por eso. Quizá fuera que imaginarse feliz, completa y complacida le daba asco. No importaba mucho. La mayoría de los infelices pillaban pronto las indirectas. Sino, conocía más de un modo de desarmarlos con saña. Sería mentira decir que no se regodeaba.

Karma. Todo vuelve en la vida.

Los sentimientos que le revolvían el estómago parecían una forma súper original de encajarle una patada bien dada en los ovarios. Eran básicamente lo único que no podía extirpar a punta de cuchillo o nublar con alcohol hasta que se le olvidara el apellido. Aunque podía intentarlo. Tenía una resistencia alta y no solía soltársele la lengua. Si algo, en vez de parlanchina el vino la ponía algo más achispada, hijaputa y agresiva.  En fin, daba luces a los rasgos que más le gustaban de sí misma. De una mujer que colocada se creyó la Reina de Corazones, no era de extrañar.

— Que va. Tenía un buen culo. —comentó al descuido, pasándose de refinada luego de hacer fondo blanco.

Gracias al ángel Cross no la estaba mirando. Quiso pensar, tratando aún de recomponer su ego herido por toda la mierda sentimental que se había fugado hacía un rato. Lo que en realidad surcaba su mente era una decepción cuasi tangible por aquel mismo hecho que debería estar aliviándola. Sabía que se desarmaría y haría alguna otra estupidez si Jer la miraba en estos segundos –o realmente podía quedar pasmada y no articular nada-, pero realmente la cabreaba que no la mirara. La palabra “unidireccional” se le vino a la cabeza y casi le dan arcadas. No era de esas mujeres lloronas. Vale, digamos que Jer no la correspondía, mal por él, se perdía la relación de su vida. No lloraría por los rincones ni se haría la víctima. No estaba en la obligación de quererla. Joder, ¿Quién en su sano juicio iba a querer ir en serio con ella? Llevaba la palabra “problemas” escrita con rotulador rojo en medio de la frente. Ella misma se había tomado la molestia de garabatearla allí y asegurarse de que se conservara. No tenía por qué arrepentirse por ello. Estaba cómoda con su vida. Así como también estaba cómoda con Jeriel. O al menos lo había estado hacia unos cinco segundos, antes del jodido deshielo. Quizás podría referirse así al momento en el futuro, sonaba infinitamente más poético que “El momento en que todo se fue al reverendísimo carajo”, lo cual era ciertamente más exacto y explícito. Conociéndose, terminaría por usar la segunda. Después de todo, sólo lo conversaría consigo misma. Y, de Angelique a Angelique, no habían consideraciones algunas de etiqueta. Por otro lado, de Jeriel a Angelique, se habría agradecido un mínimo decoro. Quizá no en un  día cualquiera, pero ciertamente sí ahora. El cazador había ignorado épicamente lo que ella había dicho, demasiado ocupado mirando quién sabe qué figura entre el mar subterráneo que componía a fiesta. A lo mejor ni siquiera la había escuchado. Fuera como fuere, no pensaba repetirse. ¿Él miraba para otro lado? Pues genial. Entonces ella también podía mirar.

La cazadora se dio la media vuelta con la delicadeza de una bailarina, alzando el mentón y aguzando la vista cual ave de rapiña. No buscaba a nadie en específico, pero cualquier conocido le hubiera venido bien para salir del apuro. Joder, Kaley era la alternativa perfecta. Incluso un Dieudonne salvaje aproximándose hubiera valido de excusa para irse lejos sin preocuparse de que Cross la siguiera. Honestamente, cualquier cosa era mejor que quedarse a sola con él y sus pensamientos. Carajo. Cómo le hubiera gustando ser hombre para nadar su caja de la nada y quitarse las estupideces de la cabeza. Cuando llegaba la hora de sobreanalizar algo, Angelique podía ser ridículamente femenina. Pasaba poco, pero pasaba. Si seguía nadando en las profundidades de su mente por mucho más, acabaría por sacarse de quicio. Un clavo saca a otro, así que iba siendo mejor procurarse nuevas compañías. O… recurrir a viejas, considerando las circunstancias.

El Bellefleur le vino como anillo al dedo.

Dos pestañeos, una sonrisa fugaz y ya lo había convencido para que la cogiese entre sus brazos, arrastrándola hasta la pista mientras la hacía girar entre sus manos diestras. Su piel, reluciente bajo la luz mágica, se había repuesto ya de los temblores anteriores, el cabello castaño oscuro le acariciaba la espalda y el busto formando estilizados bucles y el precioso vestido seguía el movimiento de la danza como un velo. No se molestó en fingir sentirse abrumada. Cualquier hombre hubiese sido un iluso de esperar eso de ella.

— El Ángel de los Nigtshade… — Susurró él, trazando un delicado sendero de su mejilla hasta la oreja, simulando corregir alguna imperfección que ambos sabían que no existía.  — ¿Necesitas que te rescate de tan mala compañía?

El acento marcadísimo le recordó de dónde lo conocía. Iba siendo el segundo tipo que una vez no hacía tanto borrara de su mente la estereotipada imagen del  británico de bastón, monóculo y té a las seis. Ahora asociaba la islita a cabellos rubios, miradas matadoras y anchas espaldas. Un deleite para la vista… y el paladar.

— ¿Seguro que quieres intentarlo? Muerde.— Respondió ella con sorna, atisbando por el rabillo del ojo  a un Jeriel que se había dado la vuelta, a metros de distancia, para dirigirle la palabra.

Imbécil. Tendría que hacer algo con respecto a esos reflejos.

— Espero que tú también. — musitó Nicholas, contemplándole los labios.
— Yo espero que un clavo saque a otro. —respondió ella, con una honestidad tan tajante y directa que la aturdió ni bien dicha.
— Encantado. — respondió el rubio sonriendo de lado, segundos antes de partirle la boca de un beso.

Una alerta roja sonó en su mente. Aquello se pondría feo.
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Jeriel Cross el Jue Abr 24, 2014 9:03 am

I'm getting here.
Don't care where I have to go.



Si hay algo peor que parecer un demente enajenado que habla al vacío, solo puede ser la cara de gilipollas que se le queda a uno al ver como su interlocutor se esfuma entre la bruma festiva. Solo algo mucho peor,  fue alzar la mirada y encontrarla coqueteandole a otro mientras observaba la escena con aquella expresión de cachorrito abandonado. Expresión que se cerró de pronto, mudando a una completamente feroz conforme aquellos malditos ramalazos de celos volvían a la acción con energías renovadas. Aquello se parecía cada vez mas a la supervivencia extrema, aplicando la ley del mas apto y sacando el mayor provecho a las oportunidades.

Y aquel joven de espaldas anchas bien que la estaba tomando.  









Bien, no le importaba.
Mientes.


Un camarero se cruzó en el camino de Jeriel, y el joven cazó al vuelo otra copa rebosante de vino, apurandola casi tan rápido que regresó sobre la misma bandeja de la que la había venido en un abrir y cerrar de ojos. El camarero le lanzó una mirada curiosa, enarcando las cejas hasta la linea del cabello. Pero la mirada que le dirigió el cazador fue suficiente como para que se encogiera de hombros y se marchara por donde había venido.

Mentalmente, su razón totalmente enajenada le advertía que aquella era justamente la prueba que necesitaba. Aquel toque de atención que debería pasar por alto, ignorando lo molesto que le hacia sentir el hecho de que ella sonriera con frescura al tipo. Un Jeriel que minutos atrás también había sonreído encantadoramente a un par de chicas, que le devolvieron el gesto reflejando un interés para nada disimulado. Un Jeriel que disfrutaba de la compañía de Angelique, pero que se ceñia a las reglas del juego sin romperlas. Siempre abierto a tantas oportunidades  como se le presentaran. Nada de compromisos, ningún poder u obligación del uno sobre el otro. Una relación tan simple como sana, sin ataduras ni discusiones hilarantes o celos... Perfecta.

¿Entonces, por qué coño estaba conteniendo la respiración con aquella estúpida cantinela de ¨cuenta hasta diez¨ antes de hacer alguna estupidez? Resultaba relajante, en realidad. Amortiguaba las voces y las alarmas encendidas que giraban sobre su cabeza...


Uno... Como el primer paso que dio en la dirección opuesta a la que se había planteado ir.

Dos... Los ojos de aquel lobezno al percibir por instinto el avance hostil del cazador en pleno acecho.

Tres... Como las palabras que salieron de su boca en cuanto se plantó junto a la pareja.          


- Eh, tu, capullo. - Gruñó el rubio en un tono tirante y contenido, haciéndose notar no sin cierta brusquedad. Aquello debió de parecer a ojos de aquel imbécil casi tan evidente como una bofetada, puesto que le dirigió la mirada tan pronto como se vio interrumpió en mitad de aquel intento de beso. La simple idea le revolvió las tripas, como así demostraron sus rasgos deformados en una mueca de desagrado. Sus ojos, de un dorado casi tan duro como el ámbar, taladraban al joven Bellefleur con una hostilidad manifiesta. - Todos sabemos lo encantado que estas de conocerte, pero ahora aparta esos moritos de pez de mi acompañante y búscate algo mejor que hacer. Tu sola presencia me resulta ofensiva para la vista.


Cuatro, cinco, seis, siete...
El martilleo doble entre sus costillas. El aire entrando en sus pulmones, la exhalación a través de sus fosas nasales dilatadas.


Los labios de su posible víctima se curvaron, deformando su bien elaborada máscara de encanto superfluo. Aquel rostro que tenia la desgracia de reconocer entre la lista interminable de canallas de la clave.

- Thurscross - Murmuró, de tal modo que aquello salió de su boca como un insulto. Sus manos, como percibió Jeriel no sin un disimulo implícito por la forma en la que los miraba, aún seguían puestas sobre la joven. - Me parece que el único que está fuera de lugar aquí eres tú... - Replicó con una sonrisilla de superioridad, muy orgulloso de su elocuencia a pesar de que era evidente cuánto le costaba mantener aquella actitud sosegada.

Oh, si. La tensión entre aquellos dos era tan evidente que podía cortarse con un cuchillo.

El individuo aquel, aborto de la especie nephilim, buitre carroñero y oportunista, volvió el rostro hacia Angelique, con sus zarpas demasiado ávidas para su gusto y con la intención de... ¿Bailar, llevársela a rastras a su nido, recostarla sobre un lecho de inmundicia...? Un gruñido irracional y silencioso en su interior resonó demasiado alto a sus propios oídos. Estaba perdiendo el norte. Aquel ave de rapiña iba a ser un jodido pollo a la barbacoa; desplumado, empalado y extra crujiente ante el fuego violento que se gestaba en Jeriel jodidamente hilarante Cross.

Ocho, nueve... Solo uno mas, y la calma lo cubriría como un velo. Un remanso de paz, por que, al fin y al cabo... ¿Quién era él para inmiscuirse?

El rubio sonrió. Aquella sonrisa despreocupada que se burlaba abiertamente de todo y nada en concreto, divertido ante una particular broma a la que solo él parecía encontrarle la gracia. Pero aquella sonrisa poseía un trasfondo oscuro, peligroso y afilado. Asintiendo, como si aceptara la derrota por unos instantes, se regodeó en su particular interpretación por unos segundos. Su cuerpo vuelto hacia otro lado, relajado y con la guardia baja a pesar de la tensión reflejada en sus hombros. Labios tensados, tirón en la mandíbula, facciones severas tras una sonrisa falsa, una mirada imposible de mantener y que parecía buscar algo que le impidiera hacer lo que siguió a continuación.  

- Respuesta equivocada... - Murmuró el muchacho alegremente volviéndose de pronto hacia Bellefleur,atrapándolo del hombro y girándolo hacia si.

DIEZ!

Lo que pasó a continuación fue casi tan inesperado para él como lo fue para el moreno, que apenas tuvo tiempo de balbucear una maldición de sorpresa. Aún plantado sobre sus pies, sin apenas despeinarse y con un movimiento casi tan rápido e instantáneo que pasaría desapercibido a ojos poco atentos, el puño de Jeriel impactó certero en pleno rostro del tipo, acertándole de lleno en el puente romano de su nariz. Aquel sonido y la sensación del hueso y el cartílago crujiendo bajo sus nudillos pareció satisfacerlo, al menos por el momento. La visión del rostro enrojecido arrugado en una mueca de dolor y al imbécil sangrando como un cerdo también ayudaba a no sucumbir a la tentación de continuar con una serie de golpizas mas. En cambio, se volvió hacia la joven, hablando con normalidad aún cuando el matiz posesivo parecía resistirse a marchar, enturbiando su mirada.

- Con un simple gracias me hubiera bastado. En cambio, vuelvo la vista y te encuentro siendo manoseada por semejante espécimen. ¿Pretendes que me líe a guantazos con todos?- Comentó enarcando las cejas con incredulidad. Después, su atención regresó a Bellefleur, que gruñía y lo maldecía ininteligiblemente a través de su mano. La sangre rodaba en finos hilillos a través de sus dedos, y en su mirada se podía percibir el desprecio que le dirigía a Jeriel.- Y tú, será mejor que vayas a lavarte eso y a ponerte un iratze. Estás completamente fuera de lugar ahí plantado chorreando sangre sobre mis zapatos. - Continuó con malicia, en parte expectante y con ganas de provocarle mas lesiones sangrantes. - Esta ya está reclamada, mucho menos necesita tus atenciones, así que me lo pensaría dos veces antes de volver a poner mis manos sobre ella si no quieres perderlas.


Jeriel extendió la mano, tomando a Angelique por la cintura y curvando sus dedos alrededor de su cuerpo al tiempo que tiraba de ella hacía su costado. El gesto no pasó desapercibido para nadie, mucho menos para él, que parecía estar lanzado y totalmente fuera de sí. Aquellos actos, aquellas palabras, el desmesurado alarde de necedad sobreprotectora...
Aquello parecía que solo era la punta del iceberg, y el concepto de libertad que el había estado rumiando minutos atrás estaba ya muy lejos. Aquella noche se sentía objeto de revelaciones. Verdades manifiestas que se filtraban a través de sus propias mentiras arraigadas. Aquello no era ni mucho menos su definición de ¨libre me gusta mas,¨ era su particular vendetta personal contra todo aquel que osara reemplazar sus manos sobre su cuerpo y sus labios sobre su boca.

- Como intentaba decirle al vacío cuando te marchaste... - Comentó ligeramente molesto, pero ya mas enfocado y en calma, deslizando sobre su rostro aquellos ojos dorados que relucían con un brillo inusitado. - Yo no soy el suplente de nadie. Soy el titular esta noche, y por lo que a mi concierne, tan solo yo tengo el derecho a mirar. Solo yo te toco; e indudablemente, solo yo en esta sala tiene lo que hace falta tener para demostrarlo. - Espera... ¿De dónde había salido aquello? De poco le sirvió analizar aquella confesión manifiesta y moralmente...inaceptable. Mierda, aún sin frenos sus manos dieron un tirón a su cuerpo, acercándola a su pecho con maestría tras una última mirada de advertencia al tipo por si regresaba a por mas.

Iba a bailar. Con él. Con nadie mas.

Y así lo hizo, alejándolos de aquel apartado rincón marcando el ritmo de los primeros pasos de una melodía que comenzaba con la extraña sensación de que era un mero espectador de sí mismo.
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Abr 24, 2014 11:49 pm

You and I go on at each other like we're going to war
You and I go rough, we keep throwing things and slamming the door
You and I get so damn dysfunctional we start keeping score
You and I get sick, yeah I know that we can do this no more



Angelique, atisbando una sonrisa que terminaría pareciéndose a la del gato de Chelsire si no ponía cuidado, no puso esfuerzo alguno por interponerse en aquel encontronazo de machos. Principalmente, porque le proporcionaba mayor deleite que degollar a un aquelarre de vampiros con un cuchillo de sierrita. Además, iba convirtiéndose en un jodido concurso de quién meaba más lejos, si es que en algún momento había sido algo distinto. Rojo como un tomate, echando humo de la nariz y las orejas, Jer semejaba a un toro pura raza a punto de cornear al jodido Bambi. La risita escapó de su garganta reseca y áspera, como si estuviese escupiendo un puñado de vidrios partidos por la garganta.

— Respuesta equivocada...— Murmuró alegremente, al tiempo que la cazadora se giraba hacia su acompañante pasajero, una sonrisa lineal alzándole los pómulos y entornando los ojos enmarcados de pestañas.  
— Un placer.

A penas tuvo tiempo de despedirse con los dedos de la siniestra. Jeriel Cross le dejó a su otro clavo la cara en bajorrelieve.

Ella, desentendida de la vida, se limitó a girar ligeramente el mentón, formar una “o” con la boca y lucir desgarradoramente bonita. Acto seguido, pasó a retirarse, bamboleando de un lado a otro el culito de durazno y los bucles de largo pelo castaño. Si bien no fue demasiado lejos. De pronto, ese sentimiento de “trágame tierra” había sido reemplazado por el de una Miss Universo a punto de ser coronada. Ya no le placía alejarse. No cuando al fin comenzaban a poner las cartas sobre la mesa. Sin dejar que el correrío de sangre o las miradas de los cotillas la perturbaran en lo más mínimo, se procuró otra copa de vino tinto. El asaltado mesero a penas si tuvo tiempo de pestañear. La copa regresó a él casi tan pronto como fue cogida.

Mierda. Tendría que pedirle a la bruja una de esas botellas.

—Como intentaba decirle al vacío cuando te marchaste... —Comentó Jeriel ligeramente molesto, pero ya más enfocado y en calma, deslizando sobre su rostro aquellos ojos dorados que relucían con un brillo inusitado. — Yo no soy el suplente de nadie. Soy el titular esta noche, y por lo que a mi concierne, tan solo yo tengo el derecho a mirar. Solo yo te toco; e indudablemente, solo yo en esta sala tiene lo que hace falta tener para demostrarlo.

Los luminosos ojos de Angelique no mentían. La estaba pasando de fábula.

— ¿Solo tú?—comentó al vuelo, deslizándose por la pista de baile con la gracia de una gacela, devorando centímetros de distancia con cada paso en su dirección.

Dio tres rápidos pasitos, girando sobre sus pies, mientras los dedos de uñas rosa alzaban coquetamente la tela del vestido. Un instante caminaba y al otro se hallaba a sí misma otra vez en aquellos brazos firmes, envuelta en el mismo perfume familiar. Y Caía. Caía. Jeriel la arrastraba como un pobre barco a merced de tormenta. La dejaba tastabillando y dando traspiés, como la primera vez que se puso aquellos tacones o la ocasión en la que fue de caza con aquel vestido. Todo era nuevo, extraño y caótico a su alrededor. Piezas  que antes habían encajado a la perfección parecían no tener ya sitio. Y otras, que jamás quiso considerar, se amoldaban a ella con facilidad.

— Tus celos me encantan, Jeriel. — susurró, acariciando al otro en los labios con cada sílaba, dejando escurrir las manos de la siniestra desde las manos varoniles, siguiendo el camino de los brazos, hasta reposar sobre los hombros— Pero no eres el único en esta sala que ha hecho ambas, eso se cae de maduro.

El filo del puñal besó el grueso cuello, sujeto con firmeza al ras de la piel. Por el rabillo del ojo, vio al Bellefleur toquetearse histéricamente la chaqueta, en busca de la misma arma blanca que se amoldaba a su diestra. Amateur.

— Será mejor que dejes de decir cosas tan comprometedoras… O acabaré por creer que te caigo más en gracia de lo que debería. No está mal tropezar. Pero ¿y si te enamoras de la piedra? Eso sí que es jodido. — y contorneando el trayecto desde la nuez de adán hasta el mentón, añadió en un susurro confidente— Lo sé de primera mano.

Ajena a las palabras a las que daba voz, Angelique tenía la expresión de una cría en una dulcería. Las mejillas de un rojo carmín intenso, la sonrisa extendiéndose de oreja a oreja y las pupilas dilatadas en los ojos oscuros. El corazón latía ligero, exigente, exaltado y reacio a escuchar razones. Tanto, que la poca conciencia que tenía parecía haber mandado ya la causa al carajo y huido a algún recóndito rincón de su subconsciente.

— Otra sería más fácil ¿no? una niña tonta que  te idolatre y puedas mangonear a gusto, usar y desechar cuando quieras.

La risa de la mujer resonó como campanillas, al tiempo que apartaba la daga y se la guardaba al otro en el interior de la chaqueta, demorando el contacto del cuerpo ajeno con las manos finas. Había olvidado la última vez en que un sonido tan falso y acartonado escapara de su garganta.

— Imaginarlo me enferma. Así de jodidas están las cosas. Tú en el negocio de partir narices y yo contemplando una plaza en el mercado de despellejar zorras.— Sisseó, girando lejos y desviando el mentón, con los oscuros ojos fijos en una cazadora de quinta categoría, que llevaba ojeando a su acompañante desde hacía rato, pensando que no se daba cuenta, o que no le importaba. Pero vaya y que le importaba. — ¿Qué pasó con las cosas simples? ¿No estábamos por encima de todas estas mierdas? Mejor me dejas en paz ahora Jeriel Cross. Estamos haciendo una escena.
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Jeriel Cross el Vie Abr 25, 2014 6:47 pm


So won't you touch me?
Cause everybody's watching us now
We're putting on a show for the crowd
So turn It up baby make It loud




- ¿Acaso no te basta? - Replicó no sin cierta aspereza tras un breve silencio aplacado por la música.

Jeriel acortó las distancias con pasos ligeros al tiempo que ella caminaba hacia él con gracilidad. Sus brazos, ávidos, volvieron a cerrarse alrededor de su cuerpo. Extendiendo la diestra sobre la parte inferior de su espalda, la atrajo con ímpetu hacia su torso. El joven avanzó un paso hacia ella y después hacia un costado con maestría, pero aún así el aire escapó suavemente de sus labios debido al tirón enérgico y la abrumadora sensación de sus cuerpos encontrándose. Inclinó su rostro y situó la mirada a la altura de sus ojos castaños, mirándola con intensidad a través de las pestañas cobrizas sin detener el balanceo de sus cuerpos.

- O es que quizás lo prefieras a él en lugar de a mi. - Inquirió girando sobre sus pies diestros, aún agarrándola con mano firme.

Su tono reflejó cierta inseguridad en lugar de aquel tono bajo y amenazador que parecía resonar en su mente.  Lo cual no impidió que en su interior se gestara mas de aquella violencia irracional, decidido a dar media vuelta y dejar a su primo sin ganas de mirarse la cara al espejo por un año. Algo muy distinto a lo que aparentaba, pues temía que la frágil vacilación derivara en un estúpido mohín de un momento a otro. Su ceño fruncido se pronunció, y se sumió de nuevo en aquel estado taciturno y molesto sin dejar de atender las palabras de la joven.  

- No mientas. - Susurró de regreso con la sombra de una sonrisa en los labios. Sus ojos se cerraron al sentir sus dedos acariciándole y cosquilleando mucho mas profundamente de lo que pudiera parecer aquel simple gesto. Con una exhalación contenida, se dejó arrastrar por una extraña fuerza magnética, que lo atraía y tiraba de su cuerpo.
Jeriel prácticamente se cernía sobre ella cuando el filo del cuchillo besó su garganta. Lejos de sentirse sorprendido o escandalizado continuó sin permitirse abrir los ojos, pero sus dedos se cerraron sobre los de ella con suavidad. Tras una pausa que se le antojó eterna, alzó la mirada y sus palabras espantaron al silencio de un manotazo.

- Reconoce que en realidad lo que te apasiona es verme enloquecer por ti. Tocar fondo, como muchos mas antes que yo, así como tantos otros que lo harán después.

Negando con la cabeza ligeramente divertido con su propia estupidez y aquella maldita sensación de que algo no encajaba completamente del todo en aquella situación, ignoró el frío acero con la misma resignación que un pobre condenado, determinado a recibir con ojos bien abiertos la oscuridad que le deparaba el abismo por el cual se había lanzado en caída libre.

- ¿En qué me convierte eso, Nightshade? - Musitó divertido ante la metáfora, enarcando las cejas conforme aflojaba el agarre sobre su mano y la tomaba por las caderas. Lentamente, y bajo el influjo de aquella melodía y el transcurrir de cuerpos deslizándose a su alrededor, ambos jóvenes fueron tironeados por la corriente hacia el otro extremo del salón. Si bien alguna intención oculta pudiera existir en algún rincón de la consciencia del joven, no lo fue la repentina tensión que se adueñó de él al escuchar las palabras de Angelique.  

Con el rostro contraído y un mirada acusadora, guardó silencio al tiempo que tomaba su mano ya libre y la hacia girar sobre si misma, atrapándola finalmente en un abrazo desde atrás. Hundiendo el rostro en su cuello, dirigió fugazmente una mirada indiferente hacia aquel punto en el que ella misma había centrado su atención instantes atrás.  

- No hagas esto. - Susurró de pronto junto a su oído con una voz grave y baja a modo de advertencia que poseía un deje frustrado. - No de nuevo. - Suspiró, como si hubiera estado conteniendo el aliento durante demasiado tiempo y le costara continuar hablando.

Volvió a tironear de ella con suavidad, trayéndola de regreso frente a él conforme erguía la espalda. El resto de pasos que vinieron a continuación los desplazó aún mas lejos de la multitud. Sus movimientos resultaban ser decididos a la vez que tomaba las riendas del baile. Tras un giro repentino, la espalda de la cazadora topó entre uno de los pilares que sostenían la balconada superior y él. Allí, la luz resultaba mas tenue, pero no impidió que los ojos dorados del joven repasaran su rostro con un brillo inusitado.
 
- Si realmente quisiera dejarte marchar,  me hubiera dado por vencido hace ya mucho. ¿No crees? - Insinuó el joven parado frente a ella, entornando los ojos.  - Además, ¿Desde cuándo te importa tanto lo que piensen los demás? - Preguntó alzando la voz intencionadamente a pesar de los ojos curiosos que comenzaban a centrarse en la pareja desde un rincón. Jeriel no había pasado precisamente desapercibido tras haberle roto la nariz a Bellefleur, por lo que no le sorprendió tener un poco mas de audiencia.  - No somos personas hechas para las cosas simples, así que, ¿Por qué debería comenzar ahora a preocuparnos montar un espectáculo?

El tono que empleó resultaba tajante, y reconoció conscientemente que en el fondo… en el fondo acababa de cometer alguna clase de estupidez. Aquel sentimiento persistente comparable a perder algo o tal vez la sensación de olvido de algo realmente importante se negaba a abandonarlo. Pero a pesar de las constantes paranoias a las que se exponía con Angelique Nightshade, los continuos juegos al gato y el ratón, el comportamiento errático... Sintió la certeza absoluta sobre lo que decía, liberado al fin.

Alguna parte de él parecía cobrar intensidad, susurrando verdades sin filtro aparente a través sus labios, en el que cualquier tipo de falsedad quedaba eclipsada por la honestidad del momento. - Eres tú la que pone piedras sobre el camino constantemente para que tropiece. - Continuó tomando impulso. Y al igual que si de un gesto involuntario se tratase, sus  manos reclamaron su independencia y acariciaron su rostro al tiempo que daba un paso hacia ella.

- ¿Es eso realmente lo que quieres, Angelique? Por que reconozco perfectamente el juego. Me llevas al límite, me retas, me quieres y me apartas y sin embargo sigo aquí. Ese es uno de los motivos por el cual te prefiero a ti antes que a cualquier otra. - Confesó incorporándose. Ya tomando el control sobre sus acciones, sus manos revolotearon en el aire, y él... Simplemente se quedó paralizado con la repentina urgencia de... ¿Qué, exactamente?  En su interior aquella incomodidad culebreó como una serpiente, tentando a su razón de quedarse en el apartado rincón de nunca jamás, congelada temporalmente en un estado permanente y olvidándose...  De algo.

- Siempre has sido tú.

Shit...
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Angelique Nightshade el Dom Abr 27, 2014 4:26 pm

If you needed love, well, then ask for love
Could've given love, now I'm taking love
And it's not my fault 'cause you both deserve
What's coming now, so don't say a word


No supo en qué momento exacto había alejado sus manos del cuerpo de Jeriel. Fue consciente primero de la fría baranda de mármol, imponente tras su baja espalda. Luego, de los puños, cerrados a lado y lado del cuerpo. Toda ella temblaba ligeramente ante la tensión de los músculos. En ningún segundo había dejado de mirarlo. Ni siquiera estaba segura de haber dejado de pensar en él por tan siquiera un instante. Su mente era una cosa extraña esa noche, apesadumbrada y aun así extrañamente despierta. De a momentos parecía estar aturdida, y de otros, más lúcida que nunca en la vida. Los ojos café se mostraban reacios a abandonar las orbes doradas de Cross, pero en sí, se le hacía difícil concentrarse en cualquier asunto concreto. Las palabras flotaban a su alrededor, llegaban a sus oídos como traídas por la marea. Y ella quería gritarle que se equivocaba, pero sus réplicas no escapaban de la cárcel de sus dientes apretados. En el fondo, sentía que se gruñía a sí misma.

Tocar fondo, como muchos mas antes que yo, así como tantos otros que lo harán después.

Regresaron las palabras que había dicho Jeriel ¿Qué sabían los que habían venido antes? ¿Los que podrían venir después? Vidas jodidamente simplonas habrían de tener para que una jodida gilipollas fuera capaz de hundirles hasta el cuello en el asfalto. Triste y fácil es la vida si lo más valioso que se tiene es el ego, tan susceptible a los daños y de secilla reparaciòn. Tan simples que resultarían envidiables para una escoria tan baja y complicada como ella. Quizás sentiría culpa por todas las piedras que les puso en el camino, por el modo en que los desechó o los humilló por el placer de hacerlo. Pero no lo sentía, porque sus existencias le preocupaban tan poco como la de ella les había preocupado en su momento. Ninguno de los que había hecho el intento suicida por conocerla duró jamás lo suficiente. Los otros, cuyos nombres podría escribir con labial rojo en el espejo del baño, eran de una calaña muy similar a la suya. No somos personas hechas para las cosas simples. Pronunció la voz de Jer, zumbando en sus oídos. Y no, vaya y que no lo eran. Ahora, por culpa de Jeriel Cross, ya no podía generalizar. Su nombre estaba tatuado último en los que fueron, y ya no quedaba espacio en la lista para los que serían. El labial estaba tapado. Y ella, ya no quería escribir.

¿En qué me convierte a mi, Cross?

En una cabeza hueca, básicamente. En la única mujer lo suficientemente imbécil como para engancharse con el único espécimen en el resto del sistema solar tan o más jodido que ella misma. En una loca con manías evidentemente masoquistas, que insiste e insiste en una relación que jamás tendrá pies o cabeza. Porque nunca serían algo más que una pareja disfuncional. Nunca serán algo mejor que dos parias conflictivos incapaces de comprometerse. O eso podrían decir. Pero esa no es la pregunta importante, esa es simplemente la pregunta más obvia. La respuesta rompe la vista. No aporta ninguna novedad. Ni siquiera hace falta concentrarse y pensar. Todo está allí, digerido para nosotros. Pero… ¿en qué la convertiría si no? ¿En qué convertiría a Angelique dejar ir a la única otra persona en la faz de la tierra que comprende lo que es estar sentado en fondo del abismo que cavó para sí mismo? El único capaz de gritar tan fuerte como ella, retenerla cuando hace falta y ponerle los puntos sobre las ies. El que supo conocerla y no apartó la mirada al vislumbrar los peores matices de su persona, sino que los aceptó como parte de quien era. Él que vio en ella algo que llevaba años sin ver en sí misma. Él, que la quiso. ¿No sería dejarlo ir el colmo de la estupidez y el masoquismo?

Sí. Respondió sin vacilación una voz familiar.  El tono era el propio. Ajado por el desuso, ronco y lejano, pero suyo sin lugar a dudas. Llevaba dos años sin decir palabra alguna. Yacía en el fondo del pozo que había cavado para sí misma. Allí, donde pensó que estaría sola hasta que llegara el momento de morir. Consciente de que por mucho tiempo había sido así. Aun comenzando a comprender que ya no lo era. Escucharla resultaba irreal, aunque sentía la presencia de esa parte sepultada de sí misma con cada inhalación. La veía en el fondo del alcantarillado Londinense, con la piel ajada por la pelea con el Dragón y esas heridas de Iratze, que jamás terminaban de sanar. Olía la piel quemada, el vaho de cloaca, la vainilla de su pelo y el suave aroma a jengibre que emitía aún el cuerpo sin vida de Jamie, acunado entre sus brazos. El enmarañado pelo castaño cubría su rostro poblado de raspones, rozando el lívido cuerpo del varón con las puntas florecidas. Ese rincón no era otra cosa que un sepulcro para dos. Pero no importaba cuantos años más pasara con él en brazos, hundida en el agua que le llegaba hasta los talones. Desear y desear no le regresaría a Jamie el aliento. No lo despertaría, como Jer la había despertado a ella. La vida era para los vivos. Jamás sería de otra manera, por más que hubiese gustado de pretender que se encontraba muerta, no era así, ni tampoco deseaba que así fuera.  Jamás pensó dar voz a esos pensamientos. Nunca se permitió a sí misma dedicarles siquiera la más mínima contemplación. Ahora estaban allí, a la vista. Tan evidentes y tangibles como la tamaña cachetada que acababa de estampar en la mejilla de Cross, sin motivo aparente.

— ¿Lo que realmente quiero? — Sisseó, pillando al varón de las solapas y obligándolo a bajar hasta su altura—Te quiero a ti, Jeriel. Quiero que esté bien que estés conmigo. Quiero estar bien otra vez. Quiero estar en Londres, contigo, con mi hermano, y que nada sea más complicado que ello.

En la voz de la cazadora de debatían la furia y la impotencia, refulgiendo en sus ojos oscuros como lava fundida. Estaba cabreadísima. Tanto, que  agradeció no tener en la mano el jodido chuchillo. Porque ¿honestamente? Se sentía capaz de lo que sea. El labio que se estaba mordiendo sangró, y un hilillo de sangre corrió por la comisura derecha de su boca. Las palabras, esas que no quería pronunciar, escaparon de sus labios como una llovizna ácida, tenues, claras y corrosivas.

— Sé que no puede ser, pero no quiero ser esta persona, no quiero tener a todo mundo a un mínimo de un brazo de distancia para no causar más problemas. Quiero poder ser yo, sin todas estas mierdas, sin preocuparme por lo que sucederá cuando muera y las personas que heriré en el camino.

Lo siguiente que dijo, jamás en su breve vida lo repetiría.

— Quiero poder dejar de echarme las culpas de todo. Porque no es justo. No es justo que Jamie muriera. No es justo que tenga que sentirme responsable por ello. No es justo que no me permita a mí misma estar contigo. No es justo que no me permita volver a Idris. No es justo que no me permita ver a mi familia. Pero si lo hago… Será como si nada hubiera pasado. Será como olvidarme de mi hermano.  Me consta y aún así… sé que he tocado fondo ya.

Alzó ambas manos al sentir el regusto salado en los labios, y el tintineo en el piso acerado de esas lágrimas que no sabía que estaba llorando. Procuró entonces limpiarse las mejillas rosáceas, acabando con los pulgares negros de máscara de pestañas y delineador corrido. Era un total y completo desastre. Sin embargo, no le importaba lo que el resto pensara de ella. Lo que lamentaba, lo que realmente estrujaba su pecho hasta córtale la respiración, era la certeza de estar diciendo cosas ciertas.  

— Soy una persona egoísta, Jer… Y soy un problema. — susurró, tan claramente como cualquier otro dí— Pero no voy a apartarme de ti. No más piedras.

No más idioteces. No más trabas. No más escusas. No más forzarme a decir lo que no siento. No más drogas de hadas, vestidos de lentejuelas o excusas baratas. No más tonterías…

— Y nadie más que tú.
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Jeriel Cross el Mar Abr 29, 2014 9:19 am

Oh no, did I get too close? did I almost see what's really on the inside?
All your insecurities. All the dirty laundry
Never made me blink one time

So come just as you are to me.
Don't need apologies. Know that you are worthy
I'll take your bad days with your good


Con la mejilla enrojecida y siendo el objetivo de la repentina debilidad que traía consigo el dolor inconsolable de la impotencia, Jeriel agarró con fuerza las muñecas de la joven y soportó con entereza aquel aluvión de confesiones. Las sacudidas no distaban demasiado a como se sentía el joven en su interior, pues ambos eran como muñecos de trapo rotos a merced de las corrientes de la vida y las inclemencias de su existencia. Movidos por cuerdas invisibles, de rostros permanentemente congelados en una mueca que pretendía ser una sonrisa desencajada, viviendo y sonriendo por encima el tiempo que pasara a pesar del dolor. Marionetas zarandeadas y quebradas hasta que finalmente terminaban en un viejo cajón del olvido, perdidos en el sentir de sus propias existencias de tanto esforzarse en pretender. Para ellos, la función jamás parecía llegar a su fin, siempre dispuestos a dejarse llevar en aquel circulo vicioso.
Tan solo momentos como aquel, en el que el telón se cerraba tras el público y se dejaban caer inmóviles contra el piso, sus existencias suponían un verdadero paréntesis, dejándose translucir el verdadero rostro que reflejaba lo que eran.

Por que al fin y al cabo, ¿No se hallaban parados justo en el mismo lado? Lejos de la representación, fuera de escena y totalmente perdidos ante la verdadera naturaleza de sus emociones. La representación había terminado, al menos para ellos, y por mucho que hubieran decidido ocultarse bajo un papel bordado a la perfección, lo cierto era que en aquel momento ambos enfrentaban sin mentiras lo que realmente los hacia ser quienes eran.
 
Lo que les depararía el mañana... Bien, eso sería algo con lo que lidiarían en su momento.  

- Entonces no hables como si te hubieras rendido, - Gruñó de regreso el joven cazador en un siseo de cabezonería. Aún tirando de ella mas cerca, enfocó su mirada sobre aquellos ojos enrojecidos y desesperados y continuó. - Por que ya no estas sola. Somos supervivientes. No podemos cambiar el pasado ni enterrarlo aún cuando hacemos lo necesario por conseguirlo, pero hacemos lo que sea necesario por continuar por mucho que duela. Maldita sea, ni siquiera se si soy capaz de vivir conmigo mismo algunos días... - Confesó exasperado, tensando los labios y frunciendo el ceño conforme rozaba torpemente con sus pulgares las mejillas húmedas de la joven. Sentía admiración por aquellas palabras. Maravillado con la fuerza que había demostrado durante tanto tiempo y la que se dejaba translucir en aquellos instantes desgarrados por la impotencia de reconocer aquello. Verdades que ni él mismo se atrevía a bordear, asqueado consigo mismo por lo que pudiera encontrar. Pero inexplicablemente, sentía que aquella noche la realidad parecía querer aflorar en ellos. Un reconocimiento doloroso y mordiente los invitaba a querer gritar en un momento de lucidez, relegando su autocontrol habitual a un mudo asombro.

- Puede que esté en nuestras manos cambiar lo que venga de ahí en adelante, aceptar las cosas como se presenten. - Susurró algo ido ante aquella confesión. Un pequeño resquicio de esperanza que se filtraba en ocasiones y que él mismo extinguía bajo kilos y kilos de incomodidad ante lo que suponía. Él mismo sentía en sus carnes la injusticia; la culpa que debilitaba su alma; el cansancio que machacaba sus huesos ante tanto reproche por permitirse... vivir. - No solo lo que creemos merecer por que la mierda que nos rodea vuelva a nosotros una y otra vez, por que nunca desaparecerá, sino por que en el fondo sabemos que no habrá nada que pueda cambiarlo.  No está en tus manos salvar a todos. No es tu responsabilidad culparte por cosas que fueron y o serán. NO ES JUSTO que intentar ser tu misma por una vez lo convierta todo en una mentira y una traición hacia todo lo que crees. No te pido que cambies. Ni siquiera que finjas que todo esta bien... por que ya no estamos solos. - Finalizó sorprendiéndose a sí mismo ante el peso de las palabras que se derramaban a través de sus labios. Alzando el rostro, lívido. Ligeramente disuelto entre la vulnerabilidad que suponía aquella afirmación ante la perspectiva de incluirse a si mismo en aquella simple oración. - No tenemos que fingir.  No contigo. Estoy cansado de eso.






A su alrededor, la música, las risas y el repiqueteo de las copas quedaron a la distancia, amortiguadas bajo el peso del silencio que siguió a las palabras del joven, que aún se hallaba parado y completamente inmóvil frente a Angelique. Su mirada daba la intención atravesarla dada la intensidad con la que parecía mirarla. Sus manos, sin apenas percatarse, se encontraban todavía acunando sus mejillas y acariciaban su rostro. Todo en él se sintió de pronto inseguro, presa del repentino vuelco que había quebrado algo en su interior; una debilidad que llegaba a modo de sacudidas de excitación tras la emoción de caer en picado. Quizás los efectos residuales de lo que pudiera interpretarse como efímera felicidad, algo que se negaba a sentir y que pareció embargarlo inesperadamente. Una satisfacción que se vio ligeramente ensombrecida.

De pronto, sus manos tiraron de ella hacia su pecho, acogiéndola entre sus brazos al tiempo que su rostro se enterraba entre el hueco de su cuello y sus cabellos. Cerrando sus ojos por unos instantes y tras cada golpe de voz, silaba y exhalación cálida, Jeriel volvió su mejilla contra  la de la muchacha. - Ni si quiera puedo asegurarte que sea fácil. Al menos no para dos personas tan rotas como nosotros. - Musitó, deleitándose en silencio y sin apenas darse cuenta de aquel abrazo intimo en el que hallaban, con el aroma a vainilla que se desprendía de sus cabellos y la suavidad de su cintura, escondida  bajo una capa de fortaleza latente. - No necesito escuchar algo que ya se. - Bufó en voz baja con lo que sonó como una carcajada oxidada y quebrada. Y al igual que si de un gesto involuntario se tratase, sus dedos ejercieron mas presión sobre ella en cuanto sus últimas palabras atravesaron aquella bruma irreal en la que se sumía. Agarrándose a ella de pronto, como si temiera ser arrastrado por un temporal feroz. - Juro por el Ángel que me haces enloquecer y que es bastante obvio que te convengo casi tan poco como tu a mi.- Alzando su rostro entre sus dedos, acarició con el pulgar sus labios y continuó casi para si mismo. - Cuando dije que tomaras de mi lo que quisieras lo decía en serio. Arrástrame contigo o déjame caer. Lo demás me importa una mierda. - Concluyó con una sonrisa ladeada, aún mirando sus ojos cuando sus labios buscaron los suyos.

A aquellas alturas, media sala se había dado cuenta de la pareja que se encontraba en aquel rincón. Cada vez mas evidentes y sin oportunidad de pasar desapercibidos tras la acalorada conversación que habían mantenido, las golpizas a falsos pretendientes y ahora aquello. Pero tan pronto el contacto suave de sus labios y el pequeño suspiro entrecortado cobraron intensidad, en su cuerpo se desencadenó una sucesión de reacciones y su mente quedó dispersa. Al igual que todo pensamiento lógico, ya que por mucho que pudiera percibir los ojos puestos sobre ellos, realmente le importó bien poco. Una prueba mas de lo poco que les convenía a ambos ofrecer aquella escena tan impropia ante todos.

Pero recordándose aquello, decidió que por una vez iba a hacer lo correcto. Ambos necesitaban salir de allí cuanto antes, se convenció al alzar la mirada y ver de sonrisitas cómplices a miradas curiosas, así como los chismosos que halaban en voz baja sin molestarse en disimular.

- Vamos, te sacaré de aquí. - Gruñó dedicándole una mueca de desagrado a un tipo que pasaba junto a ellos y les echó una mirada intencionada y bastante depravada.

Ya tiraba de la joven junto a él dirigiéndose hacia la puerta mas cercana cuando le pareció atisbar la mirada desdeñosa de los tipos que habían pretendido a Angelique aquella noche. En lugar de dedicarles la usual sonrisa de ¨pocos amigos¨ a la que estaba acostumbrado, la atrajo mas hacia su costado y cruzó el umbral de la puerta de doble hoja a través de algunos invitados.
Bien, tampoco era un santo, pero en sus ojos había una amenaza implícita que no pasó desapercibida para ambos.


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Jeriel Cross
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Jue Ago 21, 2014 5:10 pm

Inquisidora H. Blackthorn
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Re: When the winds of honesty spread the ashes || Jeriel & Nightshade

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