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Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

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Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Jeriel Cross el Jue Jun 26, 2014 8:43 am

Here I am staring, at your perfection in my arms; so beautiful.
The sky is getting bright, the stars are burnin' out.
Somebody slow it down.


La tímida luz del amanecer se filtraba a través de las altas ventanas, aclarando la tenue luz de las estrellas bajo un lecho azul cobalto conforme cobraba intensidad. Los minutos pasaban y los primeros destellos rosados y dorados del astro sol devolvían su reflejo sobre los edificios de la ciudad, bañándolo todo en resplandeciente oro fundido.  
Mas allá de aquellos muros, se podían escuchar los primeros trinos de los pájaros, que recibían el nuevo día trayéndolo de regreso a la consciencia aún sin haber abierto los ojos ante la claridad que se iba filtrando lentamente en la habitación; casi perezosa.

 Su cuerpo y su conciencia, aún debatiéndose entre el sueño y la vigilia, se sumían cómodamente sobre un colchón. Descansando plácidamente en una colcha de cama apenas sin deshacer, arrugada bajo el peso de su cuerpo tal y como se había dejado caer la noche anterior cuando morpheo le ganó la partida a la conciencia. Apenas era consciente de nada mas que del cálido y agradable cuerpo junto a él, encajado a la perfección entre sus brazos y con el rostro escondido en la acogedora curva de su cuello, totalmente embriagado por la fragancia a vainilla que desprendían sus cabellos y la suavidad de su piel entre sus dedos…

Jeriel apenas fue consciente de nada mas, salvo de aquella agradable sensación en la que los sueños conseguían cobrar la intensidad suficiente como para no querer despertar. Al menos aún no, queriendo alargar cuanto pudiera aquel instante que lo mantenía felizmente atrapado y ajeno a la cruda realidad que le deparaba la consciencia.
Pocas eran las ocasiones en las que lograba canalizar aquella paz, siempre propenso a un sueño inquieto plagado de malos recuerdos.

Pero no aquella noche, se dijo tras evocar lo que probablemente eran los últimos resquicios de aquel sueño. No en aquel instante en el que una sonrisa perezosa e inconsciente tiraba de la comisura de sus labios conforme se revolvía sobre la almohada, acurrucándose tras emitir un suave gruñido, semejante a un ronroneo complacido y adormecido.

Recordaba el tono suave y distendido de su voz cortando el silencio que los envolvía, los susurros amortiguados por los besos escurridizos y las risas ahogadas en su pecho, vibrando sobre los cojines en los que se acurrucaban; sus brazos alrededor del cuerpo de Angelique. El pálido rostro femenino brillando en contraste con la oscuridad, que lentamente iba esfumándose bajo la tenue luz de luna que se atrevía a colarse en la habitación; las pestañas que caían sobre las mejillas conforme el adormecimiento se adueñaba de ella, dotándola de una paz que apenas se dejaba entrever en ocasiones, libre de fruncimientos y sonrisas maliciosas.  Un último instante fugaz, esfumándose entre sus últimos recuerdos, mientras él mismo apartaba, somnoliento, un mechón de sus cabellos negros que descansaba sobre su frente, acariciando su piel con la punta de sus dedos y perfilando el contorno de su rostro antes de que los párpados cubrieran finalmente sus ojos cansados…

En aquel momento, los recuerdos que regresaron como un torrente salvaje de realidad hicieron que su cuerpo reaccionara casi al instante, tenso y paralizado. Ni tan siquiera un  parpadeo repentino fue necesario para hacerle caer en la cuenta de dónde, cómo, por qué o con quién se encontraba. Apenas si se movió, probablemente por temor a que el repentino cambio en su respiración pudiera advertirse por su acompañante, lo cual fue una estúpida conclusión. Se encontraba lo suficientemente lúcido como para percibir cada mínimo detalle o variación a su alrededor.

Sabía que ambos llevaban la ropa de la noche anterior, y por la forma en la que se encontraban, comprendió que se habían quedado completamente dormidos a las pocas horas de regresar de la fiesta. Jeriel permaneció completamente inmóvil por unos segundos, considerando las posibles variantes que pudieran desencadenar aquellas circunstancias tan poco… usuales. Pero lo cierto era que tan solo buscaba el modo de disfrutar un poco mas del momento.

 Finalmente, los ojos dorados del muchacho se abrieron lentamente, lo justo como para que estos se encontraran frente a frente con su rostro. Ambos estaban lo suficientemente cerca como para que sus narices se rozaran.
 Como consecuencia, su primera reacción fue soltar lentamente el aire que no sabía, estaba conteniendo. De forma involuntaria, el brazo alrededor de la cintura de la joven se tensó antes de cerrar sus ojos con fuerza, sintiéndose torpe mas que incómodo por la situación. En momentos así, apenas si sabía cuál era el mejor modo de proceder. Apostaría su mejor estela a que ninguno de los dos despertaba todos los días abrazado a otro, pues él mismo era casi tan dado a las fugas previas al amanecer como lo había sido ella en los últimos tiempos.

¿Cómo demonios había ocurrido aquello?    

Posiblemente, sus alarmas resonaran en aquellos instantes entre las paredes de su cabeza, rebotando sin cesar en el interior de su cráneo al igual que un pequeño duendecillo de la cordura exaltado y pasado de cafeína que lo instara a salir por piernas de allí cuanto antes...

En cambio, la realidad era bien distinta, ignorando felizmente aquella costumbre arraigada que de pronto le pareció absurda e innecesaria. Realmente quería quedarse, aunque el momento de lucidez de aquella joven trajera consigo una muy bien merecida patada en las pelotas por haberse quedado dormido en su cama.  Al menos no llevaba las botas de combate ni las deportivas... Al menos disfrutaría del momento, haciendo honor a su promesa de la noche anterior.
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Angelique Nightshade el Jue Jul 10, 2014 10:48 pm

This love has taken its toll on me
She said Goodbye too many times before

La conciencia llegó a Angelique mucho antes de que aquella bocanada de aire caliente le golpease la nariz. Incluso antes de que el sol se alzara lo suficiente para resultar una molestia o que la ciudad se diera por enterada de que despuntaba el alba. Nueva York no dormía jamás, pero con el oasis de la fiesta de Blackcrow y la celebración por la guerra mortal, todo en aquella mañana se sentía dócil y sereno. Parecía que el peso de todo, ese jodido bagaje emocional que llevaba tan recelosa sobre las espaldas y que no permitía a nadie tocar, de pronto se había dividido entre dos personas. Y no era ya una mochila ni una maleta, era más bien una manta invisible y densa, cubriendo dos siluetas abrazadas sobre la cama. Angelique no lo razonó. No dejó que el pensamiento diera demasiadas vueltas en su cabeza, sino que se aferró a él del mismo modo que sus manos se habían aferrado por la noche a los fornidos brazos de Jeriel. Fue algo natural. Pasó porque pasó, y no tenía sentido buscarle la quinta pata al gato.  Eran dos imbéciles y cabezotas redomados. Pero se gustaban. Se gustaban y se importaban mucho. No tenía caso alguno negar ahora lo que ya había sido puesto sobre la mesa. Con demasiada elocuencia además. Y honestidad exagerada. Mágicamente exagerada. Corroboró la cazadora, aún con el regusto dulzón de aquel vino tinto suavizándole el paladar. No habían tomado demasiado, pero tuvo la ligera impresión de que no le hubiera quedado resaca ni aun y si se hubiera bebido dos galones. Estaba despierta y más lúcida que en cualquier otra mañana de su vida.

“Yup, Ang. Te embaucó una subterránea y escupiste una biblia en verso de verdades embarazosas, ¡pero al menos no te duele la cabeza!”

Algo en la idea la hizo rodar los ojos internamente, pero se abstuvo de abrirlos. El sol calentaba con leve calidez el área de los tobillos no cubierta por la tela de su vestido de fiesta.  Aun era temprano. El latido del corazón de Jeriel resonaba constante, arrullándola mientras mantenía la oreja pegada al pecho. Otra vez se sentía una enana. Curiosamente… comenzaba a gustarle.  Quiso recobrar la costumbre de sentirse incómoda, pero no le encontró pies ni cabeza. Trató con todas sus fuerzas de reunir la cólera necesaria para despertar a aquel zopenco de una bofetada, o al menos  alarmarse lo suficiente para salir por patas de aquella cama compartida. Sin embargo, se dio cuenta de que estaba cómoda, y más que a gusto con la compañía. Vaya novedad. Doña “no puedo dormir con alguien más en mi cama” despertando después de una larguísima siesta hecha un nudo de brazos y piernas con el mismo hombre con el que había conversado y besado hasta la madrugada. Y nada más. Todavía estaba vestida. Cualquier científico o psicólogo hubiera chillado de emoción al descubrir que el par, aparentemente podía pasar un buen rato sin que ninguno de los dos revolease por los aires lo que llevaba de ropa. Y sin destrozar ninguna mampara. Le pareció escuchar a su Maryse interna vociferando a todo pulmón el “Aleluya”, pero no hizo caso.

Habia calidez en ello. Calidez y una gran comodidad.



Junto a la cazadora, Jeriel se revolvió, tratando de aferrarse con vehemencia a los resquicios de algún sueño bueno. El sol subía, y ya comenzaba a calentarles en rostro. Qué molestia. ¿Es que no podían darles 5 jodidos minutos más? Vaya a saber el Ángel cómo coño terminaría aquello una vez que ambos se dignasen a abrir otra vez la boca. Ya se lo veía venir. Un desfile de escusas. Un verdadero carnaval de “Ja, mierda, me he quedado en tu cama. Debo haber estado borracho como una cuba. No recuerdo nada.” Aunque pensándolo mejor, esa excusilla de bajo monto sonaba más como algo que diría ella, justo antes de exigirle a punta de serafín que se marchara de sobre su colcha. Las ideas dieron tres vueltas en su cabeza, aclamadas por asentimientos de orgullo de sus muchas Angelique internas, todas aparentemente de acuerdo en que culpar al alcohol iba siendo la mejor y más sensata de las ideas. Ahorraría dramas, y removería todo el asunto peliagudo de su mesa.
— Esa bruja sí que nos ha jodido— comentó la voz de la cazadragones sin moverse tan siquiera un ápice de donde se encontraba. — No podré sentarme en una semana. La muy cabrona no ha tenido ningún miramiento por mi pobre integridad de doncella.

Rió y su propia risa la trajo a tierra, la llevó a abrir los ojos y encontrarse a si misma acomodada en su cama, mirando a los ojos a Jeriel. Es posible que viera algo nuevo en ellos, algo que antes no estaba, o que había preferido ignorar. Vio en ellos su propio reflejo, acaramelado por el dorado tinte que relucía a la luz del sol. Y se dio cuenta de algo que había estado muy claro la noche anterior: Supo que estaba jodida. Que todos esos planes de tirarle tierra al asunto acababan de ser aventados por la ventana a un precipicio sin final. No. Tenía las cosas claras. Quería estar con ese cabrón y si alguien jodía aquello esa mañana, estaba bien clarito que no sería ella.


— Vete enterando que no pienso retirar nada. Ni una sola palabra. —enunció y los labios sonrosados delinearon una sonrisa indolente y picaresca— Si te apetece huir, sabes dónde está la puerta. Pero si te quedas, no te vas. Valga la redundancia.

Y así, sin piedad, tiempo para respirar o anestesia, es como un Nightshade informa a otros de su interés de formalizar las cosas. Angie particularmente, había sido bendecida desde su nacimiento con el grandiosísimo tacto de una lija. Pero bueno, esta última parte, Jer ya la sabía.
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Jeriel Cross el Lun Jul 14, 2014 8:10 am

¨El sexo no es difícil,
 pero la intimidad es algo aterrador...¨


La voz adormilada de la joven se abrió paso a través del silencio, disipando la particular bruma matinal que él mismo había intentado retener consigo desde hacía unos instantes. La estancia se llenó de pronto con aquel sonido, y al igual que los rayos de sol que se atrevían a anunciar la llegada de lucidez irreal en la que se encontraba sumido, fue la prueba definitiva que sin saber había estado esperando y temiendo a partes iguales...
Como única respuesta instantánea, él solo pudo soltar una carcajada. Casi como si con ello pudiera deshacerse de la sensación equivocada de que lo lanzaría lejos de una sola patada.
Aquella sensación inexplicable y confusa que parecía volverlo torpe aún se encontraba allí, firmemente atrapada en el interior de su pecho, pero gran parte de esta resonó y burbujeó en lo mas profundo, y al igual que sus carcajadas, ascendió por su garganta a modo de liberación.

Seguido de un hondo suspiro, Jeriel se pasó la mano por el rostro y despeinó sus cabellos aún con aquella sonrisa estúpida. No lo reconocería jamás, al menos no libre de las pociones que últimamente terminaban en su bebida, pero pareciera que la sonrisa patentada de Jeriel Cross había derivado a aquella estúpida mueca de satisfacción atolondrada. Hasta ahí había llegado su reputación de gentleman. Hasta ahí la prueba física de que finalmente algo que no sabría identificar con exactitud lo había cambiado totalmente.

- ¿Tan malo es? - Musitó en voz baja tras una pausa. Casi como si meditara sobre las consecuencias de aquella violación hacia su persona. Con la vista vuelta hacia el techo de aquella habitación, continuó. - Realmente ella solo nos proporcionó los medios. El resto lo hicimos todo nosotros solitos... - Jeriel ladeó la cabeza mientras reprimía una sonrisa que de nuevo amenazaba con tirar de la comisura de sus labios. Si había alguna duda al respecto, quedó disipada ante la ausencia del comportamiento avergonzado que aquello pudiera inspirar.

Debería, en una situación normal, pero entre ellos ya nada parecía rozar la normalidad. El velo había caído, las verdades que habían cantado alegremente la noche anterior a través de sus piquitos de oro jamás volverían a quedar atrapadas. Al menos no entre ellos, que ya habían sido testigos de la retorcida melodía de sus existencias, imposible de olvidar; imposible de negar.

- Nuestra integridad es cuestionable a estas alturas, ¿No crees?

El joven se revolvió junto a ella hasta quedar tumbado sobre la cama de medio lado. Sus ojos acariciando el rostro femenino con cierto asombro disimulado en una sonrisa que poco a poco dio paso a una seriedad inusual. Simplemente lo embargaba una peculiar comodidad, cierta intimidad similar a la compartida la noche anterior. Silencios que no resultaban incómodos; miradas que llenaban el silencio sin necesidad de estupideces carentes de importancia...

Mierda. Si, se avecinaba otro de esos silencios intensos.

Realmente estaba fuera de su elemento o simplemente quería asumir que aún quedaban en él restos de aquella poción que lo hacía reaccionar como un demente. ¿Dónde quedó la elocuencia?¿ Las bromas y los comentarios capaces de restar importancia a lo que revelaba su expresión? Ah, cierto... - Recordó. - Se fueron a la mierda tiempo atrás.
Por unos instantes se sintió dividido, entre lo que consideraba realmente correcto y las dudas. ¿Desde cuando Jeriel Cross dudaba? La incertidumbre, un temor que amenazaba con paralizarlo si se atrevía siquiera a considerarlo. ¿Qué coño era todo aquello?

Alguien mas versado en las emociones sacaría notas interesantes sobre él y el tipo de relación que comenzaba a gestarse entre ambos. Tal vez lo someterían a un exhaustivo análisis mental con la única referencia que poseían en su expediente psiquiátrico: Un temor irracional a la pérdida, una arraigada costumbre por alejar de él todo aquello que le proporcionara cierta estabilidad que creía inmerecida.
Tal vez la lucha interna por exponerse a los cambios con ingenuidad tras vivir demasiado tiempo negándose lo que algunos mortales consideraban felicidad. Puede que simplemente fuera finalmente consciente de que había perdido aquella batalla. Joder, la guerra y sus consiguientes consecuencias devastadoras. La paz parecía abrirse paso entre los escombros y eso... simplemente lo abrumaba.  

Finalmente, ahuyentó aquel remolino de pensamientos como lo haría con un insecto molesto. Pensar demasiado nunca había sido lo suyo, ciertamente nunca lo había hecho demasiado cuando se trataba de Angelique. Solo dejaba que pasara lo que tuviera que pasar. Y le gustaba aquella sensación. Tan simple como aquello, tan sencillo como aquel instante sumido en el clímax de sus propias emociones.

Aquella era la magia que escondía aquella mujer, que lo hacía sentirse mareado desde el instante en el que accedió a subirse a su particular montaña rusa.  

- Nightshade, tú siempre buscando el modo de echarme... - Suspiró en un intento fallido de lo que pretendía ser un comentario irónico. - Te lo dije anoche y te lo repetiré ahora, - Susurró rodeando su cintura con el brazo y atraiéndola hacía él. - estoy cansado de huir de ti. No pienso irme a ninguna parte. - La miró a los ojos, y tras encogerse de hombros concluyó con firmeza y cierta arrogancia: - Superalo.
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Ago 01, 2014 8:57 pm

And you say 'go it isn't working'
And I say 'no it isn't perfect'


— No más piedras— comentó atrapando el labio inferior de Jeriel entre los dientes mientras lo miraba hondamente, un poco escasa de palabras.

El Ángel sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de que uno de los dos se acobardara y saliera corriendo por patas. Ellos probablemente también lo supieran, acostumbrados a convivir con la inestabilidad de la que hacían alarde y de pasar una cantidad alevosa de tiempo consigo mismos. Lo raro era la complicidad, la compañía. Como estar toda tu vida manejando sólo por la carretera y de pronto encontrar a alguien en el asiento del copiloto. Incluso intercambiarse de a momentos y permitirle manejar. Las horas en silencio, la confianza de dejarle velar tu sueño y la certeza de que estarán allí en cuanto abras los ojos. Todo aquello era nuevo y abrumador. Aterrador, por demás. Mil veces más terrorífico que el dragón del alcantarillado londinense, la Kuri y su padre al levantarse con el pie izquierdo de la cama. Bueno, vale, no. Eso último sería exagerar.

Angelique Nightshade sonreía socarrona, enredaba los brazos y las piernas en Cross como un árbol echando raíces y temblaba un poco, sin poderlo controlar. La intimidad era algo nuevo, algo que la noche anterior, pillando a Bellefleur como plan de contingencia, ni había considerado que tendría. Había sido una imbécil redomada e insegura al pensar que Cross no le correspondía. Pero eso te hace querer a alguien ¿no? Es una especie de poción que te idiotiza y hace que cualquier excusa para evitar el riesgo. Cualquier cosa contar de no salir lastimada. O de no dejar que un cabrón de cuarta te parta el jodido corazón. Porque claro, eso nunca le va bien al orgullo. Y Ang era una mujer ridículamente orgullosa. Ahora le dejaba a Cross carta blanca para tocar su corazón y hacerlo picadillo. No quitaba una venganza absurdamente dolorosa y agresiva si lo hacía… pero era un cambio radical y dramático. Una razón más que válida para permanecer un poco aturdida.

— Pero ¿Integridad Cross? ¿de veras? Pf… ese barco zarpó hace tiempo. Creo que ni entre los dos logramos hacer una buena persona.

La cazadora alzó las cejas llevando la mano derecha hasta el pelo rubio y desacomodado , jugando con él como niña con juguete nuevo.  Quizás a cualquier extraño el comentario le hubiera parecido incómodo, quizás hasta Jer podría llegar a retraerse al oírlo en voz alta, pero Angelique no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba. Después de todo, estamos hablando de la misma mujer que hacía unos meses había dejado morir a unos niños en el alcantarillado sin mover y dedo y que había causado hacía no tanto la muerte de un mundano. Se tomaba muy a pecho su oficio de matar cosas, pero ni por asomo llegaba a considerarse una buena persona. Ni siquiera una persona justa o cualquier adjetivo admirable del que se pudiese dar nota. Jer era mejor que ella en el ámbito moral, pero estaba a años luz de ser un angelito. Ni el uno ni el otro eran buena junta, cuanto menos buena influencia.

— Estás compartiendo cama con una arpía —prosiguió, ácida y divertida por partes iguales— cualquiera de tus otras “amiguitas” podría corroborarlo si les preguntaras. Incluso ese zopenco rubiete que llevas por parabatai…

Nope. Ver el Instituto convertido en un festival de estrógeno y a Jeriel en el centro de la jaula de las locas no le causaba tantísima gracia. Si seguía como iba acabaría por hacerse no sólo un tapete, sino un par de mantas, un tapado y tapizado de piel de zorra para todos sus muebles. Su asco por Dieudonne tampoco era novedad, aunque mantenía a un mínimo cómico sus comentarios al respecto. El lazo de parabatai era un asunto serio. Sólo por eso, tenía el detalle de mantenerse callada al respecto a menos que estuviese de broma. En cuyo caso… bueno, os imaginarais. La boca de camionero de la niña tampoco era cosa rara.

— Y yo… yo estoy lo suficientemente loca como para querer quedarme con un tipo impulsivo, mentiroso y violento, que le dio un puñetazo a su primo sólo porque intentó comerme la boca. Va siendo que ambos hemos perdido la cabeza. — Angelique hizo gestos dramáticos con las manos y los ojos, llevándose el dorso de la diestra a la frente— Y lo mejor de todo es que me importa una mierda.

Luego estalló en una risotada y se prendió a los labios de Jeriel como una garrapata.

— Por cierto...— beso, beso— ...montamos una escena —beso, beso— ...en público—beso beso— ...mi padre –beso, beso— ...el cónsul— beso, beso— ...ya debe haberse enterado con pelos y señas.

Con estas palabras, Angelique Nightshade rodó y escapó de la cama, escurriéndose de los brazos del varón para cambiarse de ropa.
¿Qué iría mejor con su nueva etiqueta de “novia”? ¿la blusa roja o la negra?
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Jeriel Cross el Dom Ago 03, 2014 11:17 pm

I know that we can make it
And I know that you can feel me
So stop fooling around and just stay


- No mas piedras – Suspiró el joven con suavidad conforme devolvía el beso. El simple roce de sus labios y el cosquilleo de su aliento entrecortado quedando atrapado entre ellos lo animó a tirar de ella mas cerca, con sus cuerpos rondando sobre la cama hasta quedar finalmente sobre él mientras este la observaba en silencio, con una mirada somnolienta y la cabeza desaliñada descansando sobre la almohada.

Apenas consciente de que estaba conteniendo el aliento, los ojos de Jeriel vagaron por su rostro en silencio. Otro instante mas que se sumaba a la pequeña lista de ocasiones en los que ambos parecían quedar atrapados en la mirada del otro con cierto grado de atolondramiento que se podía apreciar en parejas que había conocido. Recordaba la mueca burlona que se dibujaba en su rostro, el rodar de ojos y las caries que le provocaban dicha visión. Lejos de sentirse incómodo, le inspiraba gracia y desdén, casi rozando la estupidez debido a la incomprensible actitud que se apreciaba en ellos.  Sabía que él jamás sucumbiría a aquel comportamiento enfermizo y empalagoso, juraría por el ángel que antes preferiría ser torturado por palillos chinos antes que dejar al mundo entero ser testigo de semejante vulnerabilidad. Siempre acostumbrado a trabajar con otro tipo de emociones, golpes rápidos y fuertes, viviendo su vida en un torrente incesante de sucesos frenéticos pero sencillos, aún y cuando apenas se sentía capaz de caminar el línea recta sabía dónde pisaba, con seguridad. Pero aquello se sentía distinto, casi como si pareciera que todo a su alrededor se detuviera y pudiera ser capaz de detenerse a observar cuanto tenía frente a él.  Como si no existiera nada mejor en el mundo que aquello. Emociones, instantes y miradas lentas, pausadas pero que estaban llenas de un significado mucho mas allá del simple atolondramiento.

Casi podía alcanzar a comprender a aquellas personas. Casi, salvo por la parte de la estupidez extrema y los jodidos apodos ridículos en un tono que rozaba la deficiencia mental. Pensó con ocurrencia en el instante que alzó su mano y apartó los cabellos que caían alrededor del rostro femenino y acunaba su mejilla conforme se incorporaba por otro beso al igual que un mendigo rogando por un mendrugo de pan.
Mentiría si no reconociera que había sido presa de algo similar anteriormente, y la simple idea era capaz de dejarlo con la sensación de vértigo en el cuerpo. Pero al mismo tiempo se sentía distinto. Se sentía bien, libre de temor ante la perspectiva de que ambos parecían casi tan paralizados por la situación que tenían entre manos, como le confirmó el suave temblor de ella entre sus brazos. Probablemente de un modo muy similar a como se sentía Jeriel en su interior.

No, definitivamente ellos no eran como otras parejas, concluyó mientras la escuchaba en silencio. Juntos eran como dinamita y una mecha prendida, jugando a quemar puentes. Disfuncionales, caóticos, volubles y caprichosos. Casi tan imprevisibles que apenas lograban hilar aguja e hilo sin terminar arrasando cuanto les rodeaba con tal de dar una puntada decente en sus vidas. Lo que ambos consideraban era un tipo de relación peligrosa que en mutua compañía derivaría en algo mucho mas de lo que dejaban aparentar de puertas para afuera. Porque ambos eran iguales, al fin y al cabo. Tal vez ahí residía el secreto, la fórmula exacta para que funcionara sin terminar prendiendo fuego a todo a su alrededor.

- Puede que no. – Musitó encogiéndose de hombros. – Demonios, probablemente no. Pero los dos juntos tal vez podemos hacer de esto algo bueno. – Por un instante, rodó los ojos y bufó por lo bajo, cruzando sus manos tras su cabeza. - Además, somos realmente buenos en la cama...  - continuó alzando las cejas en una evidente insinuación. Mas tarde, sus ojos dorados se entornaban y le devolvían una mirada aburrida ante la mención de sus amiguitas y su parabatai. Pudo atisbar cierto matiz celoso por el modo en que pronunció aquellas palabras, lo que solo se ganó una expresión de incredulidad. – Eres mucho mas que eso. – Afirmó automáticamente, casi sin pensar. Hacía tiempo que lo sabía, es mas, lo supo mucho antes. Antes incluso de volver a encontrarse con ella tras los últimos años, tal cual la conoció  en Londres. No supo hasta que punto lo hacía pero tras la pasada noche muchas cosas encajaron. De cierto modo aquella bruja había conseguido lo que ellos mismos habían sido incapaces de hacer en todo aquel tiempo. - Y con respecto a lo que piense Leo… Bueno, hace tiempo que dejó de importarme lo que piensa Leo.

El joven sonrió con inocencia, dispuesto a añadir algún adjetivo mas a la lista que ensalzaba aún mas sus encantadores atributos cuando, de alguna forma, se olvidó de la réplica que tenía en mente y disfrutaba de las atenciones que le dedicaba Angelique. Simplemente se dejó hacer, soltando un suave ronroneo complacido al tiempo que se incorporaba  lentamente con ella sobre su regazo, enredando sus dedos entre sus cabellos a modo de demanda silenciosa conforme buscaba el modo de tirar de ella mas cerca. Aunque sus intento por despistarlo poco antes de escurrirse de su abrazo no funcionaron, si lo hizo la mera mención de su padre. Si había algo capaz de dejar totalmente frío a un hombre, lo era el hecho de sentirse sometido al ojo paternal. Un ojo que todo lo veía y con la capacidad y los recursos necesarios de arrancarle las runas lenta y dolorosamente hasta hacerlo gimotear penosamente si osaba mancillar el honor de su hija. Un gimoteo de protesta mucho menos adorable que el que emitió en aquellos instantes, abandonado a su suerte en aquella cama con un mohín lastimero en el rostro.  

Santa madre de…
       
Jeriel siguió con la mirada a la muchacha, aún con aquella expresión fingida de dolor y asombro.

- Rectifico lo dicho, eres una auténtica arpía. – Gimoteó dramáticamente mientras se dejaba caer de nuevo sobre su espalda con la respiración agitada debido a la sesión de besos huidizos y de algún modo, insuficientes.

El joven ladeó el rostro, viéndola ir y venir en busca de algo de ropa conforme tanteaba con sus dedos por la cremallera de su vestido mientras él se hallaba desplomado sobre la cama.  En cuanto el tejido cayó al piso y reveló una agradable extensión de piel cubierto apenas por dos delicadas prendas de ropa interior, Jeriel esbozó una sonrisita perversa, tirando de las comisuras al igual que lo haría un niño instantes antes de hacer una travesura. Sus ojos se deslizaron en una caricia sobre la espalda, ligeramente salpicada de marcas antiguas que resplandecían al contraste de la piel bronceada. La suave curva de su cintura y sus caderas…

Jeriel se incorporó de pronto y la atrapó, tirando de su cuerpo de nuevo hacia la cama. Rodando sobre ella y sin apenas darle tregua para una posible protesta, el joven se abalanzó sobre sus labios con avidez, profundizando el beso sin reservas mientras que sus dedos se enroscaban alrededor de su cintura y vagaban sobre su vientre en una caricia. Jugueteó con su lengua y mosdisqueó sus labios mas allá de lo que se consideraba moralmente decente, rayando la necesidad y el hambre por mas tiempo de lo que pudo soportar. Con una bocanada entrecortada que le permitiese recuperar el aliento, abandonó sus labios casi a regañadientes y se entretuvo dejando tras de si una estela de besos suaves por su mentón y su garganta,  continuando su recorrido mientras posaba sus labios sobre la piel suave de su hombro.  Cerrando sus ojos, el joven inhaló conforme rozaba su cuello con la nariz y encontraba con sus dientes el lóbulo de su oreja.  

Finalmente, dejó caer la cabeza, apoyando su frente junto a ella, casi como si cayera derrotado junto con la respiración alterada.    

- Esto está mucho mejor… – Susurró casi para sí mismo junto a su oído tras unos segundos, intentando recobrar el aliento. Después, se incorporó con una sonrisa torcida  y musitó a modo de ocurrencia algo habían pasado por alto todo aquel tiempo:

- Buenos días.– La besó de nuevo con suavidad, y tras un suspiro, se dejó caer junto a ella. –Creo que si a partir de ahora pretendo dejar esta cama de una pieza lo mejor será comenzar el día con una ducha. Preferiblemente una muy larga  y con agua bien fría… - Bufó por lo bajo, ladeando el rostro aún con aquella sonrisa torcida y mirándola de reojo con fingido dolor.
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Angelique Nightshade el Vie Oct 10, 2014 4:57 pm

Baby, I'm preying on you tonight
Hunt you down eat you alive


Cada centímetro de piel demandaba caprichosamente el tan ansiado contacto. Las caricias feroces y los besos húmedos habían calado en Angelique como en otros la adicción a la dama blanca. La dejaban loca. En un estado de éxtasis más allá de este plano y ansiosa por la siguiente oleada. Jamás se hallaría conforme o satisfecha. No como la demandante mujer que había crecido para ser. Una mujer que exigía más. Siempre más. Los labios rojizos y tiernos fundiéndose con los ajenos, los dientes rasgando la piel con tal de hacerlo suspirar, las uñas haciendo saltar los botones de la camisa para trazar rojos surcos en la espalda. Más de Jeriel. Más de ambos. Más de todo lo que podía acabarse en cualquier segundo. Así había aprendido a vivir. Consciente de lo efímero de la vida, del afecto y de las cosas. Sabedora de que a la noche algún demonio podría obtener lo mejor de ella y mandarla al otro mundo de una dentellada. En el tiempo que le quedara ¿Se cansaría alguna vez del perfume que la volvía loca y los besos ambiciosos que le devoraban el pecho? ¿Dejaría de quererlo a su lado, de disfrutar con él cada segundo, de los muchos o pocos que dispusieran?

“Nunca.” Suspiró en un hondo pensamiento, degustando el dulce sabor de la idea de un tiempo demasiado prolongado, escapando de entre sus labios a los ajenos como un gemido ahogado.  Lento, Rápido, Voraz. Tenía hambre de él. Pero a su vez, se encontraba a si misma deleitándose con aquellos pequeños momentos de quietud. Los fugaces instantes en que simplemente se miraban y sabían que el otro entendía. Que estaba ahí, que no se iría a ningún sitio.

— Buenos días…

Susurró, todavía aterrada de lo que ese pedazo de un imbécil era capaz de obrar con ella. Curiosa de si llegaría a quererlo más, de si ambos contarían con el suficiente tiempo para hacerlo. Si se despertaría un día y encontraría a Jeriel Cross ofreciéndole el desayuno antes de que ambos se arrancaran la ropa.  No. Probablemente no. Se volverían locos el uno al otro antes de llegar a una ridícula normalidad de cuentos de hadas. ¿Y qué coño hacía ella reflexionando antes de su café? Nada bueno podía salir de ello. Joder,  nada bueno podía salir de que Ang se pusiera a pensar de más. Punto final al asunto. La última vez que lo había hecho había acabado retozando felizmente en brazos del Bellefleur. Que, si lo pensamos bien, la había llevado a donde estaba ahora, felizmente comprometida en una relación pseudo seria y definitivamente disfuncional con una persona con la que se entendía mejor estando en pelotas en la cama. Como ahora, básicamente.  Bueno, no estaban totalmente en pelotas… Todavía. Pero casi. Y el resto se podía solucionar.

— ¿Una  ducha fría, caramelito? — entonó la cazadora con su mejor voz de hija de puta patentada, arqueando una ceja perfecta a la vez que se mordía seductoramente el labio inferior. —Mejor corre al baño a prisa, o definitivamente, no saldrás de esta cama en una pieza.— Como si el sabor que los besos hambrientos de Jeriel le dejasen en la boca fuera demencialmente exquisito, Ang se relamió cual felino y deslizó las manos finas, cubiertas de diminutas cicatrices, por el abdomen y torso del varón.  Toda ella estaba a la temperatura aproximada de la superficie del sol, con la pierna y parte del vientre a medio cubrir por la blanca sábana, el pelo perfectamente desacomodado y aires de dominatrix empedernida.

Nope. Lo que vendría a continuación no sería apto para todo público.  El ángel hubiera arqueado ambas cejas en un gesto de incredulidad de haber estado observando la escena desde la esquina de la habitación. Eso por no mencionar reacciones más extremas que otros “conocidos” mutuos podrían tener al verlos tan acaramelados y cursis un domingo a la mañana. Y sí, con Cross y la Nightshade, la escenita de hacía dos minutos era tan dulzona y tierna como se podía pedir. Media cucharada más de azúcar y hubiera quedado certificado que, o bien uno de los dos había perdido la cabeza, o bien había sido reemplazado por un demonio eidolon. Poniendo esto de lado, lo realmente raro y curioso era cómo pasaban de un humor al otro. De lo dulce a lo ¿caliente? Y seguramente de ahí a querer arrancarse la piel a tiras y otra vez al inicio. Yup. Pongan la firma de Raziel en lo que digo: Un psicólogo se habría hecho una panzada de compartir pieza con este par de nephilims cabeza hueca.

Volviendo al asunto que nos incumbe y antes de que Jeriel pudiera decir algo más, diremos que su hermosa y hormonal novia simplemente tomó la iniciativa. ¿Y a quién le sorprende? Adoraba jugar al gato y al ratón. Pero en la cama… no era de andarse con rodeos.

Sus piernas lo envolvieron con la porfiadez de una tela de araña mientras su sonrisa de embaucadora susurraba las más lujuriosas promesas . Un centenar de crímenes impronunciables y prohibidos brillaba en la inmensidad de sus ojos negros y la descarrilada de Angelique, felizmente parecía tirar por borda cualquier otro plan que tuviese para la mañana con tal de dedicarse a disfrutar, encontrando el más delicioso de los placeres en usar todas sus tretas de mujer con tal de hacerlo desvariar.  Dejar un recorrido de besos avariciosos por el marcado abdomen, delinear con la lengua una larga e irregular cicatriz, hundir las uñas rojas de la zurda en el pelo rubio y revolver con la diestra debajo de la almohada. Había algo allí que necesitaba. Un pequeño tubo del color de la plata, no más grande que un bolígrafo. ¿Importaba? Era difícil concentrarse con la morocha sentada a horcajadas, con tan solo dos finas prendas de ropa cubriendo su piel morena.

— Te dibujaré un iratze… — susurró, robando de sus labios un beso hambriento, y mordiéndolo al punto de hacerlo sangrar.

Un hilillo de sangre nephilim corrió por la comisura de la boca, trazando un recorrido irregular por la piel hasta las sábanas. Sonriendo maliciosamente como quien sabe el final de la novela, la mujer persiguió el rastro cual sabueso de caza tras una presa, desviándose del cuello y apresando entre los labios y dientes el lóbulo de la oreja.  En su lengua rezumaba el sabor metálico de la sangre. A milímetros de distancia, el ardor de la estela al dibujar comenzó a hacerse de notar en la piel masculina. El olor a piel quemada, tan familiar, ascendió por sus narinas, inundando los pulmones. Era solo un pequeño trazado, una diminuta runita de nada. Pero otra vez, no hace falta mucho para dejar a un hombre fuera de combate. Y ahora el diseño estaba completo.

— O mejor una runa de inmovilidad… Si piensas en ello, hay formas muchísimo más horribles de iniciar una relación. ¿O no las hay?—Con una sonrisa en los labios, la cazadragones se deslizó de sobre el varón, y plantó ambos pies sobre la alfombra. — Supongo que ya me contarás . Hay tiempo de sobra para que lo medites mientras me tomo mi café. No soy de fiar sin mi café de la mañana… creí que ya lo sabrías a estas alturas. Oh, que tonta. Es la primera vez que amaneces conmigo aun en la cama. Progresos son progresos. Au revoir!

Y con estas dos palabras, una rápida cepillada de pelo y un vestido del color del caramelo, Angelique Nightshade abandonó la habitación.

“No más piedras” había dicho. Pero bueno, aquello no era del todo una piedra. ¿O sí? Más bien un modo eficiente de descargar el cabreo que tenía por algún que otro asunto, como que le dieran la espalda la noche anterior por medio minuto, o que su ducha se hubiese quedado sin mampara, o cualquier otra ridiculez que pudiera cabrear a una mujer así de caótica. Para ser honestos, la lista es tan larga que me volvería vieja intentando desglosarla entera.

Jeriel Cross, evidentemente tienes un deseo suicida. Te deseo la mejor de las suertes. Con ella, la necesitarás.

Querido Usuario:
PERDOOOOON POR LA TARDANZAAAA *INSERTE EXCUSAS AQUI* espero que valiera la pena x'D
Angelique Nightshade
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

Mensaje por Inquisidora H. Blackthorn el Lun Abr 06, 2015 8:33 pm

Inquisidora H. Blackthorn
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Re: Never Gonna Leave This Bed || Jangelique [nr]

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